Caía una lluvia intensa, de Don Carpenter
Editorial Trotalibros. 375 páginas. 1ª edición de 1966, esta es de 2024
Traducción de Miguel Temprano García. Posfacio de Clifford Lee Sargent y
comentario final de Jan Arimany.
Recuerdo que, cuando en 2012, la editorial
Duomo publicó Caía una lluvia intensa (entonces con el título Dura
la lluvia que cae y traducción de Ramón
de España) de Don Carpenter
(Berkeley, 1931 – Mill Valley, California. 1995) aparecieron bastantes reseñas
positivas y me apeteció leer ese libro; sin embargo, al final lo dejé pasar. Sin
embargo, en el verano de 2024 conversando con Jan Arimany –el editor de Trotalibros– me comentó que iba a
publicar un libro que me iba a gustar a mí (pensaba Jan), que me gustan las
historias duras de gente como Cormac
McCarthy o Charles Bukowski. Se
refería a Caía una lluvia intensa (en la traducción de Miguel Temprano García) que publicó él
en el otoño de 2024. Cuando en la Feria
del Libro de Madrid fui a visitar la caseta de Jan, este fue uno de los
libros que compré de su editorial. Lo he leído a finales de 2025.
Caía una lluvia intensa se publicó en 1966 y
fue la primera novela de Don Carpenter. Se publicó cuando este tenía treinta y
cinco años. Tuvo una buena acogida crítica, pero no tuvo mucho éxito comercial
en su momento, y más tarde quedó olvidada, igual que la obra posterior de
Carpenter, que se dedicó a escribir guiones de cine para Hollywood y se suicidó
en 1995, aquejado de varias enfermedades graves. En 2009, la editorial New York Review Books rescató
la novela con un prólogo entusiasta del escritor de novela negra George Pelecanos (que estaba en la
edición de Duomo, pero no en la de Trotalibros). Esta editorial fue la que
también relanzó la novela Stoner de John Williams, que se publicó en 1965 y fue rescatada por ellos en 2006. A partir de su rescate, Caía una lluvia intensa ha recibido
elogios de escritores tan significativos como Jonathan Lethem, Chris
Offutt o Richard Price.
Caía una lluvia intensa comienza con un
prólogo, que sitúa la acción narrativa entre 1929 y 1936, y en unas cuantas
páginas se nos habla de los padres del protagonista, Jack Levitt. Dos jóvenes
conducen a toda velocidad por un pueblo de Oregón, con una moto robada en
California. Su imprudencia provocará la muerte de un hombre, ya en la primera
página. El chico ocupará su puesto de vaquero en un rancho y la chica, huida de
su casa, pasará a vivir con los indios. El hijo de ambos será entregado a un
orfanato. El padre morirá en un accidente a los veintiséis años y la madre se
suicidará a las veinticuatro. Todo esto está contado en apenas seis páginas;
una pequeña historia de violencia y destino muy propia del gótico sureño
estadounidense. En estas seis páginas creo ver también el espíritu de Cormac McCarthy. En la página 20,
leemos: «La cara de Harmon quedó desfigurada; perdidos todos los dientes del
lado izquierdo y una cicatriz le corría debajo del ojo izquierdo a través del
labio hasta la barbilla; tenía el rostro hundido y los ojos azules habían
perdido su brillo, desde entonces hasta que murió tuvo un aspecto muy normal.»
Fue sobre todo en este párrafo, donde sentí a McCarthy, porque además de la
violencia y el fatalismo, el narrador adelantaba información relevante sobre
los personajes, como ese dato acerca de que iba a morir. Este recurso también
lo usa McCarthy en En la frontera (1994). McCarthy empezó a publicar en 1965, y no
he encontrado nada en internet que señale que hubiera leído a Carpenter. En cualquier
caso, estas son las coordenadas lectoras con las que me adentro en la primera
parte de la novela –titulada Delincuentes juveniles– que nos
lleva hasta el Portland de 1947. Carpenter es de la zona de la bahía de San
Francisco, pero conoce Portland (en Oregón) porque estudió en su universidad,
como he leído en la nota biográfica que abre el libro. Así que cuando describe
las calles y los locales de billar del centro de Portland, lo he leído pensando
que me estaba hablando de un lugar muy real. Jack, nacido en 1930, tiene
diecisiete años en 1947 y se ha escapado del orfanato en el que ha pasado su
infancia. Se relaciona con una gran banda de jóvenes rebeldes y medio
delincuentes que se mueven por el centro de Portland, y que suelen frecuentar,
como zona de encuentro, los billares. En una de estas salas de billar, conocerá
a Billy Lancing, de dieciséis años, escapado de su casa en Seattle y que ha
llegado a Portland para probar suerte apostando al billar con los jugadores
locales. Billy tiene talento para este juego. La película El buscavidas (The
hustler en inglés) de Robert
Rossen se estrenó en 1961 y diría que fue una influencia para Carpenter a
la hora de escribir su novela. De hecho, en la página 245 Billy Lancing,
hablándole a Jack de lo que siente al jugar al billar dice «Vas hasta la mesa,
consideras el tiro, miras la disposición de las bolas y ya tienes la sensación
de que están todas conectadas, y de que tú estás conectado a ellas, y de que tu
taco forma parte del brazo.» Esa idea de que el taco forma parte del brazo, con
unas palabras muy similares, también se la dice Eddie Relámpago a Sarah
Packard, en una escena memorable de la película, mientras Eddie tiene las dos
manos escayoladas porque unos tipos que se sintieron estafados por su talento
le rompieron los pulgares. Imagino que Carpenter quiso hacer un homenaje en su
novela a la película (o al libro de Walter
Travis en que se basa la película). En cualquier caso, el conocimiento que
muestra el narrador de Caía una lluvia
intensa sobre los diversos juegos de billar es profundo y consigue hacer
muy creíble el ambiente de las salas de billar y de los jugadores que apuestan
hasta desplumar al otro o hasta quedarse sin nada.
Caía una lluvia intensa es una novela fatalista
desde la primera línea, desde que al lector le es mostraba en primera instancia
la muerte vana de los padres del protagonista, que llega al mundo sin
referentes. En algún momento, Jack envidiará el talento que tiene Billy para el
billar y desearía tener uno similar. El más parecido que tiene es su capacidad
para pelear y ser el tipo más duro. Esto, en algún momento de la novela, hará
que pueda, de forma esporádica, ganarse la vida como boxeador, pero al final
cuando iba perdiendo, Jack dejaba el boxeo de lado y volvía a la pelea
callejera; además de que su piel se rompía demasiado pronto y sangraba
demasiado para el boxeo profesional. En más de una ocasión he llegado a pensar
que Caía una lluvia intensa llegaba a
ser una novela naturalista, al estilo de las de Émile Zola, pero, aunque Carpenter, sí muestra a personajes jóvenes
que va a acabar cayendo en la delincuencia debido a condicionantes sociales,
les acaba dando más espacio para el libre albedrio, la reflexión y la evolución
personal. Así que al final, en realidad, Caía
una lluvia intensa es una novela de iniciación, una dura novela de
iniciación, en cualquier caso.
En más de una reseña, se habla de esta novela como perteneciente al género
«novela carcelaria» y, sí, claro, Caía
una lluvia intensa es una novela carcelaria, pero no solo es, como ya
apuntado, eso, puesto que tiene muchas más capas para mostrarnos diversas
realidades norteamericanas. También podemos hablar de Caía una lluvia intensa como de «novela gay», pues se va a hablar
de una relación homosexual en la cárcel. En alguna web he leído que, quizás, la
idea de que se trataba solo de una novela gay carcelaria hizo que el libro no
llegara a todo el público que podía haber llegado. Caía una lluvia intensa también habla de los derechos civiles y el
racismo, puesto que Billy, a pesar de que menos de un octavo de su sangre es
negra, se identifica como tal, sobre todo porque la sociedad en la que vive le
encasilla en esa categoría, que, en la época, acababa siendo una categoría
social. El racismo estadounidense de los 60 se nos va a mostrar aquí sin
tapujos. Caía una lluvia intensa
también es una novela social, porque el tema de las clases sociales, la riqueza
y la pobreza, está muy presente. De hecho, en algunos momentos he llegado a
pensar en autores como Francis Scott
Fitzgerald, Jack London o Charles Bukowski y sus historias en las
que los personajes luchan por la vida y pasan de ser pobres a ricos y luego
vuelven a ser pobres.
Lo que, desde luego, sí que posee Caía
una lluvia intensa a raudales es tensión narrativa. El lector, de forma
continua, siente que está acompañando a los personajes a un abismo cada vez más
profundo, y siente que cada uno de sus pasos los va adentrando más en un lugar
más oscuro y sufre con ellos. «Cuando pierdes, pierdes para siempre, y cuando
ganas, solo dura un segundo o dos», aprenderá Billy y nosotros con él.
Caía una lluvia intensa me ha parecido una gran
novela, dura y conmovedora, perfectamente inserta en la gran tradición
novelística norteamericana. Me ha gustado mucho. Diría que es el tipo de
narrativa anglosajona que publica la editorial
Sajalín, de la que solo he leído dos libros del japonés Osamu Dazai (Indigno de ser humano y El
declive), y de la que debería leer a otros autores, narradores de los
bajos fondos, como Edward Bunker, David Goodis o Chris Offutt.





