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jueves, 7 de abril de 2016

Antología de Gerardo Diego: Mauricio Bacarise (14)

El décimo cuarto poeta que antologa Gerardo Diego en 1934 para su Poesía española, antología (contemporánea) es Mauricio Bacarise (Madrid, 1895 – 1931). La wikipedia dice esto de él: «Un fracaso económico del negocio familiar de joyería le obligó a abandonar sus estudios y buscar trabajo. En 1911 ingresó como meritorio en la compañía aseguradora La Unión y el Fénix. Compaginó la labor profesional con los estudios de bachillerato y, posteriormente, como alumno libre en la sección de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, donde obtuvo Premio Extraordinario de fin de carrera en 1922. Desempeñó la cátedra de filosofía por oposición en los institutos de Mahón, Lugo y Ávila.»



En la antología podemos leer poemas como estos:



Junio
¡Bajo el cangrejo de estrellas se extasiarán las llanuras!
Hacen fecundas promesas a las campiñas los soles;
en los sidéreos trigales lucen espigas maduras
y en el agro hay una roja constelación de ababoles.

El guadañil que hace siega en matemáticas puras,
como Copérnico o Newton igual que dos girasoles
dirigirá sus pupilas hacia algebraicas lecturas
en los cielos recamados que giran cual facistoles.

Todo el misterio de Eleusis ondula en los amarillos
campos humildes al son de albogues y caramillos;
modulaciones gozosas de un hierofante jocundo.

Una oración balbucean los tartamudos cuclillos
y anaxagóricamente la glosan múltiples grillos...
¡Pasa un deleite de ciencia por la vagina del mundo!



Vilanos


Estrellas de último

cielo de verano,

vilanitos tenues,

vilanitos claros.



Por el campo verde

de oro recamado

¿adónde vais ágiles,

sutiles y rápidos?



Tarde de septiembre

que dora los álamos,

y lleva estorninos


al viñedo, grávido


de sombra y dulzura

de sabrosos gajos...


(Contra la bandada

vuelan los vilanos.)



¿Dónde vais pequeños,

pueriles y pálidos,

pajes del invierno,

farolillos blancos?

miércoles, 17 de febrero de 2016

Antología de Gerardo Diego: Alonso Quesada (13)

El décimo tercer poeta que antologa Gerardo Diego en 1934 para su Poesía española, antología (contemporánea) es Alonso Quesada (Las Palmas de Gran Canaria, 1886 – 1925).

Quesada es otro de los poetas de esta antología que ya está muerto cuando lo elige Diego para su libro. Huérfano de padre tuvo que trabajar desde muy joven en una oficina colonial inglesa. Uno de sus libros más famosos es El lino de los sueños (1915), que contiene los poemas titulados Los ingleses de la colonia.




Este es uno de esos poemas que habla de la presencia de los ingleses en Canarias:

UNA INGLESA HA MUERTO

Hoy ha muerto una inglesa. La han llevado
al cementerio protestante, envuelta
la caja blanca en flores y en coronas,
y el pabellón royal, como un trofeo,
lucía entre las rosas sus colores...

Un pastor anglicano le ha leído
toda una historia, al destapar la caja...
La colonia británica, elegante,
discreta y grave, no torcía el ceño...

Solamente el acto fue pasando
sin dolor y sin pena bajo un cielo
español. Más correctos y pulidos
estos amables hombres desfilaron
ante la muerta... ¡y deshojaron rosas
sobre la figulina adormecida!...

Uniforme la marcha, la tristeza,
el tono de la voz y el movimiento
del brazo... una lección bien aprendida:
¡la exquisita mesura de sus modos!...

Y la muerta, a la tierra fue tornada...
Sola, al país del sol, llegará un día
y ni amantes ni hermanos, los azules
ojos cerraron... ¡Los azules ojos!...


¡Todo lo azul de esta Britania grave!

miércoles, 10 de febrero de 2016

Antología de Gerardo Diego: José Moreno Villa (12)

Tenía un poco abandonada esta sección del blog. Vuelvo hoy

El décimo segundo poeta que antologa Gerardo Diego en 1934 para su Poesía española, antología (contemporánea) es José Moreno Villa (Málaga, 1887 – México, 1955).
Moreno Villa se fue a los dieciocho años a estudiar química a Alemania. Acabó muriendo en el exilio de México, por haber abrazado durante la Guerra Civil la causa de la República. En México desarrollo gran parte de su obra, pero en 1934, cuando lo antóloga Diego, eso era aún el futuro. 



En la antología aparecen poemas como éstos:

LA VERDAD

Un renglón hay en el cielo para mí.
Lo veo, lo estoy mirando;
no lo puedo traducir,
es cifrado.
Lo entiendo con todo el cuerpo;
no sé hablarlo.



INFINITO Y MOTOR

Diminutas bandas peregrinas del aire
llevan de un hilo
tensa mi atención.
Con su disciplina, su frío y su mecha
¡qué lejos de mi encuentro,
de repente, a mi yo!
¡Nadie dispare sobre esta vida del cielo!
—En pluma y pico,
afán campeador—.
Nadie ponga cepos ni redes
a quienes vuelan volando su corazón.

Hay un ay en la copa del árbol
cuando pasa la banda
rozando su flor.
Hay un ay en el hacho del monte;
hay un ay en la nube sonámbula.
Hay un ay en la corte de Dios.
Sumergido en silencio verde

y en el silencio del campo del sol,
los giros errabundos se trazan
en armonía con mi yo.


Voy dibujando, creo dibujar,
según mi deseo interior,
la elipse, la parábola, el círculo,
y la muda espiral de amor.
Voy con un cántico insonoro
adornando mi aviación:
este vuelo que no sé si es mío,
de los pájaros o del creador.
Se acaban los tamaños del mundo,
y el tiempo pierde su reloj.
Las estrellas se caen al fondo,
no hay más que infinito y motor.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Antología de Gerardo Diego: José del Río Sainz (11)

El décimo primer poeta que antologa Gerardo Diego en 1934 para su Poesía española, antología (contemporánea) es José del Río Sainz (Santander, 1884 – Madrid, 1964).
Es posible que sea uno de los poetas más olvidados de la antología de Gerardo Diego y de la generación del 27. A mí me gusta.

Quería mostrar en el blog el poema Detrás del frente, porque hablo de él en mi novela El hombre ajeno. Existe en mi libro una conexión entre las metáforas que Del Río Sainz usa en este poema y las que usa mi poeta maldito Héctor Meier Peláez. Existe una clave en la visión de la guerra de Río Sainz que puede explicar a mi Meier.
No he conseguido encontrar el poema en internet, así que me ha tocado teclearlo a mano. Me parece un gran poema, muy moderno, con mucha fuerza.



Dejo aquí, en exclusiva en la red, Detrás del frente de José del Río Sainz:


DETRÁS DEL FRENTE

La trompa apocalíptica de los juicios finales,
con su clamor de muerte, estremece la tierra;
y en las góticas torres de viejas catedrales,
entre tallas monstruosas de diablos y de efebos,
la lechuza sombría de la guerra
va incubando sus huevos.

El cielo es una hoguera en los tristes ocasos,
y el sol, en vez de vida, parece una amenaza;
en los pueblos desiertos el eco de los pasos
resuena con el ronco estruendo de una maza.
Nadie cruza las calles perdidas en tinieblas,
sólo unos perros flacos ensayan sus aullidos.
¡Oh el dolor de esas pueblas,
Albert, Soissons y Royes,
por las que sólo cruzan los heridos
en trágicos covoyes!

Se huele a cloroformo. Detrás de esas oscuras
ventanas entornadas el drama se presiente,
se siente el dolor hondo de las primeras curas
sobre sucios camastros,
se ve de las camillas la procesión doliente
que deja rojos rastros.

Aquí es donde la lucha más bárbara se muestra,
aquí es el dolor frío, agudo y lacerante.
¡Felices esos pueblos que están en la palestra
mirando el enemigo magnífico delante!
Lo horrendo es este drama, el drama sordo y ciego,
entre silencios hoscos y fúnebres presagios,
de los pueblos situados tras la línea de fuego,
cual playas que recogen reliquias de naufragios.
No hierve aquí la sangre igual que en las trincheras,
no pasan los dragones altivos y soberbios,
no dan su vuelo al aire las mágicas banderas
ni se crispan los nervios.

Aquí es el dolor frío, la sensación de asco
de la carne llagada que entre trapos se esconde,
es la muerte alevosa que viene sobre un casco
de granada, caído de no sabemos dónde.
Se siente el dolor sordo y la cruel agonía
que hay de los hospitales en las fúnebres salas,
se ve a la cirugía
ensanchar las heridas abiertas por las balas.

Aquí esos mismos héroes probados en cien lides
pasean abatidos, y llevan en su cara,
no el gesto legendario de Ayaxes y de Cides,
sino el cansancio impreso,
como si la tragedia sus hombros abrumara
con un horrendo peso.

A nuestra espalda suena un sordo fragor. ¿Oyes
corazón? ¡Son las ruedas de los tristes convoyes
que llevan los heridos!
En vano es que preguntes, no habrá quien te conteste;
el alma de la guerra es cual la de la peste
que ejecuta sus fallos sin dar una razón.
¿Conoces algún drama que se compare a éste?
¡Responde, corazón!

jueves, 5 de marzo de 2015

Antología de Gerardo Diego: Tomás Morales (10)

El décimo poeta que antóloga Gerardo Diego en 1934 para su Poesía española, antología (contemporánea) es Tomás Morales (Moya, Gran Canaria, 1885 – Las Palmas, 1921). Morales es de los pocos poetas que ya estaba muerto al ser incluido en esta antología.



Parece que el bélico era uno de sus temas. Dejo aquí un poema que evoca la insularidad del poeta:

HA LLEGADO UNA ESCUADRA

Ha llegado una escuadra; anochecido
buscó refugio al sur de la bocana
y a la ciudad entera ha sorprendido
surta en el antepuerto, esta mañana.

Seis unidades de combate forman
la división, y sus guerreras trazas
sobre el ambiente mate se uniforman
con el esmalte gris de sus corazas.

Por toda la ciudad ha trascendido
la noticia, y el ánimo despierto,
por toda la ciudad se vio invadido,
en su afán de novedad el puerto.

¡Helos allí! con sus recién pintadas
carenas y sus fúlgidos metales,
torreados de cofas artilladas:
graves de orgullo y de vigor navales.

Y acusan sus severas proporciones,
en son de paz, una agresión latente...
Desde las explanadas y espigones
los curiosea, a su sabor, la gente…

Más lejos, los de tipo acorazado;
ya en bahía, las fuerzas de crucero;
y junto al farallón, pulimentado
como un juguete lindo, un torpedero…

Brega por las cubiertas e imbornales
en fajina, la tropa marinera;
y pasan los imberbes oficiales
con los gemelos a la bandolera.

Y pasma la premura diligente
Con que ejecuta el atinado coro
las órdenes que mandan desde el puente
los comandantes de silbato de oro.

Todo está listo. Cesa el ajetreo.
Los artilleros guardan avizores.
¡Todo es prestigio, precisión y aseo
bajo los emblemáticos colores!

Y en tanto que las nubes se serenan
y la mañana perezosa avanza;
a intervalos iguales, lentos, truenan
los veintiún cañonazos de ordenanza.


miércoles, 25 de febrero de 2015

Antología de Gerardo Diego: Enrique de Mesa (9)

El noveno poeta que antóloga Gerardo Diego en 1934 para su Poesía española, antología (contemporánea) es Enrique de Mesa (Madrid, 1878 – 1929). Escribe Diego sobre él: “Era Enrique de Mesa empleado del Ministerio de Instrucción Pública, y como tal, fue varios años secretario del Museo de Arte Moderno. De este cargo fue destituido por la Dictadura de Primo de Rivera y confinado en Soria en enero de 1929. Falleció el 27 de mayo del mismo año.



Dejo aquí uno de los poemas que aparecen en la antología:

ELEGÍA DE ABRIL


¡ Con cuánto alborozo ,
traspuesto el pinar,
sendero del chozo,
te vuelvo a pisar !

Sendero que bajas,
riberas del río
tallado entre lajas
que moja el rocío;

y trepas y brillas
allá en los alcores
con verdes orillas
cubiertas de flores.

¡ Oh quién te pudiera
por siempre pisar,
en esa ladera
que baja al Paular!

Mozos cabrerillos,
rota la mañana,
entre los tomillos
y la mejorana,

suben desde el hato
saltarinamente
por aquel regato
de la clara fuente.

Cumbre y valle dora
recio sol de estío;
la hondonada llora
perlas en lo umbrío.

Arde el cielo en llamas,
fulgen los neveros ;
cruzan las retamas
trochas de cabreros.

Y gris, en la fronda
de espeso pinar,
clarea la monda
de algún calvijar.

Pero el buen hermano
de la añeja andanza
se pudrió en el llano,
viva su esperanza.

¡Pobre hermano mío!
Trochas y veredas,
robles , sol y río,
puertos y roquedas,

dicen a mi paso
(¡tus amados viejos!):
— ¿Nuestro amigo, acaso.
— Ya florece lejos... —

¡Alma, no recuerdes
punzadoras cuitas!
Las praderas verdes
brotan margaritas.

Entre la verdura
de los pastizales
manan agua pura
cavas y chortales.

Y por la garganta
del pinar silente
vuela un mirlo, y canta
melodiosamente. 

jueves, 5 de febrero de 2015

Antología de Gerardo Diego: Juan Ramón Jiménez (8)

El octavo poeta que antóloga Gerardo Diego en 1934 para su Poesía española, antología (contemporánea) es Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 – San Juan, Puerto Rico, 1958).
Por supuesto, conozco algunos de los poemas más famosos de Jiménez, pero no le leído en profundidad. Observo extrañado, al abrir la antología de Diego, que la sección dedicada a Jiménez, de sus poemas sólo aparecen los títulos de sus poemas (a no ser que “ 5 UN RUISEÑOR” sea en sí mismo un poema. No encuentro información en internet sobre este posible error de la antología. Así que dejo aquí algún poema de Juan Ramón Jiménez, tomado de internet, pero que no está reproducido en la antología de Gerardo Diego.




ADOLESCENCIA
En el balcón, un instante
nos quedamos los dos solos.
Desde la dulce mañana
de aquel día, éramos novios.
—El paisaje soñoliento
dormía sus vagos tonos,
bajo el cielo gris y rosa
del crepúsculo de otoño.—
Le dije que iba a besarla;
bajó, serena, los ojos
y me ofreció sus mejillas,
como quien pierde un tesoro.
—Caían las hojas muertas,
en el jardín silencioso,
y en el aire erraba aún
un perfume de heliotropos.—

No se atrevía a mirarme;
le dije que éramos novios,
...y las lágrimas rodaron
de sus ojos melancólicos.


El siguiente poema está anunciado en la antología (el título), pero luego no está reproducido:

EL POEMA A CABALLO
¡Qué tranquilidad violeta
por el sendero a la tarde!
A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!

La dulce brisa del río,
olorosa a junco y agua,
le refresca el señorío...
La brisa leve del río.

A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!

Y el corazón se le pierde,
doliente y embalsamado,
en la madreselva verde...
Y el corazón se le pierde.

A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!

Se está la orilla dorando.
El último pensamiento
del sol la deja soñando...
Se está la orilla dorando.

¡Qué tranquilidad violeta
por el sendero, a la tarde!
A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!


LA ESPADA
¡Qué confiada duermes
ante mi vela, ausente
de mi alma, en tu débil
hermosura, y presente
a mi cuerpo sin redes,
que el instinto revuelve!

(Te entregas cual la muerte).

Tierna azucena eres,
a tu campo celeste
trasplantada y alegre
por el sueño solemne,
que te hace aquí, imponente,
tendida espada fuerte.

Gran misterio: tengo que averiguar por qué no están los poemas de Juan Ramón Jiménez (está su nota biográfica y su poética) en la antología de Gerardo Diego de 1934.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Antología de Gerardo Diego: Antonio Machado (7)

Tenía un poco abandonado el tema de los poemas en el blog. Sigo hoy con la Antología de Gerardo Diego.
El séptimo poeta que antóloga Gerardo Diego en 1934 para su Poesía española, antología (contemporánea) es Antonio Machado (Sevilla, 1875  – Colliure, 1939).

Si el anterior poeta era su hermano Manuel, creo que Antonio no necesita ninguna presentación, siendo uno de los poetas españoles más conocidos del siglo XX. Tengo el libro de sus obras completas a medias, sin embargo. He de retomarlo.
Al menos dos veces he estado en su casa museo de Segovia.



Dejo aquí unos poemas de la antología. Son del libro Campos de Soria.


VII
¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, oscuros encinares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
caminos blancos y álamos del río,
tardes de Soria, mística y guerrera
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón, tristeza,
tristeza que es amor! ¡Campos de Soria
donde parece, que las rocas sueñan,
conmigo vais. ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!


VIII
He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria —barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—.
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!
¡Oh, sí!  Conmigo vais, campos de Soria, 
IX
¡Oh, sí!  Conmigo vais, campos de Soria,
tardes tranquilas, montes de violeta,
alamedas del río, verde sueño
del suelo gris y de la parda tierra,
agria melancolía
de la ciudad decrépita.
Me habéis llegado al alma,
¿o acaso estabais en el fondo de ella?

¡Gentes del alto llano numantino
que a Dios guardáis como cristianas viejas,
que el sol de España os llene
de alegría, de luz y de riqueza!

miércoles, 29 de octubre de 2014

Antología de Gerardo Diego: Manuel Machado (6)

El sexto poeta que antóloga Gerardo Diego en 1934 para su Poesía española, antología (contemporánea) es Manuel Machado (Sevilla, 1874 – Madrid, 1947).

Por supuesto, el siguiente poeta de la antología es su hermano Antonio.




Dejo aquí alguno de los poemas de la antología:


ADELFOS

Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron
-soy de la raza mora, vieja amiga del sol-,
que todo lo ganaron y todo lo perdieron.
Tengo el ama de nardo del árabe español.

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna...
De cuando en cuando un beso y un nombre de mujer.

En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos...
y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.

Besos, ¡pero no darlos! Gloria... ¡la que me deben!
¡Que todo como un aura se venga para mí!
Que las olas me traigan y las olas me lleven
y que jamás me obliguen el camino a elegir.

¡Ambición!, no la tengo. ¡Amor!, no lo he sentido.
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido
Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.

De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.
No se ganan, se heredan elegancia y blasón...
Pero el lema de casa, el mote del escudo,
es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme
lo que hago por vosotros hacer podéis por mí...
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir!...

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.
¡El beso generoso que no he de devolver!


CANTARES

Vino, sentimiento, guitarra y poesía
hacen los cantares de la patria mía.
Cantares...
Quien dice cantares dice Andalucía.

A la sombra fresca de la vieja parra,
un mozo moreno rasguea la guitarra...
Cantares...
Algo que acaricia y algo que desgarra.

La prima que canta y el bordón que llora...
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares...
Son dejos fatales de la raza mora.

No importa la vida, que ya está perdida,
y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...
Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.

Madre, pena, suerte, pena, madre, muerte,
ojos negros, negros, y negra la suerte...
Cantares...
En ellos el alma del alma se vierte.

Cantares. Cantares de la patria mía,
quien dice cantares dice Andalucía.
Cantares...
No tiene más notas la guitarra mía.



ANTÍFONA

Ven, reina de los besos, flor de la orgía,
amante sin amores, sonrisa loca...
Ven, que yo sé la pena de tu alegría
y el rezo de amargura que hay en tu boca.

Yo no te ofrezco amores que tú no quieres;
conozco tu secreto, virgen impura;
amor es enemigo de los placeres
en que los dos ahogamos nuestra amargura.

Amarnos... ¡Ya no es tiempo de que me ames!
A ti y a mí nos llevan olas sin leyes.
¡Somos a un mismo tiempo santos e infames,
somos a un mismo tiempo pobres y reyes!

¡Bah! Yo sé que los mismos que nos adoran,
en el fondo nos guardan igual desprecio.
Y justas son las voces que nos desdoran...
Lo que vendemos ambos no tiene precio.

Así los dos, tú amores, yo poesía,
damos por oro a un mundo que despreciamos...
¡Tú, tu cuerpo de diosa; yo, el alma mía!...
Ven y reiremos juntos mientras lloramos.

Joven quiere en nosotros Naturaleza
hacer, entre poemas y bacanales,
el imperial regalo de la belleza,
luz, a la oscura senda de los mortales.

¡Ah! Levanta la frente, flor siempreviva,
que das encanto, aroma, placer, colores...
Diles con esa fresca boca lasciva...
¡que no son de este mundo nuestros amores!

Igual camino en suerte nos ha cabido.
Un ansia igual nos lleva, que no se agota,
hasta que se confunda en el olvido
tu hermosura podrida, mi lira rota.

Crucemos nuestra calle de la amargura,
levantadas las frentes, juntas las manos...
¡Ven tú conmigo, reina de la hermosura;
hetairas y poetas somos hermanos!