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domingo, 4 de diciembre de 2022

El acontemiento, No he salido de mi noche y Memoria de chica, por Annie Ernaux

 


El acontecimiento, No he salido de mi noche y Memoria de chica de Annie Ernaux

Editorial Tusquets. 119, 117 y 198 páginas. 1ª edición de 2000, 1997 y 2016.

Traducción de Mercedes y Berta Corral, y Lydia Vázquez Jiménez

 

Ya he contado que, cuando el 8 de octubre de 2022, se anunció que la nueva premio Nobel de Literatura era Annie Arnaux (Normandía, Francia, 1940) acudí a la biblioteca pública de Hermanos García Noblejas y saqué los cinco libros suyos que allí tenían. Decidí comentar conjuntamente los dos más antiguos, que eran El lugar (1983) y Una mujer (1987), porque los publicó seguidos y uno hablaba sobre la vida de su padre y el otro de la de su madre, así que formaban un díptico muy interesante.

En esta reseña me dispongo a comentar los tres restantes, que son El acontecimiento (2000), No he salido de mi noche (1997) y Memoria de chica (2016). La idea era haberlos leído en orden cronológico, pero lo cierto es que es que me equivoqué y leí antes El acontecimiento que No he salido de mi noche.

 

En El acontecimiento Ernaux nos habla de un embarazo no deseado que tuvo en 1963 y de un aborto clandestino al que se sometió a principios de 1964, cuanto contaba con veintitrés años y aún era estudiante. Entre la página 19 y la 20, la autora afirma: «En todo lo relacionado con el amor y el goce no me parecía que mi cuerpo fuera intrínsecamente diferente al de los hombres.» Desde el año 2000, o quizás un poco antes, pues el 2000 es el año de publicación de la novela y posiblemente la escribió antes, pero, en cualquier caso, con una edad ya cercana a los sesenta años, Ernaux trata de analizar cómo era a los veintitrés y cómo era la sociedad en la que vivía. En las novelas de Ernaux la experiencia individual siempre se analiza en relación a la experiencia colectiva de una época de Francia, y a una diferencia de clases entre una familia de tenderos de un pueblo, de la que ella procedía, y otra gente más adinerada.

«La semana después, Kennedy moría asesinado en Dallas. Pero este tipo de cosas ya no podía interesarme.», nos dice en la página 21, quizás los acontecimientos de Estados Unidos le quedaban en el momento de recibir la noticia de su embarazo no deseado a Ernaux lejos, pero no así los franceses.

 

Como en las otras novelas, las reflexiones metaliterarias son frecuentes: «Hace una semana que comencé este relato sin tener la certeza de que fuera a continuarlo.» (pág. 22)

Cuando Ernaux sabe que está embarazada el contexto social le indica que puede convertirse en madre soltera, en el modelo del que venía huyendo al haber accedido a la universidad, proviniendo de una familia de obreros y tenderos. «Ni la reválida ni la licenciatura en letras habían conseguido alejar la fatalidad de una pobreza heredada cuyos emblemas eran el padre alcohólico y la madre soltera. No había podido librarme de ellos, y lo que estaba creciendo dentro de mí era, en cierto sentido, el fracaso social.» (pág. 31)

 

«Sor Sonrisa forma parte de esas mujeres a las que nunca conocí y con las que, vivas o muertas, reales o ficticias, y a pesar de todas las diferencias, siento que tengo algo en común. Son artistas, escritoras, heroínas y mujeres de mi infancia que componen una cadena invisible dentro de mí. Tengo la impresión de que mi historia es la de ellas.» (pág. 41). El acontecimiento me parece la novela más feministas de las tres de Arnaux que llevo leídas hasta ahora. Otro párrafo sobre este asunto, y además sobre la pertinencia de hablar sobre ciertos temas, que me ha gustado es éste: «Es posible que un relato como este provoque irritación o repulsión, o que sea tachado de mal gusto. El hecho de haber vivido algo, sea lo que sea, otorga el derecho imprescriptible de escribir sobre ello. No existe una verdad inferior. Y si no cuento esta experiencia hasta el final, contribuiré a oscurecer la realidad de las mujeres y me pondré del lado de la dominación masculina del mundo.» (pág. 54) Las figuras masculinas del drama están representadas por el novio, que parece dar apoyo moral a Annie, pero poco compromiso, y los médicos, que pueden darle consejos, pero no ofrecerle ayuda real, porque esto pondría en juego sus licencias y su futuro laboral. Con las mujeres la autora sí establece una relación de ayuda y solidaridad, aunque no se retrata como a una figura positiva a la abortera, que ejerce un pequeño poder sobre las mujeres indefensas.

«Ver con la imaginación o volver a ver por medio de la memoria es el patrimonio de la escritura.» (pág. 59)

 

Más reflexiones metaliterarias: «Siempre que escribo me planteo la cuestión de las pruebas: aparte del diario y de la agenda que escribía en aquella época, no dispongo de ninguna otra certeza en lo que se refiere a mis sentimientos y a mis pensamientos de entonces, debido a la inmaterialidad y a la evanescencia de todo aquello que atraviesa mi mente.» (pág. 69)

 

Son varias las reflexiones que aparecen aquí sobre la legitimidad del aborto por parte de las mujeres, como la que aparece en la página 44: «Se juzgaba con relación a la ley, no se juzgaba la ley.», y muestra de una forma muy clara cuál es su opinión sobre este asunto, en el párrafo final del libro, que muestro aquí porque, al ser esta, en gran medida, una novela llena de reflexiones, no existe la posibilidad del destripe o el tan temido spoiler: «Me he quitado de encima la única culpabilidad que he sentido en mi vida a propósito de este acontecimiento: el haberlo vivido y no haber hecho nada con él. Como si hubiera recibido un don y lo hubiera dilapidado. Porque por encima de todas las razones sociales y psicológicas que pueda encontrar a lo que viví, hay una de la cual estoy totalmente segura: esas cosas me ocurrieron para que diera cuenta de ellas. Y quizás el verdadero objetivo de mi vida sea este: que mi cuerpo, mis sensaciones y mis pensamientos se conviertan en escritura, es decir en algo inteligible y general, y que mi existencia pase a disolverse completamente en la cabeza y en la vida de los otros.» (pág. 114-115)

 

Me ha gustado más El acontecimiento que El lugar y Una mujer, porque estas dos últimas novelas hablaban de la vida de unas personas desde un plano muy global, analizando en un escaso centenar de páginas toda una vida, y El acontecimiento Ernaux se centra en una experiencia de unos pocos meses. De este modo, se consiguen páginas más cercanas para el lector y de una gran intensidad y emoción. También me han gustado mucho las reflexiones metaliterarias, sociales y feministas.

 

Después empecé con No he salido de mi noche, que se publicó en 1997, y que guarda gran relación temática con Una mujer, de 1987. En Una mujer, Ernaux reconstruía la vida de su madre, a partir de haber recibido la noticia de su muerte, se traslada a principios del siglo XX, a la región francesa de Normandía, para explicarnos cómo era esa chica que crece en una familia obrera de pueblo, y que luego se va a casar con su padre. En las apenas 100 páginas de Una mujer, el ritmo narrativo es acelerado, y hacia el final de la vida de la madre, se nos cuenta que se la hubo de ingresar en una residencia de ancianos. La madre de Ernaux sufrió Alzheimer y cada vez resultaba más difícil que pudiera convivir en la casa familiar. En Una mujer nos encontramos con algunas páginas donde se habla de la vida de la madre en la residencia y de su pérdida paulatina de conciencia. En No he salido de mi noche, Ernaux expande estas páginas y nos habla, en otras 100 páginas, del proceso de degeneración que sufrió su madre, durante sus últimos años de vida, como consecuencia de la enfermedad del Alzheimer.

No he salido de mi noche empieza así: «Mi madre empezó con pérdidas de memoria y comportamientos extraños dos años después de sufrir un accidente de circulación grave ‒se la llevó por delante un coche que se saltó un semáforo en rojo‒ del que se había recuperado perfectamente.». Este accidente estaba relatado en Una mujer.

 


En la página 14 leemos: «Quizá deseaba dejar de mi madre, y de mi relación con ella, una sola imagen, una sola verdad, la que intente alcanzar en Una mujer. Creo ahora que la unicidad, la coherencia en la que desemboca una obra ‒sea cual sea, por otra parte, la voluntad de tener en cuenta los datos más contradictorios‒ debe ponerse en peligro cuantas veces sea posible. Al hacer públicas estas páginas se me presenta la ocasión. Las revelo tal y como fueron escritas, fruto del estupor y el trastorno que entonces sentía yo. No he querido modificar nada al transcribir aquellos momentos en que me quedaba junto a ella, fuera del tiempo.»

 

Así que No he salido de mi noche, después de la introducción inicial, done Arnaux da cuenta de sus intenciones narrativas, principalmente es un diario de notas que la autora tomaba sobre lo que se encontraba, y sus reflexiones, cuando iba a visitar a su madre a la residencia. A veces se filtrar en la narración recuerdos que ya han aparecido en otros libros: «He pensado en la gata que murió cuando tenía yo quince años, se orinó en mi almohada antes de morir. Y en la sangre, en los humores que perdí antes de abortar, hace veinte años.» (pág. 24). Estas dos imágenes pertenecen a la novela El acontecimiento.

 

Al tratarse de entradas de un diario, las anotaciones van precedidas de una fecha.

Destaco alguna entrada: «Satisfacción profunda por ir a ver hoy a mi madre como si fuera a descubrir una gran verdad que me atañe. Cegadora: ella es mi vejez, y siento en mí la amenaza de la degradación de su cuerpo, sus pliegues en las piernas, su cuello arrugado desvelado por el corte de pelo que acaban de hacerle.» (pág. 40)

 

Son muchas las entradas del diario que inciden en elementos desagradables y escatológicos: vómitos, excrementos o micciones en las habitaciones de la residencia, su olor, su presencia… de su propia madre, de su compañera de cuarto o de alguna otra persona que pasó por allí en ese momento.

 

«Acabo de verla, yo todavía soy joven, aún tengo historias de amor. Dentro de diez o quince años, seguiré viviendo y entonces ya seré vieja yo también.» (pág. 41)

 

Es cierto que No he salido de mi noche (parte de una frase que escribe la madre a un familiar) contiene algunas páginas dolorosas y estremecedoras, pero, dentro del conjunto de cinco libro de Annie Arnaux que he leído, ha sido la novela que me ha gustado menos. En los otros libros el análisis y la reflexión sobre lo contado, elevaban los propios acontecimientos que sirven de material narrativo, y aquí la muestra de estos acontecimientos es demasiado directa, sin pasar por el filtro del ese «análisis y reflexión» del que hablaba.

 

Tras No he salido de mi noche (1997) me acerco a Memoria de chica (2016), que con sus casi 200 páginas es la novela más larga de Annie Arnaux que he leído. La escribe durante 2014, el año en el que la autora ha de cumplir setenta y cuatro años, y reflexiona sobre la chica que era ella en el verano de 1958, cuando iba a cumplir dieciocho. Para llevar a cabo esta tarea se sirve de un juego literario curioso: escindirse a sí misma en dos personas. La narradora de Memoria de chica tiene setenta y cuatro años y, lógicamente, habla de sí misma en primera persona, pero cuando habla de sus recuerdos de 1958 se refiere a sí misma como la «chica de 1958» y habla en tercera persona al hablar de sus recuerdos. Es decir, la Arnaux actual, la de 2014, piensa que ya no es esa chica de 1958, pero que no hay nadie más cualificado que ella para tratar de entenderla y darle un sentido social o particular a sus recuerdos. Así que la Annie de 2014 mira a esa «chica de 1958» que no es ya ella y tratará de entenderla.

 

En la página 18 leemos: «Yo también he querido olvidar a aquella chica. Olvidarla de verdad, es decir no querer escribir más sobre ella. No pensar más que debo escribir sobre ella, sobre su deseo, su locura, su estupidez y su orgullo, su hambre y su sangre cortada. No lo he conseguido.» También en este libro, como en los anteriores, el lector se enfrentará a reflexiones metaliterarias: «Nunca llegué más allá de unas cuantas páginas, salvo una vez, un año en que coincidía exactamente el calendario con el del año 1958. (…) Muy pronto empecé a retrasarme en mi escritura, a causa de las incesantes ramificaciones que el flujo de imágenes, de palabras, hacía proliferar.» (pág. 18-19)

 

La chica que en 1958 va a cumplir dieciocho años va a trabajar como monitoria de campamentos para niños durante el verano. Ha puesto muchas expectativas en esta salida de casa y su aspiración principal es la de «vivir un romance». Así pronto tendrá una experiencia sexual con alguien que en ese momento le parece un adulto, el jefe de los monitores, un chico de veintidós años, que ya está trabajando como profesor de educación física en un colegio. Él y ella bailan en una fiesta y pronto él la lleva a su habitación. «Ella está haciendo todo lo que le pide.» (pág. 54), «Él, solo él es el amo.» (pág. 55). La escena del encuentro sexual (ella es virgen) está descrito de un modo brutal, antirromántico, y desde el punto de vista actual podría considerarse como una violación. Aunque la propia narradora nos dice que ella nunca ha podido considerarlo así, porque ella deseaba estar con aquel chico ‒al que llama H‒ y no tenía la experiencia suficiente como para juzgar si las maneras del hombre eran las adecuadas o no. En realidad el monitor jefe tiene una novia oficial, y en el campamento se acuesta con la ingenua Annie, pero también con otra monitora rubia, algo más mayor que ella. Annie se liará con algún otro chico y, enseguida, cogerá fama de «fácil», lo que va a hacer que se convierta en blanco de las burlas de los otros monitores y monitoras, todos más mayores que ella.

 


«A medida que voy avanzando, la suerte de sencillez anterior del relato ubicado en mi memoria desaparece. Ir hasta el final de 1958 significa aceptar la pulverización de las interpretaciones acumuladas a lo largo de los años. No pulir nada. No construyo un personaje de ficción. Deconstruyo la chica que fui.» (pág. 71)

 

«¿Debo escribir que, diez años antes de la revolución de Mayo, yo era sublime de puro intrépida, una vanguardista de la libertad sexual, un avatar de Bardot en y Dios creó a la mujer ‒que yo no había visto‒ y adoptar en consecuencia un tono jubiloso, ese que anima la carta que tengo ante mis ojos, enviada a Marie-Claude a finales de agosto del 58?» (pág. 72)

 

Y a pesar de las burlas que recibe, la chica del 58 quiere seguir formando parte de ese grupo de monitores con los que se siente libre.

 

Ya he dicho que Memoria de chica tiene el doble de páginas que los otros libros de Ernaux que he leído. Y en realidad parece que está formado por dos partes que podrían haber sido casi libros independientes. En la primera parte se narra este verano del 58 y esas experiencias sexuales, y cómo son juzgadas desde la moral de 58. Y en la segunda parte se habla del año siguiente, del 59, cuando Annie ha roto el contacto con H. pero sigue enamorada de él y sueña con volver a encontrárselo en las calles de Rouen, donde estudia, o al año siguiente en el campamento si es admitida de nuevo como monitoria. Y la Annie de ese año empieza a culpabilizarse de no haber podido conquistar a H, y a tener problemas de bulimia y autoestima. Me parecen interesantes las reflexiones sobre la elección universitaria hacia magisterio, porque la considera una aspiración más acorde con su familia y la clase social a la que pertenece. Aunque luego (aunque no estoy seguro del todo de esto) acaba cambiándose a una licenciatura en letras.

 

Me gusta esta reflexión: «No poder situar la anterioridad de un recuerdo con respecto a otro impide establecer una relación de causa efecto entre ambos: no sé si recibí aquella carta antes o después de haber leído, aquel mismo mes de abril de 1959, El segundo sexo de Simone de Beauvoir que me prestó Marie-Claude.» (pág. 141). Esta lectura de Simone de Beauvoir será importante para que la «chica de 1958» pueda tomar conciencia de qué ha representado para H, su enamorado, y para los otros chicos del campamento, y pueda empezar a tener un posicionamiento político más adulto, y darse cuenta de que había sido «un objeto sexual», en palabras de Beauvoir.

También me gusta esta reflexión metaliteraria sobre las novelas de autoficción: «Al empezar a escribir sobre ella, por una artimaña inconsciente, he dejado todo el rato en suspenso la cuestión de mi derecho a desvelarla. De alguna manera he bloqueado mis escrúpulos con el fin de llegar a un punto ‒actual‒ en el que sé que es imposible quitar ‒sacrificar‒ todo lo que he escrito acerca de ella. Esto vale para lo que he escrito sobre mí. En ello radica precisamente la diferencia con un relato de ficción.» (pág. 184).

 

En resumen, me ha parecido que Memoria de chica es el libro con más matices y más interesante de los cinco que le leído de Annie Arnaux. Le seguirían El acontecimiento, El lugar, Una mujer y, por último, No he salido de mi noche, en el que me parece que hay poca distancia entre el material literario y su tratamiento.

Como reflexión final sobre el tema de los premios Nobel: no sé si existiría algún otro escritor o escritora que se lo pudiera merecer más, y no sé si esto es fácilmente medible. En cualquier caso, la concesión del premio Nobel me ha hecho acercarme a una escritora cuya propuesta de análisis autobiográfico me ha parecido muy interesante. He disfrutado de estos libros de Annie Arnaux.

domingo, 13 de noviembre de 2022

El lugar y Una mujer de Annie Ernaux


El lugar
y Una mujer, de Annie Ernaux

Editorial Tusquets y Cabaret Voltaire. 101 y 108 páginas. 1ª edición de 1983 y 1987.

Traducción de Nahir Gutiérrez y Lydia Vázquez Jiménez

 

En 2021, cuando se anunció que el nuevo premio Nobel de literatura era el tanzano Abdulzarak Gurnah, me quedé tan sorprendido como imagino que le ocurrió a la mayoría de las personas del mundo hispano, puesto que casi todos desconocíamos el nombre de este autor. Cuando el 8 de octubre de 2022 se anunció que el premio Nobel era para Annie Ernaux (Normandía, Francia, 1940) sí sabía, esta vez, quién era, pero no había leído ninguno de sus libros. Sabía que estaba incluida en la corriente literaria de la autoficción y que muchas mujeres escritoras, a las que sigo en las redes sociales, la ensalzaban como un icono del feminismo. Me pareció una buena idea pasarme por la biblioteca de Pueblo Nuevo al salir del trabajo, la tarde de ese 8 de octubre, para ver qué libros tenían de Arnaux. Encontré cinco, y los saqué todos. Eran El lugar (1983), Una mujer (1987), El acontecimiento (2000), No he salido de mi noche (2016) y Memoria de chica (2016).

 

Decidí leerlos en orden cronológico. Así que empecé con El lugar. La novela empieza contando un hecho en apariencia trivial: la narradora se está enfrentando a sus exámenes prácticos de aptitud pedagógica para convertirse en profesora de instituto.

«Mi padre murió exactamente dos meses después», leemos en la segunda página, tras narrar la escena anterior. A partir de aquí, la escritora va a mostrarnos el entierro del padre, y desde ahí viajará al pasado para reconstruir su vida, desde que él era un niño, desde antes de tener impresiones propias sobre él.

Desde las primeras páginas de este primer libro, el lector tiene la impresión de que en la narración de Ernaux no existe distancia entre narradora y autora. No sé si Ernaux se inventará algo, pero el lector lee sus libros como si, en todo momento, hablara de distintas facetas de su vida y de la de sus familiares.

Los padres regentaban un café en un pueblo de la región de Normandía, de donde es originaria la familia. Las personas de buen nombre del barrio no fueron al entierro del padre, nos dice en la página 17. El tema de las clases sociales y sus implicaciones (cuando escribo esta reseña ya llevo leídos cuatro de los cinco libros de la biblioteca) es determinante en la obra de Ernaux.

 

«Quería hablar, escribir sobre mi padre, su vida, y esa distancia que surgió durante mi adolescencia entre él y yo. Una distancia de clase, pero especial, sin nombre. Como el amor dividido.» (pág. 20) Por lo que he leído sobre Ernaux sobre este tema de la distancia de clase que surgió entre sus padres y ella, cuando se convirtió en estudiante universitaria, versaba su primera novela, titulada Los armarios vacíos (1974). Es normal en la obra de Arnaux que se repitan escenas de un libro a otro, pero que en cada uno se centre en un tema concreto, en una de las partes de su vida.

Como vemos, a través del párrafo que he señalado más arriba, también es normal encontrarnos en sus novelas anotaciones metaliterarias, en las que la autora reflexiona sobre el propio impulso de la escritura. «Poco después me doy cuenta de que la novela es imposible. Para contar una vida sometida a la necesidad no tengo derecho a tomar, de entrada, partido por el arte, ni a intentar hacer algo “apasionante”, “conmovedor”. Reuniré las palabras, los gestos, los gustos de mi padre, los hechos importantes en su vida, todas las señales objetivas de una existencia que yo también compartí.» (pág. 20)

 

«Al escribir se estrecha el camino entre dignificar un modo de vida considerado inferior y denunciar la alienación que conlleva.», esta frase de la página 48 bien podría tomarse como el lema, o la intención narrativa, de este libro o de toda la obra de la autora.

En El lugar la escritora dice que la familia vivía en Normandía, en el pueblo de «Y.» y, en otras novelas, esta sigla nos muestra a Yvetot.

 

«Escribo, quizá porque no teníamos ya nada que decirnos.» (pág. 74). El padre se queda fascinando cuando ve a su hija hablando en inglés con unos turistas. Le parece increíble que haya podido hablar un idioma sin haber viajado al país en el que se habla. La cultura de la que se va a apropiando Annie Ernaux va creando una diferencia de clase entre su padre y ella. Su padre empezó de niño trabajando en una granja, a principios del siglo XX, (nació en 1899) y de ahí pasó al entorno de las fábricas, hasta que pudo convertirse en tendero (el café que regentaba también era una tienda).

 

El estilo de Ernaux es descarnado, y aparentemente sencillo, pero esta «sencillez» no implica simpleza, sino un deseo escarbar en la esencia de lo que quiere contar hasta dejarlo en el hueso narrativo. Las novelas de Ernaux son cortas, apenas llegan a las cien páginas de letra grande. Se leen en un rato. Me llama la atención que casi nunca se detiene a contar anécdotas concretas, sino que levanta acta notarial de acontecimientos del pasado sin tratar de ser, como ella misma afirmaba en una cita que he recogido más arriba, “apasionante” o “conmovedora”. Pero esto no implica que no acabe siendo “conmovedor” lo que cuenta, porque las escenas que dibuja sí tienen fuerza y poesía. 


 

Tengo la impresión de que sus libros ganan al leer varios de ellos seguidos. Así que justo al acabar El lugar empiezo con Una mujer (1987), publicado cuatro años después de El lugar. Son la cuarta y la quinta novela de la autora. Enseguida compruebo que Una mujer tiene la misma estructura que El lugar: empieza hablando de la muerte de la madre, de ahí nos narra el entierro y, luego, pasa a la reconstrucción de su vida. Este planteamiento inicial me atrae. Me gusta la idea de que la autora me hable de la figura de su padre y luego de la de su madre.

Nos encontramos con la misma voz narrativa sin fisuras entre las dos obras, y aquí se acrecienta mi sensación de encontrarme ante una narrativa puramente autobiográfica. Lógicamente, algunos de los datos o acontecimientos narrados van a ser los mismos, pero Ernaux consigue evitar las confluencias, evitar contar lo mismo dos veces, y cuando algún dato coincide (traslado de un pueblo a otro, por ejemplo) cuenta anécdotas diferentes o pone el foco de su narración en aspectos diferentes.

 

A diferencia del padre, cuya muerte es más repentina, fruto de un infarto en 1967, a la edad de 68 años, la madre ‒siete años menor que el padre‒ va a sufrir un periodo de degeneración física, con enfermedad de Alzheimer, y morirá en una residencia, tras un periodo de desorientación, en el que ya no reconoce a su hija o a sus nietos. Ahora la ciudad de «Y.» de El lugar pasa a ser Yvetot.

En la página 22 leemos: «Mañana hará tres semanas que tuvo lugar la inhumación. Solo anteayer conseguí sobreponerme al terror de escribir en lo alto de una hoja en blanco, como un principio de libro, no de carta a alguien, “mi madre murió el lunes 7 de abril”.», así que de nuevo tenemos aquí reflexiones metaliterarias, en las que la narradora nos habla de cómo surgió el primer impulso para escribir el libro que en el lector tiene en las manos.

«Voy a seguir escribiendo sobre mi madre. Es la única mujer realmente importante en mi vida y estaba demente desde hacía dos años. Quizás haría mejor en esperar a que su enfermedad y su muerte se fundan en el curso pasado de mi vida, como ha sucedido con otros acontecimientos, con la muerte de mi padre y la separación de mi marido, para tener esa distancia que facilita el análisis de los recuerdos. Pero en este momento no soy capaz de hacer otra cosa.» (pág. 23)

«Lo que espero escribir de manera más justa se sitúa sin duda en la intersección de lo familiar y lo social, del mito y la historia.», leemos en la página 24, y puede, de nuevo, ser tomada esta frase como un lema de las intenciones narrativas de la autora. En la solapa de su novela El acontecimiento se recoge una cita del también escritor francés Emmanuel Carrère: «Admiro la manera de narrar que Ernaux ha inventado, mezclando autobiografía, historia y sociología.» Creo que Carrère capta la esencia de la novelística de Ernaux bastante bien. La autora no se limita a indagar en su pasado para extraer de él un significado personal que, quizás, se convierta en universal, sino que también analiza el entorno en el que han crecido los personajes, en este caso sus padres, que quiere retratar.

 

Al igual que en El lugar, en Una mujer, Ernaux también recoge expresiones hechas que usaban sus padres, y que pertenecen al habla colectiva de la región de Normandía de la que proceden, y esto marca una distancia con el lenguaje culto francés. En la primera novela estas frases estaban señaladas con letra bastardilla y en la segunda mediante comillas.

Además del tema social de Un lugar, se une aquí el análisis del machismo de la época. En la página 34 leemos: «Pero en una época y en una ciudad pequeña donde lo esencial de la vida social consistía en saber lo más posible sobre la gente, donde se ejercía una vigilancia constante y natural sobre la conducta de las mujeres, no había otra alternativa que verse atrapada entre el deseo de “aprovechar cuando eres joven” y la obsesión de que “te señalen con el dedo”. Mi madre se esforzó por adecuarse lo más posible al juicio más favorable sobre las muchachas que trabajaban en una fábrica: “obrera pero seria”, practicando la misa y los sacramentos, el pan bendito, bordando su ajuar con las monjas del orfanato, no yendo nunca al bosque con un chico.»

En la página 37, la madre conoce al padre, y se resume un poco la información ya suministrada al lector en Un lugar, que yo tenía muy reciente. Los padres se casarán en 1928.

La madre le pegaba tortas con facilidad, pero a los cinco minutos la estrechaba entre sus brazos. Sobre esto escribe: «Intento no considerar la violencia, los desbordamientos de la ternura, los reproches de mi madre como simples rasgos de su personalidad, sino situarlos también en su historia y condición social. Esta forma de escribir, que me parece ir en el sentido de la verdad, me ayuda a salir de la soledad y la oscuridad del recuerdo individual, por el descubrimiento de un significado más general.» (pág. 54)

A diferencia del padre, la madre de Ernaux sí leía y se preocupaba por la cultura, así que cuando Annie puede ser estudiante, siente que la diferencia con su madre no es tan grande como con su padre, aunque a veces la madre se queja de los «privilegios» a los que ha podido aspirar la hija gracias a sus sacrificios. «En ciertos momentos, tenía en su hija, frente a ella, a una enemiga de clase.» (pág. 67). Esto ocurre cuando la hija entra en la adolescencia y empieza a identificarse con los artistas malditos.

 

«Entre las clases en el instituto de montaña a cuarenta kilómetros, un hijo y la cocina, me convertí enseguida en una mujer que no tiene tiempo.» (pág. 74), los roles machistas también persiguen a la hija, una generación después.

 

«En 1967, mi padre murió de un infarto en cuatro días. No puedo describir esos momentos porque ya lo he hecho en otro libro, es decir que nunca habrá otro relato posible, con otras palabras, con otro orden de las frases.» (pág. 75). Ese libro es El lugar, por supuesto.

 

En la página 93 se muestra ya el título del que va a ser otro de los libros de la autora: «Querida Paulette, no he salido de mi noche», cuando se describe ya el proceso degenerativo provocado en la madre por el Alzheimer en No he salido de mi noche.

 

Como había supuesto al principio, la obra de Annie Ernaux se me ha hecho más interesante al leer estos dos libros seguidos. La misma voz narrativa nos habla de la vida del padre y luego de la madre. Son dos novelas cortas que se complementan muy bien, y que, en realidad, acaban siendo una sola. Biografía y sociología se han mezclado de un modo muy interesante. Ha he leído El acontecimiento y también me ha gustado mucho.