Mostrando entradas con la etiqueta Alejandro Zambra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alejandro Zambra. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de septiembre de 2023

Literatura infantil, por Alejandro Zambra

 


Literatura infantil, de Alejandro Zambra

Editorial Anagrama. 226 páginas. 1ª edición de 2023

 

Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) es uno de mis narradores latinoamericanos actuales favoritos. He leído casi todas sus novelas y libros de cuentos. Después de la publicación de la gran novela que era Poeta chileno (2020), tenía curiosidad por la siguiente obra del escritor chileno. Cuando vi que la editorial Anagrama anunciaba la publicación de Literatura infantil (2023) se la solicité para poder leerla y reseñarla y ellos, muy amablemente, me la enviaron.

 

La primera parte de Literatura infantil empieza con una  enumeración de capítulos en apariencia extraña: del 0, se pasa al 1, al 14, al 25, al 31… Estos números marcan los días de vida de su hijo Silvestre y, por tanto, el capítulo 0 se corresponde con el del día del nacimiento. «Contigo en brazos, por primera vez aíslo, en la pared, la sombra que formamos juntos. Tienes veinte segundos de vida.», estas son las primeras palabras del libro. La autoficción no es algo nuevo en la obra de Zambra; en muchas de sus narraciones, este autor juega a diluir los límites entre narrador y personaje. En este nuevo libro, el narrador principal (ya veremos que no siempre) es el propio Alejandro Zambra y habla de su hijo Silvestre y de su mujer Jazmina con sus nombres reales.

El lector se adentra en las páginas de Literatura infantil como si estuviera accediendo al diario de notas de un escritor que admira, donde éste reflexiona sobre su nueva experiencia de ser padre por primera vez a los cuarenta y dos años, y no, por ejemplo, a los veinticuatro años, como en la generación de sus padres.

«He conocido a hombres que ejercen la paternidad con lucidez, humor y humildad, pero también he visto a amigos queridos, que parecían tener el corazón bien puesto, alejarse de sus hijos para entregarse a la recuperación desesperada y caricaturesca de su juventud. Y también abundan quienes enfrentan la pulsión de la muerte agobiando a los niños a punta de misiones y decálogos, con la explícita o velada intención de prolongar a costa de ellos sus sueños interrumpidos.», escribe Zambra en la página 15, después de comentar una cita del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro sobre la paternidad.

También abundan las reflexiones sobre las nuevas formas de asumir la paternidad por parte de los hombres (a las que podríamos llamar «nuevas masculinidades»), en contraposición a las formas de las generaciones anteriores, «Nuestros padres intentaron, a su manera, enseñarnos a ser hombres, pero no nos enseñaron a ser padres. Y sus padres tampoco les enseñaron a ellos. Y así.» (pág. 16)

 

Una reflexión bonita surge alrededor de la palabra «infantil» que, nos dice Zambra, en muchos casos, y al menos en Chile, es pronunciada como un insulto o de forma condescendiente. A este respecto, escribe: «Toda la literatura es, en el fondo, infantil. Por más que nos esforcemos en disimularlo, quienes nos dedicamos a escribir lo hacemos porque deseamos recuperar percepciones borradas por el presunto aprendizaje que nos volvió tan frecuentemente infelices.» (pág. 18). Al final la literatura viene a ser, nos dice el autor, una forma de recuperar aquellos primeros cuentos de la infancia que nos leían nuestros padres.

 

«Durante siglos la literatura ha evitado el sentimentalismo como a una peste. Tengo la impresión de que hasta el día de hoy muchos escritores preferirían ser ignorados antes de correr el riesgo de ser considerados cursis o sensibleros. Y es verdad que a la hora de escribir sobre nuestros hijos, la felicidad y la ternura desafían nuestra antigua y masculina idea de lo comunicable.» (pág. 22). En este sentido, Zambra reflexiona sobre que en la literatura existe mucha más tradición de cartas al padre (cartas normalmente tristes y rencorosas), que cartas al hijo; en principio, más celebrativas y alegres. Y esto es lo que él se ha propuesto en este libro. Escribir una carta al hijo, que éste habrá de leer en el futuro, cuando tenga edad para ello. De este modo, esta primera parte está escrita en segunda persona, como un mensaje al hijo, que es el verdadero receptor de este texto.

Sin embargo, ya dentro de esta primera parte, escrita principalmente en segunda persona, hay capítulos escritos en primera persona, como uno en el que para combatir el dolor que le producen a Zambra las migrañas en racimo, un amigo le pasa al autor un hongo, conocido como pajarito, que mitiga esos dolores. Zambra se excede con la dosis y este capítulo, sobre un viaje alucinógeno, acaba siendo uno de los más divertidos del libro. Como es habitual, el humor ligero y tierno de Zambra es un rasgo de estilo destacable en Literatura infantil.

 

En Tiempo de pantalla la persona pasa a ser la tercera y aquí se hablará de la relación del hijo con la pantalla del televisor, que será inexistente, en contrario con la infancia en Chile del protagonista. No he comentado que Zambra y su familia viven en Ciudad de México, y que, además, en el tiempo narrativo se irá incorporando el tema del encierro, y sus consecuencias (sobre todo en un niño de tres años), por la pandemia mundial de corona virus.

 

En la página 66 nos encontramos un apunte que me ha llamado la atención. Zambra escribe «Trato de volver a la novela en la que trabajo». Por las fechas, me imagino que está hablando de Poeta chileno. En este momento, el lector puede tener la sensación de que el principal trabajo literario de Zambra, durante los años de los que está hablando en este libro, es la elaboración de Poeta chileno, su novela más larga hasta la fecha. Y que, por tanto, Literatura infantil es una obra secundaria o menor, elaborada a través de apuntes de diario sobre la paternidad.

Sin embargo, no va a ser esta la sensación con la que el lector, o al menos el lector que soy yo, acabe este libro, porque, lo digo desde ya, me ha parecido una obra destacada dentro de la gran obra de Zambra.

 

En la página 101 empieza una segunda parte, con el texto Garabatos que es un cuento de casi treinta páginas, donde los protagonistas son dos niños chilenos de once años, y que habla de su amistad. Garabatos es un cuento a la altura de las mejores piezas de Mis documentos, el libro de cuentos de Zambra.

 

Rascacielos habla de la mala relación de un hijo de veinte años con su padre, y de la forma en la que una discusión lleva al hijo a dejar la casa paterna. También es una historia de amor. Un buen relato.

 

Introducción a la tristeza futbolística es, posiblemente, el texto más divertido (y también melancólico) del libro. Trata sobre un joven, que se puede identificar con Zambra, que para salir con una chica ha de fingir ante ella que no le gusta el fútbol, aunque esto no es cierto. Y los quiebros que ha de hacer para ver los partidos son tomados por ella como sospechosas infidelidades. Zambra llama a este texto, y a otros del libro, «ensayo» y no relato. Un rasgo muy interesante de su construcción es que algunos de sus personajes leen las páginas que ha escrito Zambra y opinan sobre ellas, y esto se incorporará al propio material del relato. También es un texto sobre las relaciones entre padres e hijos y esa «tristeza futbolística» se marca como metáfora de la escasa muestra de sentimientos de los hombres de la generación del padre de Zambra, cuyas mayores manifestaciones sentimentales se daban cuando su equipo ganaba o perdía.

Este tercer cuento entronca de forma directa con la primera parte del libro porque vuelve a aparecer en él el hijo de un narrador escritor llamado Zambra.

 

El cuarto relato es Cogoteros de ojos azules y en él Zambra reflexiona sobre una historia de su adolescencia: a los quince años, él y su padre fueron asaltados por unos ladrones y Alejandro defendió a su padre de uno de ellos. La historia es sencilla, pero la anécdota le sirve al autor para reflexionar sobre temas como el racismo o, de nuevo, las relaciones paterno filiales. «¿Estás escribiendo sobre mí? ¿De nuevo? ¡Hasta cuándo! -me dice mi padre.», leemos en la primera página.

 

En Lecciones tardías de pesca con mosca Zambra junta, de forma más intensa esta vez, a las tres generaciones Zambra: al abuelo, a él y a su hijo. El abuelo llama por vídeo llamada, los domingos por la mañana desde Santiago para hablar con su nieto, en Ciudad de México, e invitarle a pescar con él, una afición que ya quiso compartir con el narrador y por la que este nunca se interesó. Es un relato muy bello sobre las relaciones entre padres e hijos, donde, de nuevo, los diferentes personajes pueden leer lo escrito del relato y su lectura se incorpora al texto como material del relato.

 

El libro acaba con el texto Recado para mi hijo; y aquí se recupera la segunda persona para conversar con el hijo, que ahora ha empezado a leer por sí mismo y se adentra en una novela infantil de Juan Villoro. Es un texto más corto que los anteriores y actúa como emotivo broche final.

 

Como ya adelanté más arriba, empecé leyendo Literatura infantil como si se tratase de un libro menor de Alejandro Zambra, compuesto con textos de apuntes que tomaba sobre la paternidad, mientras elaboraba la ambiciona y conseguida novela que es Poeta chileno, y he acabado pensando que Literatura infantil es una obra bellísima y que entra con derecho propio entre las más emotivas y logradas de su autor.

domingo, 27 de agosto de 2023

Facsímil, por Alejandro Zambra

 


Facsímil, de Alejandro Zambra

Editorial Anagrama. 123 páginas. 1ª edición de 2014

 

Ya he comentado que cuando apareció la última novela de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) en 2023, titulada Literatura infantil, le solicité a la editorial Anagrama este libro para poder leerlo y reseñarlo, y que además les pedí ­–en el mismo envío– Facsímil, uno de los pocos libros de Zambra que me quedaba sin leer, con la intención de grabar para mi canal de YouTube (Bienvenido, Bob) un vídeo sobre toda la narrativa de Zamba (o al menos de la que está en Anagrama). Facsímil se publicó en 2014. Después de Formas de volver a casa (2011) y Mis documentos (2013). Formas de volver a casa me gustó mucho y estaba pendiente de ver cuándo se iba a publicar la siguiente novela de Zambra (no sé por qué me salté Mis documentos, su libro de cuentos, porque cuando al final me acerqué a él me gustó también mucho). Recuerdo que cuando se publicó Facsímil y empecé a leer reseñas sobre esta obra, la propuesta de Zambra me desconcertó. Su nuevo libro no acababa de ser una novela, ni un libro de cuentos o de poemas. Quizás fuese un híbrido entre todos esos géneros. El libro imita la forma de la Prueba de Aptitud Verbal, un examen para los alumnos de secundaria chilenos que querían entrar en la universidad. El título del libro («Fácsimil») alude a los cuadernillos, populares en Chile entre los estudiantes, en los que se publicaban los exámenes de temporadas anteriores para poder practicar.

 

En el primer capítulo del libro (titulado Término excluido), el ejercicio propuesto consiste en marcar la palabra, de una serie de cinco, que no tiene relación con el enunciado ni con las demás palabras. Esto le sirve a Zambra para escribir pequeños poemas, donde se arrojan sobre el lector juegos de palabras, críticas al sistema escolar o a la situación política. Por ejemplo, el ejercicio 7 es así:

 

7. JUNTA

A) miedo

B) cadáveres

C) ganas

D) agua

E) monedas

 

El segundo capítulo se titula Plan de redacción, y en el ejercicio propuesto el alumno debería marcar la opción más adecuada para que la frase tenga el orden más adecuado. Por ejemplo, muestro aquí el ejercicio 28:

 

28. Tu casa

1. Es de un banco, pero prefieres pensar que es tuya.

2. Si todo sale bien, terminarás de pagarla en el año 2039.

3. Vives aquí desde hace once años. Primero con una familia, después con algunos fantasmas que también lo fueron.

4. El barrio no te gusta, no hay plazas cerca, el aire es sucio.

5. Pero amas esta casa, nunca vas a abandonarla.

 

A) 2-3-4-5-1

B) 3-4-5-1-2

C) 4-5-1-2-3

D) 3-1-2-4-5

E) 1-2-4-3-5

 

Creo que en este tipo de enunciados, Zambra juega a escribir poemas que tienen que ver con la obra de su admirado poeta Nicanor Parra, autor de los antipoemas, poemas prosaicos e irónicos, como este que he seleccionado.

 

A veces en las opciones numéricas hay chistes internos, como ocurre en la propuesta 32, donde las opciones dan a elegir, de un modo insistente y llamativo, entre opciones en las que se repiten cinco veces cada enunciado.

 

En el capítulo 3 (Uso de ilativos), el alumno debe completar el sentido del enunciado intercalando los elementos sintácticos que correspondan.

Como ocurría antes, en algunas ocasiones no hay que elegir y esto constituye una broma o una crítica, como en el número 40, que reproduzco aquí:

 

40. Los estudiantes van _____ la universidad _____ estudiar, no _____ pensar

Todas las opciones, que se dan a elegir, son la misma: «a    a    

 

En el capítulo 4, Eliminación de oraciones, hay que señalar qué oraciones o párrafos del enunciado pueden ser eliminados, porque no agregan información o guardan relación con el texto. Por ejemplo, dejo aquí el 56:

 

56.

(1) Hay hamburguesas en el refrigerador.

(2) También unas lechugas y mostaza.

(3) Me fui a la playa con los niños.

(4) Es normal, son mis hijos también.

(5) Te tengo miedo.

(6) Y ellos también te tienen miedo.

(7) Y eso también es normal.

 

A) Ninguna

B) 1 y 2

C) 2

D) 4

E) 7

 

De nuevo, volvemos a la idea del antipoema de Nicanor Parra, y a la crítica social. En este ejemplo que he seleccionado se puede ver también la importancia que siempre ha dado Zambra en su obra a las relaciones entre padres e hijos.

Según se avanza en los ejercicios (o poemas) propuestos en esta sección, los enunciados (o versos) se van haciendo más largos. En algunos casos, parece que Zambra juega a crear personajes, y las voces narrativas se van alejando de la suya propia. El lector de Zambra está acostumbrado a que la voz de sus personajes se parezca mucho a la suya propia y por eso me sorprende, por ejemplo, en los ejercicios 63 y 64, donde la voz la toman personajes que, aunque no se dice explícitamente, parecen cercanos a los valores de la dictadura de Pinochet.

 

El capítulo 5 se titula Comprensión de lectura. Se presentan tres textos y luego habrá preguntas basadas en su contenido. Estos tres textos ya se pueden considerar relatos. El primero trata de la relación entre dos hermanos mellizos, y su relación con la educación, y el arte de copiar en los exámenes. El texto 2 habla de una pareja joven que decide casarse, y es una crítica a la conservadora realidad de que en Chile, hasta hace no mucho, no existía ley de divorcio. El tercer texto es una carta que un padre, poco ejemplar, dirige a su hijo, y se acerca más, como ya comenté antes, a los postulados habituales en la obra de Zambra.

 

Facsímil es una obra difícil de clasificar, que funciona como un juego literario, que se adapta a una forma –copiar las partes de un examen de ingreso a la universidad– en principio extraña, pero que deambula con soltura entre la poesía y el relato. Esta es una obra escrita al amparo de la obra de Nicanor Parra y que creo que hubiera gustado a Roberto Bolaño. Facsímil es una obra original, crítica con la realidad educativa, y no solo educativa, de su país, lleva de ironía y de tristeza. Si alguien no conoce la obra de Alejandro Zambra creo que no le recomendaría empezar por Facsímil, pero, sin embargo, ésta, pese a su extrañeza, es una obra que no defraudará a los seguidores de este dotado escritor chileno, uno de los mejores escritores latinoamericanos de su generación.

domingo, 20 de agosto de 2023

No leer, por Alejandro Zambra

 


No leer, de Alejandro Zambra

Editorial Anagrama. 310 páginas. 1ª edición de 2010

 

En 2020 leí Poeta chileno, la novela más larga de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) y tuve oportunidad de cambiar algunos mails con el autor. Me preguntó entonces si me apetecía leer los libros suyos que me faltaban, y el propio Zambra, que por entonces ya vivía en México, gestionó con la editorial Anagrama que me enviaran Mis documentos (2013), Tema libre (2018) y No leer (2010). Ese mismo año de la pandemia leí y comenté los dos primeros y se me quedó pendiente el tercero. Tras la lectura de Literatura infantil (2023), me apeteció leer toda la obra de Zambra –uno de mis escritores latinoamericanos actuales favoritos– y, de este modo, me acerqué a No leer y a Facsímil (2014).

 

No leer recoge columnas y artículos que Zambra publicó en periódicos y revistas, desde 2002 hasta 2018, cuando hizo la última ampliación de este libro. Estos textos no están ordenados cronológicamente, sino por temas y, diría que también, por su extensión; situando los más cortos al principio y los más largos al final.

Este libro es, en cualquier caso, una selección de esos artículos. El propio Zambra nos cuenta en el prólogo que acabó prefiriendo los encargos de las publicaciones que le pedían hablar de sus escritores favoritos de un modo libre, que aquellos que le pedían opinar sobre novedades literarias. Esta última tarea le llegó a padecer alguna situación incómoda en Chile, cuando se encontraba con otros escritores, y decidió dejarla. Además, no deseaba ser esclavo de las novedades literarias a la hora de elegir sus lecturas.

 

El primer texto se titula Lecturas obligatorias y es una crítica a la imposición de la lectura poco meditada desde el colegio. «Así nos enseñaban a leer: a palos» (pág. 15). Sin embargo, en el segundo texto sí elogia la lectura de los cuentos de Julio Cortázar desde el colegio. Otro texto elogia la lectura juvenil de libros en fotocopias, porque los libros reales eran muy caros en Chile.

Estos primeros textos, sobre los comienzos en la lectura del autor y el colegio, son simpáticos y en ellos está la esencia del Zambra de sus novelas y cuentos, pero limitada por la exigencia de un máximo de palabras por artículo, que le había de exigir las revistas y periódicos con los que colaboraba. Casi se puede saber qué textos se publicaron en el mismo medio observando su extensión.

Zambra también recuerda sus primeras lecturas conjuntas con amigos, donde cada uno comentaba sus textos; reuniones que le sirvieron para armar sus primeros libros, y contradecían esa idea de la soledad propuesta por Kafka para el escritor.

 

Es posible que el lector no chileno se encuentre aquí con reseñas de libros de autores que desconoce, como por ejemplo Adolfo Couve, del que se habla en las páginas 40 y 41. Las reseñas de Zambra, en muchos casos, no describen exactamente lo que el lector se va a encontrar en los libros, sino que se acerca a comentarlos desde ángulos tangenciales, de tal modo que el texto se lee con interés, por su originalidad, pero sin saber muy bien qué pensar, al final, del libro que se está reseñando.

Sí me han dado ganas de leer y buscar Toda la luz del mediodía de Mauricio Wacquez, que según Zambra es una de las más trasgresoras y mejores novelas de la literatura chilena.

También se reúnen los artículos que hablan de leer diarios o la correspondencia de escritores. Me ha llamado la atención el que habla de la poeta Gabriela Mistral, y de la lectura de su correspondencia. De ella se deduce que la poeta no era «una especie de monja», sino que era una lesbiana que ocultaba su condición sexual, y este hecho de su biografía sí puede, según Zambra, modificar la mirada de la crítica literaria sobre su obra. Es bonito también el homenaje que hace Zambra a Manuel Puig, tras leer sus cartas. Se ensalza también a Juan Carlos Onetti, a Mario Levrero o a Josefina Vicens.

 

En la página 85 leemos: «En los últimos años he experimentado innumerables veces la felicidad de no leer algunos libros que, si hubiera seguido trabajando como crítico literario, debería haber leído.», y de aquí es de donde está tomado el título del libro; de ese deseo de libertad lectora, de no tener que leer por compromiso, sino lo que uno desea en cada momento. Aquí se lanzan algunos dardos contra el escritor chileno Jorge Edwards, que llegó a presentar en Chile Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, confesando que no la había acabado de leer, algo que también hizo en la presentación de Epifanía de una sombra, la novela póstuma de Mauricio Wacquez. En el mismo artículo, Zambra carga también contra la escritora chilena Carla Guelfenbein, de la que se alegra de no tener nunca más que leer sus nuevos libros. Este artículo, aunque da título al volumen, en realidad no resumen la tónica general del libro, pues que en la gran mayoría de sus textos (o al menos los seleccionados aquí) Zambra invita a la lectura de los libros que comenta y no a lo contrario.

Es simpática la anécdota en la que Zambra cuenta que presentó la novela La vida imposible del escritor español Juan Manuel de Prada en la universidad Diego Portales de Chile, y le sugirió al escritor que leyera un poco del libro, y de Prada leyó durante hora y media, para desesperación de todo el mundo.

 

Algunas de las historias que cuenta Zambra sobre su vida han aparecido en sus novelas o cuentos, como la de haber trabajado de telefonista, que aparece en un cuento de Mis documentos.

Me ha gustado el artículo sobre los textos falsos de Borges, García Márquez o Neruda que circulan por la red, y acaba siendo un alegato en contra de la mala literatura, contra lo cursi y la autoayuda.

No conocía al escritor chileno Germán Marín, pero Zambra sí me anima a leer su novela Historia de una absolución familiar. También son bellas las palabras con las que Zambra homenajea a Pedro Lemebel.

En la página 171 leemos: «Coetzee fraguó la mejor literatura de las últimas décadas.»

 

A partir de la página 205 comienza la segunda parte del libro y me parece que No leer gana en altura, porque aquí se recogen textos más largos de Zambra, como el primero titulado La poesía de Roberto Bolaño, que ocupa unas once páginas, frente a las, más o menos, dos de los artículos anteriores. En estas once páginas, Zambra puede desarrollar sus ideas de un modo más interesante y atrayente que antes.

También me gusta el elogio que hace a los poetas chilenos Gonzalo Millán y Nicanor Parra y al escritor peruano Julio Ramón Ribeyro.

El artículo Buscando a Pavese, en el que Zambra narra un viaje al pueblo natal del autor italiano, tiene casi la intensidad de un relato de Zambra y me ha gustado mucho.

 

En la tercera parte, bastante más breve que las otras, Zambra nos habla del proceso creativo de Bonsái y a mí, como admirador del autor, me han interesado estas páginas.

 

Me preguntaba una persona en las redes sociales si No leer estaba a la altura de Entre paréntesis de Roberto Bolaño. Lo cierto es que, leído en esta misma colección de Anagrama, me gustó más Entre paréntesis de Bolaño, porque me abrió más caminos hacia la lectura que No leer. Pero no quiero decir con esto que no me haya interesado No leer, porque es un libro muy ameno sobre literatura y que, en gran medida, en contraposición con el título, sí que invita a leer muchos libros a los que no me he acercado hasta ahora.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Tema libre, por Alejandro Zambra (vídeo reseña)

Me grabé hablando de Tema libre de Alejandro Zambra.
Si te apetece verme, puedes hacerlo PINCHANDO AQUÍ.

Y si te gusta el canal te agradecería que te suscribieras.



miércoles, 26 de agosto de 2020

Mis documentos, por Alejandro Zambra (vídeo reseña)

Me grabé hablando del libro de cuentos de Alejandro Zambra, Mis documentos.
Si te apetece verme, pincha AQUÍ

Y si te gusta el canal, te agradecería que te suscribieras.




domingo, 9 de agosto de 2020

Tema libre, por Alejandro Zambra


Tema libre, de Alejandro Zambra

Editorial Anagrama. 133 páginas. 1ª edición de 2019.

Ya comenté que a raíz de leer la novela Poeta chileno de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) me cambié unos mensajes con el autor y éste me hizo llegar los libros que tenía publicados en Anagrama y que yo aún no había leído. Así me puse con Mis documentos (2014) que –como ya apunté– me gustó mucho. A continuación empecé con Tema libre, que se publicó en 2019. Al principio yo pensé que este libro era también de relatos. Explicaré ahora que mi idea no era del todo cierta.

Tema libre está formado por once textos. Los tres primeros se agrupan bajo el nombre Autorretratos hablados y son conferencias que Zambra leyó en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile (Cuaderno, archivo, libro, 2013), en la Biblioteca Nicanor Parra de la Universidad Diego Portales (El niño que enloqueció de amor, 2014) y en la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales (Tema libre, 2016).

En Cuaderno, archivo, libro Zambra nos habla de su paso por la misma facultad en la que está dando la charla y de su vocación por la literatura. «Querer escribir es un signo de optimismo, de ingenuidad.» (pág. 12). También hablará de la importancia que tiene para él el hecho de escribir a mano (citará a Mario Levrero y su Discurso vacío), a máquina o a ordenador. Esta es una obsesión compartida con Mis documentos. «Soy hijo de un informático y una digitalizadora, por lo que puedo decir, sin temor a equivocarme, que les debo la vida a los computadores.» (pág. 19). Si bien en un momento de la charla habla del impulso que le llevó a imaginar a los protagonistas de Bonsái, aquella pareja joven que fingía haber leído a Proust sin haberlo hecho, pasará a hablar de un modo cariñoso e irónico del ambiente de poetas que conoció en su juventud, un ecosistema artístico que reproducirá en Poeta chileno. Descubro un dato irrelevante, pero que me ha gustado saber: Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain, publicado entre 1876 y 1878, es la primera novela de la historia de la literatura que fue escrita directamente con una máquina de escribir.

En El niño que enloqueció de amor Zambra hace una lúcida defensa de la lectura por placer. Me ha llamado la atención saber que fue profesor de Lengua y Literatura en un colegio privado. «Esto es clave, pienso yo: lo que nos importa de un libro está asociado a la sensación de que hay algo que no entendimos del todo. La felicidad de la lectura está asociada a la posibilidad de la relectura.» (pág. 34). 
También conoceremos su bloqueo ante la lectura de novedades literarias para hacer reseñas (algo que yo también he llegado a experimentar). «Había convertido el ocio en negocio, en obligación. Había contaminado irremediablemente el espacio de la lectura y de la escritura.» (pág. 35)

En Tema libre se habla, precisamente, de una invitación de la Universidad Diego Portales en la que proponen a los escritores escribir sobre lo que quieran. Zambra lo hará de sus impulsos de escritura y perorará sobre dos de sus textos en los que considera que fracasó, relatos que no llegó a incluir en ninguno de sus libros. «Si el texto fracasó fue porque nunca conseguí desprenderme del tema.» (pág. 48)

Tengo la impresión de que los temas de estas tres conferencias guardan relación con los textos ensayísticos de No leer, un libro sobre la relación de Zambra con la literatura.

El segundo bloque del libro –titulado Ropa tendida– empieza con los dos textos de los que hablaba en la conferencia anterior. El primero, La novela autobiográfica, ocupa tres páginas y parecen unos apuntes sobre un amigo escritor que le hizo una entrevista con preguntas hechas, a petición de un editor. Es un texto simpático, pero a una altura inferior a la que Zambra nos tiene acostumbrados.

El amor después del amor es un cuento completo, un cuento de fondo humorístico, con un narrador, que evoca un episodio de su adolescencia, muy cercano a ese narrador de las historias de Zambra que se parece a él. Posiblemente este cuento sea un descarte de Mis documentos. ¿Podría haber estado dentro de este libro? Sí, no lo desmerece, pero, en cualquier caso, hubiera sido uno de los cuentos más flojos de Mis documentos, sin ser un mal cuento.

El cíclope es otro texto breve de características similares a La novela autobiográfica, una narración breve en la que Zambra evoca a una amiga. Un texto que se lee con agrado y sin mayor transcendencia.

Penúltimas actividades parece otro relato descartado de Mis documentos o de otra colección similar. Un relato escrito, más o menos, a modo de decálogo sobre cómo escribir o cómo comportarse en la vida.

La tercera parte del libro se titula Léxico familiar y está formado por unas crónicas que creo que Zambra ha publicado en alguna revista o periódico. Son los textos más íntimos del conjunto y posiblemente los más valiosos.
En Por suerte estamos en México y Así que esto es un terremoto Zambra rememora sus experiencias con la emigración desde Chile a México y compara los terremotos chilenos y mexicanos que ha vivido. Aquí nos habla de Jazmina, su esposa mexicana, y de su embarazo; más tarde nos hablará de su hijo. De este modo, estos textos son de los más personales que le he leído al autor. Si uno tiene la sensación al leer una novela como Formas de volver a casa o algunos cuentos de Mis documentos que la literatura de Zambra pertenece, en gran medida, al subgénero de la autoficción, al leer las crónicas de este bloque se dará cuenta de que, aunque en sus novelas y cuentos recrea episodios de su vida, también los modifica a su antojo, siguiendo sus intuiciones literarias. De hecho, aquí explica las diferencias entre cómo narró su experiencia del terremoto de Chile en 1985 en Formas de volver a casa y cómo fue la experiencia en realidad (lo que podría ser también otra forma de autoficción, otra nueva capa en el ejercicio autoficcional).

En Traducir a alguien Zambra evoca un recuerdo sobre el que ya había leído en Mis documentos: en el colegio una profesora chilena de inglés le puso mala nota a un compañero que había crecido en Estados Unidos y que era, por tanto, perfectamente bilingüe. También hablará de su trabajo de teleoperador internacional a los veintitantos años, experiencias que le sirvieron para crear el cuento Larga distancia.
En Traducir a alguien (I) y Traducir a alguien (II) Zambra habla de su relación con el inglés, desde que lo empezó a aprender en el colegio. También de su experiencia como chileno en Estados Unidos, y su capacidad o incapacidad para leer en inglés o para traducir alguna novela del inglés al español. Es curiosa la reflexión sobre que sus libros traducidos al inglés, al leerlos en este idioma, le parecen escritos por otro. Zambra tiene miedo de que al vivir en México acabe perdiendo su acento chileno.

Ya hablé de mi entusiasmo por Mis documentos, un conjunto de cuentos que me ha parecido de los mejores que he leído en los últimos años. He leído a continuación Tema libre y me ha gustado, pero mi entusiasmo es menor. Mi sensación es que Mis documentos es un libro de relatos muy pensado y  trabajado y que Tema libre es un libro entregado a los editores más a petición de estos que por voluntad del propio autor. Alejandra Zambra es uno de los autores latinoamericanos más prestigiosos ahora mismo y diría que posiblemente sea uno de los buques insignia de Anagrama, un autor reputado y al que también acompañan las ventas. Cualquier editor querría tener a un autor como Alejandro Zambra en su catálogo y publicarle nuevos libros. En Tema libre tenemos tres charlas de encargo para centros culturales; cuatro relatos, que parecen descartes de Mis documentos; y cuatro crónicas, que Zambra ha debido de publicar previamente en revistas. Si Zambra fuese un músico, Tema libre sería su disco de rarezas y caras B. ¿Me ha disgustado leerlo? En absoluto, me ha gustado, pero también entiendo –o he de apuntar– que Tema libre no sería un buen libro para iniciarse en la lectura de Alejandro Zambra. Tema libre es un libro para fans del autor, para lectores que, como yo, después de haber leído todos (o casi todos) sus libros estamos ya entregados y queremos conocer más vericuetos de su obra; cómo, por ejemplo, aquí, nos parece que la prosa es más autobiográfica que la de las novelas. Espero leer pronto el ensayo No leer.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Mis documentos, de Alejandro Zambra (vídeo reseña)

Me he grabado hablando de Mis documentos (2014), un gran libro de relatos del chileno Alejandro Zambra.



Si quieres ver esta vídeo reseña PINCHA AQUÍ.
Y si te gusta mi canal literario, te agradecería que te suscribieras.

domingo, 2 de agosto de 2020

Mis documentos, por Alejandro Zambra


Mis documentos, de Alejandro Zambra

Editorial Anagrama. 209 páginas. 1ª edición de 2014; esta de 2018.

Hace unos meses leí Poeta chileno, la última novela de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) y, como siempre, escribí una reseña sobre este libro, que me gustó bastante. A raíz de esto intercambié unos mensajes con Zambra, al que conocí en persona hace años, cuando participó en la Casa de América de Madrid en una mesa redonda con otros autores latinoamericanos. Como hasta entonces había leído sus cuatro novelas de Anagrama, él me dijo que me podía hacer llegar el resto de sus libros publicados en esta editorial, los dos libros de cuentos Mis documentos y Tema libre y el ensayo No leer. Como Zambra me parece uno de los mejores autores latinoamericanos actuales, acepté, claro.

Leí Bonsái de Zambra en 2006 y fue en el verano de 2011 cuando leí seguidas Formas de volver a casa, La vida privada de los árboles y releí Bonsái. En este momento pensé que Zambra era uno de los autores latinoamericanos de la actualidad que más me gustaban. Por esto mismo, incluso a mí me parece raro que no leyera Mis documentos cuando apareció en 2014. Lo hojeé alguna vez la biblioteca Elena Fortún de la calle Doctor Esquerdo, a la que solía ir cuando vivía en la zona de Retiro, pensando que tarde o temprano lo leería. Si no recuerdo mal, lo deseché porque entonces atravesaba una de mis crisis en las que siempre me digo que debo leer más clásicos y no tantas novedades literarias. Sin embargo, en esta ocasión puedo decir, desde ya, que me equivoqué: Mis documentos me ha parecido uno de los conjuntos de relatos más redondos que he leído en los últimos años.

Mis documentos está formado por once relatos, divididos en cuatro secciones. Los tres primeros, Mis documentos, Camilo y Larga distancia ocupan unas sesenta páginas y en los tres nos encontramos con la misma voz narrativa, la de un adulto que escribe y que mira al Chile de su niñez y adolescencia en los años 80, una voz narrativa muy cercana a la del autor y también a la de Formas de volver a casa. Por eso decía, que debía haber leído este libro antes, porque Formas de volver a casa me parece una de las mejores novelas latinoamericanas de los últimos tiempos y las primeras 60 páginas de este libro (y no serán las únicas) me han trasladado de forma inmediata, casi una década después, al mismo mundo narrativo.

En Mis documentos nos encontramos con un narrador que, cuando era niño, se hizo monaguillo porque no le dejaron –a los ocho años– participar en el coro de la iglesia. «Nunca tuve, en todo caso, esos devaneos racionales sobre la existencia de Dios, quizás porque después empecé a creer, de manera ingenua, intensa y absoluta, en la literatura.» (pág. 16) Será el otro monaguillo, un poco más mayor que él, y su hermano quienes le expliquen por primera vez lo que significa la palabra «revolución» y le hagan ver que ellos viven en una dictadura. «De ellos escuché por primera vez sobre las víctimas de la dictadura, sobre los detenidos desaparecidos, los asesinatos, las torturas.» (pág. 17) Y se insiste en una idea que era uno de los pilares de Formas de volver a casa: «En casa no se hablaba nunca de política» o «Comprendí que una manera eficaz de pertenecer era quedarse callado.», de la página 27.

En Camilo, nos encontramos con un chico –un poco mayor que el narrador– que un día aparece en su casa y se presenta como el ahijado de su padre. El lector no tiene la sensación de haber cambiado de relato, ya que un narrador, que siente como muy cercano al autor, le está contando otro episodio de su vida. A través de Camilo, que acabará siendo una suerte de hermano mayor para el protagonista, nos acercaremos de nuevo a la realidad del Chile pinochetista. El padre de Camilo, en el pasado un buen amigo del padre del narrador, se encuentra exiliado en París. El sueño de Camilo será ir a verle. Es muy bello el salto narrativo final, cuando el narrador ya adulto se encuentra en Ámsterdam con el padre de Camilo y hablan sobre él y el pasado de Chile. Hay aquí algo de aquel Bolaño que hablaba de chilenos perdidos por el mundo.
«Yo escribía poemas desde chico, lo que por supuesto era un secreto inconfesable.» (pág. 38), es una idea que se repite en varios cuentos y que nos remite a los personajes de Poeta chileno.

En Larga distancia el narrador ya es un joven que se ha marchado de casa y por tanto nos encontramos en la década de 1990. La sensación de que los textos que estaba leyendo eran contados por el mismo narrador se acrecienta al percatarme de que hay detalles que nos remiten de un cuento a otro. Por ejemplo, al final de Mis documentos leemos: «En 1999 (…). Trabajaba como telefonista por la noche y en las tardes escribía y miraba por la ventana las piernas, los zapatos de la gente.» (pág. 29). Sobre este trabajo de teleoperador nos hablará en Larga distancia. Aquí conocerá a un chileno mayor que ha viajado a París a ver a su hija y que, de regreso a Santiago, querrá contratar al narrador de profesor de Lengua, algo que ha empezado ya a hacer con un grupo de alumnos adultos y que son todos mayores que él.

El tono de estos relatos es intimista y cordial, un tono en apariencia sencillo y cercano, que nos lleva a los recuerdos de niñez o juventud del narrador sin estridencias y que acaba consiguiendo efectos y asociaciones de trabajada pieza de orfebrería narrativa.

Cuando ya pensaba que, más que leer un libro de relatos, estaba leyendo una novela que completaba a Formas de volver a casa, llego al cuarto relato: Verdadero y falso. Aquí Zambra pasa de la primera persona a la tercera, para ocuparse de uno de sus grandes temas, los problemas en las relaciones paterno filiales, un tema que desarrollará en novelas como, por ejemplo, Poeta chileno. Aunque las tres primeras narraciones me parecen mejores, Verdadero y falso es también un buen cuento.
El quinto, Recuerdos de un computador personal, también en tercera persona, repite la intencionalidad de Verdadero y falso, pero considero que en este caso el efecto está más conseguido. Si en Verdadero y falso la relación entre padre e hijo se simbolizaba con la relación que el padre establece con una gata y sus hijos, en Recuerdos de un computador personal será un ordenador el símbolo de cómo está fallando la relación que un padre establece con su hijo.
En el primer cuento, Mis documentos, también juega Zambra a los símbolos familiares que une a los utensilios relacionados con la propia escritura: «Mi padre era un computador, mi madre una máquina de escribir.
Yo era un cuaderno vacío y ahora soy un libro.», así acaba este primer cuento en la página 30.

El sexto cuento, Instituto Nacional, nos remite de nuevo al narrador de los tres primeros. La misma voz narrativa (considero) nos habla ahora de sus andanzas en un exigente colegio de secundaria. «En marzo de 1988 entré al Instituto Nacional. Y luego llegaron, al mismo tiempo, la democracia y la adolescencia. La adolescencia era verdadera. La democracia no.» (pág. 28). Este párrafo es del primer cuento, y en el sexto nos hablará de su paso por este Instituto Nacional. «No sé si es preciso aclarar que esos profesores eran unos verdaderos hijos de puta. (…) Ni el tiempo ni la distancia han atenuado mi rencor. Eran crueles y mediocres. Gente frustrada y tonta. Obsecuentes, pinochetista. Huevones de mierda.» (pág. 104). El narrador nos hablará de un alumno repetidor y de su pequeña rebelión ante una injusticia, marcando el tempo de aquellos años de dictadura.

Yo fumaba muy bien puede remitirnos de nuevo al narrador que nos recuerda a Zambra, del que ya he hablado. Un escritor adulto decide dejar de fumar por prescripción médica, para evitar de esta forma evitar las migrañas. El narrador nos hablará de su relación con el tabaco, de la cercanía que siente entre el acto de fumar y el de leer o escribir. Desde el principio este cuento nos remite a Sólo para fumadores de Julio Ramón Ribeyro, de hecho el propio personaje habla de él, así como de otros textos clásicos sobre el arte de fumar como La conciencia de Zeno de Italo Svevo. También nos hablará de sus recaídas, una de ellas en Buenos Aires instigado por un grupo de escritores, ¿será el Pedrito Maizal del cuento Pedro Mairal?

Gracias habla de un escritor chileno y una escritora argentina que tienen una beca creativa y una relación en Ciudad de México y sufren un secuestro en un falso taxi. En la actualidad Zambra vive en esta ciudad y a mí, cuando estuve allí de visita, también, igual que al personaje, me previnieron ante la idea arriesgada de tomar un taxi en la calle. No es de los mejores cuentos del conjunto, pero sigue siendo un buen cuento.

El hombre más chileno del mundo está escrito en tercera persona, y por tanto pertenece al grupo que el lector no identifica como de autoficción, y es también uno de los mejores cuentos del libro. Si fuera un inédito de Roberto Bolaño, éste cuento sería el mejor cuento inédito de Roberto Bolaño. De nuevo, Zambra nos enfrenta aquí a una pareja joven. Ella consigue una beca en Lovaina, y él decide gastarse todo su dinero e ir a visitarla sin avisar primero. Ella no querrá recibirlo. Él, perdido en Bélgica, es totalmente un personaje bolañesco. Conocerá a unas personas a las que empezará a contar un chiste larguísimo, una historia dentro de una narración más amplia, un recurso muy del gusto de Bolaño. En cada párrafo el lector siente que va a asistir a una revelación que acaba por no producirse (y esto es tan Bolaño).
Vida de familia, sobre un hombre de cuarenta años que recibe el encargo de su primo de cuidarle la casa familiar durante los cuatro meses que estará en Europa, es también un gran cuento sobre la soledad y el fracaso. Martín, el narrador, acabará envolviéndose en una red de mentiras de la que le costará salir, como parecía ocurrirle al narrador de los cuentos iniciales y que hemos identificado con Zambra.

Hacer memoria, sobre un escritor que recibe el encargo de escribir un cuento policiaco latinoamericano, es un cuento más efectista y envarado que otros, pero sigue siendo bueno.
En realidad, los once cuentos del conjunto me han parecido buenos. Mis documentos, como dije ya al principio, es uno de los mejores conjuntos de cuentos que he leído en los últimos años. Ya he empezado Tema libre, el siguiente conjunto de cuentos.