domingo, 18 de octubre de 2026

Gente independiente, por Halldor Laxness


Gente independiente,
de Halldor Laxness

Editorial Trotalibros. 712 páginas. 1ª edición de 1935; esta es de 2026.

Traducción y prólogo de Enrique Bernández Sanchís

 

En la Feria del Libro de Madrid de 2026, me pasé varios días por la caseta de la editorial Trotalibros para saludar a su editor, Jan Arimany. En una de estas ocasiones, le pedí que me recomendara el libro, de los que había publicado últimamente, del que estaba más orgulloso y él, sin dudarlo, señaló Gente independiente (1935) de Halldor Laxness (Reikiavik, Islandia, 1902 – Mosfellsbaer, 1998). Era un libro que no me sonaba de nada, pero me fié de Jan y lo compré. Su lectura ha sido un tanto atropellada. A finales de junio de 2026 tenía planificado irme con mi mujer de vacaciones a Japón, pero dos semanas antes mi padre tuvo un problema de salud y fue ingresado en el hospital de Móstoles. Estuve allí acompañándole y así pude leer, durante unos días, más horas de las habituales, pero no pude, sin embargo, escribir las reseñas de esos libros. Debería haber planificado mejor el viaje a Japón y llevarme allí libros de autores japoneses, pero me acabé llevando el de Laxness precisamente por su número de páginas, que supera las 700, para tardar más en leerlo y poder tener así más plazo para escribir las reseñas pendientes. De este modo, empecé a leer el libro en un tren bala entre Tokio y Kioto y seguí leyéndolo, sin mucha continuidad, en las noches de Kioto, agotado por las duras jornadas turísticas. En algún momento, pensé en abandonar su lectura y empezar, según llegara a Madrid, con alguna lectura de un autor japonés. Esto me ocurrió sobre todo tras visitar el templo del Pabellón de Oro, donde Yukio Mishima sitúa la acción de su novela El pabellón de oro. Sin embargo, al regresar de Kioto a Tokio para tomar el avión de vuelta a casa, releí algunos capítulos del comienzo, y seguí leyendo en los aviones y en la escala de Doha, y al llegar a Madrid me apeteció seguir con Gente independiente, antes de ponerme con libros japoneses, porque me estaba pareciendo un gran libro.

 

Gente independiente se publicó en la Islandia de 1935, pero he tenido la sensación de que su primer capítulo nos remitía al siglo XIX, ya que en él, en vez de presentarnos a los personajes principales de la novela, se nos traslada a una época remota, donde en la granja –en el espacio físico donde van a vivir los personajes– hace siglos una mujer se dedicaba a asesinar a aquellos que pasaban por sus tierras. Esta especie de bruja o espíritu maligno será juzgado, condenado a muerte, y enterrado en lo alto de una colina de estas tierras. Ya desde la primera página se invoca a Kólumkilli, que fue uno de los primeros colonizadores de Islandia, un gran hechicero irlandés. A Kólumkilli se van a dirigir muchos de los personajes de la novela para achacarle la culpa de las desgracias que asolan Islandia. En este primer capítulo, las fronteras entre lo real y lo mítico se diluyen, para mostrarnos el estado espiritual y mitológico en el que habitan los personajes de la obra.

 

El traductor Enrique Bernández Sanchís, experto en cultura islandesa, explica en su prólogo (que, a diferencia de los de Cátedra, esta vez sí recomiendo leerlo antes que la novela) que Laxness, en esta novela, juega con el lenguaje y los mitos de las sagas tradicionales islandesas. De esta forma, es habitual que los personajes, aunque conocen el cristianismo, apelen también a dioses paganos de la mitología de Islandia. Un rasgo de estilo, del que nos habla también Bernández Sanchís, en su prólogo es que Laxness pasa con bastante fluidez en su prosa del estilo directo al indirecto. Es decir, el narrador puede estar informándonos sobre qué piensan sus personajes (a veces también duda sobre estos pensamientos) o, casi sin transición, cederá la palabra a los propios personajes y podremos acceder a su conciencia. También va a ocurrir que Laxness, en el mismo párrafo, puede estar narrando en pasado y pasar a presente.

 

En el segundo capítulo se nos presentará a un hombre que, junto a su perra, se encamina a las tierras donde en el primer capítulo estuvo ubicada la granja maldita. En la página 27 leemos: «¿Cuántas veces fue destruida Albogastadir del Páramo por los espectros? ¿Cuántas fue reconstruida de nuevo, pese a los espectros? Siglo tras siglo llega a la región el campesino solitario dispuesto a probar fortuna en esta loma herbosa entre el lago y la grieta de la montaña, decidido a enfrentarse a las violentas potencias que oprimen la tierra con sus embrujos y exigen su sangre y su médula. Una vez y otra, el campesino solitario alza su ira, despreciando a las potencias que reclaman sus miembros y su destino hasta el último suspiro. La historia de los siglos en el valle es la historia del hombre independiente que lucha con las manos vacías contra espectros cuyos nombres cambian con el tiempo». Básicamente, en este párrafo del segundo capítulo, Laxness hace un resumen de su novela. Poco después, el hombre, que podía ser un arquetipo, adquirirá un nombre, al tomar posesión de sus tierras. Él será Bjartur (que significa «luminoso») de Sumarhús (que significa «Casa de verano»).

Bjartur ha trabajado durante dieciocho años para el alcalde del pueblo, y cuando comienza su aventura vital en la novela, se encuentra justo en el momento en el que, con el dinero ahorrado, ha podido comprarse unas tierras. El lector entiende que a un precio barato por estar «malditas» en el imaginario colectivo, aquejadas por unos fantasmas que bien pueden ser espectrales, pero que, intuimos, lo más seguro es que tengan que ver con las condiciones insalubres de la zona. Bjartur va a ser el personaje principal de la novela, arquetipo de esa «gente independiente» de Islandia a la que se interpela desde el título. Bjartur es un hombre caracterizado por su obstinación, por su deseo, siempre verbalizado y siempre manifiesto, de ser y no dejar de serlo nunca, un «hombre independiente», que en su imaginario personal equivale a la idea de ser un «hombre libre». Y a este ideal, Bjartur está dispuesto a sacrificarlo casi todo, su bienestar y el de su familia. Para Bjartur no hay bien más preciado que esta libertad que piensa que ha conquistado, la de ser un hombre independiente, que no tiene deudas con terceros; sin embargo, Laxness se va a encargar de mostrarnos en la novela el verdadero precio de esta libertad, cómo ese sueño puede llegar a ser verdaderamente esclavizante para Bjartur y la familia que va a formar. Bjartur es un pastor de ovejas, y el lector podrá observar cómo se preocupa más por el bienestar de sus ovejas que por el de sus hijos. He leído que la obsesión cegadora de Bjartur a menudo se compara con la del capitán Ahab de Moby Dick, la novela de Herman Melville. También pensé (y comprobé en internet que no era el único) que Bjartur es un personaje cervantino, puesto que conoce las grandes sagas de la poesía islandesa y, de continuo, compara sus acciones con las de los héroes de las sagas. Y él siente que sus pasos se guían por los personajes de esos poemas épicos, como Don Quijote con los libros de caballerías. El mismo Bjartur compone versos en los que deja constancia de los pasajes de su vida.

 

El narrador, más de una vez, mira con cierta distancia a sus personajes. A veces, su mirada es triste y el lector entiende que el narrador (al que podemos identificar con el propio Laxness), sabe más del mundo que sus personajes. A veces, su mirada también es divertida y un poco irónica, pero nunca llega a burlarse o a mirar con condescendencia a sus personajes; de hecho, en alguna ocasión el narrador usa la tercera persona del plural para hablar del sentir nacional de los islandeses. Más bien, la mirada del narrador será compasiva hacia la realidad que muestra, porque Gente independiente es una novela, en gran medida, sobre la pobreza de los campesinos islandeses a principios del siglo XX; una novela sobre cómo las simples condiciones naturales hacen que se desbaraten los planes de las personas, a pesar de su esfuerzo. Sin embargo, no todas las escenas me han parecido del todo realistas. Especialmente, una en la que Bjartur entra en un río a lomos de un reno, que simboliza su lucha contra la naturaleza y que imagino que remite a alguna escena de las sagas que tantas veces evoca.

En la página 34, el narrador se interroga: «¿Qué es la vida?», para a continuación hablarnos de Rosa, que será un personaje relevante en la historia, de sus miserias vitales, y concluir el párrafo con estas palabras: «Esto es la vida».

 

Los campesinos ni siquiera en los días que se rompe la rutina del campo, como en una boda, podrán dejar de hablar de los temas que los atormentan y rigen sus días: principalmente las enfermedades que aquejan al ganado y las inclemencias climáticas.

 

Aunque Bjartur siempre va a tratar de hacer ver, ante los demás y ante sí mismo, que él es un hombre moderno que no cree en leyendas ni en supersticiones y que las desprecia cuando las ve en otros, en algún momento de desesperación invocará también a esos fantasmas en los que dice no creer y los increpará en el páramo y contra ellos levantará su brazo.

 

Entre la primera parte y la segunda del libro se produce un importante salto temporal de casi catorce años, y el protagonismo de la novela no recaerá de un modo tan directo sobre Bjartur, sino que ahora conoceremos a sus hijos y a otros personajes, entre los que destacará Ásta Sóllilja, la hija mayor, una adolescente sensible y que sueña con dejar la granja, ir al pueblo y recibir una educación, pero Bjartur no está dispuesto a ceder a las peticiones del alcalde (para quien trabajó) y permitir que Ásta viva en su casa y pueda educarse. Tras doce años, Bjartur terminó de pagar sus deudas con el alcalde y no quiere deberle nada. Aunque para Bjartur el alcalde parece representar a la figura del opresor burgués frente al trabajador que había sido él, en ningún momento se nos va a mostrar alguna situación de explotación que hubiera sufrido Bjartur en el pasado y que justifique su inquina, que perdura en el tiempo, ya que en realidad el alcalde para el lector parece una figura positiva, que trata de ayudar a la familia de Bjartur (y de salvarla) de su propio orgullo y terquedad. De hecho, Bjartur prefiere que su familia pase hambre a tener que comer pájaros que puede cazar o peces que puede pescar en el lago, porque eso lo considera de pobres, una idea que en el libro no acaba de parecer realista o lógica.

 

Según avanza la novela, Bjartur se verá afectado cada vez por fuerzas que no controla y que no entiende. Por ejemplo, algunos vendedores de lana o compradores de materias primas se está asociando en sindicatos y Bjartur no sabe si le conviene unirse a ellos o seguir por libre. El enclave temporal más claro que aparece en la novela serán los cuatro años de la Primera Guerra Mundial, que a Islandia le trajo prosperidad, puesto que hizo que subieran mucho los precios de todos los bienes que exportaba. Sin embargo, parece decirnos Laxness, la buena suerte también engendra la mala suerte.

He leído en internet que Laxness era de ideas socialistas. Gente independiente se puede leer también como una crítica al individualismo liberal que propone al individuo salir adelante solo con su propio esfuerzo, despreciando la ayuda de los demás o la idea de la asociación humana. De forma constante, Bjartur se va a ver zarandeado, además de por las fuerzas de la naturaleza, por las fuerzas económicas del mercado y los vaivenes de otras personas, que él no puede comprender ni controlar.

 

Halldor Laxness recibió el Premio Nobel de Literatura en 1955, siendo Gente independiente su obra más importante, un libro que es una de las novelas más importantes de Islandia. En más de una lista, Gente independiente ha aparecido como una de las cien novelas más importantes del siglo XX. Juan Rulfo sentía una gran admiración por ella. Llegó a influirle a la hora de escribir Pedro Páramo, sobre todo a la hora de mostrar la pobreza de la gente del campo y la importancia del paisaje y las condiciones climáticas. En España, en los años 50, la editorial Aguilar publicó Gente independiente, pero no en traducción directa del islandés. Esto mismo ocurrió con la edición de Turner de 2004. Así que cuando Trotalibros publicó Gente independiente en 2025 era la primera vez que la novela se traducía al español directamente desde el islandés. El trabajo de Enrique Bernández Sanchís me ha parecido muy bueno. La novela fluía muy bien en español, y no ha debido de ser un trabajo fácil, puesto que había mucho vocabulario sobre el sector primario y la naturaleza, además de neologismos que se inventaba el propio autor.

 

Gente independiente es una novela muy emocionante que, sin ser cursi, el lector la enfrenta sobrecogido por la suerte, casi siempre precaria, de sus personajes. Según la acabé, le escribí a Jan Arimany un whatsApp para darle la enhorabuena por haberla publicado y para decirle que hacía mucho que el final de una novela no conseguía hacerme llorar. Creo que la última vez me pasó con Stoner de John Williams, y la leí hace ya quince años. Gente independiente me ha parecido una obra maestra de la literatura del siglo XX. Es el mejor libro que he leído de la editorial Trotalibros y se va de cabeza a la lista de mis diez mejores lecturas de 2026.

  

domingo, 11 de octubre de 2026

Cuentos completos, por Jorge Luis Borges


Cuentos completos
, de Jorge Luis Borges

Editorial Alfaguara. 474 páginas. 1ª ediciones entre 1935 y 1983; esta es de 2026.

 

La primera vez que leí a Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 – Ginebra, 1986) fue en 1989, cuando tenía quince años. Un profesor de matemáticas quiso ayudar a los alumnos a comprender el concepto de infinito y para ello nos fotocopió tres cuentos de Borges: El libro de arena, El jardín de los senderos que se bifurcan y El Aleph. Me gustaron, pero como por aquel entonces yo era un lector de ciencia ficción y terror no seguí con él hasta que, un poco antes de cumplir veinte años, conocí a Charles Bukowski y mis intereses literarios cambiaron. A los veinte años leí Artificios (1944), aunque no sé si todos sus cuentos, en una de aquellas pequeñas ediciones de Alianza 100 de los años noventa. Y luego compré, en Alianza también, libros como Ficciones (1944) y El Aleph (1949). El informe de Brodie (1970) y El libro de arena (1975) los saqué de una biblioteca. Más tarde compré el Volumen 1 de las Obras completas de Borges en Emecé, y vendí de segunda mano las ediciones de Alianza porque no tenía mucho sitio en casa (a veces me he arrepentido de hacerlo). En este volumen de Emecé estaban también los primeros libros de poesía y ensayo de Borges y, más de una vez, pensé seguir leyendo los siguientes volúmenes de Emecé que tiene mi mujer en casa. Sin embargo, cuando vi que la editorial Alfaguara publicaba las obras completas de Borges, separando su producción por géneros –cuentos, poesía y ensayo– me apeteció solicitarle estos libros para poder leerlos en este formato y reseñarlos. He empezado por el libro Cuentos completos. La mayoría de las páginas de este libro ha sido una relectura (algunos cuentos los volvía a leer por segunda vez, y algunos otros por tercera o cuarta) y solo al último –La memoria de Shakespeare (1983)– me he acercado por primera vez.

 

Empiezo con Historia universal de la infamia (1935), que había leído en la edición de Emecé. Recordaba este libro como una obra menor dentro de la gran producción de Borges. El propio Borges en el prólogo del libro apunta que las influencias más claras de estos cuentos son sus relecturas de Stevenson y Chesterton. En la primera página del primer cuento, El atroz redentor Lazarus Morell, se encuentra una enumeración: «A esta curiosa variación de un filántropo debemos infinitos hechos: los blues de Handy, el éxito logrado en París por el pintor doctor oriental don Pedro Figari, la buena prosa cimarrona del también oriental don Vicente Rossi (…)». En esta primera página está ya contenido el germen de uno de los cuentos más famosos de Borges, El Aleph. De hecho, estas largas enumeraciones, que funcionan como poemas en prosa, son uno de sus rasgos de estilo más claros. Otro rasgo de estilo sería el humor, que he sentido en esta lectura más presente que en las anteriores. Así en la segunda página del cuento leemos: «Un buen esclavo les costaba mil dólares y no duraba mucho. Algunos cometían la ingratitud de enfermarse y morir». También, ya en este primer cuento, nos encontramos con una de las grandes obsesiones de Borges, la presencia de fuerzas contradictorias en la misma persona; como en un juego de espejos, ya tenemos aquí al traidor y al héroe, ya que el Lazarus Morell del título, en apariencia libera esclavos, pero luego los vuelve a vender. En la página 25 leo: «Unos jarros de whisky de centeno (…) y se le derramaba el secreto». El uso de los verbos en Borges es de un ingenio prodigioso; así como el de los adjetivos, en la misma página leemos: «mulatos nebulosos». Acabo este primer cuento y reflexiono: ¿por qué consideraba yo que Historia universal de la infamia era un libro menor? ¿Menor comparado con qué? ¿Con otros escritores, con la propia obra de Borges?

 

El impostor inverosímil Tom Castro ahonda en esa idea tan borgiana de las paradojas y de que la mejor forma de disimular algo es no tratar de disimularlo, que sería una variante del cuento La carta robada de Edgar Allan Poe. «Sus partidarios no cesaban de repetir que no era un impostor, ya que de haberlo sido hubiera procurado remedar los retratos juveniles de su modelo» (pág. 32). Quizás en esta frase ya se encuentre esa idea clásica de Borges donde afirma que en el Corán no hay camellos, porque quien lo escribe y lo lee no necesita que esa idea se remarque.

 

Como me suele ocurrir con Borges, los personajes de sus relatos no me parecen entidades con una psicología real, sino arquetipos de una idea narrativa, y en este sentido, conecto menos con alguno de los cuentos, como en el caso de La viuda Ching, pirata y El incivil maestro de ceremonias Kotsuké de Merv, los cuentos orientalistas del libro. Los que más me gustan son los de delincuentes estadounidenses, El asesino desinteresado Bill Harrigan y El proveedor de iniquidades Monk Eastman. Aunque he de añadir que mi cuento favorito de este primer libro es Hombre de la esquina rosada, donde ya aparece el gusto de Borges por los cuchilleros y los malevos argentinos. En este cuento aparece, por primera vez, Borges como personaje y receptor de la historia contada. Es un cuento curioso porque lo normal en los cuentos de Borges es que el narrador sea siempre el mismo, un narrador uniforme que sería el propio Borges (estén escritos los cuentos en primera persona o en tercera, o incluso, aunque sea la voz del Minotauro, este habla como el propio Borges). Según Ricardo Piglia, el hallazgo de esta voz narrativa es la gran invención del autor. En Hombre de la esquina rosada, Borges, de forma casi única, cede la voz a un personaje arrabalero, que habla con coloquialismos sobre una pelea de «guapos» o cuchilleros de conventillo, tema sobre el que se volverá más adelante, pero con la voz narrativa de Borges. En el último cuento de este primer libro, titulado Etcétera, hay una escena que es un claro antecedente de otra que aparece en El Aleph, uno de los cuentos más famosos de Borges. A través de una invocación mágica con un brasero, incienso y tinta, se creará un lugar desde el que es posible vislumbrar una infinidad de realidades: «Ese hombre muerto que aborrezco, tuvo en su mano cuanto los hombres muertos han visto y ven los que están vivos: las ciudades, climas y reinos en que se divide la tierra, los tesoros ocultos en el centro, las naves que atraviesan el mar, los instrumentos de la guerra, de la música y de la cirugía, las graciosas mujeres, las estrellas fijas y los planetas (…)” (pág. 74)

Cuando acabo Historia universal de la infamia tengo la sensación de que el libro ha cambiado y crecido ante mis ojos desde la anterior vez que lo leí.

 

En el prólogo de Ficciones (1944), Borges reniega de los libros extensos. «Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario» (pág. 85). El libro empieza con el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. En su primera página se muestran elementos importantes en la obra de Borges: el narrador (el propio Borges) nos habla de su amistad con el también escritor Adolfo Bioy Casares, se muestra el conocimiento y la fascinación por lo libresco, citando volúmenes de extrañas enciclopedias. Se habla, así mismo, de los espejos. «Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Urbar», así empieza este significativo cuento, que es una puerta a un misterio que parece a punto de ser revelado, pero que siempre queda oculto tras un velo. En la página 89 aparece Adrogué, donde Borges veraneaba de joven, y será allí donde un ingeniero inglés le mostrará un libro que le ayudará a seguir con sus pesquisas. Este cuento contiene también la esencia de muchas de las páginas de Roberto Bolaño, gran admirador de Borges, la idea de contar una historia, cualquier historia, como si se tratase de una historia de detectives. Quizás más que una historia de detectives, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius sea una historia de terror, donde una entidad desconocida está tomando posesión silenciosa del mundo. «Tal fue la primera intrusión del mundo fantástico en el mundo real»; al final del cuento, volverá la presencia de Borges como actor en su propia historia. Quizás Tlön, Uqbar, Orbis Tertius sea el cuento más complejo de Borges. Lo había leído ya, más de una vez en el pasado, pero en esta ocasión lo leí dos veces seguidas y, aun así, tras la segunda lectura tenía la sensación de que su significado completo se me escapaba, que en menos de catorce páginas Borges había creado un texto extraño y misterio, cuyos significados se van multiplicando como en una cadena de espejos.

 

El siguiente cuento es Pierre Menard, autor del Quijote, uno de los cuentos más célebres y más citados de Borges. En él, un escritor, que leyó en su juventud el Quijote, quiere escribirlo, sin volver a consultarlo, palabra por palabra, aunque para él el Quijote sea una «obra innecesaria». «No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil», leemos en la página 108, un cuento que parece toda una humorada, porque para Menard, francés del siglo XX, es más meritorio que para Cervantes escribir El quijote, puesto que para Cervantes era de uno común el español del siglo XVII y para Menard no.

 

El comienzo de Las ruinas circulares me ha recordado al cuento El eclipse de Augusto Monterroso, que parece un seguidor de Borges. Este es un cuento sobre los sueños, sobre la esencia de la realidad, ya que cada persona podría ser solo el sueño de otra.

 

La lotería de Babilonia es seguramente uno de los textos más kafkianos de Borges. En él se habla de una «Compañía» que podría representar a un poder religioso o institucional y que rige el azar o el destino de las personas.

 

Examen de la obra de Herbert Quain supone el homenaje a un escritor y a una obra inexistente. En la página 122 hay una teoría de la novela, planteada como una historia de detectives, que me parece inspiradora de La pesquisa de Juan José Saer, otro gran admirador de Borges. En el final de este cuento, Borges insinúa de un modo ingenioso, que su cuento Las ruinas circulares está tomando de la obra de Quain, escritor secreto.

 

La Biblioteca de Babel también parece un cuento de inspiración kafkiana, con su biblioteca de hexágonos, donde no hay dos libros idénticos, profundizando de nuevo en su poética idea del infinito. Este cuento acabará conversando con El libro de arena, donde se habla de paradojas similares y abrumadoras sobre el infinito.

 

El jardín de los senderos que se bifurcan nos muestra un trasfondo más apegado a los acontecimientos reales, llevándonos a 1916 y a la Primera Guerra Mundial. Aquí nos encontraremos con un laberinto infinito, que nos vuelve a hacer pensar en La Biblioteca de Babel, y aparecerá ya esa dicotomía tan borgiana entre el posible héroe y el cobarde.

 

Desde luego, en los nueve años que transcurren entre la publicación en 1935 de Historia universal de la infamia hasta la de Ficciones en 1944 se ha producido un salto en la obra de Borges. Será en Ficciones donde llega a sus grandes temas, a sus grandes obsesiones (los laberintos, los espejos, el infinito…). Ficciones es un libro inteligente y rompedor; en algunos momentos incluso demasiado inteligente y rompedor. Admiro de nuevo la gran prosa de Borges, y me recreo en su uso del verbo «fatigar», uno de sus favoritos. Y aunque es cierto que aquí Borges ya se ha acabado de crear a sí mismo como personaje, como peculiar narrador de sus cuentos, frente a los cuentos de Artificios (1944), tengo la sensación de que a los de Ficciones –incluso con su genialidad– les falta algo de humanidad, de enfrentarnos a personajes más reales. Ficciones es un libro que está casi más cerca de la filosofía que de la narrativa. Y esto hace que, aunque posiblemente los cuentos de Ficciones sean más geniales y rompedores que los de Artificios, yo acabe prefiriendo los de Artificios, que de hecho se abre con uno de mis cuentos favoritos de la literatura: Funes el memorioso. En el prólogo del libro, Borges nos dirá que este cuento trata sobre el insomnio (Funes tiene el poder, o la condena, de poder recordarlo todo), aunque lógicamente es mucho más que eso, es un cuento sobre el dolor de la excepcionalidad, sobre lo finito de la vida, y me parece que de él se desprende más humanidad (más sufrimiento y dolor) que de los cuentos anteriores de Ficciones, sin quitar con esto mérito a esos cuentos, que ya he señalado como geniales. Funes el memorioso tiene la fuerza de esos cuentos esenciales de los hermanos Grimm o de Hans Christian Andersen. De nuevo, el narrador aquí es Borges, que es un narrador autoconsciente del hecho de narrar: «El estilo indirecto es remoto y débil; yo sé que sacrifico la eficacia de mi relato; que mis lectores se imaginen los entrecortados períodos que me abrumaron esa noche», leemos en la página 152.

 

En La forma de la espada Borges sigue haciendo pruebas con uno de sus grandes temas, el del traído y el héroe, encarnados en la misma persona; la propia idea de la repetición y el arquetipo: «Lo que hace un hombre es como si lo hicieran todos los hombres» (pág. 158), y también Borges recurre aquí a su humor y a su ingenio: «acudí a la menos perspicaz de las pasiones: al patriotismo». El final del cuento es muy ingenioso, con esa idea de que uno también es el otro.

 

Definitivamente en Tema del traidor y del héroe estalla el asunto del cuento anterior. El mismo Borges nos dice en las primeras líneas que el cuento está escrito bajo el influjo de G. K. Chesterton, más concretamente del cuento El cartel de la espada rota, que leí hace unos años. Este cuento habla del asesinato de un líder político en un teatro, que acabará prefigurando el asesinato de Lincoln.

 

La muerte y la brújula me gustó mucho cuando lo leí a los veinte años y me ha vuelto a gustar mucho. En este cuento, de forma extraña, aparecen diálogos y se desarrolla como un policial inglés, como una limpia partida de ajedrez. «Usted replicará que la realidad no tiene la menor obligación de ser interesante. Yo le replicaré que la realidad puede prescindir de esa obligación, pero no las hipótesis», leemos en la página 166, y en esas hipótesis inmiscuyéndose en la realidad recae la fuerza de este relato, cerebral y poético.

 

El milagro secreto, sobre un escritor en Praga que es condenado a muerte y no va a poder acabar una obra que tiene en marcha, es un cuento bonito (aquí aparecen los nazis, una obsesión muy de la época), pero de ejecución y efectos inferior a otros de este libro.

 

Tres versiones de Judas es, seguramente, uno de los cuentos más conocidos de Borges, y en él se vuelve al tema de la paradoja del traidor y del héroe, encarnado en este caso en la figura histórica de Judas. «Judas entregó a Jesucristo para forzarlo a declarar su divinidad y a encender una vasta rebelión contra el yugo de Roma» (pág. 182).

 

Me ha gustado volver a El fin, porque me acordaba exactamente del momento en el que lo leí por primera vez: en un banco de la estación de Embajadores, esperando el tren. En aquel momento, ya me fascinó su composición y vocabulario (me encantó el término «pulpería», que recibía por primera vez). En El fin, Borges recrea el mito del Martín Fierro, figura clave de la literatura argentina. «La llanura, bajo el último sol, era casi abstracta, como vista en un sueño», leemos en la página 187, acercándonos a una de las grandes mitificaciones del imaginario de Borges, el gaucho y la llanura.

 

La secta del Fénix parece un cuento chistoso sobre el sexo que se practica, pero a la vez se oculta, generación tras generación.

 

En el prólogo, Borges nos dice que considera que El sur es su mejor cuento. Desde luego es un cuento perfecto, donde se mezclan dos lecturas: una directa y otra soñada. En este cuento queda marcado el gusto de Borges por sus contrarios: los hombres de acción, los cuchilleros, los malevos… Su lenguaje y ejecución son impecables.

 

Llegamos ya a El Aleph (1949), que posiblemente sea el libro de cuentos más famoso de Borges. En El inmortal volvemos al tema de los manuscritos encontrados; en este caso en unos volúmenes de La Ilíada. En este cuento he percibido una clara influencia de H. P. Lovecraft. En la página 203, el narrador, que busca la Ciudad de los Inmortales, acaba maniatado en una sepultura. Esta escena me ha recordado a la ambientación y el desarrollo del cuento de Lovecraft Encerrado con los faraones, y la descripción posterior de una ciudad fantástica con medidas desproporcionadas, me recuerda a la novela de Lovecraft En las montañas de la locura. Borges criticó el estilo de Lovecraft, pero también lo leyó con atención e incluso le homenajeó directamente en el cuento There are more things. Es un buen cuento, aunque quizás esté un poco forzado el efecto final de hacer aparecer a un personaje histórico. «Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal», leemos en la página 209.

 

En El muerto Borges vuelve a Hombre de la esquina rosada y su obsesión por los malevos y los compadritos. Su personaje será aquí «un hombre del suburbio de Buenos Aires, un triste compadrito sin más virtud que la infatuación del coraje». Este cuento apenas sobrepasa las cuatro páginas y contiene el resumen de lo que podía haber sido una novela, contada su argumento con total economía de medios. «Lo mismo que los hombres de otras naciones veneran y presienten el mar, así nosotros (también el hombre que entreteje estos símbolos) ansiamos la llanura inagotable que resuena bajo los cascos» (pág. 215) .

 

Los teólogos es un cuento erudito y algo áspero de leer; de nuevo nos acercamos a la paradoja de la percepción del traidor y del héroe, en este caso en la figura del teórico religioso y el hereje.

 

En Historia del guerrero y la cautiva Borges nos hablará de su abuela inglesa y se adentrará en el mito nacional de «la cautiva», que ya inició Esteban Echevarría en su obra La cautiva.

 

Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829 – 1874) nos regresa al mito de Martín Fierro y a los ideales de los hombres de acción que acaban siendo otros. «Comprendió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva dentro» (pág. 232).

 

Emma Zunz nos habla de una venganza. Como en La muerte y la brújula, el relato policial acaba siendo un relato matemático, una partida de ajedrez narrativa.

 

La casa de Asterión está narrada por un minotauro que podría ser Borges. Un minotauro que vive en un laberinto que podría ser del tamaño del mundo.

 

En La otra muerte Borges vuelve a las historias militares y a la exaltación del pasado bélico de sus abuelos. Volvemos al tema del cobarde y el héroe con una variante fantástica sobre la posibilidad de cambiar el pasado.

 

Deutsches Requiem es un cuento de temática nazi, un cuento contado desde el punto de vista de un verdugo y su justificación del mal. Es un cuento escalofriante, «Giraban sobre nosotros los grandes días y las grandes noches de una guerra feliz. Había en el aire que respirábamos un sentimiento parecido al amor» (pág. 251).

 

En La busca de Averroes se habla de los intentos de este personaje histórico de traducir los textos de Aristóteles sin conocer la diferencia entre «comedia» y «tragedia», un relato en el que Borges reflexiona sobre los límites del conocimiento de la mente de otra persona.

 

El Zahir es un cuento fantástico en el que una persona en Buenos Aires recibe una moneda de veinte centavos, que acaba siendo un Zahir, un objeto mítico en el que no se puede dejar de pensar. Borges interviene en la narración: «Hasta finales de junio me distrajo la tarea de componer un relato fantástico» (pág. 264).

 

La escritura de Dios sobre una persona encarcelada que busca una revelación divina que le explique la realidad me ha recordado a Las ruinas circulares en intencionalidad y símbolos.

 

Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto me ha parecido un cuento enrevesado y que juega burlonamente con lo inverosímil, una nueva reescritura de La carta robada de Poe. Este cuento contiene una de las frases que más he citado de Borges: «La solución del misterio siempre es inferior al misterio. El misterio participa de lo sobrenatural y aun de lo divino; la solución del juego de manos». (pág. 279)

 

Los dos reyes y los dos laberintos es un cuento muy corto que vuelve a la idea del laberinto.

 

La espera es un cuento detectivesco sobre un tipo que se esconde, pero que al final no podrá huir de su destino. Me llama la atención, a veces, el cambio de estilo y ritmo de Borges, desde el cuento más erudito hasta otros que, en apariencia, son de corte más popular.

 

En El hombre en el umbral vuelve a aparecer Bioy Casares como personaje y parece un cuento de Kipling sobre los misterios de la India. La resolución, hablando de civilizaciones desconocidas, me ha vuelto a traer a la mente a Lovecraft.

 

Y para cerrar este libro llegamos a su cuento más emblemático, El Aleph, que también es uno de sus cuentos más largo. En él, Borges visita la casa donde murió su amada Beatriz Viterbo, para descubrir una maravilla en el sótano: un punto que contiene todos los puntos del mundo. Su famosa enumeración de las maravillas de la tierra es un bello poema que analizó el escritor peruano Gustavo Faverón en su ensayo El orden del Aleph. En este cuento se habla de amor, que es un tema poco habitual en Borges.

 

Según escuché a Ricardo Piglia, en sus magníficos programas de la televisión pública argentina, hablando de Borges, El Aleph (1949) fue el último libro que Borges pudo escribir por sí mismo, y a partir del siguiente –que sería El informe de Brodie (1970)– ya tuvo que dictar sus cuentos. Esto hizo, según Piglia, que el nivel lingüístico de los nuevos cuentos bajara. Creo que Piglia tiene razón, pero esto no hace que la etapa final de Borges como cuentista sea desdeñable. Lo que sí que llama la atención de El informe de Brodie es que, después de los cuentos librescos y eruditos anteriores, Borges desborda aquí su gusto por los malevos y cuchilleros. Es como si según el propio Borges va decayendo físicamente le vayan interesando cada vez más los hombres de acción. Como en un juego de espejos, Borges empieza a sentir una fascinación profunda por sus opuestos, algo contra lo que su amigo Bioy Casares trataría de luchar. De este modo, el libro comienza con La intrusa, la historia de dos hermanos enamorados de la misma mujer. El brutal desenlace del cuento le fue dado a Borges por su madre.

 

El indigno es la historia de una fascinación, primero, hacia un delincuente y después de una traición. El relato supondrá una confesión de una acción que acabará atormentándole.

 

Historia de Rosendo Juárez es la historia de un matón de comité político, desde que mata a un hombre y la policía le ofrece unirse al partido y ser guardaespaldas, hasta que, al verse reflejado en el espejo de otro cuchillero, se convertirá en otro hombre.

 

Me gustó recordar El encuentro, que leí por primera vez hará ya más de veinte años. Es un cuento ligeramente fantástico, sobre dos cuchillos que hacen que dos hombres se enfrenten, pero también es un cuento sobre la nostalgia de la juventud: en la reunión de una finca en el campo nadie ha cumplido aún los treinta años.

 

Juan Muraña repite el tema de la vida en los cuchillos y la reputación barrial de hombre temido.

 

La señora mayor retoma el tema de los militares. Me parece un cuento con menos fuerza que otros.

 

El duelo habla de la rivalidad de dos pintoras, una rivalidad artística que acaba creando en ambas una personalidad, una razón de ser. Desaparecida una, la vida de la otra dejará de tener sentido.

 

El otro duelo habla de la rivalidad entre dos hombres, que han de combatir en una guerra en el mismo bando y, antes de poder enfrentarse, son hechos prisioneros por el enemigo, que les acabará proponiendo un duelo grotesco y sanguinario. El indigno y este otro son seguramente los cuentos más salvajes de Borges.

 

En Guayaquil el narrador tendrá la oportunidad de consultar unos documentos que pueden esclarecer qué se dijeron, en Guayaquil, los líderes de la independencia de América, Bolívar y San Martín. Borges no acabará de desvelar qué contienen esos documentos, sino que nos hablará de las relaciones de poder.

 

El Evangelio según Marcos trata de un joven estudiante de medicina que, debido a una inundación, se queda aislado en una casa de la pampa. El desenlace de este cuento también será brutal.

 

El informe de Brodie habla de un misionero del siglo XIX que entra en contacto con la tribu americana de los yahoos, y en su informe describe su forma de vida, y las costumbres que le chocan, como el canibalismo. Aquí se vuelve al tema del manuscrito encontrado; en este caso entre las páginas de un libro de Las mil y una noches.

 

En El libro de arena, Borges (1975) deja el tema de los militares y los cuchilleros de El informe de Brodie y vuelve al infinito y los laberintos. El libro empieza con uno de sus cuentos más recordados, El otro, donde un Borges mayor se encuentra con un Borges joven en un banco de la calle, que puede estar en Boston o en Ginebra. «No sé la cifra de los libros que escribirás, pero sé que son demasiados. Escribirás poesías que te darán un agrado no compartido y cuentos de índole fantástica.» (pág. 375), le dirá el mayor al joven. Dos personajes que no acaban de entenderse.

 

Ulrica es un relato de amor; algo extraño en Borges, pero también es un relato en el que la ficción de las sagas nórdicas irrumpe en la realidad para mostrar el amor como algo único y excepcional. El protagonista, aunque se presenta como un profesor colombiano, también es una persona mayor célibe, que parece un trasunto de Borges.

 

En El Congreso, Borges vuelve a su idea de la biblioteca infinita, del estudio tan extenso sobre algo que acaba siendo todo lo contenido en el mundo. «Descreo de los métodos del realismo, género artificial si lo hay; prefiero revelar de una buena vez lo que comprendí gradualmente» (pág. 387)

 

There Are More Things me ha llamado la atención porque es un homenaje directo a H. P. Lovecraft, con su casa de medidas no humanas y su nuevo habitante.

 

La Secta de los Treinta trata de una secta que considera que en las treinta monedas de Judas se encuentra el significado del mundo. Un cuento sobre la búsqueda de la verdad, y el poder de lo extraño.

 

La noche de los dones me ha gustado bastante, porque Borges tiene una buena sensibilidad, como ya demostró en El encuentro, para retratar el paso de la infancia a la vida adulta. En este cuento el descubrimiento, el mismo día, del sexo y la muerte marcarán al protagonista. «Los años pasan y son tantas veces que he contado la historia que ya no sé si la recuerdo de veras o si solo recuerdo las palabras con que la cuento» (pág. 412).

 

El espejo y la máscara nos regresa a los mitos y la belleza de la concreción.

 

Undr también trata de la búsqueda de la poesía y la excepcionalidad. A veces da la impresión de que Borges trabajaba sus cuentos a pares, porque este se parece bastante al anterior.

 

En Utopía de un hombre que está cansado volvemos a la llanura, pero llegamos a un futuro donde los hombres ya no buscan la inmortalidad.

 

El soborno trata de las convicciones sobre uno mismo, y sobre cómo alguien puede manipular a otro analizando su fe en sí mismo. Es un cuento curioso.

 

Avelino Redondo vuelve a ser un relato policial sobre un tipo que prepara un magnicidio, y acaba hablando del destino personal.

 

Con El disco volvemos al tema de los mitos y los objetos mágicos y sagrados.

 

El libro de arena, que es el último cuento del libro, me parece el mejor. Volvemos aquí a temas que ya aparecieron en La Biblioteca de Babel, sobre el infinito, el destino y los libros monstruosos.

 

Todos los cuentos anteriores, como ya apunté, no era la primera vez que los leía, aunque es cierto que bastantes los había olvidado. Me adentro ahora en la única parte nueva del libro para mí, que sería el volumen La memoria de Shakespeare (1983). Agosto 25, 1983 trata de nuevo del tema del doble. En esta ocasión, Borges llega a la habitación del hotel de Adrogué donde veraneaba. Allí se encontrará con otro Borges. Hacia el final del cuento acabará enumerando sus temas: «En las obras estaban los laberintos, los cuchillos, el hombre que se cree una imagen, el reflejo que se cree verdadero, el tigre de las noches, las batallas que vuelven en la sombra» (pág. 451).

 

Tigres azules nos traslada al exotismo de la India, con un profesor que acaba encontrando unas piedras azules, que pueden multiplicarse. Es un cuento fantástico divertido, que me ha recordado a Philip K. Dick.

 

La rosa de Paracelso trata sobre el tema del discípulo y sobre la fe, el conocimiento y el valor del misterio.

 

La memoria de Shakespeare es el último cuento de la carrera de Borges y me ha parecido más que un digno cierre. En él, alguien es poseedor en su mente de los recuerdos del escritor inglés. Estos recuerdos le pueden ser transferidos al protagonista, especialista en Shakespeare. El profesor lo aceptará para acabar comprendiendo que se trata de un regalo envenenado.

 

He disfrutado mucho de este reencuentro con el maestro argentino. He disfrutado releyendo los cuentos que recordaba, los que no recordaba y los que he leído por primera vez. Como ya insinué al principio, he tenido la sensación de que desde mi última lectura a esta, Borges había crecido como escritor y ahora me parecía incluso mejor que antes. En algún momento, me pareció que sus temas y obsesiones, la elegancia de sus tramas de ajedrez, evitaban la confrontación con el mundo real y la crítica de este, pero cada vez más me parece que Borges es un universo literario en sí mismo y que todos sus temas y obsesiones le hacen diferente a los demás escritores. Por no hablar de la exquisitez de su prosa, de su uso maravilloso de los adjetivos y los verbos, de la ironía y de la inteligencia narrativa. Todo un placer este reencuentro con uno de mis viejos amigos del siglo XX.