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domingo, 4 de octubre de 2015

La desesperanza, por José Donoso

Editorial Seix Barral. 329 páginas. 1ª edición de 1986.

Como cada verano (desde hace tres, 2013-2015) decidí volver éste con José Donoso (Santiago de Chile, 1924 – 1996). Tenía de él, pendiente en casa, la novela La desesperanza (1986), cuya primera edición conseguí en la librería de segunda mano de Malasaña La tarde libros. Fui allí una mañana de las navidades de 2013, para deshacerme de unos libros que no quería y los cambié por otros que me parecían más interesantes.

En 1985, José Donoso deja España, donde reside, y regresa a Chile. La última novela que ha publicada es El jardín de al lado en 1981, donde en clave irónica –pero también desencantada- analiza su posición secundaria respecto a los grandes autores del boom hispanoamericano, y consigue crear una novela intensa, potente.

En enero de 1985 tiene lugar un acontecimiento social, que también puede ser político, en Chile: muere Matilde Neruda, la mujer del poeta Pablo Neruda, que inspiro los poemas de Los versos del capitán. En torno a este hecho está articulada La desesperanza.

Mañungo Vera es un cantautor chileno de treinta y cuatro años (el chileno más internacional, se insinúa en algún momento), que ha tenido un gran éxito cantando en Europa sobre la dictadura de su país, del que salió antes del golde militar. Después de trece años de ausencia, ha decidido volver a Chile (junto a su hijo de siete años Juan Pablo) y dejar su casa de París. “Había llegado el momento para Mañungo Vera de transformase en otro.” (pág. 13). Vera está sufriendo una crisis de identidad, su carrera y su popularidad han bajado en Europa (ya que la estabilidad del régimen de Pinochet hace que la sensibilidad occidental se haya trasladado a los más sangrientos conflictos centroamericanos) y, a pesar del empeño en seguir con su música de su representante, le carcome la idea de ser un fraude: alguien que tomó partido en la lucha contra la dictadura, que no sufrió torturas, pero que vive estupendamente habiéndose erigido en el portavoz de los sufrimientos de otros. Mañungo desea quitarse ya la máscara de la cara. Y aquí nos encontramos ya con una de las obsesiones creativas de Donoso: la presencia de las máscaras, de los disfraces deformantes…

La novela comienza cuando Mañungo Vera ya ha aterrizado en Chile y se acerca en un taxi a la casa que Pablo y Matilde Neruda compraron en el barrio santiaguino de Bellavista. Vera conoció en el pasado a los Neruda (que fueron sus valedores como cantante-guerrillero), y los frecuentó también en París. Que la muerte de Matilde haya coincidido con el día de su regreso al país hace que se pospongan para él las preguntas que se hace sobre sí mismo. Tiene que acudir al velorio, donde sabe que se va a encontrar con muchos de los que fueron sus amigos y conocidos del Chile pregolpe.
Al acercarse a la casa de los Neruda, ruge el león Carlitos, desde el zoo cercano, un león achacoso, decrépito, que como un símbolo del Chile de la época recorrerá la novela.
En la segunda página leemos: “El chofer iba a parar frente a un mendigo cortado de la cintura para abajo, un cuchepo con el calañés torcido sobre un ojo, que desde encima de su patín pedía limosna”. Este mendigo es don César, que será un personaje secundario importante en el libro, y en su caracterización física ya encontramos (igual que con la idea de las máscaras un poco más adelante) el gusto de Donoso por la poética del feísmo, de lo roto o deforme.

La novela está escrita en tercera persona, y siguiendo la técnica del estilo indirecto libre la voz narrativa se acerca mucho a la voz de los personajes (en algún caso –sólo recuerdo uno, la verdad- se acerca hasta tal punto, que de tercera persona pasa a primera). Quizás frente a otras de sus obras (El obsceno pájaro de la noche, Casa de campo o El jardín de al lado), en las que se proponía un juego metaliteriario en el que el autor intervenía de forma evidente en lo narrado, en La desesperanza Donoso elige una forma de narrar más clásica.

La novela está dividida en tres partes. En la primera, titulada El crepúsculo, asistimos al velatorio de Matilde Neruda en su casa de Bellavista. En torno al ataúd vamos conociendo a todos los que van a ser personajes principales y secundarios de la obra: Judit Torre -hija de la más alta burguesía-, que abandonó sus privilegios de clase para luchar de forma activa contra el régimen; Lopito, antipinochetista de vida desastrosa, poeta fracasado y alcohólico; Celedonio, intelectual moderado en su lucha contra el régimen, poeta de segunda pero que ha sido amigo de todos los grandes; Fausta, mujer de Celedonio, escritora que aparece en los libros de texto del colegio y de ideas similares a las de su marido; Lisboa, militante comunista convencido, para el que la significación política está por encima de cualquier sentimiento; Ada Luz, mujer del pueblo, amiga de Matilde o Fausta, torturada por el régimen; o Federico Fox, primo de Judit, burgués cercano al régimen de Pinochet, pero, aun así, con cierta sensibilidad artística o al menos sensibilidad hacia el coleccionismo de objetos (cartas, manuscritos…) de personas cercanas al arte.
Esta primera parte me ha parecido la mejor del libro. Me ha gustado mucho como Donoso, sobre el cadáver de Matilde Neruda consigue definir a sus personajes (sus certezas, sus miedos, sus máscaras…) y transmitirnos lo que unos piensan de los otros. Recuerdo que algún libro de Mario Benedetti que leí en mi juventud me pareció que no acababa de captar bien el tema de las dictaduras hispanoamericanas (no sé si estoy pensando en Gracias por el fuego o Primavera con una esquina rota), porque creaba una dicotomía excesivamente marcada entre la superioridad moral de los sufridos militantes de la izquierda (su solidaridad, su capacidad de sacrificio…) y la abyección robótica de los militares. Las cosas eran blancas o negras para el bueno de Benedetti y no había nada más fácil para el lector que estar de su parte. La lectura de un libro como La desesperanza de Donoso es bastante más incómoda, porque la tesis que la sostiene parece ser la siguiente: una dictadura acaba corrompiendo todos los estratos de una sociedad, e impide a las personas disfrutar de los placeres más sencillos (la música, la literatura, la conversación intrascendente…) porque todo se vuelve política y el sujeto está obligado a posicionarse continuamente, frente a los demás y sobre todo frente a sí mismo (“La dictadura ha impuesto a la política como único tema respetable en todas las conversaciones, y todos los otros temas, nosotros, desde adentro, los reprimimos, copando totalmente el horizonte con la obsesión política, sin dejar que ninguna otra idea crezca”, pág 108). En este sentido sería muy significativo el sufrimiento de Judit Torre, culpable y dolida porque no fue torturada de verdad junto a sus compañeras proletarias. O bien su torturador sabía quién era, de qué familia procedía, o le bastaba con hacer creer a los otros torturadores que él también violaba y torturaba a sus víctimas y en realidad prefería no hacerlo. El compromiso de Judit no impide, sin embargo, que sus compañeros de lucha se rían de ella a sus espaldas. “Los compañeros no se esforzaban por ocultar que les parecían una idiotez de su parte renunciar a las comodidades y seguridades que ellos codiciaban, para entregarse a la lucha por la idea abstracta de la justicia social.” (pág. 146)

Ya he hablado de la idea de las máscaras y la poética de la fealdad, que une esta novela a otras de Donoso. También me ha parecido significativa la presencia inquietante de los perros, tan connotados como una presencia maligna en El lugar sin límites. En La desesperanza hay una escena alucinatoria con ellos en la noche de Santiago, sometida al toque de queda.

Aunque se ha abandonado aquí la metaliteratura, hay un elemento de la narrativa de Donoso que aparece casi de refilón: lo onírico, lo real que deja de ser real. En este sentido hay unas páginas que transcurren en las islas natales de Mañungo, que nos remiten a las brujas y a los encantamientos, presentes en otras obras.

Ya he dicho que la parte que más me ha gustado del libro ha sido la primera (El crepúsculo). En la segunda, La noche, Mañungo Vera y Judit Torre, antiguos amantes, se adentran solos en la noche de Santiago, a pesar del toque de queda. Judit va a tener la oportunidad de vengarse esta noche del que fue (o no fue) su torturador. La tercera parte es La mañana, donde los personajes vuelven a universo en el cementerio para enterrar a Matilde Neruda. Creo que La desesperanza pierde fuerza en este tercer tramo porque Donoso se ha empeñado en reducir el espacio temporal de su novela a un solo día, y en estas escasas veinticuatro horas nos describe algunos cambios en los personajes (sobre todo en el de Judit) demasiado marcados, y para que el lector sienta que estos cambios en la personalidad de los personajes son posibles se enreda en excesivas justificaciones (creo que más que buscando la justificación de los personajes ante el lector la está buscando ante sí mismo), y cae en algunas repeticiones y en excesos psicologistas, que impiden al lector hacerse una idea por sí mismo de por qué los personajes actúan como lo hacen.


Pese a estos titubeos narrativos que creo percibir en la tercera parte, y que hacen que La desesperanza sea una obra menos lograda que otras del autor, el olvido al que está condenado este atrevido libro (está escrito por un autor que ha residido muchos años en el extranjero y que vuelve a su país para no ser nada complaciente con la realidad que ve) me parece excesivo, cuando es una novela (ahora que la joven narrativa chilena, pienso en Alejandro Zambra o Alia Trabucco Terán, está interesada en hablar de la dictadura chilena) que, al menos, los chilenos deberían seguir leyendo y no estoy seguro de que lo hagan.

domingo, 24 de agosto de 2014

El obsceno pájaro de la noche, por José Donoso

Editorial Seix Barral. 543 páginas. 1ª edición de 1970, ésta de 1974.

Cuando el verano pasado leí la novela Casa de campo de José Donoso (Santiago de Chile, 1924-1996), ya comenté aquí que también había comprado ese mismo día, en la librería de segunda mano Tikva Books, El obsceno pájaro de la noche. Tras haber consultado iberlibro, sabía que en Madrid había una librería que ofrecía la primera edición a 20 €; y cuando fui a Tikva estuve a punto de comprar sólo el de Casa de campo, con la intención de visitar la otra librería, en la que nunca había estado, y ver si podía hacerme con la primera edición de El obsceno pájaro de la noche (algo que no puede ser muy difícil porque el lanzamiento del libro en 1970 fue fuerte y se imprimieron 15.000 ejemplares). Pero estaba allí en Tikva Books, con el libro de Seix Barral de El obsceno pájaro de la noche en su formato original, aunque en su página seis se me informara de que era la cuarta edición de 1974 y no la primera de 1970. El libro estaba bastante nuevo y costaba tan sólo 9 €. Lo compré, decidí que no me convenía obsesionarse como estos detalles de las ediciones. Si llego a una librería de segunda mano y encuentro por 5 € una primera edición de, por ejemplo, 1970, de un libro cuya edición actual cuesta 18; pues por qué no comprarlo si está en buen estado de conservación. Pero si la edición actual cuesta esos 18 € y la primera la venden para coleccionistas por 60, por ejemplo, ya me resulta insensato meterme en esas consideraciones, porque sé que a mí lo del coleccionismo se me acaba por ir de las manos.

Unas semanas después de la compra tuve que decidir si me llevaba para leer en las vacaciones que pasé en Dinamarca Casa de Campo o El obsceno pájaro de la noche. Mi novia había leído la segunda novela en sus años de facultad y no tenía un buen recuerdo de ella, le parecía demasiado surrealista. Así que al final, pensando que después de las caminatas turísticas por las ciudades, tal vez por las noches en el hotel, no estuviera lo suficientemente despejado como para leer una novela con una trama demasiado compleja, decidí llevarme Casa de campo. Ahora que he leído ya los dos libros considero que acerté: me gustó la lectura de Casa de campo en Dinamarca, e imagino que  con la de El obsceno pájaro de la noche me hubiera desorientado, porque ha llegado a conseguirlo (lo de desorientarme) en mis tranquilas vacaciones de profesor en julio.

El obsceno pájaro de la noche comienza en la Casa de Ejercicios Espirituales de la Encarnación de la Chimba, un convento del siglo XVIII, construido en lo que entonces eran las afueras de Santiago de Chile y que en el tiempo de la novela se haya integrado en el casco histórico de la ciudad. Un párrafo de la página 131 nos sirve para centrar el tiempo narrativo de esta historia: “Los norteamericanos bombardeas las cercanías de Hanoi (…), Allende al poder (…), intelectuales deben tomar parte en la zafra este año declara Fidel Castro”; así que la acción principal de la novela debe situarse en la segunda mitad de la década de 1960. Y este es un dato extraño, porque, durante gran parte de las páginas leídas, El obsceno pájaro de la noche parece situarse en algún lugar fuera del tiempo; en la profunda mente alucinada de José Donoso.
En la Casa de la Chimba viven, cuando empieza la novela, “cuarenta asiladas, las tres monjas y las cinco huerfanitas” (pág. 12). Las cuarenta asiladas son antiguas trabajadoras de servicio doméstico en casas de ricos chilenos, que al hacerse mayores las llevan, como si de un asilo se tratase, a pasar sus últimos años a la Casa de la Chimba. En esta casa vive también el Mudito, cuyo nombre verdadero es Humberto Peñaloza, hijo de un maestro de escuela, quien le inculcó desde temprana edad la idea de intentar ser alguien, hacerse un nombre. El padre siembre admiró a Jerónimo de Azcoitía, prohombre chileno a cuyas órdenes acabará trabajando Humberto, como secretario o mayordomo, cuando, tras unos años de bohemia universitaria en los que más que cumplir con el deseo de su padre de ser licenciado dilapidó su tiempo en las tabernas componiendo poemas, deje la universidad.

La novela comienza con la muerte de la Brígida, que fue sirvienta de doña Inés de Azcoitía, la mujer de Jerónimo. Aunque las primeras páginas se narran en tercera persona, pronto Donoso cederá la voz narrativa a los distintos personajes (esta es una novela coral, nos dice el propio Donoso) a los que se acerca, ocurriendo, en más de una ocasión, que el lector ha de recapacitar sobre quién está tomado la palabra en cada momento. El protagonista central del libro acaba siendo Humberto Peñaloza pues su voz narrativa será la que más páginas ocupa de las 543 de la novela.

El tema predominante de El obsceno pájaro de la noche sería el de la decadencia, en casi todas sus vertientes: la decadencia del país, mostrada a través del desmoronamiento continuo de la Casa de la Chimba, un edificio sin valor histórico, y que se está pensando demoler para levantar en el solar una construcción más moderna; la decadencia física de las personas, mostrada a través de la vejez triste de las asiladas en la casa, obsesionadas con guardas harapos y objetos inservibles, y también a través de la decadencia espiritual de Humberto, que en su juventud soñó con ser poeta y en su vejez es alguien que voluntariamente se hace pasar por sordomudo; y la decadencia de una alta clase social chilena, mostrada a través del matrimonio Azcoitía, obsesionado con tener un hijo que sea el heredero de sus haciendas y fortunas, pero imposibilitado para conseguirlo. Al final Inés engendrará a Boy, un niño con múltiples deformidades y para el que su padre traza un plan insensato: levantar La Rinconada, una finca en la que rodeará a su hijo monstruoso de seres deformes (enanos, las mujeres más gordas del mundo, personas contrahechas, etc.) para que el niño crezca rodeado por la deformidad y la entienda como normal y canon de belleza. Al frente de La Rinconada, Jerónimo pone a Humberto, quien debe rendirle cuentas una vez al año.

El resumen del argumento que he hecho el párrafo anterior no se desarrolla de forma lineal en la novela; y en más de una ocasión será deber del lector tratar de comprender el orden cronológico de los acontecimientos narrados. Yo me perdí en alguna ocasión con el tema de Boy: por un lado se me había informado de que la pareja Jerónimo-Inés no podía tener hijos y por otro estoy leyendo sobre el mundo que crea Jerónimo en La Rinconada para ese hijo que yo suponía que no podía tener. Yo lo he hecho a posteriori, pero recomendaría que durante la lectura de este libro el lector se acerque a alguno de sus resúmenes, que se pueden encontrar con facilidad en internet (por ejemplo ESTE del blog Resumen de libros), lo que es posible que le ayude a ubicarse en algún momento de confusión.

Hace un año vi en youtube la entrevista que a José Donoso le hizo para el programa A fondo de RTVE Joaquín Soler Serrano. En ella (ver AQUÍ) Donoso contaba a la cámara que cuando trataba de dar forma a El obsceno pájaro de la noche sufría unos fuertes ataques de úlcera; hasta que acabó ingresado en un hospital, donde sufrió un ataque esquizofrénico durante quince días, por ser alérgico a la morfina. Después de dejar el hospital, pudo acabar la novela, cuyos materiales habían ido creciendo durante seis años, en ocho meses. Los estados de alucinación o de pesadilla dejaron una huella profunda en ese libro: hay páginas donde la historia transcurre sin excesos barrocos, y el lector es informado de la trama que subyace bajo las páginas (sobre todo cuando se habla de la vida de joven de Jerónimo y de Humberto la narración se vuelve más convencional); y otras páginas donde parece de repente haber estallado una bomba de locura, y la realidad es percibida de forma grotesca, monstruosa, páginas donde el lenguaje también se hace mucho más barroco.

Sin duda, El obsceno pájaro de la noche es el libro más ambicioso de los seis que he leído de José Donoso pero no creo que sea el que más me ha hecho disfrutar de los suyos. Tiene páginas magistrales, y la primera mitad la he leído teniendo por seguro que me estaba acercando a una obra maestra, pero en la segunda mitad, en algún momento, me acabé perdiendo. Puede que la culpa fuese mía, que no leí algún detalle con la atención necesaria, pero sí que estoy seguro de que no todos los cabos del libro quedan bien atados. El obsceno pájaro de la noche es una novela de excesos, frente a, por ejemplo, la perfección constructiva y el equilibro narrativo de las escasas cien páginas de El lugar sin límites; una novela mucho más perfecta en su concepción y ejecución. De hecho, El lugar sin límites la escribió Donoso en un momento de descanso de los largos años que le llevó la escritura de El obsceno pájaro de la noche, y tienen algún elemento en común con ella, el detalle más destacable sería el de los cuatro perros negros que el cacique de ambas novelas poseen, como símbolo de la oscuridad de la que emana su poder.


El obsceno pájaro de la noche es una novela exigente, oscura, excesiva, barroca, que rompe continuamente con los límites del realismo, con páginas de gran belleza literaria; y a pesar de la descompensación que existe entre algunos de sus capítulos es, posiblemente, por ambición y recursos empleados, la obra maestra de Donoso, ese creador de máscaras. En cualquier caso, yo recomendaría leer este libro después de haberse acercado previamente a algún otro del autor; por ejemplo, El lugar sin límites me parece un buen comienzo.

domingo, 17 de agosto de 2014

Cuatro para Delfina, por José Donoso

Editorial Seix Barral. 268 páginas. 1ª edición de 1982.

Durante el verano pasado leí tres libros seguidos de José Donoso (Santiago de Chile, 1924-1996); y ya comenté al hacer el balance de fin de año que fue uno de los grandes momentos lectores de 2013. Este verano pensé en repetir la experiencia. Para ello volvía a contar con tres libros más de Donoso en mis cada vez más abultadas montañas de libros inleídos. Durante las últimas navidades, en uno de esos arrebatos que me entran cuando me percato de que he acumulado demasiados libros sin leer, comprados en librerías de segunda mano por poco dinero, acudí a La tarde libros de Malasaña. Allí me deshice de unos doce libro que no pensaba que fuese una buena idea leer y me llevé tres que tal vez sí deseara leer en el futuro, entre ellos había dos libros de José Donoso: Cuatro para Delfina y La desesperanza.

Estoy casi seguro de que el libro que he leído de Cuatro para Delfina es la primera edición de 1982. No puedo comprobarlo porque, precisamente, en la página inicial donde se fecha la edición hay un trozo de papel recortado. Imagino que el antiguo dueño del libro no quería que nadie leyera la dedicatoria de quien le regaló un libro del que acabó por deshacerse (espero, realmente, que en ese trozo de papel recortado no hubiera una dedicatoria del propio Donoso, sufro sólo de pensarlo).

Cuatro para Delfina está formado por cuatro novelas cortas o relatos largos. Recuerdo haber hojeado en la librería Juan Rulfo de Moncloa un volumen de Alfaguara titulado Nueve novelas breves de José Donoso. Ese volumen incluía Cuatro para Delfina, que está dedicado a Delfina Guzmán, quien –según leo en internet- era una amiga del autor.

Sueños de mala muerte abre el volumen y con sus más de ochenta páginas es la novela más larga que nos vamos a encontrar aquí. Casi todos los personajes de Sueños de mala muerte tienen en común el hecho de vivir en la misma pensión, regentada por la señora Panchita. Podríamos ver en esta novela una crítica a la clase media bajo la dictadura de Augusto Pinochet (al que no se nombra nunca en Cuatro para Delfina). Después del sueño socialista de Salvador Allende, la Olga Riquelme (uno de los personajes principales de esta novela) sueña con dejar algún día su vida de pensión y ser propietaria de una casa. Mantiene una relación secreta con Osvaldo, que junto a su padre también es habitante de la pensión. Cuando comienza la historia, Osvaldo va a perder su modesto modo de ganarse la vida; intentar estar a la altura del sueño de propietaria de Olga va a motivar su andadura en el mundo. Al comenzar a trabajar en un cementerio se va a obsesionar con la idea que uno de los mausoleos más elegantes pertenece de algún modo a su familia. Lo que convertirá la idea de una casa en propiedad en la que vivir con Olga en un deseo más morboso. Además de una crítica de costumbres, Sueños de mala muerte tiene más de un elemento grotesco -detalles que en gran parte definen la obra de Donoso-, y la forma de conjugar el movimiento de todos los personajes es más que notable.

En Los habitantes de una ruina inconclusa Donoso hace ahora una crítica de costumbres de la clase alta condenada a la decadencia. El matrimonio maduro formado por Francisco y Blanca ven como una amenaza el edificio que se está construyendo en su apacible barrio de casas bajas con jardín. Desde las ventanas del edificio los futuros inquilinos van a poder asomarse a la intimidad de la pareja. Como en la novela El jardín de al lado, el jardín aquí vuelve a representar el pasado apacible y casi secreto del burgués, con el que el aire de los nuevos tiempos quiere acabar. Como trasfondo de Cuatro para Delfina se encuentra la crisis económica de 1982; lo que hace que en Santiago de Chile aumente el número de mendigos que deambulan por las calles, a los que Francisco y Blanca sienten como una amenaza. Las circunstancias hacen que tengan que relacionarse con uno que no habla en ningún idioma conocido (posiblemente una metáfora de la incomunicación entre clases sociales); la pareja se irá sintiendo cada vez más fascinada por este mendigo misterioso. La trama acaba siendo de corte expresionista, y roza lo fantástico. Hay un recurso estilístico que, igual que ocurría con la metáfora del jardín que nos remite a la novela El jardín de al lado, en esta ocasión nos acerca al expresionismo constructivo de Casa de campo: a veces los personajes se expresan de un modo impropio de su edad, condición o formación, de una forma filosófica y recargada, irreal. “¿No es válido, entonces, mi sentimiento de pequeñez frente a un mundo gobernado por emociones y sentimientos a los que yo jamás he tenido ni tendré acceso, y mi temor, que revivo a través de lo que tú fuiste, repetido en este andariego tan violento…, no es válido, entonces, sentir que no entiendo a veces, y que a veces no estoy segura de nada?”, le dice Blanca a su hijo en la página 107.

El tiempo perdido está narrado, a diferencia de las novelas cortas anteriores,  en primera persona, y es posible que sea la novela contenida en este libro en la que Donoso más hable de sí mismo. Un joven estudiante de literatura juega, junto a sus amigos de Santiago, a ser un personaje de Marcel Proust; mientras desprecia a la realidad que le ha tocado vivir y añora el mundo de París, donde, según él, ha de transcurrir el mundo verdadero. El narrador se va a convertir en la envidia de su grupo de amigos cuando reciba una beca para poder viajar en París y terminar allí sus estudios. El tono de esta novela es nostálgico, y está contado desde la madurez: el narrador fue a París y, ni por asomo, pudo encontrarse con el mundo de Proust, mientras trataba de sobrevivir, y se da cuenta de que el mundo de Proust tenía sentido cuando podría recrearlo allá en Santiago con otras personas que también creían en él. Quizás al no haber leído yo En busca del tiempo perdido entero (he leído los dos primeros volúmenes), al principio me perdí un poco en el mundo de referencias literarias de las primeras páginas, pero según avanzaba con esta novela cada vez me iba gustando más, hasta llegar a sus emocionantes últimas páginas. Una novela sobre el desencanto de la juventud que, en algún aspecto, me recordó a las páginas que sobre el mismo tema ha escrito Alfredo Bryce Echenique, aunque posiblemente Donoso muestre aquí más tendencia a la nostalgia triste que al el humor amable de Bryce.

En «Jolie Madame», Donoso vuelve a escribir una crítica de la clase alta chilena; en este caso centrada en tres mujeres ociosas de la burguesía que veranean en un balneario mientras sus maridos resuelven sus negocios en Santiago. Crítica de costumbres, que enfrenta a la burguesía de la doble moral con el aire más libre de los nuevos tiempos, y donde de nuevo aparece la figura del mendigo como elemento perturbador, grotesco. «Jolie Madame» es una novela prolija en diálogos que sirven para mostrar la maldad o la estupidez de sus personajes.
Creo que esta última ha sido la que menos me ha gustado de las cuatro novelas que constituyen este libro.

Cuatro para Delfina me ha gustado por la versatilidad de los enfoques que consigue dar Donoso a cada una de las historias que escribe. Son cuatro novelas de muy diferentes tonos, y aún así se aprecia en ellas un universo Donoso muy concreto: la crítica de costumbres, la formación del “yo”, analizado a través de la idea de pertenencia a una clase social, el avance de lo moderno, la decadencia de la alta clase social, y de lo grotesco (que pueden llegar a confundirse).
Repetiré lo mismo que ya dije el año pasado: tengo la impresión de que José Donoso se está convirtiendo en uno de los autores más olvidados y menos leídos del boom (es difícil encontrar la mayoría de sus libros en las librerías de primera mano), lo que es una lástima, porque yo considero que es realmente un escritor de primera línea.


Ya estoy leyendo El obscuro pájaro de noche. Ya estoy disfrutando de su gran ambición creativa. El próximo domingo les hablaré de él.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Casa de campo, por José Donoso

Editorial Seix Barral. 498 páginas. 1ª edición de 1978.

La semana pasada hablé de El jardín de al lado de José Donoso (Santiago de Chile, 1924-1996), y comenté que me había comprado dos libros más de este autor: Casa de campo, la primera edición de 1978 por 8 euros, y El obsceno pájaro de la noche, la cuarta edición de 1974 por 9 euros. Fue en la librería de segunda mano Tikva Book, una nueva librería de viejo muy recomendable, ubicada en la calle Cartagena, en Madrid. Y decidí no seguir comprando más libros de Donoso porque me di cuenta de que en la biblioteca de Móstoles tienen sus obras completas, esperando que alguien las pida para que las saquen del depósito.
Así que terminé El jardín de al lado y empecé con Casa de Campo, cuyo argumento me pareció a priori más interesante (y menos complicado; me iba a acabar llevando esta novela a un viaje a Dinamarca y quizás sólo pudiera leer un rato por las noches, ya cansado) que el de El obsceno pájaro de la noche, aunque sea una novela menos famosa que ésta; sin embargo, Casa de campo fue el Premio de la crítica de narrativa en España en 1978. También es una novela que sólo se puede encontrar en nuestro país en librerías de viejo o bibliotecas.

Donoso la escribió entre el 18 de septiembre de 1973 (y, por tanto, una semana después del golpe militar en Chile) y el 19 de junio de 1978. Se trata de una novela alegórica y la tentación inmediata sería la de relacionar su trama con el golpe militar y la dictadura chilena, ya que podríamos identificar en ella a un personaje –Adriano Gomara– que sería un trasunto de Salvador Allende, y a otro –el Mayordomo– que podría equivaler a Augusto Pinochet; pero, como trataré de explicar a continuación, ésta es una explicación de la novela que tendería a quedarse corta, porque sus hilos subterráneos parecen trascender a los meramente correspondientes a la historia de Chile.

El tiempo de la novela parece transcurrir en algún punto indeterminado del siglo XIX; el lugar sería el del campo chileno, pero un campo chileno transfigurado, ya que debido a un error agrícola toda la región se halla infestada de unas plantas llamadas en la novela “gramíneas”, que al final del verano arrojarán sus temidas tormentas de vilanos. En esta región la poderosa familia Ventura posee una casa de campo, en la que pasan tres meses de verano: se trata de siete hermanos y hermanas y sus correspondientes cónyuges, además de un total de treinta y tres primos. Los Ventura están acompañados cada verano por un ejército de sirvientes y jardineros, que los acompañan desde la capital.
El verano de la novela será especial porque entre los adultos (los “grandes” en el libro) empieza a correr el rumor de que en un punto remoto de sus tierras existe un lugar paradisiaco, en el que estaría bien pasar un agradable día antes de regresar a la capital. El día de campo será sin la compañía de los niños, que se quedarán en la casa de campo (Marulanda). Entre los primos empieza a correr el rumor de que los grandes no van a volver y que han sido abandonados a su suerte. Sólo uno de los adultos –Adriano Gomara–, encerrado por loco en una estancia, no viajará hacia el lugar paradisiaco. Cuando los grandes no aparecen Gomara se hará con el poder, creando alianzas con los nativos, sus amigos, e intentado, con poco éxito, crear una sociedad más justa en Marulanda. Pero, más tarde, tendrá que enfrentarse a la vuelta del Mayordomo, mientras los Ventura regresan a la capital para solucionar sus asuntos. Es decir, los burgueses huyen de Chile, mientras Allende intenta crear una sociedad más justa, que será deshecha por Pinochet (el Mayordomo) en nombre de los oligarcas, que intentan vender Marulanda (Chile) a los extranjeros pelirrojos (los norteamericanos).
Además los Ventura han de pasar tres meses en Marulanda para controlar la producción de oro de los nativos que trabajan en sus tierras, oro que venden en la capital a los extranjeros pelirrojos (la burguesía explota al pueblo para venderle el país a los norteamericanos).

La novela no está escrita bajo los cauces del realismo: para los adultos su estancia en el lugar paradisiaco ha durado un día, pero ha pasado todo un año para los niños de Marulanda. Además, los elaborados parlamentos de los personajes, sobre todo los de los niños –de edades comprendidas entre los cinco y los diecisiete años– serían imposibles en ellos, como el propio narrador apunta en más de una ocasión: “Ésta no es, en esencia, la historia de Wenceslao, como tampoco la de ninguno de estos niños inverosímiles que hacen y hablan cosas inverosímiles” (página 372); “Pese a que he planteado a mis personajes como seres a-psicológicos, inverosímiles, artificiales, no he podido evitar ligarme pasionalmente a ellos y con su mundo circundante” (página 492).
Quizás la construcción más poderosa de la novela sea la de la propia voz narrativa en tercera persona, que imita de forma irónica la de un narrador del siglo XIX, con expresiones como “nuestro amigo Wenceslao”; “Me complacería anunciar a mis lectores”... El narrador –un trasunto del propio Donoso– no tiene reparos a la hora de interrumpir el flujo de la historia narrada para recordarnos su condición de artificio, para explicarnos por qué decide que una escena sea de una forma o de otra, o cómo era en una versión anterior de la novela diferente a la que el lector tiene en sus manos. En algún momento –como en un nivola de Miguel de Unamuno– el autor se sienta en una taberna a conversar con uno de los personajes, al que le lee algunas páginas de lo que está escribiendo sobre su familia. Sus intenciones narrativas parecen desvelarse en la página 400 cuando habla a su personaje Silvestre Ventura: “En el fondo si escribo es para que los que son como él no se reconozcan”; y quizás aquí esté la clave de la novela y quizás de toda la obra de Donoso, que parece concebida como una crítica a la clase alta chilena a la que él mismo pertenecía. Un poco después apunta: “Yo no he podido resistir la tentación –le explico a Silvestre Ventura que me escucha con interés– de cambiar mi registro, y utilizar en el presente relato un preciosismo también extremado como corolario de ese feísmo y ver si me sirve para inaugurar un universo también portentoso, que también, y por costados distintos y desaprobados, llegue y toque y haga prestar atención, ya que el preciosismo es pecado por ser inútil y por lo tanto inmoral, mientras que la esencia del realismo es su moralidad”.

Durante la primera parte de la novela –La partida– el narrador se centra en explicarnos las relaciones que existen entre los diferentes grupos de personajes que habitan Marulanda; habiendo decidido dejar atrás la verosimilitud narrativa, estas relaciones son de corte expresionista, y me han recordado a Kafka.
Decía al principio de la entrada que entender la alegoría planteada en Casa de Campo como un simple análisis político del Chile de la década de 1970-1980 podía quedarse corto, porque Donoso, dentro de su crítica al poder en general y más concretamente al que surge de la burguesía ociosa, también plantea una subversión de todos los valores en su análisis de las relaciones de poder que plantea entre los niños; la subversión será política, sexual, de costumbres...
Quizás el fallo que se pueda sacar a Casa de campo es que en algunos puntos el discurso es demasiado detenido y se pierde el ritmo narrativo; aunque es curioso cómo Donoso, en su juego de espejos, ironiza sobre los propios mecanismos de la novelística que hacen avanzar una trama. En todo caso, estoy hablando de un fallo relativo, en comparación con las otras dos novelas –El lugar sin límites y El jardín de al lado– que he leído recientemente de este autor, que eran más compactas. En Casa de campo es de agradecer la ambición y las poderosas imágenes creadas (el sonido de la gramíneas en la lejanía, la tormenta de vilanos...) y el lujo de un lenguaje literario de primer orden dentro de la novelística en español del siglo XX, que hacen de ésta una obra remarcable, donde un autor juega a reinventarse asumiendo el riesgo.

En cualquier caso, el fallo más grande de todos sigue siendo que una novela de la calidad de Casa de campo no la ofrezca actualmente el mercado literario español, y que se esté olvidando a un escritor de primera magnitud, en la historia de la literatura en español del siglo XX, como considero que es José Donoso.

domingo, 25 de agosto de 2013

El jardín de al lado, por José Donoso

Editorial Seix Barral. 264 páginas. 1ª edición de 1981.

La semana pasada hablé de El lugar sin límites, y ya anuncié que este domingo colgaría la entrada correspondiente a El jardín de al lado de José Donoso (Santiago de Chile, 1924-1996). Este libro lo compré hace dos años. Lo había visto con anterioridad en una de las librerías de segunda mano Ábaco –la que está más cercana a Quevedo- y había pensado comprarlo, ya entonces, a principios de 2011, con la intención de leerlo seguido a El lugar sin límites- pero no me hice con él hasta después de la Noche de los libros (23 de abril) de 2011, cuando, tras escuchar en la Casa de América a Rodrigo Fresán, que hablaba de Juan Carlos Onetti, al que relacionó con Donoso; ponderó la calidad de El jardín de al lado, para acabar diciendo con pena que era una novela inencontrable ahora mismo en España. La semana siguiente volví a Ábaco y compré por 12 euros su primera edición de 1981, que creo que es la única.
He esperado a este verano de 2013 para leerla. La lectura consecutiva de El lugar sin límites y El jardín de al lado ha hecho que compre en librerías de segunda mano más libros de Donoso: Casa de Campo (1978) y El obsceno pájaro de la noche (1970).

El jardín de al lado está escrito en 1980, la misma fecha en la que se sitúa su acción. El narrador es Julio Méndez, un escritor chileno radicado en España, en el pueblo costero de Sitges (donde vivió Donoso). Méndez estuvo encarcelado seis días como consecuencia del golpe militar de Pinochet (el Once, se le llama en la novela); y aunque es un exiliado político, no tiene en su pasaporte impresa la letra que le impediría volver. Pero él no quiere volver; tras haber conseguido críticas positivas de los libros que pudo publicar en Chile, quiere escribir la gran novela chilena sobre el golpe militar, hablando de sus seis días de encarcelamiento. La novela comienza cuando la poderosa agente literaria de Barcelona Núria Monclús (posiblemente un trasunto de Carmen Balcells) ha rechazado la novela de Méndez, y le pide que la reescriba. Por las mismas fechas, Pancho Salvatierra, amigo de la infancia de Méndez, le llama a Sitges desde su residencia de Madrid para ofrecerles a Julio y a su mujer –Gloria-, su casa, ya que él tiene un compromiso laboral en Italia. Salvatierra es un cotizado pintor internacional y su piso de Madrid se encuentra en la mejor zona de la ciudad (por las referencias que da, ha de ser en el barrio de Salamanca, aunque nunca se le nombra).

Julio y Gloria son un matrimonio de más de cincuenta años, que supera las dos décadas de convivencia a sus espaldas y que no atraviesa su mejor momento. Ambos son hijos de la burguesía chilena (Julio es hijo de un congresista liberal, por ejemplo; imagen que sirve de contraste con el congreso cerrado del Chile actual) y no llevan del todo bien las estrecheces económicas que están pasando en España, donde sobreviven en los aledaños de la edición: traducciones del inglés, correcciones de libros, la espera del contrato que Julio podría conseguir de Núria Monclús… y además están los préstamos de dinero que el hermano de Julio le envía desde Chile, donde se encuentra correctamente asentado en el nuevo régimen. El matrimonio tiene un hijo, Pato, una de las ausencias significativas de esta novela (vive en Marrakech) plagada de ausencias: la del hijo, la de los padres (es probable que la madre muera en el Chile al que Julio no quiere regresar, aunque puede hacerlo, pero no lo quiere hacer sin haber conseguido publicar en Europa), la del amigo (Salvatierra nunca se hace presente en la novela).

El jardín de al lado comienza en Sitges, donde se describe el ambiente de los exiliados hispanoamericanos: los psicoanalistas argentinos o uruguayos que tienen que pasar consulta en un bar, por ejemplo, o los buscavidas que hacen del compromiso político y el exilio una forma de vida, y aprovechan su situación para vender cuadros o falsa quincalla folklórica. Este primer capítulo de Sitges (unas 60 páginas en la novela) está muy bien narrado, con sus saltos en el tiempo para describir unas pocas horas. En cierto modo, el Méndez de Sitges me ha recordado al Roberto Bolaño de Blanes (“una novela que perdurará en la memoria de sus lectores”, escribió Bolaño sobre El jardín de al lado).

Uno de los temas de esta novela (algo ya sugerido desde el mismo título) es el de la envidia. Así empieza el libro: “A veces, compensa tener amigos ricos. No quiero interceder aquí a favor de una adicción histérica y exclusiva, a lo Scott Fitzgerald, por esa forma de convivencia.” (pág. 11). Julio Méndez siente envidia de los ricos, de los que se encuentra excluido al haber dejado Chile, y también de los escritores hispanoamericanos del boom; principalmente de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, y del inventado Marcelo Chiriboga (inventado porque acabará apareciendo brevemente en la trama). Para el Méndez rabioso de estas páginas (quizás un trasunto exagerado del propio José Donoso), el boom no ha sido más que un invento de oportunistas como Núria Moclús y los editores catalanes, que le dan al público europeo la versión que éste espera de una Hispanoamérica folklórica.

Escribí antes que la envidia era uno de los temas centrales de El jardín de al lado, pero en realidad la envidia es una consecuencia tangible del fantasma más poderoso que recorre a Julio Méndez y a esta novela: la sensación de haber fracasado. “Me doy cuenta de que para mí el único mundo coherente es el del fracaso”. (pág. 128).
El jardín de al lado de la novela es de la casa de una familia de nobles de España. Méndez espía desde la ventana del piso de lujo de Salvatierra a la joven señora que se baña en la piscina, en vez de corregir su novela sobre el Once. El jardín de al lado es también el jardín de la casa de sus padres en Chile, donde no puede volver; es el jardín donde toman el sol bellezas rubias de una juventud desenfadada, que ya no es la que posee Gloria, su mujer; y el jardín de al lado es el mundo que otorgan los privilegios del éxito y la fama, que Méndez ve cómo le son concedidos a escritores como García Márquez o Chiriboga, pero no a él.

Es curioso además leer sobre la visión que de mi ciudad, Madrid, tiene un chileno en 1980; una ciudad llena de pasotas o de informáticos, se nos cuenta.

La novela, llena de reflexiones sobre la condición del escritor, del exiliado político, de la pobreza, del paso del tiempo en la pareja, avanza inexorablemente hacia el fracaso total. Y cuando quedan unas 50 páginas para el final Méndez empieza a tomar decisiones que parecen un tanto incoherentes para el personaje… a las 20 páginas del final nos espera una nueva sorpresa, materializada en un cambio de narrador y en un juego de cajas chinas.
Me han parecido un tanto extrañas las 50 últimas páginas de El jardín de al lado, con esos giros novelísticos inesperados, aunque también es cierto que las he leído con gran interés. Es posible que si en vez de tener 264 páginas, Donoso la hubiese acabado en 210 hubiese sido una novela más redonda. Pero también es de agradecer el riesgo último que decide tomar, el camino del juego y la máscara, que parecía contrarío a la lógica inicial de la novela.
En todo caso, no quiero con este comentario final desmerecer la buena impresión que me ha causado esta novela. En realidad no es sorprendente su final, lo verdaderamente sorprendente es que en el mercado literario español esta novela no se comercialice y sea –como decía Fresán- prácticamente inencontrable.
Prueben a ir a las librerías de primera mano y busquen los libros de Donoso: no creo que encuentren ninguno que no sea El lugar sin límites de Cátedra o Lagartija sin cola, la novela que Alfaguara le publicó de forma póstuma en 2007. He visto en internet que Alfaguara comercializa en Chile los libros de Donoso en una colección José Donoso similar a la que tiene en España para Mario Vargas Llosa. Esperemos que decida comercializar también en España esta colección José Donoso, porque es incomprensible que se pierda un escritor tan destacado como éste.


domingo, 18 de agosto de 2013

El lugar sin límites, por José Donoso

Editorial Cátedra. 215 páginas. 1ª edición de 1966, ésta de 1999.
Edición de Selena Millares.

De José Donoso (Santiago de Chile, 1924-1996) sólo había leído una novela hasta ahora: La misteriosa desaparición de la marquesita de Loria (1981). Fue hace bastante tiempo: después de un intenso febrero de estudio universitario de los años 90, en la biblioteca de Móstoles elegía libros para disfrutar del recobrado tiempo libre. Tenía anotado el nombre de José Donoso desde hacía meses, por entonces se hablaba bastante de él en los suplementos literarios (quizás el 1996 de su muerte se encontrase cercano). Barajé la idea de leer El obsceno pájaro de la noche, pero su número de página, su complejidad formal y tu temática un tanto deprimente me llevaron a no querer empezar a leer a Donoso por ahí. La misteriosa desaparición de la marquesita de Loria, de la que no recuerdo casi nada, me pareció entonces una novelita erótica sin mucha trascendencia, y no volví con este autor. Posiblemente elegí mal el libro con el que abordar su obra.

Creo que me volvió la curiosidad por la obra de Donoso, y más concretamente por El lugar sin límites, tras leer en la página 99 de Entre paréntesis de Roberto Bolaño: “Donoso escribió tres libros buenos. Uno de ellos muy bueno y los otros dos con la fuerza suficiente como para perdurar en la memoria de sus lectores. El primero es El lugar sin límites, un libro sobre la desesperación y sobre la precisión. Los otros: El obsceno pájaro de la noche, una obra ambiciosa e irregular, y El jardín de al lado, que se ofrece como juego y testamento.”
Me llamó la atención que Bolaño opinara que El lugar sin límites era el mejor libro de Donoso, cuando yo creía que era unánime la idea de considerar que el mejor era El obsceno pájaro de la noche.
En la página 295 de Entre paréntesis Bolaño también habla de cuatro novelas cortas perfectas de la literatura hispanoamericana del siglo XX, que, según él, son El coronel no tiene quien le escriba, de García Márquez, El perseguidor, de Julio Cortázar, El lugar sin límites, de José Donoso, y Los cachorros, de Vargas Llosa.
De las cuatro sólo me faltaba por leer El lugar sin límites y las otras tres –coincidiendo con Bolaño- me parecen magníficas.

El lugar sin límites lo he comprado dos veces. La primera en una de las librerías de segunda mano Ábaco por dos euros, en una barata edición de Bruguera de los años 80. Y después, al ver que la tenía la editorial Cátedra, me dieron más ganas de leerla en esta edición con su extenso cuerpo de notas e introducciones; así que junto con un lote de libros que no quería acabé llevando mi primer ejemplar de El lugar sin límites a otra librería de segunda mano, llamada La tarde libros. La edición de Cátedra que he leído la compré en la feria del libro de Madrid de 2012.

Como casi siempre hago con los libros de Cátedra he leído la introducción (casi de la misma extensión que la propia novela) sólo después de leer la obra, de poco más de 100 páginas de letra apretada y con abundantes notas.

La acción de la novela se sitúa en un pequeño pueblo del campo chileno: Estación El Olivo, un pueblo por el que pasaba el tren pero que ahora se encuentra en decadencia debido a que la carretera, para los más prácticos camiones, la construyeron dejando de lado al pueblo. Un lugar donde la idea de que llegue la luz eléctrica empieza a parecer remota, y donde el cacique local, Alejandro Cruz, parece desear comprar todas las casas para derruirlas y extender en ese terreno sus viñedos.

La acción se sitúa principalmente en el prostíbulo del pueblo, regentado por la Manuela, una loca travesti de 60 años, y su hija –la Japonesita- de 18. Un drama de proporciones bíblicas (la novela tiene fuertes connotaciones religiosas, empezando por los nombres: Estación El Olivo, Alejandro Cruz…) puede acabar desencadenándole la noche del mismo día que comienza la narración, pues la Manuela y la Japonesita saben que Pancho Vega, un bruto local que conduce un camión (del que aún le debe parte de la deuda que supuso su compra a Alejandro Cruz, en cuya hacienda Vega se crió), está en el pueblo y posiblemente se acerque hasta el prostíbulo, donde ya el año anterior quiso hacer daño a la Manuela y a la Japonesita, y solo la intervención del cacique Cruz pudo impedirlo.

El personaje de la Manuela es la creación más potente del libro, un personaje trágico, endeble, que se siente doblegado por la enfermedad y que quizás se encuentre cercano a la muerte y que sin embargo está dotado de una gran fuerza interior, “Entonces, claro, la vida no era tan mala, y había esperanza hasta para una loca fea como yo” (pág. 174); pero los otros personajes, Alejandro Cruz, la Japonesita, la Japonesa, Pancho Vega, el viejo Céspedes, están también sabiamente perfilados.

Aunque he comentado que la acción transcurre en un día, hacia la mitad de la novela hay un salto en el tiempo y nos acercamos al primer día que la Manuela llegó al pueblo sin saber que era para quedarse, y del modo extraño en que acabó acostándose con la Japonesa (ya muerta en el tiempo de la novela) para acabar engendrando a la Japonesita, bajo la mirada omnipotente de Alejandro Cruz, el cacique que todo lo puede, y que es probable además que sea el padre de muchos de los habitantes más jóvenes del pueblo (incluida la Japonesita, y Pancho Vega, que le odia con rencor de clase y de posible hijo bastardo).

El estilo es muy poético, de una precisión y una carga metáforica muy bellas. La novela está escrita en tercera persona, pero es normal que en un párrafo descriptivo en tercera persona el narrador ceda la voz narrativa a la primera persona al personaje del que está hablando. Este ha sido un juego estilístico que me ha recordado a los usados, en la misma época, por escritores de la generación de Donoso, como Mario Vargas Llosa, que luchaban contra las limitaciones de la tradición de sus países y miraban más hacia la tradición europea o norteamericana. El juego de pasar en un párrafo de la tercera a la primera persona me ha parecido de clara influencia faulkneriana, así como el sustrato bíblico del drama.

Lo narrado en El lugar sin límites, pese a la brevedad de sus páginas, es una historia tensa, sutil y repleta de matices. En realidad, dada la densidad de los detalles, uno tiene la impresión de estar leyendo una obra mucho más larga.
Desde luego, El lugar sin límites, por derecho propio puede unirse a la lista de las otras tres novelas breves perfectas de la literatura hispanoamericana del siglo XX que citaba de Bolaño al comienzo de esta entrada.

Donoso, como he leído en el prólogo de Selena Millares, escribió esta novela en dos meses en la casa del jardín de su amigo Carlos Fuentes en México DF, como descanso del trabajo que le estaba llevando enfrentarse a El obsceno pájaro de la noche. En algún momento tendré que acercarme a esta última obra, por ahora estoy leyendo El jardín de al lado, la tercera de las obras que Bolaño señala como memorables de Donoso. La semana que viene hablaré de ella.