Mostrando entradas con la etiqueta Recaredo Veredas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Recaredo Veredas. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de junio de 2024

Soberbia, de Recaredo Veredas

 


Soberbia, de Recaredo Veredas

Editorial De Conatus. 186 páginas. 1ª edición de 2024.

 

 

En 2022 leí Amores torcidos (editorial Tres hermanas, 2022) de Recaredo Veredas (Madrid, 1970), que es amigo con el que quedo de vez en cuando. Ya conté que Amores torcidos me sorprendió gratamente, y su narración sobre los abusos que sufría un adolescente en un colegio privado del Madrid, en la década de 1980, me pusieron los pelos de punta. En 2024, Recaredo ha publicado una nueva novela, titulada Soberbia, en la editorial De Conatus, que cobró popularidad cuando en octubre de 2023 se anunció el Premio Nobel de Literatura para el noruego Jon Fosse y era De Conatus la editorial que había apostado por él en España.

 

Estuve en la presentación de Soberbia en Madrid, que tuvo lugar en la librería Antonio Machado de la plaza de las Salesas, y fue la escritora Elvira Navarro la que acompañó a Recaredo. Una frase de la presentación de Elvira Navarro me llamó la atención, y estuve pensando en ella mientras leía la novela: Veredas escribe su novela como si estuviera contando la información de forma resumida. Soberbia es una novela relativamente corta (de unas 170 páginas, si descontamos las de cortesía iniciales), y el arco temporal de la narración abarca más de treinta años. El personaje principal de la novela es Sebastián López de Lucena, al que conoceremos recién ingresado en la facultad de Medicina de la Complutense de Madrid, durante la etapa final del franquismo.

«Sebastián y su familia viven en un barrio próximo a la Castellana madrileña, un pequeño París con calles anchas y arboladas, con edificios que nacieron como mansiones y terminaron como pisos, donde la élite de la ciudad duerme y muere y adonde todo arribista aspira a llegar. Ocupan un lugar intermedio en la comedia, situado entre las grandes fortunas y los profesionales meritorios.», leemos en la página 18. Soberbia es una novela muy madrileña, que retrata en sus páginas a los vecinos del barrio de Salamanca, desde una perspectiva crítica, no exenta de sarcasmo. El propio apellido de la familia, «López de Lucena», con su ennoblecedora «de», es de dudoso origen, y solo remontándose al abuelo andaluz de Sebastián, enriquecido con el contrabando, se pueden encontrar ya dos ramas de la familia: la de los López y la de los Lucena.

El padre de Sebastián es médico y esta será también la vocación del hijo, que destaca en la universidad y pronto se especializará en el tratamiento del pulmón, leyendo revistas extranjeras y poseyendo unos conocimientos en el tema superiores a los de la España de la época. Sebastián, alentando por su padre, pronto empezará a soñar con recibir el Premio Nobel de Medicina, tras convertirse en el primer médico del mundo capaz de realizar una prótesis de pulmón válida. El régimen franquista, ávido de reconocimiento internacional, apoyará al joven Sebastián como posible niño prodigio de la medicina moderna.

 

La mirada de Veredas sobre sus personajes –y sobre Sebastián en particular– es casi siempre cruel. Cuando el lector puede sentir un mínimo de empatía por Sebastián, Veredas se encargará de recordarle, de forma insistente, que se trata de una mala persona, pagado de sí mismo e imposibilitado para amar a alguien que no sea él mismo. «Es perfecto y así se considera cuando se repasa frente al espejo.» (pág. 16), «Sebastián solo se quiere a sí mismo» (pág. 29), «Sebastián nunca, ni un solo día, deja de pensar en su patrimonio y en su futuro.» (pág. 44)

Incluso, cuando –como todo parece indicar el comienzo de la historia– la prótesis pulmonar ideada por Sebastián no vaya a funcionar, el narrador le explicará  al lector que a Sebastián no le preocupa, en realidad, el bienestar de sus pacientes, sino tan solo su gloria y reconocimiento: «Carecen de su conocimiento de los matices cardiacos. No causarían la muerte del paciente, que es lo de menos, sino que ninguno sobreviviría más allá de tres o cuatro días.» (pág. 43)

 

Yo nunca he ido a un taller literario, pero sé que una de las consignas que se suele impartir en ellos es que el escritor debe «mostrar» a sus personajes y no «explicarlos». Es decir, el autor debería mostrar cómo actúa o habla su personaje y de este modo el lector comprendería que es alguien soberbio o pagado de sí mismo. En Soberbia, Veredas rompe de continuo con esta regla y su narrador, de forma insistente, explica cómo son sus personajes y cuál es la mirada que el lector debería tener sobre ellos. Aunque en primera instancia, este hecho pudiera parecer un error en la construcción de la novela, acaba convirtiéndose en un rasgo de estilo, lo que hace que, como peculiaridad narrativa, propia del estilo de Veredas, funcione. Este continuo señalamiento del autor sobre lo que debe pensar el lector acerca de los personajes se acaba convirtiendo en un rasgo humorístico, y toda la novela adquiere así un aire bufo, un toque de farsa, que elude el realismo de los hechos narrados.

 

En el trasfondo político, pasaremos de la dictadura a la democracia, mientras los López de Lucena, como buenos arribistas, siempre tratan de nadar y guardar la ropa, y por eso van a misa y a manifestaciones antifranquistas. Se dejan ver en un lado, en el otro… porque cuando se produzca un cambio de régimen tienen que haber quedado bien con ambos lados por lo que pueda pasar. El final de la novela nos acercará hasta el gobierno de José María Aznar (presidente de España desde 1996 hasta 2004). Conoceremos también a los hijos de Sebastián: los mellizos Ángela y Jacobo, una torpe socialmente y poco agraciada y el otro, que también querrá ser médico, exitoso y guapo. Como ya ocurría en Amores torcidos, Veredas volverá a hablar, en su nueva novela, de la crueldad adolescente y de los abusos y marginalidad que va a sufrir Ángela en el colegio. De nuevo, Veredas me conseguirá poner los pelos de punta con este tema.

 

«Amigo Sebastián, la búsqueda de reconocimiento es la mayor de las desdichas porque lo pones todo en manos del otro. De alguien que puede, a su antojo, elogiarte o machacarte.», le dirá uno de los personajes a Sebastián en la página 179. Durante el último tercio de la novela, cuando Veredas nos hablaba de los hijos de Sebastián, llegué a tener la sensación de que no tenía muy claro hacia dónde se dirigía la novela y que esta corría el riesgo de habernos contado ya lo que tenía que contar y acabar en un punto diferente al que la primera mitad del libro parecía conducirnos. Sin embargo, en el tramo final del libro, Veredas vuelve a enfocar su mirada sobre Sebastián, el personaje principal del libro, y consigue cerrar su novela de un modo brillante, manteniendo su tensión narrativa hasta el final.

 

Como ya había leído hace dos años Amores torcidos, esta vez no he ha pillado por sorpresa: Recaredo Veredas es un gran narrador, que sabe mantener la tensión de una historia. Soberbia, a través del retrato implacable de su protagonista, Sebastián López de Lucena, sabe mostrarnos –y reírse de ellos– los tejemanejes de una clase social (la burguesía madrileña), durante un periodo crucial de nuestra historia, el de la Transición y sus aledaños, antes y después. Soberbia es una novela destacada dentro de la narrativa española actual, que gustará a todos aquellos que quieran mirar nuestra sociedad con sentido crítico y humor.

domingo, 1 de mayo de 2022

Amores torcidos, por Recaredo Veredas

 


Amores torcidos, de Recaredo Veredas

Editorial Tres hermanas. 338 páginas. 1ª edición de 2021.

Prólogo de Elvira Navarro.

 

Había coincidido con Recaredo Veredas (Madrid, 1970) en más de una presentación literaria de Madrid durante los últimos años, pero nunca, hasta ahora, había leído un libro suyo. A raíz de la publicación en 2021 de mi novela Esto no es Bambi en la editorial Maclein y Parker y de la publicación de la suya, Amores torcidos, en la editorial Tres hermanas, acabamos quedado ‒gracias a la intermediación de nuestro amigo común Eduardo Laporte‒ para intercambiarnos estos libros, ya que los dos hemos compartido en ellos obsesiones comunes: el mundo laboral madrileño de los licenciados en carreras de Ciencias Sociales; ADE en mi caso, Derecho en el suyo.

 

Amores torcidos sitúa su acción en Madrid, en dos tiempos narrativos: 2019, el presente del personaje, cuando es un hombre cercano a los cincuenta años, y 1986, cuando es una adolescente de dieciséis. El libro está formado por cinco capítulos extensos, donde los impares se corresponden con una historia que avanza en 2019, y los pares con una historia que avanza en 1986. Con el añadido de una coda final, ambientada en 2019, en la que, en un final abierto, el lector puede atisbar la futura vida del personaje, después de haber atravesado una intensa crisis vital y moral.

 

Antonio es un abogado de éxito, que dirige, desde unas ostentosas oficinas de la Castellana, su propio bufete de abogados, formado por unos treinta tiburones «juniors». Está casado y tiene un hijo, al que casi no ve porque ha delegado su atención en su mujer, como suelen hacer los ejecutivos que se preocupan por su carrera. Además, mantiene una relación clandestina con Alicia, su segunda en el bufete. Antonio también acude a ver a una psicóloga porque se siente comido por la ansiedad y le cuesta dormir, a pesar de su dependencia de los tranquilizantes, a los que puede llegar a mezclar con alcohol o cocaína.

 

La novela está escrita en tercera persona, pero, gracias a la técnica del estilo indirecto libre, Veredas nos acerca mucho hasta los pensamientos de Antonio, principalmente, pero también a los de otros personajes del libro que van a ir cobrando su espacio. Veredas retrata a sus personajes, desde la primera página, con una mirada mordaz y descarnada, mostrándolos como unos cínicos desencantados sin redención. Así, en la primera escena, se describe un juicio, y los términos en los que desarrolla poco tienen que ver con cualquier idea de justicia social. «La jueza adopta la actitud que le toca, prescindiendo de su condición humana y atendiendo a factores procesales próximos a la robótica. Hace suyas las palabras de los técnicos, aunque sepa que están comprados. (…) Para ella es la quinta vista del día y la jaqueca da sus primeros calambres. No quiere impartir justicia, solo desea irse a casa, encender el aire acondicionado y ver una serie de Netflix en pijama.» (pág. 21)

 

Al principio, el lector asiste hipnotizado a la descripción del ambiente judicial madrileño, mundo que conoce el autor perfectamente, porque él es abogado y trabaja en un bufete. Ya he comentado alguna vez que a mí me interesan las narraciones que hablan del trabajo, lugar en muchos casos en el que confluyen la extrañeza máxima y los seres humanos. Pero Veredas no se va a limitar aquí a hacer una novela costumbrista, a mostrarnos, de un modo desinhibido y cruel, cómo funciona un bufete de abogados por dentro, ya que Antonio, su personaje principal, guarda más de un trauma del pasado con el que se va a enfrentar en el presente narrativo del libro.

De forma casual, Antonio coincide en un juicio con Martín, un antiguo compañeros del colegio, que también es abogado como él. Pero a diferencia de Antonio, Martín es un profesional mediocre al que el éxito no acompaña en absoluto. A pesar de la reticencia inicial de Martín, Antonio hace un esfuerzo por acercarse a él y retomar la relación del pasado. Además, se propondrá ayudarle, contratándole para su bufete de abogados, aunque sea mucho mayor que los que van a ser sus compañeros, y a Alicia no le parezca, bajo ningún prisma, un abogado competente.

En realidad, el recuerdo que guarda Antonio de Martín no es nada bueno, y es frecuente que aparezca en sus pesadillas más íntimas. Así que Antonio puede estar intentando alcanzar una redención, mediante la realización de una buena obra, o por el contrario, estar perpetrando una venganza.

 

Los capítulos dos y cuatro, correspondientes al año 1986, y el paso de Antonio por un colegio privado de Madrid, son demoledores. Antonio era víctima de un grupo de abusones, que se referían a él como «pringao», y que estaba liderado por Martín. Lo interesante de la construcción ficcional de Veredas es saber mostrar la ambigüedad y ambivalencia de los sentimientos humanos. Martín golpea a Antonio, pero también le protege frente a otros. Antonio siente que es su verdugo, pero que también es su amigo, su único amigo, en realidad. «Antonio no se atreve a contestar, tal vez la paliza sea un gesto de cariño. Sus padres le aman y le golpean, el afecto y la violencia no pueden separarse. Teme, aunque nunca se lo reconozca, que el fin de la violencia termine con la amistad.» (pág. 213). Incluso en la actualidad, la relación de adulterio que Antonio mantiene con Alicia, es una relación sadomasoquista, en la que se entremezclan el sexo y los golpes.

En el resumen de la contraportada del libro se habla de «drama tan adictivo como la mejor novela negra», y lo cierto es que me parece una comparación acertada, ya que Amores torcidos es una novela que no da tregua al lector, repleta de tensión narrativa y de personajes torturados. En más de una ocasión el lector va a tener la sensación de que Veredas no da nunca tregua a sus personajes, a los que lleva siempre al borde de la extenuación mental y el colapso nervioso. De hecho, en algún momento, me estaba pareciendo que la novela no era del todo realista, ya que las situaciones planteadas acaban siendo tan tensas y extremas que parecen adentrarse en los caminos del expresionismo. En cualquier caso, aunque en algún momento se llegue a jugar con la verosimilitud narrativa, el autor consigue tener en vilo siempre al lector.

 

En el prólogo, Elvira Navarro dice que Veredas sabe dibujar como nadie un Madrid poco atractivo para la literatura, el Madrid de las oficinas de la Castellana y las urbanizaciones residenciales de Pozuelo. Y lo compara con el Manuel Longares de Romanticismo, novela en la que se muestra el barrio de Salamanca, en el momento de la Transición, cuando sus habitantes pensaban que de nuevo «venían los rojos».

 

No me gustaría acabar esta reseña sin antes hablar también del humor caustico de Veredas, un humor que se consigue gracias al cinismo con el que se muestran las realidades de la novela, como por ejemplo, en la página 51 leemos: «Otra vez debe negar el salto. Sabe que las tentaciones solo pueden borrarse con tranquilizantes de alto voltaje. No puede permitírselos porque provocan el sueño y la gordura. Prefiere recordar la belleza de su mujer y su hijo y, sobre todo, el éxito de su despacho. Es feliz, se dice, aunque quiera matarse.»

Amores torcidos me ha parecido una honda novela psicológica, sobre los trastornos que padece en su vida adulta un adolescente que fue maltratado, tanto en casa como en el entorno escolar. Es una novela dura, pero a la vez repleta de humor, ambigüedad y comprensión hacia los límites de la mente humana, siempre sometida a la ansiedad y al peso de la culpa y los recuerdos.