Dientes blancos, de Zadie Smith
Editorial Salamandra. 525 páginas. 1ª edición de 2000, esta es de 2022
Traducción
de Ana María de la Fuente
Dientes blancos de Zadie Smith (Londres, 1975) se
publicó en Gran Bretaña en el año 2000, y su traducción para la editorial Salamandra –a cargo de Ana María de la Fuente– nos llegó en
español en 2001. Recuerdo que se habló bastante de esta novela en los
suplementos literarios y fue celebrada como un gran debut por parte de una
joven que aún no había cumplido los veinticinco años cuando el libro apareció
en el mercado. Sé que pensé leer este libro más de una vez, pero, perdido en la
maraña de posibilidades lectoras, lo fui dejando pasar. En los años posteriores,
siguieron apareciendo libros de Zadie Smith, que nos los acercaba en español la
editorial Salamandra, y seguía leyendo buenas críticas en los suplementos
literarios sobre ellos. Supe que, definitivamente iba a leer Dientes blancos, el día en el que me
topé, de nuevo, con este título en una lista de la BBC (publicada en 2016) que proponía las veinticinco mejores
novelas británicas, votadas por críticos no británicos, y en esta lista se
encontraba Dientes blancos. En mayo
de 2024, por mi cumpleaños, me autorregalé esta bonita edición de la novela de
Salamandra.
Estaba leyendo, en realidad, los Cuentos completos de Alfredo Bryce Echenique y me surgió la
oportunidad de hacer un pequeño viaje con los alumnos de mi colegio a Portugal
y decidí cambiar de libro, porque sé que no es bueno andar con un libro de
relatos cuando no se dispone de demasiado tiempo para leer, y así me llevé Dientes blancos al país vecino.
La acción de la novela empieza el día de Año Nuevo de 1975, cuando Archie,
un hombre de mediana edad, al que ha dejado su mujer, ha decidido suicidarse. A
pesar de lo que pueda parecer, el tono de esta primera escena es vitalista y
cómico, un tono que se mantendrá durante casi toda la novela.
Zadie Smith nació en Londres y es hija de un hombre inglés y de una mujer
de Jamaica. Sabía que Dientes blancos
hablaba de la inmigración en Londres y yo había supuesto que la historia
contaba en la novela sería contemporánea a la vida de la autora; pero no es
así. Smith empieza hablando de la generación de sus padres, al remontarse a
1975, el año de su nacimiento. Aunque Dientes
blancos es una obra de ficción, el lector acabará sospechando que la autora
está usando su historia familiar para componer su obra, puesto que Archie, un
hombre británico, después de tratar de suicidarse, va a conocer a una joven
negra de origen jamaicano, llamada Clara, con la que se casará de forma súbita.
La hija de ambos, Irie, una adolescente acomplejada por su aspecto (su pelo
afro o sus kilos de más), que escribe un diario, parece un trasunto de la
propia Zadie Smith. De hecho el apellido que elige la autora para la familia de
ficción –Jones– pertenece al rango de los apellidos más comunes de Reino Unido,
como su «Smith».
Otra idea preconcebida que tenía sobre la novela era que, al saber que se
trataba sobre una obra acerca de la inmigración en Gran Bretaña, iba a hablar
sobre todo de la comunidad jamaicana de Londres, que sería la más cercana a la
autora. Así, me ha resultado curioso que la novela habla más de los emigrantes
asiáticos –pakistanís, indios y bangladesís–, centrándose en la familia Iqbal,
originarios de Bangladés, la antigua Bengala. Samad Iqbal, camarero en un
restaurante indio, es el mejor amigo de Archie Jones. Samad está casado con
Alsana, y los dos serán padres de los gemelos Magid y Millat, de la edad de
Irie, que se enamorará del rebelde y carismático Millat.
Samad y Archie se conocieron en la Segunda Guerra Mundial. Al principio
este dato de la novela me estaba resultado raro. Si en 1975 Archie tiene
cuarenta y siete años, ¿cómo pudo participar en Segunda Guerra Mundial? Pero no
había nada de qué preocuparse, Smith es una escritora muy dotada y controlaba
perfectamente el material narrativo de su primera novela. Archie, mintiendo
sobre su edad, se incorporó a filas en 1945, cuando tenía diecisiete años. Recorriendo
Grecia en un tanque será como conocerá a Samad, dos años mayor que él. Me ha
sorprendido muy gratamente el episodio en el que Smith lleva al lector hasta el
interior de ese tanque aliado que recorre Grecia. En cierto modo, me ha
recordado a las propuestas de Roberto
Bolaño, a su gran capacidad para fabular. Aunque también es cierto que el
tono tiene poco que ver. Mientras Bolaño, siempre muestra un misterio y una
amenaza en cada párrafo, Smith –como ya apunté– elige un tono más mundano, más
cómico.
La novela se divide en cuatro partes: Archie
1974, 1975; Samad 1984, 1857; Irie 1990, 1907 y Magid, Millat y Marcus 1992, 1999. Diría que las dos que más me han
acabado gustando han sido las dos primeras, las que hablan de Archie y Samad,
que si hacemos una analogía con la vida de Zadie Smith serían las que se
corresponden con su padre y con el mejor amigo de su padre. Me ha resultado un
tanto decepcionante que la tercera parte, donde el personaje es más cercano a
la autora tenga –desde mi punto de vista– menos fuerza que los anteriores.
Hasta cierto punto, sé que tenía prejuicios ante Dientes blancos, ¿sería realmente tan buena una novela escrita por
alguien con menos de veinticinco años? Durante la primera mitad el libro me
estaba sorprendiendo gratamente. Zadie Smith me parecía una escritora muy talentosa,
con mucho control sobre sus personajes y con una prosa ágil –muy propia del
idioma inglés– y para nada recargada. Además, pese a su juventud, Smith era
sagaz a la hora de hacer apreciaciones generales sobre la vida y las personas,
incluso sobre experiencia que ella no había vivido aún. Así, por ejemplo, en la
página 23 leemos: «El divorcio es eso: quitarle cosas que uno ya no necesita a
una persona a la que ya no quiere», en la página 51: «En el fondo, ni el propio
Ryan importaba, porque, por más que Hortense dijera, Clara era una chica como
las demás: el objeto de su pasión era un simple accesorio de la propia pasión,
una pasión que, reprimida durante tanto tiempo, había estallado con fuerza
volcánica», o en la página 58: «Desprenderse de la fe es como hervir agua de
mar para extraer la sal: algo se obtiene pero también algo se pierde».
Uno de los temas principales del libro va a ser el de la incomprensión
intergeneracional. La generación de Archie, Samad, Clara y Alsana (aunque las
mujeres son bastante más jóvenes que los hombres) van a tener problemas al
relacionarse con sus hijos, Irie, Magid y Millat, y estos problemas se van a
ver marcados, y agravados por el hecho de que los hijos han nacido en Gran
Bretaña y los padres (o al menos tres de ellos) en un país extranjero. Este
tema de la crisis intergeneracional está muy relacionado con el tema de la
crisis de identidad. Una idea curiosa del libro me ha resultado esta: por
encima del miedo de los países anfitriones al recibir inmigración (Reino Unido
en este caso) a perder su identidad, está el miedo de los inmigrantes a que se
diluya, en las siguientes generaciones, su legado, sus genes y su cultura
originales. De este modo, Samad idealizará a su bisabuelo Mangal Pandey, un
personaje histórico real que se alzó contra la ocupación inglesa de Bengala en
el siglo XIX, un personaje del que no parará de hablar y de aburrir a sus
interlocutores.
El título del libro, Dientes blancos,
abunda también en esta idea, en esta lucha generacional. Clara perdió sus
dientes, siendo muy joven, en un accidente de moto, e Irie, cuando tiene que
elegir una carrera universitaria, se decantará por los estudios de odontología,
como si quisiera metafóricamente reparar los problemas del pasado de su madre.
Como ya he apuntado, las dos primeras partes me han parecido las más
conseguidas, aquellas en la que la narración avanzaba más libre y con más
capacidad para la fabulación y el detalle simpático para caracterizar a los
personajes, pero he tenido la impresión de que la novela decaía en su segunda
mitad. Sobre todo, cuando los protagonistas entran en contacto con la familia
Chalfen, perfectamente británicos, aunque en unas generaciones atrás son
emigrantes provenientes de Polonia. Marcus Chalfen es un reputado genetista que
se dedica a modificar un ratón, para conseguir que avance el conocimiento
científico, en consonancia con los conocimientos de clonación de la época. Casi
todos los personajes del libro van a confluir hacia este ratón de Chalfen, que
los enfrentará a sus creencias y tradiciones. En este último tramo, considero
que la novela deja, en gran medida, de reflejar el rico y contradictorio mundo
de los inmigrantes, como había hecho hasta entonces, y pasa más a ser una
novela de tesis, donde la autora enfrenta a sus personajes a sus convenciones
de un modo teatral, más propio de una novela comercial que de una gran novela.
Es decir, en la escena final todas las piezas encajan demasiado bien, con una
planificación puntillosa que me ha resultado excesiva, como si los personajes
trabajaran más por el efectismo de la trama que por ser meramente personajes de
ficción.
Pese a esta decepción y cansancio del último tramo, Dientes blancos me ha parecido una novela notable, de gran madurez
para estar escrita por una autora de menos de veinticinco años. El
buda de los suburbios de Hanif
Kureishi (escritor británico, cuyo padre era pakistaní y cuya madre era
inglesa) se publicó en Gran Bretaña en 1990, y me parece una clara influencia
sobre Dientes blancos. De hecho, el
tema de la inmigración está narrado también en un tono desenfadado y cómico,
que es el que elige Smith para su libro. Leí El buda de los suburbios hace ya más de veinticinco años, así que
no tengo capacidad para comparar ambos libros de una forma clara, pero en mi
recuerdo El buda de los suburbios es
un libro superior a Dientes blancos.
Así que yo hubiera incluido al primero en vez de al segundo en esa lista de las
veinticinco mejores novelas británicas. Quizás la idea de que Dientes blancos esté en esta lista me
resulta ahora algo exagerado, pero –pese a que me ha decepcionado algo su tramo
final– no quiero restar méritos al que me resulta un gran debut literario y que
me anima a leer obras más maduras de esta gran escritora.





