domingo, 6 de noviembre de 2022

RESEÑA DE MI NOVELA ESTO NO ES BAMBI


 


El autor emplea seis voces narrativas para mostrarnos el fuselaje del capitalismo más feroz desde distintos puntos de vista. Una propuesta arriesgada, pero resuelta con oficio y soltura. Se nota que es una novela muy trabajada, y, a través de ese juego polifónico en el que las experiencias de los personajes se entrelazan, vamos adentrándonos en un universo de jornadas maratonianas donde las víctimas aspiran a convertirse en verdugos.


Asistimos, en fin, a una triste crónica de nuestro tiempo, no exenta de humor (memorable ese personaje de Martita, con su jovial frivolidad de niña pija), narrada con la minuciosidad de un orfebre y cierta actitud de entomólogo. Entre sus páginas queda poco lugar para la poesía, y es una lástima, porque, a ratos, David Pérez se las apaña para iluminar a sus personajes con revelaciones fuera de plano, instantes en los que intuyen que otra realidad es posible. Es el caso de Daniel Márquez, alter ego del propio autor y quizá el personaje del que se sirve para ajustar cuentas con su pasado, el más desencantado entre los seis protagonistas y el único que cuestiona desde el principio los procedimientos de ‘La Firma’.

La novela concluye con una suerte de clímax, una escena que reúne a dos antiguos compañeros mientras asisten atónitos al incendio del edificio que tantas ambiciones engendró, tantos sueños y pesadillas. Una alegoría sobre el derrumbe de una época: las pavesas flotan sobre sus cabezas, flameantes, y ellos, como aquellos prisioneros en la caverna de Platón, solo ven sombras, aterrados. El capitalismo es un tirano que enamora a sus esclavos.

domingo, 30 de octubre de 2022

Indigno de ser humano, por Osamu Dazai

 


Indigno de ser humano, de Osamu Dazai

Editorial Sajalín. 124 páginas. 1ª edición de 1948, ésta es de 2010.

Traducción de Montse Watkins

 

Ya he comentado que, después de leer casi seguidos tres libros de Kenzaburo Oé, el premio Nobel de 1994, me apeteció seguir con más literatura japonesa. Así, cuando se acercaba la Semana Santa de 2022, me acerqué hasta la biblioteca de Retiro y saqué en préstamo Soy un gato (1905) y Botchan (1906) de Natsume Soseki y El declive (1947) e Indigno de ser humano (1948) de Osamu Dazai (Kanagi, 1909 – Tokio, 1948). He leído las cuatro por este orden cronológico.

 

Dazai publicó la novela El declive en 1947 e Indigno de ser humano en 1948, el mismo año que se suicidó, una semana antes de cumplir treinta y nueve años, arrojándose con su amante a un canal del río Tama en Tokio.

Ambas novelas comparten algunas temáticas comunes y un halo de delicadeza y brutalidad fascinante. Si bien en El declive Dazai usaba una voz narrativa femenina, en Indigno de ser humano usa una masculina, y el lector tiene la sensación de que en esta segunda novela el autor puso más de sí mismo que en la primera.

 

En Indigno de ser humano nos encontramos con un juego de dos narradores, ya que la novela se divide en un cuerpo principal, formado por tres cuadernos, y un prólogo y un epílogo. El narrador del prólogo y el epílogo es una persona diferente a la de los cuadernos. Según comienza la historia, alguien describe tres fotografías de un hombre, siendo niño, adolescente y joven. Se habla de un hombre hermoso, pero de una belleza extraña, «un muchacho extraordinariamente apuesto», pero también alguien con una «desagradable sonrisa». La persona que comenta estas fotos será la misma que en el epílogo nos diga que fue el depositario de los cuadernos a los que se ha podido acercar el lector de la novela. Durante la lectura de los cuadernos no se indican fechas concretas, pero como yo estaba suponiendo que el libro debía tener un trasfondo autobiográfico, le achacaba a Yozo, el protagonista, una edad similar a la de Dazai. Así, como Dazai nació en 1909, cuando estaba en su veintena ‒tiempo vital de protagonista del que se habla en el libro‒ se encontraba en la década de 1930. En cualquier caso, la narración reflejada en los diarios debía haber acontecido antes de la Segunda Guerra Mundial. En el epílogo se centran las fechas del tiempo narrativo de la historia: «Parece que lo relatado en los cuadernos aconteció en Tokio entre 1930 y 1932, pero no fui a ese bar hasta, 1935, cuando los militares empezaron a alborotar las calles.» (pág. 121) Me ha llamado la atención esa referencia final a una época de militarización que precedió en Japón a la guerra. En este epílogo se habla un poco ‒se menciona apenas‒ de los bombardeos de la guerra.

Así que en El declive se habla del Japón inmediatamente posterior a la posguerra, y los personajes no quieren recordar nada de la guerra, y en Indigno de ser humano se habla de los años previos a la guerra. Creo que Dazai no escribió más novelas. En la Wikipedia afirman que La felicidad de la familia es una novela, que publicó en España la editorial Candaya, pero he entrado en su web y en realidad es un libro de cuentos. Me gustaría saber si en alguno de sus cuentos, Dazai habla directamente de la guerra, un suceso que tengo la impresión de que le marcó profundamente.

 

El protagonista de los cuadernos centrales de Indigno de ser humano es Yozo, que nos empieza a relatar su vida desde su infancia en el campo japonés, dentro de una familia tradicional, en la que él es el menor de los hermanos. Yozo va anotando en su cuaderno sus recuerdos, en los que muestra su extrañeza por las relaciones y las costumbres sociales, que constituyen un mundo en el que él siente que nunca llegó a integrarse. «Me convertí en un niño que nunca podía decir la verdad», afirma en la página 17, iniciando una vida de fingimientos ante los demás, tratando de adaptarse a las expectativas puestas sobre él. «Y como no tenía la menor idea de cómo actuar respecto a esa verdad, comencé a pensar que no me era posible vivir con otros seres humanos.», «Por lo general, las personas no muestran lo terribles que son.», la novela se va llenado de frases similares a estas, y continuamente el narrador habla del «ser humano», como una entidad general, un entidad que le preocupa de una forma angustiante.

Igual que ocurría con El declive, Indigno de ser humano está escrita con las premisas de la novela existencialista. Dazai estudió literatura francesa en la universidad, y doy por hecho que tuvo que leer libros como La náusea de Jean-Paul Sartre, que se publicó en 1938.

 

Al no saber cómo comportarse ante los demás, Yozo decide refugiarse en la figura del «bufón», alguien que con sus payasadas hace reír a los demás, aunque por dentro no deje de tener ser descubierto y que los demás sepan que es un inadaptado, alguien «indigno de ser humano», como se acabará definiendo a sí mismo.

Para ir al instituto, Yozo deba su casa paterna y pasa a vivir en la casa de unos familiares. Aunque sus problemas reales con las adicciones, algo que se insinúa antes en el libro, empezarán cuando se mude a vivir a Tokio para cursar unos estudios que le conviertan en un funcionario, como quiere su padre, aunque a él le hubiera gustado entrar en una escuela de arte para ser pintor. Se tendrá que conformar con ir a una academia, tras las clases formales para ser funcionario. En esta academia conocerá a Horiki, que será una persona fundamental en su vida: «Al poco tiempo de estudiar pintura, uno de mis compañeros me hizo conocer el alcohol, el tabaco, las prostitutas, las casas de empeño y el pensamiento de izquierda. Parece una combinación un poco rara, pero así aconteció en realidad.» (pag. 39). Horiki se convertirá en su compañero de juergas, alguien a quien Yozo, perdido en la gran ciudad, no tiene inconveniente en invitar siempre. Horiki lanzará una maldición sobre Yozo: se va a convertir en un seductor, alguien con una gran capacidad para atraer a las mujeres, como así será. También con Horiki va a descubrir el sake: «Mientras tomaba sake, me sentía tan relajado que ni tenía que representar mis bufonerías. Bebiendo en silencio, no ocultaba mi verdadero carácter, callado y sombrío.» (pág. 53)

En Tokio, Yozo acabará yendo cada vez menos a clases, y perdiéndose más en la noche.

 

Me ha vuelto a llamar la atención, al igual que al leer a Kensaburo Oé o a Natsume Soseki, las referencias occidentales que se pueden encontrar en Dazai. Su personaje, por ejemplo, es un admirador de la pintura expresionista europea, compara a algunas mujeres con la virgen María católica, y habla de Crimen y castigo de Dostoievski.

 

Indigno de ser humano es un libro trágico y existencialista, duro y frágil a la vez, de una hermosa belleza oscura. Después de leer las dos novelas seguidas de Osamu Dazai, El declive e Indigno de ser humano, me alegro de haberme acercado a uno de los clásicos de las letras nipones y me quedo con ganas de leer sus libros de cuentos.

domingo, 23 de octubre de 2022

El agua electrizada, por C. E. Feiling


El agua electrizada,
de C. E. Feiling

Editorial La Parte Maldita. 219 páginas. 1ª edición de 1992; ésta es de 2020.

Posfacio de Gabriela Esquivada

 

En 2021 leí Un poeta nacional (1993) de C. E. Feiling (Rosario, Argentina, 1961 – Buenos Aires, 1997) y El mal menor (1996), así que, teniendo en cuenta que Feiling solo puedo escribir tres novelas, me apeteció acercarme a la que me faltaba, que era la primera, la titulada El agua electrizada (1992). Ya he comentado que Feiling era un profesor universitario que dejó la docencia para dedicarse plenamente a escribir y que su proyecto pasaba por emplear los presupuestos de los géneros narrativos para desarrollar su obra. Así El agua electrizada es una novela policial, Un poeta nacional una novela de aventuras y El mal menor una de terror. Murió prematuramente a los treinta y seis años sin poder acabar su cuarta novela, que se titularía Los cuatro elementos y que iba a ser de género fantástico. Hasta ahora había supuesto que su decisión de dedicarse de pleno a la literatura y su prematura muerte eran hechos aislados. Sin embargo, he descubierto, gracias al posfacio de Gabriela Esquivada, que no era así. Feiling había deseado siempre escribir, pero había ido posponiéndolo para asegurarse una posición económica, y es cuando se le diagnostica la leucemia, que le conducirá a la muerte, cuando toma la decisión de dejarlo todo y dedicarse a escribir. Además de las tres novelas mencionadas, pudo escribir el libro de poemas Amor a Roma (1995) y los ensayos Con toda intención (2005).

 

El agua electrizada es, como ya hemos apuntado, la primera novela de Feiling, y en la que el personaje principal guarda una relación más estrecha con el propio autor. El protagonista del libro se llama Anthony Edward Hope, y a veces le llaman Tony o Antonio. El nombre que los padres del autor, le quisieron poner era Charles Edward Anthony Keith Feiling, pero en el registro lo cambiaron por Carlos Eduardo Antonio, y sus familiares y amigos le llamaban Charlie. Además los padres de Tony son ingleses y se relacionan con él en inglés, igual que ocurría con los de Feiling. Tony ha recibido una beca y en breve se irá a trabajar a una universidad inglesa, como hizo en la realidad Feiling.

Tony es profesor de latín, profesión que fue también la de Feiling. Los dos estudiaron en el Liceo Naval, lo que en la vida adulta, tras la dictadura militar de Videla, les va a suponer un choque con sus ideas de izquierdas. En Un poeta nacional, como ya comenté, el protagonista es un trasunto del poeta Leopoldo Lugones, y en El mal menor una joven hostelera que empieza a recibir visitas del más allá y un tarotista con poderes extrasensoriales. Como vemos, en sus siguientes novelas Feiling separó ya más a personaje de la figura del propio autor.

 

El agua electrizada empieza con Tony recibiendo la noticia de la muerte de Juan Carlos ‒El Indio‒, uno de sus amigos del Liceo Naval, que se había convertido en militar. Juan Carlos ha podido morir víctima de un accidente, porque se ha disparado su pistola en la cabeza, o se ha suicidado. Las autoridades dan por buena la teoría del accidente y parecen desear cerrar el caso pronto. Pero Tony sabe que algo no cuadra, porque su amigo era muy cuidadoso con su arma e Irene, la hermana de Juan Carlos, le va a dar más detalles que parecen echar por tierra la idea del accidente y también del suicidio. ¿Ha sido Juan Carlos asesinado? Y si esto ha ocurrido ¿por qué motivos? Además, en los bolsillos de Juan Carlos, Irene ha encontrado una nota, en principio enigmática, pero que parece vincular la muerte de su hermano con el asesinato de dos mujeres, que han aparecido asesinadas en una bañera del departamento de una de ellas.

 

Tony e Irene decidirán emprender una investigación como aprendices de detectives. Además, Tony tuvo un breve encuentro sexual con Irene en su adolescencia y siente de nuevo, tras mucho tiempo sin verla, atracción hacia ella. Así que esta tensión sexual será un nuevo elemento que se incorpora a la trama. Tony es un hombre sin ningún éxito con las mujeres, que trata de afrontar, al menos, el mundo con humor. A pesar de narrar hechos tremendos y ser Tony, en el fondo un personaje con muchos elementos que le pueden convertir en un hombre triste, el tono de la novela es irónico y desenfadado.

 

Los capítulos están titulados con fechas y el tiempo de la novela transcurre desde el 31 de julio al 4 de septiembre de 1989, con un epílogo que nos lleva hasta noviembre de 1989.

Las fechas son importantes para entender el contexto histórico de la novela: en junio de 1989 (un mes antes del comienzo del tiempo narrativo) había llegado a su fin el mandato del presidente Raúl Alfonsín en Argentina, que había hecho volver la democracia al país en 1983, tras el fin de la dictadura de la Junta Militar. Personas como Tony parecen achacarle a Alfonsín que no ha hecho todo lo que estaba en sus manos para aclarar los crímenes de la pasada dictadura, y en consecuencia muchos de los asesinatos de los militares habían quedado impunes. Según avanza la trama, los monstruos de la pasada dictadura van a estar cada vez más presentes en esta novela. Así, la que en principio se muestra como una novela de género acaba siendo una novela también de denuncia política.

 

Como ya he apuntado el tono de la narración, en tercera persona, es irónico y desenfadado. He leído alguna crítica que tacha a la novela de «elitista», aunque use un género popular como el policiaco. ¿Por qué sería «elitista»? Pues porque Feiling usa citas en latín, francés, alemán… o tiene diálogos en inglés. Todo ello sin traducir, lo que puede exasperar a más de un lector. A mí no me ha gustado mucho esto, por ejemplo. Aunque en algunos casos entendía el significado de estas frases o lo podía deducir por el contexto. Además, Feiling hace uso de unos juegos de referencias en algunos casos complicados de seguir. Por ejemplo, en la página 182 podemos leer «lo último que necesitaba eran nuevas caricias y arrumacos, aunque Leopold von Sacher-Masoch denostase desde la tumba tamaño error estético». Yo sí sabía que Sacher-Masoch es un autor austriaco, cuyo apellido dio lugar a la palabra «masoquismo». Pero en la página 199 leemos lo siguiente: «Tras unos instantes que hubieran justificado todas las tonterías de Bergson acerca del tiempo, e incluso algunas de las adicciones, el revolver tembló.» y no tengo la referencia de quién es Bergson. En internet averiguaré que Henri Bergson fue un filósofo y escritor francés que escribió algunas teorías sobre la percepción del tiempo.

Todas estas citas, en idiomas que no son el español sin traducir, y las referencias eruditas (y en más de un caso gratuitas) quizás crean una sensación de estilo un tanto fatuo en El agua electrizada, aunque en otros momentos el estilo sí es chispeante y divertido.

 

En general me ha parecido que El agua electrizada, teniendo en cuenta sus particularidades y sus excesos estilísticos, es una interesante novela policial, que acaba siendo también una novela de denuncia política. Sin embargo, me ha gustado menos que Un poeta nacional y El mal menor. En estas dos obras, Feiling ya ha abandonado el camino del estilo pomposo y excesivamente erudito y consigue una forma de expresarse más suelta. Considero que su talento como novelista se va afinando con cada nueva entrega, culminando en El mal menor, que es una muy conseguida (y divertida) novela de terror.

domingo, 16 de octubre de 2022

El mal menor, por C. E. Feiling


El mal menor,
de C. E. Feiling

Editorial FCE. 192 páginas. 1ª edición de 1996; ésta es de 2012.

 

Hace no mucho leí Un poeta nacional (1993) de C. E. Feiling (Rosario, Argentina, 1961 – Buenos Aires, 1997), una novela de aventuras protagoniza por un trasunto del poeta Leopoldo Lugones. Ya conté que la había comprado en la librería Lata Peinada, una librería de Barcelona, especializada en literatura latinoamericana, que abrió una sede en Madrid. Me llamó la atención ver que, desde tres editorial diferentes, se estaba rescatando la obra de este profesor universitario argentino, que a principios de la década de 1990 dejó la docencia para dedicarse a escribir y a ser periodista cultural, muriendo prematuramente en 1997 de una leucemia, a la edad de treinta y seis años. El proyecto de Feiling pasaba por escribir una obra literaria usando moldes de literatura de género. Algo que se ha reivindicado, con fuerza, desde tiempos más modernos. La primera novela fue El agua electrizada (1992), que era una novela negra, Un poeta nacional (1993), una novela de aventuras, El mal menor (1996), una novela de terror, y murió dejando escrito el primer capítulo de la que iba a ser su cuarta novela, Los cuatro elementos, una novela fantástica.

 

El mal menor se abre con una cita de Stephen King, lo que se puede tomar como toda una declaración de intenciones. La novela está formada por dos grupos de capítulos: los impares recogen la voz narrativa de Inés, una chica joven que se acaba de mudar a una nueva casa en el bonaerense barrio de San Telmo, cerca de donde ella y su socio Alberto regentan un restaurante. Desde el primer momento, la paz de Inés se verá perturbada por una presencia extraña y terrorífica, una presencia indefinida, que se manifiesta con ruido de pasos, frío y calor, olores perturbadores, para la que no tiene una explicación racional; salvo la de que está abusando, tal vez, del consumo de cocaína. Inés, en la primera persona de sus capítulos, está rememorando estos hechos extraños que irrumpieron en su vida cinco meses antes.

Los capítulos pares están escritos por un narrador indefinido y en ellos se habla, principalmente de Nelson Floreal, un tarotista uruguayo que vive con su madre en Buenos Aires y que se gana la vida echando las cartas. Nelson Floreal, mientras toma vino en la puerta de casa con un amigo, puede ver la presencia de «los visitantes», espíritus de gente muerta que solo algunas personas, como él y su madre, pueden percibir. Adela es la madre de Nelson, y una de las doce «arcontes» que custodian «el cerco», una especie de dique de contención entre el mundo de los sueños y el de la realidad. Las arcontes suelen ser mujeres y Betty, una de ella, va a morir en Londres, haciendo que el número de ellas baje de doce. Adela está tratando de formar a Nelson para que pueda sustituirla. Debido a la debilidad de las arcontes, un «prófugo» está consiguiendo atravesar el cerco y hacer acto de presencia en el mundo real. Este prófugo es la presencia que está atormentando a Inés. Adela lo sabe y enviará a Nelson para contactar con ella y poder prestarle su ayuda. Era lógico pensar, después de, más o menos, un cuarto de novela, que los dos personajes principales, Inés y Nelson, iban a tener que encontrarse.

Inés viaja a Cuba con su novio Leopoldo. Una única fecha se da en la novela: 7 de junio de 1993. El prófugo, descubrirá el lector, no dará tregua a Inés aunque se cambie de país. Feiling no tenía necesitad de situar todo un capítulo de su novela fuera de Argentina, pero tengo la sensación de que, además de crear una eficaz historia de terror, también le apetecía hablar del mundo que le rodeaba. De este modo, el capítulo de Cuba le sirve para mostrar la situación en la isla después de la caída del Muro de Berlín. Además de alguna crítica a la situación cubana, Feiling también desliza alguna pulla contra la dictadura de Pinochet: «Francamente, el aeropuerto de Santiago no me pareció gran cosa; si eso era el milagro económico chileno, los grandes éxitos de Pinochet se habían limitado al rubro secuestro, tortura y muerte de opositores.» (pág. 45)

 

Me suele ocurrir que, cuando de vez en cuando, leo novelas o relatos de terror (justo con la ciencia-ficción, el terror fue mi género literario favorito en la adolescencia) más que provocarme miedo, me provocan (si están bien hechas) una agradable sensación de juego y felicidad lectora. Es decir, en vez de pasar miedo con el terror, me divierto con él, que no sé si es el objetivo inicial del autor, pero que para mí, desde luego, funciona perfectamente y me justifica la lectura. El mal menor es una novela de terror perfectamente montada, pero diría que Feiling, sabe que va a provocar en sus lectores más diversión que verdadero terror y, por este motivo, está escrita con mucha ironía y sentido del humor. Y su empeño irónico y juguetón es premeditado muy por encima del deseo de crear atmósferas inquietantes, verdadera fuente del terror que se toma en serio a sí mismo. Además de llevar un restaurante con Inés, Alberto, el amigo de la universidad de Inés, regenta un videoclub, y esta excusa narrativa le sirve a Feiling para hablar en la novela, y realizar un homenaje, de muchas de las películas de terror adolescente de las últimas décadas del siglo XX. El mal menor, con el personaje de Inés, perseguida por una presencia, puede evocarnos, de una forma directa, a la película El ente (1982) de Sidney J. Furie.

 

 

Me gustó mucho la novela Nuestra parte de noche, con la que la también argentina Mariana Enriquez ganó el premio Herralde de 2019. En la novela de Enriquez, existía una división entre la realidad y la Oscuridad, y había una serie de personas que podían poner en contacto una parte con la otra. Como Feiling, Enriquez es también una admiradora de Stephen King (para el que ha pedido el premio Nobel de literatura), y diría que Enriquez conocía El mal menor cuando empezó a escribir Nuestra parte de noche. Enrique no es irónica en su novela, sino que se toma el terror mucho más en serio que Feiling, pero diría que el imaginario de Feiling sí que ha podido ser una influencia para Enriquez.

Me estaba ocurriendo al ir finalizando El mal menor que contaba el número de páginas para llegar a la última y tenía la sensación de que Feiling no iba a poder acabarla de un modo satisfactorio. Pero estaba equivocado. El mal menor es una novela perfectamente medida, y el giro final de las últimas páginas, rompiendo los esquemas mentales del lector, me ha parecido muy hábil y conseguido. De hecho, las últimas páginas dejan atrás un tanto la ironía con la que se ha desarrollado hasta ahora la historia y se adentran en el terror verdadero de un modo más claro.

Yo he leído El mal menor en la edición de la Serie del Recienvenido, que la editorial mexicana FDE encargó a Ricardo Piglia, para que realizara en ella rescates de libros argentinos que considerase valiosos y que hubieran tenido poco recorrido. Mi edición es de 2012. Ahora mismo existe otra que ha sacado La Bestia Equilátera.

 

Cuando comenté Un poeta nacional en mi canal de YouTube, este vídeo ha sido de los que menos visitas ha tenido en los últimos meses. Digamos que, pese a su intento de rescate, nadie parece sentir mucho interés por la obra de Feiling, al menos en España, donde debo ser su único lector, pero uno debe militar en la religión que cree, que en mi caso es la de la literatura. En el cuento Vagabundo en Francia y Bélgica, de Roberto Bolaño, el personaje B. persigue a la sombra del escritor Henri Lefebvre, y el personaje M. le pregunta por teléfono: «¿Por qué te preocupas por él?»; «Porque nadie más lo hace, dice B. Y porque era bueno». Estos son exactamente los dos motivos por los que yo leo a Feiling: porque nadie más lo hace y porque era bueno.

 

domingo, 9 de octubre de 2022

Un poeta nacional, de C. E. Feiling


Un poeta nacional,
de C. E. Feiling

Editorial Alto Pogo. 219 páginas. 1ª edición de 1993; ésta es de 2020.

 

La primera vez que me encontré con el nombre de C. E. Feiling (Rosario, Argentina, 1961 – Buenos Aires, 1997) fue interesándome por la colección Serie del recienvenido que la editorial estatal mexicana Fondo de Cultura Económica encargó organizar a Ricardo Piglia. En ella, Piglia tenía que ir rescatando libros de la literatura argentina que, en la segunda década del siglo XX, se habían quedado injustamente olvidados. He leído varios y mi plan es leerlos todos. Los libros de la Serie del recienvenido contiene piezas sorprendentes. Asimismo, hace unas semanas me enteré de que la librería de Barcelona Lata Peinada, especializada en autores latinoamericanos, habría abierto una sucursal en Madrid (Calle de Apodaca, 6) y quise visitarla. Para premiar su audacia en tiempos de pandemia y recesión, les compré tres libros: Río de las congojas de Libertad Demitrópolus, Tennessee de Luis Gusmán y Un poeta nacional de C. E. Feiling; es decir, hice un triplete argentino.

Es posible que si hubieran tenido en este momento El mal menor, otra de las novelas de C. E. Feling en Lata Peinada, publicada en Serie del recienvenido, hubiera comprado este libro y no Un poeta nacional. Pero hojeé Un poeta nacional, publicada por la editorial argentina Alto Pogo y me pareció lo suficientemente atractiva como para querer comprarla. También busqué información sobre C. E. Feiling en internet y me llamó mucho la atención este escritor, cuya familia era de origen inglés y que nació en el norte de Argentina. Feiling fue un profesor universitario de letras, y en 1990 decidió dejar la vida académica atrás y dedicarse a la escritura literaria y periodística. Moriría prematuramente en 1997, a los 36 años, a causa de una leucemia. Su obra literaria se compone de tres novelas acabadas y el comienzo de una cuarta. Desde el primer momento se propuso trabajar su narrativa desde el género, así su primera novela, El agua electrizada (1992), fue un policial, la segunda, Un poeta nacional (1993), de aventuras, y la tercera, El mal menor (1996), de terror. La cuarta, que se iba a titular Los cuatro elementos, iba a ser de género fantástico. También publicó el poemario Amor a Roma (1995).

 

El protagonista de Un poeta nacional es el joven poeta Esteban Errandonea que es un trasunto del poeta real Leopoldo Lugones. La acción se sitúa en la Argentina de 1904 y Errandonea recibe, por parte del un ministro, el encargo de viajar hasta el sur, a la remota región de Puerto Taylor, para convencer a la inglesa Elizabeth Askew de que regrese a su país natal. El marido de Elizabeth era James Askew, Cónsul Honorario de Gran Bretaña e importante estanciero, y ha sido asesinado por un famoso anarquista fugado de la cárcel. El ministro piensa que un hombre refinado como Errandonea puede convencer a la señora Askew para que vuelva a su tierra natal, desde donde es reclamada. Errandonea debe viajar en barco al sur, acompañado por Julio, un ayudante negro del ministro, y la pequeña tropa dirigida por el desagradable mayor Varela. Además, en Puerto Taylor se encuentra la peligrosa cárcel de Valle Hermoso, de donde se ha fugado Tadeo Cruz, el asesino de James Asked.

 «Si nuestro país es el culo del mundo, Taylor es las almorranas.», leemos en la página 55. Con buenas dosis de humor e ironía, Feiling conversa con varias tradiciones literarias. En primer lugar, con la de su país. En este sentido me ha llamado la atención del uso del adjetivo «azulino» en la página 51. En una famosa entrevista con Joaquín Serrano Soler, Borges afirmaba que un escritor debe expresarse con palabras cotidianas, y ponía precisamente el término «azulino» entre los que no se deberían usar. Como ya he dicho, Esteban Errandonea es un trasunto del poeta Leopoldo Lugones, y esta novela está basada libremente en una aventura que hubo de vivir el propio Lugones. Así que es posible que el uso de un término como «azulino» sea una burla amable al modernismo engolado de Lugones. En la novela se transcriben varios poemas que va escribiendo Errandonea en la novela. ¿Son poemas que escribe Feiling imitando el estilo de Lugones? He buscado algunos versos en internet, y he descubierto que los poemas de la novela son de Leopoldo Lugones sin modificaciones. Entonces, ¿Por qué Feiling usa el nombre de Esteban Errandonera y no el de Leopoldo Lugones en su libro? Imagino que como Feiling acaba recreando pensamientos de su personaje se sentiría más libre si no lo llamaba con el nombre de unos de los escritores nacionales de Argentina.

«Este es un país inventado por escritores que hubieran querido ser militares» (pág. 48) parece otro guiño a la escritura de Borges, contra la que el juguetón Feiling vuelve a revelarse.

Feiling también conversa con los géneros literarios aquí, y así se evocan, por ejemplo, las novelas de aventuras: «Errandonea continuaba percibiéndolo todo como una novela de Walter Scott». (pág. 91), pero también Un poeta nacional se relaciona con las narraciones de terror; así, algunos tripulantes del barco que lleva a Errandonea, Varela y Julio al sur les acabarán contando una historia de fantasmas vivida a borde de ese mismo barco. Y también acabará apareciendo en la novela la narración de El Wendigo, la famosa novela corta de Algernon Blackwood.

 

Si bien la acción principal de la novela la constituye el viaje de Errandonea y Julio a la isla de Puerto Taylor, también Feiling nos narrará hay otras escenas en Buenos Aires que tienen que ver con intrigas del ministro y su lucha contra el movimiento anarquista argentino. Aquí aparecen nuevos guiños a la novela El hombre que fue Jueves de G. K. Chesterton. Se describe alguna tortura y aquí parece haber alguna crítica poco velada a situaciones políticas más recientes para el escritor, que la evocación de comienzos del siglo XX en la que sitúa la acción.

Los capítulos de Un poeta argentino tienen un ritmo frenético, como corresponde a un libro de aventuras; o a la parodia de un libro de aventuras, porque en este libro de 1993 se perciben ya la asimilación de algunos de los juegos con los géneros de escritores vanguardistas como César Aira, aunque Feiling no acaba dinamitando su propia apuesta y se mantiene fiel a las reglas (siempre irónicas) que se ha marcado para su novela. Sin embargo, en más de una ocasión el tiempo narrativo se desplaza hacia el futuro con expresiones como «Errandonea recordaría toda la vida.», o en un momento dado se dice que el poeta morirá en 1938, el año real de la muerte de Lugones.

 

Me ha gustado poder conocer a la editorial argentina Alto Pogo y su apuesta por el rescate de C. E. Feiling, un autor muy interesante. Un poeta nacional es una novela inteligente, que propone un divertido juego a través de los géneros literarios para hablar de otros muchos asuntos. Hace poco volví a la librería Lata Peinada y compré, esta vez sí, El mal menor, novela de terror de la que espero hablar en breve.

domingo, 2 de octubre de 2022

Recuerdos de vida, por Juan Eduardo Zúñiga


Recuerdos de vida
, de Juan Eduardo Zúñiga

Editorial Galaxia Gutenberg. 119 páginas. 1ª edición de 2019.

 

En el verano de 2020 leí La trilogía de la guerra civil de Juan Eduardo Zúñiga (Madrid, 1919 – 2020), un volumen formado por tres libros de cuentos que me gustó mucho, que tenía algunas narraciones de una calidad altísima. Como dije entonces, La trilogía de la guerra civil contiene algunos de los mejores cuentos que he leído.

Aunque en casa tengo, aún sin leer, un libro que sacó Cátedra en 2019 con las dos primeras novelas cortas de Zúñiga, El coral y las aguas e Inútiles totales, compré en la última Feria del Libro de Madrid Recuerdos de vida. No sabía que existía este pequeño libro de memorias de Zúñiga y me encapriché de él cuando lo vi en la caseta de la editorial Galaxia Gutenberg, un pequeño libro de memorias que se publicó el mismo año que Zúñiga cumplía cien años. Según una nota final, Zúñiga escribió este breve libro entre 2011 y 2018.

 

Recuerdos de vida empieza con Zúñiga rememorando una nevada que cayó en Madrid en el invierno de 1930 o 1931, un fenómeno natural que, para los ojos del niño que fue, revistió la realidad de un halo de extrañeza. La imagen inicial que Zúñiga elige para abrir su libro no parece arbitraria ni casual, ya que el autor se ha caracterizado por ser un enamorado de los idiomas y las literaturas de los países del Este y, en especial, de Rusia, de la que ha llegado a escribir algún ensayo y de la que ha traducido a alguno de sus escritores al español.

 

Los recuerdos de Zúñiga empiezan en un chalet del madrileño barrio de Prosperidad y, sobre todo, de uno de sus cuartos, en el que se encerraba a leer a autores como Julio Verne o Emilio Salgari. «Este fue mi primer espacio confidente, beneficioso por las horas que allí pasaba. Leía cuanto me era posible y dibujaba escenas de las historias que me gustaban.» (pág. 16).

En 1934, con quince años, visita por primera vez la Biblioteca Nacional, donde elaboró un diccionario de jeroglíficos egipcios, una de sus primeras pasiones. Pronto se despertó en él el gusto por el estudio de idiomas: «Siendo adolescente me puse a estudiar francés y poco después inglés, sin profesores, sólo con alguna gramática escolar y utilizando a la vez las guías para viajeros con frases hechas en ambos idiomas.» (pág. 22-23).

 

Uno de los acontecimientos de la vida de Zúñiga será que, a los trece años, un comercial de una editorial deja, por debajo de la puerta de casa, un folleto de una colección de libros, con un texto de la novela Nido de nobles del ruso Iván Turguéniev. Como ya he dicho, Zúñiga se va a enamorar de Rusia y su literatura, unas inquietudes intelectuales que, durante los años del franquismo, le van a ser difíciles de satisfacer, porque desde España se miraba con sospecha cualquier interés por aquel país. Zúñiga no acaba de contarnos si concluye sus estudios universitarios, aunque sí que apunta que acudía de oyente a clases de Filosofía en la Complutense. Sí llegaremos a saber que, mientras mantiene trabajos para ganarse la vida, como un empleo en una fábrica de discos, se dedicará a estudiar por su cuenta idiomas y la cultura de los países del Este: además de Rusia, Hungría, Bulgaria o Rumanía. Y llegará a traducir libros al español de estos idiomas, que en el Madrid de la época no le interesaban a nadie. Incluso sus primeros libros publicados serán ensayos sobre las realidades históricas de algunos países del Este. Uno de los temas más interesantes de estas memorias es ver cómo Zúñiga se evadirá mentalmente de la triste realidad del franquismo a través de las ensoñaciones e idealizaciones de los países del Este y cómo la cultura le sirve para crearse un mundo propio, una habitación propia en el fondo de su mente.

Zúñiga analiza además sus comienzos literarios, su influencia de los escritores eslavos y cómo estos hablan de la realidad a partir de lo elusivo. Así nos hablará de cómo surgió el primer relato de lo que acabaría siendo su magnífica La trilogía de la guerra civil. No hablará de la guerra mostrándonos los combates, sino a las personas del barrio de Arguelles que, después de que la población civil de la zona fuese evacuada, no dejaron sus casas porque les resultaba imposible separarse de sus pertenencias.

Aunque los tres libros de La trilogía de la guerra civil se publicaron ya en democracia, Largo noviembre de Madrid en 1980, La tierra será un paraíso en 1989 y Capital de la gloria en 2003, su gestación proviene de, al menos, la década de 1970. Imagino que más tarde, Zúñiga, que tiene fama de ser un escritor muy autoexigente, puliría esos relatos, impublicables durante el franquismo, hasta su versión final.

 

La familia de Zúñiga deja el barrio de Prosperidad y en un piso de Bravo Murillo será donde el escritor pase los tres años de la guerra, un tiempo que le dejará profundamente marcado. En 1938 será llamado a filas con la quinta de los jóvenes que cumplían entonces los diecinueve años. Será su exagerada delgadez y sus gafas lo que haga que no sea enviado al frente. Sí que tenía que acudir cada mañana a la Comandancia para recibir una instrucción. Esta experiencia le llevará a escribir su primera novela corta (rescatada ahora por Cátedra), titulada Inútiles totales.

También nos hablará de la gestación de la novela El coral y las aguas, que escribió en el desaparecido Café Michigan. Zuñiga quiso alejarse del realismo social de aquellos años, escribiendo en clave sobre los abusos del franquismo, y así trasladó su historia a una isla de la Grecia clásica. Aunque la novela la publicó la editorial Seix Barral pasaría sin pena ni gloria porque nadie entendió bien el juego de crítica de la realidad que planteaba su novela histórica.

Zúñiga no habla de modo directo del franquismo, sino ‒como aprendió de los rusos‒ de un modo elusivo, pero de puntillas se va filtrando la situación económica (su familia cayó en desgracia tras la guerra) y las duras condiciones morales de la época. Nos hablará también de las tertulias a las que empieza a acudir y de la gente que conocerá en ellas, y de las precauciones que tienen que tomar ante los confidentes de la policía política que pululaban por esos espacios.

 

Zúñiga es un escritor profundamente madrileño y, sin embargo, estas memorias, estos Recuerdos de vida, acaban pareciendo estar escritos por un escritor de un país del Este, un escritor que ha de enfrentarse al silencio de su régimen dictatorial durante unas décadas oscuras.

Recuerdos de vida es un libro bellísimo, de una vitalidad envidiable en un escritor que ha madurado estas escasas páginas durante la última década de su vida, que llegó a los ciento un años. Un libro que nos recuerda el poder balsámico de la literatura y la cultura, sobre todo durante los años más difíciles.

A ver si me acerco pronto al libro de Cátedra con las dos novelas iniciales de Zúñiga, que tienen muy buena pinta. Diría que por no haber destacado en el género de la novela, sino en el del cuento, que es más minoritario, Zúñiga no es un autor tan conocido como debería. Es uno de los grandes autores españoles de los últimos cien años, todo un maestro.

domingo, 25 de septiembre de 2022

El declive, por Osamu Dazai


El declive
, de Osamu Dazai

Editorial Sajalín. 148 páginas. 1ª edición de 1947, ésta es de 2017.

Traducción de Marina Bornas

 

Ya he comentado que, después de leer casi seguidos tres libros de Kenzaburo Oé, el premio Nobel de 1994, me apeteció seguir con más literatura japonesa. Así, cuando se acercaba la Semana Santa de 2022, me acerqué hasta la biblioteca de Retiro y saqué en préstamo Soy un gato (1905) y Botchan (1906) de Natsume Soseki y El declive (1947) e Indigno de ser humano (1948) de Osamu Dazai (Kanagi, 1909 – Tokio, 1948). He leído las cuatro por este orden cronológico.

 

La narradora de El declive es Kazuko, una joven de veintinueve años, que vive con su madre en una casa con jardín de estilo chino en la península de Izu, en un pueblo a unos pocos kilómetros de Tokio. Madre e hija han tenido que abandonar su casa tokiota en el lujoso barrio de Nishikata, porque el tío Wada, el hermano mayor de la madre, así lo ha decidido. Desde que el padre de Kazuko murió diez años antes, el tío Wada gestiona la economía doméstica de la familia, y el dinero que dejó el padre se está acabando. Naoji es el hermano menor de Kazuko, quien ‒al comienzo de la novela‒ se encuentra desaparecido en combate en el sur del Pacífico. La novela está ambientada en la inmediata posguerra, entre 1945 y 1947. Kazuko estuvo casada, y se divorció seis años antes. El que iba a ser su primer hijo nació muerto. Por estos motivos volvió a vivir con su madre.

 

La primera escena de la novela me parece sutilmente significativa: Kazuko describe cómo come su madre, la delicadez con la que usa los cubiertos. Esto le sirve para contarnos que su madre es una verdadera noble japonesa, no como ella o su hermano, que son «mendigos de clase alta». «La única aristócrata de verdad que hay en nuestra familia es mamá.» (pág. 8), pero además le sirve (intuyo) para mostrarle al lector el colonialismo cultural al que acaban de ser sometidos por los norteamericanos, tras el fin de la guerra. También están comiendo un puré de guisantes, que Kazuko ha preparado con una lata importada de América.

Las primeras páginas de la novela describen la vida de la madre y Kazuko en la casa de estilo chino de Izu y son detenidas y melancólicas, también la narradora nos va arrojando datos sobre el pasado en decadencia de los personajes. De forma simbólica, Kazuko va a descubrir los huevos de un nido de serpiente y los va a quemar, confundiéndolos con los de una raza peligrosa, cuando no es así. Desde entonces sentirá que una víbora maligna ha anidado en su pecho y esto conducirá a la muerte a su madre y a su propia destrucción. El símbolo nefasto de la serpiente recorre El declive, a veces dejando atrás el realismo de la narración.

 

Los personajes de la novela no querrán nunca hablar de la guerra, unos años que han supuesto un profundo bloqueo emocional para ellos. Kazuko nos dirá que lo único que conserva de la guerra son sus tabis, o zapatos de trabajo, y en unos breves párrafos nos describirá su reclutamiento en retaguardia. «La verdad es que ahora, cuando intento recordar, tengo la sensación de que ocurrieron muchas cosas y, al mismo tiempo, es como si nada hubiera ocurrido. No me gusta contar ni escuchar historias de la guerra. Murió mucha gente, es cierto, pero aun así me parece repetitivo y aburrido hablar de ella. Supongo que es porque tengo una perspectiva egocéntrica de la guerra. Solo salí de la monotonía cuando me reclutaron y me obligaron a calzarme aquellos zapatos y cargar fardos.» (pág. 34)

 

La trama de la novela se moverá cuando reaparezca Naoji, el hermano menor desaparecido en la guerra. Naoji no estaba muerto, pero se ha convertido en un adicto al opio, que complicará la vida a su hermana y su madre desde el momento en el que vuelva aparecer en sus vidas. Naoji tampoco quiere saber nada de la guerra, y comienza en Japón una vida disoluta, que tiene más que ver con el alcohol, que con el opio, que está tratando de dejar.

Kazuko irá adelantando información al lector de su narración. De hecho, a veces se muestra de un modo consciente que ella está recordando, mediante la escritura, acontecimientos que tuvieron lugar en el pasado. «Quiero contarlo todo, sin omitir absolutamente nada.» (pág. 26) o en la misma página: «pienso mientras escribo estas líneas».

 

Tal vez Naoji, que está acabando con el dinero de la familia, con sus frecuentes escapadas a Tokio, donde se junta, sobre todo, con Uehara, un escritor al que admira, y cuyas novelas resultan cada vez más escandalosas a la opinión pública, pueda trabajar, pero esta no parece una salida posible para Kazuko. Así que, aunque sea de un modo secundario, se muestra aquí la posición secundaria de la mujer japonesa en la sociedad de la época. Lo que debería hacer Kazuko sería casarse otra vez, aunque sea con un hombre mayor que pueda mantenerla. Dentro de todo el desbarajuste familiar en el que se encuentra metida, Kazuko, sin embargo, no quiere renunciar al amor, aunque se haya fijado para conseguirlo precisamente en un hombre que no parece convenirla en absoluto, un hombre casado y de mala reputación.

 

Me ha llamado la atención que, al igual que los otros dos escritores japoneses, que llevo leídos en 2022, Osamu Dazai fuese también un estudiante universitario de lenguas europeas, el francés en su caso, igual que Kenzaburo Oé. Por su parte, Natsume Soseki estudió inglés. En gran medida, las referencias culturales que aparecen en El declive son europeas, y sobre todo francesas. En este sentido, se puede entroncar a El declive con el movimiento de la novela existencialista francesa de la posguerra. Imagino que Dazai habría leído novelas como La náusea de Jean Paul Sartre, que es de 1938, o El extranjero de Albert Camus, que es de 1942.

Además en El declive, Kazuko parece creer en el cristianismo y habla de Jesucristo y la virgen María, algo que también me ha llamado la atención.

 

Además de la narración en primera persona de Kazuko, quien parece que está escribiendo un diario íntimo, en la novela también se muestran cartas, o bien de Kazuko, dirigidas al hombre que desea que se convierta en su amante, o de Naoji. También se muestran las páginas de un diario de Naoji, de fuerte contenido existencialista: «En nuestra clase social tampoco hay gente que valga la pena. Idiotas, espectros, usureros, perros rabiosos, charlatanes, pura palabrería, orina que cae de las nubes.», «La guerra. La guerra de Japón es pura desesperación. No quiero morir involucrado en esa desesperación. Prefiero morir por mi propia mano.», o una frase que parece impresionar mucho a Kazuko: «Me pregunto si existirá algún ser humano que no sea un depravado.»

 

El declive me ha parecido una hermosa, delicada y desoladora novela existencialista. Una hermosa novela que refleja muy bien el sentir japonés tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial, pero sin hablar casi del conflicto bélico. Ahora mismo estoy leyendo la segunda y más famosa novela de Dazai, Indigno de ser humano, que me está gustando mucho también. Además, por primera vez, leo una novela de la editorial Sajalín, algo que tenía pendiente desde hacía tiempo, y que me ha resultado una grata experiencia. A ver si indago más en su prometedor catálogo.

domingo, 18 de septiembre de 2022

Homenaje a Javier Marías, muerto a los 70 años

 En mi canal de YouTube, el domingo pasado, día de la inesperada muerte del escritor Javier Marías, grabé un vídeo hablando de los 5 libros suyos que he leído.

Lo dejo aquí:




domingo, 11 de septiembre de 2022

Cuentos completos 2, por Philip K. Dick


Cuentos completos 2
, de Philip K. Dick

Editorial Minotauro. 695 páginas. 1ª edición de la década de 1950; ésta es de 2020.

 

Ya he comentado más de una vez en mis redes sociales que Philip K. Dick (Chicago, 1928 – Santa Ana, 1982) fue uno de mis ídolos adolescentes, de que he leído prácticamente todas las novelas de ciencia ficción que se han publicado en España, pero del que no había leído sus cuentos, que están publicados por Minotauro en cinco volúmenes.

En el verano de 2021, leí Cuentos completos 1, donde se reunían 25 relatos que Dick escribió entre 1951 y 1952; es decir, cuando tenía 23 o 24 años y aún no había publicado su primera novela. El segundo volumen de estos Cuentos completos reúne 28 piezas (aunque en el prólogo dicen 27) escritas entre 1952 y 1955; es decir, cuando Dick tiene ahora entre 24 y 26 años. La primera novela de Dick es Lotería solar y se publicará en 1955.

Así que estos dos primeros volúmenes de cuentos de Philip K. Dick reúnen su etapa de escritor en revistas pulp, y sería un poco más tarde cuando tendría la ambición para tratar de publicar novelas de ciencia ficción.

 

Cuentos completos 2 se abre con dos narraciones que no son de ciencia ficción, sino de terror. Se trata de La viejecita de las galletas y Detrás de la puerta. El primero sobre una mujer vieja que puede succionar la juventud de un niño parece una narración de Ray Bradbury o de Stephen King. El segundo sobre un reloj de cuco asesino es una broma intrascendente.

 

Me gusta mucho el tercer relato, La segunda variedad, que con más de 60 páginas es casi una novela corta. De hecho, es la narración más larga de este libro. En el Volumen I había alguna de unas 100 páginas.

Uno de los grandes temas de este volumen es el temor a una Tercera Guerra Mundial, que en la imaginación de Dick va a ser nuclear y devastadora. Si recordamos que estas narraciones son de la década de 1950, este temor de Dick estaba muy extendido en el mundo y también aparece, por ejemplo, en narraciones de John Cheever, con sus ciudadanos que construyen refugios nucleares. En el mundo que construye Dick en La segunda variedad, la guerra nuclear entre norteamericanos y rusos ha devastado la superficie del planeta y los supervivientes viven bajo tierra (una idea que se repite en más de un relato), mientras los mandos (al menos los estadounidenses) viven en la luna. La guerra la llevan ahora los robots que han empezado a construirse a sí mismos y evolucionar. Dick juega con la idea de una posible guerra futura entre robots, como si la guerra y la destrucción fueran inherentes no solo al ser humano sino a cualquier forma de inteligencia. Y como siempre, usa la ironía para contarlo.

 

Recuerdos al por mayor es el relato en que se basa la película Desafío total (1990) de Paul Verhoeven. Un tipo quiere ir a Marte, pero su sueldo no le alcanza. Visita una empresa de recuerdos implantados, para crearle la sensación de que sí ha estado en Marte, pero al intentar manipular su mente, se descubre que el tipo puede que sí que haya estado en Marte… El planteamiento del cuento es similar al del inicio de la película, pero después de tomar la gran premisa de Dick, la película se inventa todo un desarrollo con el personaje en Marte, algo que no ocurre en el cuento. En cualquier caso la película de Paul Verhoeven me descubrió a Philip K. Dick allá en un verano de 1990 y siempre la he tenido mucho aprecio. Me gusta este cuento.

 

El mundo de Jon nos lleva a uno de los temas clásicos de Dick: las paradojas de los viajes en el tiempo, en los que los viajeros temporales pueden alterar el pasado y, por tanto, la realidad presente. Este cuento está relacionado con el tercero, La segunda variedad, y se pueden englobar dentro de un mundo ficcional común.

En la introducción, Norman Spinrad comenta que, a diferencia de otros escritores de ciencia ficción, Dick no crea un mundo futuro similar para toda su narrativa en el que va contando sus historias, sino que casi siempre, en cada relato o novela se inventa un futuro diferente. Esta técnica es más complicada para un autor acuciado con la necesidad de ganar dinero y la de satisfacer a unos lectores sobre los que ya se ha probado qué funciona y qué no. Pero en excepciones como en los cuentos La segunda variedad y El mundo de Jon sí que lo hace. Aunque en el segundo cuento también habla de los viajes en el tiempo. «¿Qué significa real?», pregunta aquí uno de los personajes, anticipando en 1952 casi toda la obra de Dick.

 

Los cazadores cósmicos es un divertido relato sobre el choque de civilizaciones y la desmesurada codicia humana. Como muchos cuentos de Dick, su construcción se sustenta sobre la idea de la «sorpresa final», una sorpresa que el lector puede prever; aunque esto no le hace perder encanto.

 

Progenie nos habla ‒otro de los grandes temas de Dick‒ de la relación de los humanos con los robots. Aquí Dick escribe sobre un futuro en el que a los hijos de los separa de los padres y se lo forma según sus capacidades. Un hombre tradicional, con un trabajo tradicional, no va a comprender por qué no puede ver a su hijo, y no le sirve la explicación de que es por su bien. ¿Qué es humano? ¿Qué nos hace humanos?

 

Algunas clases de vida es uno de los cuentos más claramente antibélicos del conjunto. Los miembros de una familia deben ir a combatir contra civilizaciones extraterrestres para que los humanos puedan conservar alguno de los minerales que se consiguen en sus planetas. El progreso a costa de la vida de las personas, una crítica a tantas guerras inútiles que han ocurrido en la Tierra. Me gusta menos que otros porque su mensaje es demasiado explícito y poco sutil.

 

Los marcianos llegan en oleadas me ha parecido uno de los relatos más bellos del libro. Unos seres gelatinosos caen como lluvia sobre la Tierra, desde hace un tiempo. Los humanos los temen y se encargan de destruirlos. El protagonista es un niño que, gracias a la telepatía, va a poder contemplar el mundo del que procede el marciano y ésta es una visión poética y hermosa. Sin embargo, en vez de conocer al otro, los terrícolas le tendrán miedo y se empeñarán en destruirle.

Mientras que el escritor de ciencia ficción Robert A. Heinlein en 1959 publicaba una novela como Tropas del espacio que es abiertamente militarista, y propone la aniquilación del otro, Dick se encargaba de proponer lo contrario.

 

Con El abonado dejamos la ciencia ficción y volvemos al terror con un hombre que quiere comprar en la estación un billete de tren hacia una ciudad que no existe, o que tal vez exista en una realidad alternativa, un tema muy de Dick.

 

En El mundo que ella deseaba un hombre conoce a una mujer en un bar, y ésta le dice que vive en un mundo hecho a su medida. «El Creador puso fuerzas en movimiento. Creó mundo diferentes para cada ser humano; cada uno existe para un solo ser humano.» (pág. 288). Lo planteado en este relato de 1952 se parece a lo que luego Dick desarrollará en novelas como Ojo en el cielo (1957) o Ubik (1969).

 

En Una incursión en la superficie volvemos al tema de la destrucción nuclear y a los supervivientes que viven bajo tierra. Un hijo quiere acompañar al padre a buscar humanos primitivos en la superficie. Otra buena historia sobre la relación entre humanos y robots.

 

Proyecto: Tierra es otro de los cuentos que más me gustan. Igual que pasaba con Los marcianos llegan en oleadas el protagonista es un niño y esto hace que el relato tome caminos inesperado. Un viejo toma notas sobre los humanos, y un niño lo descubre, además el viejo tiene unas personitas en una caja, que el niño roba. Como me pasó en la lectura de Cuentos completos I, hay aquí alguna escena que solo tiene sentido en el mundo perturbado de Dick porque es incomprensible en realidad, y esto genera una sensación de misterio y extrañeza muy potente y agradable.

 

Problemas con las burbujas nos lleva a un mundo futuro en el que la frustración por no encontrar vida inteligente en el espacio hace que una empresa comercialice unas esferas dentro de las cuales cada ciudadano puede crear un mundo. Un nuevo relato de Dick sobre la creación de realidades y mundo. Curioso, pero me ha gustado menos que otros.

 

En Desayuno en el crepúsculo una típica familia norteamericana desayuna y se dispone a empezar el día. Al salir de casa, una densa niebla lo domina todo, aparecen soldados y les informan de que todo ha sido destruido en una nueva guerra. Nadie entiende que hace ahí esa casa. Se ha producido una rotura en el continuo del tiempo, y la familia ha entrado en el futuro o una realidad diferente. Un tema que Dick repetirá en muchas de sus novelas.

 

Un regalo para Pat es un relato humorístico sobre un hombre que regresa desde el espacio a casa con un extraño regalo para su mujer: un pequeño dios que tiene capacidad para desbaratar su vida. El final es demasiado rocambolesco, pero no deja de ser un relato divertido.

 

El fabricante de capuchas es un relato sobre telépatas que pueden leer los pensamientos de la gente y usan este poder para crear una sociedad controladora. Este tema del control mental será otro de esos a los que Dick recurrirá en más de una novela.

 

Sobre manzanas marchitas es otro relato de terror al estilo de las narraciones de Ray Bradbury, sobre un manzano maldito, o un manzano con poderes o una mente poderosa. Es un relato simpático.

 

Humano es es un cuento sobre las relaciones humanas. Un hombre que trabaja demasiado se opone al deseo de su mujer de convivir un tiempo con su sobrino, pero quizás un extraterrestre que lo ha sustituido es más simpático que él. En las notas finales, Dick comenta sobre este relato que para él la idea de ser «humano» la constituye la capacidad para ser bondadoso y que este es su credo. Es por estas cosas por las que adoro a Dick.

 

Equipo de ajuste es una narración muy paranoica sobre un hombre al que se le va desmoronando la realidad cotidiana según trata de vivir su jornada habitual. Existe otra realidad que manipula la nuestra. No se puede ser más Dick.

 

En El planeta imposible una anciana quiere gastar todos sus ahorros en visitar un planeta que se ha vuelto un mito: la Tierra. De este planeta se supone que procede la humanidad. Es un cuento correcto, pero no brilla demasiado.

 

Impostor quizás sea el mejor relato del libro. Había leído en alguna parte que Dick fue el primer escritor al que se le ocurrió la idea de un robot que cree que es humano. Y si esto es cierto, esa idea aparece por primera vez en este relato de 1953. Aquí las dudas sobre el propio «yo» se vuelven realmente muy interesantes.

 

James P. Crow es otro de los cuentos más destacados del libro. Dick nos traslada a un mundo dominado por los robots, donde los humanos son ciudadanos de segunda. Para conseguir una posición social hay que pasar unos exámenes hechos a medida de los robots y que solo un humano ‒James P. Crow‒ parece estar capacitado para superar. Al final, este es un cuento en contra de la segregación racial en los Estados Unidos.

 

Planeta de paso también me gusta mucho. De nuevo, una guerra ha aniquilado el planeta, y la humanidad sobrevive bajo tierra. Sin embargo, en la superficie seres mutantes, descendientes de los humanos, han conseguido adaptarse. El planeta ahora es suyo, la barbarie de los humanos creo a estos nuevos seres. De nuevo una bella metáfora antibelicista.

 

La maqueta es un cuento fantástico y no de ciencia ficción, pero también refleja una clara obsesión de Dick: un hombre adulto se relaja con maquetas de trenes y en el sótano ha reproducido la ciudad en la que vive. Harto de la realidad se dedicará a cambiar la maqueta, lo que podrá alterar la realidad, y la gente que le rodea tal vez quede atrapada en su mundo. Esta idea, como ya conté antes, se desarrollará en Ojo en el cielo o Ubik.

 

Un recuerdo sobre la visita a un planeta para incorporarlo a una conferencia de planetas pacíficos y la negativa de este porque sus habitantes tienen un alma belicosa, me parece un relato inferior a otros del conjunto.

 

Equipo de exploración es una nueva metáfora antibélica sobre la humanidad que ha conseguido destruir el planeta en el que vive y ha de buscar otro en el que habitar. De nuevo su mensaje es demasiado obvio y no me convence demasiado.

 

Autor, autor es el cierre del conjunto y es un relato original. Una empresa está haciendo pruebas para poner en el mercado un aparato que teletransporte a las personas entre dos puntos, ideas para poder vivir en el campo y estar en el oficia en cinco minutos. Un empleado de la empresa está probando un prototipo. En los minutos que está fuera del mundo algo ocurre, unos hombrecillos le llaman la atención desde abajo, unos seres que le visitan desde otra dimensión, y con los que él empieza a comunicarse en vez de comentarlo con sus superiores. No me gusta el cierre del relato, Dick hace una broma sobre las ínfulas de los escritores, que resta belleza a las páginas anteriores.

 

 

Un comentario general sobre esta lectura. Me gustaría indagar en la pregunta ¿es Dick un autor machista? Es cierto que los protagonistas principales de sus relatos son hombres, y esto puede molestar a más de una lectora. También es cierto que en algunos de sus relatos y novelas el hombre se ve sometido a la frialdad y perversidad de su esposa, que en muchos casos es un personaje secundario cargado de negatividad. Me comentaba una mujer en el canal de YouTube que en uno de los cuentos del Volumen I, en una nave hay tres tripulantes, dos hombres y una mujer. Debido a una radiación su aspecto empieza a cambiar y a la mujer creada por Dick solo le molesta que sus compañeros la vean «fea». En más de uno de los cuentos de este Volumen II Dick nos dice que algunas mujeres que aparecen (en el futuro que el inventa) visten con ropa transparente o llevan los pechos al aire. Esto podría ser tomado por machista, pero prefiero pensar que en detalles como estos Dick está criticando a la sociedad consumista de su época. Una sociedad que cosifica a la mujer, y en su proyección del futuro esta cosificación la hace más evidente. En cualquier caso, estas narraciones pertenecen a la década de 1950 y muestran esa sociedad, con esos temores sociológicos con el de la Tercera Guerra Mundial, que sería nuclear y aniquiladora.

 

Me lo he pasado muy bien leyendo este segundo volumen de los cuentos de Dick. Y tengo ganas de acercarme ya al cuarto y al quinto, donde se encuentran sus relatos de plena madurez, donde ya compaginaba su escritura con la de sus grandes novelas.