Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Chaves Nogales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Chaves Nogales. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de septiembre de 2026

Guerra total, por Manuel Chaves Nogales

 


Guerra total, de Manuel Chaves Nogales

Editorial Renacimiento. 321 páginas. Primera edición de 1937-38


Estuve leyendo Los secretos de la defensa de Madrid (1938) de Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897 – Londres, 1944), publicado por la editorial Renacimiento, y me cambié algunos correos con Abelardo Linares, el fundador de la editorial. Esto hizo que Linares me enviara, para que pudiera leerlo y reseñarlo, el libro de relatos Guerra total, que acababa de publicar. En 2018 me impresionaron los cuentos de A sangre y fuego y me apetecía leer esta suerte de continuación que parece ser Guerra total. Cuando acepté el envío, aún no sabía que había comenzado una polémica sobre la autoría de los cuentos originales, pues la mayoría no están firmados con el nombre de Manuel Chaves Nogales. El libro cuenta con un prólogo de Ignacio Martínez de Pisón, que le recuerda al lector cómo fue el rescate que Chaves Nogales escribió durante los años de la guerra civil, a partir de los años noventa del siglo XX, y celebra la aparición de estos nuevos relatos. De las 320 páginas del libros, los diez relatos ocupan unas 160 páginas. Después de ellos podremos leer un epílogo de unas 90 páginas, en las que el editor Abelardo Linares nos explica la procedencia de los textos y por qué piensa él que son de Chaves Nogales aunque en la revista, editada en París por Chaves Nogales, entre 1937 y 1938, no aparezca su nombre en la mayoría de ellos. El libro finaliza con algunas notas sobre la procedencia de los textos y unas fotos de la revista Madrid, donde originalmente aparecieron.


Al saber de la polémica, he tratado de leer cada relato con minuciosidad, entrando en el juego y tratando de ver si el estilo me recordaba al de los cuentos de A sangre y fuego o no. De hecho, me he acabado metiendo tanto en esta polémica que, tras acabar Guerra total, he vuelto a releer los cuentos de A sangre y fuego, que tenía en la edición de Libros del Asteroide.

Creo que el exceso de alerta ha jugado incluso en mi contra, ya que al leer el primer cuento de Guerra total, que se titula El refugio, me ha parecido que no se trataba de un cuento de Chaves Nogales, ya que el estilo me parecía más melodramático de como lo recordaba y con más incidencia en el patetismo, con más profusión de epítetos, que en mostrar la brutalidad y la ambigüedad de los personajes, como recordaba que eran los cuentos de A sangre y fuego. El refugio se sitúa en Bilbao y nos habla de las víctimas civiles de un bombardeo franquista. No recordaba bien mi lectura de A sangre y fuego, ocho años antes, ya que El refugio y Hospital de sangre, primer y segundo cuento de Guerra total, los había leído ya en la edición de Libros del Asteroide; dos relatos que no estaban en la edición que popularizó Espasa en 2001, y que tampoco recogían las ediciones posteriores de Renacimiento. 

La edición que se popularizó en España, a principios del siglo XXI, de A sangre y fuego era el libro que se publicó en 1937 en la editorial Ercilla de Santiago de Chile, libro que fue encontrado y rescatado por Abelardo Linares, el editor de Renacimiento. Ediciones posteriores, han incluidos dos relatos más –El refugio y Hospital de sangre– que se publicaron en la revista cubana Bohemia. Estos relatos se publicaron ahí con el nombre de Chaves Nogales y, por tanto, son los dos relatos de Guerra total sobre los que no hay dudas sobre la autoría. Debo decir, desde ya, que son los dos peores cuentos del libro. El primero, como ya dije, es un relato en exceso sentimental sobre un padre que pierde a sus hijos en un bombardeo y el segundo, algo mejor, trata sobre una monja que ha de hacer de enfermera y atender a heridos del bando republicano. Este también transcurre, como el anterior, en Bilbao. Son dos cuentos notablemente más cortos que los de A sangre y fuego y de menor hondura y ambición. 


Me gusta más el tercer cuento, titulado El traidor, que he leído dos veces. Una primera al acercarme por primera vez al libro, y una segunda tras releer A sangre y fuego. El traidor también sitúa la acción en el País Vasco, y trata sobre un joven, Antón Zubillaga, cuyo sueño siempre fue ser piloto y, cuando empezó la guerra, se vio, sin mucho convencimiento, convertido en piloto de guerra del bando nacional. En este cuento, a diferencia de los de A sangre y fuego, que eran sobre los comienzos de la guerra civil, aparecen por primera vez los nazis (y de refilón los fascistas italianos), que son los compañeros aviadores de Antón, y este empieza a sentir que le miran con superioridad. Antón cada vez se sentirá más disconforme con los bombardeos sobre civiles hasta que, como anuncia el título, acabe traicionando a «los suyos», que en este caso serían los nacionales, o los pilotos alemanes que, en realidad, él no siente como los suyos.

El quinto cuento se titula Timidez, y tiene una estructura muy similar al tercero, El traidor. En Timidez, el joven contable Luis Hernández, tímido como anuncia el título, es arrastrado en Barcelona, por un amigo, hasta la Falange. La participación en una escaramuza violenta en Barcelona, hará que Luis tenga que trasladarse a Valladolid, donde le acogerán los falangistas locales. «La sensación, intuitiva y borrosa, de que había en la sociedad algo falso y cruel, comenzaba a cobrar para Hernández unos perfiles fijos», leemos en la página 91. Estalla la guerra y a Luis, como miembro de Falange, le va a tocar dar «paseíllos» a gente de la ciudad vinculada con la izquierda. Luis, horrorizado por los desastres de la guerra y la crueldad de los suyos, igual que ocurría en el cuento El traidor, acabará boicoteándolos, y pagándolo caro.

Existe, en el libro, un tercer cuento con la misma estructura de estos dos anteriores, sería el sexto, titulado Un excelente verdugo, cuya acción se sitúa ahora en Triana. El protagonista es Florencio, que trabaja en una fábrica de cerámica, y que nunca se ha metido en política. Sin embargo, un amigo de Falange le va a buscar para pedirle que le ayude con un problema que ha surgido en su grupo: no tienen buenos tiradores y las personas que fusilan cada noche tardan mucho en morir, lo más cristiano sería que un buen tirador como es Florencio les ayude a morir rápido. «Pues yo te digo que no puedes negarte si eres un hombre de corazón. ¿Es que prefieres que la gente siga agonizando días enteros? Hazte a la idea de que vas a hacer es una buena obra: ahorrar sufrimientos y dolores inútiles» (pág. 103). Florencio también tendrá que enfrentarse a los horrores de la guerra y, finalmente, decidirá cambiar de bando.

Estos cuentos se publicaron por primera vez en la revista Madrid, dirigida por Manuel Chaves Nogales, y editada para los españoles franceses, y que apenas duró tres meses. Estaban firmados por los siguientes escritores: El traídor por Eduardo Borrás, Timidez por Lumo Reva y Un excelente verdugo por Fernando de la Milla. Estos tres escritores, o alguno de sus seudónimos, existieron en el contexto real de los exiliados de la guerra en Francia. Linares, en su estudio posterior, trata de probar que Chaves Nogales, para que pareciera que había más colaboradores en la revista usó sus nombres y también para evitar represalias sobre sus familiares en España. De hecho, alguno de los cuentos que Chaves Nogales publicó en la revista cubana Bohemia con su nombre, aparecieron en Madrid con seudónimo, y este es uno de los argumentos que usa Linares para tratar de probar que Chaves Nogales publicada aquí ocultando su nombre. También muestra Linares, ejemplos de la escritora de Borrás, para indicar que es un autor muy inferior a Chaves Nogales. Hago aquí mi aportación: creo que El traidor, Timidez y Un excelente verdugo están escritos por la misma persona, y no por tres diferentes. Esta persona puede ser Chaves Nogales o puede ser otra, pero los tres relatos coindicen en forma, intencionalidad, estilo narrativo y tono. ¿Hay tres autores en París que se ponen de acuerdo para escribir relatos similares? Es otra hipótesis. 

En realidad, el tono y el estilo de los ocho cuentos presentados al público por primera vez es muy homogéneo y me parecería extraño que estuviesen escritor por seis personas diferentes. En la página 273 del libro están los nombres bajo los que los cuentos aparecieron en la revista por primera vez.

También es cierto que los cuentos de A sangre y fuego mostraban la brutalidad de la guerra civil en ambos bandos y que en Guerra total existe una intencionalidad política a favor del bando republicano. Cuando aparece en París la revista Madrid, ya había ocurrido (a mediados de 1937) que los periódicos del bando nacional habían usado el primer cuento de A sangre y fuego, ¡Massacre, massacre!, donde se muestra la violencia y el caos de Madrid, en contra de los republicanos y que a Chaves Nogales, pese a su compromiso con la verdad, no le debió hacer mucha gracia.


El cuarto cuento es La última lección y trata de un joven huérfano, que se ha criado en un asilo correccional y al que sus ideales le llevan a ser maestro rural en Galicia a los veintinueve años. Enfrentarse al cacique local, a cuenta de la falta de religión de sus clases, será letal para él cuando empiece la guerra.


Tragedia en la sierra de Pancorvo, el séptimo cuento, también trata de una maestra rural, y sus intenciones narrativas son muy parecidas a las de La última lección; además, en este caso, se une el tema del rechazo a los requerimientos sexuales del cacique local a los motivos que van a hacer que la vida de la maestra Pilar peligre.


Carabinero me ha parecido un buen cuento, que trata sobre las personas pertenecientes a este cuerpo que se mantuvieron leales a la República. Su final es menos trágico y más esperanzador que otros.


La Tanguera nos lleva otra vez a Sevilla y esas relaciones familiares cruzadas en un bando y otro de la guerra civil. Es este un rocambolesco relato sobre la fuga de unos presos republicanos.


Lo de Badajoz seguramente sea el cuento más tremendo del conjunto y el menos sutil. Es un cuento coral sobre las atrocidades cometidas por el bando nacional –al mando de Queipo de Llano– en la ciudad de Badajoz, con la escena escalofriante de la matanza en la plaza de toros, uno de los episodios más deleznables de la guerra civil. Quizás este cuento, en su deseo crudo de mostrar la barbarie, sea de una factura inferior a los otros.


Después de los cuentos, nos podremos acercar a las noventa páginas en las que Abelardo Linares nos habla de su actividad detectivesca para hallar estos relatos y sus pesquisas borgianas para tratar de demostrar que son cuentos de Manuel Chaves Nogales, aunque no los firmara con su nombre. A mí me parece poco verosímil pensar que son cuentos escritos por seis personas diferentes, porque su estilo narrativo, su tono, su intencionalidad y su calidad literaria es bastante pareja. Los cuentos de A sangre y fuego, escritos con más nervio, más ambigüedad y más tensión narrativa, me parecen mejores que los de Guerra total,  pero estos últimos no me parecen nada desdeñables. Me resulta totalmente creíble que los ha escrito una sola persona, y en este caso tampoco me parece nada disparatada la hipótesis de Abelardo Linares de que los ha escrito Manuel Chaves Nogales. En cualquier caso, seguir la polémica sobre el caso me está resultado bastante interesante; es como si aún quedaran personas a las que les interesa la literatura.


domingo, 2 de agosto de 2026

Los secretos de la defensa de Madrid, por Manuel Chaves Nogales


Los secretos de la defensa de Madrid,
de Manuel Chaves Nogales

Editorial Renacimiento. 233 páginas. Primera edición de 1938, esta es de 2017

Dibujos de Jesús Helguera y prólogo de Antonio Muñoz Molina

 

De Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897 – Londres, 1944) había leído, hasta ahora, el volumen de cuentos A sangre y fuego (1937, Santiago de Chile), donde hablaba de la violencia de la guerra civil, perpetrada por ambos bandos. Fue un libro que me gustó mucho y, desde entonces, he tenido ganas de volver a él. Hace unos años, encontré en una librería de segunda mano del barrio de Pueblo Nuevo una edición prácticamente nueva de Los secretos de la defensa de Madrid, publicada por la editorial Renacimiento de Sevilla, en 2017. Con mi desbarajuste de lecturas habitual, en el que priorizo los libros que pido a editoriales sobre los que compro yo, se me había ido quedando sin leer, hasta este mayo de 2026, en el que me apeteció hacer un alto en el libro Novelas cortas de Iván Turguénev, y me puse con este libro de Chaves Nogales.

 

El libro cuenta con un prólogo de Antonio Muñoz Molina. En él, se nos dice que Los secretos de la defensa de Madrid se escribió en 1938, con cierta distancia de los hechos narrados (el primer intento de los militares rebeldes de tomar Madrid en noviembre de 1936), pero que parece una crónica escrita a toda velocidad, de forma inmediatamente posterior a los sucesos que narra. Esta primera apreciación de Muñoz Molina me ha parecido totalmente cierta. La sensación que he tenido como lector era la de estar leyendo una crónica periodística de la época, escrita de forma fulgurante y muy apegada a los acontecimientos. Originalmente este libro se publicó por entregas en la revista mexicana Sucesos para todos en 1938, con los dibujos del mexicano Jesús Helguera, que aparecen en esta edición.

Después del prólogo de Antonio Muñoz Molina hay una «nota del editor» en la que se le informa al lector de que esta edición de 2017 es algo diferente de la que ya existía de 2011, principalmente porque en 2011 no pudieron conseguir de la revista mexicana Sucesos para todos el capítulo X y se tuvo que retraducir al español de una traducción al inglés. Además, en 2017 pudieron utilizar una edición en rústica completa y disponer así de todo el material gráfico. Además aquí se han añadido dos trabajos finales de Chaves Nogales, publicados en la revista mexicana Hoy el 18 en 1939.

 

Los acontecimientos que narra Chaves Nogales en este libro son los mismos de los que se ocupa el libro de cuentos Largo noviembre de Madrid (1980) de Juan Eduardo Zúñiga, cuando se organizó la defensa de Madrid, por parte de la república, contra las fuerzas franquistas que deseaban conquistarla. Zúñiga centraba su atención sobre todo en la gente de las calles de Madrid, atemorizada por los bombardeos franquistas sobre la capital. También leí sobre estos hechos en el libro de historia La guerra civil española de Paul Preston. Aunque en el libro de Preston, esta defensa de Madrid no ocupaba tantas páginas, ni era contada con tanto detalle como lo hace Chaves Nogales en Los secretos de la defensa de Madrid.

 

En gran medida, la crónica de Chaves Nogales es una reivindicación de la figura de José Miaja, que fue el general que, fiel a la República, se quedó en Madrid organizando su defensa, mientras el gobierno huía hacia Valencia. En noviembre de 1936, Miaja es un militar, con una carrera poco destacada, que ya tiene cincuenta y ocho años, pero con unas convenciones firmes sobre sus funciones en la guerra, en un contexto que, como vamos a ver, le era bastante desfavorable. En cambio, dentro del bando republicano, Chaves Nogales va a tener una mirada negativa sobre Francisco Largo Caballero, el presidente del gobierno en ese momento. «Largo Caballero ha recorrido los frentes de la Sierra disfrazado de caudillo tropical, cubierto con un inverosímil sombrero de alas anchas y armado con un rifle». (pág. 18) De hecho, Chaves Nogales va a documentar la tensión entre Miaja y Largo Caballero, ya que este último pensaba, desde Valencia, que quizás Miaja tuviera el deseo de convertirse en la cabeza de la República, quitándole el puesto, y esto hará que Largo Caballero, por ejemplo, no le envíe armas en momentos complicados de la contienda, y Miaja vaya a la retaguardia a apropiarse de ellas por la fuerza, lo que dificultará aún más las relaciones entre ambos líderes.

Aunque la figura de Francisco Franco, aparece de un modo difuminado y lejano en este libro, Chaves Nogales también le lanza alguno de sus dardos: «Si Franco hubiese sido efectivamente un gran capitán sus tropas hubieran entrado aquella mañana en Madrid. Le faltó la intuición genial, la resolución fulminante, la videncia típica del caudillo». (pág. 32)

 

Otro problema con el que se va a enfrentar Miaja es que el pueblo de Madrid desconfía de los militares fieles a la República, porque piensa que pueden ser traidores, y se fían mucho más de los líderes populares, salidos de los sindicatos, muchos de los cuales tienen buena voluntad, pero no formación militar. De este modo, es difícil para Miaja organizar una defensa sólida de la ciudad, ya que los sindicatos y asociaciones obreras funcionan, en gran medida, de un modo independiente, y pronto, además empezarían las tensiones entre los comunistas y los anarquistas. «Otros, son hombres de acción de los partidos revolucionarios, bárbaros caudillos del pueblo, guerrilleros típicamente españoles, dignos descendientes del Empecinado, hombres jóvenes, fuertes, temerarios; pero incapaces de sostener la lucha contra un ejército moderno y bien equipado con tanques y aviación”. (pág. 33).

La mano derecha de Miaja va a ser el teniente coronel Vicente Rojo, al que Miaja nombra jefe del Estado Mayor del ejército que defiende Madrid. En menos de seis horas desde que se marchó el gobierno, Miaja ha rehecho un aparato defensivo para Madrid.

En las páginas del libro se homenajea a algunas personas anónimas del pueblo de Madrid que actuaron de una forma heroica, como a la costurera Teresa, que sale a la puerta de su casa a arengar a los milicianos y morirá de un balazo, o Antonio Coll, un marinero que se atreve a ponerse delante de un tanque franquista, con un cinturón de bombas, que le arroja, y logrará reventar uno, aunque perecerá al tratar de repetir su hazaña.

También hay ciudadanos que no participan en la defensa de Madrid, y algunos de ellos, al salir del metro, son obligados a ir a cavar zanjas para hacer trincheras. «Treinta y seis mil hombres ha costado a Madrid su resistencia este primer mes», leeremos en la página 133. Entre otras cosas, los primeros días Madrid pudo salvarse de su caída, porque llegaron a la ciudad unos 3.500 soldados de las Brigadas Internacionales, sobre todo comunistas alemanes e italianos, que habían combatido en la Primera Guerra Mundial y tenían experiencia en la guerra de trincheras.

Cuando escribí mi novela de no ficción sobre la guerra civil, en la que investigaba sobre un caso de asesinato en el que se vio envuelto un familiar mío, contacté con historiadores aficionados de la guerra civil y uno de ellos me contó una historia que recoge también aquí Chaves Nogales: las fuerzas españolas capturan un tanque, en el que un militar muerto tiene un documento con la estrategia para tomar Madrid, y al poder diseñar una contraestrategia, en función de esta información, se pudo contener el ataque.

 

Uno de los escenarios de la guerra en Madrid va a ser la Ciudad Universitaria, muchos de cuyos edificios se habían levantado hacía poco, y allí tenían que aguantar los soldados republicanos casi sin medios, envueltos en periódicos para soportar el frío de las noches.

En las páginas 132-33 leemos: «Con más sosiego ya, Miaja, asistido por la Junta de Defensa, se dedica a organizar la vida de esta ciudad de un millón de habitantes que están bajo el fuego continuo de las baterías enemigas. Crea un consejo ordenador de los servicios de vigilancia, centraliza los abastecimientos en los que había antes una rapiña indecorosa, persigue implacablemente a los asesinos que actuaban a favor de la impunidad revolucionaria y poco a poco va creando una normalidad y un orden en medio del caos de la guerra y la revolución». Chaves Nogales está en contra de los asesinatos de civiles que se cometieron en el lado republicano y honra a Miaja al hablar de su preocupación por este tema. «¡Hay que acabar con los asesinos! Esa fue la obsesión de Miaja desde el primer día», leemos en la página 141. Muchos de estos asesinatos provenían de agentes descontrolados que se movían por la venganza personal y el deseo de robar joyas y dinero de las víctimas. Miaja tendrá también que mediar con líderes anarquistas como Cipriano Mera que, ante un revés en el frente, cree que sus hombres han sido traicionados por los militares republicanos, y también tendrá que lidiar en las tensiones entre comunistas y anarquistas, cada vez más tensas por el control de los escasos víveres que llegan a Madrid por la carretera de Valencia.

 

Algo llamativo es que, dentro del dramatismo y la tensión de todo lo contado, Chaves Nogales encuentra ocasión para narrar algunos sucesos con humor, un humor que se desprende del pueblo de Madrid, capaz de enfrentarse a la tragedia desde la broma. Me he reído con una historia sobre unos soldados franquistas apresados, que al encarcelarlos piensan (debido a la propaganda fascista) que se encuentran entre bestias, que no van a dudar en matarlos de inmediato. Además de que piensan que los soldados de Madrid son todos rusos, entre otras cosas porque los madrileños han jugado a confundirlos con esto, cantando en las trincheras coplillas con un lenguaje inventado, que imitaba al idioma ruso, y prisioneros y carceleros acaban todos riendo al descubrirse el engaño. La escena y el capítulo, sin embargo, acaban con un soldado franquista que empieza a suplicar que le dejen libre para visitar su casa familiar, donde vive su madre, porque ha estado durante semanas bombardeando Madrid y teme haber sido el causante de su muerte. Absurdo, humor y drama se hilan en un revoltijo muy ibérico.

 

Antes de llegar al apéndice, el libro termina con un alegato final en contra de la guerra, usando la metáfora de los combates precisamente en la Ciudad Universitaria, un centro que debería haber sido de saber: «Esa mala levadura que hay en el comunismo y en el fascismo, así como en la barbarie anarquista o autárquica y en el internacionalismo revolucionario o el nacionalismo reaccionario, fue la que hizo morir y matar a aquellos millares de bárbaros que se acometieron como fieras rabiosas precisamente en el terreno que España había destinado a los más soberbios templos de la cultura que se habían erigido en Europa. No por demasiado fácil es desdeñable el simbolismo de que fuese allí precisamente, en la Ciudad Universitaria, donde el destino quiso que se afrontasen las dos modernas concreciones de la humana bestialidad». En cualquier caso, no se puede hablar de equidistancia en Chaves Nogales, porque se muestra de forma clara en contra del golpe de estado franquista.

 

Me ha gustado mucho Los secretos de la defensa de Madrid. Chaves Nogales escribe con un grandísimo sentido del ritmo, y lo narrado siempre tiene interés. Los detalles de los que nutre su crónica son muy vivos. He pensado en algún momento que estaba novelando y que se inventaba algunas partes, o las suponía, como los sentimientos de Miaja, pero, por lo que leo en internet, se entrevistó con testigos y se documentó bastante para escribir este libro.

Me han gustado menos los textos del apéndice, titulados Los días de agonía del gobierno del Dr. Negrín y Cómo cayó Madrid: horas de angustia, que no formaban parte de la crónica de Madrid y me han parecido algo innecesarios. En cualquier caso, ha regresado a mí el mismo sentimiento con el que acabé de leer A sangre y fuego: debo leer más libros de Manuel Chaves Nogales, porque es un grandísimo escritor.

 

 

domingo, 25 de noviembre de 2018

A sangre y fuego, por Manuel Chaves Nogales.


Editorial Libros de Asteroide. 311 páginas. 1ª edición de 1937; ésta es de 2015.
Introducción de María Isabel Cintas.

Desde que, hace unos meses, empecé a interesarse por la Guerra Civil española, sabía que uno de los libros que tenía que leer era A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1944), libro del que llevaba años oyendo hablar. Por algún motivo que me resulta extraño, durante una temporada busqué libros publicados en España durante el franquismo; quería saber cómo y qué se escribía durante el tiempo de la dictadura y también leí bastantes libros sobre la Segunda Guerra Mundial, pero no me había acercado a la narrativa o al estudio de la Guerra Civil española.

Vi en internet que la editorial Libros del Asteroide llevaba unos años publicando este libro con dos nuevos cuentos que, hasta hace unos años, se habían quedado fuera del volumen, y se lo solicité a la editorial, que amablemente me lo envió a casa para que lo leyera y escribiera una reseña sobre él.

Cuando estalló la Guerra Civil, Chaves Nogales era periodista en Madrid. A partir de junio de 1936, el periódico para el que trabajaba pasó a estar bajo control de un consejo obrero. «Cuando el gobierno de la República abandonó su puesto y se marchó a Valencia, abandoné el mío», podemos leer en el prólogo del libro, que Chaves Nogales escribió en 1937, instalado ya en un hotel de los arrabales de París.
«De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros», leemos también en este prólogo, en el que se declara «pequeñoburgués liberal» en su primera frase.

En 1936 Chaves Nogales siente que no encaja en ninguno de los dos bandos que van a luchar en España y, tras su compromiso en el periódico de «defender la causa del pueblo contra el fascismo y los militares sublevados», decide salir de España. «En mi decisión pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes» (pág. 6).

En Francia, Chaves Nogales acabará de escribir los relatos sobre la guerra (él los llama «novelas cortas») que empezó en Madrid y tratará de venderlos a periódicos. Algunos se traducen al inglés y aparecen en Gran Bretaña y Nueva Zelanda; otros se publican en revistas de Hispanoamérica. A sangre y fuego es publicado en forma de libro por primera vez en 1937, en la editorial Ercilla de Chile.
Debido a su posición política crítica, durante el franquismo nadie reclama a Chaves Nogales, lo que tampoco ocurre al llegar la democracia. Será a partir de la década de 1990 cuando su obra empiece a ser rescatada y valorada gracias a la labor de la Junta de Andalucía. En la actualidad, Libros del Asteroide está publicando sus libros poco a poco.

La edición original de A sangre y fuego constaba de nueve relatos, de unas treinta páginas cada uno. Libros del Asteroide publica ahora una nueva edición con dos nuevos relatos que María Isabel Cintas (editora de Chaves Nogales) ha encontrado en una revista mexicana y en otra cubana.

¡Massacre, massacre! es el primer relato, y en él se presenta un dilema moral: dentro de una célula revolucionaria de Madrid, ¿estará dispuesto un comunista a dejarse chantajear por un anarquista para salvar a su padre, o se antepondrán los ideales y la lucha por el poder a los lazos de familia? El mensaje es claro: en la España bárbara de 1936 la lucha por el poder y el prestigio político están por encima de cualquier otra consideración.
Al leer este relato de 1937 he sentido, en un primer momento, que el autor juzgaba a los personajes en vez de dejarlos actuar ante el lector. «Aquellos diez o doce hombres que formaban la Escuadrilla de la Venganza consideraban legítima la feroz represalia y se habrían maravillado si alguien se hubiera atrevido a sostener que lo que ellos consideraban naturalísimo era una monstruosidad criminal. Al cabo de cuatro meses de lucha la psicosis de la guerra producía frecuentemente tales aberraciones. La vida humana había perdido en absoluto su valor», leemos en la página 20; y me pregunto si esta aclaración era necesaria, si el propio peso de lo narrado no bastaría para mostrarle al lector esta realidad. También me ha parecido que, en algún momento, Chaves Nogales sucumbía al epíteto innecesario. Y hasta aquí los posibles «peros», la corta lista de mis titubeos iniciales ante lo leído, porque lo cierto es que pronto me he dejado atrapar por la potencia brutal de estos relatos, por su ritmo feroz y su implacable muestrario de crímenes y atrocidades. No en vano, el libro se subtitula Héroes, bestias y mártires de España y más de uno de sus personajes pasa por los tres estados.

El segundo cuento, La gesta de los caballistas, deja las calles de Madrid por el campo sevillano de los señoritos y los campesinos. Ahora los protagonistas serán del bando franquista. El relato es muy visual, muy plástico. De nuevo aquí, como en el primer relato, se produce un dilema moral: ¿están dispuestos los revolucionarios a dinamitar un edificio en el que se han refugiado los fascistas aunque tengan de rehenes a sus mujeres e hijos? Los pobres matan y mueren absurdamente, sólo los señoritos se salvan, parece decirnos Chaves Nogales.

Y a lo lejos, una lucecita quizás es mi relato favorito del libro, el que dio título a la primera edición en inglés. Un relato sobrecogedor sobre el deseo de matar justicieramente, un deseo tan feroz que al final sólo conduce a la propia muerte. El cierre del cuento es maravilloso.

La Columna de Hierro habla de un hecho histórico que no conocía y que me ha interesado mucho. «La Columna de Hierro en pocas semanas había conseguido ser el terror de Levante. Formada por ciento cincuenta o doscientos hombres que habían desertado de los frentes de Teruel y Huesca, recorría los pueblos del antiguo reino de Valencia dedicada impunemente al pillaje y a la destrucción. Con el pretexto de limpiar el país de fascistas emboscados iban aquellos hombres por pueblos y aldeas matando y saqueando a su antojo, sin que las escasas fuerzas del orden público de que disponían las autoridades pudiesen hacerles frente» (pág. 111). Esta aclaración, a diferencia de la que comentaba de la página 20, sí que me ha parecido pertinente. Posiblemente, a estas alturas estaba ya mucho más metido en el libro que al leer el primer cuento. Otro brutal relato de enfrentamientos dentro del bando republicano.

El tesoro de Briesca nos traslada a la lucha en los pueblos y tiene por protagonista a un conservador de arte cuya misión es salvar para la República aquellas obras de arte que considere valiosas y que puede encontrar en los pueblos de España. La metáfora sobre la pérdida de vidas y del patrimonio cultural es poderosa.

Los guerreros marroquíes habla de la guardia mora de Franco, y a pesar de retratar toda la fiereza y crueldad de estos soldados, el remate del cuento acaba siendo conmovedor por lo patético y lo terrible. Otro gran relato. Aquí, como en otras páginas, Chaves Nogales hace uso de la ironía: «Entretanto, el comité revolucionario había continuado su brillante discusión teórica»; queda claro que no considera esa discusión nada «brillante».

¡Viva la muerte! es uno de los relatos de composición más compleja, en el que intervienen personajes de un bando y de otro, y en que quedan claras las miradas irreconciliables de unos sobre otros, incluso cuando saben que están equivocados y es el ímpetu que marca la guerra el que acaba tomando decisiones por ellos.

Bigornia nos habla de un vigoroso obrero individualista y temerario que vive en una choza levantada en el bosque, junto a su numerosa prole. Un relato sobre proletarios y valor insensato.
En este relato he sentido con fuerza la presencia de la prosa rápida y elástica de Pío Baroja, un autor que diría que ha sido una influencia para Chaves Nogales.

Consejo obrero refleja un interesante conflicto: una fábrica, ahora bajo el mando de un comité revolucionario, tiene que decidir si considera compañeros o fascistas a unos obreros que no se significaron en las huelgas y no estaban sindicados. «El trabajo lo daban antes como una limosna los patrones; ahora lo dan como un premio los sindicatos» (pág. 259). Dice el trabajado juzgado: «¡Ya sois los amos! ¡Ya mandáis! No os pido más sino que me dejéis vivir y trabajar como me dejaba el patrón. No os discuto la victoria, no os reclamo una parte. Yo no era de los vuestros, no estaba en vuestro sindicato, pero tengo derecho a la vida y al trabajo. ¡No vais a ser peores que los burgueses!» (pág. 259). Sobre este trabajador reflexiona un miembro del comité revolucionario: «A pesar de todo, era indiscutiblemente un obrero, un proletario ciento por ciento; ni un “cuchillo para los trabajadores” ni un “lacayo para la burguesía”. ¿Tenían derecho a condenarle quienes en nombre del proletariado hacían la revolución y administraban la justicia revolucionaria?» (pág. 278).
Quizás en el final de este cuento (que cerraba originalmente el libro) es donde Chaves Nogales deja ver de forma más clara su pensamiento: «Y murió batiéndose heroicamente por una causa que no era la suya. Su causa, la de la libertad, no había en España quien la defendiese» (pág. 284).

Los dos últimos cuentos, añadidos a la edición actual, y titulados El refugio y Hospital de sangre, son más cortos que los anteriores, y diría que menos logrados. Es interesante que se rescaten y que aparezcan aquí porque hablan de la guerra en el País Vasco, un tema que no trataba ninguno de los anteriores, pero sus planteamientos son menos elaborados que los cuentos de la edición original e imagino que por esto Chaves Nogales decidió no incluirlos en aquel primer libro que se publicó en Chile en 1937.

En una nota, situada entre el prólogo y el primer cuento, el autor afirma que estos relatos «no son obra e imaginación y pura fantasía. Cada uno de sus episodios ha sido extraído fielmente de un hecho rigurosamente verídico». Es cierto que se aprecia un deseo frenético de contar, de hacer ver a algún otro lo que el escritor ha visto –o le han hecho saber– que está pasando en su país, y existe aquí una premisa de inmediatez. Posiblemente si A sangre y fuego se hubiese escrito años después de la guerra, desde una perspectiva más sosegada, el resultado habría sido distinto. A Chaves Nogales le queman las historias que han viajado con él hasta Francia y las escribe a quemarropa y sin concesiones ideológicas o de otro tipo, con el empeño notarial de su fe en el periodismo y el testimonio.
Sus páginas, de prosa rápida y de imágenes plásticas, me han recordado a las de Cartucho, en las que Nellie Campobello relataba los días de la revolución de Pancho Villa en México. He leído algún artículo en internet que relacionaba A sangre y fuego con Caballería roja de Isaac Babel, donde se habla de la Revolución rusa. Leí Caballería roja hace ya muchos años y me cuesta recordarlo lo suficiente como para relacionarlo con este libro, pero sí que recuerdo sus escenas de violencia y crueldad.

A sangre y fuego es un gran libro de cuentos, demoledor y apabullante. Un libro sin más concesiones que las de dejar testimonio de una época. Al margen de eslóganes y grandilocuencias, nos muestra, de forma contundente y plástica, los verdaderos desastres de una guerra, aquellos que convierten a las personas en héroes, bestias y finalmente en mártires. Cuando comenté en Facebook que estaba leyendo este libro, el gran crítico argentino Elvio E. Gandolfo apuntó en mi muro: «Uno de los grandes libros de la narrativa española del siglo XX». Estoy de acuerdo con él.