Editorial Periférica. 127
páginas. 1ª edición de 2011.
Yo, que sigo bastante los
suplementos culturales de los periódicos (consigo reunir casi cada semana los
de El
país, El mundo y el ABC) y unos cuantos blogs de
reseñas, diría que se ha hablado más en España del libro de relatos Fotos
tuyas cuando empiezas a envejecer de Maximiliano Barrientos (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 1979),
que de Los días más felices de Rodrigo
Hasbún (Cochabamba, Bolivia, 1981). Ambos son amigos y pertenecen a una
nueva y prometedora hornada de escritores bolivianos. País del que no llegaba
nada de su producción literaria a España hasta que abrió las puertas Edmundo Paz Soldán (Cochabamba,
Bolivia, 1967) y nos mostró un panorama más que interesante.
Tenía anotado el nombre de
Maximiliano Barrientos, y fue a raíz de colgar la entrada sobre Los días más felices que me apeteció
comprar este libro para poder compararlos, para observar qué se está haciendo
ahora en Bolivia. Así que salí de casa y me fui andando por la acera de la
sombra para evitar el calor de Madrid (Nota: esta entrada está escrita en julio) hasta la Casa
del libro de Goya. Como allí no lo tenían (aunque sé que estuvo hace unos
meses), me crucé de acera y entré en El
Corte Inglés. Estaba el libro de relatos y la novela de Barrientos Hoteles.
Además en El Corte Inglés tienen ahora unos sillones y te puedes sentar a leer
un rato. El aire acondicionado me convenció. Leí allí el cuento más corto del
libro, el segundo, luego lo compré e intrépidamente volví a salir a la calle.
Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer está formado por 5 cuentos.
El primero, Primeras canciones, es el más extenso y posiblemente el mejor.
De hecho, me atrevería a decir que en Primeras
canciones ya están sobre la mesa todos los temas sobre los que va a hablar
en este libro Barrientos. El comienzo: “Si hubiera una cámara de seguridad en
el baño se los vería desnudos. Chicos recién salidos de colegio, él tiene
dieciocho y ella diecinueve. Ninguno de los dos sabe que se harán mucho daño”
(pág. 11), me ha recordado al comienzo de la novela Bonsái del chileno Alejandro Zambra: Primeras canciones también parece una novela en miniatura (en la
que se nos habla de estos dos chicos, y también de un amplio círculo de
personas: padres, amigos…) y el narrador también nos va adelantando los sucesos
que van a acontecer. Recordemos el comienzo de Bonsái: “Al final ella muere y él se queda solo, aunque en realidad
se había quedado solo varios años antes de la muerte de ella, de Emilia”.
El tema principal de este libro
de Barrientos es el paso del tiempo, el momento en que uno empieza a entender
que está dejando (o ha dejado ya) atrás la juventud; así que más o menos los
personajes de estos relatos están pasando de sus 20 años a sus 30, y están
empezando a dejar atrás muchos de sus sueños de juventud. Casi todos los
personajes de Fotos tuyas cuando empiezas
a envejecer han formado parte de una banda de rock o lo han deseado.
Me ha llamado la atención de Primeras canciones cómo el narrador
interviene en lo contado; por ejemplo, así presenta al personaje del chico,
Saúl Hernández: “Véanlo a los dieciocho años, todavía no conoce a la chica.
Véanlo en su cama dormido. Es sábado, no tiene clases, anoche bebió, y cuando
despierte irá al baño y se colgará del grifo porque tendrá la garganta
incendiada. Sentirá mareos, vomitará a los pies de la cama. Faltan cinco
minutos para que eso suceda” (pág. 13).
Y me ha gustado también otro
recurso: hacia el final una nota a pie de página nos adelanta varios años la
escena contada (los saltos son constantes en el tiempo), y el contraste con la
escena que transcurre en la página normal
le da al final del relato un logrado toque melancólico.
De los 5 relatos he leído los 3
primeros dos veces, y esto me ha llevado a darme cuenta de que las historias
estaban más conectadas de lo que pesaba. Además de los dos últimos, que
comparten personajes y la relación es clara, existen otras confluencias: en Primeras canciones los protagonistas
toman algo en un bar llamado Irish: “Véanlos tomando un café en el Irish” (pág.
24). En el tercer cuento, Fotos tuyas
cuando empiezas a envejecer, los protagonistas comparten espacio: “El bar
era el Irish” (pág. 63). Lo acabo de buscar en google: el Irish pub existe en
la ciudad de Santa Cruz (ver AQUÍ). En esta página existe además un mapa de la
ciudad que me ha hecho comprender un localismo del texto que no tenía nada
claro: los personajes se mueven del “primer anillo” al “segundo anillo”, y ya
veo en google esas carreteras que van recorriendo la ciudad y que por lógica se
han de llamar allí anillos.
Así que, como ocurre con Juan José Saer y su Santa Fe, en las
historias de Barrientos existe también una unidad de lugar, que sería su ciudad
natal, Santa Cruz de la Sierra.
Además diría que la clase social
reflejada es la media-alta o alta de la ciudad. Así queda descrita una casa en
el primer cuento: “La casa tiene una piscina enorme donde la mayor parte de los
invitados terminará la fiesta cuando amanezca. Véanlos ahora mientras bailan. A
nadie se le ha muerto la hermana o ninguna novia les ha susurrado que ya no los
quiere. Nadie ha tenido que cambiar de ciudad o dejar la universidad. Muchos ni
siquiera trabajan, viven en las casas de sus padres, duermen hasta el mediodía,
almuerzan con resaca” (pág. 34).
Otra conexión temática (además de
retratar a la clase media-alta o alta de Bolivia) con el libro de Hasbún es la
de la idea de los personajes de abandonar el país: “¿Vos crees que algún día me
vaya de este país de mierda?, preguntó” (pág. 67).
Existe otra extraña conexión entre la primera historia y la cuarta: en Primeras canciones al describir el pub Insomnio, se habla de pasada de un tal Esteban Olivares: “Afuera del bar, apoyado en su Toyota Corolla, está Esteban Olivares. Todavía estudia medicina, es novio de Margot” (pág. 20). En el cuento Los adioses Barrientos propone un interesante recurso narrativo, empieza a abrir notas a pie de página que desdoblan el cuento en dos, haciendo un juego metaficcional: el escritor tiene dudas sobre lo escrito (lo que podría recordarnos de nuevo a Zambra) y el nombre de este escritor que está escribiendo el cuento no es otro que el de Esteban Olivares: “Debería comenzar escribiendo mi nombre. Escribiendo Esteban Olivares está en un cuarto oscuro con la laptop encendida” (pág. 85).
El segundo cuento, Suerte,
me parece que repite lo contado en el primero, pero en menos páginas y a una
escala compositiva menor. Es un cuento que queda bastante anulado tras haber
leído el primero. Sería un buen cuento, en todo caso, si uno lo descubre en una
antología sin haber leído antes el otro.
El tercero, Fotos tuyas cuando empiezas a
envejecer, me gustó más al leerlo por segunda vez, lo que creo que
habla a su favor. Quizás me pareció la anécdota un poco exagerada o no acabada
de desarrollar: la depresión que sufre la joven Ingrid tras la muerte de su
padre.
Me gustaron más los cuentos
enlazados Los adioses y Las horas: un hombre tiene una
relación con una mujer casada. En Los
adioses la perspectiva es la del hombre y en Las horas la de la mujer (unos años después) que decidió quedarse
con el marido.
Voy a describir a continuación
algunos elementos narrativos que considero que hacen que éste no sea un libro
de relatos redondo, que hacen que entre Fotos
tuyas cuando empiezas a envejecer y Los
días más felices de Hasbún me quede con el segundo:
1) En Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer se repiten con demasiada
insistencia las ideas compositivas de un relato a otro –o más bien una idea
principal que sería el cambio personal que supone dejar atrás la juventud– que,
expresadas de modo genérico, e intercambiables para describir a los personajes
de un cuento o de otro, hacen que se conviertan en clichés que tienden a la
grandilocuencia:
Cuento 1, pág. 40: “¿Serías capaz de
identificar el momento en el que cambiamos, en el que nos convertimos en esto?”.
Cuento 1, pág. 18: “Editan la
vida, la adaptan a sus propias conveniencias, la asemejan a esa que siempre
quisieron tener y no pudieron”.
Cuento 2, pág. 48: “Pensé (…) en
todo lo que quisimos hacer juntos y no pudimos porque no tuvimos suerte o
porque fuimos diferentes o porque simplemente nos faltó paciencia”.
Cuento 3, pág. 62: “Entró en el
baño y miró su cara maquillada. ¿Cuánto de eso que vio era lo mismo que veía
antes, cuando tenía trece o catorce años? No lo sabía, no podía precisarlo”.
Cuento 4, pág. 88: “Con el tiempo
todo será menos importante”.
Cuento 5, pág. 109: “Envejecer,
para todos ellos, es ser lo que son, lo que siempre han sido, pero de forma
menos intensa”.
2) Había algo que hace 15 años no
me gustaba cuando leía la nueva narrativa española representada, por ejemplo,
por el Ray Loriga de La
pistola de mi hermano o el Benjamín
Prado de Raro: los diálogos o las
descripciones se asemejaban demasiado a letras de canciones o a guiones de cine
pretenciosos y acababan sonando poco naturales. Así se desarrolla un diálogo de
Barrientos en la página 96:
“¿En qué película te gustaría
vivir?, pregunta Susy.
En Días en el cielo, contesta Sebastián.
Yo quisiera vivir en la cámara de
seguridad de una gasolinera, dice Susy.
¿Quisieras volver a vivir algunos
fragmentos de tu vida? ¿Quisieras vivirlos nuevamente sin cambiarles siquiera
un ápice?”.
3) He tenido la impresión de que
algunos cuentos no tenían tanta fuerza como podrían porque Barrientos dibuja
una situación (una pareja va a cambiar), la describe de un modo poético, y le
falta capacidad anecdótica para hacer avanzar y poder resolver la historia con
más intensidad.
Y a pesar de los puntos señalados
antes considero que Fotos tuyas cuando
empiezas a envejecer es una muestra notable (con temas por madurar) de la
nueva literatura que se está haciendo en un país, hasta no hace mucho
desconocido literariamente en España, como es Bolivia. Y su logro principal,
saber describir la melancolía del paso de la juventud a la edad adulta, con
imágenes sugerentes, no voy a considerarlo menor.
De todos modos, si alguien está
interesado, la editorial permite el acceso al último de los cuentos del volumen.
Si algún lector de esta reseña no ha leído el libro y quiere juzgar por sí
mismo los cuentos de Fotos tuyas cuando
empiezas a envejecer, puede hacerlo pinchando AQUÍ.
(Nota final: creo que he tardado
más tiempo en escribir esta reseña que en leer el libro. Y considero que me ha
merecido la pena: yo también escribo relatos y descubrir lo que funciona mejor
o peor, reflexionar sobre ello, es una parte fundamental del proceso de
aprendizaje y de creación.)
