domingo, 9 de agosto de 2020

Tema libre, por Alejandro Zambra


Tema libre, de Alejandro Zambra

Editorial Anagrama. 133 páginas. 1ª edición de 2019.

Ya comenté que a raíz de leer la novela Poeta chileno de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) me cambié unos mensajes con el autor y éste me hizo llegar los libros que tenía publicados en Anagrama y que yo aún no había leído. Así me puse con Mis documentos (2014) que –como ya apunté– me gustó mucho. A continuación empecé con Tema libre, que se publicó en 2019. Al principio yo pensé que este libro era también de relatos. Explicaré ahora que mi idea no era del todo cierta.

Tema libre está formado por once textos. Los tres primeros se agrupan bajo el nombre Autorretratos hablados y son conferencias que Zambra leyó en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile (Cuaderno, archivo, libro, 2013), en la Biblioteca Nicanor Parra de la Universidad Diego Portales (El niño que enloqueció de amor, 2014) y en la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales (Tema libre, 2016).

En Cuaderno, archivo, libro Zambra nos habla de su paso por la misma facultad en la que está dando la charla y de su vocación por la literatura. «Querer escribir es un signo de optimismo, de ingenuidad.» (pág. 12). También hablará de la importancia que tiene para él el hecho de escribir a mano (citará a Mario Levrero y su Discurso vacío), a máquina o a ordenador. Esta es una obsesión compartida con Mis documentos. «Soy hijo de un informático y una digitalizadora, por lo que puedo decir, sin temor a equivocarme, que les debo la vida a los computadores.» (pág. 19). Si bien en un momento de la charla habla del impulso que le llevó a imaginar a los protagonistas de Bonsái, aquella pareja joven que fingía haber leído a Proust sin haberlo hecho, pasará a hablar de un modo cariñoso e irónico del ambiente de poetas que conoció en su juventud, un ecosistema artístico que reproducirá en Poeta chileno. Descubro un dato irrelevante, pero que me ha gustado saber: Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain, publicado entre 1876 y 1878, es la primera novela de la historia de la literatura que fue escrita directamente con una máquina de escribir.

En El niño que enloqueció de amor Zambra hace una lúcida defensa de la lectura por placer. Me ha llamado la atención saber que fue profesor de Lengua y Literatura en un colegio privado. «Esto es clave, pienso yo: lo que nos importa de un libro está asociado a la sensación de que hay algo que no entendimos del todo. La felicidad de la lectura está asociada a la posibilidad de la relectura.» (pág. 34). 
También conoceremos su bloqueo ante la lectura de novedades literarias para hacer reseñas (algo que yo también he llegado a experimentar). «Había convertido el ocio en negocio, en obligación. Había contaminado irremediablemente el espacio de la lectura y de la escritura.» (pág. 35)

En Tema libre se habla, precisamente, de una invitación de la Universidad Diego Portales en la que proponen a los escritores escribir sobre lo que quieran. Zambra lo hará de sus impulsos de escritura y perorará sobre dos de sus textos en los que considera que fracasó, relatos que no llegó a incluir en ninguno de sus libros. «Si el texto fracasó fue porque nunca conseguí desprenderme del tema.» (pág. 48)

Tengo la impresión de que los temas de estas tres conferencias guardan relación con los textos ensayísticos de No leer, un libro sobre la relación de Zambra con la literatura.

El segundo bloque del libro –titulado Ropa tendida– empieza con los dos textos de los que hablaba en la conferencia anterior. El primero, La novela autobiográfica, ocupa tres páginas y parecen unos apuntes sobre un amigo escritor que le hizo una entrevista con preguntas hechas, a petición de un editor. Es un texto simpático, pero a una altura inferior a la que Zambra nos tiene acostumbrados.

El amor después del amor es un cuento completo, un cuento de fondo humorístico, con un narrador, que evoca un episodio de su adolescencia, muy cercano a ese narrador de las historias de Zambra que se parece a él. Posiblemente este cuento sea un descarte de Mis documentos. ¿Podría haber estado dentro de este libro? Sí, no lo desmerece, pero, en cualquier caso, hubiera sido uno de los cuentos más flojos de Mis documentos, sin ser un mal cuento.

El cíclope es otro texto breve de características similares a La novela autobiográfica, una narración breve en la que Zambra evoca a una amiga. Un texto que se lee con agrado y sin mayor transcendencia.

Penúltimas actividades parece otro relato descartado de Mis documentos o de otra colección similar. Un relato escrito, más o menos, a modo de decálogo sobre cómo escribir o cómo comportarse en la vida.

La tercera parte del libro se titula Léxico familiar y está formado por unas crónicas que creo que Zambra ha publicado en alguna revista o periódico. Son los textos más íntimos del conjunto y posiblemente los más valiosos.
En Por suerte estamos en México y Así que esto es un terremoto Zambra rememora sus experiencias con la emigración desde Chile a México y compara los terremotos chilenos y mexicanos que ha vivido. Aquí nos habla de Jazmina, su esposa mexicana, y de su embarazo; más tarde nos hablará de su hijo. De este modo, estos textos son de los más personales que le he leído al autor. Si uno tiene la sensación al leer una novela como Formas de volver a casa o algunos cuentos de Mis documentos que la literatura de Zambra pertenece, en gran medida, al subgénero de la autoficción, al leer las crónicas de este bloque se dará cuenta de que, aunque en sus novelas y cuentos recrea episodios de su vida, también los modifica a su antojo, siguiendo sus intuiciones literarias. De hecho, aquí explica las diferencias entre cómo narró su experiencia del terremoto de Chile en 1985 en Formas de volver a casa y cómo fue la experiencia en realidad (lo que podría ser también otra forma de autoficción, otra nueva capa en el ejercicio autoficcional).

En Traducir a alguien Zambra evoca un recuerdo sobre el que ya había leído en Mis documentos: en el colegio una profesora chilena de inglés le puso mala nota a un compañero que había crecido en Estados Unidos y que era, por tanto, perfectamente bilingüe. También hablará de su trabajo de teleoperador internacional a los veintitantos años, experiencias que le sirvieron para crear el cuento Larga distancia.
En Traducir a alguien (I) y Traducir a alguien (II) Zambra habla de su relación con el inglés, desde que lo empezó a aprender en el colegio. También de su experiencia como chileno en Estados Unidos, y su capacidad o incapacidad para leer en inglés o para traducir alguna novela del inglés al español. Es curiosa la reflexión sobre que sus libros traducidos al inglés, al leerlos en este idioma, le parecen escritos por otro. Zambra tiene miedo de que al vivir en México acabe perdiendo su acento chileno.

Ya hablé de mi entusiasmo por Mis documentos, un conjunto de cuentos que me ha parecido de los mejores que he leído en los últimos años. He leído a continuación Tema libre y me ha gustado, pero mi entusiasmo es menor. Mi sensación es que Mis documentos es un libro de relatos muy pensado y  trabajado y que Tema libre es un libro entregado a los editores más a petición de estos que por voluntad del propio autor. Alejandra Zambra es uno de los autores latinoamericanos más prestigiosos ahora mismo y diría que posiblemente sea uno de los buques insignia de Anagrama, un autor reputado y al que también acompañan las ventas. Cualquier editor querría tener a un autor como Alejandro Zambra en su catálogo y publicarle nuevos libros. En Tema libre tenemos tres charlas de encargo para centros culturales; cuatro relatos, que parecen descartes de Mis documentos; y cuatro crónicas, que Zambra ha debido de publicar previamente en revistas. Si Zambra fuese un músico, Tema libre sería su disco de rarezas y caras B. ¿Me ha disgustado leerlo? En absoluto, me ha gustado, pero también entiendo –o he de apuntar– que Tema libre no sería un buen libro para iniciarse en la lectura de Alejandro Zambra. Tema libre es un libro para fans del autor, para lectores que, como yo, después de haber leído todos (o casi todos) sus libros estamos ya entregados y queremos conocer más vericuetos de su obra; cómo, por ejemplo, aquí, nos parece que la prosa es más autobiográfica que la de las novelas. Espero leer pronto el ensayo No leer.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Mis documentos, de Alejandro Zambra (vídeo reseña)

Me he grabado hablando de Mis documentos (2014), un gran libro de relatos del chileno Alejandro Zambra.



Si quieres ver esta vídeo reseña PINCHA AQUÍ.
Y si te gusta mi canal literario, te agradecería que te suscribieras.

domingo, 2 de agosto de 2020

Mis documentos, por Alejandro Zambra


Mis documentos, de Alejandro Zambra

Editorial Anagrama. 209 páginas. 1ª edición de 2014; esta de 2018.

Hace unos meses leí Poeta chileno, la última novela de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) y, como siempre, escribí una reseña sobre este libro, que me gustó bastante. A raíz de esto intercambié unos mensajes con Zambra, al que conocí en persona hace años, cuando participó en la Casa de América de Madrid en una mesa redonda con otros autores latinoamericanos. Como hasta entonces había leído sus cuatro novelas de Anagrama, él me dijo que me podía hacer llegar el resto de sus libros publicados en esta editorial, los dos libros de cuentos Mis documentos y Tema libre y el ensayo No leer. Como Zambra me parece uno de los mejores autores latinoamericanos actuales, acepté, claro.

Leí Bonsái de Zambra en 2006 y fue en el verano de 2011 cuando leí seguidas Formas de volver a casa, La vida privada de los árboles y releí Bonsái. En este momento pensé que Zambra era uno de los autores latinoamericanos de la actualidad que más me gustaban. Por esto mismo, incluso a mí me parece raro que no leyera Mis documentos cuando apareció en 2014. Lo hojeé alguna vez la biblioteca Elena Fortún de la calle Doctor Esquerdo, a la que solía ir cuando vivía en la zona de Retiro, pensando que tarde o temprano lo leería. Si no recuerdo mal, lo deseché porque entonces atravesaba una de mis crisis en las que siempre me digo que debo leer más clásicos y no tantas novedades literarias. Sin embargo, en esta ocasión puedo decir, desde ya, que me equivoqué: Mis documentos me ha parecido uno de los conjuntos de relatos más redondos que he leído en los últimos años.

Mis documentos está formado por once relatos, divididos en cuatro secciones. Los tres primeros, Mis documentos, Camilo y Larga distancia ocupan unas sesenta páginas y en los tres nos encontramos con la misma voz narrativa, la de un adulto que escribe y que mira al Chile de su niñez y adolescencia en los años 80, una voz narrativa muy cercana a la del autor y también a la de Formas de volver a casa. Por eso decía, que debía haber leído este libro antes, porque Formas de volver a casa me parece una de las mejores novelas latinoamericanas de los últimos tiempos y las primeras 60 páginas de este libro (y no serán las únicas) me han trasladado de forma inmediata, casi una década después, al mismo mundo narrativo.

En Mis documentos nos encontramos con un narrador que, cuando era niño, se hizo monaguillo porque no le dejaron –a los ocho años– participar en el coro de la iglesia. «Nunca tuve, en todo caso, esos devaneos racionales sobre la existencia de Dios, quizás porque después empecé a creer, de manera ingenua, intensa y absoluta, en la literatura.» (pág. 16) Será el otro monaguillo, un poco más mayor que él, y su hermano quienes le expliquen por primera vez lo que significa la palabra «revolución» y le hagan ver que ellos viven en una dictadura. «De ellos escuché por primera vez sobre las víctimas de la dictadura, sobre los detenidos desaparecidos, los asesinatos, las torturas.» (pág. 17) Y se insiste en una idea que era uno de los pilares de Formas de volver a casa: «En casa no se hablaba nunca de política» o «Comprendí que una manera eficaz de pertenecer era quedarse callado.», de la página 27.

En Camilo, nos encontramos con un chico –un poco mayor que el narrador– que un día aparece en su casa y se presenta como el ahijado de su padre. El lector no tiene la sensación de haber cambiado de relato, ya que un narrador, que siente como muy cercano al autor, le está contando otro episodio de su vida. A través de Camilo, que acabará siendo una suerte de hermano mayor para el protagonista, nos acercaremos de nuevo a la realidad del Chile pinochetista. El padre de Camilo, en el pasado un buen amigo del padre del narrador, se encuentra exiliado en París. El sueño de Camilo será ir a verle. Es muy bello el salto narrativo final, cuando el narrador ya adulto se encuentra en Ámsterdam con el padre de Camilo y hablan sobre él y el pasado de Chile. Hay aquí algo de aquel Bolaño que hablaba de chilenos perdidos por el mundo.
«Yo escribía poemas desde chico, lo que por supuesto era un secreto inconfesable.» (pág. 38), es una idea que se repite en varios cuentos y que nos remite a los personajes de Poeta chileno.

En Larga distancia el narrador ya es un joven que se ha marchado de casa y por tanto nos encontramos en la década de 1990. La sensación de que los textos que estaba leyendo eran contados por el mismo narrador se acrecienta al percatarme de que hay detalles que nos remiten de un cuento a otro. Por ejemplo, al final de Mis documentos leemos: «En 1999 (…). Trabajaba como telefonista por la noche y en las tardes escribía y miraba por la ventana las piernas, los zapatos de la gente.» (pág. 29). Sobre este trabajo de teleoperador nos hablará en Larga distancia. Aquí conocerá a un chileno mayor que ha viajado a París a ver a su hija y que, de regreso a Santiago, querrá contratar al narrador de profesor de Lengua, algo que ha empezado ya a hacer con un grupo de alumnos adultos y que son todos mayores que él.

El tono de estos relatos es intimista y cordial, un tono en apariencia sencillo y cercano, que nos lleva a los recuerdos de niñez o juventud del narrador sin estridencias y que acaba consiguiendo efectos y asociaciones de trabajada pieza de orfebrería narrativa.

Cuando ya pensaba que, más que leer un libro de relatos, estaba leyendo una novela que completaba a Formas de volver a casa, llego al cuarto relato: Verdadero y falso. Aquí Zambra pasa de la primera persona a la tercera, para ocuparse de uno de sus grandes temas, los problemas en las relaciones paterno filiales, un tema que desarrollará en novelas como, por ejemplo, Poeta chileno. Aunque las tres primeras narraciones me parecen mejores, Verdadero y falso es también un buen cuento.
El quinto, Recuerdos de un computador personal, también en tercera persona, repite la intencionalidad de Verdadero y falso, pero considero que en este caso el efecto está más conseguido. Si en Verdadero y falso la relación entre padre e hijo se simbolizaba con la relación que el padre establece con una gata y sus hijos, en Recuerdos de un computador personal será un ordenador el símbolo de cómo está fallando la relación que un padre establece con su hijo.
En el primer cuento, Mis documentos, también juega Zambra a los símbolos familiares que une a los utensilios relacionados con la propia escritura: «Mi padre era un computador, mi madre una máquina de escribir.
Yo era un cuaderno vacío y ahora soy un libro.», así acaba este primer cuento en la página 30.

El sexto cuento, Instituto Nacional, nos remite de nuevo al narrador de los tres primeros. La misma voz narrativa (considero) nos habla ahora de sus andanzas en un exigente colegio de secundaria. «En marzo de 1988 entré al Instituto Nacional. Y luego llegaron, al mismo tiempo, la democracia y la adolescencia. La adolescencia era verdadera. La democracia no.» (pág. 28). Este párrafo es del primer cuento, y en el sexto nos hablará de su paso por este Instituto Nacional. «No sé si es preciso aclarar que esos profesores eran unos verdaderos hijos de puta. (…) Ni el tiempo ni la distancia han atenuado mi rencor. Eran crueles y mediocres. Gente frustrada y tonta. Obsecuentes, pinochetista. Huevones de mierda.» (pág. 104). El narrador nos hablará de un alumno repetidor y de su pequeña rebelión ante una injusticia, marcando el tempo de aquellos años de dictadura.

Yo fumaba muy bien puede remitirnos de nuevo al narrador que nos recuerda a Zambra, del que ya he hablado. Un escritor adulto decide dejar de fumar por prescripción médica, para evitar de esta forma evitar las migrañas. El narrador nos hablará de su relación con el tabaco, de la cercanía que siente entre el acto de fumar y el de leer o escribir. Desde el principio este cuento nos remite a Sólo para fumadores de Julio Ramón Ribeyro, de hecho el propio personaje habla de él, así como de otros textos clásicos sobre el arte de fumar como La conciencia de Zeno de Italo Svevo. También nos hablará de sus recaídas, una de ellas en Buenos Aires instigado por un grupo de escritores, ¿será el Pedrito Maizal del cuento Pedro Mairal?

Gracias habla de un escritor chileno y una escritora argentina que tienen una beca creativa y una relación en Ciudad de México y sufren un secuestro en un falso taxi. En la actualidad Zambra vive en esta ciudad y a mí, cuando estuve allí de visita, también, igual que al personaje, me previnieron ante la idea arriesgada de tomar un taxi en la calle. No es de los mejores cuentos del conjunto, pero sigue siendo un buen cuento.

El hombre más chileno del mundo está escrito en tercera persona, y por tanto pertenece al grupo que el lector no identifica como de autoficción, y es también uno de los mejores cuentos del libro. Si fuera un inédito de Roberto Bolaño, éste cuento sería el mejor cuento inédito de Roberto Bolaño. De nuevo, Zambra nos enfrenta aquí a una pareja joven. Ella consigue una beca en Lovaina, y él decide gastarse todo su dinero e ir a visitarla sin avisar primero. Ella no querrá recibirlo. Él, perdido en Bélgica, es totalmente un personaje bolañesco. Conocerá a unas personas a las que empezará a contar un chiste larguísimo, una historia dentro de una narración más amplia, un recurso muy del gusto de Bolaño. En cada párrafo el lector siente que va a asistir a una revelación que acaba por no producirse (y esto es tan Bolaño).
Vida de familia, sobre un hombre de cuarenta años que recibe el encargo de su primo de cuidarle la casa familiar durante los cuatro meses que estará en Europa, es también un gran cuento sobre la soledad y el fracaso. Martín, el narrador, acabará envolviéndose en una red de mentiras de la que le costará salir, como parecía ocurrirle al narrador de los cuentos iniciales y que hemos identificado con Zambra.

Hacer memoria, sobre un escritor que recibe el encargo de escribir un cuento policiaco latinoamericano, es un cuento más efectista y envarado que otros, pero sigue siendo bueno.
En realidad, los once cuentos del conjunto me han parecido buenos. Mis documentos, como dije ya al principio, es uno de los mejores conjuntos de cuentos que he leído en los últimos años. Ya he empezado Tema libre, el siguiente conjunto de cuentos.

martes, 28 de julio de 2020

Reseña de Caminaré entre las ratas en el Blog de Juan Carlos Galán

Juan Carlos Galán ha leído mi novela Caminaré entre las ratas y ha escrito una reseña sobre ella.

Muchas gracias, Juan Carlos.


Juan Carlos dice cosas como ésta: "Acabo de leer "Caminaré entre las ratas", la última novela de David Pérez Vega. A David lo conocí por su buen blog, "Desde la ciudad sin cines". Sabía de su faceta como novelista pero nada había leído suyo hasta hoy. Y me ha gustado. Me parece una buena novela que indaga sobre los problemas de aquellos que dejaron de ser jóvenes durante la crisis económica de las Preferentes y que vieron en esa casi década ver caer su nivel profesional y de ingresos de manera terrible. Cómo abordar el futuro y gestionarlo desde este tobogán hacia la nada y desencanto existencial es lo que muestra el novelista en esta ya su 4ª novela.


Creo que su autor merece tener más eco en el panorama literario español. Confío en que lo logre."


La reseña completa se puede leer AQUÍ.

domingo, 26 de julio de 2020

Las diez puertas, por Elvio E. Gandolfo


Las diez puertas, de Elvio E. Gandolfo

Editorial Blatt & Ríos. 150 páginas. 1ª edición de 2019.

Ya he comentado más de una vez que Elvio E. Gandolfo (Mendoza, Argentina, 1947) me parece uno de los escritores de cuentos más originales del actual panorama latinoamericano, a pesar de que su obra no llega a España. Así que siempre me parece motivo de celebración que publique un nuevo libro, en este caso en la editorial Blatt & Ríos. Como desde hace unos años me cambio correos con Gandolfo, le comenté que –si le apetecía– le podía decir a sus editores que me enviaran una ejemplar para poder leerlo y comentarlo. El libro se publicó a finales de 2019 y en este momento era caro enviar libros desde Argentina a España, pero uno de los editores de Blatt & Ríos tenía que viajar a Madrid y un día se pasó por mi calle para dejármelo en el buzón. Fue una pena que yo no estuviera en casa y no le pudiera invitar a un café, por lo menos.

El primer cuento de Las diez puertas se titula Yendo del baño al living, y en él un narrador –que el lector idéntica con el propio autor– sufre un dolor de espaldas que le hace caerse en el baño. El relato nos narrará la aventura que le supondrá arrastrarse hasta el teléfono, mientras al atravesar el pasillo puede observar su biblioteca desde otra perspectiva. Esta idea de ver la realidad desde una perspectiva nueva me ha recordado a la propuesta de La oscuridad bajo la mesa, el primer cuento de Ferrocarriles argentinos (1994). Es posible que el título aluda la canción de Charly García Yendo de la cama al living, que habla de la dictadura argentina y la guerra de Las Malvinas.

La presa es un relato erótico, que es otro de los géneros que ha practicado Gandolfo. En algunos momentos, al mezclar el erotismo con el mundo de la empresa me ha recordado a El traductor, la gran novela de Salvador Benesdra, un libro que sé que Gandolfo admira.

Querida mamá es un cuento intimista, escrito de forma epistolar. Gandolfo escribe una carta a su madre, de más de noventa años y que vive en una residencia. Ya había leído algún poema dedicado a la madre (que se nombra aquí). Además Gandolfo tiene un famoso cuento dedicado a su padre, que fue impresor y poeta, el titulado Filial, uno de los mejores del autor.

En El lugar sin límites nos encontramos el primer cuento abiertamente fantástico del conjunto. Su evocación de unos grandiosos acantilados nos hace pensar en las propuestas de escenarios primigenios de H. P. Lovecraft. Unos seres, que no sabemos desde dónde nos hablan, nos contarán las conversaciones que captan de unos ángeles que conversan sobre Dios.

Silvia y el espacio es un cuento realista sobre la intimidad de una mujer, que acaba teniendo un curioso punto de fuga: el narrador dejará de hablarnos de Alina para hablarnos de su gato.

Muerte y resurrección de un padre ya lo había leído. Gandolfo me lo envió al correo en formato Word hace al menos un año, antes de que este libro fuera una realidad. Es mi favorito del conjunto. Es un cuento de ciencia ficción apocalíptico; en su realidad tan solo quedan 7.000 personas vivas en Montevideo, y una aprendiz de bruja ha de tratar de rescatar el cuerpo de su padre en el peligroso «Corredor». Me gusta la capacidad de Gandolfo para evocar en pocas líneas un mundo insinuado mucho más amplio que el  narrado. Y uno siempre desea que, con el material aquí expuesto, Gandolfo escribiera una novela de ciencia ficción.

El tiempo y Torres está conectado con Silvia y el espacio. De hecho, Torres es el hombre del que hablaba Silvia en ese cuento, el químico del que se divorció. Así Torres evoca la relación que tiene con sus dos hijos, ya jóvenes adultos, un día de lluvia. Su intimismo y sus reflexiones sobre el tiempo me han recordado a las propuestas de los cuentos de Juan José Saer.

Pegando la vuelta es un cuento ya publicado, pertenece al volumen Cada vez más cerca (2013). Imaginé que tal vez era una nueva versión del cuento, y tomé el otro libro y comparé los dos textos y me ha parecido que es el mismo cuento. Es un buen relato, una propuesta del estilo de Muerte y resurrección de un padre, con un mundo posapocalíptico de jóvenes que no entienden el mundo de celulares y televisión del que vienen sus mayores y se dedican a surfear en las grandes olas del río Paraná. Otro gran cuento.

Mirándola dormir es un cuento levemente erótico e intimista, donde Gandolfo reflexiona sobre algunos clichés literarios.

En Bailando brota el amor nos encontramos a un periodista que tiene que cubrir la crónica de una fiesta en la que va a tocar un cantante venezolano con cada vez más éxito en Argentina y, entre medias, evocará a su primer amor.

Ya he comentado más de una vez que lo más interesante de los cuentos de Gandolfo es que cuando uno los empieza no sabe hacia dónde van a ir. Gandolfo tiene cuentos realistas, de terror, de ciencia ficción, eróticos, intimistas, oníricos, real maravillosos, policiacos, etc.; y lo más curioso: con originales combinaciones entre estos géneros (ciencia ficción posapocalíptica y romántica, como ocurre en Llano de sol, por ejemplo, uno de mis cuentos favoritos de Gandolfo.)

Los cuentos que me han gustado más de Las diez puertas han sido Muerte y resurrección de un padre y El tiempo y Torres. También me gusta mucho Pegando la vuelta, pero considero que éste, en realidad, es un cuento que pertenece al volumen Cada vez más cerca. Las diez puertas me parece un buen conjunto de cuentos, pero creo que prefiero otros de Gandolfo como son Ferrocarriles argentinos (para mí un clásico moderno de los libros de relatos) y Cada vez más cerca. En estos libros la capacidad de sorprender al lector de Gandolfo me ha parecido mayor que la de los cuentos de Las diez puertas. En ellos, Gandolfo tenía más capacidad para desbordar la narración por caminos extraños que en Las diez puertas, que no desmerece en absoluto al conjunto su obra y que es un buen libro de relatos.

jueves, 23 de julio de 2020

Cometierra, por Dolores Reyes (vídeo reseña)

He grabado una vídeo reseña sobre Cometierra, el debut narrativo de la argentina Dolores Reyes, una novela que, usando el género fantástico, habla de los problemas sociales de los barrios marginales de Buenos Aires.



Si quieres verme hablando de este libro PINCHA AQUÍ.
Y si te gusta el canal de Youtube, te agradecería que te suscribieras.

martes, 21 de julio de 2020

´Reseña de Caminaré entre las ratas en Goodreads

Miguel Santolaya ha leído mi novela Caminaré entre las ratas y ha escrito una reseña sobre ella en Goodreads.

Gracias, Miguel.




"A David Pérez Vega lo conocí, como la gran mayoría de gente, por sus reseñas. Más de una vez le he dicho que es mi reseñista favorito, pues compartimos gustos e inquietudes, además del interés por la literatura hispanoamericana. Desde entonces lo sigo con atención por las redes sociales porque además, como casi todo aquel que pertenece al mundillo de la literatura, es un tipo cercano y amable.

El caso es que llevaba tiempo queriendo leer algo suyo, pero nunca encontraba el momento: siempre había otro libro, otro autor, otro asunto. Y es que creo que en su virtud como reseñista está su mayor problema como escritor: nuestra tendencia a encasillar es tal que, pese a seguirlo con mucho interés en su blog y en las revistas en las que colabora, no lo concebimos con otro desempeño que no sea el de hacedor de reseñas. Entiendo el motivo por el que empezaría con esto: pensaría que las reseñas, el blog, eran la mejor manera de darse a conocer, de que su nombre sonara en los círculos literarios; y así es, pero no acabo de tener claro que esto haya facilitado su carrera de escritor. Tal vez un blog menos especializado en el que intercalara las reseñas con algunas creaciones, no lo sé; pero debería ser consciente del "poder" que tiene un sitio que acoge a centenares de visitantes al día: por desgracia, probablemente visitan su blog en un día más personas que las que comprarán en un año (o más) un libro suyo.

Sé que esto es injusto, y a raíz de un comentario que hizo al poco de publicarse este libro fue cuando me dije vamos, hostias, vamos a leerlo.

El libro parte de dos premisas que a mí, personalmente, me echan patrás. Una es la autoficción. Que no es autoficción el libro, pero hay tanto del autor (o de lo que yo conozco o creo conocer del autor) en el protagonista que mi reacción inicial es la de ponerme en guardia. También es verdad que da pie a un juego que me gusta, que es el de ir revisando en internet (el lector como detective) datos como si el libro que reseña en el texto lo reseñó también, en esa época, en el blog; o jugar a elucubrar posibles correlatos reales de algunos personajes (el de Olmos parece claro). La otra tiene que ver con el estilo: hay demasiada explicación, demasiado detalle, una sensación de que a veces la novela avanza en espiral. Sobre esto hay poco que decir: es una decisión personal del autor, no un defecto de forma, el hacer "una novela de aluvión", y poco importa en realidad que se adecúe o no a mis gustos.

Pero el caso es que, pese a esto, la novela funciona. ¿Cómo se que funciona? Porque la seguí leyendo, con mucho interés, además. Porque no la cerré en la página cien y empecé otro libro. Si un libro no te gusta, le escuché a Borges, si no está hecho para ti, entonces déjalo. Pues yo este no lo dejé, a mí este libro me gustó, lo leí de manera fluida durante una semana y lo recuerdo con cariño.

La novela va sobre un tipo de cuarenta años al que la vida no lo trata como él cree que merece. Antes de cumplir esa edad, yo pensaba que la crisis de los cuarenta era una filfa; pero cuando llegas te das cuenta de que empiezas a estar de vuelta y haces balance. Y, claro, hay mil cosas que no hiciste y ya no harás, y hay otras que no hiciste y tal vez hagas; pero empiezas a dudar, y empiezas a poner en la balanza lo que has hecho con lo que querías hacer, lo que tienes con lo que te hubiera gustado tener, y si sale a deber es posible que te dé por bajar la montaña rodando. Domingo, el protagonista, está en una situación similar: la trama arranca con el suicidio de uno de sus amigos de la infancia, con la incredulidad de Domingo, primero, y después con la incomprensión: cómo es posible que alguien deje de luchar de esa manera, por qué llega alguien a ese punto.

Y Domingo empieza a contarnos su vida mientras, tal vez en parte por contarla, por verbalizar su situación y hacerla así más real, le va hallando cada vez menos sentido, va comprendiendo a su amigo suicida y sus motivos, va interiorizando que es posible que, en un momento dado, quizá la única salida sea rendirse. Así, en cada capítulo se da más importancia a una parcela (sin descuidar el resto): la amistad, el ambiente literario, las mujeres, el mundo laboral, la familia; con un incidente entre medias -causado en gran parte por intentar ser quien no es, por querer cambiar a la fuerza a sus cuarenta años- que actúa como catalizador de su desgracia, de su depresión, de su ansiedad.

Cuando leí Stoner, hace ya unos cuantos años, escribí lo siguiente sobre su protagonista: "al principio me pareció un estoico, después me pareció un cobarde, y al final comprendí que podría haber sido cualquiera de nosotros". Con Domingo, salvando las distancias, me ocurre algo parecido. Domingo es un tipo que no cae bien al lector, en parte porque siempre parece andar quejándose de un presente que no es el que él merece, en parte porque nos pone delante un espejo en el que nos vemos, en bastantes ocasiones y en contra de nuestra voluntad, reflejados. Es al final, cuando por fin se decide a mostrar su vulnerabilidad, cuando conseguimos tener empatía con él; y es que la obra arroja una moraleja que no es otra que la máxima con la que crecimos, al menos, los jóvenes de la generación de Domingo (el es del 74, yo del 79): que uno solo no puede, que necesita a sus amigos, que necesita a su familia, que hay que saber pedir ayuda y nunca es tarde para ello. Que hay gente, aunque nos cueste creerlo, que no solo está dispuesta a ayudarnos, sino que lo está deseando.

La puntuación es un poco aleatoria, me gustaría que Goodreads ofreciera al menos diez estrellas, porque casi siempre me quedo entre el tres y el cuatro. Lo importante es que me ha gustado y que lo recomiendo. Así que, si estás pensando en comprar el libro y leerlo, hazlo. Sobre todo si pasas ya de los treintaypico."

lunes, 20 de julio de 2020

Las diez puertas, por Elvio E. Gandolfo (vídeo reseña)

Me he grabado haciendo una reseña de Las diez puertas del argentino Elvio Eñ Gandolfo.
Hablo de este libro y de algunos más de Gandolfo, que se me acaban cayendo al suelo y todo esto en directo.


Si quieres ver la vídeo reseña PINCHA AQUÍ.
Y si te gusta mi canal literario, te agradecería que te suscribieras.

domingo, 19 de julio de 2020

Cometierra, por Dolores Reyes


Cometierra, de Dolores Reyes

Editorial Sigilo. 173 páginas. 1ª edición de 2019.

Cuando se empezó a acabar el confinamiento debido a la crisis sanitaria del coronavirus, me apeteció visitar alguna librería y apoyar al sector del libro. Así, un miércoles por la mañana había acabado pronto mis clases y me planté en La Central de Callao. Hace unos meses, cuando comentaba en las redes sociales que me estaba gustando mucho Nuestra parte de noche de Mariana Enriquez, mi amigo el escritor Paco Bescós me comentó que entonces era muy posible que me gustara Cometierra, de Dolores Reyes (Buenos Aires, 1978). Ya había oído hablar antes de esta novela, pues llevaba unos meses sonando en las revistas de literatura. Dolores Reyes, profesora y madre de siete hijos, ha debutado pasados los cuarenta años en la literatura con esta novela, Cometierra. La autora se formó en los talleres literarios de Selva Almada y Julián López.

Desde Latinoamérica está llegando una literatura fantástica con tintes de terror que me resulta muy estimulante, así que me apetecía leer Cometierra. Me he puesto con ella a los pocos días de comprarla, algo cada vez más raro en mí, que acumulo libros sin tino.

Cometierra empieza de un modo dramático: una adolescente, apenas una niña, no quiere salir de su habitación para acudir al entierro de su madre. Esta niña será la narradora de la historia. El lector entenderá pronto que en su hogar ha tenido lugar un feminicidio a cargo del padre (no se sabe aún si está huido o preso). La dedicatoria del libro es ésta: «A la memoria de Melina Romero y Araceli Ramos. A las víctimas de feminicidio, a sus sobrevivientes». Melina y Araceli son dos jóvenes asesinadas que se encuentran enterradas en un cementerio cercano a la casa de Dolores Reyes.

No sabremos el nombre de la narradora, a la que los demás llaman «Cometierra» porque ha descubierto que, al llevarse tierra a la boca del lugar que ha tenido que ver con la vida de una persona muerta o desaparecida, puede vislumbrar su paradero actual. Este elemento fantástico está asumido con mucha naturalidad en la novela y, en principio, el don que le ha sido concedido no supondrá ninguna alegría para su dueña. «En la escuela, con el tiempo, nos dejaron de joder. No hubo más tierra adentro de mi mochila ensuciándome los cuadernos acompañada de risas por lo bajo. Tampoco papeles de alfajores, esos que quería y no podía comprar, rellenos con tierra sobre mi banco. Solo algunas miradas cada tanto y mucho silencio» (pág. 20).
Una hermana del padre vendrá a ocuparse de sus sobrinos, pero al no sentirse cómoda con los dos huérfanos les acabará dejando a su libre albedrío. El Walter, el hermano mayor, y Cometierra abandonarán el colegio, y mientras él empieza a trabajar en un taller, ella se quedará en casa, jugando a la play o bebiendo cerveza.

En una entrevista que vi en Youtube, le preguntaban a Reyes por el tema de las familias desestructuradas y contestaba que el 80 por ciento de las familias de las que venían sus alumnos, en una barriada pobre, ya no eran una familia tradicional, que en la mayoría de los casos se encontraba ausente la figura del padre.
No se dice dónde está situada la historia. Al principio pensé que en un pueblo, pero al final se habla de «barrio», así que me inclino a pensar que Reyes está ubicando su novela en alguna de las villas marginales del cinturón del Gran Buenos Aires.

La fama de Cometierra se ha empezado a extender y personas que buscan a familiares desaparecidos van dejando, en el jardín de su casa, botellas con fotos y mensajes dentro para que les llame y les ayude. Cometierra acumula esas botellas al final del patio, y sabe que no puede ayudar a todo el mundo, que aquélla es una responsabilidad que no ha pedido. Sin embargo, sí atenderá a alguno de estos requerimientos («Empezaba a ver que los que buscan a una persona tienen algo, una marca cerca de los ojos, de la boca, la mezcla de dolor, de bronca, de fuerza, de espera, hecha cuerpo», pág. 28), lo que le conducirá a un mundo de sordidez y violencia que le apartará más del entorno. Esto hará que se refugie en la pequeña familia que forma con su hermano, en una casa que se está convirtiendo en un centro de reunión para los amigos del Walter. Esta situación me ha recordado a la de la película Nadie sabe del japonés Hirokazu Koreeda, también sobre padres ausentes.

En la segunda parte han pasado unos años y Cometierra se ha convertido en una joven, en una adolescente que ya es casi una mujer, y que se va a ver envuelta en un caso de secuestro a una joven. Quizás ella sea el elemento que necesite un policía, que busca a una prima desaparecida. «Miré la foto en sus manos y después lo miré a él. La sonrisa de la chica y algo en el cuerpo del flaco me hacían pensar que esa vez podía ser distinto, que por una vez podía llegar temprano» (pág. 66). En algunos momentos la novela cobra tintes de policiaco con toques de fantástico, pero ésta no acaba de ser la dirección que decide tomar Reyes para su novela, puesto que las intrigas policiales (en esta intriga sí llega a insistir) que surgen aquí acaban su desarrollo pronto. Más bien parece que Reyes quiere mostrarnos este mundo desamparado de adolescentes pobres que han de crecer solos como consecuencia –principalmente– de la violencia que los hombres ejercen sobre las mujeres. De hecho, es significativo el rechazo instintivo que siente Cometierra hacia Ezequiel, el policía que requiere su ayuda, un rechazo muy sintomático de algunos de los problemas que el libro quiere revelar al lector. Conocía el argentinismo «cana» para referirse a un policía, pero en este libro aparecen unos cuantos más que desconocía, como «yuta». Buscar a personas desaparecidas debería ser la labor de la policía, reflexiona Cometierra, pero no lo hace.

En un momento dado, Cometierra ha de atravesar una zona de su barrio, pero prefiere dar un rodeo y no pasar por una calle en la que la gente arroja gallos muertos. Este mundo de superstición y ritos mágicos me ha llevado a pensar en los cuentos de Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enriquez, donde los pobres de Argentina se consuelan creando sus propios ritos sincréticos.

En los sueños de Cometierra cada vez se aparece más la profesora Ana, una joven docente que fue asesinada poco antes de que ella dejara la escuela. Ana ha empezado a hablar en sueños a Cometierra.

El lenguaje de Cometierra es de una aparente sencillez, pero está muy trabajado. Reyes emplea términos y expresiones que puede usar una adolescente argentina, como «celu» por «celular», «cero ganas», o «me re flashearon», pero a la vez las frases cortas, elusivas en muchos casos, desprenden una gran belleza, la evocación de un mundo duro y misterioso.

Me han gustado mucho los dos libros que he leído de Mariana Enriquez, Lo que perdimos en el fuego y Nuestra parte de noche, y es cierto –como apuntaba mi amigo Paco Bescós– que era lógico que me gustara Cometierra, como así ha sido. Siguiendo esta línea actual del fantástico argentino, Dolores Reyes usa el género de terror para acercarnos a miedos cotidianos y denunciar la situación de abandono que sufren muchos de sus compatriotas en las villas miseria, sobre todo cuando se trata de mujeres. También es cierto que en algún momento he tenido la sensación de que Cometierra prometía algunas líneas narrativas que al final se han quedado sin desarrollar, y algunas escenas me han parecido resueltas de un modo un tanto precipitado. Pero la sensación general es bastante positiva, porque la voz narrativa que ha conseguido Dolores Reyes para su primera novela es, sin duda, poderosa y atractiva, y muchas de las escenas de este libro son muy potentes, bellas y misteriosas. Bienvenida sea Dolores Reyes al mundo de la narrativa latinoamericana. Habrá que estar atentos a sus nuevas obras.

jueves, 16 de julio de 2020

Guía sobre el arte de perderse, por Rebecca Solnit (Vídeo reseña)

En mi canal de Youtube me he grabado, haciendo una vídeo reseña de Guía sobre el arte de perderse de la norteamericana Rebecca Solnit. Un interesante conjunto de ensayos interrelacionados.



Si quieres verla PINCHA AQUÍ.
Y si te gusta el contenido del canal, te agradecería que te suscribieras.