domingo, 2 de octubre de 2022

Recuerdos de vida, por Juan Eduardo Zúñiga


Recuerdos de vida
, de Juan Eduardo Zúñiga

Editorial Galaxia Gutenberg. 119 páginas. 1ª edición de 2019.

 

En el verano de 2020 leí La trilogía de la guerra civil de Juan Eduardo Zúñiga (Madrid, 1919 – 2020), un volumen formado por tres libros de cuentos que me gustó mucho, que tenía algunas narraciones de una calidad altísima. Como dije entonces, La trilogía de la guerra civil contiene algunos de los mejores cuentos que he leído.

Aunque en casa tengo, aún sin leer, un libro que sacó Cátedra en 2019 con las dos primeras novelas cortas de Zúñiga, El coral y las aguas e Inútiles totales, compré en la última Feria del Libro de Madrid Recuerdos de vida. No sabía que existía este pequeño libro de memorias de Zúñiga y me encapriché de él cuando lo vi en la caseta de la editorial Galaxia Gutenberg, un pequeño libro de memorias que se publicó el mismo año que Zúñiga cumplía cien años. Según una nota final, Zúñiga escribió este breve libro entre 2011 y 2018.

 

Recuerdos de vida empieza con Zúñiga rememorando una nevada que cayó en Madrid en el invierno de 1930 o 1931, un fenómeno natural que, para los ojos del niño que fue, revistió la realidad de un halo de extrañeza. La imagen inicial que Zúñiga elige para abrir su libro no parece arbitraria ni casual, ya que el autor se ha caracterizado por ser un enamorado de los idiomas y las literaturas de los países del Este y, en especial, de Rusia, de la que ha llegado a escribir algún ensayo y de la que ha traducido a alguno de sus escritores al español.

 

Los recuerdos de Zúñiga empiezan en un chalet del madrileño barrio de Prosperidad y, sobre todo, de uno de sus cuartos, en el que se encerraba a leer a autores como Julio Verne o Emilio Salgari. «Este fue mi primer espacio confidente, beneficioso por las horas que allí pasaba. Leía cuanto me era posible y dibujaba escenas de las historias que me gustaban.» (pág. 16).

En 1934, con quince años, visita por primera vez la Biblioteca Nacional, donde elaboró un diccionario de jeroglíficos egipcios, una de sus primeras pasiones. Pronto se despertó en él el gusto por el estudio de idiomas: «Siendo adolescente me puse a estudiar francés y poco después inglés, sin profesores, sólo con alguna gramática escolar y utilizando a la vez las guías para viajeros con frases hechas en ambos idiomas.» (pág. 22-23).

 

Uno de los acontecimientos de la vida de Zúñiga será que, a los trece años, un comercial de una editorial deja, por debajo de la puerta de casa, un folleto de una colección de libros, con un texto de la novela Nido de nobles del ruso Iván Turguéniev. Como ya he dicho, Zúñiga se va a enamorar de Rusia y su literatura, unas inquietudes intelectuales que, durante los años del franquismo, le van a ser difíciles de satisfacer, porque desde España se miraba con sospecha cualquier interés por aquel país. Zúñiga no acaba de contarnos si concluye sus estudios universitarios, aunque sí que apunta que acudía de oyente a clases de Filosofía en la Complutense. Sí llegaremos a saber que, mientras mantiene trabajos para ganarse la vida, como un empleo en una fábrica de discos, se dedicará a estudiar por su cuenta idiomas y la cultura de los países del Este: además de Rusia, Hungría, Bulgaria o Rumanía. Y llegará a traducir libros al español de estos idiomas, que en el Madrid de la época no le interesaban a nadie. Incluso sus primeros libros publicados serán ensayos sobre las realidades históricas de algunos países del Este. Uno de los temas más interesantes de estas memorias es ver cómo Zúñiga se evadirá mentalmente de la triste realidad del franquismo a través de las ensoñaciones e idealizaciones de los países del Este y cómo la cultura le sirve para crearse un mundo propio, una habitación propia en el fondo de su mente.

Zúñiga analiza además sus comienzos literarios, su influencia de los escritores eslavos y cómo estos hablan de la realidad a partir de lo elusivo. Así nos hablará de cómo surgió el primer relato de lo que acabaría siendo su magnífica La trilogía de la guerra civil. No hablará de la guerra mostrándonos los combates, sino a las personas del barrio de Arguelles que, después de que la población civil de la zona fuese evacuada, no dejaron sus casas porque les resultaba imposible separarse de sus pertenencias.

Aunque los tres libros de La trilogía de la guerra civil se publicaron ya en democracia, Largo noviembre de Madrid en 1980, La tierra será un paraíso en 1989 y Capital de la gloria en 2003, su gestación proviene de, al menos, la década de 1970. Imagino que más tarde, Zúñiga, que tiene fama de ser un escritor muy autoexigente, puliría esos relatos, impublicables durante el franquismo, hasta su versión final.

 

La familia de Zúñiga deja el barrio de Prosperidad y en un piso de Bravo Murillo será donde el escritor pase los tres años de la guerra, un tiempo que le dejará profundamente marcado. En 1938 será llamado a filas con la quinta de los jóvenes que cumplían entonces los diecinueve años. Será su exagerada delgadez y sus gafas lo que haga que no sea enviado al frente. Sí que tenía que acudir cada mañana a la Comandancia para recibir una instrucción. Esta experiencia le llevará a escribir su primera novela corta (rescatada ahora por Cátedra), titulada Inútiles totales.

También nos hablará de la gestación de la novela El coral y las aguas, que escribió en el desaparecido Café Michigan. Zuñiga quiso alejarse del realismo social de aquellos años, escribiendo en clave sobre los abusos del franquismo, y así trasladó su historia a una isla de la Grecia clásica. Aunque la novela la publicó la editorial Seix Barral pasaría sin pena ni gloria porque nadie entendió bien el juego de crítica de la realidad que planteaba su novela histórica.

Zúñiga no habla de modo directo del franquismo, sino ‒como aprendió de los rusos‒ de un modo elusivo, pero de puntillas se va filtrando la situación económica (su familia cayó en desgracia tras la guerra) y las duras condiciones morales de la época. Nos hablará también de las tertulias a las que empieza a acudir y de la gente que conocerá en ellas, y de las precauciones que tienen que tomar ante los confidentes de la policía política que pululaban por esos espacios.

 

Zúñiga es un escritor profundamente madrileño y, sin embargo, estas memorias, estos Recuerdos de vida, acaban pareciendo estar escritos por un escritor de un país del Este, un escritor que ha de enfrentarse al silencio de su régimen dictatorial durante unas décadas oscuras.

Recuerdos de vida es un libro bellísimo, de una vitalidad envidiable en un escritor que ha madurado estas escasas páginas durante la última década de su vida, que llegó a los ciento un años. Un libro que nos recuerda el poder balsámico de la literatura y la cultura, sobre todo durante los años más difíciles.

A ver si me acerco pronto al libro de Cátedra con las dos novelas iniciales de Zúñiga, que tienen muy buena pinta. Diría que por no haber destacado en el género de la novela, sino en el del cuento, que es más minoritario, Zúñiga no es un autor tan conocido como debería. Es uno de los grandes autores españoles de los últimos cien años, todo un maestro.

domingo, 25 de septiembre de 2022

El declive, por Osamu Dazai


El declive
, de Osamu Dazai

Editorial Sajalín. 148 páginas. 1ª edición de 1947, ésta es de 2017.

Traducción de Marina Bornas

 

Ya he comentado que, después de leer casi seguidos tres libros de Kenzaburo Oé, el premio Nobel de 1994, me apeteció seguir con más literatura japonesa. Así, cuando se acercaba la Semana Santa de 2022, me acerqué hasta la biblioteca de Retiro y saqué en préstamo Soy un gato (1905) y Botchan (1906) de Natsume Soseki y El declive (1947) e Indigno de ser humano (1948) de Osamu Dazai (Kanagi, 1909 – Tokio, 1948). He leído las cuatro por este orden cronológico.

 

La narradora de El declive es Kazuko, una joven de veintinueve años, que vive con su madre en una casa con jardín de estilo chino en la península de Izu, en un pueblo a unos pocos kilómetros de Tokio. Madre e hija han tenido que abandonar su casa tokiota en el lujoso barrio de Nishikata, porque el tío Wada, el hermano mayor de la madre, así lo ha decidido. Desde que el padre de Kazuko murió diez años antes, el tío Wada gestiona la economía doméstica de la familia, y el dinero que dejó el padre se está acabando. Naoji es el hermano menor de Kazuko, quien ‒al comienzo de la novela‒ se encuentra desaparecido en combate en el sur del Pacífico. La novela está ambientada en la inmediata posguerra, entre 1945 y 1947. Kazuko estuvo casada, y se divorció seis años antes. El que iba a ser su primer hijo nació muerto. Por estos motivos volvió a vivir con su madre.

 

La primera escena de la novela me parece sutilmente significativa: Kazuko describe cómo come su madre, la delicadez con la que usa los cubiertos. Esto le sirve para contarnos que su madre es una verdadera noble japonesa, no como ella o su hermano, que son «mendigos de clase alta». «La única aristócrata de verdad que hay en nuestra familia es mamá.» (pág. 8), pero además le sirve (intuyo) para mostrarle al lector el colonialismo cultural al que acaban de ser sometidos por los norteamericanos, tras el fin de la guerra. También están comiendo un puré de guisantes, que Kazuko ha preparado con una lata importada de América.

Las primeras páginas de la novela describen la vida de la madre y Kazuko en la casa de estilo chino de Izu y son detenidas y melancólicas, también la narradora nos va arrojando datos sobre el pasado en decadencia de los personajes. De forma simbólica, Kazuko va a descubrir los huevos de un nido de serpiente y los va a quemar, confundiéndolos con los de una raza peligrosa, cuando no es así. Desde entonces sentirá que una víbora maligna ha anidado en su pecho y esto conducirá a la muerte a su madre y a su propia destrucción. El símbolo nefasto de la serpiente recorre El declive, a veces dejando atrás el realismo de la narración.

 

Los personajes de la novela no querrán nunca hablar de la guerra, unos años que han supuesto un profundo bloqueo emocional para ellos. Kazuko nos dirá que lo único que conserva de la guerra son sus tabis, o zapatos de trabajo, y en unos breves párrafos nos describirá su reclutamiento en retaguardia. «La verdad es que ahora, cuando intento recordar, tengo la sensación de que ocurrieron muchas cosas y, al mismo tiempo, es como si nada hubiera ocurrido. No me gusta contar ni escuchar historias de la guerra. Murió mucha gente, es cierto, pero aun así me parece repetitivo y aburrido hablar de ella. Supongo que es porque tengo una perspectiva egocéntrica de la guerra. Solo salí de la monotonía cuando me reclutaron y me obligaron a calzarme aquellos zapatos y cargar fardos.» (pág. 34)

 

La trama de la novela se moverá cuando reaparezca Naoji, el hermano menor desaparecido en la guerra. Naoji no estaba muerto, pero se ha convertido en un adicto al opio, que complicará la vida a su hermana y su madre desde el momento en el que vuelva aparecer en sus vidas. Naoji tampoco quiere saber nada de la guerra, y comienza en Japón una vida disoluta, que tiene más que ver con el alcohol, que con el opio, que está tratando de dejar.

Kazuko irá adelantando información al lector de su narración. De hecho, a veces se muestra de un modo consciente que ella está recordando, mediante la escritura, acontecimientos que tuvieron lugar en el pasado. «Quiero contarlo todo, sin omitir absolutamente nada.» (pág. 26) o en la misma página: «pienso mientras escribo estas líneas».

 

Tal vez Naoji, que está acabando con el dinero de la familia, con sus frecuentes escapadas a Tokio, donde se junta, sobre todo, con Uehara, un escritor al que admira, y cuyas novelas resultan cada vez más escandalosas a la opinión pública, pueda trabajar, pero esta no parece una salida posible para Kazuko. Así que, aunque sea de un modo secundario, se muestra aquí la posición secundaria de la mujer japonesa en la sociedad de la época. Lo que debería hacer Kazuko sería casarse otra vez, aunque sea con un hombre mayor que pueda mantenerla. Dentro de todo el desbarajuste familiar en el que se encuentra metida, Kazuko, sin embargo, no quiere renunciar al amor, aunque se haya fijado para conseguirlo precisamente en un hombre que no parece convenirla en absoluto, un hombre casado y de mala reputación.

 

Me ha llamado la atención que, al igual que los otros dos escritores japoneses, que llevo leídos en 2022, Osamu Dazai fuese también un estudiante universitario de lenguas europeas, el francés en su caso, igual que Kenzaburo Oé. Por su parte, Natsume Soseki estudió inglés. En gran medida, las referencias culturales que aparecen en El declive son europeas, y sobre todo francesas. En este sentido, se puede entroncar a El declive con el movimiento de la novela existencialista francesa de la posguerra. Imagino que Dazai habría leído novelas como La náusea de Jean Paul Sartre, que es de 1938, o El extranjero de Albert Camus, que es de 1942.

Además en El declive, Kazuko parece creer en el cristianismo y habla de Jesucristo y la virgen María, algo que también me ha llamado la atención.

 

Además de la narración en primera persona de Kazuko, quien parece que está escribiendo un diario íntimo, en la novela también se muestran cartas, o bien de Kazuko, dirigidas al hombre que desea que se convierta en su amante, o de Naoji. También se muestran las páginas de un diario de Naoji, de fuerte contenido existencialista: «En nuestra clase social tampoco hay gente que valga la pena. Idiotas, espectros, usureros, perros rabiosos, charlatanes, pura palabrería, orina que cae de las nubes.», «La guerra. La guerra de Japón es pura desesperación. No quiero morir involucrado en esa desesperación. Prefiero morir por mi propia mano.», o una frase que parece impresionar mucho a Kazuko: «Me pregunto si existirá algún ser humano que no sea un depravado.»

 

El declive me ha parecido una hermosa, delicada y desoladora novela existencialista. Una hermosa novela que refleja muy bien el sentir japonés tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial, pero sin hablar casi del conflicto bélico. Ahora mismo estoy leyendo la segunda y más famosa novela de Dazai, Indigno de ser humano, que me está gustando mucho también. Además, por primera vez, leo una novela de la editorial Sajalín, algo que tenía pendiente desde hacía tiempo, y que me ha resultado una grata experiencia. A ver si indago más en su prometedor catálogo.

domingo, 18 de septiembre de 2022

Homenaje a Javier Marías, muerto a los 70 años

 En mi canal de YouTube, el domingo pasado, día de la inesperada muerte del escritor Javier Marías, grabé un vídeo hablando de los 5 libros suyos que he leído.

Lo dejo aquí:




domingo, 11 de septiembre de 2022

Cuentos completos 2, por Philip K. Dick


Cuentos completos 2
, de Philip K. Dick

Editorial Minotauro. 695 páginas. 1ª edición de la década de 1950; ésta es de 2020.

 

Ya he comentado más de una vez en mis redes sociales que Philip K. Dick (Chicago, 1928 – Santa Ana, 1982) fue uno de mis ídolos adolescentes, de que he leído prácticamente todas las novelas de ciencia ficción que se han publicado en España, pero del que no había leído sus cuentos, que están publicados por Minotauro en cinco volúmenes.

En el verano de 2021, leí Cuentos completos 1, donde se reunían 25 relatos que Dick escribió entre 1951 y 1952; es decir, cuando tenía 23 o 24 años y aún no había publicado su primera novela. El segundo volumen de estos Cuentos completos reúne 28 piezas (aunque en el prólogo dicen 27) escritas entre 1952 y 1955; es decir, cuando Dick tiene ahora entre 24 y 26 años. La primera novela de Dick es Lotería solar y se publicará en 1955.

Así que estos dos primeros volúmenes de cuentos de Philip K. Dick reúnen su etapa de escritor en revistas pulp, y sería un poco más tarde cuando tendría la ambición para tratar de publicar novelas de ciencia ficción.

 

Cuentos completos 2 se abre con dos narraciones que no son de ciencia ficción, sino de terror. Se trata de La viejecita de las galletas y Detrás de la puerta. El primero sobre una mujer vieja que puede succionar la juventud de un niño parece una narración de Ray Bradbury o de Stephen King. El segundo sobre un reloj de cuco asesino es una broma intrascendente.

 

Me gusta mucho el tercer relato, La segunda variedad, que con más de 60 páginas es casi una novela corta. De hecho, es la narración más larga de este libro. En el Volumen I había alguna de unas 100 páginas.

Uno de los grandes temas de este volumen es el temor a una Tercera Guerra Mundial, que en la imaginación de Dick va a ser nuclear y devastadora. Si recordamos que estas narraciones son de la década de 1950, este temor de Dick estaba muy extendido en el mundo y también aparece, por ejemplo, en narraciones de John Cheever, con sus ciudadanos que construyen refugios nucleares. En el mundo que construye Dick en La segunda variedad, la guerra nuclear entre norteamericanos y rusos ha devastado la superficie del planeta y los supervivientes viven bajo tierra (una idea que se repite en más de un relato), mientras los mandos (al menos los estadounidenses) viven en la luna. La guerra la llevan ahora los robots que han empezado a construirse a sí mismos y evolucionar. Dick juega con la idea de una posible guerra futura entre robots, como si la guerra y la destrucción fueran inherentes no solo al ser humano sino a cualquier forma de inteligencia. Y como siempre, usa la ironía para contarlo.

 

Recuerdos al por mayor es el relato en que se basa la película Desafío total (1990) de Paul Verhoeven. Un tipo quiere ir a Marte, pero su sueldo no le alcanza. Visita una empresa de recuerdos implantados, para crearle la sensación de que sí ha estado en Marte, pero al intentar manipular su mente, se descubre que el tipo puede que sí que haya estado en Marte… El planteamiento del cuento es similar al del inicio de la película, pero después de tomar la gran premisa de Dick, la película se inventa todo un desarrollo con el personaje en Marte, algo que no ocurre en el cuento. En cualquier caso la película de Paul Verhoeven me descubrió a Philip K. Dick allá en un verano de 1990 y siempre la he tenido mucho aprecio. Me gusta este cuento.

 

El mundo de Jon nos lleva a uno de los temas clásicos de Dick: las paradojas de los viajes en el tiempo, en los que los viajeros temporales pueden alterar el pasado y, por tanto, la realidad presente. Este cuento está relacionado con el tercero, La segunda variedad, y se pueden englobar dentro de un mundo ficcional común.

En la introducción, Norman Spinrad comenta que, a diferencia de otros escritores de ciencia ficción, Dick no crea un mundo futuro similar para toda su narrativa en el que va contando sus historias, sino que casi siempre, en cada relato o novela se inventa un futuro diferente. Esta técnica es más complicada para un autor acuciado con la necesidad de ganar dinero y la de satisfacer a unos lectores sobre los que ya se ha probado qué funciona y qué no. Pero en excepciones como en los cuentos La segunda variedad y El mundo de Jon sí que lo hace. Aunque en el segundo cuento también habla de los viajes en el tiempo. «¿Qué significa real?», pregunta aquí uno de los personajes, anticipando en 1952 casi toda la obra de Dick.

 

Los cazadores cósmicos es un divertido relato sobre el choque de civilizaciones y la desmesurada codicia humana. Como muchos cuentos de Dick, su construcción se sustenta sobre la idea de la «sorpresa final», una sorpresa que el lector puede prever; aunque esto no le hace perder encanto.

 

Progenie nos habla ‒otro de los grandes temas de Dick‒ de la relación de los humanos con los robots. Aquí Dick escribe sobre un futuro en el que a los hijos de los separa de los padres y se lo forma según sus capacidades. Un hombre tradicional, con un trabajo tradicional, no va a comprender por qué no puede ver a su hijo, y no le sirve la explicación de que es por su bien. ¿Qué es humano? ¿Qué nos hace humanos?

 

Algunas clases de vida es uno de los cuentos más claramente antibélicos del conjunto. Los miembros de una familia deben ir a combatir contra civilizaciones extraterrestres para que los humanos puedan conservar alguno de los minerales que se consiguen en sus planetas. El progreso a costa de la vida de las personas, una crítica a tantas guerras inútiles que han ocurrido en la Tierra. Me gusta menos que otros porque su mensaje es demasiado explícito y poco sutil.

 

Los marcianos llegan en oleadas me ha parecido uno de los relatos más bellos del libro. Unos seres gelatinosos caen como lluvia sobre la Tierra, desde hace un tiempo. Los humanos los temen y se encargan de destruirlos. El protagonista es un niño que, gracias a la telepatía, va a poder contemplar el mundo del que procede el marciano y ésta es una visión poética y hermosa. Sin embargo, en vez de conocer al otro, los terrícolas le tendrán miedo y se empeñarán en destruirle.

Mientras que el escritor de ciencia ficción Robert A. Heinlein en 1959 publicaba una novela como Tropas del espacio que es abiertamente militarista, y propone la aniquilación del otro, Dick se encargaba de proponer lo contrario.

 

Con El abonado dejamos la ciencia ficción y volvemos al terror con un hombre que quiere comprar en la estación un billete de tren hacia una ciudad que no existe, o que tal vez exista en una realidad alternativa, un tema muy de Dick.

 

En El mundo que ella deseaba un hombre conoce a una mujer en un bar, y ésta le dice que vive en un mundo hecho a su medida. «El Creador puso fuerzas en movimiento. Creó mundo diferentes para cada ser humano; cada uno existe para un solo ser humano.» (pág. 288). Lo planteado en este relato de 1952 se parece a lo que luego Dick desarrollará en novelas como Ojo en el cielo (1957) o Ubik (1969).

 

En Una incursión en la superficie volvemos al tema de la destrucción nuclear y a los supervivientes que viven bajo tierra. Un hijo quiere acompañar al padre a buscar humanos primitivos en la superficie. Otra buena historia sobre la relación entre humanos y robots.

 

Proyecto: Tierra es otro de los cuentos que más me gustan. Igual que pasaba con Los marcianos llegan en oleadas el protagonista es un niño y esto hace que el relato tome caminos inesperado. Un viejo toma notas sobre los humanos, y un niño lo descubre, además el viejo tiene unas personitas en una caja, que el niño roba. Como me pasó en la lectura de Cuentos completos I, hay aquí alguna escena que solo tiene sentido en el mundo perturbado de Dick porque es incomprensible en realidad, y esto genera una sensación de misterio y extrañeza muy potente y agradable.

 

Problemas con las burbujas nos lleva a un mundo futuro en el que la frustración por no encontrar vida inteligente en el espacio hace que una empresa comercialice unas esferas dentro de las cuales cada ciudadano puede crear un mundo. Un nuevo relato de Dick sobre la creación de realidades y mundo. Curioso, pero me ha gustado menos que otros.

 

En Desayuno en el crepúsculo una típica familia norteamericana desayuna y se dispone a empezar el día. Al salir de casa, una densa niebla lo domina todo, aparecen soldados y les informan de que todo ha sido destruido en una nueva guerra. Nadie entiende que hace ahí esa casa. Se ha producido una rotura en el continuo del tiempo, y la familia ha entrado en el futuro o una realidad diferente. Un tema que Dick repetirá en muchas de sus novelas.

 

Un regalo para Pat es un relato humorístico sobre un hombre que regresa desde el espacio a casa con un extraño regalo para su mujer: un pequeño dios que tiene capacidad para desbaratar su vida. El final es demasiado rocambolesco, pero no deja de ser un relato divertido.

 

El fabricante de capuchas es un relato sobre telépatas que pueden leer los pensamientos de la gente y usan este poder para crear una sociedad controladora. Este tema del control mental será otro de esos a los que Dick recurrirá en más de una novela.

 

Sobre manzanas marchitas es otro relato de terror al estilo de las narraciones de Ray Bradbury, sobre un manzano maldito, o un manzano con poderes o una mente poderosa. Es un relato simpático.

 

Humano es es un cuento sobre las relaciones humanas. Un hombre que trabaja demasiado se opone al deseo de su mujer de convivir un tiempo con su sobrino, pero quizás un extraterrestre que lo ha sustituido es más simpático que él. En las notas finales, Dick comenta sobre este relato que para él la idea de ser «humano» la constituye la capacidad para ser bondadoso y que este es su credo. Es por estas cosas por las que adoro a Dick.

 

Equipo de ajuste es una narración muy paranoica sobre un hombre al que se le va desmoronando la realidad cotidiana según trata de vivir su jornada habitual. Existe otra realidad que manipula la nuestra. No se puede ser más Dick.

 

En El planeta imposible una anciana quiere gastar todos sus ahorros en visitar un planeta que se ha vuelto un mito: la Tierra. De este planeta se supone que procede la humanidad. Es un cuento correcto, pero no brilla demasiado.

 

Impostor quizás sea el mejor relato del libro. Había leído en alguna parte que Dick fue el primer escritor al que se le ocurrió la idea de un robot que cree que es humano. Y si esto es cierto, esa idea aparece por primera vez en este relato de 1953. Aquí las dudas sobre el propio «yo» se vuelven realmente muy interesantes.

 

James P. Crow es otro de los cuentos más destacados del libro. Dick nos traslada a un mundo dominado por los robots, donde los humanos son ciudadanos de segunda. Para conseguir una posición social hay que pasar unos exámenes hechos a medida de los robots y que solo un humano ‒James P. Crow‒ parece estar capacitado para superar. Al final, este es un cuento en contra de la segregación racial en los Estados Unidos.

 

Planeta de paso también me gusta mucho. De nuevo, una guerra ha aniquilado el planeta, y la humanidad sobrevive bajo tierra. Sin embargo, en la superficie seres mutantes, descendientes de los humanos, han conseguido adaptarse. El planeta ahora es suyo, la barbarie de los humanos creo a estos nuevos seres. De nuevo una bella metáfora antibelicista.

 

La maqueta es un cuento fantástico y no de ciencia ficción, pero también refleja una clara obsesión de Dick: un hombre adulto se relaja con maquetas de trenes y en el sótano ha reproducido la ciudad en la que vive. Harto de la realidad se dedicará a cambiar la maqueta, lo que podrá alterar la realidad, y la gente que le rodea tal vez quede atrapada en su mundo. Esta idea, como ya conté antes, se desarrollará en Ojo en el cielo o Ubik.

 

Un recuerdo sobre la visita a un planeta para incorporarlo a una conferencia de planetas pacíficos y la negativa de este porque sus habitantes tienen un alma belicosa, me parece un relato inferior a otros del conjunto.

 

Equipo de exploración es una nueva metáfora antibélica sobre la humanidad que ha conseguido destruir el planeta en el que vive y ha de buscar otro en el que habitar. De nuevo su mensaje es demasiado obvio y no me convence demasiado.

 

Autor, autor es el cierre del conjunto y es un relato original. Una empresa está haciendo pruebas para poner en el mercado un aparato que teletransporte a las personas entre dos puntos, ideas para poder vivir en el campo y estar en el oficia en cinco minutos. Un empleado de la empresa está probando un prototipo. En los minutos que está fuera del mundo algo ocurre, unos hombrecillos le llaman la atención desde abajo, unos seres que le visitan desde otra dimensión, y con los que él empieza a comunicarse en vez de comentarlo con sus superiores. No me gusta el cierre del relato, Dick hace una broma sobre las ínfulas de los escritores, que resta belleza a las páginas anteriores.

 

 

Un comentario general sobre esta lectura. Me gustaría indagar en la pregunta ¿es Dick un autor machista? Es cierto que los protagonistas principales de sus relatos son hombres, y esto puede molestar a más de una lectora. También es cierto que en algunos de sus relatos y novelas el hombre se ve sometido a la frialdad y perversidad de su esposa, que en muchos casos es un personaje secundario cargado de negatividad. Me comentaba una mujer en el canal de YouTube que en uno de los cuentos del Volumen I, en una nave hay tres tripulantes, dos hombres y una mujer. Debido a una radiación su aspecto empieza a cambiar y a la mujer creada por Dick solo le molesta que sus compañeros la vean «fea». En más de uno de los cuentos de este Volumen II Dick nos dice que algunas mujeres que aparecen (en el futuro que el inventa) visten con ropa transparente o llevan los pechos al aire. Esto podría ser tomado por machista, pero prefiero pensar que en detalles como estos Dick está criticando a la sociedad consumista de su época. Una sociedad que cosifica a la mujer, y en su proyección del futuro esta cosificación la hace más evidente. En cualquier caso, estas narraciones pertenecen a la década de 1950 y muestran esa sociedad, con esos temores sociológicos con el de la Tercera Guerra Mundial, que sería nuclear y aniquiladora.

 

Me lo he pasado muy bien leyendo este segundo volumen de los cuentos de Dick. Y tengo ganas de acercarme ya al cuarto y al quinto, donde se encuentran sus relatos de plena madurez, donde ya compaginaba su escritura con la de sus grandes novelas. 

domingo, 4 de septiembre de 2022

Cuentos completos 1, por Philip K. Dick

 


Cuentos completos 1, de Philip K. Dick

Editorial Minotauro. 651 páginas. 1ª edición de la década de 1950; ésta es de 2019.

 

Ya he comentado más de una vez en mis redes sociales que Philip K. Dick (Chicago, 1928 – Santa Ana, 1982) fue mi escritor favorito en la adolescencia, entre los dieciséis y los veinte años. A esta edad dejé de leer radicalmente novelas de género ‒ciencia ficción y terror‒ para pasar a leer «gran literatura». Cuando tenía unos treinta y cinco años volví con Dick, a raíz de leer en Entre paréntesis, el libro de reseñas y columnas de Roberto Bolaño, una conversación entre éste y Rodrigo Fresán, en la que hablaban de que Dick les encantaba y que le consideraban uno de los mejores diez escritores norteamericanos del siglo XX, lo que para ellos equivalía a decir que era uno de los diez mejores escritores del siglo XX. Leí entonces alguna de las novelas de Dick que se me quedaron sin leer en la adolescencia, como Los tres estigmas de Palmer Eldritch, Tiempo de Marte o El hombre en el castillo y, de nuevo, quedé subyugado ante sus potentes ideas narrativas.

 

Dick es el escritor del que más novelas he leído, que superan las veinte. He leído casi todas las que se han publicado en España, y además alguna en inglés que no estaba traducida. Sin embargo, no había leído sus cuentos. Ahora mismo los libros de cuentos me gustan mucho, y no es raro que yo elija leer libros de cuentos, pero de adolescente prefería con mucho las novelas, salvo que el escritor fuese H. P. Lovecraft. De hecho, leí una antología de cuentos de Philip K. Dick sobre los diecisiete años, que se titulaba La máquina preservadora, en una edición de Edasa Nebulae de 1989, pero, frente a las novelas, no me acabó de gustar.

 

Así que el proyecto de leer los cinco volúmenes de cuentos de Dick, que en España ha publicado Minotauro, llevaba años rondándome la cabeza. Conozco varias bibliotecas públicas cerca de casa que los tienen, pero un día me apeteció ir a La Central de Callao y comprar el primer volumen en el nuevo formato de Minotauro, que venden ahora como «edición revisada». Como en La Central no estaba, lo acabé comprando en la cercana FNAC.

 

El libro empieza con un interesante prólogo del propio Dick, en el que diserta sobre qué es ciencia ficción y qué no lo es. Para Dick la ciencia ficción no puede ser definida como «un relato, novela o drama ambientado en el futuro», para él la simple aventura espacial no es ciencia ficción. Para Dick, también puede haber ciencia ficción ambientada en el presente. El mundo creado debe diferenciarse del real al menos en un punto significativo, en este mundo ficticio debe haber al menos una desfiguración conceptual. Si el cambio que la novela plantea, el lector piensa que puede darse, entonces se trata de una novela de ciencia ficción, y si no puede darse, entonces sería de fantasía.

 

Este primer volumen de los Cuentos completos reúne 25 narraciones escritas entre 1951 y 1952; es decir, cuando Dick tenía unos 23 o 24 años. Así que lo primero que debemos ver aquí es que nos encontramos ante la obra de una persona muy joven. Una vez acabado el libro sorprende la madurez de alguna de sus ideas y la limpieza de sus planteamientos.

 

Al final del libro existe un anexo en el que se explica dónde se publicó alguno de los cuentos y Dick reflexiona, desde la madurez, sobre ellos. Aquí descubro que Estabilidad, el primer relato, lo escribió en 1947, y que estaba inédito. Por tanto este cuento está escrito cuando Dick tiene unos 18 o 19 años. Es un texto juvenil sobre las paradojas de los viajes en el tiempo y, aunque resulta un tanto confuso, ya se aprecia en él el gusto por las paradojas de la trama y por las persecuciones paranoicas y las imágenes potentes.

 

Roog, sobre un perro que no entiende por qué cada semana los basureros invaden el jardín de sus amos y quiere advertirles (infructuosamente) de un peligro, es ya un texto poderoso. En él hay ya serios elementos de la obra de Dick: la paranoia y la incomunicación entre los seres vivos. Además la historia tiene una lectura directa (la comentada) y otra más inquietante: quizás el perro tenga razón y tras la apariencia cotidiana de los basureros se esconda la amenaza de una invasión alienígena.

 

La pequeña rebelión sobre unos soldaditos para niños con vida propia es un cuento fantástico y no de ciencia ficción. Se nota que en esta época Dick aún estaba buscando su camino, y crea un relato que recuerda a la saga de películas de Toy story. Un relato sin mucha trascendencia.

 

Más allá se encuentra el wub lo había leído ya hace treinta años en la antología comentada. Fue el primer relato publicado por Dick en 1952. Como lo cuenta él me parece divertido: por esa época trabajaba en una tienda de discos en Berkeley y cuando se publicó su cuento en la revista Planet Stories llevó unos ejemplares a la tienda. Un cliente le preguntó si él leía aquella basura, y él tuvo que admitir que no solo la leía, sino que además la escribía. Más allá se encuentra el wub es un relato sobre el choque de civilizaciones y la conquista de Marte, y resulta estimulante y divertido.

Digamos desde ya, que en estos cuentos Dick es un escritor de ciencia ficción especulativa y que no le preocupa en absoluto la coherencia física real de lo que plantea. Así en este libro nos podemos encontrar con naves espaciales que llegan a un planeta y sus tripulantes humanos pueden bajarse a explorarlo sin problemas de gravedad y, en muchos casos, sin problemas respiratorios. En este sentido, el Marte de Dick se parece mucho al que dibuja Ray Bradbury en Crónicas marcianas, que es un libro que se publicó en 1950 y que diría que es una clara influencia del Dick de estos cuentos.

 

Al leer El cañón en un bar me di cuenta perfectamente de que estaba siendo feliz leyendo a Dick, de que en gran medida estaba volviendo a mi adolescencia. Aquí no encontramos con otro de los temas fundamentales de Dick: el antibelicismo. Recordemos que este cuento se publicó en 1952 con los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial y las bombas atómicas sobre Japón aún muy recientes. En El cañón un grupo de científicos terrestres investiga en un planeta lejano la que parece una civilización extinguida por una guerra.

 

La calavera trata, de nuevo, como en Estabilidad, de las paradojas de los viajes en el tiempo. Tiene 30 páginas y empieza ya a ser casi una novela corta. Su desenlace me ha parecido un poco inocente, pero sigue siendo entretenido.

Quizás en estos primeros cuentos, Dick quiere ofrecer al lector una sorpresa al final del cuento y, en más de un caso, resulta un tanto forzada. Sin embargo, para mí, lector rendido a Dick, todo esto acaba por resultarme entrañable.

 

Los defensores tiene otras 30 páginas y, más que un relato, empieza a parecerse ya a un novela corta. El material de este relato Dick lo usaría para el argumento de su novela La penúltima verdad (1964), que fue la última de él que leí en mi primera etapa adolescente a los diecinueve años. Me ha parecido una narración ya más acabada y madura que las anteriores. Un robot le dice a unos humanos: «No están preparados para saber la verdad» o «Somos los administradores provisionales de un mundo abandonado temporalmente por sus amos.» Puro Dick: vivimos en una realidad simulada, las autoridades nos engañan.

 

En La nave humana Dick se plantea si una inteligencia humana es siempre superior a una artificial, y me ha recordado mucho a los planteamientos del escritor de ciencia ficción polaco Stanisław Lem, que fue un gran admirador de Dick.

 

Flautista en el bosque es un relato antibelicista, un relato prehippy camuflado de relato de ciencia ficción en que se plantea el encuentro entre dos civilizaciones.

 

En Los infinitos Dick explora los peligros de los encuentros con lo desconocido en el espacio. De nuevo, Dick se deja llevar por una idea potente por más absurdo que sea su planteamiento. De hecho, muchos de estos cuentos funcionan más que como especulación científica, como alegorías de alguna idea. El giro final de este cuento no lo vi venir y me pareció realmente muy divertido.

 

El argumento de La máquina preservadora es directamente una chifladura. Un científico, en el contexto de la guerra fría, teme que desaparezca la civilización y el arte. Principalmente le preocupa que desparezca la música y para evitarlo idea una máquina que convierte las partituras en seres vivos (¿por qué así se preserva la música?), seres que deja en libertad en un bosque cercano a si casa. Cuando quiere recuperar a los animales y convertirlos de nuevo en partituras la armonía de la música ha desaparecido porque los animales han evolucionado para sobrevivir. En este caso he contado casi todo el argumento porque quiero llamar la atención sobre un hecho importante y que este cuento ejemplifica perfectamente: Dick trabaja en muchos de sus cuentos con una lógica propia, ajena a la del mundo real, y por esto resulta en muchos casos tan desconcertante y poderoso. Diría que este tipo de relatos ha influido en la prosa de escritores latinoamericanos como Mario Levrero y Elvio Gandolfo.

 

Sacrificio es un cuento más fantástico que de ciencia ficción. Es simpático, pero inferior a otros ya leídos.

 

El hombre variable, con sus casi 100 páginas, es más una novela que un relato. Y ha constituido una de las grandes sorpresas de este libro. Se considera que Lotería solar, de 1955, es la primera novela de Dick, pero yo diría, ahora mismo que es El hombre variable. Y El hombre variable me parece bastante mejor que Lotería solar. En El hombre variable nos encontramos ya con el personaje prototipo de las novelas de Dick: un paria que tiene un trabajo manual, por el que siente amor, y que se va a envuelto en un juego de fuerzas que se escapan de las manos. Paranoica, persecución, pérdida de referencias… Una gran novela corta.

 

Después de leer El hombre variable, acercarme a La rana infatigable hace que su lectura me resulte menor, apenas un juego simpático sobre una paradoja científica.

 

En La cripta de cristal el libro recupera el nivel. Un nuevo cuento sobre la destrucción de Marte y sus civilizaciones por parte del hombre, muy en la línea de Crónicas marcianas de Ray Bradbury, que ya comenté antes.

 

La vida efímera y feliz del zapato marrón vuelve a ser una extravagancia más fantástica que de ficción especulativa, en la línea surrealista de La máquina preservadora.

 

En El constructor un hombre con miedo a una guerra nuclear construye un barco en el jardín de su casa. En este cuento parece que Dick juega a ser, de nuevo, un escritor diferente y el planteamiento y la hondura de este cuento me recuerda a algunos de los de John Cheever.

 

El factor letal es un bello cuento sobre las paradojas de los viajes en el tiempo, uno de los grandes temas de Dick.

 

La paga, con sus 50 páginas vuelve a ser más una novela corta que un relato. Más de uno de los cuentos de Dick ha sido usado como base para una película, y me extraña que no haya ocurrido con La paga, porque diría que es el más cinematográfico de los relatos de este libro. Un hombre ha trabajado para una empresa durante los últimos dos años, se supone que ha firmado un contrato según el cual al finalizar sus tareas recibirá una fuerte suma de dinero pero los recuerdos de los dos últimos años serán borrados de su mente. Cuando comienza la narración, el protagonista se dará cuenta también de que, en algún momento del pasado cercano, también ha firmado la renuncia al dinero pactado, pero tiene una bolsa con diversos objetos que aún no saben para qué sirven. Pronto se dará cuenta de que su «yo del pasado» se los ha entregado para salvarle de los peligros del futuro. Muy bueno.

 

En El gran C Dick plantea un mundo apocalíptico y la vida de los supervivientes en medio de la decadencia tecnológica. Según nos acercamos hacia el final tengo la impresión de que el pulso de un Dick de 24 años es cada vez más firme.

 

En el jardín es un cuento fantástico. Resulta algo desconcertante leerlo en este momento, cuando creía que los titubeos eran más de páginas pasadas.

 

El rey de los elfos es otro cuento fantástico, que me parece bastante mejor que En el jardín. En El rey de los elfos está muy bien planteada la disyuntiva entre la posibilidad de estar leyendo un cuento fantástico o un cuento de locura.

 

En Colonia volvemos al tema de los peligros de encontrarnos con otras formas de vida en el espacio. Otro cuento desasosegante que, perfectamente, podía haber sido llevado al cine.

 

En La nave de Gamínedes volvemos a las guerras interplanetarias y a las paradojas de los viajes espaciales y en el tiempo. Me ha parecido inferior a otros cuentos en los que ya se planteaba este tema.

 

El volumen finaliza con La niñera que es un cuento muy bello sobre la competencia entre diversas inteligencias artificiales. De fondo, como en muchas novelas de Dick, existe una crítica a la sociedad de consumo.

 

En resumen, estos cuentos de Philip K. Dick me han parecido divertidos y brillantes. Solo en algún momento, sus planteamientos me han resultado un tanto inocentes y, en general, me sorprende que historias tan maduras e imaginativas estén escritas por una personas de veintitrés o veinticuatro años. Me lo he pasado muy bien leyendo este libro y me alegra mucho saber que aún me quedan cuatro volúmenes más de cuentos de Dick. Tengo ya ganas de acercarme a los cuentos que escribía en la década de 1960, que para mí es su mejor momento como creador, si atendemos a su producción novelística.