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domingo, 15 de mayo de 2016

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, por Patricio Pron

Editorial Random House. 199 páginas. 1ª edición de 2011.

Cuando comenté hace poco en mi blog No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, la última novela de Patricio Pron (Rosario, Argentina, 1975) dije que me apetecía seguir con sus novelas. En la biblioteca de Móstoles tienen las otras que ha publicado en Random House: El comienzo de la primavera, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia y Nosotros caminamos en sueños. Estos tres libros están –el día que escribo esta reseña‒ en mi casa. Terminé No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles y, en dos horas, de una sentada como ya conté, me leí El Trino del diablo del también argentino Daniel Moyano. Al día siguiente empecé con El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, novela que fue publicada en 2011 y de la que leí reseñas muy positivas en su momento.

En El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia Pron juega a la autoficción: el narrador es una autor argentino, nacido en 1975 como él, que vive en Alemania, y que procede de una ciudad del interior de Argentina a la que denomina *osario (por Rosario); además tiene problemas de memoria debido a los medicamentos que tomó, durante un momento de su vida, en Alemania (algo que Pron ha declarado sobre sí mismo en alguna ocasión). Desde hace semanas, el narrador duerme en Alemania en casas de amigos, cuando recibe una llamada desde Argentina: su padre está en el hospital. Después de mucho tiempo, ha de regresar a la casa familiar y enfrentarse a la relación que dejo allí con su familia, pero también, y puede que principalmente, con su país. En la página 12 leemos: «Un día, supongo, en algún momento, los hijos tienen necesidad de saber quiénes fueron sus padres y se lanzan a averiguarlo. Los hijos son los detectives de los padres, que los arrojan al mundo para que un día regresen a ellos para contarles su historia y, de esta manera, puedan comprenderla». Como en No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, también esta novela se articula en torno a un hijo que busca información sobre su padre.

Si al comienzo de esta reseña apuntaba que Pron jugaba a la autoficción, el límite entre ficción y realidad queda más desdibujado al llamar a su padre en la página 95 «Chacho» Pron, que es su verdadero nombre, o al menos el nombre familiar con el que lo trataban. El libro, se nos comenta en el epílogo, ha sido repasado por el padre, quien ha reparado algunos errores. De hecho, Pron publicó en su blog una carta con los comentarios que el padre hizo de la novela que se puede leer pinchando AQUÍ. Curiosamente, poco después de leer este libro, acudí a la presentación del ensayo La España vacía de Sergio del Molino y allí coincidí con Pron, con el que pude hablar de la reciente lectura que había hecho de sus dos novelas, y quien me confirmó que lo narrado en El espíritu de mis padres... era real; también me habló del impacto que el texto tuvo en su familia.

En su casa de *osario, Pron se enfrenta a los fantasmas de su pasado y al material que su padre ha dejado en unas carpetas. En un momento dado, a media novela parece comenzar otra historia: el narrador abre una de las carpetas de su padre (que ha sido periodista) y encuentra ordenados los recortes de prensa sobre la desaparición de una persona en la localidad de El Trébol, cuyo cadáver aparecerá en un pozo semanas después. El narrador nos dice en la página 91: «Pensé que el misterio era doble: el de las particulares circunstancias en que Burdisso había muerto y el de las motivaciones que habían llevado a mi padre a buscarlo, como si esa búsqueda fuese a aclarar un misterio mayor más profundamente hundido en la realidad». He buscado información en internet sobre la desaparición y muerte de Alberto José Burdisso, y el caso es real, tal y como lo cuenta Pron en su novela. Acabaremos sabiendo que el padre se sentía vinculado a la hermana de Burdisso, desaparecida durante la dictadura de Videla.

Las reflexiones sobre los desaparecidos de la dictadura militar de 1976-1981 y la implicación en ella de los padres de la generación de Patricio Pron me han recordado, por las intenciones narrativas y también porque se trataba de una novela de autoficción, a Formas de volver a casa del chileno Alejandro Zambra, nacido en Santiago de Chile en 1975, el mismo año que Pron, y que también indaga en la relación de sus padres con la dictadura, en este caso la de Pinochet. La novela de Zambra se publicó también en 2011, el mismo año que la de Pron. Las dos novelas también tienen otro rasgo en común: son metaliterarias. En El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia el narrador informa al lector del material que está recogiendo para componer su novela y del modo en que va a escribirla. En la página 144 leemos: «Me dije que yo tenía los materiales para escribir un libro y que esos materiales me habían sido dados por mi padre».

Entre las páginas 142 y 143 encontramos unas reflexiones sobre la construcción de la novela que me resultan particularmente interesantes:

«Comprendí por primera vez que todos los jóvenes de la década de 1970 íbamos a tener que dilucidar el pasado de nuestros padres como si fuéramos detectives y que lo que averiguaríamos se iba a parecer demasiado a una novela policíaca que no quisiéramos haber comprado nunca, pero también me di cuenta de que no había forma de contar su historia a la manera del género policiaco o, mejor aún, que hacerlo de esa forma sería traicionar sus intenciones y sus luchas, puesto que narrar su historia a la manera de un relato policíaco apenas contribuiría a ratificar la existencia de un sistema de géneros, es decir, de una convención, y que esto sería traicionar sus esfuerzos, que estuvieron dirigidos a poner en cuestión esas convenciones, las sociales y su reflejo pálido en la literatura.
Además, y yo había visto suficientes obras así ya e iba a ver muchas más en el futuro, el relato de lo sucedido por entonces desde la perspectiva del género tenía algo de espurio, por cuanto, por una parte, el crimen individual tenía menos importancia que el crimen social, pero éste no podía ser contado mediante los artificios del género policíaco sino a través de una narrativa que adquiriese la forma de un enorme friso o la apariencia de una historia personal e íntima que evitase la tentación de contarlo todo, una pieza de un puzle inacabado que obligase al lector a buscar las piezas contiguas y después continuar buscando piezas hasta desentrañar la imagen; y, por otra, porque la resolución de la mayor parte de las historias policíacas es condescendiente con el lector, no importa la dureza que haya exhibido en sus argumentos, para que el lector, atados los cabos sueltos y castigados finalmente los culpables de los hechos narrados, pueda devolverse a sí mismo al mundo real con la convicción de que los crímenes están resueltos y permanecen encerrados entre las cubiertas de un libro, y que el mundo de fuera del libro se orienta por los mismos principios de justicia de la obra narrada y no debe ser cuestionado».

Me ha apetecido reproducir aquí este extenso párrafo porque, además de explicar la construcción de esta novela, también puede aclararnos parte de las intenciones narrativas de No derrames tus lágrimas...: en esta última novela no se acababan de desentrañar las claves de la muerte de Luca Borrello; y este crimen individual actúa como la pieza de un puzle inacabado dentro del friso de la literatura fascista de la que se nos hablaba en este libro.

Comentaba al hablar de No derrames tus lágrimas... que destacar la influencia de Roberto Bolaño en sus páginas me parecía difícil de eludir. Esto también ocurre en El espíritu de mis padres... Principalmente he observado aquí dos elementos estructurales que usaba mucho Bolaño: comentar las películas que ven los protagonistas de la novela o cuento, o comentar los sueños que tienen. Estas historias que surgen de la televisión o de los sueños crean un clima en torno a los personajes de las novelas o cuentos, y aquí se convierten en otra pieza fundamental del puzle propuesto e inacabado.


Ya comenté que algunas páginas de No derrames tus lágrimas..., pese a lo bien escritas que estaban, me habían resultado algo distantes; quizás El espíritu de mis padres... sea una novela de construcción más sencilla (aunque no desdeñable en absoluto) que la última, pero yo la he disfrutado más: El espíritu de mis padres... ha tenido más capacidad para emocionarme como lector, porque cuenta una historia en apariencia más pequeña, pero mucho más cercana.

domingo, 1 de mayo de 2016

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calle, por Patricio Pron

Editorial Radom House. 348 páginas. 1ª edición de 2016

Hasta ahora había leído los dos libros de cuentos que Patricio Pron (Rosario, Argentina, 1975) ha publicado en Random House: El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y La vida interior de las plantas de interior (2013). Los dos, y sobre todo el primero, me gustaron bastante y considero a Pron un buen cuentista. Tenía pendiente leer alguna de sus novelas y cuando hace poco más de un mes apareció No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (a Pron le encanta usar títulos muy largos para sus libros), empecé a leer comentarios apuntando que era su novela más ambiciosa, y me apeteció leerla. Se la solicité a Random House y la editorial amablemente me la envió a casa para que la comentara en el blog.

El crítico Nadal Suau publicó a finales de febrero una elogiosa reseña del libro en El Cultural, afirmando lo siguiente: «No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles se convierte en firme candidata, en el mes de febrero, a ser uno de los libros de la narrativa en castellano de este año. Si es que eso tiene alguna importancia.», y también: «La alusión a un congreso de escritores fascistas propiciará que reseñas y comentarios online reproduzcan, casi serializadas, una cadena de alusiones a Bolaño y su La literatura nazi en América, otro gran libro que ciertamente puede relacionarse con este, pero con el riesgo de inducir a equívocos.». La reseña de Nadal Suau, cuyos comentarios en El Cultural me resultan muy atractivos, hizo que se incrementasen mis deseos de leer este libro, algo que hice durante mis vacaciones de profesor en Semana Santa.

El tiempo de la novela se divide en al menos tres momentos, que ordenados de forma cronológica serían los siguientes: un primero a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando en 1945 tiene lugar un congreso de escritores fascistas en la ciudad italiana de Pinerolo, en apoyo a la República Social Italiana; otro en 1978, cuando la violencia política, que acabó con el secuestro y asesinato de Aldo Moro, se desató en Italia; y un tercero en 2014, también en Italia, y en el contexto de la crisis económica europea y sus políticas de recortes sociales.
La novela también se articula en torno a tres generaciones de la familia Linden, italiana aunque el apellido sea de origen alemán: el abuelo (1945) fue partisano en la Segunda Guerra Mundial, el padre (1978) formó parte de un grupo terrorista de extrema izquierda, y el hijo (2014) acabará viviendo en una casa okupa y participando en manifestaciones antisistema.

Decía en su crítica Nadal Suau que las reseñas y los comentarios online nos remitirán a La literatura nazi en América de Roberto Bolaño. Lo cierto es que este último título parece una influencia difícil de eludir: en el congreso de Pinerolo, además de escritores nazis, y otros españoles (Luys Santa Marina, Rafael Sánchez Mazas, Eugenio d´Ors y Juan Ramón Masoliver), principalmente estarán los escritores del fascismo italiano que abrazaron las teorías futuristas de Marinetti: “Apostábamos por una estética de violencia y por un espíritu de revuelta y pensábamos que la guerra era la única forma de limpiar el mundo”, le dice en 1978 uno de estos escritores futuristas que acudió al congreso de 1945 al joven Linden, que ha acudido a él para preguntarle por Luca Borrello, otro escritor futurista de quien conocía el nombre –y no la obra- porque su padre –el partisano Linde- le había hablado de él.

En 1978 Pietro o Peter Linden pertenece a las Brigadas Rojas, para las que hace seguimientos de posibles objetivos a los que ejecutar. Así se encarga de seguir a uno de sus profesores universitarios de ideas políticas opuestas a las suyas. Linden informará de sus movimientos y el profesor será asesinado días después. En contra de cualquier protocolo de seguridad, Linden sentirá curiosidad por los libros que el profesor había dejado encargados en una librería. Los pedirá y leerá en sus portados los nombres de algunos escritores del periodo fascista que no le suenan de nada. Sí que le sonará, como ya he comentado, el nombre de Luca Borrello, aunque no como escritor sino como el de alguien del que su padre le ha hablado. Decidirá separarse de su grupo terrorista por un tiempo y tratar de entrevistar a los autores fascistas que le pueden poner tras la pista de Borrello.

Si antes hablaba de La literatura nazi en América, la parte en la que los escritores Oreste Cadosso, Atilio Tessore, Michele Garassino y Espartaco Boyano le hablan a Pietro Linden (y a su grabadora) de su experiencia en el congreso de escritores de 1945 y la muerte en él de Luca Borello, desde sus casas de Roma, Florencia, Génova y Ravena, en marzo de 1978, en los días previos al secuestro de Aldo Moro, puede remitirnos también al Bolaño de Los detectives salvajes: una investigación se ha iniciado (se buscaba a Ulises Lima y Arturo Belano en la novela de Bolaño, y en ésta se busca a Luca Borrello) y Linden quiere aclarar algunas sucesos que involucraron a su padre en 1945. Como resultado de sus pesquisas Linden será delatado a la policía y recibirá también un arcón con la obra inédita de Luca Borrello. Una de las partes del libro hace un inventario de estas obras próximas al futurismo y que le serán resumidas al lector: unas obras teatrales o novelísticas surrealistas, imposibles de llevar a escena. Esto nos remite también al universo de Bolaño, pero también, lógicamente, a Jorge Luis Borges, del que Bolaño, con más calle que Borges, acaba siendo un seguidor.

La novela es ambiciosa y compleja, y el discurso se desarrolla desde diferentes perspectivas: las páginas en la que el narrador se aproxima a Pietro Linden (“Al margen de lo que su padre pudiera creer acerca de la literatura y de su utilidad –que para Linden sólo puede existir con relación a otra pregunta, la de «para hacer qué» con la literatura”, página 31), están particularmente bien escritas, con frases en extremo largas, con subordinadas que matizan continuamente el pensamiento principal. Después, cuando se cede la voz narrativa a los escritores fascistas, el discurso de cada uno de ellos se vuelve más evocador, lleno de una épica tan vez equivocada (como la de cualquier literatura) y de una presencia subyugante, inquietante.

Al final de la novela se añade un diccionario de escritores: algunos de sobra conocidos para el lector español, como Ezra Pound. Lo lógico era pensar que se jugaba al diccionario de autores falsos, y esto es cierto, pero no del todo: algunos son auténticos, como Aldo Palazzeschi, al que he encontrado en internet, y otros no, como Flavia Morlacchi que, descubro también en internet, es un personaje de Luigi Pirandello. Algunos se delatan solos, porque resulta que han escrito los libros del propio Pron. Quizás este final me ha resultado algo abrumador: entiendo el juego literario a lo Bolaño, o más bien a lo Borges: con todos esos escritores verdaderos y falsos, y esos resúmenes de una obra inexistente (cuando se hablaba de la obra de Luca Borrello), que acaban siendo un conjunto de microrrelatos, pero tal vez, o quizás, aquí puede encontrarse el mayor problema para el lector: algunas de las páginas de este libro acaban siendo demasiado distantes, disgregadas, un texto que habla sobre escritores auténticos o falsos avanza y más de una vez el lector se pregunta hacia dónde. Algunas de sus páginas, también, son realmente brillantes, páginas que reflexionan sobre la función del arte, o la relación que se puede establecer entre arte y política. Uno acaba el libro con la sensación de que la mayoría de los misterios que propone se quedan sin resolver, pero también con la de haber leído una novela compleja y ambiciosa (deudora de la obra de Roberto Bolaño), pero sin negarle su gran personalidad. Si abandonas el camino trillado puedes perderte, Pron lo sabe y a veces se aventura por ese camino y se pierde, pero posiblemente en lo que uno (escritor o lector) puede encontrar en esos caminos perdidos resida gran parte de la magia de la literatura.


Lo cierto es que los cuentos que ya había leído me dejaron una sensación más clara de obra redonda y conseguida que la que me ha dejado No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, pero también he decidido que quiero seguir indagando en la obra novelística de Patricio Pron y en breve volveré con alguna de sus otras novelas publicadas en Random House.

domingo, 7 de abril de 2013

La vida interior de las plantas de interior, por Patricio Pron


Editorial Mondadori. 140 páginas. 1ª edición de 2013.

Fue hace ya tres años cuando leí El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan, el anterior libro de relatos de Patricio Pron (Rosario, Argentina, 1975) y mostré en el blog mi entusiasmo por él (ver AQUÍ). Después apareció su novela El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, y pensé en leerlo, pero por una cosa o por otra, por los avatares propios de un lector que quiere abarcar demasiado, la dejé pasar. Y quizás, me percato ahora, creo que he identificado a Pron, de una forma infundada, más como un escritor de relatos que como un novelista.

Cuando vi en el facebook de Ernesto Calabuig -escritor y crítico de El Cultural, que había reseñado muy positivamente el libro unas semanas antes– que iba a presentar La vida interior y entrevistar a Pron en la librería Rafael Alberti de Moncloa, me apeteció ir. En la siguiente foto, correspondiente al día de la presentación, se me puede ver en el margen inferior izquierdo, de perfil, con barba y la mano en el mentón:



De entrada he de señalar que La vida interior de las plantas de interior es un libro más corto que El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan: trece cuentos frente a dieciocho.
De las reseñas que han ido saliendo de este nuevo conjunto de cuentos (aunque deberían empezar por la faja: “Patricio Pron es un audaz escritor cuya voz es única”, dice Daniel Alarcón), me llama la atención que muchas insisten en esa idea de la voz única, como el mismo Calabuig en El Cultural: “Patricio Pron narra con la autenticidad de quien apela y sacude al lector desde una voz absolutamente propia”, cuando en muchos momentos es evidente la filiación de estos relatos con los de Roberto Bolaño.
La obsesión de Bolaño por el escritor como protagonista de sus historias está presente en las narraciones de Pron, así como la asunción romántica de la derrota de todo arte: “Los tres te miran con desconfianza. ‘Se asoma al abismo’, dices, casi sin aliento. ‘Se asoma a las fauces del puto abismo de la literatura’, murmuras para ti temblando”, escribe Pron en la página 28, en una escena donde se está describiendo la deliberación de un jurado de un premio de cuentos de provincias. La referencia al abismo es puramente bolañesca, pero no en menor medida que la imagen del protagonista temblando al defender una postura literaria (los personajes de Bolaño se asoman constantemente al abismo y tiemblan; tras catorce años acabo de releer Los detectives salvajes hace apenas unos días). La composición de algunas frases en Pron, por ejemplo al presentar alternativas para describir a los personajes (donde una de ellas suele ser la de un asesino), y después apuntar que el personaje puede contener todas las imágenes propuestas, se parece a lo que hacía Bolaño:

“Siempre pensaron que Marechal era un poco raro, como si en Bélgica se pudiese ser sólo ‘un poco’ raro y no un santo o un asesino de cuidado, sin términos medios”, escribe Pron en la página 95 de este libro.

“Las fotos enseñan a un joven alto, rubio, con el cuerpo de un atleta y la mirada de un asesino o un soñador o ambas cosas a la vez”, escribe Bolaño en La literatura nazi en América.

El recurso que emplea Bolaño en los cuentos de Llamadas telefónicas al llamar a los personajes por una única letra mayúscula (A le dice a B…), lo emplea también Pron en este libro.
También usa Pron otro recurso de Bolaño: el de describir sueños o películas, que acaban funcionando como microrrelatos dentro del cuento.

Me hizo gracia también que en la charla en el Alberti entre Calabuig y Pron, el primero le preguntara al segundo por un detalle que parece conectar algunos de sus cuentos de La vida interior: hay dos mujeres en cuentos diferentes que comen puré de patatas deshidratado. Reflejo aquí una de esas referencias en uno de los cuentos de Pron: “Un día ella compró veinte kilos de puré de patata deshidratado; esa noche le dijo que era más fácil de cocinar, que así ahorraba tiempo” (pág. 55).
En el cuento Compañeros de celda, Bolaño escribe: “Comía muy poco, se alimentaba únicamente de puré. Una vez entré en la cocina y vi un saco de plástico junto a refrigerador. Eran veinte kilos de puré en polvo. ¿No comes nada más?, le pregunté. Ella se sonrió y dijo que sí, que a veces comía otras cosas, pero casi siempre en la calle, en bares o restaurantes. En casa resulta más práctico un saco de puré, dijo”, págs. 137-138 de Llamadas telefónicas.

En realidad, no me parece mal ni inapropiado que Pron tenga a Bolaño como maestro; en realidad creo que ha elegido a un gran maestro, y seguramente la mayoría de los cuentos de Pron me gusten tanto porque los dos compartimos la admiración por Bolaño, pero me apetecía hablar de ese concepto tan complicado de adquirir que es la voz única.

Voy a empezar por los cuentos que menos me han gustado de La vida interior: hay dos narraciones, El cerco y Como una cabeza enloquecida vaciada de su contenido que pese a su corta extensión son corales. En ellos, el narrador posa su mirada sobre personas encadenadas por el azar de su vida, el primero, o por una prenda de ropa, el segundo, que me han parecido demasiado formales, propios de un taller de literatura.
La explicación, un cuento sobre un accidente de tráfico y los personajes involucrados, sobre el antes y el después del accidente, también me ha parecido demasiado mecánico, otro ejercicio de taller de literatura.
Cincuenta y cuatro veces, en el que el narrador es el perro de Pablo Picasso, tampoco me ha gustado demasiado. Me ha parecido que su contenido moría en su propia esencia de ocurrencia chistosa.

Y quedan nueve cuentos que sí me han gustado mucho. Nueve cuentos que justifican la inversión que hice en el libro y que me confirman algo que ya pensé al leer El mundo sin las personas…: que Pron es un escritor de talento muy dotado para el cuento.
Dentro de estos nueve cuentos podría hablar de dos bloques: los que hablan de escritores, que podrían ser casi autobiográficos, y los que hablan de personas solas (siendo en todo caso la soledad en la ciudad moderna el tema principal de todo el libro).
En el bloque de los cuentos sobre escritores se encuentran: Un jodido día perfecto sobre la Tierra, con un trasunto del propio Pron ejerciendo de jurado de un premio literario; Diez mil hombres, donde el juego autobiográfico apenas se oculta: “Algunos años atrás publiqué una novela llamada El comienzo de la primavera que ganó un premio” (pág. 59); Trofeos de amantes que han partido, sobre dos aspirantes a escritores y el mundo de los blogs literarios, que me ha hecho reír bastante; y Algunas palabras sobre el ciclo vital de las ranas, acerca de un aspirante a escritor que casualmente pasa a vivir en el piso de abajo del escritor que admira, que posiblemente sea el que más me ha gustado de estos que enumero.
En el bloque de los cuentos sobre la soledad encontramos: En tránsito, sobre una pareja que vive su amor en la distancia, un cuento elegante y triste; El nuevo orden de la última lluvia, sobre una actriz porno en Europa (una idea muy bolañesca de nuevo); Algo de nosotros quiere ser salvado, que es un cuento muy a lo Julio Cortázar y que acaba siendo una variante de un cuento de O’Henry, muy triste y bien trazado; Rododendro, Tradescantia, Tillandsia, Bromelia, acerca de la soledad de una vendedora de plantas, el paso del tiempo y los sueños rotos; y La cosecha, sobre un actor porno al que detectan sida y que se escapa a Brasil, con un interesante final abierto.

Así que, de trece cuentos, me han parecido bastante logrados nueve de ellos, lo que sin duda constituye un ratio más que notable para un conjunto de relatos; y aunque El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan tuvo más capacidad para sorprenderme, La vida interior de las plantas de interior me resulta, en gran medida, una constatación del gran talento de Pron.

lunes, 3 de mayo de 2010

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan, por Patricio Pron


Editorial Mondadori. 217 páginas. Primera edición 2010.

Me había encontrado en Internet el nombre de Patricio Pron como autor argentino seguidor de la estética de Roberto Bolaño, y sentí curiosidad por comprobar hasta qué punto era cierto.

He leído durante la semana pasada este libro, El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan, un conjunto de cuentos escritos, al parecer, sin afán de que funcionasen como un volumen, sino que se trata de diversas colaboraciones en revistas…

El libro se compone de 18 cuentos, aunque 2 pueden ser leídos como el mismo cuento visto desde perspectivas distintas.

Empezaré a comentar el libro, más o menos, por la mitad, por el cuento titulado Contribución breve a un diccionario biográfico del expresionismo, la pieza más extensa del conjunto, unas 40 páginas. Su lectura me ha remitido de forma inmediata a La literatura nazi en América de Bolaño. Aquí Pron nos habla de la literatura (aunque también de la pintura) expresionista alemana, y usando la técnica de crear un diccionario de autores, pensé que iba a escribir breves relatos, como hace Bolaño en el libro citado. Leyendo las vidas inventadas de este cuento, pronto empecé a darme cuenta de un detalle: algunos de los nombres del diccionario no eran inventados, reconocí a artistas como Otto Dix, Alfred Döblin, Otto Gross, Ernst Ludwig Kirchner… como se ve en su mayoría pintores, que conocía de las exposiciones temporales del Thyssen, aunque también me sonaba algún escritor. Buscando por Internet me he dado cuenta de que no debe de haber en la lista ningún escritor inventado, todos son reales y el 90% de ellos están olvidados. La vuelta de tuerca a La literatura nazi en América de Bolaño me ha parecido muy ingeniosa. Si Bolaño quería mostrarnos la poca importancia social de la figura del escritor creando toda una literatura inventada, Pron le devuelve la pelota mostrando lo mismo desde una perspectiva más cruda: los escritores de los que él habla también son ridículos, también tuvieron su viaje al abismo y la calamidad y, además, son reales, aunque el lector sepa de ellos por primera vez. El primer autor, por ejemplo, Balduin Bählamm se propone la absurda tarea de reescribir Fausto sin ser Goethe; es decir, en primera instancia pensé que además de un homenaje a Bolaño se trataba de otro a Borges, y su Pierre Menard, pero la propia conclusión de que Bählamm había tenido la misma idea de Borges, pero 30 años antes, me hizo pensar que la historia era verdadera, y el afán de Pron consistía en querer enseñarnos al monstruo real.

Todos los cuentos de este libro están ambientados en Alemania, o bien en otros lugares pero los protagonistas provienen de Alemania (en muchos casos extranjeros perdidos en este país, donde Pron trabajó de profesor). Aunque más bien tienden a la deslocalización de la historia, que puede ocurrir en la RDA en 1981, o en un pueblo cualquiera de Alemania en 1961 (un recurso muy típico del arte fabulador de Bolaño).

En muchos de ellos los protagonistas son escritores o aspirantes a ello, como en la mayoría de las historias de Bolaño; aunque en este último el escritor, aunque fracasado en su cometido en cuanto a artista y también en cuanto a hombre (finito, mortal, intrascendente…), contenía cierta épica romántica o suicida que le sostenía, y en Pron la condición de escritor se vive más como una condena ridícula. Esto se ejemplifica bien en el cuento que para mí es el mejor del conjunto: Es el realismo, donde el tono poético y melancólico de otras composiciones da paso a un humor sarcástico sobre las bajezas del mundo literario. Por este relato Pron recibió el premio Juan Rulfo de 2004.

He leído dos veces el cuento La visita al maestro (por cierto, este título es el del primero de los libros de la serie de Zuckermann de Philip Roth), la segunda para confirma la sospecha de que uno de los protagonistas del mismo era Roberto Bolaño. En él una veinteañera alemana se baja de un autobús en un pueblo con playa, que tal vez sea Blanes, para visitar a un escritor chileno que conoció en Alemania. En la playa se encuentra casualmente con el hijo del escritor, quien le cuenta una anécdota sobre el padre que bien podría estar protagonizada por uno de los personajes de Bolaño o más bien por él mismo. Un cuento muy conseguido.

También en el estilo, Pron sigue bastantes de las directrices de Bolaño: usando un lenguaje poético lleno de ambigüedades, de posibles significados que se van negando y abren el párrafo al misterio. Así en la página 122 se lee: “lo que explicaría muchas cosas o, tal vez, ninguna”. En la página 18: “sonrió y que su sonrisa no explicaba nada, no explicaba absolutamente nada”.

Me han parecido más rotundos los cuentos de la última parte del libro, con piezas como Abejas, muy cercanas al realismo minimalista norteamericano; de hecho, éste parecía un cuento de Charles Baxter.
En algunos cuentos de la primera parte me ha dado la impresión de que, con talento, Pron crea a un personaje melancólico, y nos describe algún recuerdo o situación, pero sin conseguir hacer avanzar la historia, ni plantear ninguna dicotomía al personaje, y de esta forma la intencionalidad y la identificación del lector con el cuento queda un tanto desdibujada. Esto ocurre en piezas como Una de las últimas cosas que me dijo mi padre o Tu madre bajo la nevada sin mirar atrás; escritos con un poético y eficiente estilo, por otra parte.

También me ha parecido detectar la influencia benefactora de Julio Cortázar en cuentos como El estatuto particular, donde una pareja juega a visitar la misma ciudad por separado y tratar de encontrarse. Cortázar tenía un cuento parecido, donde una pareja se encuentra en un hotel y finge que no se conoce. A Cortázar podría achacarse también la presencia de lo neofantástico en cuentos como Las ideas, el primero del conjunto y uno de los mejores.

En general, un interesante conjunto de cuentos, que me hace desear leer de la biblioteca de Móstoles la novela El comienzo de la primavera, con la que Pron obtuvo el premio Jaén. Pron es aún un escritor muy joven, cargado de talento y tengo la impresión que va a darnos a los lectores más de una alegría en el futuro (además de la alegría que han supuesto la mayoría de las páginas de este libro).