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martes, 17 de septiembre de 2019

Entrevista a Ariadna G. Garcia, autora de El año cero


El 31 de mayo de 2019 presenté en el bar Libertad 8 la segunda novela de Ariadna G. García, titulada El año cero y que aparecía en el nuevo sello Editorial Ménades. Dejo hoy aquí el texto que preparé entonces y una entrevista que Ariadna ha realizado ahora para el blog.


Conocí en persona a Ariadna García (Madrid, 1977) en la Feria del Libro de Madrid de 2014. La editorial canaria Baile del Sol le acababa de publicar una novela, titulada Inercia, y a mí mi otra titulada El hombre ajeno.



Inercia era la primera novela de Ariadna, que hasta entonces se había dado a conocer en el mundo de la literatura como poeta; cosechando algunos premios importantes como el Hiperión de poesía con Napalm en 2001, o el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández con su poemario La guerra de invierno en 2013. Además es investigadora y, como fruto de sus trabajos, ha publicado libros como Poesía española de los Siglos de Oro (Akal. 2009) y Antología de la poesía española. 1939-1975 (Akal. 2006) También ha elaborado varias antologías de poesía española actual como Veinticinco poetas españoles jóvenes (en colaboración con Álvaro Tato y Guillermo López Gallego) y ha aparecido, así mismo en más de una antología.

Leí Inercia en 2014 y publiqué sobre ella una reseña en mi blog literario Desde la ciudad sin cines a principios de 2015. Inercia situaba su acción en un futuro cercano, a una década vista desde la publicación del libro. Por su parte, El año cero está ambientado en la actualidad, ya que el lector podrá acercarse a algunos emails fechados en 2018, y nos habla de algunos conflictos sociales que tuvieron lugar durante el periodo más duro de la crisis económica (2008-2014); por su parte Inercia estaba escrita cuando esos problemas eran de plena actualidad y Ariadna se trasladaba a un futuro en el que las predicciones más negras (privatización de la educación o la sanidad se habían hecho realidad, por ejemplo).

Inercia situaba su acción en el aeropuerto de Madrid, un lugar en el que Ariadna había trabajado y sobre el que se había documentado con profusión para escribir su libro. En su momento dije que me sorprendió que Inercia fue la primera novela de una poeta, porque, de forma inconsciente me estaba esperando una obra intimista y tal vez de corte lírico, y me encontré con un libro repleto de mujeres y hombres de acción y de prosa precisa y frase escueta. Ariadna había dibujado en Inercia un gran mosaico de personajes: mafiosos chinos o albanokosovares, traficantes de drogas o de personas, policías y guardias de seguridad entregados a su tarea o corruptos.

En El año cero Ariadna retoma algunos de los temas que ya planteó en Inercia, sobre todo cuando habla de la lucha social y de la desigualdad.

Las profesiones de las mujeres de El año cero
El personaje principal (y la narradora) de El año cero es Minerva, una joven de 31 años, que en su juventud fue una atleta con una carrera relevante y que en la actualidad es bombera en Madrid. Minerva es la diosa de la sabiduría, según la mitología griega, y aquí Ariadna parece hacer un juego con su propio nombre clásico, que en la mitología griega siginifica “muy pura”, la mujer que ayudó a Teseo a derrotar al Minotauro.

Otro de los personajes principales de El año cero es Gezabel, una compañera de trabajo de Minerva. Antes de ser bombera, Gezabel era militar.

Atleta, bombera, militar…, como vemos, Ariadna elige para sus personajes femeninos profesiones que tradicionalmente se han considerado masculinas. Igual que ocurría en Inercia, sus personajes femeninos son fuertes, decididos y (como ocurre aquí con Minerva y Gezabel) idealistas.

En estas páginas aparecerá, por ejemplo un capitán de bomberos del que se apunta en la novela que piensa que las mujeres restan eficiencia al parque, o más tarde un jefe de la policía de antidisturbios que al quitarse el casco Minerva le espetará un anacrónico «Mujer tenías que ser».

El año cero es una novela que reivindica la presencia femenina en cualquier estrato social.

El lesbianismo en El año cero
El año cero también es una historia de amor, que reivindica el amor homosexual femenino. Minerva es una mujer reservada que teme sufrir por amor. Se siente atraída por Gezabel, pero no sabe tan siquiera si ella se siente atraída por las mujeres.

En el pasado ya ha sufrido la intolerancia de terceros ante una relación homosexual, como en el caso del padre de su exnovia.

Minerva y Gezabel comenzarán una relación. Hasta ahora Gezabel pensaba que era heterosexual. «Mi familia es muy tradicional –se desahoga–. Nunca entenderían esto. Ni siquiera tengo claro que lo comprenda yo… Es que yo… yo no soy lesbiana, ¿sabes?», de dice Gezabel a Minerva. «El mundo no es blanco o negro», le contestará Minerva. En realidad, El año cero parece una novela escrita en contra de aquellos que piensan que la realidad es únicamente blanca o negra. De hecho, al principio de la novela, en un diálogo, he creído detectar una cita oculta cuando se dice «Si no es ahora, ¿cuándo?», que es el título de uno de los libros de Primo Levi, quien en su ensayo Los hundidos y los salvados tenía precisamente una parte titulada La zona gris.

«Mis abuelos se morirían. Son muy católicos», le dice también Gezabel.

Uno de los temas de El año cero es esta lucha por vivir la sexualidad y las relaciones en un mundo ajeno a los prejuicios.

Cuando Gezabel y Minerva llevan a besarse en la calle (espero que éste no sea un spoiler demasiado grande), nadie les insulta, pero Minerva se cuestiona por qué los hombres sienten que pueden hacerles bromas, del estilo de gritarles «¡Qué envidia!»

Cuando leí El amor del revés, una novela autobiográfica de Luisgé Martín, me sobrecogió el largo camino que tiene que hacer su narrador homosexual para aceptarse a sí mismo y conseguir que le acepten los demás. En la década de los 70 o el 80 se creía condenado al amor clandestino, y unas décadas después, aunque aún quede camino que recorrer, la situación ha mejorado algo. Esta es la sensación que estaba tenido al leer El año cero, que ya no estamos en los 70 o 80 de Luisgé Martín, pero que aún queda trecho que recorrer para la aceptación absoluta de las identidades sexuales. Sin embargo, también se narra un hecho terrible en El año cero: Gezabel dejará el ejército (que era una tradición para los primogénitos varones de su familia) cuando sus compañeros empiecen a acosar a otro compañero por ser homosexual, al que acabarán matando de una paliza. Hecho que quedará camuflado como si se hubiera tratado de un «accidente».

La reivindicación social en El año cero
En una nota final se apunta que la novela está escrita entre los años 2014 y 2019. Aunque, como ya apunté, el tiempo narrativo nos remite a 2018, se plasman aquí muchos de los conflictos sociales que fueron muy relevantes entre 2008 y 2014. Por ejemplo, Minerva y uno de sus compañeros van a ser sancionados porque no quieren, como bomberos, participar en el desahucio de una familia.

Se insinúa también que más de una de las intervenciones profesionales del parque de bomberos en el que trabaja Minerva tienen que ver con suicidios motivados por problemas económicos, algo sobre lo que la prensa miente. Así que también se denuncia aquí la independencia del periodismo.

Otra de las grandes presencias de la novela es la corrupción: laboral y política. Desde puestos relevantes concedidos a dedo hasta tráfico de armas con países en guerra. Desde luego no se puede hablar en el caso de El año cero de falta de ambición, porque Ariadna nos habla aquí incluso de tramas internacionales con Yemen o Arabia Saudí.


ENTREVISTA

1) Ariadna, yo conozco más tu obra narrativa que tu obra poética, pero sí que he leído algunos de tus poemas. No huyes de la metáfora, pero tengo la sensación de que tu prosa escapa a la idea que habitualmente se tiene de una «prosa poética» y es rítmica y rápida, encargada de narrar muchos sucesos. ¿Sientes que tu empeño, o tu forma de acercarte al papel es muy diferente cuanto escribes poesía o prosa?

Sí, claro, mi acercamiento a cada género es radicalmente distinto. Igual que yo soy diferente dependiendo de si estoy con mis hijos o con mis alumnos, y ofrezco caras contrarias según los contextos, de la misma manera la poeta y la novelista que hay en mí operan y trabajan a su modo. Una novela la estructuro y la pienso antes de escribirla, si bien es verdad que luego improviso sobre la marcha. Un libro de poemas no se planifica a priori, al menos, en mi caso. Es una revelación, un camino intuitivo en la noche, una travesía que ignoras a dónde ha de llevarte. Y en cuanto a la materia prima, el lenguaje, también varía de un género a otro. Eso sí, me gusta que los cierres de los capítulos sean rotundos y evocadores como lo son los cierres de poemas.



2) Sé que cuando escribiste Inercia conocías el funcionamiento del aeropuerto de Barajas porque habías trabajado allí. En El año cero se nota que conoces bien cómo funciona un parque de bomberos, ¿cómo te has documentado?

Verás, he sido vigilante de seguridad habilitada por el Ministerio del Interior en un par de ocasiones, antes y después de mi beca FPU para realizar la Tesis. Pues bien, los vigilantes a lo largo de su carrera tienen que realizar distintos cursos de especialización para completar su formación. Yo hice varios: Control de Aduanas (a cargo de la Policía Nacional), Radioscopia (AENA) y Extinción de Incendios. Este último lo impartía TAPESA en su complejo de Brunete, y en la novela recojo sus instalaciones, así como mis propias experiencias en extinción y rescate de personas o mis sensaciones ante llamas de más de 30 metros.


3) Ahora que se habla mucho de la autoficción, he pensado que al escribir combinas la pura creación con algunas partes más intimistas y cercanas a tu experiencia. He pensado que las páginas en las que hablas de tus abuelos provenían de tu memoria, ¿estoy en lo cierto?

Sin lugar a dudas. En la novela realizo un homenaje a mis abuelos, y no les he cambiado ni los nombres. Lo que no tengo claro es que este lemento real pertenezca a ese género denominado “autoficción”, tan de moda hoy. El componente verídico es un ingrediente común de la literatura de siempre. ¿Acaso las aventuras de “El cautivo”, en El Quijote, no están inspiradas en la biografía del mismo Cervantes? ¿Y en El árbol de la ciencia no leemos pasajes basados en el derrotero académico y laboral de Pío Baroja? ¿Y no es Oculto sendero, de Elena Fortún, la novelización de su propia existencia? Tampoco me parece que la autoficción sea nueva. ¿Acaso no se conservó el manuscrito de la novela picaresca El discurso de mi vida, del capitán Alonso de Contreras –amigo de Lope- en el Archivo Histórico Nacional, al tratarse de una hoja de servicios, bien que algo modificada? Si el término autoficción remite a una obra donde un autor se incluye como personaje, entonces el inventor fue Diego de Velázquez. 


4) En la nota final de la novela anotas que el proceso de creación del libro te ha ocupado desde 2014 hasta 2019. He sentido El año cero como una novela muy cercana a las reivindicaciones sociales que surgieron a raíz de la crisis de 2008 y el movimiento del 15M en Madrid (que tuvo lugar en 2011). ¿Podemos considerar a El año cero dentro de esa categoría de la narrativa española que se llamó «novelas de la crisis» o no te gusta esta etiqueta? ¿Has leído otras «novelas de la crisis»? ¿Cuáles te han interesado más o a cuáles sientes más cercana tu propuesta?

Mi novela es un testimonio de los estragos de la crisis en la clase media, sí. Galdós puso el objetivo de sus obras en su nacimiento y yo en su destrucción. Ya en Inercia abordaba el impacto de la crisis en la ciudadanía. En El año cero me asomo a temas candentes a día de hoy como son los desahucios, la precariedad laboral, la corrupción política y los recortes en los servicios públicos. Está claro que desde el 2008, con el estallido de la búrbuja, ha regresado con fuerza una literatura realista que ha puesto el foco en el mundo del trabajo, así como una literatura distópica que trata de barruntar ese negro horizonte hacia el que avanzamos sin frenos. En cuanto a mi propuesta, creo honestamente que no se parece a ninguna, en la medida en que yo cruzo tramas y ahondo en el escenario laboral, en el contexto familiar y en la psicología de mis personajes. No me centro en un punto. Estudio cada arista. Aspiro a una novela global, integradora. Dicho esto, me han gustado novelas de anticipación (con la crisis como punto de partida) como Cenital, de Emilio Bueso; o Un minuto antes de la oscuridad, de Ismael Martínez Biurrun; y novelas de corte realista como La trabajadora, de Elvira Navarro; o En la orilla, de Rafael Chirbes.


5) En gran medida, diría que El año cero es un thriller político. ¿Qué autores o autoras te interesan más dentro del thriller?

Me interesan más que autores, algunas novelas en concreto: No se lo digas a nadie y Última oportunidad, de Harlam Coben; El eco negro, de Michael Connely; El guardián invisible, de Dolores Redondo; El último lapón, de Olivier Truc; o Purga, de Sofi Oksanen.


6) Entre las páginas 159 y 160 leemos: «¿Pero cómo se le da la espalda a la pluralidad de tu pasado? ¿A los yoes que has sido? A esa suma de imágenes y de conversaciones que te han ido construyendo a lo largo de los años. No puedes.»
¿Hasta qué punto consideras que el tema centrar de El año cero es una reivindicación de la lucha por la identidad y por encontrar un lugar en el mundo?

Bueno, has dado con el tema capital en toda mi obra. Incluyo mis libros de poemas, y mi relato juvenil Las noches de Ugglebo. Para que una persona sea feliz debe conocerse a fondo y debe defender su identidad frente a las ingerencias externas (familiares, amigos, compañeros de trabajo), y esto no es fácil. Menos aún si hablamos de la identidad LGTBI. Los miedos nos limitan. Yo propongo un personaje femenino, Gezabel, que trata de saber qué siente y si quiere vivirlo, pese a las dificultaes que plantea su entorno. En el momento actual, con la ultraderecha instalada en el sistema y renovando el discurso del odio, pretendo visibilizar tanto el amor entre una pareja de mujeres como los problemas a los que han de enfrentarse, para ofrecer un modelo que dé oxígeno a quien viva dentro del armario o detrás de una máscara. Minerva, el otro personaje femenino, representa -a su vez- la identidad conquistada, la seguridad de quien ha tomado las riendas de su vida y ha dejado a su espalda prejuicios y discriminaciones.

Por otra parte, además de a conflictos internos, mis personajes se enfrentan a los externos: deben tomar decisiones, en sus puestos de trabajo, sobre asuntos muy graves (desahucios y exportaciones de armas en El año cero; deportaciones en Inercia), deben decidir qué tipos de ciudadanos quieren ser: ¿de los que se involucran, pese al coste laboral y personal que se derive de ello; o de los que miran hacia otro lado?, ¿de los que desempeñan actos legales pero ilegítimos, o de los que se niegan a cometer actos injustos? Estos dilemas son los que planteo al lector.   


8) ¿Qué escritoras o escritores crees que han influido más para ti a la hora de escribir El año cero? Hablas varias veces en el libro de la escritora galesa Sarah Waters, ¿es un referente para El año cero?

La verdad es que no. Sólo me he leído El ocupante, una novela de terror protagonizada por un médico heterosexual. Sin embargo, sí hay otras tres autoras fundamentales en el libro: Chimamanda Ngozi Adichie, autora de Americanah; Sofi Oksanen, a la que aludía anteriormente; y Melania G. Mazzuco, a la que debemos dos libros brillantes: Limbo y Eres como eres. De la primera me interesa tanto el lirismo como la denuncia política; de la segunda, la reivindicación de la identidad y de las raíces; de la tercera, el coraje por la lucha de aquello que se ama, y el trasfondo social. 


9) En el futuro, ¿te ves más como poeta o como novelista?

Pues me veo ejerciendo de ambas. Pero mi prioridad, siempre, será la poesía.


Muchas gracias, Ariadna

domingo, 18 de enero de 2015

Inercia, por Ariadna G. García

Editorial Baile del Sol,  301 páginas. 1ª edición de 2014.

En la Feria del Libro de Madrid de 2014 los editores de Baile del Sol consiguieron que pudiera firmar mi nuevo libro, recién aparecido, –El hombre ajeno- en la caseta de la librería Atticus-Finch, junto a Ariadna G. García (Madrid, 1977), que debutaba en la editorial y en el género novelístico con Inercia. Ese día de la firma intercambiamos nuestros libros.

Ariadna, hasta la aparición de Inercia, se había dado a conocer en el mundo de la literatura como poeta; cosechando algunos premios importantes como el Hiperión de poesía con Napalm en 2001, o el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández con su poemario La guerra de invierno en 2013. También ha elaborado varias antologías de poesía española, y ha aparecido en más de una.

Ariadna sitúa la acción de Inercia en un futuro cercano, a principios de la segunda década del siglo XXI, en torno a 2023 o 2024; y su escenario principal es el del aeropuerto de Madrid, ampliadas sus zonas de embarque hasta la T7.
Como se presupone que ha de ser la buena ciencia ficción, la novela futurista de Ariadna es una proyección, a una década vista, de los miedos sociales del presente: en la década de 2020 que nos dibuja la autora, España ha vuelto a la peseta, expulsada del euro; el acuerdo de Schengen ha sido revocada y por tanto el tránsito de personas en los aeropuertos está mucho más restringido; y la sanidad y la educación pública del país no parecen ir tampoco por buen camino. En la página 40 podemos leer: “Thais hizo un repaso mental de las transformaciones producidas en España en los últimos años. Unión de los poderes ejecutivo y judicial para ahorrar presupuesto. Instauración de la Tercera República, por cuyo control pugnaban el partido en el gobierno (Partido Socialdemócrata de España) y la oposición (Partido de los Trabajadores). En cualquier caso, ninguno garantizaba la gratuidad de la justicia, pues se había demostrado que esta representaba un negocio lucrativo muy rentable; y el estado necesitaba liquidez para saldar su deuda. Desaparición de las autonomías. Abolición del estado de derecho. Descenso demográfico…”.

Según pude escuchar a Ariadna en la presentación conjunta de las novedades de Baile del Sol que se hizo en la librería El dinosaurio todavía estaba allí de Malasaña, ella trabajó en el aeropuerto de Madrid, y según leo en un epílogo del libro ha estado documentándose durante años para escribir Inercia. La experiencia personal y el estudio, hacen que el conocimiento sobre cómo funciona un aeropuerto sea apabullante: el vocabulario para describir las actividades de policías, guardias de seguridad, controladores de seguridad o maleteros; así como los espacios físicos o las características de los aviones; realmente convencen.

Uno podría esperar que alguien como Ariadna, que hasta ahora ha sido, durante más de una década, principalmente poeta, escriba una primera novela de tono lírico e intimista, donde la acción quede en segundo plano. No ha sido así. Ariadna ha escrito un libro repleto de acción y de prosa precisa y frase escueta (aunque tampoco exenta de juego metafórico). En Inercia nos encontraremos con mafias chinas o albanokosovares, tráfico de drogas o de personas, policías y guardias de seguridad entregados a su tarea o corruptos; siendo la novela un gran mosaico de personajes y caracteres.

En el día en el que transcurre el tiempo de la novela, en Inercia tendrán lugar asesinatos a sangre fría, atentados terroristas (o, tal vez ¿venganzas entre mafias por el control de tráfico de drogas y de personas?), asistiremos a estrategias de acoso laboral, a tomas de conciencia morales e incluso al florecimiento de historias de amor.

La novela –además de contar con un prólogo y dos epílogos- está organizada en trece partes, y cada una de ellas está dividida en capítulos, normalmente cortos. Inercia está escrita en tercera persona, pero en algún caso se recurre al diario íntimo. La diversidad de enfoques, al seguir a un gran elenco de personajes, es elevada: asesinos, corruptos, trabajadores que no pueden más, inmigrantes al borde del colapso…

Podría señalar que, sobre todo al comienzo de Inercia, el gran número de personajes que se despliegan sobre el papel hace que uno lea el libro sin tener muy claro hacia dónde se dirigen, perdido en la minuciosa descripción del grandioso escenario en el que se mueven. En algunos casos, la narradora, mediante el recurso de la analepsis, nos habla del pasado de más de un personaje. Pasado que en muchos casos tiene que ver con conflictos internacionales, como la guerra de la ex Yugoslavia, o la precariedad vital de los inmigrantes (chinos o expulsados de una Grecia donde triunfó el fascismo) que desean traspasar las fronteras con la esperanza de tener una vida mejor (en Estados Unidos). Aquí también –en la descripción de la vida en la China industrial o en la Yugoslavia de la guerra- se aprecia el hondo trabajo de documentación.
En la parte número X, la historia se focaliza más sobre Anibal, encargado del control de pasaportes, y podremos conocer, mejor que en el caso de los otros personajes, su pasado (procede de un hogar desestructurado por un padre violento) y sus motivaciones (tiene miedo al cambio y no le gusta comprometerse, aunque en el tiempo de la novela quizás pueda comenzar una prometedora historia de amor). Sus motivaciones psicológicas explicarán su comportamiento antiprofesional (pero ético) de ese día. Me ha parecido que quizás en esta parte número X, Ariadna se ha dejado llevar demasiado por el discurso moral (por el querer señalar qué es lo importante aquí, por si el lector no lo descubre por sí mismo a través de los actos narrados), y éste discurso moral ha preponderado sobre la creación de caracteres, con características morales demasiado remarcadas en el caso de Anibal. Y quizás también el mayor desarrollo de este personaje, transcurridos ya los dos tercios de la novela, quede un tanto descompensado frente al andamiaje que se estaba empleando -de novela coral- hasta ahora.

Teniendo puntos por mejorar, como los señalados, quisiera acabar esta entrada destacando los logros de esta ambiciosa primera novela: lejos de la historia mínima, detenida o intimista que me esperaba leer de una poeta de gran trayectoria, Ariadna se ha lanzado, asumiendo riesgos –y, por tanto, cayéndose a veces- a por todas en su primera novela: ha creado un escenario contundente y original –muy bien descrito- y ha dibujado un marco social muy inquietante, proyectando los miedos del presente sobre la década futura y ha sabido crear una trama que ponía en movimiento a un importante número de personajes.

Es difícil poder pedir más a una primera novela.