domingo, 17 de octubre de 2021

ESPECIAL 4.000 SUSCRIPTORES EN MI CANAL DE YOUTUBE

En mi canal de TouTube, David Pérez Vega - Bienvenido, Bob, he llegado a los 4.000 suscriptores y he grabado un vídeo hablando de mis lecturas de la adolescencia, los libros que leí entre los 14 y los 19 años. Principalmente leía por entonces ciencia ficción y terror. Aquella fue la época de leer a Isaac Asimov, Stephen King, H. P. Lovecraft, Philip K. Dick...


Si te apetece ver este vídeo PINCHA AQUÍ.




domingo, 10 de octubre de 2021

Filek, el estafador que engañó a Franco, por Ignacio Martínez de Pisón

 


Filek, de Ignacio Martínez de Pisón

Editorial Seix Barral. 284 páginas. 1ª edición de 2018.

 

Durante una temporada leí muchos libros de Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960); entre los que recuerdo están La ternura del Dragón, Alguien te observa en secreto, El fin de los buenos tiempos, Carreteras secundaras y Enterrar a los muertos. Es posible que me haya dejando algún título por el camino; si no recuerdo del todo mal, también leí Antofagasta. A veces me pasa, leo muchos libros casi seguidos de un autor, pero luego no le acompaño con sus nuevas obras. Creo que en el caso de Martínez de Pisón influyó algo tan etéreo como su cambio de editorial de Anagrama a Seix Barral, y que también me resulta imposible seguir las carreras de todos los autores por los que sentí interés y simpatía en un momento concreto. 

 

En la Feria del Libro de Madrid de 2018, uno de los últimos días estaba caminando por el paseo de Coches del Retiro y en una de las casetas de la entrada vi a Ignacio Martínez de Pisón contemplando el paisaje sin ningún lector al que firmar un libro. Aquello, como otras veces, me pareció una terrible injusticia, porque había pasado por casetas con colas inmensas para conseguir la firma de un youtuber, que ni siquiera habla de libros, o de un presentador de la televisión, escritor sedicente. Y allí estaba un escritor de verdad como Martínez de Pisón solo. Me acerqué a él y le recordé algunos de nuestros breves encuentros en ferias pasadas y le compré Filek, El estafador que engañó a Franco. Por esa época yo había empezado a escribir una novela de no ficción sobre la guerra civil, y el tema de su nuevo libro me interesaba.

 

Ya en Enterrar a los muertos (2005), Martínez de Pisón había escrito una novela de investigación sobre la guerra civil. En este caso trató de esclarecer el asesinato de José Robles, amigo del escritor John Dos Passos, una novela en la que también aparecía Ernest Hemingway.

En una primera página introductoria de la nueva novela, el autor nos dice que la primera vez que se encontró con Filek fue leyendo Franco, caudillo de España de Paul Preston. La historia de Filek apenas ocupaba allí diez líneas, que fueron suficientes para azuzar su curiosidad. Como nadie se había hecho cargo de esta historia, que Martínez de Pisón consideró que merecía la pena ser contada, empezó a investigar en archivos y registros públicos siguiendo el esquivo rastro de Albert von Filek, nacido en 1881 en un pueblo del antiguo Imperio austrohúngaro, y que apareció por primera vez en Madrid en 1931, justo cuando se estaba proclamando la Segunda República. Me ha gustado leer las palabras de Martínez de Pisón sobre todos los novelistas que conoce y que hablan del fin del Imperio austrohúngaro, en el que Filek sirvió como militar.

«Ésta es una historia de claroscuros en la que con frecuencia hay menos claros que oscuros», escribe Martínez de Pisón en la página 26, una idea que se repetirá en alguna otra página del libro.

 

Al final de la novela existe un apéndice con nota, que el autor ‒o los editores‒ han decidido colocar ahí para no cargar al libro con muchas llamadas de atención a pie de página. En este apéndice el lector podrá dar fe del exhaustivo trabajo de investigación que Martínez de Pisón ha llevado a cabo para tratar de acercarse a cualquier dato que le pueda hacer acercase a la escurridiza vida de Filek, que no deja de ser un estafador de tres al cuarto, pero al que su megalomanía y audacia le llevó a tratar de engañar al mismo jefe militar de un país en el que era extranjero. Esta búsqueda sobre la vida de Filek va a llevar a Martínez de Pisón, y al lector con él, a dar un repaso a algunos de los episodios más turbulentos del siglo XX: Primera Guerra Mundial y caída del Imperio austrohúngaro, guerra civil española, cárceles españolas, Segunda Guerra Mundial…

 

Ya casi en el último párrafo del libro, el autor nos dará un apunte muy significativo: «los sitios son muy importantes en esta historia (…). De hecho, la historia de Filek es sobre todo la de los lugares por los que pasó: las casas en las que vivió, los edificios en los que captó a sus víctimas o consumó sus estafas, las cárceles en las que estuvo encerrado. De muchos de esos lugares desaparecía sin dejar rastro, y muchos de esos lugares han desaparecido también sin dejar rastro.» (pág. 260)

Durante la Segunda República, Martínez de Pisón puede descubrir que Filek se dedicaba a embaucar a pardillos con los que acudía al Registro de la Propiedad para ‒supuestamente‒ conseguir la patente de una gasolina sintética (a base de agua, hierbas y otros ingredientes poco verosímiles) de su invención. Como hay registro de la misma patente (por la que luego Filek no acababa nunca de pagar las tasas) varias veces, con diferentes personas, Martínez de Pisón deduce que Filek en algún momento tenía que pedir dinero a sus víctimas para avanzar con la investigación, montar un laboratorio, etc. Ya había encontrado registro de otros timos anteriores, realizados por Filek, en diversas ciudades europeas.

 

Ya cerca del comienzo de la guerra civil, Filek no tendrá reparos en acercarse hasta el ministerio de la guerra, que dirigía José María Gil-Robles para intentar venderse su supuesto invento. Su error será tratar de hacer lo mismo, cuando cambie el gobierno, con Largo Caballero. En esta ocasión será acusado de espía austriaco y encerrado en las cárceles de la República. Son muy interesantes las páginas que Martínez de Pisón dedica a las sacas y los asesinatos de Paracuellos, ya que Filek vivió esto de cerca al estar preso en la cárcel Modelo. Aquí va a conocer a Ramón Serrano Súñer, el cuñadísimo del que luego va a ser el jefe de Estado, Francisco Franco. Una amistad de la que en el futuro intentará sacar réditos económicos.

 

A diferencia de otras novelas de no ficción, en las que el escritor se convierte en un protagonista más y cuenta sus dificultades para conseguir la información que quiere, como ocurría en El adversario de Emmanuel Carrère, Martínez de Pisón no ha querido entrar de forma directa en la narración, aunque sí hace comentarios del estilo de «no pude conseguir esta información», o bien «ahora quiero especular» o «me imagino a Filek». Las especulaciones imaginativas le sirven al autor para crear un personaje un poco más cercano, porque las limitaciones de una novela de investigación como esta frente a una novela de ficción tradicional son claras: en los registros de sentencias, patentes, paso por cárceles, etc. el carácter o los pensamientos del personaje no quedan dibujados, y así Martínez de Pisón no puede hablar de sus sentimientos, pero sí especular sobre ellos, y este truco narrativa sirve para generar interés en el lector. Si Filek hubiera sido una novela de ficción, el autor no hubiera desaprovechado la ocasión de describir algún encuentro entre el estafador y Franco, que será objeto de un nuevo intento de estafa, pero en la novela de no ficción que tenemos entre manos este encuentro quedará lejano, apenas insinuado.

 

Me gustan, sobre todo, las páginas en las que el autor reflexiona sobre los motivos por los que un personaje como Filek consigue acercarse y engañar al dictador del país. Filek había siempre mostrado sus simpatías por los franquistas y había permanecido toda la guerra en las cárceles republicanas como supuesto espía, lo que le convierte en un «mártir» a ojos del nuevo Caudillo, quien se siente señalado por Dios para llevar a cabo una campaña de regeneración del país. Así que si Dios había elegido a Franco ¿por no se iba éste a beneficiar de un invento maravilloso que solventarse en gran parte los problemas de la autarquía?

Que esta historia tiene una vertiente cómica nos los dice el autor alguna vez, y que Filek «fuera capaz de dejar en ridículo nada menos que al dictador Francisco Franco resultaba incluso admirable», además considera que es posible que sus víctimas iniciales también hubieran pretendido aprovecharse de él, y esto les quita en parte su condición de víctimas. Pero hacia el final del libro, Martínez de Pisón se va a encontrar con una nueva estafa, cuya naturaleza no quiero revelar, y que va a sentenciar su mirada final sobre el personaje que ha decidido perseguir en hemerotecas y archivos.

 

Me ha gustado Filek, me ha parecido que todas las limitaciones que ha mostrado Martínez de Pisón en su investigación conseguían crear un misterio sobre la persona real que fue este sinvergüenza austrohúngaro. El lector, igual que el autor, deseaba que le fuese mostrada la conquista de un nuevo dato, por trivial que este fuese. Y gracias a este hilo conductor, en apariencia nimio, Martínez de Pisón consigue reflejar muy bien los entresijos de una época histórica muy interesante.

 

sábado, 9 de octubre de 2021

¿POR QUÉ NO HEMOS LEÍDO A ABDULRAZAK GURNAH, EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA DE 2021?

 He publicado un vídeo en mi canal reflexionando sobre la sorpresa que ha supuesto para todos el nuevo premio Nobel de Literatura, el tanzano Addulzarak Gurnah, y sobre los premios Nobel en general.

¿Sirven para algo? ¿Nos importan de verdad?





domingo, 3 de octubre de 2021

Yo el Supremo, por Augusto Roa Bastos

 


Yo el supremo, de Augusto Roa Bastos

Editorial Alfaguara. 896 páginas. 1ª edición de 1974, ésta es de 2017.

 

Me gustan las ediciones conmemorativas de clásicos de la literatura en español que hace la RAE en colaboración con Alfaguara. Además del libro, con múltiples notas, estas obras cuentas con varios estudios previos y posteriores al texto. En esta colección he releído El Quijote de Miguel de Cervantes y Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Así que cuando en las estanterías de La Central de Callao vi la edición de la RAE de Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos (Asunción, Paraguay, 1917-2005) me apeteció comprarlo. En este caso la edición de 2017 conmemoraba que se cumplía un siglo del nacimiento del autor.

 

Hace más de dieciocho años (tiene el precio en pesetas) compré en la Cuesta de Moyano El baldío, un libro de cuentos de Roa Bastos publicado en 1966. El baldío está formado por trece relatos y en aquel momento leí los seis primeros y no continué. Decidí dejarlo para una ocasión futura. Es muy raro que yo deje un libro sin terminar. Recuerdo que aquellos relatos de El baldío me resultaban bastante densos y no los acababa de disfrutar. Posiblemente esto debería haberme dado una pista seria de la que podía ser mi experiencia lectora con Yo el Supremo, pero aun así quise acercarme a este libro. A mí siempre me ha interesado mucho la narrativa latinoamericana y conocía el prestigio de esta novela, una de las más importantes –si no la «más importante»– dentro de la corriente de «novelas de dictador».

 

Dejo los artículos sobre el libro para el final y empiezo con la novela. Ésta comienza con un pasquín encontrado en las puertas de la catedral de Asunción. El pasquín imita el estilo de los edictos de José Gaspar Rodríguez de Francia, que fue dictador de Paraguay entre 1814 y 1840, durante un periodo que se llegó a llamar el de «la Dictadura Perpetua». El doctor Francia es un hombre ilustrado, un afrancesado con una amplia cultura (histórica, filosófica, literaria…), que usa citas de forma continua.

En el pasquín, supuestamente firmado por el doctor Francia, éste pide que su cadáver sea decapitado, y que sus servidores y militares sufran pena de horca. El pasquín es entregado al doctor Francia por su secretario personal, Policarpo Patiño. El Dictador quiere que la letra del pasquín sea cotejada con la de todas las personas que pueden tener algo contra él –según Patiño son más de 8.000– y así encontrar a los culpables.

Estamos en octubre de 1840, el Dictador Perpetuo tiene ya ochenta y cuatro años y le queda poco tiempo para morir. Augusto Roa Bastos escribió esta novela en Buenos Aires, exiliado por la dictadura del general Alfredo Stroessner, y el libro se publicó en esta ciudad en 1974. Roa Bastos, que siempre había sentido fascinación por la figura del doctor Francia, tardó cinco años en escribir su obra más conocida. Al parecer –según he leído en los análisis que acompañan al libro– el doctor Francia sigue siendo un personaje controvertido en la historia paraguaya, puesto que por un lado encarna la creación de Paraguay como una nación moderna, fuera ya del ámbito colonial español, y además consiguió que el territorio del nuevo país no fuera absorbido por Argentina o Brasil, que deseaban que se convirtiera en una más de sus provincias, sin entidad propia, pero por otra parte el doctor Francia también es un dictador, con toda la conducta arbitraria que esto conlleva.

 

La novela comienza con una conversación entre el doctor Francia y su secretario Patiño, como decía. Los diálogos están insertos en el cuerpo del texto y no separados con guiones.

Hay diferentes niveles textuales del discurso en la novela: las conversaciones entre el doctor Francia y Patiño, las conversaciones que el Dictador mantiene con su perro (siendo este un detalle alucinado muy cervantino) o las que el Dictador mantiene con personajes históricos con los que se encontró en el pasado y con los que habla a través de las brumas de la demencia senil. Estos personajes históricos son principalmente líderes de la independencia argentina o brasileña, como Manuel Belgrano o Antonio Manoel Correira de Cámara. También conversará con algunos científicos (sobre todo naturalistas) que vivieron en Paraguay unos años y luego escribieron en Europa libros sobre la aislada dictadura paraguaya, como Amadeo Bonpland.

 

No solo nos encontramos en la novela conversaciones, más o menos oníricas, con estos personajes históricos, sino que Roa Bastos también nos acerca a páginas de un diario que escribe el dictador para su intimidad, con páginas que dicta a Patiño para crear ordenanzas; en total nos encontramos con estas clasificaciones: «Circular perpetua», «En el cuaderno privado», «Cuaderno de bitácora», «Voz tutorial» o «Auto supremo», cada uno de estos tipos de escritura tiene un estilo propio.

Además, por encima de las diversas voces sobrepuestas del Supremo, nos encontramos con la voz de un Compilador, que se identificaría con la voz del propio Augusto Roa Bastos, quien prefiere retirarse él mismo de la propia escritura del texto, sustituyéndose por esta figura del «Compilador» e insinuar que el libro emana directamente del «Pueblo» paraguayo, al que cede la voz. Las notas del compilador aparecen, casi siempre, como texto a pie de página a dos columnas. En la página 287 se produce un salto temporal, que nos lleva desde 1840 hasta 1932 cuando el Compilador recuerda algunos episodios vividos en su escuela elemental, cuando –a través de un compañero– trata de hacerse con una pluma que perteneció al Supremo.

En otros casos, las notas del Compilador a pie de texto sirven para aclararse al lector sobre qué va divagando exactamente el Supremo. En más de una ocasión el discurso de nuestro Dictador casi moribundo se hace errático, principalmente porque trata de justificarse ante sí mismo, ante sus competidores históricos imaginarios, o ante sus compatriotas, las decisiones que tomó en el pasado, para las que siempre encuentra un motivo patriótico y que, en más de un caso, considera poco celebradas o comprendidas. Entonces el Compilador explica el contexto histórico al que se refiere el Supremo, o bien contrasta su discurso con las opiniones (tomadas de libros reales, me parece) de las personas de las que está hablando.

 

En más de un momento, estas notas del Compilador me han servido para no perderme, porque, debo decir desde ya, que Yo el Supremo no es una novela fácil ni cómoda. Ramiro Domínguez señala que Yo el Supremo pone «esmero en soslayar la línea argumental, que elude la forma episódica o acumulativa y por una suerte de collages de elementos estructurales disímiles –drama-novela-crónica-fábula-historia-glosa– desarticula cualquier prenoción de géneros literarios convencionales.» Y quizás aquí se ha encontrado para mí el problema del libro. Si ya de entrada cuesta identificarse con un protagonista que es un dictador ególatra, más aún cuando su discurso es, en la mayoría de las veces, alucinatorio y además se eluden las líneas argumentales. La voz narrativa avanza dando vueltas sobre sí misma, salta de una cosa a otra. En más de un momento me he encontrado fuera del texto, leyendo pero sin saber dónde estaba.

Quizás no me he acercado a este libro en el mejor momento, un libro que requería gran dedicación, un libro que me ha resultado huraño y poco grato para el lector, o al menos poco grato para el lector que he sido yo en el verano de 2020. La novela nos da información sobre personajes que un lector no paraguayo no sabe quiénes son, y esta información no acaba de formar un episodio narrativo cerrado, sino que avanza, retrocede, se habla de otra persona, o el Compilador le tiene que contar al lector sobre quién está hablando el Supremo, porque el propio Compilador (o el escritor) debe entender que el lector no sabe sobre qué o quién está recibiendo información.

El lenguaje de la novela está muy trabajado; Roa Bastos juega a insertar palabras guaranís en su culto castellano, y además usa términos inventados. Al final del libro existe un diccionario de términos guaranís, palabras propias de Paraguay y palabras inventadas, así como un diccionario de nombres históricos, que pueden ayudar al lector.

 

Hay momento bellos en la novela, como cuando el Supremo va a la selva en busca de un meteorito que luego decorará su despacho, porque quiere «controlar el azar», y en la segunda mitad (mitad en la que ya he entrado mejor en la novela) hay páginas que relatan la relación del Supremo con el argentino Belgramo que tienen más continuidad y más fuerza episódica. Pero, siendo honesto, he de señalar que para mí también ha habido muchos momentos aburridos en este libro, páginas y páginas que he leído por inercia o por tozudez, porque no iba a abandonarlo a medio camino. Es posible que si me hubiera acercado a la novela en otro momento de mi vida el resultado hubiera sido diferente. Recuerdo que a los veintidós años me encantó el Ulises de James Joyce, aunque durante bastantes páginas no estaba muy seguro de qué me estaban hablando. Quizás si en esa época temprana de lector deslumbrado por la dificultad hubiera leído Yo el Supremo me hubiera metido más en la lectura y la hubiera disfrutado más. Ahora mismo tengo la impresión de que, sin renunciar a una estructura novelística compleja, necesito libros que además de hacerme pensar me entretengan. No se debe olvidar que, al fin y al cabo, la lectura debe ser un entretenimiento y aunque soy consciente de que la apuesta artística de Roa Bastos ha sido fuerte en Yo el Supremo no estoy tan seguro de que haya conseguido crear una obra que pueda transmitir una gratificante experiencia al lector. Cuando he hablado de este libro en las redes sociales, han aparecido amigos lectores que me han mostrado su entusiasmo por él, amigos con los que coincido en gustos en muchas ocasiones. Además la edición de Alfaguara que he leído está plagada de comentarios elogiosos de escritores famosos y de críticos. Simplemente, pese a la decepción que he sentido, hay que aceptar que, aunque un libro puede ser un clásico de reconocido prestigio, no es el libro que me convenía en un momento dado. Como decía al principio, que me dejara a medias el libro de relatos El baldío debería haberme dado una pista de que mi yo lector no se identifica con el yo escritor de Augusto Roa Bastos. No siempre se acierta al elegir lecturas.

domingo, 26 de septiembre de 2021

LITERATURA CENTROAMERICANA, UN PASEO PERSONAL

 En mi canal de YouTube (David Pérez Vega - Bienvenido, Bob), hoy hago un recorrido por la literatura centroamericana que he leído: Rodrigo Rey Rosa, Eduardo Halfon, Roque Dalton o Ernesto Cardenal, etc.

Se te apetece verlo, PINCHA AQUÍ.

Y si te gusta el canal, te agradecería que te suscribieras.



martes, 14 de septiembre de 2021

ESTO NO ES BAMBI EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID

 “ESTO NO ES BAMBI” EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Este año vuelve la Feria del Libro de Madrid en El Retiro y yo vuelvo a firmar en ella. Mis editores de Maclein y Parker han conseguido encontrarme hueco (creed que no era fácil) para firmar “Esto no es Bambi” durante dos tardes:
DOMINGO 19 DE SEPTIEMBRE, DE 11 A 12 HORAS
JUEVES 23 DE SEPTIEMBRE, DE 19 A 20 HORAS
AMBOS DÍAS EN LA CASETA 137




“Esto no es Bambi” es una novela sobre los excesos del mundo laboral, que refleja mi experiencia en una auditora norteamericana, una de las llamadas “big four”. Está escrita con seis voces narrativas, tres masculinas y tres femeninas.
Yo he tratado de que tenga humor; sin embargo, hace unos días, me escribió mi amigo el escritor Javier Cánaves para decirme que había acabado la novela y que “a ratos tenía la impresión de estar leyendo una novela de terror”.
Pues si a alguien le apetece, nos vemos en El Retiro.

domingo, 12 de septiembre de 2021

Ciudades de la llanura, por Cormac McCarthy

 


Ciudades de la llanura, de Cormac McCarthy

Editorial Mondadori. 295 páginas. 1ª edición de 1998; ésta es de 2009.

Traducción de Luis Murillo Fort

 

En Navidades compré los tres libros de la Trilogía de la frontera de Cormac McCarthy (Rhode Island, Estados Unidos, 1933) y a finales de junio me puse con Todos los hermosos caballos (1992) y a continuación seguí con En la frontera (1994). Estos dos libros tenían personajes diferentes, pero sus propuestas eran muy similares: hablan de adolescentes errantes que dejaban, el sur de Estados Unidos, Texas o Nuevo México, para adentrarse a caballo en el norte de México. Al terminar En la frontera y tomar de mis estanterías Ciudades de la llanura, en la misma edición de Debolsillo que las dos novelas anteriores, comprobé que la letra era más pequeña que la de los otros libros y que no se había impreso del todo bien en algunas páginas. Así que consulté la web de las bibliotecas públicas de Madrid y vi que había una edición de 2009 de Mondadori de Ciudades de la llanura en la biblioteca Eugenio Trías del Retiro y la saqué para leer el libro más cómodo. Esto me representa mucho: comprar un libro para acabar leyéndolo tomándolo en préstamo de una biblioteca.

 

Al empezar la novela, justo después de haber leído seguidos Todos los hermosos caballos y En la frontera, recibo una grata sorpresa: McCarthy ha juntado en Ciudades de la llanura a John Grady Cole, personaje principal de Todos los hermosos caballos, con Billy Parham, personaje principal de En la frontera. Si no hubiese leído los libros anteriores me hubiera costado determinar el año en el que se sitúa la trama, porque McCarthy no lo dice explícitamente. En la página 23, Billy dice que tiene veintiocho años, y yo sé por En la frontera que tenía dieciséis en 1941, así que estamos en 1953. John tenía dieciséis años en 1949, así que se llevan ocho años, y calculo que tiene veinte cuando comienza la novela. Hacia el final John dirá que tiene diecinueve.

 

Al finalizar Todos los hermosos caballos y En la frontera, dejamos a John y a Billy perdidos en la inmensidad de la naturaleza, sin propósito aparente y posiblemente con un destino de expulsados del sistema y de su tiempo, con grandes posibilidades de morir jóvenes. Al comienzo de Ciudades de la llanura coinciden como trabajadores en un rancho de El Paso. McCarthy suele ser parco en aportar datos al lector que le hagan centrar el tiempo o el lugar de sus historias, y se tarda en saber que el rancho está en esta ciudad del sur de Texas. Cuando los trabajadores del rancho quieren divertirse pasar a Ciudad Juárez, que es ya una ciudad mexicana. De forma simbólica, ahora ya no John o Billy no pasan la frontera entre los dos países a caballo sino que, en más de un caso, lo hacen a pie y han de pasar unos torniquetes que marcan el fin de aquella frontera más mental que física de los otros libros. Más que nunca el Oeste se está acabando en esos torniquetes. Además el rancho de Mac, en el que trabajan, es posible que desaparezca, ya que el ejército norteamericano pretende expropiar sus terrenos para uso militar. Literalmente, los viejos vaqueros se están quedando sin espacio vital. Incluso me resultaba raro al leer Ciudades en la llanura ver a Billy o a John montados en una camioneta y conduciendo un vehículo en vez de estar todo el día a caballo.

 

Cuando comienza el libro John ha llegado hace poco al rancho y trata de domar a un caballo que ya ha adquirido muchas malas mañas. El caballo le tirará al suelo lesionándole un tobillo, y esto parece dañar su orgullo de «vaquero nato».

Billy se ha hecho amigo de John y, en cierto modo, parece ejercer de tutor para él. Los «viejos tiempos», de los que jóvenes como John y Billy parecen ser los últimos supervivientes, están encarnados en el viejo Johnson, suegro de Mac, el dueño del rancho. «El viejo seguía sentado a la mesa con el sombrero puesto. Había nacido en el este de Texas en mil ochocientos sesenta y siete y había llegado a la región siendo un joven. Durante una época la región había pasado de la lámpara de petróleo y el caballo y el buggy a los aviones a reacción y la bomba atómica.» (pág. 108)

 

Al principio el lector no tiene muy claro hacia dónde se dirige McCarthy, lo que a estas alturas tampoco es demasiado preocupante. Escenas en el rancho o en los burdeles de Ciudad Juárez. Esta es la trama: el joven John se ha enamorado de Magdalena, una prostituta de diecisiete años de un burdel de Ciudad Juárez, y quiera sacarla de allí, llevarla a Estados Unidos y casarse con ella. Una de las dificultades más grandes que va a tener será convencer a Eduardo, el proxeneta de Magdalena. John le pedirá ayuda a Billy, quien tratará de quitarle la idea de la cabeza, pero se prestará a ayudarle. Las novelas de McCarthy tienen pocas concesiones, y si bien en el México de las otras dos novelas de la trilogía nuestros protagonistas se encontraron con lo peor y lo mejor de la condición humana, el tono de McCarthy en general suele ser descorazonador. En sus novelas hay poco espacio para la dicha y sus personajes y sus historias no suelen tener redención. La historia de Magdalena es sobrecogedora: «Había nacido en el estado de Chiapas y a los trece años había sido vendida para saldar una deuda de juego. No tenía familia. En Puebla había conseguido huir a un convento en busca de protección. El proxeneta en persona se presentó en el convento a la mañana siguiente y a plena luz del día entregó un dinero a la madre superiora y volvió a llevarse a la chica.

Aquel hombre la desnudó de arriba abajo y le pegó con un látigo hecho de una cámara de neumático. Luego la tomó en sus brazos y le dijo que la amaba. Ella escapó de nuevo y acudió a la policía. Tres agentes la llevaron a una habitación del sótano en cuyo suelo había un colchón mugriento. Cuando terminaron con ella la entregaron a los otros policías. Luego la entregaron a los reclusos por los pocos pesos que estos podían reunir o la cambiaron por cigarrillos. Al final avisaron al proxeneta y se la vendieron a él otra vez.

El hombre la golpeó a puño limpio y la lanzó contra la pared y la derribó y la pateó. Dijo que si huía otra vez la mataría. Ella cerró los ojos y le ofreció el cuello. El hombre la levantó  colérico por el brazo pero el brazo se le partió en las manos. Un chasquido apagado, como una rama seca. Ella boqueó y lloró de dolor.» (pág. 142)

 

Ciudades de la llanura contiene páginas interesantes, en las que McCarthy redunda en temas ya tratados en los dos libros anteriores de esta trilogía y, desde luego, ha sido emocionante para mí ver a John y Billy, los personajes de las entregas anteriores, juntos. Pero debo señalar que este tercer libro es inferior a los otros dos. Si alguien lee Todos los hermosos caballos y En la llanura seguidos, como he hecho yo, le recomendaría leer Ciudades de la llanura y acabar con la trilogía. He sentido emoción al leer las últimas páginas del libro y conocer el destino de los dos protagonistas de las novelas anteriores, pero el lector ha de saber que el nivel literario de Ciudades de la llanura baja respecto a Todos los hermosos caballos y En la llanura y, aun así, esto no lo convierte en un mal libro.

domingo, 5 de septiembre de 2021

En la frontera, por Cormac McCarthy

 


En la frontera, de Cormac McCarthy

Editorial Debolsillo. 443 páginas. 1ª edición de 1994; ésta es de 2019.

 

Justo después de acabar la maravillosa novela Todos los hermosos caballos (1992) de Cormac McCarthy (Rhode Island, Estados Unidos, 1933) empecé a leer En la frontera (1994), la segunda parte de la llamada Trilogía de la frontera. En realidad no hay continuidad entre las dos historias, ya que están protagonizadas por personajes diferentes. Sí que existe una unidad de lugar (el sur de los Estados Unidos y el norte de México) y una unidad temática, ya que los hermanos Billy y Boyd Parham, que cuando empiece la acción tendrán dieciséis y catorce años, al igual que ocurría con los personajes adolescentes de Todos los hermosos caballos, John Grady Cole y Lacey Rawlins, también se dirigirán al sur a caballo y también se convertirán en símbolos de una masculinidad del pasado que va a desaparecer. Si bien la acción de Todos los hermosos caballos se situaba en 1949 y nos llevaba a Texas, en En la frontera estamos en 1941 y la acción comienza en Nuevo México. En esta segunda novela, le ha costado a McCarthy dejar ver al lector el año exacto en el que estaba situando su trama.

 

Hasta el rancho de los Parham ha llegado una loba preñada de Nuevo México y el padre, con la ayuda de Billy, se propone acabar con ella, haciendo uso de las viejas técnicas de los tramperos. Al hablar de Meridiano de Sangre o Todos los hermosos caballos ya he comentado que la naturaleza acaba convirtiéndose en un personaje más de las narraciones, y en la primera parte de En la frontera directamente hay unas páginas en las que McCarthy narra (en tercera persona, como siempre) desde la mirada, o las acciones, de la loba, en lo que me parece un claro homenaje a la obra de Jack London.

La primera parte de este libro trata sobre los intentos de Billy de cazar a la loba y, una vez que lo consigue, su identificación con ella y la piedad que siente. Esto hará que, sin pedir permiso a su familia, parta para México con la intención de dejar allí al animal. En realidad, el lector no acabará de saber cuáles son los motivos que dirigen a Billy porque McCarthy, como ocurre casi siempre en su obra, nos dejará ver de él sus actos y no sus pensamientos. Cuando esta primera parte termina en la página 134, he tenido la sensación de que el libro podía haber acabado aquí y ser una gran novela corta, pero las intenciones de McCarthy eran otras. Al volver a su casa, Billy va a descubrir que sus padres han sido asesinados, y junto con su hermano Boyd se adentrarán de nuevo en México y no estará muy claro si van en busca de los asesinos, de los caballos robados, o de ambas cosas.

 

Los elementos narrativos de Todos los hermosos caballos y En la frontera son muy similares, como ya he apuntado. Ambas novelas hablan de adolescentes errantes, casi vagabundos, que simbolizan un mundo (el de los vaqueros y el Oeste) que está a punto de desaparecer, y en ambas novelas se habla de la violencia y de una masculinidad instintiva, que se forma al reaccionar con el ambiente y con las personas con las que se cruzan, que la irán moldeando. En En la frontera también va a aparecer una chica mexicana (ahora pobre y no rica como en Todos los hermosos caballos) que va a separar, no a los dos amigos, como en la otra novela, sino, en este caso, a los dos hermanos. Así que, durante bastantes páginas, me estaba preguntando ¿por qué McCarthy ha escrito dos novelas tan parecidas? Después de haber leído la obra maestra que me ha parecido Todos los hermosos caballos, me preguntaba ¿merece la pena leer En la frontera? O, en cualquier caso, ¿merece la pena leer estas dos novelas tan similares seguidas? Es cierto, que al acabar los dos libros, tengo la impresión de que Todos los hermosos caballos es una novela más perfecta y más equilibrada, con una trama más clara. Pero, también es cierto, que al adentrarme en En la frontera he acabado subyugado por su propuesta. Uno no sabe, durante muchas páginas, realmente hacia dónde va McCarthy aquí, o su personaje. Cuando llevamos 300 páginas cuesta recordar la historia de la loba inicial, y tenía la sensación de que esos recuerdos pertenecían a otra novela. Si McCarthy quería mostrar la vida de un personaje errante, de un marginado, realmente lo ha conseguido. La idea de libertad creativa en el escenario de los grandes espacios americanos ha sido muy fuerte aquí.

Como ocurría en sus otros libros, las páginas se elevan con el discurso oral de alguno de sus personajes, en este caso, de un eremita o de un ciego que luchó en la Revolución.

 

En la frontera me ha hecho pensar en Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain, porque Bill y Boyd se van encontrando con diferentes personas en el camino igual que ocurría en la novela de Twain. Y al fin y al cabo, Las aventuras de Huckleberry Finn es un libro de estirpe cervantina. Así que, quizás de un modo extraño, En la frontera me parece un libro cervantino, sobre un viaje y los encuentros que este viaje provoca.

Y también he pensado en Roberto Bolaño. Para mí su gran obra empieza en 1996 con Estrella distante, y sigue con Los detectives salvajes de 1998. En Bolaño también hay personajes errantes y, de vez en cuando, cuentan historias extravagantes que funcionan como narraciones independientes de la historia principal. Me he imaginado a Bolaño como uno de los primeros lectores aventajados de las traducciones de Random House de la Trilogía de la frontera, disfrutando de McCarthy y asimilándolo como una influencia para su obra. De hecho, tras consultar el libro de ensayos Entre paréntesis, descubro que Bolaño escribió una reseña de Meridiano de sangre. Así que, efectivamente, Bolaño había leído a McCarthy.

 

De nuevo, igual que ocurría con John en Todos los hermosos caballos, Billy, el protagonista de En la frontera, sabe hablar español, porque su abuela le hablaba en esta lengua. No sabemos si la abuela era mexicana, porque McCarthy es siempre parco en explicaciones y dejará para el lector la tarea de reconstruir y dar significado a algunas de las escenas y el pasado de los personajes.

 

En algunos pasajes, el narrador de En la frontera le adelanta información al lector. Por ejemplo, un personaje sale de escena, y en relación a Billy, escribe: «Esa sería la última vez que lo vería», este recurso se repite varias veces y crea una sensación de tragedia y de destino ominoso sobre el personaje. Ya he dicho que la trama se sitúa en 1941 y parece mentira que mientras leemos sobre Billy y sus andanzas esté teniendo lugar la Segunda Guerra Mundial, porque la novela que leemos parece que nos lleva a épocas más remotas. Al final la Segunda Guerra Mundial acabará entrando de manera tangencial en la trama.

 

En la frontera, a pesar de las similitudes con Todos los hermosos caballos, tiene un aire propio y sigue siendo un grandísimo libro, aunque el primero me parezca mejor. De nuevo, McCarthy va a dejar a su personaje abandonado en mitad de la nada, en mitad de la naturaleza salvaje, inmensamente solo y a punto de convertirse en un vagabundo, en un expulsado del sistema.

Ya estoy leyendo Las ciudades de la llanura, que cierra la trilogía y que, en realidad, la acaba dotando de unidad y sentido, puesto que en esta tercera novela, McCarthy va a hacer que se encuentren John Grady Cole, el protagonista de Todos los hermosos caballos, con Bill Parham, el protagonista de En la frontera, trabajando en un rancho del sur de Texas. Ya os hablaré de este tercer libro.

martes, 31 de agosto de 2021

ME ENTREVISTAN EN EL CANAL "EL LIBRERO DE GOMA"

 ME ENTREVISTAN EN EL CANAL "EL LIBRERO DE GOMA"





El librero de Goma es un canal de libros en YouTube que llevan María y Gorka, dos chicos muy jóvenes de Valencia.
Han leído alguno de mis libros y me pidieron hacer una entrevista para su canal. Por supuesto, no me podía negar.
María y Gorka llevan apenas dos meses con su canal. Sería estupendo que os paséis a echar un vistazo y seguro que les hace mucha ilusión que os suscribáis.
Yo me pongo en modo "profesor dando clase online en pandemia" y no paro de hablar, también te digo.

Si os apetece ver la entrevista PINCHA AQUÍ.

domingo, 29 de agosto de 2021

Todos los hermosos caballos, por Comac McCarthy

 


Todos los hermosos caballos, de Cormac McCarthy

Editorial Debolsillo. 335 páginas. 1ª edición de 1992; ésta es de 2020.

 

Ya he comentado que en enero de 2021 empecé el año leyendo Meridiano de Sangre de Cormac McCarthy (Rhode Island, Estados Unidos, 1933) y que fue una lectura que me impactó mucho. Hasta entonces había leído de McCarthy No es país para viejos (2005) y La carretera (2006) y, aunque me gustaron, no habían llegado a deslumbrarme. Cuando comenté esto mismo, hace años, en las redes sociales, hubo más de un lector de McCarthy que me dijo que yo no había leído las grandes novelas de este autor, que serían Meridiano de Sangre (1985) y No es país para viejos (1992). Ahora que he leído las dos ya puedo afirmar que las personas que me comentaron esto tenían toda la razón.

 

La acción de Meridiano de sangre se situaba en 1849 y la de Todos los hermosos caballos en 1949; es decir, justo un siglo después. La elección de la fecha en la que trascurre Todos los hermosos caballos no es una casualidad por parte de McCarthy, ya que esta novela está escrita justo después de Meridiano de sangre y en gran medida dialoga con ella. Las dos novelas se desarrollan en el mismo espacio físico, entre los estados del sur de Estados Unidos y los del norte de México, hablándonos siempre de una frontera difusa. El escenario de Todos los hermosos caballos es el mismo que el de Meridiano de sangre, pero más pacificado un siglo después. En el 1949 de McCarthy ya no será habitual que tres amigos entren en un bar a tomar algo y de madrugada solo salgan dos porque uno de ellos ha muerto en una pelea, como ocurría en su 1849, pero, si bien el nuevo mundo que dibuja está soportado sobre las ascuas del antiguo, aún perviven en él rescoldos de violencia, y en Todos los hermosos caballos el lector también se va a encontrar con más de una muerte violenta. No, desde luego, al nivel salvaje y apocalíptico de Meridiano de sangre, pero la violencia también será uno de los ejes constructivos de Todos los hermosos caballos.

 

John Grady Cole, de dieciséis años en 1949 (los mismo del autor en esa fecha, por cierto), es el protagonista de esta historia. La narración comienza cuando muere su abuelo, con el que vive en un rancho del oeste de Texas. Los padres de John están divorciados y el padre es un exsoldado de la Segunda Guerra Mundial que, en 1949, no parece muy equilibrado para cuidar de su hijo o de sí mismo. La madre de John, la heredera del rancho, sueña con convertirse en actriz y quiere vender la propiedad, de la que opina que no da beneficios. John quisiera explotar él ese rancho, cuya casa se construyó en 1872, antes de que desaparecieran los búfalos de la región en 1886, pero no va a poder ser. Es un momento importante para John, puesto que se va a quedar sin supervisión de los adultos y la idea de futuro que tenía para convertirse él mismo en adulto ‒dirigir el rancho familiar‒ va a desaparecer. Después del entierro del abuelo, John ensilla su caballo y «cabalgaba hacía donde siempre elegiría cabalgar, allí donde la bifurcación occidental del viejo camino comanche bajaba de la tierra kiowa en el norte y cruzaba la parte más occidental del rancho y podía verse su débil rastro hacia el sur.» (pág. 9)

 

Junto con su amigo Lacey Rawlins, de diecisiete años, John tomará su caballo y decidirá abandonar su casa y emprender un viaje de descubrimiento hacia el sur. John y Rawlins cabalgan hacia México y también hacia el pasado, pues en ellos McCarthy está simbolizando una forma de vida que está cerca de desaparecer, la de los jinetes o vaqueros, que cabalgan en un desierto sin alambradas o fronteras. Entre la página 29 y 30 podemos leer, hablando de John: «El muchacho que montaba un poco adelantado a él no solo montaba como si hubiera nacido cabalgando, que así era, sino como si de haber sido engendrado por malicia o mala suerte en un país extraño donde no hubiese caballos él los habría encontrado. Habría sabido que faltaba algo para que el mundo estuviese bien o él bien en el mundo y se habría puesto en marcha para vagar a donde fuese durante el tiempo necesario hasta encontrar uno y habría sabido que aquello era lo que buscaba y así habría sido.» Por supuesto, en el 1949 de McCarthy ya hay automóviles, pero el caballo como medio de transporte persiste en el imaginario de John y de Lacey como símbolo de su relación con el pasado, como epítome de su conflicto con la época en la que les ha tocado vivir. John y Lacey van a ser vagabundos, personajes excluidos de los cambios de una modernidad que no aceptan.

 

El viaje al sur se complica cuando empiece a seguir a los dos jinetes Blevins, un chico de unos trece o catorce años, quien parece que se ha escapado de casa en un caballo robado y no parece una persona muy estable.

Parece que John y Lacey encuentran su lugar cuando empiezan a trabajar como vaqueros para un gran terrateniente mexicano. Son muy bellas las páginas costumbristas en las que McCarthy le muestra al lector cómo John y Lacey doman a una manada de caballos salvajes.

John quedará prendado de Alejandra, la hija del hacendado, sin saber aún que un desclasado como él no va a ser aceptado por el mundo del dinero. Las novelas de McCarthy son eminentemente masculinas, y lo que más parece interesarle es el paso del hombre de la niñez a la madurez. Muy rara vez la prosa de McCarthy refleja los pensamientos de los personajes, y el lector tendrá que deducir lo que piensan de sus actos. Unos actos que mueven las circunstancias y el duro aprendizaje de la naturaleza y el mundo. En Meridiano de sangre no había ningún personaje femenino relevante, y en Todos los hermosos caballos si los hay, representados por Alejandra y su tía abuela Alfonsa. Son mujeres fuertes y libres. Pero, en cualquier caso, la mujer parece ser el elemento de la naturaleza que va a debilitar la relación ancestral de amistad que existe entre los dos amigos.

 

 

He comentado que en las novelas de McCarthy no se narran los pensamientos de los personajes, pero ‒en más de una ocasión‒ la novela sobrepasa el mero relato de los hechos cuando alguno de estos personajes emite un parlamento. En Meridiano de sangre esto ocurría, sobre todo, cuando hablaba el siniestro juez Holden, y en Todos los hermosos caballos el mejor parlamento lo emitirá Alfonsa, cuando le hable a John de su vida durante la Revolución mexicana.

 

Debido a la relación que John y Lacey tuvieron con Blevins, la apacible vida que habían empezado a tener en la hacienda se volatizará. Hacia el tramo final de la novela, a John, de nuevo vagabundo, abandonado por el mundo del dinero, McCarthy le concederá un final épico. Un final que, en gran medida, me ha hecho pensar en Sin Perdón, la gran película que Clint Eastwood estrenó en 1992, el mismo año de la publicación de esta novela. Si bien, ambas obras son desmitificadoras del mundo del Lejano Oeste, en su tramo final no renuncian a la épica, tanto William Munny (el protagonista de Sin perdón) como John Grady, serán dos hombres a los que no les importará morir antes que sentirse humillados por otros que arrastraron a sus amigos (y a sus caballos).

 

La naturaleza se convierte en esta novela en un personaje más, y su descripción acaba siendo muy poética, y también precisa. En más de un caso, en vez de usar puntos, usa la conjunción «y» para generar una sensación de acumulación sensorial. McCarthy parece conocer el nombre de cada animal o yerbazo de la frontera. Como ya ocurría en Meridiano de sangre, en el texto hay muchas palabras que están en español en el original y que en la traducción aparecen con letra bastardilla. Más de una de estas palabras españolas no las conocía, puesto que reflejan elementos tradicionales del campo mexicano. John, gracias al trato con los trabajadores de su rancho, sabe hablar español.

Todos los hermosos caballos es una obra bellísima sobre un mundo que se agota, un absoluto western crepuscular. Una obra maestra.