domingo, 29 de noviembre de 2020

Cielos de Córdoba, por Federico Falco

Cielos de Córdoba, de Federico Falco

Editorial las afueras. 100 páginas. 1ª edición de 2011; ésta es de 2020.

 

De Federico Falco (General Cabrera, Argentina, 1977) había leído hasta ahora dos colecciones de relatos, La hora de los monos (2010) y Un cementerio perfecto (2016), que habían bastado para que se convirtiera en uno de mis escritores latinoamericanos favoritos de la actualidad. Así que, cuando en redes sociales vi que la nueva editorial barcelonesa las afueras publicaba en España su novela corta Cielos de Córdoba, publicada en 2011 por la puntera editorial argentina Nudista, consideré de forma inmediata que quería leerla. Estuve navegando por la web de las afueras, y me pareció que su trabajo editorial era muy interesante. Les escribí para solicitarles el libro y poder leerlo y reseñarlo y, amablemente, me lo enviaron en unos días.

 

El protagonista de Cielos de Córdoba es Tino, un niño de once años al que le faltan unos pocos meses para cumplir doce. Comenzamos la novela con Tino visitando a su madre en el hospital del pueblo donde viven. La madre lleva ya tiempo ingresada por una dolencia indeterminada, pero que el lector entiende que puede ser grave. Como es habitual en sus relatos, Falco nos introduce en el mundo de Tino con un tono en apariencia sencillo y ligero, consiguiendo que el lector perciba lo vivido a través de su mirada. Tino se halla en una frontera difusa: aún es un niño, pero se está adentrando en la adolescencia sin comprender muy bien los cambios físicos o mentales que se van a asociar a ella. Como hemos visto, su madre está ingresada en el hospital y su padre va a ser otra figura ausente, ya que regenta en el pueblo un museo dedicado al estudio de los ovnis, y dedicará más tiempo a escrutar los cielos con unos prismáticos (esos «cielos de Córdoba», a los que alude el título), esperando una llamada del más allá, que a su único hijo. De hecho, cuando Tino llega a su casa será él quien prepare la cena, supliendo a su madre; así que en realidad Tino parece tener, en más de un aspecto, más madurez que su propio progenitor, un adulto que se verá obligado a pedir dinero a su padre para sobrevivir, mientras espera a que arranque su quimérico museo.

 

Tino no es un chico muy popular en su colegio. En el tiempo de la novela, conoceremos su amago de amistad con Omar, un compañero de clase que siente un repentino interés por él, a raíz de una mentira sobre su madurez sexual que Tino le ha contado. Éste será uno de los temas del libro: el despertar de la sexualidad en Tino, y su posible atracción por Omar. «En el pueblo dicen que ustedes están locos», le comentará Omar a Tino en la página 77. La familia de Tino procede de Buenos Aires, y en el pueblo donde transcurre la acción no parece ser una familia muy bien acogida. En ningún momento se dice el nombre de este pueblo, del que se nos da el dato de que recibe turistas, y que por lógica ha de estar ubicado en la provincia argentina de Córdoba.

 

Durante la lectura me estaba preguntando por la fecha en que estaba situada la historia: que se tuvieran que ajustar las antenas del televisor para recibir bien la imagen, y que nadie hablara de celulares y sí de un coche modelo Renault 12, me hacía pensar que el tiempo narrativo de la novela no era el actual, y que la narración nos llevaba unas décadas atrás en el tiempo. En la página 56 se nos habla de una pintada de aerosol que contiene el sintagma «enero del 86», una pista muy sólida para dar forma a mis especulaciones.

 

En el prólogo de La hora de los monos, el escritor y crítico Antonio Jiménez Morato hablaba de la esencia «neofantástica» de la propuesta de Federico Falco. Es decir, la teoría de Jiménez Morato era que autores del panorama actual argentino estaban trascendiendo el realismo narrativo a través de una apuesta, que sin ser abiertamente fantástica, bordeaba este género al presentarnos escenas claras pero extrañas. Por ejemplo, ante un suceso inusual, los personajes no reaccionan del modo esperado en un relato realista. En Cielos de Córdoba, aunque en apariencia la nouvelle es de corte realista, en más de una escena se juega a la extrañeza. Por ejemplo, Tino ha hecho amistad con una mujer mayor ciega que vive en el hospital, y Falco describirá algunas escenas con ella que no dejan de ser extrañas. La obsesión del padre por los ovnis es otro elemento de alejamiento del realismo y, debido a su empeño en montar y hacer sostenible un museo de sucesos paranormales, me recordaba al personaje del cuento Un cementerio perfecto, que recorre pueblos de Argentina tratando de crear precisamente eso, el cementerio perfecto.

Como buen niño, Tino se sigue fijando en los animales y en la naturaleza. La descripción de los espacios abiertos (el río del pueblo y los animales) crea destellos poéticos en el libro y rebaja la tensión narrativa de algunos pasajes.

 

En gran medida, y como ya he apuntado, Cielos de Córdoba me ha recordado a algunos de los cuentos largos (casi nouvelles) de Un cementerio perfecto, donde también se describían los pueblos de la provincia argentina y también había niños o adolescentes que se encontraban en un periodo de descubrimiento y cambio en sus vidas. Esto ocurría, sobre todo, en Silvi y la noche oscura, una narración que he sentido emparentada con Cielos de Córdoba.

 

Cielos de Córdoba es una destacada novela corta sobre el paso de la niñez a la adolescencia. Describe perfectamente la sensación de desamparo, soledad, extrañeza, pero también de descubrimiento, de un niño que está haciendo ese salto vital. Nada es explícito en esta narración, sino que todo quedará bellamente insinuado, mediante una prosa en apariencia sencilla, pero en realidad muy elaborada.

 

Diría que Federico Falco no es un autor muy leído en España, y me parece una pena, porque es un escritor verdaderamente destacado de la nueva narrativa latinoamericana. Unos pocos días antes de escribir esta reseña, Falco quedó finalista del premio Herralde de novela 2020 con su obra Los llanos, así que acaba de fichar por la editorial Anagrama. Espero que esta buena noticia contribuya a que Federico Falco se convierta en un autor más leído en España. Y no quisiera acabar este texto sin recomendar a su posible lector que visite la página web de la editorial las afueras, que considero que está haciendo una gran labor. Cielos de Córdoba no va a ser el último libro que lea de su editorial.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Lectura de mi novela "Caminaré entre las ratas" de Antonio González

 

CUANDO SABES QUE NO TODOS LOS DÍAS TE VAN A DECIR QUE HAS ESCRITO «UNA COMPLETA MARAVILLA»

 

El otro día os contaba que el escritor José Eduardo Tornay leyó mi novela “Caminaré entre las ratas” y la recomendó desde su muro. Antonio González Montes, a quien no conocía, se hizo eco de esta recomendación, compró mi libro, lo leyó y ha escrito esto sobre él en Facebook:




 

“Esta tarde estamos entretenidos con el rey a la fuga, pero no puedo dejar pasar una recomendación. Llevo un verano de enormes lecturas y de grandes descubrimientos, autores que no conocía y que de repente llegan a mí como un mazazo de grandísima literatura. Y eso ha sido «Caminaré entre las ratas» de David Pérez Vega, un deslumbramiento absoluto (gracias José Eduardo Tornay por recomendarlo). No sé qué decir sobre esta novela, es tan buena (y me siento tan identificado con el protagonista) que no se me ocurre cómo comentarla. Solo puedo decir que es una completa maravilla, sin más.»

Que ocurra algo así me parece tan excepcional que voy a sacar las copas de gala y a brindar. Eso sí, lo haré con champín, no vaya ser que se me suba a la cabeza.

 

Muchas gracias, Antonio.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Pecados originales, por Rafael Chirbes

 

Pecados originales, de Rafael Chirbes

Editorial Anagrama. 249 páginas. 1ª edición de 1992 y 1994, ésta es de 2013.

 

En el año 2001 o 2002 yo había viajado a Alemania y en una librería del centro de Colonia, la librería más grande de la ciudad, me sorprendió ver que todo el escaparate –de arriba a abajo– estaba ocupado con ejemplares de la última novela traducida al alemán de Rafael Chirbes (Tabernes de Valldigna, Valencia, 1949 – 2015), algo que allí era un acontecimiento cultural. En alguna ocasión le había leído a Jorge Herralde, el editor de Anagrama, que el verdadero público de autores como Javier Marías, y sobre todo de Rafael Chirbes estaba en Alemania y Francia. Allí han considerado a Chirbes el autor que mejor ha sabido reflejar el periodo de la Transición española. No recuerdo qué novela era aquella del escaparate de la librería de Colonia (téngase en cuenta que el título estaba en alemán). Tal vez, mirando las fechas fuese La caída de Madrid, que se publicó en el 2000.

Diría que la suerte editorial de Chirbes en España cambió con la publicación de Crematorio en 2007, que fue una novela que realmente sí se leyó aquí, que ganó además el premio de la crítica de narrativa en castellano y de la que incluso se llegó a grabar una serie para la televisión.

En su momento pensé leer Crematorio y En la orilla, su siguiente novela, pero fueron títulos que se me fueron pasando, por ese azar, muchas veces absurdo y remoto, de las elecciones lectoras.

 

Hasta ahora de Chirbes yo había leído Mimoun, que fue su primera novela publicada, con la que quedó finalista del premio Herralde en 1988. De este libro tengo su primera edición, dedicada por el autor, del que escuché una charla en la que estaba con Jorge Herralde y Andrés Barba en Madrid. Me gustó bastante Mimoun, y por esto mismo es raro, incluso para mí, que no hubiera leído hasta ahora más libros de Chirbes.

 

En julio de 2020 yo estaba de vacaciones en el norte de Mallorca, un día fui de visita a Palma y en la librería Babel me apeteció hacer una compra a favor del sostenimiento de las librerías locales. Así que me compré esta edición roja de Anagrama en la que junta dos de las novelas primeras de Chirbes: La buena letra (1992) y Los disparos del cazador (1994), bajo el título de Pecados originales. Hasta ahora no había leído ningún libro de esta nueva colección de rescates de Anagrama, llamada Otra vuelta de tuerca, pero me parece una gran idea la de volver a dar vida a títulos emblemáticos de la editorial y además agrupando en un volumen varios títulos de un autor.

 

Acabé de leer en Playas de Muro Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos, que me resultó un libro un tanto denso y menos entretenido de lo que me esperaba, y necesitaba algo de composición menos compleja, sin ser simple, y más emocionante, sin descuidar el rigor de la forma. Esta vez acerté de lleno con Pecados originales.

 

Chirbes escribió un prólogo para esta edición de 2013 que, en sus escasas cuatro páginas, resulta de una lucidez desarmante. Sobre la Transición: «El pacto que se les propuso a los españoles, bajo el razonable argumento de cambiar pasado por futuro, fue un cambio de ideología por bienestar; es decir, un trueque de verdad por dinero. Y el país lo aceptó.» (pág. 8)

 

La protagonista de La buena letra es Ana, que en el presente narrativo de la novela (posiblemente hacia finales de la década de 1980) es ya una anciana que vive sola en una casa antigua, repleta de recuerdos. Ana le habla a un hijo que el lector no sabe si está presente en la escena o si simplemente se dirige a él de un modo figurativo; posiblemente sea lo segundo. Ana es de Bovra, un pueblo de Valencia, que –tras una búsqueda en internet– compruebo que es un inventado; al igual que Misent, otro pueblo valenciano (estoy suponiendo que es valenciano) que aparece en esta novela (de ahí es la familia del marido de Ana) y en Los disparos del cazador, cuyo protagonista será de allí.

 

Ana le hablará a su hijo de los duros años de la guerra, cuando su marido estuvo en el frente como soldado republicano, y sobre todo de los años de la posguerra, y de las visitas que ella o su marido Tomás va a hacer a la prisión en la que Antonio (el hermano de Tomás) ha sido encarcelado. Tomás, como «rojo», pasará por dificultades para ganarse la vida en su pueblo. «Si alguien venía a buscarlo, era siempre por un sueldo muy por debajo del que se pagaba a otros; cuando no conseguía trabajo, se pasaba el día dando vueltas por la casa y, si yo intentaba decirle cualquier cosa, me respondía de mal humor.» (pág. 46). Así se describe el ambiente del pueblo durante la postguerra: «El cine era barato, más que encender el brasero, pero nosotros no podíamos ir porque al final de la película sonaba el Cara al sol y a padre le repugnaba tener que ponerse en pie con el brazo en alto. Además, siempre se arriesgaba uno a sufrir alguna provocación. A Paco, el vecino que se escondió en nuestra casa al volver de la guerra, su propio suegro le insultó en el cine y luego lo sacaron a empujones entre cuatro o cinco. Su suegro había dicho a voces: “Ningún hijo de puta rojo tiene que manchar el Cara al sol con sus babas.”» (pág. 49)

Cuando Antonio salga de la cárcel se va a ir a vivir con ellos a Bovra. «Permanecía encerrado en su cuarto casi todo el tiempo, como si no consiguiera acostumbrarse a los espacio abiertos.» (pág. 65). Sin embargo, Antonio montará una pequeña empresa de tallas de madera y conseguirá salir adelante. No quiero contar más de la trama, pero digamos que el conflicto se va a producir cuando, para prosperar, Antonio acabe juntándose con los franquistas y, como superviviente, decida olvidar el pasado, algo que su hermano Tomás no puede hacer. «Tu padre se entregó a la derrota demasiado pronto.» (pág. 87)

Lo más terrible para Ana será ver que en la década de 1980 más que el análisis del pasado lo importante será para sus descendientes la supuesta prosperidad de los pelotazos inmobiliarios.

Chirbes le advierte al lector en el prólogo que en esta versión definitiva ha eliminado el capítulo final del libro, que debían ser unas dos páginas, porque esas páginas finales edulcoraban la novela y era algo con lo que Chirbes ya no estaba de acuerdo. La buena letra, escrita con frases breves y certeras, es una novela corta bellísima y desolada.

Los disparos del cazador tiene muchos puntos en común con La buena letra y, por tanto, parece una buena idea la de Anagrama de haberlos reunido en este díptico titulado Pecados originales. El protagonista de Los disparos del cazador es Carlos, quien en el tiempo de la novela escribe en un cuaderno unas reflexiones sobre su vida a raíz de haber descubierto unas notas de uno de sus hijos, que parece echarle en cara su connivencia con el franquismo. Carlos, en el tiempo narrativo del libro –de nuevo a finales de los 80 o principios de los 90– vive en un chalet del privilegiado barrio de la Fuente del Berro en Madrid, a solas con Ramón, que trabaja de asistente para él.

Carlos es originario de Misent, el mismo pueblo del que proceden Tomás y Antonio, los hermanos de La buena letra. Carlos emigrará a Madrid joven y allí, gracias a un contacto que trae del pueblo, tras unos comienzos duros, vendiendo cualquier cosa para acumular capital, se convertirá en un exitoso constructor. Una situación económica que le permitirá ir distanciándose de su pasado pobre, de su pasado de hijo de republicanos humillados, como acabaremos sabiendo. Digamos que Los disparos del cazador es como si Chirbes hubiera decidido reescribir La buena letra desde el punto de vista de Antonio, el hermano republicano que decide olvidar el pasado y prosperar dentro del nuevo orden franquista. Carlos le acabará echando en cara a su hijo que, a pesar de juzgar el origen ilícito de su prosperidad, se ha beneficiado profundamente de ella para pensar ahora que es mejor persona que su padre. Es una reflexión muy interesante.

 

Frente a la personalidad sufrida de Ana, está muy marcada la personalidad soberbia de Carlos. En ningún caso son personajes estereotipados, o que existan solo para mostrar una idea o una tesis. Por ejemplo, cómo se muestra el machismo de Carlos me parece un gran logro.

Los disparos del cazador está escrita con frases y capítulos más largos que La buena letra. Entre las dos creo que prefiero la primera, pero lo cierto es que ambas son novelas cortas magníficas, cargadas de ideas y matices, y se complementan perfectamente. He de leer más libros de Rafael Chirbes.

domingo, 15 de noviembre de 2020

La trilogía de la guerra civil, por Juan Eduardo Zúñiga

 


La trilogía de la guerra civil, de Juan Eduardo Zúñiga

Editorial Galaxia Gutenberg. 402 páginas. 1ª edición de 1980-2003; ésta es de 2011.

 

Compré este libro, La trilogía de la guerra civil de Juan Eduardo Zúñiga (Madrid, 1919-2020), hace ya unos cuantos años en la Cuesta de Moyano de Madrid. Sabía que Zúñiga era considerado uno de los maestros del relato del siglo XX en España y que su obra más representativa eran precisamente los tres libros que conforman este volumen: Largo noviembre de Madrid (1980), La tierra será un paraíso (1989) y Capital de la gloria (2003).

 

Para esta versión definitiva de la obra, publicada por Galaxia Gutenberg, Zúñiga decidió cambiar el orden de los libros, que será: Largo noviembre de Madrid, Capital de la gloria y La tierra será un paraíso. Además añadió dos relatos nuevos: Caluroso día de julio (incluido en Largo noviembre de Madrid) e Invención del héroe (incluido en Capital de la gloria). En total, el presente volumen recoge treinta y cinco relatos.

 

Una vez acabado el libro entiendo la decisión de cambiar el orden: Largo noviembre de Madrid trata principalmente sobre los comienzos de la guerra en Madrid; Capital de la gloria habla del discurrir de la guerra en Madrid y los últimos cuentos se acercan ya a la inminencia de la derrota republicana en la capital; y La tierra será un paraíso retrata los primeros años de las posguerra. Así que el criterio final de orden cronológico me parece acertado.

 

El primer cuento de Largo noviembre de Madrid es Noviembre, la madre, 1936, y se abre con un párrafo muy significativo: «—Pasarán unos años y olvidaremos todo; se borrarán los embudos de las explosiones, se pavimentarán las calles levantadas, se alzarán casas que fueron destruidas. Cuanto vivimos, parecerá un sueño y nos extrañará los pocos recuerdos que guardamos; acaso las fatigas del hambre, el sordo tambor de los bombardeos, los parapetos de adoquines cerrando las calles solitarias…» (pág. 11). Párrafos similares –con este mismo inicio «Pasarán unos años y olvidaremos todo»– se repiten como una letanía en diversos cuentos del libro (al menos aparece cinco o seis veces más). Por supuesto, la sensación que se le queda al lector es justo la contraria, que las personas que están viviendo los acontecimientos narrados no van a poder olvidarlos fácilmente, sino que, más bien, les van a acompañar durante el resto de sus vidas como un pesado equipaje. El propio Juan Eduardo Zúñiga fue testigo de los acontecimientos que narra, puesto que tenía diecisiete años cuando comenzó la guerra, y hacia su final sería movilizado, aunque permaneció en retaguardia por problemas de salud. De hecho, nació y vivió en la actual plaza de Pedro Zerolo, muy cercana al centro; que era justo un lugar en el que caían muchos proyectiles de los bombardeos franquistas, proyectiles que se desviaban al lanzarlos sobre la Gran Vía.

 

En Noviembre, la madre, 1936 está ya presente el miedo a los bombardeos de la población civil de Madrid, un miedo que va a ser casi una constante en los diecisiete cuentos de este primer libro. En este primer cuento, unos jóvenes hermanos de buena posición social conviven en la casa familiar, después de la desaparición de sus padres (posiblemente muertos en la guerra). Los hermanos pueden vivir sin trabajar en Madrid ni involucrarse en los hechos que los rodean gracias a las rentas familiares. De algún modo, parecen convencidos de que su posición social es sólida; una posición social representada por la posesión de un edificio de viviendas, que sus inquilinos siempre han tenido problemas para pagar. De modo significativo y simbólico, en la contundente escena final de este primer relato, el hermano pequeño verá con sus ojos como el edificio familiar ha desaparecido a causa de los bombardeos que sufre la ciudad.

 

En muchos casos, los protagonistas de este primer libro son burgueses atrapados en sus casas madrileñas, personas que no parecen acabar de entender qué está ocurriendo a su alrededor. En ningún caso, Zúñiga es un panfletario político; más bien es un entomólogo que observa a sus personajes como si fueran hormigas reaccionando ante la inundación de su hormiguero.

En el segundo cuento, Hotel Florida, Plaza del Callao me gusta encontrarme con un detalle de la guerra civil que sé que es real: la salida de Madrid era la carretera de Valencia, y al pasar por Rivas-Vaciamadrid los franquistas tiroteaban a los republicanos desde una posición elevada. No he comentado que gran parte de mi interés hacia este libro de Zúñiga proviene de que yo ando ahora ultimando una novela de investigación sobre la guerra civil en Madrid, y leer estos relatos me ha trasportado mentalmente de un modo muy intenso a la época.

 

En los cuentos de Zúñiga se habla (y en gran medida se homenajea) a las Brigadas Internacionales: a esas personas que vinieron a Madrid, en muchos casos de un modo romántico, para defender la República y acabaron dejando aquí su vida. En gran medida, en estos cuentos aparecen personas asustadas que no acaban de entender qué motiva a estos extranjeros que han venido a España, pudiendo estar en cualquier otra parte, que parece desde luego mejor que Madrid. Aunque también se hace un retrato humano de ellos, ya que, por ejemplo, en el cuento Aventura en Madrid se nos habla del extrañamiento de un parisino que acaba en la guerra casi de una forma azarosa, como si se tratase de una apuesta de casino.

 

El tercer cuento, Caluroso día de julio, es uno de los añadidos posteriormente. En él siento que Zúñiga ha rebajado el grado de enfrascamiento técnico y ha ido a la esencia de la historia. A raíz de esto, debería decir desde ya, que muchos cuentos de Largo noviembre de Madrid adolecen de un exceso de «trabajo técnico». Trataré de explicarme: Zúñiga acaba cifrando tanto algunos cuentos que hace que el lector sienta lejanía hacia lo contado. En un cuento de ocho o diez páginas, es frecuente que el lector no sepa que está ocurriendo durante la primera o primera página y media del relato. Un relato comenzado en media res, cuyo inicio cobra más sentido al hacer el esfuerzo de volver a leerlo una vez acabada la historia. En más de un caso, Zúñiga decide cambiar la escena sin dejar una línea de espacio entre la siguiente y posterior escena. Es decir, no añade nada al relato causarle al lector una confusión innecesaria, no es mejor escritor alguien por saltarse el convencionalismo de dejar una línea entre escenas diferentes. Esta búsqueda del relato cifrado acaba restando, en más de una ocasión, fuerza a lo narrado; ya que los personajes y la anécdota motora acaban situándose en un segundo plano respecto a la técnica. Con esto no quiero decir que Largo noviembre de Madrid, me parezca un mal libro, que no lo es en absoluto, pero me parecen mucho mejor Capital de la gloria, donde Zúñiga se siente ya en su plenitud, y lo que gana en sencillez compositiva se suma al interés por los personajes y la emoción por una historia bien narrada.

 

De este primer libro me gustaría destacar un cuento como Mastican los dientes, muerden donde se muestra muy bien el tema de las clases sociales en Madrid. También me ha gustado mucho Un ruido extraño, que acaba siendo casi un cuento de terror. «Nos miramos las manos, pero mi pensamiento fue muy lejos, corrió por todo el país, que goteaba sangre, pasó por campos y caminos, por huertas, olivares y secanos y me pareció que en todos sitios encontraba manos iguales a aquéllas, desgarradas y sangrientas en el atardecer de la guerra.», así acaba este cuento en la página 116.

 

Al finalizar Largo noviembre de Madrid decidí intercalar otro libro y una semana después retomé el volumen de Zúñiga, dispuesto a leer Capital de la gloria. Si la densidad estilística de algunos cuentos del libro anterior, me habían causado alguna duda sobre la maestría de Juan Eduardo Zúñiga en el arte del relato breve, creo que debería decir desde ya que Capital de la gloria me ha parecido uno de los mejores libros de cuentos que he leído en mi vida; y que posiblemente le pondría por encima de El corazón y otros frutos amargos de Ignacio Aldecoa y A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales como mejor libro de cuentos de los últimos cien años en España. Capital de la gloria se publicó en 2003; es decir, cuando Zúñiga tenía ya ochenta y cuatro años. Sorprende la firmeza de esta obra escrita ya a una edad tan avanzada.

 

Si bien, en gran medida, Largo noviembre de Madrid hablaba del miedo a los bombardeos durante los primeros meses de la guerra; de las calles destruidas y los refugios antiaéreos; Capital de la gloria habla de las muertes en la guerra, y de cómo estas muertas son vividas en la ciudad de Madrid. En este sentido, me ha gustado mucho Los mensajes perdidos, donde se trata de cumplir la última voluntad de un muerto y buscar al destinatario de un reloj entregado en el frente. La presencia de la muerte y el absurdo de la guerra quedan aquí reflejados de un modo magistral.

Otro cuento muy destacado es Rosa de Madrid, sobre una chica sencilla a la que le pilla la época de los amoríos en plena guerra. Rosa tratará de vencer su miedo a la muerte buscando el placer sexual, por un curioso desplazamiento psicológico. No he dicho todavía que en muchos cuentos (sobre todo en Largo noviembre de Madrid), Zúñiga refleja un deseo sexual que se exacerba con la cercanía de la muerte (todo un juego de Eros y Tánatos), y además sus cuentos muestran a muchas protagonistas femeninas fuertes.

Me ha gustado mucho también (uno de mis cuentos favoritos del conjunto) Ruinas, el trayecto: Guerda Taro, sobre un soldado que al final de la guerra, cuando ya todo está perdido, trata de cambiar de personalidad. En el Madrid de la revuelta de Segismundo Casado nuestro soldado trata de atravesar la ciudad y por el camino piensa en una fotógrafa alemana que vino a España a luchar por la República y acabó muriendo por ella. Una alemana de la que nadie recordará su sacrificio. Es este un cuento muy emocionante y bello.

 

La tierra será un paraíso tiene siete cuentos, que son de media más largos que los anteriores. El mejor me ha parecido el primero, Las ilusiones del Cerro de las Balas, que es toda una obra maestra. Como dije al principio, en este libro se habla de la posguerra, y en este primer cuento han trascurrido tres años del final de la guerra y retrata a un grupo de jóvenes que unos años antes fueron soldados republicanos. Uno de ellos trabaja en un laboratorio, en que ha llegado un médico rumano que le confiesa que busca a un compañero que vino a combatir a Madrid y que no sabe si murió o se quedó en el país. Los jóvenes tratarán de ayudarle a encontrar al médico. Todo el miedo al franquismo por parte de los vencidos queda retratado en este cuento. Además el deseo sexual exacerbado de la guerra sigue presente, pero ahora en una ciudad mucho menos proclive a poder satisfacerlo. El país se ha convertido en una gran cárcel de la que no se puede huir.

Otros cuentos hablan de los vencidos que organizan pequeñas redes de resistencia, como la de repartir panfletos, actividades peligrosas e inútiles, que pueden ayudar, tal vez, a mantener la esperanza y la dignidad de los vencidos.

 

Pese a algún titubeo inicial, por los excesos técnicos comentados, La trilogía de la guerra civil de Juan Eduardo Zúñiga me ha parecido uno de los mejores conjuntos de relatos que he leído nunca. Y considero que contiene algunas de las piezas maestras del género del relato, que se han escrito en España. Creo que a cualquiera le va a ser muy difícil encontrar cuentos mejores que Rosa de Madrid, Ruinas, el trayecto: Guerda Taro o Las ilusiones: el Cerro de las Balas.

Muy grande Zúñiga; hace unos años me crucé con él por la madrileña calle Narváez y le reconocí al instante. Qué pena, no haber leído entonces este libro y haberle podido parar en plena calle y felicitarle por él, poder decirle que, en gran parte, la guerra civil en Madrid es para mí su guerra civil.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Lectura de mi novela "Caminaré entre las ratas" por José Eduardo Tornay

CUANDO CONSIGUES LECTORES PARA TU LIBRO GRACIAS AL COMERCIO DE PROXIMIDAD

 

Sin que te apoyen los grandes medios, sabemos que es difícil que un libro pueda llegar al lector, pero en mi caso creo que estoy teniendo suerte y está funcionando el "comercio de proximidad" y "Caminaré entre las ratas" está encontrando sus lectores.




El escritor José Eduardo Tornay leyó mi libro en un tumbona, bien protegido por crema solar, y escribió esto sobre él en Facebook:

 

"Creo que no os dije que terminé de leer Caminaré entre las ratas, de David Pérez Vega. Hay que fijarse en este autor. Una novela muy recomendable -un novelón, para lectores de entretenimiento y para los muy literarios- que no disimula su homenaje al Roth de Portnoy. Después de haber leído Los insignes ha multiplicado mi interés por su narrativa anterior y estoy deseando ver publicada la próxima, cuyo proceso de documentación ya está siendo llamativo.

No tenía noticia de la editorial Carpe Noctem, a la que hay que felicitar por su acierto también."

 

Muchas gracias, José Eduardo.

 

domingo, 8 de noviembre de 2020

Entrevista sobre mi novela "Caminaré entre las ratas"

 Mi amigo Javier Sánchez, que llega el blog Libris Liberi, me hizo una entrevista hablando de mi nueva novela Caminaré entre las ratas. la dejo aquí:

-¿Quién es David Pérez Vega? ¿Cómo te definirías?

David Pérez Vega es alguien que escribe novelas, relatos y –ya más en el pasado– poesías. También es alguien que habla de literatura en internet, a través de su blog Desde la ciudad sin cines o de diversas web sobre libros; ahora también hace vídeo reseñas a través de su canal de YouTube David Pérez Vega. David Pérez Vega también es un desdoblamiento de mí mismo, puesto que en realidad me llamo David Pérez López. David Pérez López es el tipo que trabaja en un colegio, dando clases –principalmente de economía–, y tiene que pagar facturas y contestar a los teleoperadores de Jazztel. Pérez López es un tipo más serio que Pérez Vega, pero ambos se necesitan, puesto que Pérez Vega vive en el tiempo libre de Pérez López.




 

-¿Cuántos libros has publicado? ¿Podrías decir algo de cada uno de ellos?

He publicado cuatro novelas: Acantilados de Howth, sobre la crisis de los 30 y el desamor; El hombre ajeno, sobre la pasión literaria y la precariedad laboral; Los insignes, una novela disparatada y humorística sobre los sueños artísticos, en la que transformo en poeta al líder de Corea del Norte Kim Jong-un; y la última es Caminaré entre las ratas, sobre la crisis de los 40 y la penúltima crisis económica del país.

He publicado el libro de cuentos Koundara, que contiene siete historias de jóvenes sin rumbo, perdidos en la gran ciudad.

He publicado también dos poemarios: El bar de Lee y Siempre nos quedará Casablanca. Mis poemas son de línea clara y suelen tratar asuntos muy cotidianos.

 

 

-¿Cuál es tu estilo literario preferido? ¿Consideras que te ves influido por el estilo de otros autores? ¿Cuáles? ¿En qué sentido?

He disfrutado de estilos literarios muy diferentes, desde el minimalismo de Ernest Hemingway o de Raymnod Carver, o la exuberancia caribeña de Gabriel García Márquez o Alejo Carpentier. Me gustan mucho los narradores norteamericanos, y posiblemente en mi prosa trato de emular las buenas sensaciones que han dejado en mí autores como Philip Roth o Richard Ford.

 

 

-Nos centramos en tu nueva novela Caminaré entre las ratas, publicada en la editorial Carpe Noctem. Nos ha parecido que la letra del libro es pequeña, ¿qué tienes que decirnos sobre esto? ¿Y sobre la portada, qué nos puedes contar de ella?

Editar libros es caro y creo que la extensión de mi novela, unas 500 páginas en un libro con la letra más grande y el cuerpo de caja menos cargado, echó para atrás a más de un editor cuando le quise mostrar mi trabajo. El cálculo es sencillo: un libro de 150 páginas se vende a 15 €, pero uno de 500 páginas no se vende a 50 €, sino a unos 24 €. Los editores ganan menos dinero con los libros largos y son más difíciles de vender, sobre todo los de autores no consagrados. Así que un libro ambicioso, al menos en el número de páginas, es un hándicap a la hora de intentar que se publique. Esto lo sabía desde el principio, pero como artista no quiero que el mercado frene mi ambición literaria. Así que como Carpe Noctem trabaja con una caja de edición más amplia creo que no fue un problema para ellos la extensión de la obra.

En cuanto a la portada, es una obra de un amigo común David Moreno Marimbaldo, profesor de dibujo del colegio en el que los tres hemos coincidido. Esta es la tercera portada que David Moreno realiza para uno de mis libros. Ya fue el autor de la cubierta de Los insignes y de Koundara. Desde que David Moreno me ayuda con esto, el aspecto de mis libros ha mejorado mucho. Creo que el cuadro que pintó para Caminaré entre las ratas es una obra potente e impactante. Transmite muy bien el espíritu del libro; esa idea de un hombre anónimo enfrentándose a las dificultades.

 

-¿Cómo presentarías a Domingo, el protagonista de la novela? ¿Tenéis él y tú muchos rasgos en común?

Domingo tiene treinta y nueve años a finales de 2013, y su experiencia laboral parece ir en picado: empezó a trabajar al comenzar el siglo XXI y, tras la crisis económica de 2008, cada vez consigue trabajos peores. Su vida sentimental es un desastre y sus aspiraciones artísticas (quiere ser escritor) no parece que le den muchas satisfacciones tampoco. Domingo y yo compartimos edad, aspiraciones artísticas, orígenes y estudios, y es cierto que en esta novela juego un poco a la autoficción, porque quería conseguir crear un personaje que fuera muy generacional. Domingo y yo compartimos algunos rasgos, pero le pongo en muchas situaciones que yo no he vivido y tiene reacciones ante ellas que no sé si son las que tendría yo.

 

 

-¿Consideras a Domingo como prototipo de millennial?

Para contestar esta pregunta he tenido que acudir a internet y consultar qué es un millennial y cuáles son sus características, lo que ya me deja claro que es un término que no he tenido en cuenta para construir mi novela. Veo que los supuestos millenials han nacido entre 1981 y 2000, por lo que son más jóvenes que Domingo, que nació en 1974. Se supone que los millennials están muy digitalizados y en más de una ocasión Domingo despotrica contra las supuestas «nuevas tecnologías». Generación X, Millennials, Generación Z… todo suena a etiquetas creadas por el mercado para vender canciones o móviles; la literatura hay que construirla en contra de las etiquetas, desde una perspectiva individualizadora se puede entender al ser humano y desde su mirada tal vez comprender una época, o un rincón de una época. Las experiencias e incertidumbres humanas son muy similares en cualquier época y lugar del planeta, lejos de etiquetas reduccionistas. Así que no, Domingo no es en absoluto un prototipo de millenial, Domingo es un personaje que sufre y vive en contra del mercado. Imagínate lo poco millenial que es que no tiene ni un tatuaje sobre su piel.

 

-Su visión del mundo (economía, política...), ¿está condicionada por haber nacido en Móstoles en el seno de una familia trabajadora? ¿Tú crees que, en ocasiones, puede verse acomplejado por ello?

Nuestra mirada sobre el mundo siembre está condicionada por nuestra familia y entorno. Domingo ha leído a Ernest Hemingway y a Francis Scott Fitzgerald y recuerda aquella conversación entre los dos, en la que Fitzgerald le dice a Hemingway: «¿Te has dado cuenta de que los ricos son diferentes a nosotros?» y Hemingway le contesta: «Sí, tienen más dinero.» Domingo sabe que los ricos tienen más dinero, pero no más inteligencia ni valía profesional, Domingo tiene conciencia de clase y por eso no vive acomplejado. Otra cosa es que la conciencia de clase le conduzca hasta el rencor social, pero el rencor no tiene por qué ser un complejo, sino una simple constatación de que el mundo se sustenta sobre principios falsos. Por mucho que los economistas liberales nos hablen de la igualdad de oportunidades o de la existencia de un ente misterioso llamado «meritocracia». Para Domingo creer en la meritocracia es como creer en los reyes Magos. Domingo es adulto y sabe que la meritocracia son los padres.

 

 

 

-¿Hasta qué punto es importante el sexo en la vida de Domingo? ¿Por qué no es capaz de vivirlo con tranquilidad? Pensemos en su obsesión por las páginas porno, o en su relación con varias chicas, que todas ellas terminan en fracaso. ¿A qué es debido?

En la novela se polarizan los dos extremos de la vida de un ser un humano: el eros y el tánatos, la pulsión de vida y la de muerte. La primera página del primer capítulo empieza con la muerte y la última página de este primer capítulo acaba, veinticuatro horas después, con el sexo. Estos extremos son dos de los ejes constructivos del libro. A Domingo le dejó su pareja estable tres años antes del comienzo del tiempo narrativo de la novela y ésta arranca con el suicidio de su mejor amigo. Desde luego no pasa por su mejor momento, y encuentra refugio a sus angustias, en parte, visitando páginas porno en internet. El tráfico de pornografía en la red es muy alto, pero a la vez esto es un tema tabú. Casi cualquier vídeo de una web porno al azar tiene miles de visitas, pero por otro lado casi nadie confiesa ser consumidor de porno. Como mi novela pretende hablar de muchas facetas de la vida de una persona, he querido reflejar su vida pública (trabajo, amigos) y su vida privada (familia, sexualidad) sin tapujos ni condescendencias, y aquí también entraba esa intimidad tabú del porno.

 

 

-El título de la novela es Caminaré entre las ratas. Bien, ¿las ratas son una metáfora de algo, tienen algún sentido especial?

Leí Chronic City del norteamericano Jonathan Lethem y me gustó aquello que hacía allí de añadir a su trama realista elementos fantásticos. Mi novela es realista, pero contiene un elemento que no lo es: el mundo sufre una invasión repentina de ratas gigantes (de más o menos medio metro sin contar la cola). Como hablo de la crisis económica, estas ratas pueden simbolizar la pérdida de derechos en Europa, o bien pueden simbolizar también el estado de confusión de la mente de Domingo. Estas ratas pretender ser un elemento expresionista desasosegante dentro de la novela.

 

 

 

-La novela termina con un final que se resuelve, según nuestra opinión, muy deprisa. Y, además, de una forma muy positiva, teniendo en cuenta el tono normal de la narración. ¿A qué es debido? ¿Qué quiere expresar con ello?

Cuando me acercaba hacia el final de la historia, creo que había dos posibles resoluciones principales: o bien el personaje se suicidaba, perdiéndose dentro de su angustia, o bien podía disfrutar de una segunda oportunidad. Después de más de dos años conviviendo con Domingo preferí la segunda opción. No considero, sin embargo, que el final sea «muy positivo»: Domingo consigue librarse de un delito del que era víctima, pero no consigue una nueva pareja, ni un trabajo mejor (de hecho, parece que van a despedirle del que tiene) y no consigue publicar sus libros en ninguna de las editoriales que anhela. Simplemente se le plantea la oportunidad de empezar casi de cero a sus cuarenta años en otro país. Si esto es un final feliz, me parece que las últimas crisis económicas están afectando a nuestras expectativas más de lo que pensaba.

 

 

-¿Quieres añadir algo para terminar?

La verdad es que me está sorprendiendo la acogida que está teniendo la novela, pese al mal momento en el que apareció (salió de la imprenta la semana anterior al confinamiento por la COVID-19) y los buenos lectores que está encontrando, gracias a las redes sociales.

Muchas gracias por todo, Javier.


miércoles, 4 de noviembre de 2020

Philip K. Dick, mi canon personal (vídeo)

 Me he grabado hablando de cuáles son mis novelas favoritas del escritor de ciencia-ficción Philip K. Dick, del que he leído más de 20 libros. Si te apetece verlo, PINCHA AQUÍ.


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