Cuentos completos, de Alfredo Bryce Echenique
Editorial Alfaguara. 479 páginas. 1ª edición de 1995
Prólogo de
Julio Ortega
Ya he comentado más de una vez que Alfredo
Bryce Echenique (Lima, 1939) es uno de mis escritores latinoamericanos
favoritos; del que destaco obras como Un mundo para Julius (1970), No me
esperen en abril (1995) o Reo de nocturnidad (1997). Hace más
de diez años, hablando en Madrid con el escritor mexicano Federico Guzmán Rubio, este me recomendó encarecidamente Cuentos
completos de Bryce Echenique. Tenía localizado el libro en la biblioteca Elena Fortún de Madrid, pero
al final decidí comprarlo de segunda mano, gracias a Iberlibro. Estos Cuentos
completos se publicaron en 1995 y, desde entonces, Bryce Echenique ha
publicado dos colecciones más de relatos, Guía triste de París (1999) y La
esposa del rey de las curvas (2009).
Cuentos completos contiene los siguientes
libros: Huerto cerrado (1968), La felicidad ja ja (1974) y Magdalena
peruana y otros cuentos (1986), además de algunos cuentos sueltos más,
que no sé si al final se integrarían en Guía
triste de París o La esposa del rey
de las curvas.
Huerto cerrado fue el primer libro que
publicó Bryce Echenique, en 1968, antes de los treinta años. Contiene doce
cuentos. El primero se titula Dos indios y sitúa su acción en París.
En este cuento, de una docena de páginas, podemos encontrarnos ya con algunas
de las claves de la obra de Bryce Echenique: el cuento nos lleva a París, donde
va a situar más de una de sus historias, y trata sobre la nostalgia y los
amores del pasado; contado desde un punto de vista humorístico, pero no de un
humorismo hiriente o sarcástico, sino de un humor tierno y exagerado. Los dos
personajes que se encuentran en París, acabarán rememorando su vida en Lima,
mientras comparten tragos de alcohol, detalle este que acabará siendo otro de
los rasgos compositivos de las obras de Bryce Echenique.
El segundo cuento se titula Con Jimmy, en Paracas y es uno de
los mejores cuentos del libro, un cuento sobre el paso de la infancia a la
madurez, la caída del mito del padre, las clases sociales y el racismo. La
primera frase, marcando el ambiente de amenaza sobre el padre me parece
memorable: «Lo estoy viendo realmente: es como si lo estuviera viendo; allí
está sentado, en el amplio comedor veraniego, de espaldas a ese mar donde había
rayas, tal vez tiburones». (pag. 31). En estas primeras narraciones de Huerto cerrado me parece ver la
influencia de los cuentos de La palabra del mundo, del también
peruano Julio Ramón Ribeyro, sobre
todo al tratar estos temas de los que hablaba anteriormente, de las clases
sociales y el racismo en la sociedad peruana.
Después de unos pocos cuentos, me doy cuenta de que el protagonista de
todos ellos se llama Manolo y ya veo que, en realidad, son cuentos entrelazados
y que hablan de la misma persona; principalmente de un adolescente, de clase
media alta, que está dejando de ser un niño y se está internando en la vida
adulta. Los cuentos reflejan diversos momentos de su vida, como el humillante
momento en el que, a los trece años, los niños de la clase del colegio van a
hacer una excursión en bicicleta a una localidad cercana y él se queda atrás y
el profesor le pide que se vuelva a su casa, tema de El camino es así. En el
cuarto cuento, ya han pasado unos años, y Manolo le venderá esa bicicleta del
relato anterior a un jardinero con el que, de más niño jugaba al fútbol, y del
que las diferencias sociales han acabado separando.
Así que el primer cuento de este primer libro, Dos indios, nos presentaba a un Manolo ya adulto, recordando en
París algún episodio de su infancia y juventud. A partir de él, los cuentos nos
conducen a diversos momentos de la vida de Manolo –en los que el lector entrevé
a una especie de alter ego del autor– en orden cronológico; así llegaremos
hasta las primeras novias o las primeras visitas al burdel con los amigos, rito
de iniciación de la época mostrada. En un cuento como Una mano en las cuerdas
aparece ya el Country Club, que será uno de los escenarios esenciales de la
primera novela de Bryce Echenique, Un mundo para Julius (1970). Una mano en las cuerdas me ha parecido
otro de los mejores cuentos de este primer libro, porque en él usa el recurso
de intercalar la primera persona –a través de un diario personal– y la tercera.
En Un amigo de cuarenta y cuatro años, Bryce hace el retrato de un
profesor de inglés del colegio de Manolo, y su cierre me ha parecido también
bastante conseguido. Algunos cuentos, como este, empiezan con descripciones de
calles y barrios de la antigua Lima, y de este modo la ciudad –pero más la
ciudad de los recuerdos, que la ciudad real– se acaba convirtiendo en un
personaje más del libro. Crece y cambia Manolo, crece y cambia también Lima,
parece decirnos Bryce Echenique.
Los tres últimos cuentos de Huerto
Cerrado, La madre, el hijo y el pintor, El hombre, el cinema y el tranvía
y Extraña
diversión son más cortos que los anteriores y me han parecido
narraciones más apresuradas y de inferior calidad a las ya leídas. Lo que no ha
enturbiado la buena impresión que he sacado de este primer libro de Alfredo
Bryce Echenique, que imagino que, en su momento, fue celebrado como lo que era:
el talentoso debut de una nueva voz latinoamericana en el fantástico contexto
del boom.
El siguiente libro, La felicidad ja ja (1974) reúne ocho
cuentos. El primero es Eisenhower y la Tiqui-tiqui-tín, y
ya desde el título se percibe un cambio de rumbo respecto a las piezas del
libro anterior. En Huerto cerrado,
como ya he dicho, creo que Bryce Echenique sigue la estela de narradores
clásicos como Ribeyro, que a su vez diría que había leído a los escritores de
relatos estadounidenses como Ernest Hemingway,
y usa un estilo preciso y realista. En La
felicidad ja ja, Bryce Echenique está ya buscando una voz más personal, que
va a tener que ver, en gran medida, con la oralidad del lenguaje. Así, en el
primer cuento, en Eisenhower y la
Tiqui-tiqui-tín, se recrea un monólogo, en el que uno de los personajes le
habla a otro. Es un cuento sobre las aspiraciones y las diferencias económicas
que se crean en la vida adulta entre amigos de la juventud; sobre todo porque
el narrador fue un niño rico que acabó perdiendo su fortuna, y además
acabó convirtiéndose en una persona más
empática y sensible que su amigo. «Pero, claro, tú siempre has tenido razón. Lo
cual no impide que seas una mierda, gordo, una mierda que acierta en las
apuestas de la vida.» (pág. 149) Eisenhower
y la Tiqui-tiqui-tín me ha parecido un gran comienzo para este segundo
libro.
El segundo cuento, Florence y Nós três, sobre un
profesor de español en París –tras el que se ve al propio autor– que nos habla
de una alumna alocada y enferma de su clase es melancólico y hermoso.
Pepi Monkey y la educación de su hermana sobre unos niños que
son educados por una casa rica decadente de Lima me ha parecido que bajaba ya
algo el nivel.
De este segundo libro, mis cuentos favoritos acaban siendo los más largos: Baby
Schiaffino y Muerte de Sevilla en Madrid. Baby Schiaffino trata sobre la
idealización del amor por parte de un joven que se enamora de una chica que lo
ve como un amigo. El humor tierno y algo absurdo de Bryce Echenique se
manifiesta con elegancia en este cuento. Muerte
de Sevilla en Madrid es el único cuento de este libro que había leído
previamente. Lo leí en una edición de Alianza
100, uno de esos libritos que lanzó la editorial Alianza en los años 90 y
que costaban cien pesetas (0,60 €). En este cuento, un pobre hombre peruano
gana un concurso para viajar a España y este será el comienzo de sus problemas
finales. Aquí, como también será habitual en la obra de Bryce, se hace uso del
humor escatológico; un elemento clave en la composición de su novela La
vida exagerada de Martín Romaña.
Hasta aquí, habiendo leído los dos primeros libros de cuentos, aunque no
todos tienen el mismo nivel, tengo la sensación de que estos Cuentos completos de Bryce Echenique es
un gran libro; sin embargo, de forma inesperada, sufro una decepción con el
tercer libro, Magdalena peruana y otros cuentos, formado por doce piezas.
El primer cuento, Anorexia y tijerita, sobre un exministro con una chica
anoréxica, protagonizado por un personaje desagradable, no está mal.
Creo que voy a describir, de un modo general, qué me ocurre con estos
cuentos: Bryce Echenique usa aquí también un tono oral, y normalmente leemos el
discurso interior de un personaje que suele tener a otro de interlocutor,
aunque esto solo ocurra en su cabeza. El narrador suele ser un hombre maduro de
éxito –un pintor, por ejemplo– que habla a una jovencita con la que tiene una
relación, y en este discurso oral, el narrador empieza a hablar de personajes
del pasado, que el lector, al principio, no sabe quiénes son, y al final
descubrirá que, normalmente, son compañeros de juergas del pasado del narrador
y cuenta sobre ellos algunas anécdotas exageradas, sobre todo relacionadas con
el abuso de bebidas alcohólicas, que acaban por no tener demasiada gracia. Así
que al final el lector se encuentra leyendo un relato que parece bastante
deslavazado sobre personajes por los que no ha conseguido interesarse.
De este tercer libro, me ha interesado sobre todo un cuento titulado El
breve retorno de Florence este otoño porque Bryce Echenique plantea en
él una segunda parte del cuento Florence
y Nós três de La felicidad ja ja,
pero creo que el estilo exagerado y el humor absurdo acaban arruinándolo.
El libro termina con cuatro cuentos que en 1995, año de la publicación de
estos Cuentos completos, no estaban
incluidos en ningún libro, y aquí Bryce Echenique deja un tanto de lado el
estilo del último libro, con un exceso de oralidad y un discurso interior
demasiado disperso y vuelve a un estilo más clásico.
Al finalizar Huerto cerrado, me sentí
tan entusiasmado por este primer libro de cuentos de Bryce Echenique que entré
en Iberlibro y compré una edición de segunda mano de Guía triste de París, que sería su siguiente libro. Ha sido una
pena que mi entusiasmo haya bajando con los cuentos de Magdalena peruana y otros cuentos, pero espero que la obra
cuentística de Bryce Echenique remonte con Guía
triste de París.





