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domingo, 23 de noviembre de 2025

Tardes tontas con la chica que te gusta, por Alberto Olmos


 Tardes tontas con la chica que te gusta, de Alberto Olmos

Editorial Círculo de Tiza. 281 páginas. 1ª edición de 2025

 

Ya he comentado más de una vez que conozco a Alberto Olmos (Segovia, 1975) y que quedo en algunas ocasiones con él. Nos conocemos en persona desde la época de los blogs, y yo le había leído a finales del siglo XX, cuando quedó finalista del Premio Herralde con A bordo del naufragio en 1998. Desde entonces, he leído casi todos sus libros, aunque es cierto que aún tengo pendiente su anterior recopilación de artículos en la editorial Círculo de Tiza, Cuando el Vips era la mejor librería de la ciudad (2020), detalle que tiene que ver con mi desbarajuste de lecturas. Como este último libro lo compré, tiene menos prioridad en mi mente leerlo que los que solicito a las editoriales. En este caso, Tardes tontas con la chica que te gusta (2025) me lo regaló Olmos en mano y esto ha hecho que su lectura cobrara prioridad ante el otro.

 

Tardes tontas con la chica que te gusta es una recopilación de artículos aparecidos sobre todo en El Confidencial, The Objetive y Zenda, más alguno inédito. De hecho, recordaba más de un texto de haberlo leído en internet cuando apareció.

 

El libro está dividido en cuatro secciones: Los cuerpos, El amor, Los hijos y El divorcio. Olmos ha agrupado los artículos por temáticas y, como veremos, el conjunto resulta bastante coherente.

 

El libro empieza con un artículo titulado Cuando nos gustaban las chicas, que actúa como un prólogo al libro, ya que no está incluido en ninguna de las secciones que he nombrado antes. Olmos habla en él de los años noventa, cuando en las películas y en la conciencia colectiva se pensaba que los chicos tenían que ligar con las chicas siendo divertidos e ingeniosos al hablar con ellas. En este texto, ya podemos apreciar un recurso que Olmos usará en muchos otros: invertir el orden lógico de un razonamiento. Así escribe: «Hablar mucho para ligar podía significar lo contrario: que se ligaba para hablar mucho, por oírse la inteligencia y el humor, por hacer la conversación y no el amor». (pág. 18)

 

En el primer artículo de Los cuerpos revivimos los días de la pandemia, y Olmos reflexiona sobre la belleza y la fealdad de los rostros, y del deseo de ocultarlos tras las mascarillas. Todos los artículos de este libro –como en gran medida requiere el género– están muy apegados a realidades históricas muy concreta, pero también contienen reflexiones sobre la vida que consiguen ser universales.

A partir del quinto tatuaje, es grave es un texto que ya había leído y lo recordaba porque me resultó muy divertido. El humor y el derroche de ingenio van a ser otros de los rasgos característicos de estos artículos. Así leeremos: «Como Javier Marías no puede pronunciarse, lo haré yo: me molestan los tatuajes», evocando una época en la que Marías parecían pontificar de todo desde su sección del El País.

 

Usando ese recurso que comentaba antes de dar la vuelta a la lógica de dos premisas, en la página 30 leemos: «La erótica del poder ha cambiado, en el sentido de que antes era erótico cualquiera que tuviera poder, y ahora solo puede tener poder alguien que sea erótico». En este artículo, titulado La dictadura de los guapos, hace una reflexión sobre lo que le llama la atención el hecho de que cada vez los políticos son más guapos, y me ha parecido bastante agudo.

 

No sabía quién era la modelo Emily Ratajkowski hasta que no leí sobre ella en un artículo de Olmos titulado No hay nada tan agradable como que alguien te quiera follar, y en él, con gran derroche de ironía, nos va a comentar un libro que ha publicado esta autora y que se titula precisamente El cuerpo, como esta sección. En este libro Ratajkowski se queja de los problemas que conlleva ser guapa y deseada, pero Olmos reflexiona sobre la idea de que la modelo no consigue darse cuenta de qué ha hecho ella a otras mujeres: «La vida de Ratajkowski consiste en promover la devastadora idea de que no tiene sentido existir siendo mujer si no estás buena y eres millonaria». (pág. 34)

 

En El porno para mujeres era Pedro Sánchez, Olmos nos va a hablar de una cuenta de Twitter, dirigida por una mujer, que cobra por alabar la belleza del presidente, cuando, en otro artículo nos ha dicho, por ejemplo, que el piropo está más perseguido que el insulto, en el caso que este sea de hombre a mujer, aunque sí parece permitido de mujer a hombre. Debería decir desde ya que muchas de las reflexiones de Olmos van en la línea de criticar algunas políticas que tienen que ver con lo que él considera «excesos del feminismo actual», y esto puede resultar algo retrógrado para algunos lectores. En la página 112 Olmos escribe: «La ideología de su autora diría que es la mía: el sentido común». Sin embargo, es cierto que, desde la sutileza y sin ser simple o zafio en ningún momento, sus capones políticos siempre señalan en una misma dirección y se olvidan de la otra, que podría ser también criticable. Sus palabras, en cualquier caso, siempre son interesantes e invitan a la reflexión.

 

Algunas de las ideas que vierte Olmos en los artículos de El amor confluyen con las expresadas en su ensayo Tía buena, como cuando habla de las novias de los futbolistas, o sobre cómo funciona Instagram. Es divertido el artículo en el que critica el poliamor y se titula significativamente El poliamor está bien, pero es mejor el divorcio.

Algunos de los artículos de este libro, además de divertidos también consiguen ser tristes, como el titulado Solteronas, en el que Olmos reflexiona sobre la idea, con la que no está de acuerdo, de que el feminismo invite a las mujeres a vivir y envejecer solas. «Pienso que hay que ser bastante grosero para recomendarle a la gente la soledad». (pág. 133)

También Olmos, gran lector de mujeres, va a hacer comentarios como este: «La poesía española muestra desde hace unas décadas una relación preocupante con las mujeres. Se las publica mucho mientras son jóvenes y, cuando superan los 30 años, desaparecen». (pág. 134)

 

En las dos últimas secciones del libro, Olmos adquiere un tono más intimista. Así, en la tercera parte, titulada Los hijos, el primer artículo, Tener hijos es franquista, tiene este comienzo: «Tener hijos es de pobres y ya solo está bien visto si te cuesta dinero. Es decir, si tenerlos conlleva algún tipo de gasto en inseminación artificial». (pág. 147).

El artículo titulado Elsa Pataky prefirió fregar los platos, en el que se habla de los supuestos renuncios de la actriz española a favor de su marido, es muy divertido. Sin embargo, en esta sección abundan más los detalles vitales costumbristas, como, por ejemplo, la forma en que los padres se van haciendo amigos de otros padres, según cambian las amistades de sus hijos. El artículo El peliculón que los padres se merecían empieza así: «No tener hijos es una ventaja para entregarse a preocupaciones sin importancia. Cada vez que alguien se muestra muy agitado en las redes, y le va la vida en una pequeña polémica cultural o política, deduzco instantáneamente que no tiene hijos pequeños». (pág. 173).

 

Aunque los artículos, como ya he apuntado, me parecen en general agudos e inteligentes, me ha parecido detectar una trampa en uno titulado Gestación subrogada, ¿dónde está el debate?, ya que aquí, mostrándose Olmos en contra de esta práctica, parece indicar que las personas que contratan a una mujer, para que pase su embarazo, al final del proceso le arrebatarán su hijo, cuando técnicamente los óvulos y el esperma pertenecen a la pareja original y el hijo, por tanto, no pertenece biológicamente a la persona embarazada. Más sutil me parece el artículo que habla de los transexuales.

 

Considero que la cuarta parte –El divorcio– es la más divertida, aunque en apariencia pueda parecer la más triste. Son muy divertidas las apreciaciones sobre las aplicaciones de ligue como Tinder, «la crueldad indolora de la tecnología» (pág. 230).

El artículo Cosas que los pobres deberían saber es verdaderamente talentoso. Es un artículo que ya había leído y con el que ganó el primer Premio David Gistau de Periodismo de Opinión.

También es muy divertido el artículo en el que habla de las crisis de masculinidad de los hombres de sesenta años. «Las mujeres no dan estos espectáculos grotescos, ni siquiera siendo diputadas». (pág. 272)

 

En una nota final, Olmos afirmará que este libro «no ha sido escrito sino por casualidad». Lo cierto es que, gracias a su ordenación temática, Tardes tontas con la chica que te gusta acaba siendo un libro bastante coherente. Es un libro, como ya he apuntado, melancólico, pero también agudo y divertido, un libro que interesará a todos aquellos lectores que quieran pasar un buen rato reflexionando sobre algunas de las contradicciones de la vida moderna.

 

domingo, 12 de noviembre de 2023

Tía buena (una investigación filosófica), por Alberto Olmos


Tía buena (una investigación filosófica), de Alberto Olmos

Editorial Círculo de Tiza. 290 páginas. Primera edición de 2023

He leído bastantes de los libros que ha escrito Alberto Olmos (Segovia, 1975), desde que empecé en 1999 con su ópera prima, A bordo del naufragio. Sin embargo, no había leído nada aún de su obra, fuera de la ficción, salvo sus artículos de periódico. Aunque tengo aún en casa sin leer Vidas baratas: elogio de lo cutre y Cuando el Vips era la mejor librería de la ciudad, me apeteció ponerme con su último ensayo, Tía buena (una investigación filosófica) y se lo solicité a su editora de Círculo de Tiza.

Cuando uno conoce a Alberto Olmos, como es mi caso, y se acerca a un libro con el título Tía buena, y cuya primera parte se titula ¿En serio vas a escribir este libro?, lo primero que piensa es que Olmos ha escrito un libro de humor. Y lo cierto es que, en parte, así es, pero no en su conjunto, como trataré de explicar a continuación.

«Durante el verano posterior a mi divorcio, empecé a darle vueltas a una expresión popular que siempre había desatendido: “tía buena”», ésta es la primera frase del libro y, desde luego, no es una primera frase casual. Con ella, el autor le muestra al lector sus cartas, el momento vital por el que atraviesa. «Quizás volver a la soltería y a mirar con más intención o interés a las mujeres de mi alrededor (lo cual incluye hoy en día las redes sociales, por supuesto), provocó en mí una estupefacción nueva, un cuestionamiento.», continúa.

Olmos pretende escribir un ensayo sobre la idea de ser una «tía buena», desde el punto de vista de las mujeres, ¿qué siente, o experimenta, una mujer al saberse mirada como tía buena? En una primera aproximación al tema, Olmos quedará con diversas amigas, que pueden alcanzar el estatus de «tía buena», en mayor o menor medida, y las interrogará sobre el tema. A la mayoría de las mujeres cercanas que aparecen en el libro ha tenido la prudencia de cambiarles el nombre (en otros casos no, como en el de las escritoras Luna Miguel o Jimina Sabadú, que aparecen con su nombre, aunque lo que cuenta de ellas pertenece a su faceta pública). Según estas primeras aproximaciones al objeto de la investigación, Olmos opinará que el rol de ser tía buena se elige, que la mujer que va a ejercer en su círculo de amigos, laboral, etc. como tía buena ejerce una voluntad –mediante las actitudes o la elección de la ropa– de serlo. De este modo, nos hablará de amigas que cambiaron su estilo de vestir o que se operaron los pechos y empezaron a llamar la atención de los hombres, atrayendo sus miradas, mucho más que antes. «La infelicidad se combate con exhibicionismo», acabará sentenciando sobre las palabras de una amiga.

Uno de los amigos varones de Olmos opinará que el proyecto de éste es una forma ingeniosa de ligar, de empezar un coqueteo con el piropo soterrado de decirle a una mujer que es una «tía buena» o qué significa eso para ella.

Me he reído con esta reflexión: «El mundo de los libros, según vi durante años, se origina mayormente en la casa de un pobre desgraciado que escribe y termina en una fiesta donde ese desgraciado que escribe se ve rodeado de millonarios y tías buenas.» (pág. 41)

La primera parte, que ocupa unas 50 páginas, es un relato metaficcional; en el que Olmos le cuenta al lector por qué quiere escribir su libro y cómo piensa hacerlo. Es la parte más divertida y ligera del libro. También acaba siendo un relato de duelo sobre su divorcio, ya que empieza con él y finaliza cuando el autor nos anuncia que tiene una nueva pareja.

Antes de entrar de lleno en el asunto, Olmos coloca en el libro un Interludio filológico, en el que trata de localizar el momento exacto en el que surge el término «tía buena» en el habla coloquial de España. Con la ayuda de un catedrático de universidad, Olmos nos mostrará que la expresión «tía buena» ya se usaba en España a mediados del siglo XIX.

La segunda parte se titula Una investigación filosófica, y aquí ya se encuentra el cuerpo principal del libro. Si, como ya he apuntado, la primera parte es la más ligera y divertida, y acaba funcionando como una introducción, el tema del libro se va a desarrollar en realidad en ésta mucho más larga segunda parte. En ella, Olmos hablará de sí mismo en muchas menos ocasiones, y analizará las lecturas que ha hecho para tratar de dar respuesta a sus preguntas iniciales. En el siglo XIX empezará la obsesión popular por la belleza, a la vez que se normaliza el uso de las fotografías. Tendencia que explotará en el sigo XX con el cine, ya que cualquier mujer podrá compararse con las actrices de la pantalla, que establecerá unos patrones de belleza deseados por ellas, y anhelados por ellos.

En realidad, el ensayo de Olmos acaba siendo un estudio de la mirada de los hombres sobre la belleza de las mujeres. Algunas de las páginas más interesantes del libro son aquellas en la que se analiza el posible conflicto entre los estándares de belleza femeninos y los presupuestos del feminismo. «Y es que hay, por paradójico que suene, “un feminismo de las chicas guapas”. Consiste en resignificar los patrones estéticos tradicionales de la mujer físicamente atractiva y considerarlos propios, no impuestos, sin variarlos un ápice. (…) Las cantantes populares siempre han aportado a su trabajo musical una considerable dosis de “sex appeal”, lo cual era machista; ahora las cantantes aportan a su trabajo musical la misma dosis de “sex appeal”, y esto es feminista.» (pág. 102)

Uno de los capítulos trata de demostrar que son los hombres los que miran a las mujeres y que éstas son miradas. De ahí se pasará a analizar el fenómeno de la exhibición en Instagram, por ejemplo, y el uso que hacen las mujeres de su «capital erótico». Se hablará también de esas parejas que se acoplan al prototipo de mujer atractiva y hombre de éxito económico, prototipos arcaicos que se encargan de perpetuar las modernas redes sociales, a juicio de Olmos.

Todo el análisis de Olmos me parece interesante –ya he dicho que su libro se centra en analizar la mirada de los hombres sobre las mujeres–, pero creo que se ha dejado fuera de análisis algunos fenómenos de la actualidad: cada vez más hombres no se visten para tener éxito económico (como se apunta en el libro), sino para lucir su físico, y muchas de las cuentas de Instagram en las que alguien exhibe su juventud o su cuerpo son de hombres. Para Olmos no parece existir el concepto de «capital erótico» masculino –algo de lo que llega a hablar, pero muy de pasada y como fenómeno marginal– y, posiblemente, sobre esta idea se podrían escribir páginas interesantes sobre el cambio de roles y la modernidad.

Se nota que Olmos se ha documentado con profundidad y las citas que hace de libros clásicos que tratan sobre la belleza, lo sexi y la mirada son muy interesantes y él consigue, acercando estos modelos a la moderna realidad de, por ejemplo, Instagram, sacar un interesante partido a esas ideas.

Es cierto, también, que, lo que empezó en la primera parte con ligereza y humor, acaba cargándose con tintes más amargos, sobre todo cuando habla de conceptos como los de «el negocio de la frustración», al analizar el mundo de la ropa y la moda. También se cita al filósofo de origen coreano, pero que escribe en alemán, Byung-Chul Han (autor de, por ejemplo, La sociedad del cansancio) y se acaba especulando con la idea de que las relaciones entre hombre y mujeres, en la mayoría de los casos, acaban siendo

transacciones comerciales, entre el estatus del hombre y la belleza de la mujer; una idea que, como he apuntando antes, me acaba pareciendo que (con los nuevos roles de hombres y mujeres) se ha podido quedar algo anticuada.

En cualquier caso, el ensayo de Olmos me ha parecido muy interesante, lleno de reflexiones punzantes, que siempre invitan a ser pensadas dos veces, y que he leído siempre con curiosidad. Me ha gustado este Alberto Olmos ensayista, que después de sus últimos años peleándose con los artículos periódicos, cada vez tiene la prosa más afilada para analizar la realidad en la que vive. Tía buena es un libro refrescante, atrevido y, a la vez, hondo y melancólico.