domingo, 24 de septiembre de 2023

Literatura infantil, por Alejandro Zambra

 


Literatura infantil, de Alejandro Zambra

Editorial Anagrama. 226 páginas. 1ª edición de 2023

 

Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) es uno de mis narradores latinoamericanos actuales favoritos. He leído casi todas sus novelas y libros de cuentos. Después de la publicación de la gran novela que era Poeta chileno (2020), tenía curiosidad por la siguiente obra del escritor chileno. Cuando vi que la editorial Anagrama anunciaba la publicación de Literatura infantil (2023) se la solicité para poder leerla y reseñarla y ellos, muy amablemente, me la enviaron.

 

La primera parte de Literatura infantil empieza con una  enumeración de capítulos en apariencia extraña: del 0, se pasa al 1, al 14, al 25, al 31… Estos números marcan los días de vida de su hijo Silvestre y, por tanto, el capítulo 0 se corresponde con el del día del nacimiento. «Contigo en brazos, por primera vez aíslo, en la pared, la sombra que formamos juntos. Tienes veinte segundos de vida.», estas son las primeras palabras del libro. La autoficción no es algo nuevo en la obra de Zambra; en muchas de sus narraciones, este autor juega a diluir los límites entre narrador y personaje. En este nuevo libro, el narrador principal (ya veremos que no siempre) es el propio Alejandro Zambra y habla de su hijo Silvestre y de su mujer Jazmina con sus nombres reales.

El lector se adentra en las páginas de Literatura infantil como si estuviera accediendo al diario de notas de un escritor que admira, donde éste reflexiona sobre su nueva experiencia de ser padre por primera vez a los cuarenta y dos años, y no, por ejemplo, a los veinticuatro años, como en la generación de sus padres.

«He conocido a hombres que ejercen la paternidad con lucidez, humor y humildad, pero también he visto a amigos queridos, que parecían tener el corazón bien puesto, alejarse de sus hijos para entregarse a la recuperación desesperada y caricaturesca de su juventud. Y también abundan quienes enfrentan la pulsión de la muerte agobiando a los niños a punta de misiones y decálogos, con la explícita o velada intención de prolongar a costa de ellos sus sueños interrumpidos.», escribe Zambra en la página 15, después de comentar una cita del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro sobre la paternidad.

También abundan las reflexiones sobre las nuevas formas de asumir la paternidad por parte de los hombres (a las que podríamos llamar «nuevas masculinidades»), en contraposición a las formas de las generaciones anteriores, «Nuestros padres intentaron, a su manera, enseñarnos a ser hombres, pero no nos enseñaron a ser padres. Y sus padres tampoco les enseñaron a ellos. Y así.» (pág. 16)

 

Una reflexión bonita surge alrededor de la palabra «infantil» que, nos dice Zambra, en muchos casos, y al menos en Chile, es pronunciada como un insulto o de forma condescendiente. A este respecto, escribe: «Toda la literatura es, en el fondo, infantil. Por más que nos esforcemos en disimularlo, quienes nos dedicamos a escribir lo hacemos porque deseamos recuperar percepciones borradas por el presunto aprendizaje que nos volvió tan frecuentemente infelices.» (pág. 18). Al final la literatura viene a ser, nos dice el autor, una forma de recuperar aquellos primeros cuentos de la infancia que nos leían nuestros padres.

 

«Durante siglos la literatura ha evitado el sentimentalismo como a una peste. Tengo la impresión de que hasta el día de hoy muchos escritores preferirían ser ignorados antes de correr el riesgo de ser considerados cursis o sensibleros. Y es verdad que a la hora de escribir sobre nuestros hijos, la felicidad y la ternura desafían nuestra antigua y masculina idea de lo comunicable.» (pág. 22). En este sentido, Zambra reflexiona sobre que en la literatura existe mucha más tradición de cartas al padre (cartas normalmente tristes y rencorosas), que cartas al hijo; en principio, más celebrativas y alegres. Y esto es lo que él se ha propuesto en este libro. Escribir una carta al hijo, que éste habrá de leer en el futuro, cuando tenga edad para ello. De este modo, esta primera parte está escrita en segunda persona, como un mensaje al hijo, que es el verdadero receptor de este texto.

Sin embargo, ya dentro de esta primera parte, escrita principalmente en segunda persona, hay capítulos escritos en primera persona, como uno en el que para combatir el dolor que le producen a Zambra las migrañas en racimo, un amigo le pasa al autor un hongo, conocido como pajarito, que mitiga esos dolores. Zambra se excede con la dosis y este capítulo, sobre un viaje alucinógeno, acaba siendo uno de los más divertidos del libro. Como es habitual, el humor ligero y tierno de Zambra es un rasgo de estilo destacable en Literatura infantil.

 

En Tiempo de pantalla la persona pasa a ser la tercera y aquí se hablará de la relación del hijo con la pantalla del televisor, que será inexistente, en contrario con la infancia en Chile del protagonista. No he comentado que Zambra y su familia viven en Ciudad de México, y que, además, en el tiempo narrativo se irá incorporando el tema del encierro, y sus consecuencias (sobre todo en un niño de tres años), por la pandemia mundial de corona virus.

 

En la página 66 nos encontramos un apunte que me ha llamado la atención. Zambra escribe «Trato de volver a la novela en la que trabajo». Por las fechas, me imagino que está hablando de Poeta chileno. En este momento, el lector puede tener la sensación de que el principal trabajo literario de Zambra, durante los años de los que está hablando en este libro, es la elaboración de Poeta chileno, su novela más larga hasta la fecha. Y que, por tanto, Literatura infantil es una obra secundaria o menor, elaborada a través de apuntes de diario sobre la paternidad.

Sin embargo, no va a ser esta la sensación con la que el lector, o al menos el lector que soy yo, acabe este libro, porque, lo digo desde ya, me ha parecido una obra destacada dentro de la gran obra de Zambra.

 

En la página 101 empieza una segunda parte, con el texto Garabatos que es un cuento de casi treinta páginas, donde los protagonistas son dos niños chilenos de once años, y que habla de su amistad. Garabatos es un cuento a la altura de las mejores piezas de Mis documentos, el libro de cuentos de Zambra.

 

Rascacielos habla de la mala relación de un hijo de veinte años con su padre, y de la forma en la que una discusión lleva al hijo a dejar la casa paterna. También es una historia de amor. Un buen relato.

 

Introducción a la tristeza futbolística es, posiblemente, el texto más divertido (y también melancólico) del libro. Trata sobre un joven, que se puede identificar con Zambra, que para salir con una chica ha de fingir ante ella que no le gusta el fútbol, aunque esto no es cierto. Y los quiebros que ha de hacer para ver los partidos son tomados por ella como sospechosas infidelidades. Zambra llama a este texto, y a otros del libro, «ensayo» y no relato. Un rasgo muy interesante de su construcción es que algunos de sus personajes leen las páginas que ha escrito Zambra y opinan sobre ellas, y esto se incorporará al propio material del relato. También es un texto sobre las relaciones entre padres e hijos y esa «tristeza futbolística» se marca como metáfora de la escasa muestra de sentimientos de los hombres de la generación del padre de Zambra, cuyas mayores manifestaciones sentimentales se daban cuando su equipo ganaba o perdía.

Este tercer cuento entronca de forma directa con la primera parte del libro porque vuelve a aparecer en él el hijo de un narrador escritor llamado Zambra.

 

El cuarto relato es Cogoteros de ojos azules y en él Zambra reflexiona sobre una historia de su adolescencia: a los quince años, él y su padre fueron asaltados por unos ladrones y Alejandro defendió a su padre de uno de ellos. La historia es sencilla, pero la anécdota le sirve al autor para reflexionar sobre temas como el racismo o, de nuevo, las relaciones paterno filiales. «¿Estás escribiendo sobre mí? ¿De nuevo? ¡Hasta cuándo! -me dice mi padre.», leemos en la primera página.

 

En Lecciones tardías de pesca con mosca Zambra junta, de forma más intensa esta vez, a las tres generaciones Zambra: al abuelo, a él y a su hijo. El abuelo llama por vídeo llamada, los domingos por la mañana desde Santiago para hablar con su nieto, en Ciudad de México, e invitarle a pescar con él, una afición que ya quiso compartir con el narrador y por la que este nunca se interesó. Es un relato muy bello sobre las relaciones entre padres e hijos, donde, de nuevo, los diferentes personajes pueden leer lo escrito del relato y su lectura se incorpora al texto como material del relato.

 

El libro acaba con el texto Recado para mi hijo; y aquí se recupera la segunda persona para conversar con el hijo, que ahora ha empezado a leer por sí mismo y se adentra en una novela infantil de Juan Villoro. Es un texto más corto que los anteriores y actúa como emotivo broche final.

 

Como ya adelanté más arriba, empecé leyendo Literatura infantil como si se tratase de un libro menor de Alejandro Zambra, compuesto con textos de apuntes que tomaba sobre la paternidad, mientras elaboraba la ambiciona y conseguida novela que es Poeta chileno, y he acabado pensando que Literatura infantil es una obra bellísima y que entra con derecho propio entre las más emotivas y logradas de su autor.

domingo, 17 de septiembre de 2023

Cuentistas latinoamericanos clásicos

 En mi canal de YouTube Bienvenido, Bob hablo de los cuentistas latinoamericanos clásicos que he leído. He grabado dos vídeos más sobre cuentistas latinoamericanas y ya los iré publicando. La serie empieza aquí:




domingo, 10 de septiembre de 2023

Cuentos completos 3, por Philip K. Dick



 Cuentos completos 3, de Philip K. Dick

Editorial Minotauro. 635 páginas. Relatos escritos entre 1953 y 1954; ésta edición es de 2020

Traducción de Eduardo G. Murillo. Prólogo de John Brunner.

 

En julio de 2021 leí Cuentos completos 1 de Philip K. Dick (Chicago, 1928 – Santa Ana, 1982), un autor del que en la adolescencia había leído muchas de sus novelas. En julio de 2022 me acerqué a los Cuentos completos 2 y ya instauré un ritual, al que he dado continuidad en 2023, leyendo los Cuentos completos 3. El volumen 1 reunía 25 cuentos, escritos entre 1951 y 1952; el segundo 27, escritos entre 1952 y 1953; y el tercero 23, escritos entre 1953 y 1954. Hemos de tener en cuenta que la primera novela de Dick, Lotería solar, no apareció hasta 1956; así que todos los cuentos de estos tres primeros volúmenes están escritos antes de haber empezado a escribir novelas, y fueron publicados en revistas de ciencia ficción y fantasía de la época.

 

Coto de caza es el primer cuento y en él un afamado profesor de física llega a su casa, trata de relajarse y al sentarse en el sofá ocurre esto: «Había un gran ojo en la ventana. Un ojo inmenso que escudriñaba la habitación y le examinaba. El ojo abarcaba toda la ventana.» (pág. 16) Empezará entonces una narración con elementos puramente Dick, que aparecerán luego en muchas de sus novelas: el protagonista empezará a dudar de los límites de la realidad y la paranoia de sentirse vigilado y perseguido le llevará a huir. El cuento acaba con un giro final que contiene un toque de humor. Esto es algo típico de esta primera etapa narrativa de Dick, dejar para los finales una sorpresa cómica que, en buena medida, estropean un tanto el cuento y que (imagino) eran del gusto de los lectores de revistas baratas de la época. Nada que enturbie demasiado el buen sabor de boca inicial, en cualquier caso.

 

El ahorcado también es un cuento paranoico sobre una persona que siente que el pueblo en el que vive ha cambiado: en una farola de la plaza hay un cuerpo colgado y a nadie, salvo a él mismo, parece llamarle la atención. Este es un cuento muy de aquella época en la que las películas de invasores del espacio en realidad hablaban del miedo a las ideas comunistas. Su intención es muy parecida a la del primer cuento, pero este segundo funciona mejor.

 

Peculiaridades de los ojos es un cuento mucho más corto que los anteriores. Un hombre lee un relato sobre una invasión extraterrestre y piensa que describe algo real. Este cuento es más flojo que los previos.

 

El hombre dorado es uno de los cuentos más famosos de este conjunto. En él aparecen por primera vez mutantes, que va a ser una de las obsesiones más claras de este volumen 3 de cuentos. En las páginas finales, se le indican al lector las fechas de escritura y publicación de cada cuento y, a veces, Dick explica el contexto en el que fue escrito el cuento o alguna característica de su recepción. Sobre El hombre dorado dice que los editores de revistas de la época querían relatos que presentaran a los mutantes como buenos y al mando de la situación. Su relato va a ser más ambiguo. Después de una guerra, la radioactividad ha hecho que nazcan mutantes con diversos poderes. La humanidad ha tratado de destruirlos porque los considera una amenaza, pero aún no se han encontrado con «el hombre dorado» que vive escondido en una granja, y que podría acabar con la humanidad tal y como la conocemos. Como suele ocurrir en Dick, el relato se convierte en una persecución paranoide; pero las reflexiones sobre el futuro de la humanidad hacen que esta composición destaque sobre los anteriores.

 

Y gira la rueda trata sobre un futuro posbélico en el que se ha instaurado una sociedad de castas, en las que los seres humanos buscan consuelo en sectas religiosas, mientras se enfrentan al azar. Me ha parecido un tanto confuso.

 

El último experto también trata de un mundo posbélico en el que la humanidad ha destruido a los robots contra los que tuvo que luchar en el pasado, pero en una pequeña comunidad –después de doscientos años– aún funciona un viejo robot capaz de organizar una sociedad. El relato gana en altura debido a su ambigüedad sobre si la existencia del robot es buena o no para una comunidad de personas. Es un gran relato.

 

El padre-cosa no es un relato de ciencia-ficción, sino de terror fantástico, en el que un niño percibe que su padre ha sido sustituido por algo que no es su padre. Es un relato muy a lo Stephen King y me gusta.

 

En Un extraño paraíso dejamos por primera vez La Tierra y la narración transcurre en un planeta lejano. Una nave espacial llega a un planeta con una vegetación similar a la de una selva terrestre y uno de los tripulantes empieza a explorarla. La gravedad y la atmósfera son similares a las de La Tierra. En este relato, como en muchos relatos barateros de la época, aparecerá una bella joven y el cuento pasará a ser levemente erótico, con chiste final. Aquí no está Dick en su mejor momento.

 

Tony y los escarabajos también transcurre en un planeta lejano y el protagonista, como en El padre-cosa, es un niño. El niño pertenece a una familia terráquea que ha colonizado otros planetas donde viven seres con caparazón. Las dos civilizaciones se encuentran en guerra, y el niño tendrá que aprender a soportar el peso del racismo por ser hijo de colonos. Es un cuento, como ocurre tantas veces en Dick, profundamente inverosímil, pero también imaginativo y poético y ha conseguido emocionarme. Es un buen cuento.

 

Null-O es un cuento sobre un niño psicópata, un mutante paranoico sin empatía, que entra a formar parte de una élite que podría acabar con la humanidad. Me ha parecido un cuento un tanto exagerado y me ha gustado menos que otros.

 

En Servir al amo un trabajador manual toma un atajo para acudir al trabajo. Desde un barranco oye una voz que pide ayuda. Se da cuenta que se trata de un robot semidestruido, que habían desaparecido en una guerra anterior. El trabajador está dispuesto a ayudarle. Me ha parecido uno de los mejores cuentos del conjunto.

 

En Pieza de colección volvemos a un relato paranoico sobre alteraciones de la realidad y la dificultad de distinguir lo que es real de lo que no lo es. Desde el futuro, un experto en el siglo XX está montando una exposición sobre este siglo, que tal vez se convierta en real para él.

 

En Los reptadores volvemos con los mutantes. Ahora son mutantes que se arrastran y cavan ciudades subterráneas. Este es uno de los más inquietantes y mejores relatos del libro.

 

En Campaña publicitaria un hombre vuelve a casa después del trabajo, desde Gamínedes a la Tierra, en su nave espacial, y le van asaltando anuncios publicitarios por el camino; en la tierra los robots-anuncio también le perseguirán por la calle. El colmo será cuando un robot se presente en su casa, como ayudante del hogar, y quiera hacerle las demostraciones de sus funciones, y no se irá hasta que lo compré. Según la nota final éste fue uno de los cuentos que peor fue aceptado por el público, porque acaba de un modo muy siniestro, pero a mí me parece un gran relato, una gran crítica al consumismo y a los excesos de la publicidad.

 

La estratagema es un relato sobre mutantes paranoicos, y sobre el control mental de la población con el miedo. Acaba siendo algo confuso y no me ha gustado demasiado.

 

Sobre la desolada Tierra es un relato que tiene más que ver con el terror que con la ciencia-ficción. Una joven tiene la capacidad de contactar con seres de otra dimensión, a la que acaba pasando, y su novio tratará de revertir la situación, con imprevisibles y paranoicas consecuencias, que alterarán toda la realidad.

 

Foster, estás muerto es un relato de corte más realista que los anteriores. En él, un niño vive angustiado porque su padre no quiere comprar un refugio casero para que proteja a la familia en caso de una posible guerra nuclear. Como ya hiciera George Orwell, Dick habla del control de la población a través del miedo a la guerra. Aquí no hay vuelta de tuerca final, donde Dick nos muestra una sorpresa a través de un chiste. Éste es un cuento mucho más maduro en ese sentido. Foster, estás muerto es uno de los cuentos más emocionantes y mejores del libro.

 

En La paga del duplicador los supervivientes de una guerra mundial se mueven entre las cenizas de la antigua civilización, sin saber construir nada. Pero a los pequeños grupos dispersos de personas les ayudan los biltong. «Eran nativos del sistema de Centauro, probablemente. Habían hecho acto de presencia en los últimos días de la guerra, atraídos por los destellos de las bombas H…, y encontraron los restos de la raza humana, que se arrastraba a través de la ceniza negra radiactiva y trataba de salvar todo lo posible de su civilización destruida.» (pág. 406). Los biltong tienen la capacidad de duplicar objetos, como coches, lavadoras…, pero sus vidas se están agotando y la humanidad tendrá que salir adelante por sus medios. Me ha encantado la libertad imaginativa de este relato.

 

Veterano de guerra, con sus 66 páginas es el relato más largo del conjunto y podríamos hablar ya de novela corta. Nos encontramos aquí con el Dick más desatado: paradojas de viajes en el tiempo, paranoias, persecuciones, engaños, una posible guerra… Un gran relato antibélico y antirracista.

 

La barrera de cromo es un relato político sobre la necesidad continúa de que el individuo se posicione en sociedad, por cuestiones sobre las que puede no tener una postura clara En esta fábula, los ciudadanos tienen que elegir entre su derecho a oler o la necesidad de extirparse las glándulas sudoríparas. Comparado con el nivel de otros cuentos, éste se queda más al nivel de la broma.

 

Desajuste es un cuento extraño sobre individuos que pueden miran la realidad de un modo esquizofrénico y cómo esta mirada puede acabar absorbiendo las realidades ajenas, una idea que Dick desarrollará en novelas como Ubik u Ojo en el cielo. Este relato contiene alguna imagen curiosa.

 

Un mundo de talentos es un nuevo relato sobre mutantes. El protagonista es hijo de dos mutantes, que tienen la capacidad de precognizar el futuro. Los padres aún no saben si el niño ha heredado algún poder especial. En este ecosistema de mutantes aparecerán también personas cuya capacidad será la de ser inmunes a los poderes de los mutantes. Es un cuento ambicioso, pero me ha gustado menos que otros similares.

 

¡Cura a mi hija, mutante! es, de nuevo, un cuento sobre una Tierra postapocalítica, donde una pareja trata de sanar a su hija enferma con la ayuda de una curandera mutante. Tanto en este relato como en el anterior, Dick introduce en la trama elementos sobre los viajes en el tiempo y los dos resultan un tanto confusos.

 

Como ocurre siempre con Philip K. Dick, su imaginación y la fuerza de sus ideas es muy superior a la calidad de su prosa –que es, en cualquier caso, eficiente–, y su capacidad para crear personajes. En este tercer volumen, he visto ya cuentos más maduros que en los anteriores (donde había también relatos muy buenos), en los que abandona el recurso un tanto barato de sorprender al lector con un final un tanto absurdo y bromista, y elegir finales más melancólicos o tremendos, que inciden en la hondura del relato.

Tengo ya ganas de llegar a los volúmenes cuatro y cinco, donde deben encontrarse los relatos más maduros de Dick, los que escribió en la misma época que sus grandes novelas. Igual que me ha ocurrido en los dos últimos veranos, he vuelto a disfrutar mucho en julio de 2023 con estos cuentos de Philip K. Dick.

domingo, 3 de septiembre de 2023

Clases de chapín, por Eduardo Halfon

 

Clases de chapín, de Eduardo Halfon

Editorial Fulgencio Pimentel. 169 páginas. 1ª edición de 2007, 2009; esta es de 2017

 

Clases de chapín (2017) de Eduardo Halfon (Ciudad de Guatemala, 1971) fue una de mis compras en la Feria del Libro de Madrid 2023. Nunca había leído un libro de la editorial Fulgencio Pimentel, originaria de Logroño, que compartía caseta con Pepitas de Calabaza, otra editorial de la misma ciudad. Me había fijado en Fulgencio Pimentel porque sus libros son objetos bellos y me daba la impresión de que tienen buen gusto a la hora de seleccionar autores. Entre otras, tienen varias novelas del ruso Sergéi Dovlátov, por las que siente curiosidad.

 

Me apeteció también comprar Clases de chapín porque es uno de los pocos libros de Halfon que me faltaban por leer. O al menos es uno de los pocos que me faltan por leer y que se puede comprar, porque, ahora mismo, creo que no están disponibles en España Esto no es una pipa (2003), Siete minutos de desasosiego (2007) –que contiene algún cuento que está en Clases de chapín–, y Morirse un poco (2009).

 

Clases de chapín, publicado en 2017, contiene cuentos que se había publicado antes: Clases de hebreo (AMG, 2007) y Clases de dibujo (AMG, 2009), junto a otros cuentos inéditos. La primera parte se titula Mucho macho, y observo también que algunos de sus cuentos se publicaron en el libro Siete minutos de desasosiego, publicado en 2007 en Colombia.

Mucho macho está formado por cuatro cuentos: el primero es Mucho macho y trata sobre un turista austriaco que ha llegado hasta un pueblo de Guatemala y no deja de hacer fotos a todo lo que le llama la atención, algo que puede que no guste a todo el mundo. Una violencia soterrada, inminente, recorre las páginas de este relato inicial.

El segundo cuento es Sacerdote, sobre un libanés mayor, afincado en Guatemala y recientemente viudo, que lleva cincuenta años vendiendo telas, en un negocio moribundo. Este cuento parece un homenaje al de Ernest Hemignway titulado Un lugar limpio y bien iluminado.

Muñequita es un cuento terrible sobre violencia hacia la infancia, pero que, a la vez, dentro de su concentración de horrores, tiene un punto tierno. «El pueblo de Comalapa olía a florifundia, a leña vieja, a cloacas estancadas, a esa dejadez que adquieren siempre los pueblos latinoamericanos.» (pág. 39)

El mejor cuento de estos cuatro iniciales me ha parecido el último, titulado El buen machete, que, con sus veintidós páginas, también es el más largo. Si los tres anteriores nos mostraban breves pinceladas, estallidos o insinuaciones de violencia, en este último Halfón puede desarrollar más temas. Su hilo conductor sería el de las frustraciones de la adolescencia y el descubrimiento del deseo, pero también está aquí, de nuevo, la violencia de Guatemala de fondo.

 

La segunda parte del libro se titula Clases de dibujo. El primer cuento es Corazón, no moleste y una voz narrativa adulta recuerda un episodio de su niñez, que tiene que ver de nuevo con la violencia centroamericana. En la segunda página (la 74) leo esta escena: «el día entero que todos los estudiantes del colegio estuvimos recluidos en el gimnasio, esperando que cesara el combate justo enfrente –que incluía una tanqueta y que se volvería, según mis papás, uno de los motivos de nuestra huida a Miami–». Estas imágenes las narra también Halfon en uno de los cuentos de Mañana nunca lo hablamos (Pretextos, 2011), en los que se acercaba a su infancia.

Después de algunos tanteos iniciales (los cuentos de la primera parte de este libro son una muestra) en la que Halfon creaba personajes, más o menos alejados de sí mismo, este autor acabó de encontrar su sitio creando al personaje «Eduardo Halfon», muy cercano a sí mismo, aunque no idéntico, y su obra comenzó a ser autoficcional y a hablar de la búsqueda de la identidad y de las historias de su gran familia judía afincada en Guatemala. En esta parte de su obra se incluyen ya los cuentos de Clases de dibujo.

Corazón, no moleste es un gran cuento en el que se muestra la mirada de un niño sobre una situación que no conoce, que tiene que ver con una persona desaparecida por la violencia.

 

El poder de la euforia es un cuento más corto, más íntimo y donde la mirada desde la infancia funciona a una escala menor que el anterior. Me gusta más el siguiente, Polvo, donde, de nuevo recreando la infancia, un niño ha de enfrentarse al mundo de los adultos, en el contexto de una ciudad en la que un terremoto ha devastado muchas casas y el niño ha de probarse ante su tío.

El último cuento de esta segunda parte se titula Clases de dibujo, y la misma voz narrativa que el lector habitual de Halfon identifica con él mismo –o su personaje autorreferencial– es ya un adulto joven que visita Lisboa. Allí va a cenar a un restaurante, y entabla conversación con una mujer de una mesa próxima. Creo que a este cuento le falta tensión narrativa.

 

La tercera y última parte se titula Clases de hebreo. El primero se titula igual que el grupo. Desde la tercera persona, nos acercamos a un niño de nueve años, llamado Daniel, que vive en Guatemala y que es de origen judío. Su familia le hace ir a aprender hebreo a la sinagoga, y él aún no parece tener muy claro cuál es su herencia o qué significa ser judío. Sabe que los nazis hicieron algo malo en el pasado, y esto va a generar un conflicto con su vecino alemán. Es un cuento bien resulto, que me ha recordado a alguno de los primeros de Philip Roth, sobre la condición de los judíos, y que puede ser una influencia sobre esta composición. Me refiero al libro de Roth Goodbye, Columbus de 1959.

 

El segundo cuento es Llanta pache y es muy corto, de unas dos páginas. El narrador escucha a una mujer que trabaja para él, en su casa, planchando camisas, contando la historia de su yerno, que trabaja para israelís. El lector intuye que el narrador es Halfon, pero no lleva a saber si es él, y si la mujer que plancha sabe que es judío. Es un cuento sobre la percepción de los otros sobre uno, pero me parece que le falta algo de desarrollo.

 

Luto también es un cuento muy breve y trata del choque cultural de un niño al enfrentarse a las costumbres judías, extrañas para él, de su propia gente. Como al anterior, le falta algo de desarrollo. Son dos cuentos que acaban consistiendo en una breve pincelada sobre la realidad.

 

El lenguaje de los elefantes me parece un buen cierre para el libro. Un narrador, que seguramente es el personaje de autoficción llamado «Halfon», se encuentra en Miami y ha de visitar al padre de un amigo, que no conoce, y entregarse un sobre blanco. La relación entre padre e hijo llevaba tiempo rota por un tema que tiene que ver con la condición de judío y el nazismo. De nuevo, su desenlace me recuerda al de alguno de los cuentos de Philip Roth.

 

Ya he comentado alguna vez que Eduardo Halfon es uno de los autores latinoamericanos actuales que más me interesan. Me ha gustado completar esta pieza que me faltaba del universo Halfon.