Polvo, sudor y hierro, de Félix Núñez Caballero
Editorial Amazon. 166 páginas. 1ª edición de 2025
Félix Núñez Caballero (Madrid, 1977) es mi
amigo, pero no un amigo al que haya conocido en el mundo de los libros, sino un
amigo al que conocí en la Carlos III de Madrid, en 1995, cuando ambos
comenzábamos estudios de ADE. Su primer recuerdo de mí es verme leyendo La
hojarasca, la primera novela de Gabriel
García Márquez, en la última fila de nuestra primera clase. Mi primer
recuerdo de él es mirarme, con cara extrañada, leyendo La hojarasca. Félix siempre ha sido un gran lector. Desde hace unos
años, también ha empezado a escribir. Por ahora, sus textos no han sido de
ficción, sino artículos y pequeños ensayos históricos. Ha publicado un libro
sobre el pueblo de sus padres, Mestanza, en Ciudad Real.
Polvo, sudor y hierro es la crónica de un
viaje en bicicleta por Castilla, siguiendo –durante una semana– la ruta que
siguió el Cid Campeador en su destierro de Castilla por el rey Alfonso VI.
«Pues resulta que ese “ser tan extraño” sería yo, justo a punto de emprender un
viaje en bici por la geografía del Cantar
de mio Cid, por los lugares que atravesó Ruy Díaz en su destierro desde
Vivar –su pueblo natal– hasta Atienza, en la frontera de los territorios
musulmanes.», escribe Félix en un apunte metaliterario de la página 12. Durante
el libro van a aparecer citas del Cantar
de mio Cid, tomadas de la versión modernizada de Alberto Montaner. El Cantar
de mio Cid, nos explicará Félix en su libro, se compuso sobre el año 1200,
pero la copia que se conserva es del siglo XIV. Estas citas serán contrastadas
con la realidad a la que el narrador se enfrenta en el siglo XXI, atravesando
el mismo paisaje. El título del libro está tomado de unos versos de un poema de
Manuel Machado:
«El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
Al destierro con doce de los suyos
–polvo, sudor y hierro– el cid cabalga.»
Félix realiza su viaje en mayo, cuando los campos aún están verdes y puede
evitar los rigores del verano. El tiempo narrativo del texto debe ser 2022 o
2023, ya que se habla de la guerra en Ucrania como de un suceso reciente. Polvo, sudor y hierro nos propone, como
ya he apuntado, la crónica de una semana de viaje, deteniéndose, sobre todo, en
iglesias o conventos, que son descritos con rigor histórico y con un
vocabulario, acerca de sus detalles arquitectónicos, preciso, propio de un
aficionado al arte con lecturas. Félix también nos mostrará las conversaciones
con las personas con las que se encuentre en su camino; prestando atención
también a la naturaleza y los aperos propios del campo. Aunque sé que Félix
Núñez es un gran admirador de Miguel Delibes,
me ha sorprendido el gran control que tiene sobre un vocabulario, propio del
campo y de la vida religiosa, que se encuentra posiblemente, en algunos casos,
en peligro de extinción: «Cendales», «motilones», «aceifas»... También se
describen con precisión pájaros, árboles y plantas. El texto se enriquece
además con breves notas históricas sobre los lugares descritos, o sobre
personajes, como Juan Martín, «el Empecinado» de la guerra de independencia
contra los franceses.
El lenguaje de Polvo, sudor y hierro
es cuidado, con el uso de alguna metáfora o contraste de palabras interesante:
«Quizás Vivar sea la única aldea del mundo con una avenida» (página 13),
«Delgado como un maratoniano etíope» (pág. 59). Solo recuerdo haber encontrado una
errata en el libro, y ya se la he comunicado al autor para que la pueda
corregir.
Sin embargo, también me gustaría comentar algunas debilidades del lenguaje,
en las que cae Félix como escritor primerizo. En algunas ocasiones hace uso de
clichés evitables como «con los deberes hechos» (pág. 20), «me pongo manos a la
obra» (pág. 76).
Creo que en un texto con aspiraciones literarias, el narrador debería
evitar mostrar un entusiasmo que aspira a confraternizar con el lector. Me han
chirriado, en más de un caso, el uso de frases y expresiones entre signos de
admiración. Esto hace que el texto se vuelva algo ingenuo; en la página 123
leemos: «Me queda un rato holgazaneando, leyendo las noticias en el móvil. ¡Qué
gran placer leer en la cama!» Y también, por ejemplo, en la página 28, el
narrador entra en una librería de Burgos, y escribe: «Camino sobre el suelo
ajedrezado, doy vueltas y más vueltas alrededor de la gran mesa central repleta
de novedades. ¡Cuántos libros! Y pensar que dentro de cien años nadie se
acordará de ellos, que ninguno llegará a ser eso que llaman un “clásico”.»
Además de ese entusiasmo hacia una realidad obvia (que en una librería haya
libros), creo que la reflexión final, que en gran medida es un lugar común, no
ayuda a que el párrafo levante el vuelo. Otra de las objeciones que le puedo
hacer al texto es la de mostrar reflexiones sobre lugares comunes, que en gran
medida tienen que ver con el paso del tiempo, la muerte y la irrelevancia de la
mayoría de las vidas. Y, como suele ser habitual en la literatura, el libro
gana altura cuando se describen vivencias más personajes. En este sentido, me
ha gustado la descripción que se hace de un día de alojamiento en el monasterio
de Cardeña, y del encuentro con monjes y con las otras personas alojadas allí.
En esta individualización de vivencias el lector encontrará más verdad
literaria que en las reflexiones que pueden acabar siendo lugares comunes. Un
interés especial me ha causado conocer la historia del espía nazi Reinhard
Spitzy, que vivió oculto en una de las torres del convento de Cardeña al
terminar la Segunda Guerra Mundial, que parece una historia del Roberto Bolaño de La literatura nazi en América.
Además, Félix ha incluido una fotografía de este espía nazi en el libro. No lo
he dicho todavía, pero en el libro hay más de una fotografía, algunas tomadas
por el propio autor y otras, como en el caso del nazi, sacadas de algún libro
de historia.
También me han gustado las historias sobre Covarrubias, pueblo que conozco
de primera mano, ya que es el pueblo de los padres de otro amigo. Historias de
Covarrubias que tienen que ver, en gran medida, con el tema de que en los
alrededores del pueblo se rodó la película El bueno, el feo y el malo (1966) de
Sergio Leone, y el inusual hecho de que en el municipio está enterrada una
princesa noruega.
Félix decidió autopublicar su libro en Amazon, para lo que tuvo que hacer él
mismo la maquetación y el diseño. Lo cierto es que ha quedado bien, y quizás
debería aprender de mi amigo y autopublicar alguno de mis libros por mi cuenta,
para probar qué tal me va decidiendo yo sobre los precios y sobre si el libro
debe tener o no versión ebook, y llevar la promoción con mi canal de YouTube o
mis redes sociales.
Polvo, sudor y hierro tiene 166 páginas, con
una letra y paginado generosos. Lo he leído en poco tiempo. Ha sido agradable
acompañar a mi amigo en su viaje histórico, cultural, de naturaleza y
gastronómico. Lo que más me ha llamado la atención es que este viaje por
Castilla lo estaba percibiendo como si me estuviera hablando de un lugar
exótico, y me han dado ganas de visitar los lugares propuesto. Imagino que esto
es el objetivo que debe conseguir un libro de viajes.





