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lunes, 23 de mayo de 2011

En el condado de Grouse, por Tom Drury

451 Editores. 385 páginas. 1ª edición de 1994. Ésta de 2011.
Traductor: Javier Ortiz.

Hace poco más de un año hablé en el blog (Aquí) de Tom Drury (Iowa, EE UU, 1956) y de su primera novela traducida al español, La región inmóvil, que en realidad era su cuarta novela, publicada en 2006. Me entretuvo leerla, pero quizás los halagos que acompañaban a la contraportada me parecieron, entonces, un tanto exagerados. La región inmóvil combinaba varios géneros: el del costumbrismo norteamericano, el negro, el de fantasmas… y quizás, aunque las intenciones fuesen interesantes y arriesgadas, el resultado era un tanto disperso.

Hace unas semanas el encargado de promoción de 451 editores me envió un correo electrónico, en el que me decía que se había encontrado con mi reseña de La región inmóvil en la red y me comentaba que al día siguiente Tom Drury iba a estar en España presentando otra novela que sacaba con ellos, En el condado de Grouse. El encargado de promoción de 451, amablemente, me ofrecía el envío gratuito de esta novela. La presentación de la obra de Drury se iba a celebrar durante la Noche de los Libros en Madrid, ya lo había leído en el programa y había sopesado la idea de asistir. Pero la decliné y me decidí por otra propuesta. Me arrepentí, sin embargo, de no ir a escuchar a Tom Drury. Me equivoqué este año al elegir mi actividad de la Noche de los Libros: una charla supuestamente literaria en la que no se habló de literatura y no se citó a ningún escritor. Y me he arrepentido más de no ir a ver a Drury esa noche ahora que he leído este segundo libro suyo, En el condado de Grouse, y mi apreciación de él como escritor ha subido bastantes enteros.

La verdad es que me agradó la propuesta de 451 de leer su libro, pero a la vez me produjo una ligera sensación de alarma. Sé que más de una editorial regala libros a los blogs literarios, como una nueva forma de promoción de sus productos, lo que me parece correcto. Yo, hasta ahora, no he solicitado ningún libro a ninguna editorial para leerlo gratis; primeramente por pudor, por miedo a que mi blog les parezca demasiado insignificante; en segundo lugar porque si lo acepto y me lo envían, imagino que se esperarán una reseña elogiosa, y no hacerlo podría ser de mala educación; y en tercer lugar porque no me importa gastarme el dinero en comprar libros y apoyar así al mundo editorial.
Comenté con el encargado de promoción de 451 alguna de mis inquietudes, y a él le pareció bien que pusiera a parir al libro (literalmente) si lo consideraba oportuno.
Afortunadamente el libro me ha gustado bastante y sus méritos literarios me han parecido más que notables.

Y después de esta perorata, la reseña:

En el condado de Grouse (1994) es en realidad la primera novela de Tom Drury, cuyo título original es The end of vandalism y en un principio apareció por entregas, a comienzos de los 90, en The New Yorker Magazine, con gran éxito de público y crítica; la revista Granta eligió a Drury entonces como uno de los mejores escritores norteamericanos menores de 40 años.

En el condado de Grouse sitúa su acción en unos pueblos, de nombre inventado, del Medio Oeste americano. Así que en menos de un mes, vuelvo a la América profunda que nos proponía Charles Baxter en su Saul y Patsy. Si bien esta última novela podríamos encuadrarla en las de peripecia y desarrollo psicológico de los personajes, con un esquema clásico de presentación, nudo y desenlace, muy bien resuelto, con En el condado de Grouse nos encontramos ante una novela coral (al final del libro existe una lista con el nombre y la profesión de 67 personajes), donde asistimos al desarrollo de pequeñas vidas, acaecidas en este condado ficticio del Medio Oeste, a principios de la década de 1990, y durante un periodo de unos dos años.

Si en Saul y Patsy Baxter, en tercera persona, nos acercaba a la evolución psicológica de sus dos personajes principales, a raíz de un cambio traumático que tiene lugar en sus vida, en En el condado de Grouse Drury nos presenta a sus numerosos personajes cruzándose en las calles y caminos de la región que ha inventado, sin ningún tipo de esquema novelístico cerrado como el planteado por Baxter. Más bien Drury nos narra las vidas minúsculas de los habitantes del condado de Grouse como si escribiese cuentos entrelazados, con esa técnica minimalista que tan bien se les da a los escritores norteamericanos, centrándose en detalles nimios de los que se desprende una gran fuerza poética. La novela está plagada de momentos epifánicos, en la mejor tradición de Raymond Carver o John Cheever.

En cualquier caso, no todos los personajes que pueblan el condado de Grouse tienen la misma importancia en la narración. Entre ellos destacan el triangulo formado por el sheriff Dan Norman, la que será su mujer, la trabajadora de la tienda de fotografías, Louise Darling, y un delincuente insignificante, Tiny Darling, que es la pareja de Louise hasta que ésta le deja para iniciar una relación con el sheriff Dan.

En las solapas de 451, los editores insisten en unir el mundo de Drury al de las películas de los hermanos Cohen, y posiblemente tengan razón. En En el condado de Grouse llega a citarse la ciudad de Fargo (página 63), pero en realidad, si de comparaciones cinematográficas se trata, a mí este libro me ha recodado más al mundo de la serie que en España se llamó Doctor en Alaska. En ella un médico (un personaje externo) hacía de centro narrativo de la vida en una remota región de Alaska, y en esta novela el sheriff del condado, aunque personaje interno, hace también de nexo narrativo entre las personas de los diferentes pueblos que forman el condado.
También, siguiendo con mi comparación, la fuerza de este libro como la de aquella serie, se basa en mostrarnos la vida de personajes peculiares y en ambas se dibujan bastantes imágenes  poéticas, con algún toque surrealista.

En algún momento llegué a pensar en la forma narrativa de El Jarama, la novela de Sánchez Ferlosio, pero acabé desestimando esta comparación. En la novela de Ferlosio el tiempo narrativo sí que es puramente cinematográfico (apenas unas horas) y en En el condado de Grouse transcurren unos dos años. Es cierto que los personajes de la novela de Drury suelen definirse por sus acciones o sus palabras, y que el narrador omnisciente rara vez usa para sus personajes expresiones como “pensó”, “recordó”, aunque sí existen, como no ocurría en la novela de Ferlosio.
Hay otro detalle que, a pesar de la fuerza de las imágenes creadas por Drury, hace que la novela no sea puramente cinematográfica, y es que cuando se presenta a un personaje el narrador nos pone al corriendo de más de una anécdota que le caracteriza, y esto en una película implicaría el uso de continuos e incómodos, supongo, flashbacks cada vez que alguien entra en escena.

El lujo de los detalles que caracterizan las vidas de los habitantes de este condado de Grouse es realmente apabullante, creando Drury una dinámica muy rica y poética en su novela, con ligeros tintes surrealistas. Así se describe una vivienda en la página 72: “Era una casa prefabricada que habían instalado allí hacía un tiempo y que estaba totalmente fuera de lugar (…) Hacía años que no la pintaban y por alguna extraña razón una barbacoa oxidada presidía la casa desde lo alto del tejado”.
En la página 79 Louise visita al criador de caballos Jack White, y leemos lo siguiente:”El problema era que alguno de los caballos había empezado a andar hacia atrás”.

Y las páginas avanzan con fluidez, cada vez más implicado el lector en la descripción de estas vidas, sólo en apariencia monótonas y siempre un poco dislocadas de la realidad, donde el peso de las estaciones, del calor y sobre todo del frío, tanto pesa sobre el carácter de las personas. Una narración muy rica en matices, con una complicada e inteligente construcción, que crea hermosos momentos poéticos, y destapa el misterio que esconde cualquier vida.
“Las bengalas silbaron y emitieron una luz roja opaca. Joan se arrodilló y Tiny hizo lo mismo con los corderos a su vera. El resplandor rojizo cubrió toda la escena. Joan supo entonces que, sin importar cuánto tiempo viviera o cuándo Tiny y ella separaran sus caminos, nunca olvidaría aquel momento”. (pág. 381), y así, entre los enigmas insoldables de lo cotidiano continúa la vida.

Ahora sí que estoy de acuerdo con las solapas de los libros de 451 (cuyo nuevo diseño de portadas me gusta, por cierto, bastante más), cuando afirman que Tom Drury es uno de los grandes talentos ocultos de la narrativa norteamericana.

miércoles, 27 de enero de 2010

La región inmóvil, por Tom Drury


451 Editores. 203 páginas, edición de 2009. Texto de 2006.

Encontré este libro en un rastrillo benéfico durante el pasado diciembre, su precio era de dos euros. En los últimos años me he mentalizado de la necesidad de no acumular libros; es decir, no comprarlos a no ser que vaya a leerlos inmediatamente, aunque estén a un precio muy bajo y me parezcan interesantes.

Según la contraportada, un desconocido -para mí-, Tom Drury es “uno de los grandes talentos ocultos de la narrativa estadounidense, por fin traducido al castellano”, y los Angeles Time dice que el libro tiene algo de los hermanos Grimm y algo de los hermanos Cohen.
Quizás lo que me decidió a llevármelo fue el hecho de que dentro había una carta de la editorial, imagino que dirigida a algún medio de comunicación, donde se dice que el Chicago Tribune había elegido al libro como mejor libro del año. (El ejemplar no había sido leído.)
También tenía curiosidad por leer algo de 451 Editores, una editorial nueva que ha ocupado pronto un gran espacio de mercado y de la que aún no había leído ningún libro. El volumen tiene un diseño interesante y su calidad de edición es alta.

La región inmóvil nos presenta a Pierre Hunter, un joven de 24 años, que tras realizar una carrera universitaria de ciencias regresa a su pueblo en el medio oeste, en Driftless Area (la Región Inmóvil), donde ya han fallecido sus padres, para trabajar como camarero en un bar-restaurante. Asistimos a episodios de la vida de Pierre, contados desde fuera y con abundancia de diálogos. Pierre parece un joven solitario y descentrado. El día de fin de año se emborracha en una fiesta en la que no se encuentra cómodo, sale a tomar el aire y al regresar se equivoca de casa e irrumpe en una fiesta en la que nadie le conoce. Una vez invitado a marcharse insiste en realizar un truco con monedas, que finalmente ejecuta con éxito, lo que no impide que el dueño de la casa haya llamado a la policía, que sea denunciado por allanamiento de morada y que tenga que acudir a un juicio que le condenará a asistir a charlas antialcohólicas.
Durante la descripción de esta extraña nochevieja se marcan algunos de los nudos de la novela: la fuerza del azar y el destino, y también en el parque al que ha salido a tomar el aire Pierre charla con un anciano. Durante la mitad de la novela, narrada en tercera persona, el texto se apega al personaje de Pierre, salvo en una página en la que el anciano anterior sale de escena y visita una casa en una colina. Allí conversa con una chica, y el anciano le dice que el que esperaba ha llegado. Yo seguía avanzando con el libro y volvía a esta página, me resultaba enigmática, se me evadía su significado.
La chica anterior, Estelle, salva de morir a Pierre en el lago helado al que ha caído, y empezarán a relacionarse.
Durante las primeras 100 páginas de la novela, seguimos a Pierre bebiendo y entrando en la fiesta que no es, conversando con su jefe o compañeros del bar donde trabaja, hablando con su abogado, asistiendo a las charlas antialcohólicas, relacionándose con la enigmática Estelle… y gravitando sobre estas escenas la página en la que el anciano le ha dicho a Estelle que tenían que encontrar al que le había conducido a aquella situación, lo que de algún modo se insinúa que va a conseguir Pierre.
El relato fluye durante estas primeras 100 páginas, o 5 capítulos, pero quizás quedan algo imprecisas las intenciones del autor, los temas sobre los que se sustenta la narración. El personaje se perfila por sus conversaciones, le vemos errar, y quizás no conseguimos penetrar en su psicología. Drury, como suelen hacer los escritores norteamericanos, compone escenas en las que posa su mirada sobre objetos o situaciones secundarias curiosas y de las que se desprende una poética propia, pero sin llegar al grado de intensidad, o epifanía, de Charles Baxter, por ejemplo.

En las otras 100 páginas la vida de Pierre se mezcla por casualidad con un tipo turbio que ha cometido un asesinato. Por la mera fuerza del azar y el destino (como en una película de los Cohen, tal vez), le acaba quitando una bolsa con más de 70.000 dólares y el tipo intentará dar con él. En esta parte la novela se acerca más al género negro, y me ha recordado a No es país para viejos de Cormac McCarthy, en su rapidez de escenas y diálogos.
Pero no queda únicamente en el género negro el giro que toma la novela, sino que de forma inesperada se adentra en el género de fantasmas. Uno de los protagonistas (no diré cuál) es el realidad una persona fallecida que ha vuelto al mundo de los vivos en el cuerpo de una persona que quedó en coma, y este hecho entronca con la extraña escena del anciano que visita a la chica de la colina en la primera mitad del libro.

El libro se lee rápido, está escrito con agilidad, su lectura ha sido curiosa, me ha resultado una mezcla de muchas cosas. Quizás le haya perjudicado, para que me hubiese acabado de gustar más, que he leído no hace mucho a Eudora Welty, Alice Munro o a Charles Baxter, quienes consiguen más cotas de hondura siguiendo la tradición norteamericana; aunque en estos casos sus intenciones eran más realistas, más analíticas de las relaciones humanas, y Drury se haya arriesgado en un terreno más complicado, lo que siempre es destacable. Esta novela podría ser la base de una buena película de los Cohen, al estilo de Fargo o El hombre que nunca estuvo allí.