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domingo, 2 de abril de 2017

Física familiar, por Jon Bilbao.

Editorial Salto de Página. 171 páginas. 1ª edición de 2014.

Ya comenté la semana pasada que, de los libros publicados en 2016, aún me faltaba por leer Estrómboli de Jon Bilbao (Ribadesella, 1972), a pesar de que presentía que era un libro que me iba a gustar, como al final así fue. Una vez que acabé Estrómboli, me apeteció seguir con Bilbao, puesto que tenía en casa Física familiar, la cuarta de sus colecciones de relatos. Física familiar lo compré en la Feria del Libro de Madrid de 2014, un día que estaban en la caseta de Salto de Página Jon Bilbao, que me lo dedicó, y su editor Pablo Mazo. Creo que no lo leí de forma inmediata, algo que habría sido natural, porque en aquel momento ya era un gran admirador de sus dos colecciones de relatos publicadas hasta la fecha (Como una historia de terror y Bajo el influjo del cometa). Compré Física familiar pensando que era el «nuevo libro de relatos de Jon Bilbao» y luego descubrí que en realidad estaba formado, en gran parte, por piezas ya publicadas, en más de un caso con anterioridad a los dos libros que cito.

Física familiar se abre con tres relatos largos, que, como el autor apunta en una nota final, constituyeron su primer libro de relatos publicado, con el escueto título de 3 relatos (editorial Nobel, 2006). El titulado Física familiar es el primero. En él, Bilbao nos narra los entresijos que configuran la convivencia de una pareja. Si éste es el primer cuento que publicó el autor, podemos afirmar que en él ya estaba definido su estilo: un fraseo parco, que en su deseo de captar el detalle fino no elude la imagen poética. En primer plano se narra una historia que tiene que ver en parte con la violencia (en este caso un accidente de tráfico) y en segundo plano el lector descubre aspectos ocultos de la vida en pareja de los personajes, abundando en el uso de la analepsis narrativa. Quizás aquí, con la presencia simbólica de una tarta, he sentido, más claramente que en otros cuentos, la influencia de Raymond Carver (lógicamente pensé en la narración Parece una tontería).
El segundo cuento, Preludio y consecuencias de un encuentro nocturno ‒en el que aparece un perro violento‒ me ha parecido una primera versión del relato Soy dueño de este perro, aparecido en el volumen Bajo el influjo del cometa.
En Pequeñas imperfecciones nos encontramos con otro relato sobre las pulsiones subterráneas de una pareja.

De estos tres primeros cuentos, me llama la atención que no aparezcan citados los lugares donde transcurren las historias. El lector los lee como si estuvieran situados en España, pero no hay ningún apunte al respecto. Esto supone un contraste con los relatos de Estrómboli, ya que en la mayoría de estos últimos el paisaje físico en el que estaba situada la acción (Reno, San Francisco, Nueva Zelanda…) acababa convirtiéndose en un personaje más. Me han gustado estos tres cuentos iniciales. No al nivel de los contenidos en Estrómboli, pero es cierto que en ellos se reconoce perfectamente el buen hacer de Bilbao.

En la segunda parte podemos leer cuentos aparecidos en antologías de relatos.
En Paso a paso hasta el final del día, un hombre regresa al pueblo de su infancia para enterrar a su padre. Como había leído antes de empezar el libro la nota final, ya sabía que este relato había aparecido en una antología de relato fantástico, de modo que ya suponía que el realismo de lo leído en los tres anteriores habría de quebrarse en algún momento. Lo hace, pero de una manera muy sutil (podemos encontrarnos aquí, al estilo Henry James, con un cuento de extraterrestres o de locura). Me ha gustado bastante.
No me gusta, sin embargo, el relato siguiente, titulado Un anexo al génesis. Un relato ajeno al universo creativo de Bilbao, una narración descriptiva de un mundo fantástico sin presentar personajes concretos.
Con un número de páginas similar al anterior (bastante inferior a la media de un relato de Bilbao), sí que me gusta bastante Prueba de amor. De nuevo, volvemos al tema de las parejas y los hilos ocultos que las mueven.

Me ha gustado Horror a bordo del Boris Butoma, un cuento que apareció en la antología Rusia imaginada (Nevsky Prospects, 2011), ambientado en la Rusia más polar. Recuerdo que, en esta misma antología, había un cuento de Óscar Esquivias, que leí en su libro Andarás perdido por el mundo, y que también me pareció bastante bueno.

En la tercera parte del libro podemos leer tres relatos inéditos. Podríamos suponer que son posteriores a los aparecidos en Como una historia de terror (2008) y Bajo el influjo del cometa (2010); pero, como en general me parecen de un nivel algo inferior a la media de estas colecciones, puedo aventurar que quizás se trate también de descartes de los libros anteriores.

Un viejo con suerte podría ser un relato arquetípico de Bilbao: en él asistimos a la relación que existe entre dos parejas jóvenes, en un momento en que un elemento exterior provoca que se muestren las pulsiones violentas que llevan dentro. Es un buen cuento, pero creo que en los relatos de Estrómboli se conseguía una mayor emoción; el lector acababa conociendo mejor a los personajes que aquí.

En El becerro de Lego Bilbao se acerca al cuento de terror. Esto me gusta, sobre todo teniendo en cuenta que uno de los primeros cuentos suyos que leí fue precisamente Como una historia de terror, y que yo asociaba a Bilbao con cierta querencia por la temática pulp. Además, aquí el autor ensaya un nuevo enfoque narrativo: el del género epistolar. La historia sobre unos niños siniestros que desean el mal para sus padres consigue resultar bastante inquietante.

El eremita me ha sorprendido porque, sin esperarlo, Bilbao nos propone en él un cuento histórico, ambientado en la guerra entre el persa Ciro y su hermano Artajerjes II. Un cuento que muestra la violencia más descarnada. Es un cuento raro dentro de la producción del autor.


Entre Estrómboli y Física familiar me quedo con el primero, un libro más maduro y redondo que éste. Y si alguien no ha leído a Jon Bilbao y quiere acercarse a él, desde luego no le recomendaría empezar por Física familiar. Este libro es para los lectores que, como yo, pensamos que Jon Bilbao es uno de los mejores escritores de relatos actuales de España, que ya hemos leído Como una historia de terror, Bajo el influjo del cometa y Estrómboli y queremos más. Si Jon Bilbao fuese un músico de rock, Física familiar sería su disco de rarezas y caras B. A mí también me gustan los discos de rarezas y caras B de, por ejemplo, Nirvana. Física familiar es un libro para admiradores de Jon Bilbao; lo bueno es que, sin estar a la altura de sus demás colecciones de relatos, no defraudará a sus lectores.

domingo, 26 de marzo de 2017

Estrómboli, por Jon Bilbao

Editorial Impedimenta. 268 páginas. 1ª edición de 2016.

De Jon Bilbao (Ribadesella, 1972) había leído hasta ahora los libros de relatos Como una historia de terror (2008) y Bajo el influjo del cometa (2010). Ambos me gustaron mucho. Como una historia de terror, que además fue el primer libro que leí de la editorial Salto de Página, me sorprendió de una forma muy grata. Cuando leí Bajo el influjo del cometa el impacto fue algo menor, y no porque el libro fuese inferior al otro, sino porque ya sabía hasta dónde podía llegar Bilbao escribiendo relatos.

Se habló bastante de Estrómboli en 2016. Estuve en abril en la librería Alberti cuando se presentó en Madrid. La verdad es que me apetecía bastante leerlo, pero lo he ido dejando hasta ahora, que ya nos hemos adentrado en 2017. Creo que he pasado por una temporada de solicitar demasiados libros a las editoriales, libros a los que acabo dando prioridad a la hora de leer, y eso provoca que otros, como este de Estrómboli, que lo compré, se acaben quedando un poco rezagados en mi lista de prioridades.

Estrómboli está formado por ocho cuentos, cuya extensión, en la mayoría de los casos, supera las treinta páginas. Ya he comentado alguna vez que me gusta bastante leer libros de relatos, pero que mis relatos favoritos suelen ser largos (por encima de las quince páginas), y Jon Bilbao escribe relatos justo de esa extensión, en la que da tiempo a desarrollar una historia, en la que interaccionan varios personajes y se desarrolla un conflicto sin el desarrollo temporal de una novela, que tanto me gusta. Sé que Bilbao es un gran admirador de John Cheever, un autor norteamericano que también se movía en esta paradójica distancia corta-larga de la que hablo y que a mí tanto me satisface.

Del primer cuento, Crónica distanciada de mi último verano, había leído unas cuantas páginas en la web de Impedimenta (ver AQUÍ), y desde el momento en que lo hice supe que más pronto o más tarde leería Estrómboli. Este cuento se desarrolla en Reno. El narrador, después de perder su trabajo en España, se ha trasladado a Estados Unidos para acompañar a su novia, que está realizando un doctorado en la universidad de Reno. Un día, en la lavandería del edificio en el que viven, sorprende a un motero trasnochado oliendo las bragas de su novia. Le grita y el motero reacciona riéndose de él. A partir de entonces el narrador empezará a ser acosado por el motero y sus amigos. La tensión está muy conseguida; es muy difícil no leerlo de un tirón. Un gran relato.

Me estoy acordando de la teoría del relato de Ricardo Piglia, esa que afirma que en un buen relato siempre se desarrollan dos historias: una evidente y otra que transcurre a un nivel más subterráneo. Crónica distanciada de mi último verano podría ser un ejemplo perfecto de esa teoría: en un primer plano nos encontramos con una historia de violencia evidente, la de la persecución de unos moteros al narrador, pero en un segundo plano, más escondido, Bilbao está hablando de la relación del narrador con su novia, que al final acaba siendo también una historia de violencia.
En gran medida, las narraciones de Bilbao tratan de las fuerzas ocultas que mueven las relaciones de pareja o familiares (relaciones entre hermanos, entre un padre y un hijo, etc.).

El segundo cuento, El peso de tu hijo en oro, es otro relato magnífico. En él, se indaga en la relación de dos amigos, que en vacaciones o durante los fines de semana, van a buscar oro a la cuenca de un río, y del peso que cobra en la relación la muerte accidental del hijo de uno el día que los acompaña al río. Es un cuento muy carveriano, muy intenso.

En Siempre hay algo peor nos trasladamos de nuevo a Estados Unidos. Esta vez el cuento se desarrolla en San Francisco. Más de uno de los cuentos de este libro están emplazados fuera de España (Reno, San Francisco, Nueva Zelanda, la isla de Estrómboli…) y el escenario acaba convirtiéndose en un protagonista más de la historia. Sobre todo en los que se desarrollan en Estados Unidos, es notable la asimilación de la cultura cinematográfica o literaria norteamericanas por parte de Jon Bilbao. La violencia que se muestra en ellos es muy norteamericana, pero a diferencia de lo que hace, por ejemplo, el escritor Juan Carlos Márquez en los relatos de Norteamérica profunda, Bilbao no se atreve al juego completo: sus personajes, aunque desplazados hasta la otra punta del mundo, siguen siendo españoles y contemplan a los personajes extranjeros con una mezcla de sorpresa y asimilación exótica (es muy relevante, en este sentido, el cuento El castigo más deseado, que transcurre en Nueva Zelanda). Otro gran cuento, y creo que está empezando a dejar de tener sentido glosar así cada uno de ellos.

Como ya he comentado, los tres primeros cuentos de este libro son magníficos. Cualquiera debería estar en la antología más exigente del nuevo cuento español.
Quizás el nivel baja un poco en el cuarto y el quinto cuento. El cuarto se titula Una boda en invierno, y en él se intercalan varias voces narrativas. El recurso es nuevo, pues los demás cuentos o bien se desarrollan en primera persona, o bien la tercera persona está muy apegada al punto de vista de uno de los personajes. Una boda en invierno contiene más de una imagen sugerente y misteriosa, pero los conflictos mostrados no acaban de tomar vuelo.

El quinto relato, Como en un idioma desconocido, nos habla de un joven ingeniero que empieza a trabajar en una central nuclear y de los conflictos laborales (en realidad humanos) a los que debe enfrentarse allí. Bilbao es un gran constructor de cuentos, y se nota que se documenta bastante cada vez que va a escribir una de sus historias. En esta es posible que la recopilación de información sobre el funcionamiento de una central nuclear haya sido excesiva, y en gran medida los detalles técnicos acaban ahogando el relato, cuyos conflictos entre personajes son menos intensos que en otras ocasiones.

Avicularia avicularia me ha encantado. Es un cuento sobre un padre en paro que, a instancia de sus hijos y su mujer, acepta acudir a un programa de televisión sobre retos, donde acaba comiéndose una araña viva, siendo este insecto una de sus fobias infantiles. Me gusta que en este relato Bilbao retoma un elemento de sus primeros libros: el tono ligeramente pulp, el leve tono de terror.

El castigo más deseado que, como ya he comentado, transcurre en Nueva Zelanda, consigue cerrarse con una escena final ‒con los protagonistas entre tiburones‒ realmente poderosa.

Estrómboli, sobre un hombre y su amante que van a esta isla a buscar al hermano del primero, me ha gustado, pero algo menos que el resto de los cuentos más destacados del conjunto. Es posible que la narración del pasado de los protagonistas lastre un tanto el ritmo del cuento.

Hacía tiempo que no leía cuentos de Jon Bilbao y he disfrutado mucho al retomarlos. No recuerdo con exactitud todos los cuentos de sus dos primeros libros, pero creo que Estrómboli contiene algunas de las mejores piezas que ha escrito. El estilo, sin ser recargado, busca la precisión y la sencillez, pero no está exento de cierto lirismo.

Creo que los cuentos son largos porque en casi todos, mediante el recurso de la analepsis, se narra el pasado de los personajes. Imagino que, para más de un purista del cuento corto, esto debería ser sugerido y no mostrado de forma explícita, pero yo creo que gran parte de la fuerza de estas narraciones reside precisamente en que el lector, a lo largo de sus treinta páginas, acaba conociendo gran parte de (aunque no todas) las motivaciones de los personajes.


En 2016 leí Andarás perdido por el mundo de Óscar Esquivias, y ahora me he acercado a Estrómboli, posiblemente (al menos de lo que yo conozco) otro de los más grandes libros de cuentos publicados en España ese año, y puede que durante unos cuantos más.

jueves, 10 de junio de 2010

Bajo el influjo del cometa, por Jon Bilbao


Editorial Salto de Página. 249 páginas. Primera edición de 2010.

De Jon Bilbao leí en 2009 su anterior libro de cuentos, Como una historia de terror. En mi búsqueda de nuevas editoriales, me había fijado en las cuidadas ediciones de Salto de Página, y tras leer las buenas críticas que había recibido este libro, avalado además por el premio Ojo Crítico de 2008, lo compré con altas expectativas. Estas no se vieron defraudadas, incluso me llamó la atención que un libro que me pareció de una calidad tan alta no estuviese editado por Anagrama o Tusquets; lo que acabó por abrirme a nuevos horizontes: existe vida más allá de Anagrama y Tusquets; editoriales pequeñas, aguerridas y con ánimo de permanencia en el difícil mercado editorial (esperemos que la crisis no se las lleve por delante, ya he visto que Salto de Página ha disminuido los títulos que saca por mes).

Como ya he contado aquí, el día del libro (23 de abril) estuve en el centro asturiano de Madrid, y pude comprar este nuevo libro de cuentos de Jon Bilbao e intercambiar dos frases con el autor mientras me lo dedicaba.

Aunque el listón era alto, Bajo el influjo del cometa no me ha defraudado. Los cuentos siguen siendo muy buenos y las técnicas narrativas empleadas son acordes al anterior libro, sin mostrar una clara evolución (no necesaria, por otra parte); o quizás, pensándolo otra vez, sí represente el último cuento un posible nuevo camino.

Bajo el influjo del cometa está formado por 8 cuentos, de los que uno (como ocurría en Como una historia de terror) podría ser casi una novela corta con sus 50 páginas, el titulado Soy dueño de este perro.

Bilbao es un gran escritor español de cuentos norteamericanos. El territorio de su escritura (ciudades con playa del norte, islas… que uno puede identificar como españolas, aunque no se diga ningún nombre) nos remite a las páginas de Raymond Carver, John Cheever, Alice Munro, Tobias Wolff, James Salter
Considero que el recurso técnico clave en estos cuentos es el de la connotación, de objetos o la mayoría de las veces de animales. Podríamos hacer un recorrido por los cuentos buscando la figura connotada: una biblia, un zorro, una ballena, un perro, una polilla, de nuevo un perro, un niño desaparecido y una obra artística… de ellos el lector debe deducir un mensaje oculto, ominoso… que va recubriendo el relato con distintas capas de intensidad y significados. En la página 55, Bilbao le hace afirmar a un personaje: “Soy una persona que concede importancia a las señales”.

También se hace patente el gran trabajo del autor con los detalles que dan vitalidad y credibilidad a lo narrado; así como su estudio de vocabulario técnico vinculado a determinadas profesiones o regiones cercanas a los personajes (el lector se encontrará con expresiones y palabras como “masilla epoxídica”, “tolva”, “rorcual”…).

La mayoría de los cuentos son de corte realista, y si, en la entrada en la que yo hablaba de James Salter, afirmé que los narradores norteamericanos no necesitaban valerse de grandes temas biempensantes para dar hondura a sus personajes, con Bilbao parece ocurrir lo mismo, y así, por ejemplo, titula un cuento de este despojado modo: Un padre, un hijo; quizás el más destacado del conjunto desde mi punto de vista, un cuento digno de cualquier antología de relato español, hispanoamericano (o norteamericano, lo que pretende ser un elogio).
Pero también a Bilbao le gusta coquetear con el género de terror o fantástico, e, igual que hacía en Como una historia de terror, las explicaciones de las narraciones se pueden deber a alteraciones psíquicas de los personajes -y ser entonces los cuentos enteramente realistas-, o la irrupción de lo fantástico en la narración. Estoy pensando en el titulado Soy el dueño de este perro, que tiene reminiscencias góticas, incluso.

En el último -otro de los que más destacados-, el que da título al conjunto, Bilbao opta directamente por lo neofantástico y nos habla de un suceso acaecido en un ficticio 1997, cuando amplias zonas del planeta se quedaron sin corriente eléctrica o agua al paso del cometa Hale-Bop, franjas nocturnas de oscuridad que parecían trazadas con una regla. Este cuento nos hablará de los comportamientos alterados de los personajes ante estas condiciones en una narración que me ha recordado, aunque con menor intensidad dramática, a la planteada por Comac McCarthy en La carretra (y estoy hablando de oídas y voy a usar una frase rara en mí: sólo vi la película y aún no he leído el libro).

Bajo el influjo del cometa es un gran libro. Es una pena que, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, aquí el género del relato breve no sea lo suficientemente apreciado y los lectores potenciales que podría tener esta obra se queden detenidos bajo el influjo de la novela.