Guerra total, de Manuel Chaves Nogales
Editorial Renacimiento. 321 páginas. Primera edición de 1937-38
Estuve leyendo Los secretos de la defensa de Madrid (1938) de Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897 – Londres, 1944), publicado por la editorial Renacimiento, y me cambié algunos correos con Abelardo Linares, el fundador de la editorial. Esto hizo que Linares me enviara, para que pudiera leerlo y reseñarlo, el libro de relatos Guerra total, que acababa de publicar. En 2018 me impresionaron los cuentos de A sangre y fuego y me apetecía leer esta suerte de continuación que parece ser Guerra total. Cuando acepté el envío, aún no sabía que había comenzado una polémica sobre la autoría de los cuentos originales, pues la mayoría no están firmados con el nombre de Manuel Chaves Nogales. El libro cuenta con un prólogo de Ignacio Martínez de Pisón, que le recuerda al lector cómo fue el rescate que Chaves Nogales escribió durante los años de la guerra civil, a partir de los años noventa del siglo XX, y celebra la aparición de estos nuevos relatos. De las 320 páginas del libros, los diez relatos ocupan unas 160 páginas. Después de ellos podremos leer un epílogo de unas 90 páginas, en las que el editor Abelardo Linares nos explica la procedencia de los textos y por qué piensa él que son de Chaves Nogales aunque en la revista, editada en París por Chaves Nogales, entre 1937 y 1938, no aparezca su nombre en la mayoría de ellos. El libro finaliza con algunas notas sobre la procedencia de los textos y unas fotos de la revista Madrid, donde originalmente aparecieron.
Al saber de la polémica, he tratado de leer cada relato con minuciosidad, entrando en el juego y tratando de ver si el estilo me recordaba al de los cuentos de A sangre y fuego o no. De hecho, me he acabado metiendo tanto en esta polémica que, tras acabar Guerra total, he vuelto a releer los cuentos de A sangre y fuego, que tenía en la edición de Libros del Asteroide.
Creo que el exceso de alerta ha jugado incluso en mi contra, ya que al leer el primer cuento de Guerra total, que se titula El refugio, me ha parecido que no se trataba de un cuento de Chaves Nogales, ya que el estilo me parecía más melodramático de como lo recordaba y con más incidencia en el patetismo, con más profusión de epítetos, que en mostrar la brutalidad y la ambigüedad de los personajes, como recordaba que eran los cuentos de A sangre y fuego. El refugio se sitúa en Bilbao y nos habla de las víctimas civiles de un bombardeo franquista. No recordaba bien mi lectura de A sangre y fuego, ocho años antes, ya que El refugio y Hospital de sangre, primer y segundo cuento de Guerra total, los había leído ya en la edición de Libros del Asteroide; dos relatos que no estaban en la edición que popularizó Espasa en 2001, y que tampoco recogían las ediciones posteriores de Renacimiento.
La edición que se popularizó en España, a principios del siglo XXI, de A sangre y fuego era el libro que se publicó en 1937 en la editorial Ercilla de Santiago de Chile, libro que fue encontrado y rescatado por Abelardo Linares, el editor de Renacimiento. Ediciones posteriores, han incluidos dos relatos más –El refugio y Hospital de sangre– que se publicaron en la revista cubana Bohemia. Estos relatos se publicaron ahí con el nombre de Chaves Nogales y, por tanto, son los dos relatos de Guerra total sobre los que no hay dudas sobre la autoría. Debo decir, desde ya, que son los dos peores cuentos del libro. El primero, como ya dije, es un relato en exceso sentimental sobre un padre que pierde a sus hijos en un bombardeo y el segundo, algo mejor, trata sobre una monja que ha de hacer de enfermera y atender a heridos del bando republicano. Este también transcurre, como el anterior, en Bilbao. Son dos cuentos notablemente más cortos que los de A sangre y fuego y de menor hondura y ambición.
Me gusta más el tercer cuento, titulado El traidor, que he leído dos veces. Una primera al acercarme por primera vez al libro, y una segunda tras releer A sangre y fuego. El traidor también sitúa la acción en el País Vasco, y trata sobre un joven, Antón Zubillaga, cuyo sueño siempre fue ser piloto y, cuando empezó la guerra, se vio, sin mucho convencimiento, convertido en piloto de guerra del bando nacional. En este cuento, a diferencia de los de A sangre y fuego, que eran sobre los comienzos de la guerra civil, aparecen por primera vez los nazis (y de refilón los fascistas italianos), que son los compañeros aviadores de Antón, y este empieza a sentir que le miran con superioridad. Antón cada vez se sentirá más disconforme con los bombardeos sobre civiles hasta que, como anuncia el título, acabe traicionando a «los suyos», que en este caso serían los nacionales, o los pilotos alemanes que, en realidad, él no siente como los suyos.
El quinto cuento se titula Timidez, y tiene una estructura muy similar al tercero, El traidor. En Timidez, el joven contable Luis Hernández, tímido como anuncia el título, es arrastrado en Barcelona, por un amigo, hasta la Falange. La participación en una escaramuza violenta en Barcelona, hará que Luis tenga que trasladarse a Valladolid, donde le acogerán los falangistas locales. «La sensación, intuitiva y borrosa, de que había en la sociedad algo falso y cruel, comenzaba a cobrar para Hernández unos perfiles fijos», leemos en la página 91. Estalla la guerra y a Luis, como miembro de Falange, le va a tocar dar «paseíllos» a gente de la ciudad vinculada con la izquierda. Luis, horrorizado por los desastres de la guerra y la crueldad de los suyos, igual que ocurría en el cuento El traidor, acabará boicoteándolos, y pagándolo caro.
Existe, en el libro, un tercer cuento con la misma estructura de estos dos anteriores, sería el sexto, titulado Un excelente verdugo, cuya acción se sitúa ahora en Triana. El protagonista es Florencio, que trabaja en una fábrica de cerámica, y que nunca se ha metido en política. Sin embargo, un amigo de Falange le va a buscar para pedirle que le ayude con un problema que ha surgido en su grupo: no tienen buenos tiradores y las personas que fusilan cada noche tardan mucho en morir, lo más cristiano sería que un buen tirador como es Florencio les ayude a morir rápido. «Pues yo te digo que no puedes negarte si eres un hombre de corazón. ¿Es que prefieres que la gente siga agonizando días enteros? Hazte a la idea de que vas a hacer es una buena obra: ahorrar sufrimientos y dolores inútiles» (pág. 103). Florencio también tendrá que enfrentarse a los horrores de la guerra y, finalmente, decidirá cambiar de bando.
Estos cuentos se publicaron por primera vez en la revista Madrid, dirigida por Manuel Chaves Nogales, y editada para los españoles franceses, y que apenas duró tres meses. Estaban firmados por los siguientes escritores: El traídor por Eduardo Borrás, Timidez por Lumo Reva y Un excelente verdugo por Fernando de la Milla. Estos tres escritores, o alguno de sus seudónimos, existieron en el contexto real de los exiliados de la guerra en Francia. Linares, en su estudio posterior, trata de probar que Chaves Nogales, para que pareciera que había más colaboradores en la revista usó sus nombres y también para evitar represalias sobre sus familiares en España. De hecho, alguno de los cuentos que Chaves Nogales publicó en la revista cubana Bohemia con su nombre, aparecieron en Madrid con seudónimo, y este es uno de los argumentos que usa Linares para tratar de probar que Chaves Nogales publicada aquí ocultando su nombre. También muestra Linares, ejemplos de la escritora de Borrás, para indicar que es un autor muy inferior a Chaves Nogales. Hago aquí mi aportación: creo que El traidor, Timidez y Un excelente verdugo están escritos por la misma persona, y no por tres diferentes. Esta persona puede ser Chaves Nogales o puede ser otra, pero los tres relatos coindicen en forma, intencionalidad, estilo narrativo y tono. ¿Hay tres autores en París que se ponen de acuerdo para escribir relatos similares? Es otra hipótesis.
En realidad, el tono y el estilo de los ocho cuentos presentados al público por primera vez es muy homogéneo y me parecería extraño que estuviesen escritor por seis personas diferentes. En la página 273 del libro están los nombres bajo los que los cuentos aparecieron en la revista por primera vez.
También es cierto que los cuentos de A sangre y fuego mostraban la brutalidad de la guerra civil en ambos bandos y que en Guerra total existe una intencionalidad política a favor del bando republicano. Cuando aparece en París la revista Madrid, ya había ocurrido (a mediados de 1937) que los periódicos del bando nacional habían usado el primer cuento de A sangre y fuego, ¡Massacre, massacre!, donde se muestra la violencia y el caos de Madrid, en contra de los republicanos y que a Chaves Nogales, pese a su compromiso con la verdad, no le debió hacer mucha gracia.
El cuarto cuento es La última lección y trata de un joven huérfano, que se ha criado en un asilo correccional y al que sus ideales le llevan a ser maestro rural en Galicia a los veintinueve años. Enfrentarse al cacique local, a cuenta de la falta de religión de sus clases, será letal para él cuando empiece la guerra.
Tragedia en la sierra de Pancorvo, el séptimo cuento, también trata de una maestra rural, y sus intenciones narrativas son muy parecidas a las de La última lección; además, en este caso, se une el tema del rechazo a los requerimientos sexuales del cacique local a los motivos que van a hacer que la vida de la maestra Pilar peligre.
Carabinero me ha parecido un buen cuento, que trata sobre las personas pertenecientes a este cuerpo que se mantuvieron leales a la República. Su final es menos trágico y más esperanzador que otros.
La Tanguera nos lleva otra vez a Sevilla y esas relaciones familiares cruzadas en un bando y otro de la guerra civil. Es este un rocambolesco relato sobre la fuga de unos presos republicanos.
Lo de Badajoz seguramente sea el cuento más tremendo del conjunto y el menos sutil. Es un cuento coral sobre las atrocidades cometidas por el bando nacional –al mando de Queipo de Llano– en la ciudad de Badajoz, con la escena escalofriante de la matanza en la plaza de toros, uno de los episodios más deleznables de la guerra civil. Quizás este cuento, en su deseo crudo de mostrar la barbarie, sea de una factura inferior a los otros.
Después de los cuentos, nos podremos acercar a las noventa páginas en las que Abelardo Linares nos habla de su actividad detectivesca para hallar estos relatos y sus pesquisas borgianas para tratar de demostrar que son cuentos de Manuel Chaves Nogales, aunque no los firmara con su nombre. A mí me parece poco verosímil pensar que son cuentos escritos por seis personas diferentes, porque su estilo narrativo, su tono, su intencionalidad y su calidad literaria es bastante pareja. Los cuentos de A sangre y fuego, escritos con más nervio, más ambigüedad y más tensión narrativa, me parecen mejores que los de Guerra total, pero estos últimos no me parecen nada desdeñables. Me resulta totalmente creíble que los ha escrito una sola persona, y en este caso tampoco me parece nada disparatada la hipótesis de Abelardo Linares de que los ha escrito Manuel Chaves Nogales. En cualquier caso, seguir la polémica sobre el caso me está resultado bastante interesante; es como si aún quedaran personas a las que les interesa la literatura.
