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martes, 28 de abril de 2020

CUANDO UNO SIENTE LÁSTIMA POR PERSONAJES LITERARIOS ENCARNADOS EN PERSONAS REALES



Se expanden los rumores sobre la muerte del líder norcoreano Kim Jong-un y los leo con una extraña preocupación. Por supuesto, estoy convencido de que sería mejor para Korea del Norte convertirse en una democracia, pero siento lástima por Kim Jong-un. Hace años le convertí en uno de los dos protagonistas principales de mi novela “Los insignes” y estuve unas semanas recopilando información sobre él.
En mi novela, Kim Jong-un era –además de él mismo, un dictador– un poeta que hablaba español y que contactaba con Ernesto Sánchez, un poeta madrileño, para hablar de poesía e intentar que reseñara en su blog literario su poemario, que había salido en Korea del Norte con una tirada inicial de 4 millones de ejemplares, se había convertido en lectura obligatoria en los colegios y había sido alabado por toda la crítica literaria del país. Pero Kim Jong-un, como buen artista, como buen poeta, quería más alabanzas.
Por supuesto, siento simpatía por un personaje literario que yo mismo creé y no por el dictador real al que no conozco, pero uno también puede sentir pena por los personajes imaginarios que encarna en los reales, estoy descubriendo.


martes, 19 de marzo de 2019

Reseña de Los insignes en Me no know nothing


El poeta y editor Juan Peregrina leyó mi novela “Los insignes” (Sloper, 2016) y ha escrito una reseña para su blog “Me no know nothing”. 
Muchas gracias, Juan.



LOS INSIGNES (O NO TANTO), DE DAVID PÉREZ VEGA

Si es que al final, de eso se trata: de reírnos de nosotros mismos.
David Pérez Vega es poeta y novelista y alguna que otra cosa más, y se le nota. Ferocísima y dulce crítica la que hace al mundo de la cultura, centrada en la escritura de poemas, en el mundo de la lírica actual y pasado porque como diría Javier Krahe, cualquier tiempo pasado fue anterior.
Un poeta verdadero, o así se siente él, entabla comunicación y amistad con Kim Jong-un. Y esta es la premisa para repasar unos tiempos grises y oscurísimos sobre nuestra concepción de lo que es la literatura, y como decía antes, la cultura en general, plagada de pobreza crítica, mucho ayuntamiento carnal y primate (de primos/as) e intereses extraliterarios.
Y con un fino sentido del humor que provoca a quienes leemos esta novela, maravillosamente estructura entre una inverosímil relación, el buen carácter de un dictador y las penalidades de un poeta exquisitamente poco atractivo, pero preparado, leído y con ganas de triunfar como el que más, merecedor de coronas y laureles que no llegan pero que nos suenan.
La facilidad que Pérez Vega tiene de componer un drama es apabullante, la verdad. Nos -me- invade raudamente la vergüenza al reconocer ajenas formas y reacciones propias en esto de escribir. Y una envidia poco sana al reconocer a un buen novelista que es capaz de transportarnos al otro lado de mí mismo, es decir, reconozco la calidad de lo intentado, que llega a ser un triunfo de la aparente sencillez y pocas ínfulas que el escritor tiene, comparado con el narrador, el protagonista de la historia y su compañero de fatigas.
Muy recomendable lectura para quienes quiera saber de qué va la película lírica que nos obligan a ver en el cine de la actualidad cultural. Y me atrevo a decir que el arco de edad para leer estas páginas es muy elástico, algo que no es fácil de hacer si tenemos en cuenta que lo que quiere comunicar Pérez Vega es una desazón que podemos sentir desde tempranas edades -cuando vemos que la suerte en premio o publicaciones de nuestro amigo avanzan, como avanzan sus visitas al despacho de, o la casa de, pero no sus calidad de sus versos- o ya mayorcitos si lo que queremos es tomárnoslo como una radiografía divertidísima de lo que nos esperará cuando crezcamos. Más de un/a artista se sentirá reconocido/a.
Y es que somos “unos artistas, todos”, como decía un amigo de Cádiz: o como decimos en Granada, que “hay más Lorcas que panes” y no leemos a Federico. En fin, Bolaño, los poetas chinos y españoles, poetas hispanoamericanas, la decadencia y un pasacalles surrealista de editores, hacedoras de versos, supuestos escritores y otros seres del sinvivir poético que componen un mosaico que despierta simpatía y pena, miradas crueles y sensatas, paradojas entre el bien y el mal y las eternas preguntas que nos hacemos todos los días, algunas como las siguientes:
-¿vendería yo, poeta puro que no me vendo -ni vendo veinte ejemplares de mi último poemario- vendería yo, pregunto, clamo al cielo, a mi madre por un premio literario? Mejor no contestamos.
-¿recomendaría a mi amigo si es mejor que yo a una editora que me propone publicar un par de poemas en una revista extranjera?
-¿se contribuye desde las editoriales a forzar un tipo de lectura para mantener a flote una empresa?
-¿es la autoedición digna y sabemos qué hacemos al mencionar a JRJ o a Lorca?
-¿puede alguien contar con tanta gracia la desaparición de Kafka de la historia de la literatura?
-¿la corrupción moral es inherente al ser humano; al español y al mundo de la economía, la cultura…?, ¿en cualquier ámbito está normaliza la corruptela?
-¿dudamos sobre la limpieza de los premios?
-¿sinceramente es para tanto escribir libros?
A leer, malditos seres hermosos que disfrutáis con la lectura: horas de diversión y reflexiones os aguardan tras la carita feliz del amado y supremo líder.
Y no, no sabemos quiénes serán esos insignes de los que nos habla el señor Pérez Vega. La risa nos impide hablar a veces.

Puedes leer la reseña original pinchando AQUÍ.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Reseña de mi novela "Los insignes"


HAY UN LECTOR   AHÍ FUERA QUE DICE QUE SE DESTERNILLA CON MI NOVELA «LOS INSIGNES»

Pude conocer a Héctor Daniel Olivera Campos en mi viaje de hace dos semanas a Girona. Pasamos un domingo agradable hablando, sobre todo, de libros. Héctor había leído mi libro de cuentos «Koundara» hace unos meses y ahora ha leído «Los insignes». Éste es el comentario que ha hecho sobre el libro en Facebook y que yo agradezco mucho:


«Hacía años que no me leía una novela en dos días y hacía años que no me reía tanto leyendo un libro. Leer de un tirón y desternillarme me ha ocurrido con muy pocos libros: “Sin noticias de Gurb” de Eduardo Mendoza, “Historia estúpida de la literatura” de Enrique Gallud Jardiel, “Pantaleón y las visitadoras” y “La tía Julia y el escribidor” de Vargas Llosa -que recuerde, así, a bote pronto- y, ahora, este, “Los insignes” (Editorial Sloper) de David Pérez.
La novela de David Pérez Vega es una sátira en la que un poeta bajito, calvo, poco agraciado, outsider, miope, tímido, ingenuo e inspector de Hacienda le cuenta vía Skype al líder norcoreano Kim Jong-un cómo funciona el cotarro del mundillo de la poesía en España: Tribus, mamoneos, capillitas, amiguismos, pago de favores, editores sin escrúpulos que se comportan como señores feudales, etc, etc. La novela es pseudoepistolar, el lector sólo conoce los largos monólogos en los que el protagonista, un tal Ernesto Sánchez, se despacha a gusto, mientras que al sátrapa norcoreano apenas se le intuye. Lo disparatado y absurdo del planteamiento ya mueve a la risa y opino que está muy bien encontrado y narrativamente funciona.
La novela es de humor, pero de un humor irónico tan inteligente como mordaz. No es, pues, un humorismo de gag, chascarrillo y golpe de efecto. Tampoco es una sátira hecha para el gusto general al dirigir sus dardos a una diana muy concreta; a la del mundillo literario que es retratado sin piedad.
Del libro, lo más importante que puedo decir es que me lo he pasado muy bien y eso que me llevo por delante; claro, que hay que conectar con la fina y exquisita mala leche que fluye por sus páginas. Se agradece que el autor haya sabido sobreponer el humorismo -el protagonista se ríe de sus propias desgracias- a la tentación de embalsamar la bilis en tinta sobre papel. (Nadie mejor que un inspector de Hacienda para un ajuste de cuentas).
Otros aspectos que me han gustado de la novela de David es que es una obra valiente. El emperador estaba desnudo y muchos nos habíamos percatado de ello o, al menos, lo intuíamos, pero como en el cuento de Andersen, alguien tenía que decirlo; ponerle el cascabel al gato; chafar unas cuantas guitarras y aguar la fiesta autocomplaciente. En la novela se citan personajes y nombres de editoriales ficticios, pero fácilmente reconocibles. El autor pisa muchos callos con esta obra -David contra Goliat-.
De David Pérez Vega había leído tan sólo un libro de relatos titulado “Koundara”; así que me ha sorprendido gratamente este cambio de registro desde un realismo un tanto descarnado de sus cuentos por este manejo solvente de la sátira y la parodia. Me encantan los escritores que arriesgan, que no se encasillan en un único registro y David me ha impresionado con este cambio de tercio, por el que le animo a continuar.
Creo que decir que un libro escrito en clave de humor te ha hecho reír es el mejor elogio que se le puede ofrecer; lo cual no desmerece que tenga otras virtudes o que bajo la corriente del humorismo no se estén tratando cuestiones de más enjundia. El humor es algo muy serio, adagio que en la obra de David cobra también su fiel significado.»

jueves, 30 de marzo de 2017

Una lectura argentina de mi novela Los insignes

Cuando la editorial Sloper (dirigida por Román Piña Valls) me publicó la novela Los insignes, una sátira sobre el mundillo poético español, uno de los interrogantes que me suscitaba la novela era pensar si podría gustar a personas a las que habitualmente no les interesaba la poesía o la escritura creativa, que parecía ser el nicho de mercado principal de un libro como éste.
Me agradó comprobar que había personas que no leen o escriben poesía que podían disfrutar con el libro, al fin y al cabo una novela sobre las frustraciones cotidianas, que bien pueden ser artísticas pero también laborales o amatorias.

Lo que no había imaginado era esta situación: ¿cómo podría leer este libro una persona de otro país interesada por la poesía, pero que desconoce lo que se cuece en España?
Me ha resultado muy gratificante leer la crítica que hace de Los insignes la argentina Verónica Sotelo, alguien de otro país a quien sí le interesa la poesía.



Ésta es la reseña de Verónica Sotelo para la revista digital Tardes amarillas:


«La poesía es triste y solitaria y huérfana» (David Pérez Vega; Los insignes)

«¿Por qué lo hiciste?»

Hace pocos días, nuestro inefable director tuvo la "gentileza" de solicitarme la lectura de una novela que le enviaran desde España. Miré la portada y me quedé pensando en la razón. Generalmente, no es muy generoso a la hora de prestar sus libros y, para colmo de males, por esos días me había encargado la lectura de dos o tres obras con el oscuro fin de que escribiera una reseña, cosa que todavía sigue pendiente. ¿Para qué me pedía que lo leyera a la brevedad?
Comencé esa misma tarde y me quedé "prendida" hasta muy entrada la noche. Aunque parezca mentira, terminé ese libro en menos de quince horas (¿Será por aquello que se dice de que la «vida es mejor cuando te estás riendo»?) y al concluir su lectura supe (creo que ya lo sabía en la décima página) sus no tan oscuros intereses.

La mano viene así: Entre los cuatro pelagatos que hacemos Tardes Amarillas, una de las discusiones más frecuentes es acerca de la poesía (en general y en particular, por decirlo de algún modo). Tenemos miradas diferentes cuando evaluamos a quienes incluiremos o no en la revista. Como todos imaginarán, él con sus sesenta y cinco años tiene una concepción del hecho poético muy diferente a la que tenemos muchos jóvenes. Este libro que, entre otras cosas, es una parodia (¿sátira?) impresionante del ejercicio de la literatura en las redes sociales, me sirvió para comprender la mayoría de los cuestionamientos que tienen tipos como nuestro director, acerca de la que podríamos llamar "Poesía" en tiempos tan convulsos como estos del tercer milenio
Antonio es como los buenos sastres. No da puntada sin hilo; ya me había prestado alguna vez un libro de Conrado Nalé Roxlo titulado "La medicina vista de reojo" que explora el ejercicio de la medicina con ojos de humor; eso fue con el objeto de que comprendiese que muchas veces, los textos humorísticos, cuando contienen en su corpus la calidad necesaria y los elementos indispensables, también constituyen literatura (y de la buena). Sin embargo, este libro del español Pérez Vega, me ayudó mucho más que aquel que me prestara Antonio en dicha ocasión. Lo real es que, sobre aquel libro nunca pude ni quise escribir una reseña y sobre este sí.
Cuando terminé de leer el libro y le comenté que su estocada me había tocado, aproveché para preguntarle si le parecía correcto escribir una reseña sobre "Los insignes", me contestó que no... que no escribiera ninguna reseña. Me quedé sorprendida y un poco molesta por lo cual le pedí explicaciones. Cuando me las dijo, lo comprendí claramente pero decidí escribirla lo mismo porque presiento que más tarde o más temprano la terminará publicando. Sé que "Los insignes" lo dejó encantado (hemos conversado sobre eso) y sé también que se muere por ver una reseña de este libro en nuestro fanzine... Por eso lo hice.



«El amado líder supremo»

En el plano estrictamente literario, lo primero que quiero destacar es el argumento de la novela, algo que de por sí, resulta tan sorprendente por lo alocado, que a prima facie parece sencillo, pero se me ocurre que al autor le debe haber costado demasiado mantener una tensión permanente en la estructuración de la historia.
La conversación a través de Internet entre un poeta-bloguero de España y el líder norcoreano Kim Jong-un («Imaginación de escritor» diría el personaje "presta-libros") puede ocupar, sin dudas, un lugar en la literatura fantástica y, aunque parezca demasiado pretensioso de mi parte, creo que encubre una profunda crítica a la globalización en su sentido más estricto.
Sin necesidad de caer en falsos artificios, Pérez Vega construye cada capítulo con una precisión de relojero suizo y contando una historia lineal, al estilo tradicional, sin recurrir a esos recursos tan usados hoy en día (como la escritura fragmentaria y el flash back, por ejemplo). Las frases, las oraciones, es decir los elementos más importantes de la narrativa, estás dispuestos de tal manera que, cada idea, genera la necesidad de leer lo que sigue con una premura no habitual. ¿Cómo lo logra? Eso es lo llamativo. Las frases son tan sencillas y de tan fácil lectura que, probablemente, ese sea el quid de la cuestión.
Ahora bien... ¿Ese es su único objetivo? No... absolutamente no.



«El horror de las palabras atroces, el descubrimiento de la intemperie y el abismo»

Quienes hemos leído y quienes lean "Los insignes", nunca lo podremos saber con exactitud pero creo que Pérez Vega no solamente apunta contra el abuso de las redes por parte de una legión de pseudo-escritores. Creo que en realidad, lo que cuestiona es la banalización de la literatura toda, en un espacio en el que cualquiera tiene derecho a decir (escribir, en este caso) lo que se le ocurra sin que la inmensa mayoría de los usuarios cuiden la palabra o busquen lograr textos de valía. Pérez Vega, de manera no tan encubierta sino más bien explícita, se refiere a los "poetas" que demuestran escasa calidad en sus textos y que remedan, en alguna medida y desde el punto de vista sociológico, dos modelos opuestos de vejación de la poesía: Por un lado, los "aspirantes" a poeta, sobre todos aquellos más jóvenes (los de la Generación Millennials), que «...nunca han leído un buen libro de poesía ni una buena novela»... «que no saben lo que son las figuras literarias y desconocen las bondades de la métrica» que, en los grupos que conforman en las diferentes redes, apenas se diferencian de aquello que supuestamente critican y que, también supuestamente, quieren enterrar, las viejas "tertulias literarias" de siete u ocho señoras maduras y copetudas que se reunían una vez por semana a tomar el "five O´Clock tea" y leían sus producciones poéticas llenas de lugares comunes y sin ningún valor literario brindándose aplausos entre ellas. Pero va más allá y termina haciendo consideraciones acerca de los peligros que encierran las redes para el ejercicio del arte poético. Hasta llega a meterse con consideraciones que sin adornos, no son otra cosa que un análisis sociológico de la poesía actual, sin abandonar en ningún momento el humor y la picardía.
En el plano estrictamente retórico, cada una de las desopilantes conversaciones entre ambos, retrata con ojos de agudeza y desilusión (aunque parezca contradictorio) los nuevos modelos poéticos que, en definitiva, nunca sabremos si se deben a la propia globalización o a la necesidad de nuestros "cinco minutos de fama". ¿Será acaso «el poder de la globalización y la palabra»?
Reitero, las excéntricas charlas vía Skype entre Kim Jong-un y el calvo poeta español dicen bastante más de lo que uno puede imaginar en una primera lectura. Apuntan mucho más allá y terminan siendo un llamado a la reflexión. Y no se detiene aquí sino que hasta se da el lugar de dejar al desnudo la corruptela de algunos premios literarios (y aquí no puedo evitar recordar cuando hace pocos años las redes "echaban humo" debido a las críticas de todos los microficcionistas del mundo, entre ellos nuestro propio director, algunos de ellos con un enorme reconocimiento académico, por la concesión a un autor argentino de un espectacular premio de veinte mil dólares por un "microrrelato" que era un plagio hecho y derecho de un chiste popular en Estados Unidos, el que además incumplía con el reglamento que establecían las bases de "No ser copia ni modificación de otro texto conocido, de ser inédito pues ya se había publicado en un diario de Argentina y de no ser premiado pues en un concurso previo ya había obtenido el segundo premio).
Pero creo que me estoy desmadrando. Quiero volver a la novela de Pérez Vega.



«Las batallas perdidas por la poesía de antemano.»

Por el 2009, aproximadamente, Stephen Adams, corresponsal de Cultura del diario The Telegraph, de Londres, sostuvo que «La poesía, una de las formas de arte más antiguas de la humanidad, está disfrutando de un resurgimiento debido a Internet, según los mismos escritores.» «...En lugar de matarlo, las tecnologías modernas como el correo electrónico, los sitios de redes sociales como Facebook y los reproductores de medios en línea están ayudando a los poetas a llegar a nuevos públicos.» «La escena popular está creciendo ahora, con las lecturas de poesía en vivo cada vez más populares y más poetas que publican sus propios panfletos.»
¿Es cierto esto? Por supuesto que sí, pero la pregunta del millón es ¿Ha contribuido también a mejorar la calidad de la poesía que se escribe y se lee en las redes?
En la vereda opuesta a quienes aplauden el "resurgimiento de la poesía", la bloguera mexicana Avelina Lésper, crítica de arte, en uno de los artículos publicados en su página Web desacredita la "nueva poesía" cuando dice: «Es innecesario estudiar literatura, mucho menos preocuparse por lo elemental en sintaxis y ortografía, estorba el pensamiento profundo, para ser escritor basta con abrir una cuenta de Twitter. Marcel Proust dedicó 13 años para escribir "En busca del tiempo perdido" y la muerte dejó inconclusa su obra, un twitterazo se publica cada segundo, y con la recopilación de las ocurrencias cotidianas los autores publican libros más "acordes con el tiempo que nos tocó vivir".
Se me ocurre que, a mitad de camino, hay un punto de equilibrio. Digo, que las redes tienen beneficios y desventajas a la hora de permitir en su seno la convivencia de todos los "escritores" (poetas, narradores, microficcionistas, blogueros, twiteratos y todas las "razas" que conviven en ese espacio virtual) y que hay que ser un muy buen lector para diferenciar la paja del trigo
Aunque parezca una excesiva lisonja para Pérez Vega (Generación X) de parte de una "millennials", debo decir que este libro, me ayudó a comprender un poco mejor lo que hoy se publica bajo la denominación de "poesía". en cuanto medio virtual existe y existirá en los tiempos por venir y hasta en aquellos tradicionales, como el soporte en papel de libros, fanzines, opúsculos y otras formas.
Es en este punto, donde la novela de Pérez Vega entra en la categoría de "lectura obligatoria" porque creo que, además de brindarnos un excelente momento de rélax, sin alterar el ejercicio beneficioso del ocio a través de la lectura, nos arrastra, indefectiblemente, a la reflexión profunda y al replanteo de los valores artísticos de lo que leemos.
Lo mejor es que, este libro tan difícil de conseguir en Argentina (por ejemplo, muchos de mis amigos ni siquiera conocen al autor y la editorial Sloper, no estaba en los registros de las librerías más tradicionales de nuestro país), ahora sí se puede conseguirse a través de una tienda virtual muy difundida en las redes y a la que no mencionaré porque no acostumbramos incluir "chivos" publicitarios en nuestra revista.



«¿Qué sería de la poesía verdadera sin los poetas olvidados?»

El otro aspecto meritorio que tiene esta novela, es que con alguna de sus, aparentemente inocuas aseveraciones, nos está llamando a reflexionar acerca de lo indispensable de la lectura como paso previo a la escritura, sin la cual, cualquier texto, por gran talento que tenga el autor, terminará por carecer de valor. Si un poema nos produce rechazo por el mal empleo de la palabra escrita, la poesía solamente servirá como un acto meramente catártico y sin sentido que no producirá goce estético en el lector.
«¿Qué sería de la poesía verdadera sin los poetas olvidados?» se pregunta Pérez Vega. No he leído desde hace tiempo una indirecta más directa. Desde mi modesto punto de vista, esta es una gran lección... Lo que el autor nos está diciendo (o al menos así lo siento) es «Muchachos... El resguardo de la poesía, el reaseguro de la poesía, al amparo de la poesía, son los textos que han logrado trascender a todos los tiempos... tened cuidado, puede que vuestros escritos no trasciendan más allá del próximo lustro y hasta quizás del próximo año. Leed a los viejos, leed a los olvidados, leed buena poesía y así, probablemente algún día, podréis escribir textos que os trasciendan»
Estas reflexiones (absolutamente mías y escritas en lenguaje coloquial español ex profeso) no logran encubrir el equilibrio ya que Pérez Vega sostiene de manera enfática que, así como hay mucha poesía (y muchos autores) de poco valor, en la red, también podemos leer muy buena poesía escrita por jóvenes porque en definitiva la buena poesía no es una cuestión etaria sino una cuestión de talento, mucho trabajo, mucha dedicación y sobre todo mucha lectura.



«Prometo no olvidarlo nunca»

Aunque la palabra promesa suene azarosa en los tiempos actuales, tengo la certeza de que a este libro voy a volver (y más de una vez). Es de esos libros que no resultan ser "difíciles de olvidar" sino que NO se pueden olvidar. No solamente por los gratos momentos de su lectura sino por lo mucho que me ha enseñado en las dos veces que me sumergí en la historia, una de aproximadamente quince horas y la segunda un poco más medulosa, sin contar las veces que lo abrí para recordar un pasaje subrayado a lápiz por Antonio.
Este libro, deja marcas... Si me conceden licencia para comparar, deja estigmas que señalan de manera indefectible que cualquiera de nosotros que se haya visto atrapado por la novela, termina por participar junto a Pérez Vega en la pasión de la poesía.
Pues bien... de esto se trata; de descifrar los meandros del arte poético y comprender que, el ejercicio de escribir poesía no es algo tan banal como lo es la mayoría de los textos que leemos cotidianamente en las redes y que leer una buena novela que, además de arrancarnos sonrisas, nos haga reflexionar, es un ejercicio invaluable para el ocio y el goce estético.


Pinchando AQUÍ se lleva a la publicación original.

Muchas gracias, Verónica Sotelo.

miércoles, 20 de enero de 2016

Reseña de Los insignes en El Cultural

En enero de 2014 aparecí en El Cultural. Habló de mi blog el escritor Gonzalo Torné en su sección Inteligencia ajena. Fue una grata sorpresa. Llevo leyendo El Cultural, casi semana tras semana, desde hace dos décadas. Recuerdo que en aquel momento tuve una sensación rara, porque siempre había soñado con escribir libros, publicarlos y ver alguna reseña en un espacio como aquél. Por fin aparecí allí, pero no para hablar de uno de mis libros, sino de mi blog. Lo que es estupendo, por supuesto, ya que en el blog pongo el mismo empeño que en todo lo que escribo.

El viernes pasado el sueño inicial se ha hecho realidad: después de dos décadas de leer reseñas de libros en El Cultural, he podido leer en él la reseña de uno de los míos, Los insignes. La firma Pilar Castro y, pese a que señala como punto flojo la debilidad de la trama (tiene razón: mi novela no es una novela de trama), también dice cosas como éstas: «Los insignes, salpicada de ingenio a raudales y de una expresividad que anima a no dejar de leerla en ningún momento.» o «Domina el discurso y se mueve por la sátira con admirable soltura.»


Dejo aquí la reseña por si a alguien le apetece leerla (si se pincha en la foto se ve mejor).
(AQUÍ está la versión digital)

(Por cierto, hay un pequeño error: el precio no es de 17,90 € sino de 15 €)





jueves, 7 de enero de 2016

Reseña de Los insignes en el blog Devaneos

Desde hace tiempo leo las reseñas del blog Devaneos, escritas por un señor de Logroño –sin nombre propio en las redes sociales-, que lee mucho y que no tiene problemas en decir exactamente lo que opina sobre los libros a los que se acerca. Hace unos años leyó mi primera novela publicada, Acantilados de Howth, y no salí muy bien parado. Parece que ahora, con Los insignes, su veredicto es más favorable.



Esta es la reseña sobre Los insignes aparecida en el blog Devaneos:

“David Pérez Vega despelleja en esta novela el mundillo poético que tan bien conoce, pues su trabajo le costaría (supongo) en su día, colocar y publicar sus dos poemarios y luego sus novelas. Los insignes es la tercera, tras Acantilados de Howth (reseña), y El hombre ajeno.
A David le sigo desde hace unos cuantos años a través de su blog Desde la ciudad sin cines.
El protagonista de la novela, Ernesto Sánchez, también tiene un blog, de poesía. Poco a poco se ha ido haciendo un nombre, aumentando el número de visitantes, e incluso un buen día recibe la visita del señor de la portada, de Kim Jon-un, el Jefe de Estado de Corea del Norte, quien ha escrito un poemario titulado Mi padre, el amado Líder Supremo, y al tiempo que mediante Skype se comunica en castellano con Ernesto, mejorando así el conocimiento de nuestra lengua, le pide a éste, como entendido en la materia que es, que valore su libro. Lo cual sucede al final de la novela. Ernesto además de poeta y bloguero es funcionario de carrera de grupo A, y trabaja como Inspector de Hacienda. Esto es relevante, porque llegado el caso, Ernesto podrá echar mano de su dinero, para financiarse la edición de su libro, y cumplir así su sueño de tener algo publicado.
Así son los escritores, amigos.
Esta novela me ha enganchado porque como bloguero me puedo identificar en mayor o menor medida con Ernesto y sus devaneos globosféricos. En lo tocante al despellejamiento del mundo poético, no sé si los nombres que por ahí salen, son el trasunto de personajes reales o no, pero que ese mundo editorial que nos pinta David huele a podrido es un hecho.
David se explaya sobre los suplementos culturales como por ejemplo Babelia, donde las críticas siempre son favorables, donde se es muy blando con los libros malos, donde las críticas las hacen amigos de los autores, o amigos de los editores, o autores que quieren publicar sus libros en esas editoriales que alaban, etc, donde al final son los intereses crematísticos los que priman, más que el enjuiciamiento crítico de una obra de arte. La cultura como tal se transforma entonces en algo abstracto y esos insignes, que dan título a la novela, son personajes de carne y hueso, que dirigen las editoriales, y que David nos presenta como gente ignorante, con un escaso conocimiento de la literatura en general, circunscrito su saber a conocer los libros que integran sus colecciones.
Ernesto se nos presenta como un Quijote bajo el aspecto de Rompetechos: bajito, calvo, con gafas de aumento, que va denunciando todo aquello que le enerva, ya sea el éxito de cantantes de rock, aclamados también como poetas (como Iniesta, el Rey de Extremadura), a pesar de sus letras sonrojantes, con poetas que hacen del apalizamiento personal una lanzadera al éxito editorial, poetisas que combinando lo bizarro y lo dramático consiguen el beneplácito de todos cuantos las adulan, poetas de melenitas sedosas, que esperan la llegada de las musas, subvencionadas por el Estado, disfrutando de alguna beca otorgada para la “creación literaria”, etc.
A quienes todos estos devaneos propios del mundo editorial le traigan sin cuidado, no sé hasta que punto esta novela puede serles interesante. Al menos a priori. El hecho es que una vez que empiezas a leerla, te ves conminado, al menos en mi caso, a leerla del tirón.
Respecto a Acantilados de Howth la prosa de David ha mejorado, resulta más fresca, más suelta, ha cogido el tono, un tono que se sostiene casi toda la novela. Hay algún bajón también y las páginas donde surge la figura de García Ayuso o donde se detalla hasta la extenuación el empeño de Ernesto por ver publicados sus poemarios, se convierte en algo obsesivo que me recuerda lo peor de Acantilados.
Sin embargo, cuando David se desmelena y se aferra al humor, a la sátira pura y dura, ahí el libro ofrece momentazos como el de la meada catártica, la transcripción de esos poemas que tantos parabienes reciben y se mueven entre lo soez y lo cursi, casi siempre, la poeta perrofláutica que no sabía quien era Catulo, y esos mandobles que el autor va soltando a Izquierda y Derecha.
Tengo la impresión de que David, donde en su blog hace sesudas y valiosas reseñas, como las que también hace Ernesto, parece lamentarse, y mucho, de la medianía en que nos movemos, donde ni siquiera quienes están al frente de editoriales son gente culta, muchos menos, eruditos, convertida la cultura en un bien más, un bien perecedero y fungible, que deja escaso poso, donde comprobamos que quienes se acercan, si es el caso (poco probable) a la poesía, deciden leer antes a Marwan que a Rilke, a Bukowski que a Gamoneda.”


jueves, 3 de diciembre de 2015

Reseña de "Los insignes" en la revista digital "La caja negra"

El poeta Eugenio Navarro ha escrito una reseña de mi novela Los insignes para la revista digital La caja negra.



La dejo aquí:

«David Pérez Vega acierta a abrir los “Los insignes” con una cita de Saul Bellow en la que entre otras cosas el escritor canadiense dice que a los poetas se les ama porque sencillamente no pueden salir adelante. ¿Y qué es esta novela si no un homenaje a los poetas como el Quijote lo era a los libros de caballería? Por supuesto para decir esto hay que entender de antemano que el autor ha escrito el libro en coordenadas de sátira y queriendo censurar y/o ridiculizar la escena poética nacional, la misma en la que Pérez Vega está (aunque solo sea por el mero hecho de publicar) inmerso de alguna manera y por tanto también se está riendo –qué sano es siempre- de él mismo. Uno de los errores en los que se suele caer al hacer sátira suele ser el de abandonar momentáneamente el tono mordaz del relato para incurrir en la impostura de la trascendencia, tentación a la que en ningún caso, el autor se ha dejado vencer, y para bien. Así la novela transcurre flotando sobre el monólogo de Ernesto Sánchez (el protagonista), poeta, bloguero y funcionario del estado español en este orden, que entabla una relación de amistad cibernética con la poesía como telón de fondo con el líder norcoreano y también poeta Kim Jong-un. Esta relación le sirve como excusa a Ernesto para enlazar un discurso sobre los poetas, su mundillo circundante y su intríngulis, que a ratos llega a convertirse en perorata y a ratos en diatriba. Ernesto haciendo uso de una verbosidad excesiva (Kim Jong-un asiste como un alumno aplicado hasta casi el final) desgrana sus experiencias frustrantes de letraherido con editores, autores, lectores, premios, politiqueos y jurados, moviéndose siempre entre una ternura y un patetismo que a los que en algún momento nos hemos visto envueltos en algún affaire parecido, nos hace reír y sonrojar a partes iguales. El libro avanza hacia la entrega por parte de Kim Jong-un a Ernesto de un poemario que ha escrito sobre la muerte de su padre, con la intención de que el protagonista le dé su opinión como crítico de poesía. Ernesto dudará -igual que dudaba entre hacerse un hueco entre los poetas burgueses o acomodarse entre los poetas aguerridos y sociales- entre por un lado ser fiel a sus principios y a su rigor crítico y probablemente estropear su amistad con Kim Jon-un, y por otro mentir, ser como ellos (los insignes), acceder a ser un actor más en el teatro, y conservar su relación. Creo que estamos ante un libro, me atrevo a decir, que generacional, al que todo poeta que se precie (y todos creo que lo hacemos) debería acudir a descargarse no sólo de egos sino también de gravedad, abrirse la bragueta y soltar como ha hecho David Pérez Vega, “una larga y reconfortante meada”.»

Dejo AQUÍ EL ENLACE a la publicación original.

Muchas gracias, Eugenio.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Reseña de Los insignes en la revista Librújula.

El poeta y crítico Enrique Villagrasa ha escrito una reseña de Los insignes para la revista Librújula (existe versión digital y también de papel). Acaba escribiendo lo siguiente: “Una insigne novela de necesaria lectura.”



Esta es la reseña completa:
Una parodia, sin acritud, de los mal o bien llamados círculos poéticos que hay en toda ciudad que se precie, desde una anecdótica y sugerente propuesta: las videoconferencias que mantiene el funcionario Ernesto Sánchez con el líder norcoreano Kim Jong-un, quien quiere entender y saber de poesía y recibe penas y más penas del triste bípedo, que repasa lo habido y por haber en el mundo poético editorial.

DAVID PÉREZ VEGA (Madrid, 1974) es autor de las novelas Acantilados de Howth y El hombre ajeno, tiene además dos poemarios, Siempre nos quedará Casablanca y El bar de Lee. Es profesor de Economía y tiene un blog.

Leer esta novela es como encontrarte en algún momento de tu vida entre esas líneas, si eres aprendiz de poeta, tienes un blog, te ves asediado por los lectores poetas, y quieres tus versos ver publicados en papel. No deja de ser una parodia más bien dulce, no hace sangre, aunque dice nombres con más pelos que señales. A la vez que es una visión particular de ese mundo de payasos donde unos se lucran más que otros, sin ánimo de menospreciar ni faltarles al respeto a estos últimos de profesión tan respetada y agradecida, desde mi infancia; y ya sabemos que cada uno cuenta la feria como le va. En esta aventura narrativa los títulos de libros poéticos significativos y poetas alfa de la tribu que sean reciben su varapalo, aunque me temo que ellos no se molestarán: ni se molestará esta España que no lee. Lo mismo que los premios poéticos instaurados en este país de ellos, tales como los Hipérbole o Bisonte, a los que el protagonista se presenta y no recibe ni acuse de recibo, como tantos otros.
Esta parodia disparatada sobre la obsesión por publicar y de ahí la obsesión por lograr el éxito literario tiene de coprotagonista al líder norcoreano, que tantos quebraderos de cabeza da a las máximas potencias mundiales. No me cabe ninguna duda de que el autor, de la mano de su demostrada inteligencia emocional, logra relatar estas otras vivencias que le son muy cercanas de forma impecable; no digo que algunas otras no sean inventadas o imaginadas. Me ha gustado mucho la anécdota que utiliza de que un poeta líder político con ventas supermillonarias, porque puede, contacte con el protagonista a través de su blog de crítica literaria-poética para que le diga qué le parece su poesía, pues no se fía de las recibidas en su país: que le contacte a él, que apenas ha vendido un cincuentena de ejemplares de su libro. Paradojas reales donde las haya, que le sirven para repasar en qué mundo poético editorial vivimos y con qué bípedos implumes se baten el cobre los poetas. Una insigne novela de necesaria lectura. ENRIQUE VILLAGRASA




jueves, 12 de noviembre de 2015

Reseña de "Los insignes" en Estado Crítico

Mi editor Román Piña le envió Los insignes a Fran G. Matute, uno de los artífices del estupendo blog de reseñas literarias Estado Crítico. Cuando Fran leyó Los insignes estuvo haciendo algunos comentarios en Twitter y me acabó comentando que el libro le había gustado y que se había reído bastante con él, que además se lo iba a pasar a Antonio Rivero Taravillo, que suele comentar la poesía en el blog, y que quedaría más propia la reseña si la hacía él.



Antonio Rivero Taravillo ha leído Los insignes y ha escrito esto sobre la novela:

Esta novela parte de dos extremos, bien ensamblados contra todo pronóstico en un aliño que une agua y aceite. Uno, hiperrealista, que es moneda corriente, el pan nuestro de cada día: un poeta desconocido español traba amistad y mantiene videoconferencias con Kim Jong-un, el monarca comunista de Corea del Norte. El otro es absolutamente inverosímil, y el autor le ha echado mucha imaginación: esa idea genial de que en las editoriales de poesía españolas pudiera haber corruptelas ligadas a los premios y posibilidad, qué hallazgo, de que la promoción de cierto autores poco tenga que ver con la calidad de estos. Con esos mimbres, uno casi de Galdós, y otro a lo Ray Bradbury, David Pérez Vega consigue una novela entretenida y ágil, en la que cuenta la frustración creciente de un poeta que tiene que lidiar en la selva de ‘jam sessions’, poetisas cuyos únicos acentos bien puestos parecen ser los de sus pezones, licenciados en Filología Hispánica que no leen jamás un libro, editores tan avispados como desaprensivos y reseñistas falsos, interesados, hipocritones, aupados al púlpito de un suplemento.
Curiosamente, Pérez Vega reparte pocos palos en esta piñata a la que él llama editorial Bisonte, fácilmente reconocible, y que es la que más y desvergonzadamente premios controla, para cargar en cambio contra otra, Hipérbole, y especialmente contra una tercera llamada Moby Dick, identificable como las anteriores. Lo bueno es que los rasgos de unas y otras están algo desfigurados, y hay elementos que, siendo por ejemplo de la primera (ese sonido ch del nombre de pila del editor), se trasladan a la tercera. Con ello, más que de ajuste de cuentas con un pecador en particular se trata de señalar el pecado bastante extendido. También aparecen algunos políticos municipales, y sus enjuagues y tejemanejes que hallan, tal para cual, a menudo la complicidad de los editores. Hay episodios que algún lector recordará porque saltaron a la prensa, y quizá podría haber abundado más el autor en otros asuntos como los festivales, pero tiene esta novela la ventaja de su ligereza: se lee con rapidez y no cansa.

Como divertimento, con humor bien medido y prosa a ráfagas brillante, esta novelita ejemplar no cuenta nada que no se sepa en el medio poético, pero lo hace desde la efectividad de no ponerse seria, engolada, solemne, a diferencia de esos poemas glosados del querido Líder Supremo con los que se nos regala de pasada al final del volumen.


Muchas gracias, Antonio

jueves, 5 de noviembre de 2015

Alguien habló sobre mi novela Los insignes

En esta entrada voy a dejar los posibles comentarios que aparezcan sobre mi novela Los insignes (Sloper, 2015):


8) Suplemento El Cultural
Reseña escrita por Pilar Castro

7) Blog Mi estantería
Reseña escrita por el bloguero Yossi Barzilai

6) Blog Devaneos
Reseña escrita por un señor de Logroño que lee mucho.

5) Blog Estado Crítico
Reseña escrita por Antonio Rivero Taravillo

4) Revista digital y de papel Librújula
Reseña escrita por Enrique Villagrasa

3) Revista digital La Caja Negra
Reseña escrita por Eugenio Navarro

2) Blog El cuaderno rojo
Reseña escrita por Jesús Artacho

1) Periódico El Mundo Baleares, comentario sobre la presentación en Palma de Mallorca
Noticia escrita por Andreu Vidal Buenafuente.

martes, 3 de noviembre de 2015

Reseña de "Los insignes" en el blog El cuaderrno rojo

Le envié a Jesús Artacho, al que conozco gracias a intenet y con el que he intercambiado algunos libros, Los insignes.
Jesús mantiene un interesante blog literario llamado El cuaderno rojo (Ver AQUÍ)



Tras leer mi novela, Jesús escribió en su blog:

El mostoleño David Pérez Vega, a quien no pocos descubrimos por su blog literario,Desde la ciudad sin cines, salta de archipiélago, sin abandonar la insularidad editorial, y pasa de la tinerfeña Baile del Sol, donde habían aparecido sus cuatro libros anteriores, a la mallorquina Sloper, que hará poco menos de un mes ha publicado su última novela, Los insignes. Agradezco al autor el detalle de enviarme la novela, que he podido ya leer no sin entusiasmo.

El libro se anuncia como parodia del mundillo poético de una gran ciudad española, pongamos que hablamos de Madrid. Tiene una estructura más bien epistolar, y concretamente reproduce las conversaciones por Skype (el monólogo, valdría decir) entre un poeta español y -sorpresa- Kim Jong-un, el Líder Supremo de Corea del Norte, al que descubrimos también poeta y deseoso de mejorar su español. Aquí el lector debe hacer un pequeño acto de fe, pues la vídeo-conferencia, pese a su componente oral, aparece, como por otra parte sea razonable, siguiendo los códigos y convenciones del registro escrito. Como decíamos, al que siempre leemos es al personaje español, mientras que Kim Jong-un ejerce de respetuoso oyente que sólo por momentos abandona la mudez. La aparición del líder norcoreano puede actuar, según el tipo de lector, como un arma de doble filo, y si bien puede atraer lectores y sazonar el conjunto de forma muy apropiada, al colisionar con nuestro horizonte de expectativas, también se puede pensar que con su presencia la verosimilitud pierde algunos enteros (dentro de la excentricidad, por cierto, no deja de tener cierto sentido, pues cuentan que una de las personas de confianza del líder de la hermética república, Alejandro Cao de Benós, es español).

Hechas estas puntualizaciones, en mi caso no he podido sino disfrutar con esta novela que encuentro de estirpe bolañana, por espíritu lúdico, giros verbales, chispa, inteligencia, vértigo y dosis de delicioso disparate. Por riqueza referencial y buen hacer, se nota que el autor, a diferencia de algo que critica, la figura del aspirante a poeta que apenas se preocupa por leer o conocer los rudimentos del oficio, es un gran lector. 

Novela hilarante, en Los insignes se desenmascaran vicios de la poesía (en algunos casos extensibles a la literatura en general), tanto en lo que atañe a autores como a editores. Se critica con gracia, por ejemplo, el exceso sentimentalista, el aplauso amiguetil y acrítico en el que a veces se cae, los egos desmedidos o ciertas poses (el mundo de los blogs y las redes sociales, como no podía ser de otra manera, está muy presente). Se denuncian de forma pormenorizada las corruptelas en el apartado de premios, becas, subvenciones o el comportamiento de ciertas editoriales. El protagonista de esta sátira, un escritor e inspector de Hacienda calvo y bajito, que pretende hacerse un hueco en el mundo literario, peca en ocasiones de ingenuidad y de un deseo desesperado de reconocimiento, pero su punto de vista es generalmente honesto. 

Se atisba que Pérez Vega ha ficcionado pero también ha sabido utilizar de forma acertada su experiencia como bloguero y como escritor. "Me di cuenta de la ridiculez de sufrir por la literatura", declara en una entrevista reciente, haciendo gala de una sana distancia a la que a no todo autor en ciernes parece capaz de llegar, y es que, como decía el otro, los malos escritores (o los que, en general, se afanan por ganar respetabilidad, por alcanzar la gloria) sufren como ratas de laboratorio.

No todo es literatura y humor en el libro, y de forma transversal se hace referencia a la coyuntura político-social del país (la especulación inmobiliaria, el 15-M...).Móstoles, como viene siendo habitual, también está muy presente, y de hecho el protagonista es oriundo de esta "ciudad dormitorio" o "suburbio", según se la califica en el libro, algo que, según comenta el autor en facebook, fue la única pega -curioso- que su madre le puso al libro, que llamara a Móstoles suburbio, que no siéndolo lo llamara así para romantizarlo

Como pequeña crítica, en una edición por lo demás muy pulcra y un texto expedito deerratas, creo que se les ha colado una en la contraportada. Se lee: "Si todos los poetas de España, los que lo son y los que se lo creen, compran este libro, será un súper ventas histórico". Me sonó raro ese "súper" y me fui al diccionario, donde leí que acentuado, "súper" es siempre acortamiento de "supermercado", de ahí que la tilde no venga al caso.



Muchas gracias, Jesús.

as, Jesús.
Muchas 

jueves, 29 de octubre de 2015

Presentación de "Los insignes" en Palma de Mallorca

El fin de semana pasado estuve en Palma de Mallorca presentando ni novela “Los insignes” en la bonita y cuidada librería La Biblioteca de Babel. El presentador fue mi amigo el poeta y narrador Javier Cánaves. Román Piña, el editor de Sloper, nos introdujo a los dos.
La verdad es que fue un fin de semana muy intenso y muy agradable.
Javier Cánaves, yo y Román Piña en La Biblioteca de Babel


El jueves por la noche me entró en la bandeja de correo electrónico un mensaje de un joven periodista llamado Andreu Vidal Bustamante, que trabaja para el diario El Mundo Balear (donde también escribe una columna Román Piña), pidiéndome que le contestara a un cuestionario; y que si podía se lo enviara el viernes. Este día tenía que ir al colegio y desde el trabajo ir al aeropuerto, así que lo escribí la noche del jueves, lo revisé la mañana del viernes y se lo envié a Andreu.
El sábado había quedado a la una de la tarde con Román en la Plaza de España, consulté Facebook en el móvil, tomando un café, en la terraza del Café 1916 y al ver el recorte de prensa de El Mundo Balear me acerqué al quiosco de la plaza para comprar el periódico.
Ya había aparecido en algún periódico antes: en El Cultural, el suplemento de El Mundo, Gonzalo Torné escribió un artículo sobre el blog, y me nombraron en El País y en El Mundo cuando participé en 2012 en el encuentro de blogs literarios (pero creo que esto sólo salió en la versión online). Esta es la primera vez que aparezco en un periódico en papel (y no en un suplemento). No sé si realmente esto puede hacer que en Baleares alguien se interese por mi novela, o si yo comentando lo del periódico aquí y ahora tengo, gracias al blog, más repercusión (dentro de unos niveles de repercusión liliputienses). Lo cierto es que hizo ilusión pasar las páginas del periódico en la plaza de España de Palma y verme allí dentro. Además queda bien poder enseñárselo a familiares y amigos (mi novela va sobre el deseo de reconocimiento desmesurado, aquí estoy yo -el irónico- "hablando de mi libro", en fin).

Voy a dejar aquí un enlace al artículo online que al final salió en el periódico en papel, una foto del periódico escaneado, y el cuestionario tal como yo contesté a las preguntas.


El Mundo Baleares, sábado 24 de octubre de 2015
Si pinchas sobre la imagen se agranda.

 ENTREVISTA REALIZADA POR ANDREU VIDAL BUSTAMANTE:
¿Qué podría contarme de la trama?
Ernesto Sánchez es un inspector de Hacienda de 36 años, que siempre ha soñado con alcanzar la gloria artística gracias a sus poemarios. Mantiene un blog de reseñas literarias dedicado en exclusiva a la poesía. Es habitual que le escriban poetas con el deseo de que reseñe sus libro en el blog. La sorpresa será mayúscula cuando sea Kim Jong-un, el presidente de Corea del Norte, quien le escriba para proponerle que lea y comente en su blog –ya que no se fía demasiado de la excesivamente buena acogida crítica que ha tenido en su país– el libro de poesía que ha escrito sobre la muerte de su padre. Mientras se ultima la traducción del poemario, Ernesto y Kim Jong-un conversan por Skype y el primero aprovechará para desahogarse sobre la relación negativa que ha tenido con un prestigioso editor de poesía español y, de paso –y con humor– describirá las diferentes tribus poéticas de su ciudad.


¿Y del personaje?
El personaje principal, Ernesto Sánchez, es un letraherido que a sus 36 años empieza a pensar que es tarde para alcanzar el deseado prestigio literario. Ese prestigio que le permitirá traspasar las puertas de los bellos jardines soñados.


¿Qué relación guarda el título con el argumento?
Cuando Ernesto habla con su nuevo amigo, Kim Jong-un, de algún personaje del mundillo poético por el que no suele sentir mucho aprecio, suele introducir su nombre de forma sarcástica con el apelativo de “insigne”. Así que “los insignes” serían el conjunto de enemigos y competidores de Ernesto.



¿Por qué decide escribir una novela sobre la frustración del poeta en busca de reconocimiento o de edición?

Porque durante una temporada yo, como tantos otros, sucumbí a la enfermedad de Ernesto. Afortunadamente para mí y para mi salud mental, pude darme cuenta a tiempo de la ridiculez de haber empezado a sufrir por la literatura, precisamente la afición que más alegrías me había dado en la vida.


¿Considera que esta frustración es similar a la que también viven los novelistas?
La frustración de no alcanzar el éxito deseado en la poesía es similar a la de la narrativa o a la de cualquier arte. Diría más: podría extenderse al deporte, a la vida profesional, amorosa, etc. Tal vez, cuanto más pequeña sea la tarta del éxito a repartir (y en poesía, al haber tan pocos lectores reales, esa tarta es realmente pequeña), más ridículas y desproporcionadas sean las ambiciones desmedidas de éxito y de reconocimiento.


¿Y qué tal le han tratado en Sloper?
Muy bien. Les envié mi manuscrito por correo electrónico y Román Piña –el editor– me contestó en menos de dos semanas que quería publicarlo. Siempre han estado claras las condiciones de publicación y los plazos se han cumplido.


¿Por qué ha publicado con ellos?
Una prioridad para un autor que quiere publicar debería ser la de informarse bien de cuál es la editorial en la que mejor puede encajar su manuscrito. Yo suelo estar bastante al tanto de las preferencias de cada editorial. Después de que Sloper publicara La mala puta, el ensayo de Miguel Dalmau y Román Piña sobre el mal estado del mundo literario español, y al ser conocedor –porque lo anuncian en la web de la editorial– de que a Sloper le gustan los libros con humor, tuve claro que mi sátira disparatada del mundo de la poesía española podía encajar en el catálogo de Sloper. Y así fue.


¿Qué hace falta para que los editores españoles dejen de comportarse así?
Si te refieres al comportamiento del editor de mi ficción y no al insigne Román Piña, diría que lo que le hace falta al mundo de la edición emergente en español es más profesionalidad y comportamientos más adultos. Es lamentable (y el ejemplo es real) que un editor de cierto prestigio, que en las redes sociales protesta por las reformas laborales del gobierno que atentan contra la dignidad de los trabajadores, no entienda que su editorial también es una empresa y que debería, por tanto, cumplir con sus compromisos contractuales.


Menciona en su blog que el tema principal es la obsesión, ¿pero obsesión por darse a conocer o por qué motivo?
El tema de fondo de mi novela sería el de la obsesión: obsesión por cambiar de vida principalmente, por llegar a un supuesto mundo soñado e idealizado, que para el protagonista del libro está simbolizado por el éxito literario. Se trata de una obsesión que esconde detrás, en realidad, frustraciones más severas.


También dice que el blog de contracrítica de poesía Addison de Wit es parte de su documentación, ¿por qué?
En mi blog literario Desde la ciudad sin cines usé el término “documentación” de una forma un tanto irónica. Yo mismo tengo un blog de reseñas que trata de evitar la polémica, aunque a veces no lo consiga, y como partícipe en el mundo virtual de la literatura en internet me he interesado por blogs como Addison de Witt, un espacio que leía en su momento con gran interés, igual que he leído El lector Malherido, La medicina de Tongoy o Patrulla de Salvación, blogs en los que la polémica ha sido la nota dominante. Siempre me llamó la atención la virulencia y la pasión con las que los comentaristas (casi siempre anónimos) participaban en estos espacios, que fuera del mundillo de las personas que escriben tienen una influencia muy limitada. Sobre esa pasión y virulencia con las que se sobredimensiona lo que en realidad es pequeño e irrelevante, fuera de su círculo de expertos, trata mi novela.


¿Cómo se ha documentado?
Llevo años leyendo blogs de literatura, bien sea de creación o de crítica. En realidad no he tenido que documentarme, he hablado sobre lo que sabía. Tolstoi decía que si quieres saber cómo es el mundo echa un vistazo a tu aldea. Eso es lo que he hecho: mirar a mi aldea virtual, a mi pequeño mundo de internet.



¿Las situaciones que vive el protagonista son en parte vivencias propias o piezas de diferentes personas?

Algunas de las vivencias de Ernesto han partido de mi propia experiencia y otras son puramente inventadas. Uso experiencias propias, las deformo, me río de mí mismo…



¿En qué momento se le ocurre introducir a Kim Jong-Un como personaje de su novela?
Mi novela acaba siendo disparatada, pero al principio tuve un idea aún más loca: contar lo que quería contar (el tema de la frustración artística) en serio, como un drama real. Menos mal que me evité el fiasco de haber llevado este proyecto inicial a la práctica. Al principio quise que dos poetas frustrados intercambiasen emails, lo que hubiera sido una novela epistolar moderna. Pero si los dos protagonistas eran poetas fracasados, el tono cómico iba a ser mucho más difícil de conseguir. Quizás se iba a parecer demasiado a Juegos de la edad tardía de Luis Landero. El hecho de elegir a un personaje tan excéntrico como Kim Jong-un hace que, lo que la novela pierde en verosimilitud narrativa, lo gane, desde la primera página, en verosimilitud cómica.


¿Cuál es su papel?
Kim Jong-un es un contrapunto de Ernesto: este último publicó un libro y vendió 50 ejemplares y Kim Jong-un publicó un poemario cuya tirada inicial era de 4 millones de ejemplares, pero como buen poeta no está satisfecho: desea más reconocimiento, desea que el ácido crítico literario que es Ernesto le valide de forma ajena a la crítica oficial de su país.


Novela de humor, ¿de qué género?
Los insignes es una novela de humor satírico, con algunos toques de humor absurdo, que acaba siendo una crítica de costumbres y de tipos de personas.

Además de los cuentos de los hermanos Grimm dice que Tolkien fue decisivo a la hora de tomar la decisión de dedicarse a la escritura. Cómo él, usted también es profesor. ¿Cree que ha conseguido llevar esa doble vida entre la enseñanza y lograr perderse en su propio mundo?

Lo cierto es que me di cuenta de que mi vocación laboral debía ser la de profesor algo tarde, después de haber estudiado Empresariales, y trabajado como auditor de cuentas en una empresa norteamericana de horarios delirantes. Ahora doy clases de economía y matemáticas en un colegio. Me gusta estar en contacto con los estudiantes y tener además un mundo propio para el tiempo libre. Aunque siempre seguiré admirando a Tolkien por poder perderse en la Tierra Media.