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domingo, 14 de agosto de 2022

A orillas del mar, por Abdulrazak Gurnah

 

A orillas del mar, de Abdulrazak Gurnah

Editorial Salamandra. 348 páginas. 1ª edición de 2001; ésta es de 2022.

Traducción de Patricia Antón de Vez y Rita da Costa

 

Hace unos meses leí Paraíso (1994) de Abdulrazak Gurnah (Zanzíbar, Tanzania, 1948), primero de los libros del último Premio Nobel de Literatura 2021 que había rescatado la editorial Salamandra. Ya comenté que me gustó ese libro; sin llegar a deslumbrarme, tampoco. Sé que hay lectores que esperan que el Premio Nobel premie la excelencia literaria absoluta, pero yo, a estas alturas, me conformo con que me descubre a un buen escritor. Y esta labor se cumplió con la lectura de Paraíso, una historia de África contada desde el punto de vista de los africanos.

Así que como la lectura de Paraíso me había parecido una buena experiencia, cuando la editorial Salamandra sacó a principios de 2022 un nuevo libro de Gurnah, A orillas del mar (2001), me apeteció solicitárselo para poder leerlo y comentarlo.

 

Si bien la acción de Paraíso se desarrollaba en África ‒en Tanzania, concretamente‒ a principios del siglo XX, la de A orillas del mar transcurre en Gran Bretaña, a finales del siglo XX, y serán los personajes africanos los que rememoren, desde la vida en la antigua metrópoli, su pasado en Tanzania.

 

La novela comienza con Saleh Omar, un tanzano de sesenta y cinco años, arribando en el aeropuerto de Gatwick, en Inglaterra, con un nombre falso y fingiendo que no sabe hablar inglés, pese a haberse educado en un colegio británico. Las autoridades de inmigración querrán devolverle a su país de origen, pero Omar enuncia la palabra «refugiado», la única que parece querer hacer ver que conoce del inglés. Omar sabe que el gobierno británico otorga la condición de refugiado a cualquier persona que llegue al país del lugar del que él viene y aduzca que su vida corre peligro. Entre la persona que interroga a Omar en el aeropuerto y Omar se produce el primer choque cultural. A pesar de que Omar le ha indicado que no habla inglés, el encargado de los pasaportes no podrá resistirse a ofrecerle una charla condescendiente en la que cuestionará su condición de refugiado. Para este vigilante de las fronteras europeas (a pesar de ser de origen rumano), Omar es demasiado viejo para iniciar una nueva vida en Europa y ha cometido un error; mucho mejor sería para él volverse a la tierra de la que ha salido. Aunque a este hombre no le quedará más remedio que sellar el pasaporte de Omar con la marca que le permitirá permanecer en Reino Unido, no podrá resistirse a una pequeña ruindad: requisarle (o más bien robarle) un pequeño cobre de caoba que contiene oud-al-qamari, una especia olorosa, que se convertirá en un símbolo de la rapiña que durante siglos Europa ha ejercido sobre sus colonias. «El mundo entero se había sacrificado por los valores europeos, las más de las veces sin alcanzar a disfrutarlos.» (pág. 25). Sin embargo esa cajita de caoba con una especia guarda el único recuerdo que Omar se ha querido traer de África, y nos empezará a narrar cómo llegó a él. Esta primera analepsis de la novela ‒mientras Omar espera el sello en su pasaporte‒ contendrá algunas de las claves de la historia que Gurnah quiere contarnos, una historia sobre el pasado colonial de Zanzíbar, pero también sobre las personas africanas que la poblaban y sus conflicto y envidias.

Omar pasará a vivir a un campo de refugiados, a un hostal en una pequeña ciudad al sur de Inglaterra, y luego a un apartamento que le suministrará una asociación de ayuda a los refugiados. Omar habrá de confesarse ante Raquel, y decirle que en realidad sí sabe hablar inglés, que ha fingido que no porque la persona que le vendió el billete de avión en Zanzíbar le sugirió que así lo hiciera, sin aclararse exactamente qué ventaja puede tener esto para él. Sin embargo, Rachel ya se ha preocupado de buscar a otro inmigrante de Zanzíbar que puede hacer de intérprete de Omar. Esta persona será Latif Mahmud, profesor en una universidad de Londres y poeta. Rachel, que en principio se ha enfadado con Omar, entenderá sus motivos. Omar se sorprende porque conoce a Latif de Zanzíbar, y el encuentro entre los dos hombres, y su narración de los hilos del pasado que los atan, constituirán el núcleo narrativo de la novela.

 

La novela consta de tres partes. La primera está narrada por Omar, que cuenta de un modo autoconsciente, dirigiéndose a un interlocutor indefinido. «He aquí la historia del mercader que me conseguía el oud. La contaré como sigue.» (pág. 30), no mucho después nos dirá que no sabe a quién puede interesarse su historia, pero el lector no tendrá la sensación de que la está escribiendo para, tal vez, ser leída, sino que la está rememorando mientras mira el techo de su nueva habitación en Inglaterra.

El narrador de la segunda parte será Latif, quien nos hablará de su pasado en Zanzíbar y de cómo consiguió llegar hasta Londres. Si bien, Omar nos ha contado en la primera parte que recibió una beca de estudios que le llevó a Nigeria, y esta parte me gustó, quizás algunas de mis páginas favoritas de este libro son aquellas en las que Latif nos habla de su beca de estudios en Alemania Oriental. Son páginas originales y sorprendentes, mostrando la mirada de un africano sobre un país comunista, detrás del Telón de Acero.

 

La tercera parte está narrada, de nuevo, por Omar, y en ella, principalmente, se recogen algunas conversaciones que éste tiene con Latif. De un modo lejano, y algo confuso, Omar y Latif están emparentados, y han compartido una historia común que, en gran medida, les ha llegado a su situación actual de refugiados en Reino Unido. En varios momentos se evoca Las mil y una noches, libro con el que parece indicarnos Gurnah que guardan relación las historias que Omar cuenta a Latif, y las versiones que da éste último de ellas. Uno de los puntos claves de estas historias es la posesión de una casa en Zanzíbar, una casa a orillas del mar, que los dos, pero sobre todo, Omar, parecen relacionar con la calma y la felicidad del pasado. La posesión de esa casa, mediante bodas y herencias, va a enredar la historia en la que ambos personajes quedan relacionados.

 

Me ha llamado la atención que, quitando la excepción de Las mil y una noches, muchas de las referencias culturales, y literarias, de la novela son occidentales. Así, por ejemplo, Omar cita varias veces a Bartleby, el escribiente, el cuento de Herman Melville. En este sentido, en la página 161, leemos, por ejemplo: «Me hacía pensar en aquella escena de Rojo y negro en la que Julien se aloja en casa de la duquesa prácticamente convencido de que heredará su fortuna (…) ¿O ese incidente aparecía en La feria de las vanidades

 

 

Ya en la primera parte Omar le contará al lector que ha estado en la cárcel en su país, pero no será hasta el tramo final de la novela que se rebelen los detalles de ese suceso.

Una vez que los británicos dejan Tanzania, Omar nos hablará de que el gobierno de la nueva nación independiente se hizo socialista y se acercó a los países del Bloque del Este, dentro del contexto de la Guerra Fría. El nuevo gobierno, nos contará Omar, empezó a detener a la gente por miles. En algunos casos, a opositores políticos, pero en otros por rencillas personales, por puro abuso de poder. Y al leer sobre estos abusos de poder a los que se vio sometida una parte de la población civil, he sentido A orillas del mar vinculada con las primeras novelas de Milan Kundera, con novelas como La insoportable levedad del ser o La broma, donde se denuncia el peso de los regímenes totalitarios sobre los individuos.

La mirada que nos propone Gurnah sobre África me ha parecido muy original. Me gustó Paraíso, que, como dije, habla de africanos en África, y me ha gustado más A orillas del mar, sobre africanos en Europa. En cualquier caso, los dos textos se complementan muy bien. En algún momento he mantenido la conversación ¿qué podemos esperar de un premio Nobel, el premio literario más prestigioso del mundo? Creo que el premio Nobel a Gurnah nos ha acercado a un gran escritor, que había pasado, al menos en el mundo hispano, bastante desapercibido y esto está muy bien.

 

domingo, 23 de enero de 2022

Paraíso, por Abdulrazak Gurnah


 Paraíso, de Abdulrazak Gurnah

Editorial Salamandra. 300 páginas. 1ª edición de 1994.

Traducción de Sofía Noguera Mendía

 

Creo que fue una sorpresa para todos (o casi todos o, al menos, en el mundo hispano) la concesión del premio Nobel de Literatura en octubre de 2021 a Abdulrazak Gurnah (Zanzíbar, Tanzania, 1948), autor de diez novelas, cuentos y varios ensayos. En su fallo, la Academia Sueca destacó «su penetración intransigente y compasiva de los efectos del colonialismo y del destino del refugiado en el abismo entre culturas y continentes». De su obra se habían traducido al español y publicado en España tres novelas: Paraíso (1994), Precario silencio (1996) y En la orilla (2001), que en 2021 se encontraban descatalogadas. En noviembre de 2021, la editorial Salamandra anunció la reedición de Paraíso para el mes siguiente. Como sentía curiosidad por la obra de Gurnah se la solicité para poder leerla y reseñarla.

 

«Empecemos por el niño» es la primera frase del libro, que emplea un plural mayestático que no se va a repetir. El niño se llama Yusuf y tiene doce años. Aunque la historia va a avanzar desde aquí, se nos informa de que Yusuf está recordando su vida desde algún punto indeterminado del futuro. En la primera página de la novela, asistiremos al momento en el que Yusuf ve a dos personas blancas por primera vez. Esperan el tren en el andén y el niño no puede apartar la mirada de ellas.

El padre de Yusuf regenta un hotel en la pequeña ciudad de Kawa. Lo he buscado en internet y se encuentra en el interior de la Tanzania continental. Cuatro años antes vivían más al sur. «Se mudaron a Kawa porque esta ciudad prosperó gracias a que los alemanes la utilizaban como depósito mientras construían la línea de ferrocarril que llegaría a las tierras altas del interior. Pero este esplendor fue flor de un día, y ahora los trenes sólo se detenían para recoger madera y agua.» (pág. 14).

En la contraportada de la novela, se nos informa de que la acción está situada «en vísperas de la primera guerra mundial», pero en realidad no aparece ninguna fecha concreta en el texto, así como no, salvo el nombre de algunas ciudades, no aparece tampoco nunca el nombre de «Tanzania», ni de ningún otro país africano. En realidad, a comienzos del siglo XX no existía Tanzania como tal.

Sí sabremos que Yusuf es suajili. Yusuf tendrá que moverse en un mundo de árabes, indios, griegos, alemanes, ingleses, suajilis y otras tribus del interior de África, que van a ser denominadas «salvajes».

Abdulrazak Gurnah creció en Zanzibar, perteneciendo a una minoría árabe, ya que su padre había sido un inmigrante de Yemen. Por motivos de persecuciones étnicas, huyó a Gran Bretaña a los dieciocho años. El idioma materno de Gurnah es el suajili, pero adoptó el inglés como lengua literaria. Ha sido profesor de literatura en la universidad de Kent, y ahora mismo se encuentra jubilado. En Paraíso se muestran en letra bastardilla las palabras que en el original aparecen en suajili, que no están traducida y aportan una nota de color africano.

 

En realidad, cuando uno empieza a leer Paraíso siente que se encuentra ante una obra muy anglosajona, por la precisión del lenguaje y su belleza. Me gustan las páginas en las que Gurnah describe la mirada infantil de Yusuf sobre la pequeña ciudad de Kawa. La acción de la novela comenzará realmente cuando los padres de Yusuf le comuniquen que se va a ir con su tío Aziz, un rico comerciante de la costa, que periódicamente viaja al interior para hacer negocios, intercambiando productos manufacturados, como azadas, por otros, como oro o marfil. Paraíso es, en gran medida, una novela de aprendizaje, pero también una novela de aventuras. Yusuf empezará a trabajar en una tienda, propiedad de su tío Aziz, bajo las órdenes y las enseñanzas del adolescente Khalil. Yusuf descubrirá pronto que, en realidad, el comerciante Aziz no es su familiar, sino una persona a la que su padre debía dinero, que le ha entregado a él como una forma de saldar su deuda. Khalil se encuentra en una situación similar a su suya. Si bien, en un principio parece que Khalil abusa de Yusuf pegándole para «que aprenda», pronto surgirá la amistad entre los dos.

En el África que retrata Gurnah son importantes las historias, que marcarán una diferencia entre las personas que han viajado en el libro y las que no. El viaje será siempre una fuente de misterios y magia.

 

Los años va ir pasando y cuando Yusuf tenga ya diecisiete años, Aziz de lo va a llegar al interior, a uno de sus viajes comerciales. Un viaje de conocimiento de la propia tierra que también va a ser toda una aventura. En el imaginario colectivo occidental aparecen los relatos y las películas en las que los occidentales exploran África, pero en Paraíso serán los propios africanos los que exploren África. Los habitantes de la costa verán a las personas del interior como a «salvajes», con los que en muchos casos es difícil comunicarse y conseguir que les dejen atravesar sus tierras. Los «sultanes» de las tierras por las que atraviesan les irán haciendo pagar diezmos.

Paraíso es una obra profundamente africana, porque muestra los enfrentamientos de los propios africanos entre sí. La mirada de Gurnah sobre ellos no es nada complaciente, unos se convierten en negreros de otros a los que venden como esclavos. Y de fondo siempre aparece la ‒en principio‒ lejana presencia de los blancos. Los alemanes son seres mitificados en la novela, capaces de comer metal, en un contexto de narraciones orales que se asemejan mucho al «realismo mágico». En las páginas 92-93 leemos: «Los comerciantes, atemorizados por la ferocidad y la crueldad de los europeos, hablaban de ellos con asombro. Se apoderaban de la mejor tierra sin pagar un solo abalorio, obligaban a la gente a trabajar para ellos con engaños, comían lo que fuese, aunque estuviera duro o podrido. Como si de una plaga de langostas se tratase, su voracidad no tenía límite ni decencia. Imponían tributos para esto, tributos para aquello, prisión para el infractor, y en ocasiones el látigo y la horca. Lo primero que construyen es un almacén, luego una iglesia, a continuación un cobertizo para el mercado a fin de poder controlar el comercio y gravarlo con un impuesto. Y todo esto aun antes de construirse un lugar donde vivir. ¿Había alguien oído nada igual? Llevan ropa hecha de metal, pero que no irrita sus cuerpos, y pueden pasarse días sin dormir o beber. Su saliva es venenosa. Wallahi, os lo juro. Si te salpica, te quema la carne. La única forma de matar a uno de ellos es apuñalarlo bajo la axila izquierda; ningún otro sitio sirve, pero resulta casi imposible hacerlo, porque llevan ese punto fuertemente protegido.»

 

En varios momentos de la novela, Yusuf tiene la sensación de encontrarse en «el paraíso». Por ejemplo, en el viaje hacia el interior, atraviesan una montaña y en ella hay una cascada que fascina su mirada adolescente. «Nunca he visto nada tan bonito como aquello. Se podía oír la respiración de Dios. Pero llegó un hombre y quiso echarnos de allí.» Ese hombre es un africano siervo de un «señor» europeo. También Yusuf disfrutará cada vez más del bello jardín de su falso «tío» Aziz, pero éste será otro espacio que no le corresponda. Y esta simbología del paraíso inalcanzable, del paraíso que pertenece a otros irá cobrando cada vez más fuerza en la novela. Además, Yusuf ha sido bendecido o condenado a poseer el don de la belleza, y lo que puede ser algo positivo acabará convirtiéndose en una nueva amenaza sobre su futuro. No hay aquí belleza o paraíso sin su correspondiente amenaza.

 

Cuando Gurnah ganó el premio Nobel, se cuestionó, ‒en la mayoría de los casos sin haber leído sus libros‒ la valía real de su obra. Parecía establecerse el siguiente silogismo: si no había tenido éxito, esto significaba que no era realmente un gran escritor. Después de leer Paraíso tengo esta sensación: quizás las expectativas de descubrir a un nuevo y genial autor eran muy altas, y deseaba quedarse deslumbrando ante la obra del nuevo Nobel, y esto no ha ocurrido. Pero, por otro lado, sé que si hubiera llegado a Paraíso cuando se publicó en España por primera vez me hubiera gustado. Considero que Paraíso, sin ser un libro genial ni rompedor, es un gran libro. Nos muestra la época colonial en África sin maniqueísmos ni falsas bondades, desde una perspectiva nueva e insólita, al menos para mí. El giro que se produce en las tres últimas páginas de la novela me ha parecido magistral, un giro que cubre de nuevo al libro de más variadas lecturas. Paraíso ha sido una gran lectura, a la que no hubiera llegado si el premio Nobel no me hubiera descubierto al escritor Abdulrazak Gurnah.