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domingo, 24 de mayo de 2020

Bajo este sol tremendo, por Carlos Busqued


Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued

Editorial Anagrama. 182 páginas. 1ª edición de 2009.

Hace unas semanas publiqué una reseña de Magnetizado, la segunda novela de Carlos Busqued (Roque Peña, Chaco, Argentina, 1970), publicada en 2018 en Anagrama. Magnetizado era una novela de no ficción, en la que Busqued entrevistaba a un famoso asesino en serie de la década de 1980 en Argentina. Ya comenté que me pareció que esta obra tenía algunas páginas realmente interesantes y que me quedaba con ganas de leer la primera novela de este autor. Hacía tiempo que me venía fijando en Bajo este sol tremendo, que se publicó en 2009, tras quedar entre las novelas finalistas del premio Herralde de 2008. Ese año ganó Casi nunca de Daniel Sada y quedó finalista Un lugar llamado Oreja de Perro de Iván Thays. Leí estas dos novelas. De las novelas que habían pasado a la deliberación final se llegaron a publicar tres: Temporada de caza para el león negro de Tryno Maldonado (que también leí), Asuntos propios de José Morella y Bajo este sol tremendo de Carlos Busqued. Si bien las dos últimas no las leí en su momento, sí que las hojeé varias veces y leí reseñas sobre ellas. Sabía que Bajo este sol tremendo estaba en la biblioteca de Móstoles y que, más tarde o más temprano, la acabaría leyendo. Ahora le llegó su momento.

La novela empieza con Javier Cetarti, un cuarentón indolente y solitario, viendo documentales sobre naturaleza en la televisión y fumando porros. Está a punto de recibir una llamada terrible: su madre y su hermano han sido asesinados por disparo de bala en el pequeño pueblo de Lapachito, en la provincia del Chaco. Cetarti debe viajar hasta allí para reconocer los cadáveres. En realidad, el primer párrafo de la novela es una descripción de la pesca de calamares que está emitiendo Discovery Channel. Este primer párrafo, copiado del audio del documental, y por tanto ajeno a la voz narrativa, introduce ya al lector en un mundo de extrañeza y violencia.
De hecho, en Bajo este sol tremendo los animales van a tener una carga simbólica cada vez mayor: o bien son animales de los que los protagonistas tienen noticia gracias a los documentales o bien aparecen en las escenas narradas. Los animales siempre sufren violencia en esta novela: desde el insecto que es pisoteado, hasta unos perros que serán golpeados y matados, hasta los peces de una pecera que morirán por falta de atenciones. La doble sensación de estar atrapados y sufrir violencia que Busqued confiere a los animales de su novela se irá constituyendo en el sustrato moral y corpóreo de este libro. Los personajes también van a estar atrapados y sufrir violencia.

Cetarti viaja desde Córdoba (Argentina) hasta Lapachito y allí se encontrará con Duarte, un militar retirado que se le presentará como el albacea de Daniel Molina. Molina es el hombre que convivía con la madre de Cetarti y que mató a la madre de Cetarti y a su hermano para posteriormente suicidarse. Desde el primer momento, Duarte es un hombre de aire siniestro, cuya afición –sabrá Cetarti– es ver pornografía violenta. Cetarti vomitará al ver los cadáveres, aunque las muertes de sus familiares no parecerá afectarle demasiado a nivel emocional. Es más, le empezará a ilusionar la insinuación de Duarte de que pueden cobrar un seguro por sus muertes.

La descripción de Lapachito es desoladora: los árboles han muerto y las calles están embarradas, sin haber llovido. Los pozos sépticos de la ciudad se han roto y los desechos de las cañerías anegan las calles. Cetarti está en paro y se trasladará a la casa que tenía su hermano alquilada en un barrio humilde de Córdoba. La descripción del interior de la casa, con montañas de papeles y basura llenándolo todo, y del barrio tampoco son muy halagüeñas: todo parece ser feo, sucio, violento y corrupto en esta novela.

Además de Cetarti y Duarte aparecerá un tercer personaje principal: Danielito, el hijo del asesino Daniel Molina. Duarte y Danielito tienen una estrecha relación entre ellos, que según avanza la novela se irá tornando más oscura.

Si bien al principio el protagonista principal era Cetarti y el narrador, a través de cortos capítulos, le seguía a él, al acercarnos a la mitad los capítulos se van alternando entre los que describen lo que hace Cetarti y los que hablan de Danielito y Duarte. Quizás hacia la mitad del libro los capítulos que hacen avanzar la trama de un modo más claro son los de Danielito y Duarte. Los que hablan de Cetarti parecen algo más morosos, algo más fuera de una lógica narrativa clara. Por pura lógica narrativa, el lector intuye que los destinos de Cetarti (en Córdoba) y de Danielito y Duarte (en Lapachito) han de volver a encontrarse en el tramo final de la novela, como así será.

Nuestros tres personajes principales son adictos a los porros: esto puede explicar el aire errático y nebuloso de sus pensamientos y acciones. «Duarte le siguió hablando. Cetarti lo escuchaba como si la voz le llegara de un lugar muy lejano. De tanto en tanto incluso se escuchaba responderle» (págs. 163-164).

En el prólogo del libro de cuentos La hora de los monos de Federico Falco (Salto de página, 2014), el escritor y crítico Antonio Jiménez Morato habla de un grupo de narradores jóvenes del interior de Argentina, afincados en Córdoba. Apunta que estos escritores han roto con los convencionalismos del realismo y se han abierto a nuevos espacios de lo fantástico, un «espacio fantástico» sutil que no tiene nada que ver con la exuberancia del «realismo mágico» de Gabriel García Márquez, por ejemplo. En esta nueva corriente del cuento «neofantástico» argentino, Jiménez Morato sitúa a escritores con Federico Falco o Carlos Busqued. En La hora de los monos, Falco escribe un cuento sobre un circo que deja abandonado a un elefante en un pueblo. El lector puede imaginar esas escenas, pero la naturalidad con la que los habitantes del pueblo asumen la presencia del elefante no acaba de ser realista. En Bajo este sol tremendo también hay un elefante abandonado en un pueblo, un elefante que a estas alturas ya parece una broma privada entre escritores cordobeses que se quieren saltar las normas del realismo. Además, en Bajo este sol tremendo los personajes también hablan sobre un documental de animales en el que unos elefantes maltratados de la India llaman con la trompa a las puertas de las casas y cuando les abren matan a golpes a las personas. Un documental que no parece tampoco muy realista.

La prosa de Bajo este sol tremendo es concisa, escueta, algo gélida. Describe lo sórdido y lo oscuro del mundo (representado por la vida animal) de un modo muy vívido. Los personajes parecen anestesiados, o bien por la droga o por el propio peso de su distanciamiento del mundo y su zozobra. Teniendo en cuenta las imágenes simbólicas de animales que jalonan el libro, el homenaje final a Julio Cortázar con un hombre y un ajolote que parecen intercambiar sus papeles me ha parecido bastante bueno.
Después de leer Magnetizado y Bajo este sol tremendo siento que Carlos Busqued, ingeniero de profesión y nacido en un pueblo del interior de Argentina, se ha convertido en uno de esos autores escondidos, casi secretos y poco prolíficos a los que merece la pena seguir la pista.

domingo, 22 de marzo de 2020

Magnetizado, por Carlos Busqued


Magnetizado, de Carlos Busqued

Editorial Anagrama. 147 páginas. 1ª edición de 2018.

En 2008, Carlos Busqued (Presidencia Roque Sáenz Pena, Argentina, 1970) quedó finalista del premio Herralde con una novela titulada Bajo este sol tremendo. Es una novela de la que he leído muy buenos comentarios y que siempre ha estado en mi lista de posibles lecturas. La he hojeado más de una vez en la biblioteca de Móstoles.

En 2018, toda una década después, se publicó su segunda novela, también en Anagrama. En el colegio en el que trabajo el día del libro se tiene la costumbre de hacer un amigo invisible de libros en cada clase, donde también participa el tutor del grupo. Yo suele dirigir mucho mis deseos para no encontrarme luego con libros que no voy a leer. De este modo, llegó a mis manos Magnetizado (he de pedir un libro que sea fácil de encontrar para mi amigo invisible y me fijo entonces en las novedades).
Con mi desbarajuste habitual de libros por leer, me he acercado a Magnetizado a finales de 2019.

En septiembre de 1982, no mucho después de la guerra de las Malvinas, en unas pocas calles de Buenos Aires aparecen tres taxistas asesinados en sus vehículos. El autor de los crímenes resultará ser Ricardo Melogno, un joven de veinte años, al que denuncia su propia familia. Al final, los asesinados por Melogno, en un corto periodo de tiempo resultarán ser cuatro taxistas, porque había cometido otro asesinato previo, que la policía no había vinculado aún a los otros tres.

Carlos Busqued acude al psiquiátrico en el que está encerrado Melogno y graba más de noventa horas de entrevistas con él, entre noviembre de 2014 y diciembre de 2015. En una nota, le cuenta al lector que ha editado los textos, pero tratando de respetar las palabras de Melogno.
La novela empieza directamente con una de estas entrevistas. Cuando Busqued pregunta cambia el tipo de letra. En más de un caso, las palabras del escritor se eliminan y sólo transcribe las respuestas de Melogno. Además de estas entrevistas, en el libro también nos encontraremos con unas fotos de recortes de prensa de 1982, una entrevista con una psiquiatra que ha seguido el caso de Melogno y con dos breves capítulos escritos por Busqued: en uno describe –con un estilo escueto, periodístico– el caso criminal, tal y como sucedió en 1982, y ya hacia el final, en otro capítulo breve, describe, desde la ficción (pero respetando las declaraciones del asesino), la escena de un crimen.
La historia personal de Ricardo Melogno es tremenda: un chico retraído, que prefiere quedarse ensimismado en su mundo, imaginándose, por ejemplo, como un héroe de series de televisión –se cita Shogun–, que relacionarse con los demás. Vive con su madre, que no le aporta ningún gesto de cariño, sino palizas. La madre, además, acude a un templo donde se practican ritos espiritistas y el niño Melogno crecerá con miedo a presencias invisibles, de las que se protege durmiendo con un cuchillo bajo la cama.
El servicio militar parece ordenarle la mente, además de alejarle de su madre. No participa como soldado en la guerra de las Malvinas porque durante este tiempo estuvo detenido por encubridor (no había denunciado unos robos que sabía que se estaban cometiendo en su cuartel).
Al dejar de ser militar, después de dos años, regresa a su casa y su padre le monta un quiosco, para que se gane la vida. Además le da una pistola para que pueda proteger su negocio. Y Melogno empieza a desconectarse de la realidad; pasea por la ciudad, no vuelve a la casa familiar a dormir, entra en sesiones continuas de cine y permanece allí seis horas, camina por la ciudad… mejor de noche, para estar más tranquilo, y en todos estos paseos lleva una carterita con la pistola dentro. En algún momento toma taxis y algo en su interior le indica que ese taxista y no otro es el que debe morir.
«Un caso raro de crimen sin resolver. El asesino está preso, están claros el dónde, el cuándo, el cómo, el quién, pero falta el porqué.», le dice Busqued a la psiquiatra en la página 133.
Y aquí está una de las claves del libro. Me ha impresionado esta declaración de Melogno: «El problema central, mi gran problema a nivel judicial, es la falta de motivo para mis hechos. Si yo hubiera dicho que maté para robar, estaría en libertad hace quince años. O que lo hice por placer. Habría una lógica. Pero no recuerdo ninguna causa o detonante. No hubo ningún antecedente previo.» (pág. 120)

Ricardo Melogno lleva treinta cuatro años encerrado, en cárceles y centros psiquiátricos, cuando le entrevista Busqued. Es un preso veterano al que los otros reclusos tienen respeto y piden consejo como intermediario en conflictos. Su discurso es coherente, no parece realmente un loco. Es escalofriante el retrato que hace de las cárceles y centros psiquiátricos argentinos, una historia de terror en sí misma.
Los expertos no se ponen de acuerdo en el diagnóstico mental de Melogno, ¿es un psicópata, un autista, un paranoico, un esquizofrénico? Ninguno se atreve a firmar un papel que diga que ya no es un enfermo mental y que el riesgo de que vuelva a asesinar ha desaparecido, así que permanece encerrado. ¿Era responsable de sus actos o no? Depende de la institución que trate su caso. Me ha resultado muy interesante el tema psiquiátrico y judicial. Es sorprendente observar cómo en la mente humana pueden darse trastornos o problemas que los expertos no pueden catalogar. En algún momento, se dice que los asesinatos en realidad «curaron» a Melogno de su trastorno y, desde entonces, es un hombre tranquilo que no volvería a matar. Todo resulta inquietante, y cuando el preso cuenta los detalles miserables de su infancia y su vida en la cárcel es difícil no sentir empatía hacia él.

En A sangre fría, Truman Capote investiga un caso de «crimen real» y él decide no aparecer en la novela, aunque su presencia acabó cambiando parte de los hechos. En El adversario, Emmanuel Carrèrre también investiga un crimen real y le explica al lector por qué le interesa el tema y cómo va avanzando en su trabajo. En Magnetizado, Carlos Busqued ha elegido una opción intermedia. En las entrevistas que le hace a Melogno aparecen sus preguntas y, por tanto, él está presente en el texto; pero en ningún momento le cuenta al lector por qué le interesa Melogno o por qué decide escribir este libro. Busqued no opina, sólo muestra a su asesino. De este modo, su libro se parece más a una investigación periodística que a una novela. He leído Magnetizado con un creciente interés, el testimonio vital de Melogno es tremendo y en todo momento quería saber más cosas sobre él; así que como narración ha funcionado para mí perfectamente. Pero también considero que me hubiera gustado leer un libro más largo, en el que Busqued se mostrara más. Imagino que los asesinatos de los taxistas tuvieron que impresionarle cuando viera las noticias con once o doce años, y que esa historia seguiría en su cabeza, hasta que década después deseó escribir sobre ello y conocer al asesino real. Me hubiera gustado saber qué opina Busqued de Melogno, cómo evoluciona la relación con él después de más de un año de entrevistas, cómo le afecta este trabajo. Por ahora me voy a conformar con acercarme a su otra novela, Bajo este sol tremendo, que me está llamando.