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domingo, 13 de febrero de 2022

El despertar y otros relatos, por Kate Chopin

 


El despertar y otros relatos, de Kate Chopin

Editorial Alba. 474 páginas. 1ª edición de 1899.

Traducción y notas de Olivia de Miguel

 

De Kate Chopin (St. Louis, Missouri, 1851 ‒ 1904) había leído hace más de una década Historia de una hora, un relato muy corto, incluido en la Antología del cuento norteamericano a cargo de Richard Ford, un libro magnífico que, ojalá, Galaxia Gutenberg vuelva a reeditar, y lo puedan conocer más lectores, porque era una verdadera delicia.

Sin embargo, diría que cuando a finales de 2019 elegí este libro para regalárselo a mi madre por su setenta cumpleaños, no recordaba el nombre de la autora, pero me fie ‒como siempre hago‒ del criterio de la editorial Alba para seleccionar clásicos, tras leer su sinopsis. Unos meses después mi madre murió de un ataque al corazón fulminante, y El despertar y otros relatos de Kate Chopin fue el último libro que leyó en su vida. De hecho, no lo llegó a terminar, el marcapáginas se quedó anclado en la página 324 de 474. Como este libro está formado por una novela y diecisiete relatos, he sabido ahora, dos años después, que llegó a acabar la novela El despertar, y se quedó a medias de un relato extenso titulado Athénaïse. Ha sido ésta, por tanto, una lectura extraña, una lectura connotada para mí por un aire aciago y de duelo. No me he atrevido a mover el marcapáginas de mi madre del sitio en el que ella lo dejó, y recuerdo perfectamente el momento en el que di la vuelta a la última página de un libro que mi madre leyó en su vida y continué por la que ya no leería nunca. Valga contar todo esto, porque sé que la impresión que le causan a uno los libros depende del momento personal en que los lee y de las connotaciones personales de las que se van recubriendo.

 

El tiempo narrativo de la novela El despertar se sitúa a finales del siglo XIX y su acción comienza en Grand Isle, una isla del río Mississippi, cercana a Nueva Orleans. Una isla en la que unos veraneantes, de posición social acomodada, pasan los días de vacaciones. La protagonista de la historia es Edna Pontellier, una mujer casada de veintiocho años, con dos hijos de cuatro y cinco años. Durante la semana, el señor Pontellier tiene que atender sus negocios en Nueva Orleans y deja a la familia en la isla. Allí Edna se relaciona principalmente con Madame Ratignolle, una bella mujer casada, criolla y de un poco más edad que Edna; y con Robert, un joven de veintiséis años, que ha sido desde mucho tiempo atrás un amigo de la familia. «Robert había vivido a la sombra de Edna todo el mes anterior. A nadie le extrañó. Cuando llegó, muchos habían previsto que se consagraría al servicio de la señora Pontellier. Desde que tenía quince años, había ahora once, cada verano en Grand Isle, Robert se había convertido en el fiel sirviente de alguna hermosa dama o damisela. Unas veces, una jovencita; otras una viuda; pero más frecuentemente alguna casada interesante.» (pág. 45-46)

Poco después leemos en la página 51: «La señora Pontellier estaba empezando a ser consciente de su posición como ser humano en el universo y, como individuo, a reconocer sus relaciones con el mundo que la rodeaba y con su propio mundo interior.» En esta toma de conciencia Edna va a tener que confesarse, ante sí misma, que su matrimonio con Léonce Pontellier fue simplemente un accidente. Lo conoció mientras vivía una gran pasión secreta, un amor platónico por las fotografías de un actor de cine. Ahora está empezando a sentir que se ha enamorado de Robert y esto empieza a dar un sentido diferente a su vida.

La acción se desplazará desde Grand Isle hasta la ciudad de Nueva Orleans. Edna querrá emanciparse de su marido, y ser una persona libre, que trata de vivir de su pasión por la pintura, a la que trata de convertir en una profesión, mientras Robert se ha marchado a México, siguiendo sus planes de futuro.

 

Cuando El despertar se publicó en 1899 la crítica la rechazó con unanimidad, pero más que juzgar la calidad literaria (en el prólogo se dan varios ejemplos), lo que hacía era juzgar moralmente al personaje. No parecía aceptable no ya que Edna quisiera separarse de su marido y que se hubiera enamorado de otro, sino que no quisiera sacrificarlo todo por sus hijos. «Daría mi dinero, daría mi vida por mis hijos; pero no me daría a mí misma. No puedo explicarlo con más claridad; es solo algo de lo que empiezo a ser consciente, que se me está revelando.» (pág. 114). El rechazo a su novela, hizo que Chopin apenas volviera a escribir.

 

El despertar guarda relación con Madame Bovary de Gustave Flaubert. Chopin se ganó también la vida traduciendo libros del francés al inglés, y estaba claro que conocía esta obra y que fue una influencia para la suya. La diferencia entre estas dos novelas es que posiblemente Madame Bovary deseaba más un romance que conocerse a sí misma y ser libre como la señora Pontellier.

El despertar empieza a ser rescatada en Estados Unidos en la década de 1950, a raíz de que Cyrille Arnavon, un crítico francés, le dedica una páginas en un estudio la influencia francesa en las novelas norteamericanas. En 1962 el prestigio crítico norteamericano Edmund Wilson le dio el espaldarazo definitivo para su recuperación como obra valiosa dentro del canon norteamericano.

 

Me ha gustado la descripción que hace Kate Chopin de Nueva Orleans, y su mezcla de razas y culturas, las relaciones que muestra entre los norteamericanos anglosajones, los criollos de origen francés y los negros. Las descripciones de los ambientes y personajes son muy vívidas. El despertar es una novela que en sus planteamientos feministas se adelanta a su época y que leída en la actualidad tiene mucho encanto. Es una gran novela corta dentro del realismo norteamericano.

 

A La tempestad le siguen cuatro cuentos seleccionados del libro De gente de los pantanos (1894). En El hijo de Désirée se habla de conflictos raciales y quizás su resolución, con una «sorpresa final», se ha quedado un tanto anticuada. Me gusta más Una visita a Avoyelles, sobre las decisiones del pasado y la nostalgia, un bello y triste cuento. La bella Zoraïde es un cuento correcto sobre racismo y locura. El divorcio de Madame Célestin tiene unas intenciones narrativas parecidas a Una visita a Avoyelles, y me ha gustado también. En realidad estos cuentos tratan, en gran medida, de personas enfrentadas a los límites de los convencionalismos sociales de su época.

 

Del libro Una noche en Acadia (1897) se han seleccionado cuatro cuentos. El primero, Higos maduros, de apenas una hoja, parece más un poema que un cuento. Arrepentimiento trata de una mujer de cincuenta y dos años independiente, una mujer que no se ha casado ni ha tenido hijos. Me gusta este personaje femenino a contracorriente de su época, que va a vivir una experiencia vital que, tal vez, le haga arrepentirse de sus decisiones. Una mujer respetable trata un tema similar al de la novela El despertar, del deseo femenino de la mujer casada hacia alguien de fuera del matrimonio. El mejor de este grupo de cuentos es el cuarto, Athénaïse, que con sus cincuenta páginas es casi una novela corta, y trata de una joven que vuelve a la casa familiar, unas semanas después de haberse casado con un hombre más mayor que ella. De nuevo, Chopin enfrenta a sus personajes con los convencionalismos sociales.

 

Siguen nueve cuentos, bajo el epígrafe Cuentos no recogidos en forma de libro.

En Un asunto indecoroso una joven de buena familia tal vez se esté empezando a sentir atraída por un hombre que trabaja en una granja y que es un casi un vagabundo.

Historia de una hora, el cuento que ya leí en la antología de Richard Ford, es una pequeña y perfecta pieza de humor negro, algo en lo que Chopin no se había prodigado hasta ahora.

El beso habla de las aspiraciones matrimoniales de una joven, que va a anteponer tal vez la posición económica de un candidato al atractivo físico que siente por otro.

Sus cartas es un buen cuento sobre los secretos de un matrimonio.

Lo inesperado, sobre la pérdida de pasión de una mujer ante la enfermedad de su prometido, es un cuento cruel.

La señorita McEnders es un buen cuento sobre lo efímero de las posiciones sociales y las «buenas costumbres».

Un par de medias de seda es un cuento correcto sobre las aspiraciones y los caprichos de una mujer casada y con hijos.

La tormenta es, de nuevo, un cuento sobre las pasiones, y las tentaciones, que surgen del pasado para una mujer madura.

Charlie tiene cincuenta y cinco páginas y, como Athénaïse, vuelve a ser casi una novela corta. Es el relato que más me ha gustado de esta nuestra de diecisiete. Un viudo rico tiene siete hijas, y la protagonista de la historia es Charlie, la menos femenina de todas, la que se comporta como un chicazo, como el hijo varón que el padre deseaba y no pudo tener. Este juego con los roles de género me ha parecido muy atrevido para la época y Charlie es una gran novela corta.

 

Me ha gustado El despertar y otros relatos, este volumen de Alba que contiene una destacada novela norteamericana del siglo XIX, que se adelantó a su tiempo, y un conjunto de cuentos con algunas piezas, donde se cuestionan los convencionalismos sociales de la época, bastante logradas.

 

 

 

domingo, 25 de julio de 2021

El palacio de hielo, de Tarjei Vesaas

 


El palacio de hielo, de Tarjei Vesaas

Editorial Trotalibros. 204 páginas. 1ª edición de 1954; ésta es de 2021.

Traducción de Kirsti Baggethun y Mª Asunción Lorenzo

 

Ya comenté en la reseña de La guardia de Nikos Kavadías, que había empezado a leer El palacio de hielo (1963) de Tarjei Vesaas (Vinje, Noruega, 1897 – 1970), el segundo libro de la editorial Trotalibros, especializada en rescates. Trotalibros es una editorial dirigida por el joven Jan Arimany, que surge de un canal de Youtube del mismo nombre. El palacio de hielo se publicó por primera vez en España en 2007, en la última etapa de la editorial Bruguera, que debió quebrar poco después. Estos libros aún es frecuente encontrarlos en las librerías de segunda mano. Así que la vida comercial de El palacio de hielo, un clásico de las letras noruegas, fue bastante efímera en España y es un libro que merecía una segunda oportunidad.

 

Siss y Unn tienen once años y viven en un pueblo noruego. Unn ha llegado hace no mucho a este pueblo porque vivía con su madre en otro lugar y al fallecer ésta ha sido acogida por una tía mayor, que vivía sola en el pueblo en el que transcurre la narración. Siss es una chica líder en su clase que, desde el primer día, ha experimentado una atracción por Unn, a la que siente como alguien cercano. Sin embargo, cuando empieza la novela aún no ha surgido una posible amistad entre ellas. Siss ha invitado a Unn a unirse en el recreo a los juegos de los niños de la clase, pero ella lo ha rechazado y permanece sola pegada a una pared. Los demás respetan su silencio, su aislamiento voluntario.

La novela empieza el día en el que Unn invita al fin, en el colegio, a Siss a visitarla en su casa esa tarde. Siss acudirá allí, horas más tarde, con grandes expectativas, sintiendo que éste es el comienzo de la que puede llegar a ser una gran amistad. La novela está contada en tercera persona, pero ‒mediante la técnica del estilo indirecto libre‒ el autor acerca mucho al lector a los pensamientos de los personajes. De hecho, en algunos momentos cede la voz narrativa a sus pensamientos.

«Camino de algo apasionante, Siss pensaba en lo que sabía de Unn, y andaba erguida y terca, procurando mantener a raya el miedo a la oscuridad», leemos al principio del segundo capítulo, en la página 13. Estamos en otoño y el invierno se acerca. Aunque ya se está empezando a hacer de noche, los padres de Siss no tienen ningún problema en dejarla ir sola a la casa de Unn, ya que no consideran que el pueblo y sus alrededores boscosos entrañen ningún peligro. El lector siente el miedo de Siss hacia los bosques oscuros, camino de la casa de Unn, y al no saber hacia dónde se dirigía la narración, al principio pensé que se podía tratar de una novela de terror, o con presupuestos cercanos al terror, y El palacio de hielo me empezó a recordar al Ray Bradbury de La feria de las tinieblas, que también sitúa su acción en el otoño, se ocupa de niños que están dejando de serlo y su prosa nos habla de un mundo extraño, repleto de posibles peligros. «La oscuridad a los lados del camino. No tiene forma ni nombre, pero el que anda por aquí nota que aparece, que le persigue y le hace sentir arroyos corriéndole por la espalda.» (pág. 38)

 

El palacio de hielo tiene un giro argumental que no me gustaría desvelar, porque quizás esto pueda estropear en parte la aproximación adecuada del posible lector a esta notable novela de los países nórdicos. Diré que el tema principal de El palacio de hielo es el de la asunción del duelo por la muerte de las personas cercanas en la infancia. Es un tema delicado, que Tarjei Vesaas trata con mucha elegancia. Los personajes principales de esta novela tienen once años cuando los conocemos y, al finalizar el libro, no muchos meses después, algo va a haber cambiado profundamente en ellos, algo que les ha llevado a dejar atrás la infancia, o al menos una parte muy significativa de ella.

Vesaas da mucha importancia en su historia a la naturaleza, al paso de las estaciones, que también puede simbolizar el paso de las etapas vitales de las personas. Así, abundan las descripciones sobre la naturaleza me muestran su grandeza, su belleza y su peligro. El gran lago cercano al pueblo (había un lago con estas características cerca del pueblo natal de Tarjei Vesaas) se encuentra helado al comienzo de la novela, y en él los niños pueden patinar. Poco después el lago se cubrirá de nieve, marcando el comienzo del invierno y el fin de la temporada de patinaje. A este lago viene a dar un río desde una cascada. En otoño parte de la cascada se congela y el agua fluye por debajo. Esta cascada helada será «el palacio de hielo» al que alude el título, un lugar de enorme importancia en la trama de la novela. Un lugar de gran belleza y a la vez terrorífico, un lugar donde la naturaleza anua su capacidad de fascinación y muerte, el «eros» y el «tánatos». Un «tánatos» presente de forma explícita en la novela y un «eros» presente de forma implícita, como la idea de vida que va a florecer en las jóvenes protagonistas que están dejando de ser niñas.

 

En la reseña de La guardia (1954) de Nikos Kavadías dije que la decisión de Jan Arimany de comenzar su editorial Trotalibros con esta novela me parecía arriesgada y valiente. Lo decía porque Trotalibros es una editorial que surge de un canal de YouTube, un canal que se relaciona con otros canales que promueven la lectura de libros LGTBI, literatura de mujeres, libros asiáticos, antirracistas, etc., y, en este contexto podía chocar la crudeza, no políticamente correcta, de los marineros de La guardia. En este sentido, la elección de El palacio de hielo me parece mucho más adecuada a las expectativas del posible comprador de las narraciones que se ha propuesto rescatar Trotalibros. El palacio de hielo de Tarjei Vesaar es un clásico de las letras escandinavas, un libro muy sutil y poético sobre la infancia, la naturaleza y la belleza cruda y desolada de vivir y morir, sobre la aceptación de los ciclos de la vida. Sin duda, El palacio de hielo se merecía una nueva oportunidad en el mercado español. De nuevo, como ya hice al comentar La guardia, quiero desearle desde aquí una gran andadura a la nueva y elegante editorial Trotalibros.