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domingo, 25 de agosto de 2024

Trabajos, por Juan José Saer

 


Trabajos, de Juan José Saer

Editorial Seix Barral, 251 páginas. Escritura de los textos posterior al 2000; esta edición es de 2005

 

Compré Trabajos (2005) de Juan José Saer (Serodino, Argentina, 1937 – París, 2005) en una Feria del Libro de Madrid, hace ya unos diez años. Lo compré en la caseta de un librero argentino que trae (o traía, porque los últimos años ya no lo he visto en el Retiro, parque donde se celebra la feria) libros editados en Argentina y no en España. Recuerdo el precio; era barato, solo 10 euros. Era un libro editado por Seix Barral Argentina, que no se comercializaba en España. Creo que lo compré en la época en la que estaba leyendo toda la narrativa de Saer y este libro, al ser de artículos periodísticos, se me fue quedando sin leer, hasta que a finales de 2023 me propuse leer todos los libros que me faltaban de Saer y me acerqué a El limonero real (1974), que lo había comprado también hace tiempo, y le solicité a la editorial Rayo Verde su edición de El concepto de ficción. Tras acercarme a este último libro, con textos sobre literatura, escritos por Saer entre 1965 y 1996, me pareció una buena idea seguir con Trabajos que recogía también textos sobre literatura, escritos a partir del 2000. Entre medias leí la novela Memorias de Leticia Valle de Rosa Chacel.

 

Los textos de Trabajos se publicaron principalmente en tres periódicos: Folha de Sao Paulo, El País de Madrid y La Nación de Buenos Aires. Esto hace que, en general, al tener que adaptarse al espacio que le ceden estas publicaciones, los textos de Trabajos sean más cortos que los de El concepto de ficción, ya que en este compendio había textos que Saer había escrito para reflexionar sobre sus lecturas, a título personal, y no habían sido publicados previamente en ningún medio. También diría que los textos de Trabajos, en general, son de línea más clara que algunos que se encontraban en El concepto de ficción, que necesitaban de un alto grado de concentración para seguirlos de un modo adecuado. El orden de los textos de Trabajos no es cronológico.

 

Como ya hice con El concepto de ficción, voy a destacar algunas ideas que me han llamado la atención de Trabajos:

 

El posmodernismo literario vendría a anunciar la muerte de las vanguardias, pero, según Saer, también existiría un argumento unido a la difusión y la recepción de la obra con el que no está de acuerdo: el posmodernismo, a la tiranía de las vanguardias, opone la democratización de la cultura y de este modo, según él, Isabel Allende y Juan Carlos Onetti serían los dos igualmente novelistas. No sé si hay que explicar que para Saer solo Onetti es un novelista. Para Saer esta idea del posmodernismo es liberal: otorgar valor a algo si tiene valor de mercado.

 

Saer habla de la representación de la realidad en la literatura, y compara la lectura de pasajes de la Biblia con la lectura de Homero. «Poco importa la verdad de una historia; es el uso que una sociedad hace de ella lo que cuenta. Las intensas visiones bíblicas repugnan a muchas inteligencias porque quienes suelen apropiarse de ellas con los fines más diversos, las decretan obligatoriamente ciertas, no alegóricas ni simbólicas sino auténticas, afirmación que ninguna mente crítica estaría dispuesta a aceptar.» (pág. 20)

 

Saer critica la narrativa de consumo que apuesta por la épica, la linealidad, la acción, la transparencia, y también la intriga excesiva, caracteres contrastados, conflictos temáticos, cuando, en realidad, el relato moderno, sobre todo a partir de El Quijote, basa su fuera en la antiépica.

 

El Ulises de Joyce acumula en cada uno de sus capítulos varios principios de organización que se superponen y se combinan. Proust compuso En busca del tiempo perdido de un modo opuesto, primero iba a ser un artículo, luego un cuento, una novela breve, y así hasta que todo se le acabó desbordando sin control.

 

Saer habla de la breve obra de Bartolomé Hidalgo (1788 – 1822), padre de la literatura gauchesca. En sus primeros poemas imitaba la retórica neoclásica, hasta que en 1816 aparece Cielito de la independencia, donde, a través de las canciones populares, su lenguaje poético cobra vida. De aquí Saer reivindica el uso privado del lenguaje.

 

Saer habla de la inclusión o no de la Carta al padre en las obras completas de Kafka. «La Carta al padre sería un libro único sino hubieses sido escritas las Confesiones de San Agustín.» (pág. 46), los dos libros tienen una estructura idéntica.

 

Saer se pregunta si sobrevivirá la cultura argentina a la crisis del 2000. Para Saer la literatura argentina ha florecido siempre en medio de la violencia política.

Saer destaca la influencia de los autores brasileños sobre el resto de escritores latinoamericanos que escriben en español, así ensalza, por ejemplo, a Guimaraes Rosa.

 

«Los más grandes nombres de la creación novelística posteriores a Cervantes se confiesan deudores de ese texto inagotable.» (pág. 79), uno de los aportes fundamentales de Cervantes a la narrativa moderna en la moral del fracaso.

 

Saer elogia al poeta francés Francis Ponge, al que no conocía.

Saer pondera positivamente la primera traducción del Ulises, la de J. Salas Subirat.

 

Uno de los mejores artículos del libro es aquel en el que Saer pone en tela de juicio las famosas, pero cuestionables, opiniones sobre literatura de Vladimir Nabokov, las llama «las absurdas opiniones de Nabokov». En su libro sobre literatura, Nabokov afirma que piensa como un genio, pero opina Saer que nada lo justifica. Nabokov habla mal de Freud, Conrad, Eliot, Thomas Mann, Faulkner, Camus, Dostoievski…, pero no escatima su admiración hacia cualquier profesor universitario que haya hablado bien de sus libros.

 

Saer elogia El hombre sin atributos de Robert Musil, a la que considera una de las grandes novelas alemanas.

 

Saer vuelve a hablar en Trabajos, como ya hizo en El concepto de ficción, del movimiento Nouveau Roman, «el último gran movimiento literario significativo de las letras francesas» (pág. 116) y ensalza de nuevo a Robbe-Grillet.

 

Es bonito el artículo sobre Felisberto Hernández, al que considera uno de los grandes autores del siglo XX.

 

Sartre apoyó y lanzó en Francia al autor maldito Jean Genet.

Saer ensalza la novela Respiración artificial (1980) de Ricardo Piglia, que propone la historia no como objeto de representación, sino como tema. Saer no cree en los parámetros de la novela histórica: «Una novela escrita hoy en día y que transcurra en la Edad Media, es solo la proyección de un individuo actual en una fantasmagoría que él confunde con la Edad Media, y la cual sería tan inoportuno aplicarle el epíteto de “histórica” como a un baile de máscaras.» (pág. 145)

 

Es interesante el artículo sobre Robert Walser, quien, mientras estuvo internado en un sanatorio mental, escribía en trozos de papel minúsculos, y adaptaba sus escritos al espacio disponible. 526 manuscritos que necesitan de lentes de aumento para ser descifrados.

 

Saer, como ya hizo Borges, habla de Las mil y una noches y dice que al libro original se le han añadido historias que no proceden de la época en la que fue escrito, como la historia de Aladino y de Simbad el Marino.

 

Saer ensalza la figura del poeta argentino Hugo Gola.

 

Saer habla de la novela Bouvard y Pécuchet de Flaubert y dice que es precursora de la obra de Kafka.

Saer habla de la familia en la literatura, y nos recuerda, como dato curioso, que Sherlock Holmes tenía un hermano que trabajaba en el Foreign Office.

Saer recuerda al paraguayo Augusto Roa Bastos en Argentina. En Buenos Aires fue donde escribió su gran obra Yo el Supremo, cuyo rasgo principal dice que es la desmesura.

Saer habla del rechazo que sufrió, por parte de la crítica, la segunda novela de Dostoievski, El doble, después de la buena acogida que tuvo su primera novela, Las pobres gentes.

 

Es bonito el artículo en el que Saer cuenta cómo la literatura argentina entró en su vida. Los primeros versos de Martín Fierro no los leyó, sino que los escuchó en una película.

Saer vuelve a ensalzar el valor de la poesía brasileña y me llama la atención esta frase: «Vidas secas de Nelson Pereira do Santos, que a mi parecer es la obra maestra del cine latinoamericano.» (pág. 200), no conocía esta película y he sentido curiosidad por ella.

 

Saer rinde homenaje a su admirado poeta de Entre Ríos, Juan L. Ortiz, que murió en 1978. Para Saer, Ortiz es el más grande poeta argentino del siglo XX.

 

Quizás lo mejor del libro son las 45 páginas finales dedicadas a Juan Carlos Onetti. Sobre todo ensalza La vida breve, novela que, para Saer, transita entre el realismo y lo fantástico. Una novela en la que el protagonista Brausen crea la ciudad de Santa María, y sus habitantes saben que han sido creados por él, a quien levantan una estatua en una plaza, como fundador de la ciudad. Sin duda, debo al fin leer La vida breve, la obra fundamental de Onetti, que aún no he leído.

 

Los textos de Trabajos me han parecido más accesibles que los de El concepto de ficción, en general también eran más cortos. De Trabajos destaco, como ya he dicho esas 45 páginas finales sobre Onetti. Algunos otros de sus textos me han interesado menos, pero su nivel general es siempre alto.

domingo, 9 de julio de 2023

Cuentos completos, por Lorrie Moore

 

Cuentos completos, de Lorrie Moore

Editorial Seix Barral. 953 páginas. Libros de relatos publicados en 1985, 1990, 1998 y 2014. Esta edición es de 2020

Traducción de Alejandro Pareja Rodríguez, Isabel Murillo, María José Galilea Richard y Daniel Rodríguez Gascón.

 

Recuerdo cuando, hace ya más de dos décadas, los suplementos culturales elogiaron con mucho énfasis el libro Pájaros de América (1998), tercera colección de relatos de la escritora Lorrie Moore (Glens Fall, Nueva York, 1957). El libro, publicado en España por la editorial Salamandra, estaba (y sigue estando) en la biblioteca pública de Móstoles, y yo planeé leerlo durante mucho tiempo. En 2006, pasé un mes en Londres y compré allí su versión en inglés, editado por Faber and faber. Leí, con la ayuda de un diccionario, los dos primeros cuentos, y en el tercero, que, compruebo ahora, tengo subrayadas algunas frases, abandoné el proyecto, y me puse con algún otro libro en inglés. Ahora no recuerdo cuál sería, pero en ese momento me tuvo que parecer más fácil de entender.

 

Pájaros de América seguía en la biblioteca de Móstoles, pero, por una cosa u otra, lo fui dejando pasar. Cuando en 2020, la editorial Seix Barral publicó los Cuentos completos de Lorrie Moore donde, lógicamente, estaba incluido Pájaros de América, pensé que esta vez sí que tenía que leerlo. Cambié un libro que me regalaron por Reyes en El Corte Inglés de Goya por este de los cuentos, y creo que ha permanecido, aun así, dos años en mis estanterías de libros pendientes de leer.

 

Estos Cuentos completos están formados por cuatro libros: Autoayuda (1985, 9 cuentos), Como la vida misma (1990, 8 cuentos), Pájaros de América (1998, 12 cuentos) y Gracias por la compañía (2014, 8 cuentos). En total 37 narraciones; y a algunas, que sobrepasan las 50 páginas, podríamos ya considerarlas casi novelas cortas.

 

Autoayuda (1985) se abre con Cómo ser la otra mujer, que junto al último cuento Llenar, son las dos mejores piezas del libro. Cómo ser la otra mujer está narrado en la segunda persona del futuro: «Os conoceréis con gabardinas caras de color beis, una noche espesa como el caldo.», es su primera frase. Una chica joven empieza un romance con un hombre casado y habrá de aprender a ser la otra mujer, o tal vez a tomar la decisión de ser una mujer independiente y que no acepta esa situación.

El título del libro, Autoayuda, cobra ya sentido en este primer cuento, porque la mayoría de los relatos están escritos como si se tratase de un falso manual de «autoayuda», de ahí la segunda persona y el tono pedagógico. Es un recurso divertido al principio, pero que acaba agotándose y limitando las posibilidades de algunas narraciones.

 

De lo que se apoderan es un relato más tradición, con una narradora en primera persona. Aquí no existe ese juego de la voz que da consejos del falso manual de autoayuda. Es un relato correcto, sobre las madres que se casan con hombres frío; pero, teniendo en cuenta los grandísimos relatos que contiene este libro, este relato aún no está a la altura de los mejores logros de la autora.

Guía de divorcio para niños sí usa esta segunda persona de la que hablaba. Es el cuento más corto de este libro (y quizás de todos). De nuevo es correcto, sobre los dolores de un niño cuyos padres se han divorciado, pero sin más.

 

Cómo, de nuevo, usa el recurso de esa segunda persona que da consejos. Me parece un cuento más distante de la protagonista –que va a conocer a un hombre con el que tal vez no congenie– que el primero, menos conseguido que aquel.

 

Irme de esta manera está escrito en primera persona y es un relato más clásico, sobre una escritora de libros infantiles, a la que le han detectado un cáncer y está pensando en suicidarse. El planteamiento sobre los límites morales o intelectuales de esta decisión me ha parecido bien planteado. Un relato tenso.

 

En Cómo hablar a tu madre (notas), escrito en segunda persona y con escenas que avanzan hacia atrás en el tiempo, me ha parecido que Moore se deja llevar más por el juego literario que por la fuerza por contar una buena historia. Narración demasiado artificiosa para mí.

 

Amahl y los visitantes nocturnos: una guía para el temor del amor, también está escrito en segunda persona, pero aquí sí hay una historia concreta y contada desde la cercanía. El vecino y amigo gay de una mujer, le ha regalado su gato porque le da alergia. La mujer vive con un hombre y empieza a sospechar que le es infiel. Buen cuento.

 

Cómo hacerse escritora, en segunda persona, es un relato irónico, que, en más de una de sus páginas, se puede leer como si fuese autobiográfico. Con comicidad y dolor, se habla del aprendizaje lleno de fracaso e incomprensión para tratar de ser artista.

 

Llenar cierra el primer libro y, con sus más de 40 páginas, se puede leer ya casi como una novela corta. Existe una relación compositiva entre el relato que abre el libro y el que lo cierra. Autoayuda empieza con Cómo ser la otra mujer, sobre una mujer que empieza una relación con un hombre casado, y Llenar trata de una mujer casada que empieza a sospechar que su marido le engaña con otra. Dos caras de una misma moneda, dos puntos de vista diferentes de una misma historia. En Llenar ya se ha acabado la ocurrencia del libro falso de autoayuda y es una narración tensa y muy bien construida. Para mí ha sido el mejor relato de este primer libro.

 

El libro Como la vida misma (1990) empieza con el relato Dos chicos, que habla de una chica joven, que –el título no engaña– está saliendo con dos chicos a la vez. Al acercarnos a este primer cuento, el lector ya sospecha que Moore ha cogido confianza en sí misma y que va a seguir con la senda de Llenar. Dos chicos es un gran relato, lleno de detalles, que lo hacen muy vívido.

 

Vissi D´arte me ha parecido uno de los mejores relatos de este segundo libro y diría que del conjunto en general. Trata sobre un joven que ha emigrado a Nueva York para tratar de cumplir su sueño de ser dramaturgo. Sus problemas para ser puro con su arte y prosperar están planteados de un modo mucho más maduro que en el cuento del libro anterior Cómo hacerse escritora. Vissi D´arte es un cuento muy intenso y dramático, con un cierre estupendo. Me ha encantado.

 

Alegría nos traslada al Medio Oeste, el corazón de Estados Unidos, donde ha regresado una mujer que vive sola con un gato. En una parte de su composición me ha recordado al cuento Parece una tontería de Raymond Carver.

Después de leer los tres primeros cuentos de este segundo libro, empiezo a pensar que Moore ha entrada en la verdadera gran etapa creadora de su vida como escritora de relatos, porque estas tres composiciones son espectaculares.

 

Además usted es feo es el cuento más famoso de este libro, porque fue elegido para alguna antología importante en Estados Unidos. Quizás el exceso de expectativas hizo que me decepcionara un poco y que no me pareciera mejor que los anteriores, que me habían parecido muy buenos. Trata sobre una profesora que ha de relacionarse con un hombre, que no acaba de gustarle, en una fiesta de Halloween. Es un gran cuento, en cualquier caso.

 

Sitios donde buscar la cabeza trata sobre una mujer de mediana edad que recibe en su casa a un amigo inglés de su hija, que está estudiando en Inglaterra. Es un cuento original, porque hasta ahora los personajes solían ser mujeres solas en busca del amor y aquí se plantea otro tipo de trama, sobre las frustraciones y choques culturales que sufre el chico inglés en América.

 

El cazador judío transcurre en el Medio Oeste, y trata de una mujer que conoce a un hombre de origen judío, algo extraño en esa región. Es un buen cuento, pero no llega al nivel de los primeros.

Aún no he hablado del humor en los cuentos de Moore, cuando es una característica importante en la composición. Es un humor que nace de la ironía de que las cosas no sean como esperamos, un humor que nace de la desesperación. En este relato había marcado este párrafo: «El arma de Pinky disparó repentinamente hacia los árboles. El ruido inundó el bosque como una guerra e hizo caer al suelo las agujas amarillas de un alerce–. ¡Ahhhh! –gritó Odette–. ¿Qué sucede? –Recordó entonces que las armas no eran para chicas. Eran para chicos. Las habían inventado los chicos. Las habían inventado los chicos que nunca habían superado el desengaño de que su propio orgasmo no fuera acompañado por un gran y sonoro “Bum”–.» (pág. 355)

 

Otro vez muerto de hambre recrea una conversación entre dos personas en un restaurante. Una de ellas está deprimida. Creo que este es el peor cuento de este libro. Desde luego, no está al nivel de los anteriores.

 

Como la vida misma es el último cuento y es ligeramente distópico. Trata sobre una pareja que está atravesando una crisis, en un contexto de pobreza material. Es un tanto irónico sobre el capitalismo, ya que describe un mundo en el que está, por ejemplo, prohibido no tener un televisor. De nuevo, no está a la altura de los cuatro o cinco primeros cuentos de este libro, que son realmente muy buenos.

 

El tercer libro, Pájaros de América (1998), comienza con el cuento Dispuesta sobre una actriz cuya carrera no parece ir a ninguna parte y se vuelve a su Chicago natal, desde Hollywood. Allí va a conocer a un hombre que repara coches y que no se parece a los que conocía en su vida pasada, pero que, tal vez, le pueda gustar, aunque parece mirarlo con aires condescendientes. Es un buen cuento, al nivel de los mejores del libro anterior.

 

Que es más de lo que puedo decir de ciertas personas trata de un viaje que una mujer hace con su madre hasta Irlanda. En este viaje se jugará con la idea de dependencia entre ambas y con sus fuerzas y miedos. En la página 447 se habla de la relación que tiene Abby, la protagonista, con un hombre y se dice que «lo había comenzado a tratar como a una especie de mascota». Una idea parecida aparece en el primer cuento de este libro y en varios relatos más. En bastantes casos, Moore nos habla de mujeres que tratan de tener relaciones, o de cortar con ellas, con hombres que sienten que no están a su altura.

Este relato lo recordada, en gran parte, de mi primera lectura en 2006.

 

Danza en Estados Unidos habla de una mujer que se reúne, tras doce años, con un amigo que ha tenido un hijo con una enfermedad seria y degenerativa. Es un relato duro, como va a ser más de uno de aquí en adelante. Este cuento habla del fin de muchos sueños de la juventud y es bello y trágico.

 

Vida en comunidad trata de una mujer, hija de padres rumanos, emigrados a Estados Unidos, que se queda huérfana pronto. Es bibliotecaria de un pueblo del Medio Oeste y siente que no encaja allí, como tampoco encaja con la pareja que ha encontrado. Es un cuento melancólico.

 

Agnes de Iowa trata de una mujer de media edad, que trabaja en un colegio y en una actividad, en la que el colegio trae a dar una charla a un escritor negro de Sudáfrica, siente una fascinación hacia él, que podría ser amor. Me ha gustado mucho el personaje del marido. Moore lo construye con estos apuntes: «Él nunca había adquirido el aspecto de madurez anclado en el sufrimiento que bruñía la cara de tantos hombres. Su desgracia en la vida (una niñez de palizas, una madre moribunda) era como las arenas movedizas, y tenía que mantenerse completamente apartado de ellas. No se permitía ningún recuerdo infeliz en voz alta. Estaba apegado a la misma alegría amable que había ido afilando con éxito cuando era niño, la cual le hacía parecer como un necio incluso ante sí mismo. Quizá le perjudicaba un poco en su trabajo.» (pág. 516).

Este es uno de los relatos que más me ha gustado de este libro.

 

Charadas recrea la conversación de una familia en Navidad, durante una cena. Me pasa igual que con el cuento Otra vez muerto de hambre, del segundo libro, que recreaba una conversación en un restaurante, y creo que aquí baja el nivel del libro.

Considero que a Lorrie Moore se le dan mejor los relatos en los que el tiempo avanza y los personajes cambian con su paso, que estos otros que transcurren en muy poco tiempo y, a través de las conversaciones, aparecen las frustraciones de las personas.

 

En Arre, borriquito, vamos a Belén una mujer tiene que acudir al psicólogo tras la muerte de su gato. De nuevo, es Navidad, y seguramente los motivos de la tristeza de esta mujer van mucho más allá de la muerte de su gato. Está bien, sin alardes.

 

Una nota preciosa sería un relato de campus. Un profesor, que vuelve a estar soltero, se ha liado con una exalumna bastante más joven que él, pero, en realidad, quizás le guste más la mujer de un amigo.

En este relato aparece, por primera vez, una referencia a internet.

 

Después de tres cuentos en los que me ha parecido que el nivel del libro bajaba un poco, llegamos a Si es lo que te apetece, vale, que nos abre una nueva puerta narrativa, y el nivel de nuevo se va para arriba. Aquí nos encontramos con una relación homosexual entre dos hombres de media edad, que hacen turismo en coche por Estados Unidos. Uno de ellos es ciego y además es de clase social más alta que el otro. Los conflictos no tardarán en aparecer entre ellos, ya que además el hombre más humilde ha estado casado con una mujer y es padre de un adolescente.

 

La agencia inmobiliaria trata de una mujer que piensa que su marido le engaña y esto suele ocurrir en primavera. «La clave del matrimonio, concluyó, era no tomárselo como algo demasiado personal.» (pág. 630). Además, hace unos años Ruth ha contraído cáncer. Piensa que, tal vez, sus problemas se puedan solucionar comprando una nueva casa y mudándose al campo. Este relato acaba siendo humorístico, pero habla tan desde el absurdo de las vidas angustiosas que más bien provoca escalofríos. Es muy bueno.

 

Gente así es la única que hay por aquí: farfullar canónico en oncología pediátrica trata sobre una pareja que ha de afrontar el cáncer de su hijo, apenas un bebé. Es un cuento demoledor, que me revolvió por dentro. Las páginas finales son una maravilla. Es muy bueno también.

 

Una madre estupenda habla de una mujer que se casa con un hombre, sin estar muy convencida y le acompañará a Italia, para disfrutar de una beca artística. La premisa del cuento me ha parecido un tanto exagerada: la mujer mata por accidente a un bebé en las primeras páginas y no consigue olvidarse de eso en Italia. No es un mal cuento, porque este libro tiene un nivel medio muy alto, pero los anteriores son mejores.

 

Gracias por la compañía (2014) es el cuarto y último libro de cuentos. Han pasado dieciséis años desde la publicación del anterior, y si el lector hecha la vista atrás podrá comprobar que las protagonistas (casi siempre son mujeres, aunque no siempre) de estos cuentos han ido envejeciendo con la autora. En el primer libro y el segundo se nos presentaba a personas jóvenes que se estaban emparejando o eran matrimonios nuevos. En Pájaros de América ya había matrimonios de mediana edad o personas divorciadas de esta edad que buscaban pareja y en Gracias por la compañía sus personajes son de mediana edad o ya se acercan a la tercera edad.

 

Muda es un cuento muy bueno (casi una novela corta, con sus 50 páginas) sobre un divorciado, que aún no se cree que lo está, que conoce a una mujer, de la que acabará sospechando que está algo loca. Las dudas sobre si seguir con ella empezarán para él. En este libro el humor negro se vuelve más exagerado o grotesco: «Era la primera vez que se relacionaba con enfermos mentales, pero ahora estaba más convencido que nunca de que debían existir leyes internacionales que evitaran que fuesen demasiado atractivos.» (pág. 808)

 

En El enebro una mujer habla de la muerte de una amiga, y de la forma de despedirla de un grupo de mujeres. En este cuento el nivel baja. Al final leo una dedicatoria a una mujer realmente muerta y entiendo que este relato es una despedida real de la autora a una amiga, pero el lector no va a entrar bien en la propuesta.

En este tramo final de los cuentos, en cualquier caso, la muerte va a estar cada vez más presente.

 

Pérdidas de papel trata de un matrimonio en descomposición que, antes de divorciarse, va a hacer un viaje al Caribe. No es un mal cuento, pero no está a la altura de los grandes relatos de este libro.

 

Enemigos trata de un matrimonio de personas de sesenta años, que llevan seis sin hacer el amor porque él está tomando antidepresivos, y son invitados a una cena benéfica de ricos. Guarda alguna relación con las ironías de Una madre estupenda, el último cuento de Pájaros de América. Otra vez tengo la sensación de que el nivel está bajando.

 

Alas es, de nuevo, casi una novela breve, con sus 50 páginas y trata de una joven que ha sido cantante de un grupo musical, ya en decadencia, emparejada con un músico al que empieza a ver como una persona bastante inútil. El cuento trata de la relación de amistad (tal vez interesada) que esta mujer treintañera va a entablar con un anciano vecino. Junto con Muda, el primer relato, creo que es el cuento que más me ha gustado de este libro.

 

Referencial trata de una pareja con un hijo perturbado. Es un cuento dramático, pero no alcanza la maestría de Gente así es la única que hay por aquí: farfullar canónico en oncología pediátrica, el cuento sobre la pareja del bebé con cáncer.

 

Sujeto a registro trata de un encuentro entre una pareja en París. Él trabaja para el servicio de inteligencia norteamericano y está asustado porque sabe que en breve van a salir al mundo las imágenes sobre los abusos de los soldados norteamericanos en Irak. En más de un cuento, Moore habla de la situación política norteamericana, y en este cuarto libro la guerra de Irak ha sido, en más de un caso, un telón de fondo. Así era en el primer cuento, en Muda, y ese telón funcionaba como elemento amenazante u ominoso del relato, pero aquí, en Sujeto a registro, me ha parecido solo una excusa para hacer un relato político y no me ha convencido.

 

El libro se cierra con Gracias por la compañía. Aquí el acontecimiento histórico de fondo es la muerte de Michael Jackon, una mujer y su hija, van a acudir a la boda campestre de la que fue la niñera brasileña de la hija. Es un buen cuento.

 

En una entrevista leí que Lorrie Moore podía estar pensando, tomando notas y planificando un relato durante semanas, para, finalmente, escribirlo en unas horas frenéticas. Al leer esto relatos es sorprendente la cantidad de detalles que poseen, ya sean sus personajes principales o secundarios. El trabajo de orfebrería en cada uno de los cuentos es sobresaliente. Estos cuentos muestran un mundo amplio, concentrado en 20 o 30 páginas, pero no funcionan con la técnica de la «historia oculta», propia de un cuento de Raymond Carver, o tal vez sí, pero no exactamente. Los personajes tienen debilidades o frustraciones que el lector intuirá durante el relato y, normalmente, se enfrentaran a realidades que no saben exactamente cómo afrontar. En general, son relatos protagonizados por mujeres (y hombres en menor medida) desesperados y asustados.

Con algún altibajo, algo perfectamente normal en los libros de relatos, el nivel medio de estos Cuentos completos de Lorrie Moore es realmente sobresaliente.

domingo, 10 de julio de 2022

Renacimiento, por Kenzaburo Oé

 


Renacimiento, de Kenzaburo Oé

Editorial Seix Barral. 314 páginas. 1ª edición de 2000; ésta es de 2009.

Traducción de Kayoko Takagi

 

Ya conté que, después de más de veinte años, me apeteció volver en este 2022 con el japonés Kenzaburo Oé (Uchiko, 1935). Para ello leí El grito silencioso (1967), una de las novelas más significativa de su primera etapa, la que precede a la concesión del Premio Nobel en 1994, y releí Cartas a los años de nostalgia (1987). Después he seguido por Renacimiento (2000), que se corresponde con la segunda etapa creadora de Oé, después del Premio Nobel. Estas dos etapas en España se marcan con un detalle muy simple, los primeros libros están publicados por Anagrama y los segundos por Seix Barral (aunque creo que no en todos los casos).

 

El personaje principal de Renacimiento es Kogito Choko, un escritor en la primera etapa de su vejez, del que sabremos ‒en la página 74‒ que en el pasado tuvo que dar una conferencia en Estocolmo. Sin decirlo de forma explícita, el lector entiende que esta conferencia hace referencia al Premio Nobel, y que Kogito Choko es un alter ego del propio autor.

Me comentó el escritor Paco Bescós, que leyó con profusión la obra de Oé, con el fin de documentarse para su libro Las manos cerradas, que Cartas a los años de nostalgia, cuyo protagonista se llama Kenzaburo, se había leído en Occidente como si se tratase de una obra autobiográfica, y no como una obra híbrida entre la realidad y la ficción. Esto hizo que en sus siguientes libros, Oé decidiera cambiarle el nombre a su protagonista para seguir realizando autoficción. Es decir, para hablar de sí mismo, pero deformando la realidad y creando distintos planos sobre sí mismo con el mecanismo de la ficción.

La novela empieza cuando Kogito recibe la noticia de que Goro, su amigo desde la adolescencia y su cuñado, se ha suicidado saltando al vacío en un hotel de Berlín. Esto está basado en un hecho real: el cineasta Juzo Itami, cuñado de Oé, se suicidó. Tanto en la vida real como en la novela, hay sospechas de que la yakuza, la mafia japonesa, estuvo detrás de esta muerte. Kogito también nos hablará en el libro de su propia experiencia con la yakuza japonesa y la extrema derecha, de la que ha sufrido varias atentados por escribir sobre la época en la que acabó la guerra y las personas que no quisieron aceptar la rendición del país a los norteamericanos. En este sentido volverá a hablar del pueblo del que procede ‒aunque no se diga el nombre‒ en la isla de Shikoku, la cuarta más grade del Japón. En esta ocasión nos hablará de la difusa figura del padre, que en otros libros casi no aparece retratada y de la que simplemente se cuenta que murió en la Segunda Guerra Mundial, cuando el autor tenía diez años. En este libro, el padre de Kogito se convertirá en una de estas personas que no aceptan la colonización norteamericana y morirá en un atentado contra las nuevas fuerzas del orden. La narración patética de este suceso en una novela será lo que desate en su contra las iras de la ultraderecha. En Cartas a los años de nostalgia, la ultraderecha perseguía a Oé por haber ridiculizado a un joven ultra en un relato. En Renacimiento se hablará, de nuevo, de la revuelta campesina que vivió el pueblo originario de Oé en el siglo XIX, tema que se trataba también en El grito silencioso.

 

Kogito establece una relación con Goro a través del «tagane». Al principio no entendía a qué se estaba refiriendo el autor, y más tarde comprendí que el tagane era un radiocasete en el que Kogito escuchaba cintas que le había dejado su amigo, hablando de su vida en común. Tagame es, en idioma japonés, un tipo de insecto con antenas, al que al parecer se parece el radiocasete y de ahí viene su nombre. Kogito escucha por las noches estas cintas en la biblioteca de su casa, donde también duerme. Las va parando y contesta a Goro, y de este modo establece un diálogo con el más allá, que acabará asustando a su mujer Chikashi, y a su hijo Akari, que tiene problemas mentales y que es compositor de música sinfónica. Akari es un trasunto de su hijo Hiraki Oé, que aparece en muchos de sus libros. En esta ocasión, no se habla de más hijos.

En algún momento, el «tagame», ese medio de comunicación con su amigo Goro, que «había pasado al otro lado», me ha hecho pensar en un invento futurista de una novela de Philip K. Dick.

 

Kogito siente que debe desengancharse del tagame y decide aceptar ser profesor visitante en Berlín, ciudad en la que vivirá él solo cien días. Allí conocerá a algunas de las personas que trataron en sus últimos días a Goro y que le podrán dar pistas sobre su muerte.

Cuando vuelva a Tokio, Kogito recibirá el guion y el storyboard de la siguiente película que iba a realizar su cuñado, donde narra un episodio vivido entre Kogito y Goro en su juventud, cuando se conocieron en el instituto, en Matsuyana, capital de la isla de Shikoku. Kogito leerá este material y comentará su propia versión de los hechos, que tienen que ver con un intento de captación para un grupo de ultraderecha que pretendía atentar contra intereses norteamericanos. De nuevo, Kogito se comunica con su amigo, que le sigue lanzando mensajes desde el «más allá», y todas estas formas de acercarse a los temas de los que el autor nos quiere hablar me han parecido muy originales. Además, en la parte final, la narración está contada desde el punto de vista de Chikashi, la mujer de Kogito. No cabe duda de que Oé es uno de los maestros actuales de la narrativa.

 

Los juegos de autoficción siguen, y se habla de A los años de nostalgia, un libro que escribió Kogito en el pasado, y que de forma nada disimulada es Cartas a los años de nostalgia. Incluso se habla de Gii, uno de los personajes, y se vuelve sobre un episodio narrado en Cartas a los años de nostalgia en el que se hablaba de alguien que observa, a través del ventanuco de un baño, las relaciones sexuales de otros, y aquí se vuelve sobre este episodio, pero ahora son otros los personajes.

Kogito nos habla de que su amigo Goro se opuso a su boda con su hermana Chikashi, episodio que también se narra en Cartas a los años de nostalgia. E incluso de narra el final de Cartas a los años de nostalgia, que coincide con el final de A los años de nostalgia.

En Cartas a los años de nostalgia, Oé nos hablaba de Gii, un amigo de su pueblo, cinco años mayor que él, que se convertirá en su guía y maestro, alguien que le introducirá en algunos de sus autores occidentales favoritos. Y, ahora, esta figura del maestro parece desplazarse hasta Goro, que será ‒según Renacimiento‒ quien le muestre al personaje principal algunos poemas de autores como Blake o Dante, que en la otra novela le mostraba Gii. De este modo, Oé vuelve sobre el tema del maestro y el discípulo, que es uno de los motivos clásicos de la literatura japonesa, como en el famoso Kokoro (1914) de Natsume Soseki.

 

En la página 58, Chikashi, la mujer de Kogito, le dije que tenía más chispa como escritor cuando en su juventud leía novelas occidentales traducidas, que en la actualidad, cuando tras su estancia en Ciudad de México (dato real de la vida de Oé), cuando empezó a leer esos libros en su idioma original. Kogito, en un ataque de sinceridad, le contesta que «es posible que la chispa de las palabras atractivas se haya desvanecido.» y que las ventas de sus libros empezaron a bajar cuando pasó de los cuarenta y cinco años.

Quizás podría parafrasear esta conversación de la pareja para emitir mi propio juicio final sobre Renacimiento, la primera de las novelas que leo de Oé después de haber ganado el Premio Nobel. Renacimiento me parece una gran novela, una novela en la que un maestro de la narración explota multitud de recursos para hablarnos de la relación entre dos amigos, cuando uno de ellos ya ha muerto. Pero, en cierto modo, reconociendo los méritos tal vez le pueda dar un poco la razón al personaje de Chikashi, cuando le echa en cara a Kogito que ha perdido parte de su chispa. Renacimiento es una gran novela, pero si alguien no ha leído nada de Kenzaburo Oé le recomendaría que empezara por sus novelas anteriores a la concesión del Premio Nobel.

domingo, 10 de octubre de 2021

Filek, el estafador que engañó a Franco, por Ignacio Martínez de Pisón

 


Filek, de Ignacio Martínez de Pisón

Editorial Seix Barral. 284 páginas. 1ª edición de 2018.

 

Durante una temporada leí muchos libros de Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960); entre los que recuerdo están La ternura del Dragón, Alguien te observa en secreto, El fin de los buenos tiempos, Carreteras secundaras y Enterrar a los muertos. Es posible que me haya dejando algún título por el camino; si no recuerdo del todo mal, también leí Antofagasta. A veces me pasa, leo muchos libros casi seguidos de un autor, pero luego no le acompaño con sus nuevas obras. Creo que en el caso de Martínez de Pisón influyó algo tan etéreo como su cambio de editorial de Anagrama a Seix Barral, y que también me resulta imposible seguir las carreras de todos los autores por los que sentí interés y simpatía en un momento concreto. 

 

En la Feria del Libro de Madrid de 2018, uno de los últimos días estaba caminando por el paseo de Coches del Retiro y en una de las casetas de la entrada vi a Ignacio Martínez de Pisón contemplando el paisaje sin ningún lector al que firmar un libro. Aquello, como otras veces, me pareció una terrible injusticia, porque había pasado por casetas con colas inmensas para conseguir la firma de un youtuber, que ni siquiera habla de libros, o de un presentador de la televisión, escritor sedicente. Y allí estaba un escritor de verdad como Martínez de Pisón solo. Me acerqué a él y le recordé algunos de nuestros breves encuentros en ferias pasadas y le compré Filek, El estafador que engañó a Franco. Por esa época yo había empezado a escribir una novela de no ficción sobre la guerra civil, y el tema de su nuevo libro me interesaba.

 

Ya en Enterrar a los muertos (2005), Martínez de Pisón había escrito una novela de investigación sobre la guerra civil. En este caso trató de esclarecer el asesinato de José Robles, amigo del escritor John Dos Passos, una novela en la que también aparecía Ernest Hemingway.

En una primera página introductoria de la nueva novela, el autor nos dice que la primera vez que se encontró con Filek fue leyendo Franco, caudillo de España de Paul Preston. La historia de Filek apenas ocupaba allí diez líneas, que fueron suficientes para azuzar su curiosidad. Como nadie se había hecho cargo de esta historia, que Martínez de Pisón consideró que merecía la pena ser contada, empezó a investigar en archivos y registros públicos siguiendo el esquivo rastro de Albert von Filek, nacido en 1881 en un pueblo del antiguo Imperio austrohúngaro, y que apareció por primera vez en Madrid en 1931, justo cuando se estaba proclamando la Segunda República. Me ha gustado leer las palabras de Martínez de Pisón sobre todos los novelistas que conoce y que hablan del fin del Imperio austrohúngaro, en el que Filek sirvió como militar.

«Ésta es una historia de claroscuros en la que con frecuencia hay menos claros que oscuros», escribe Martínez de Pisón en la página 26, una idea que se repetirá en alguna otra página del libro.

 

Al final de la novela existe un apéndice con nota, que el autor ‒o los editores‒ han decidido colocar ahí para no cargar al libro con muchas llamadas de atención a pie de página. En este apéndice el lector podrá dar fe del exhaustivo trabajo de investigación que Martínez de Pisón ha llevado a cabo para tratar de acercarse a cualquier dato que le pueda hacer acercase a la escurridiza vida de Filek, que no deja de ser un estafador de tres al cuarto, pero al que su megalomanía y audacia le llevó a tratar de engañar al mismo jefe militar de un país en el que era extranjero. Esta búsqueda sobre la vida de Filek va a llevar a Martínez de Pisón, y al lector con él, a dar un repaso a algunos de los episodios más turbulentos del siglo XX: Primera Guerra Mundial y caída del Imperio austrohúngaro, guerra civil española, cárceles españolas, Segunda Guerra Mundial…

 

Ya casi en el último párrafo del libro, el autor nos dará un apunte muy significativo: «los sitios son muy importantes en esta historia (…). De hecho, la historia de Filek es sobre todo la de los lugares por los que pasó: las casas en las que vivió, los edificios en los que captó a sus víctimas o consumó sus estafas, las cárceles en las que estuvo encerrado. De muchos de esos lugares desaparecía sin dejar rastro, y muchos de esos lugares han desaparecido también sin dejar rastro.» (pág. 260)

Durante la Segunda República, Martínez de Pisón puede descubrir que Filek se dedicaba a embaucar a pardillos con los que acudía al Registro de la Propiedad para ‒supuestamente‒ conseguir la patente de una gasolina sintética (a base de agua, hierbas y otros ingredientes poco verosímiles) de su invención. Como hay registro de la misma patente (por la que luego Filek no acababa nunca de pagar las tasas) varias veces, con diferentes personas, Martínez de Pisón deduce que Filek en algún momento tenía que pedir dinero a sus víctimas para avanzar con la investigación, montar un laboratorio, etc. Ya había encontrado registro de otros timos anteriores, realizados por Filek, en diversas ciudades europeas.

 

Ya cerca del comienzo de la guerra civil, Filek no tendrá reparos en acercarse hasta el ministerio de la guerra, que dirigía José María Gil-Robles para intentar venderse su supuesto invento. Su error será tratar de hacer lo mismo, cuando cambie el gobierno, con Largo Caballero. En esta ocasión será acusado de espía austriaco y encerrado en las cárceles de la República. Son muy interesantes las páginas que Martínez de Pisón dedica a las sacas y los asesinatos de Paracuellos, ya que Filek vivió esto de cerca al estar preso en la cárcel Modelo. Aquí va a conocer a Ramón Serrano Súñer, el cuñadísimo del que luego va a ser el jefe de Estado, Francisco Franco. Una amistad de la que en el futuro intentará sacar réditos económicos.

 

A diferencia de otras novelas de no ficción, en las que el escritor se convierte en un protagonista más y cuenta sus dificultades para conseguir la información que quiere, como ocurría en El adversario de Emmanuel Carrère, Martínez de Pisón no ha querido entrar de forma directa en la narración, aunque sí hace comentarios del estilo de «no pude conseguir esta información», o bien «ahora quiero especular» o «me imagino a Filek». Las especulaciones imaginativas le sirven al autor para crear un personaje un poco más cercano, porque las limitaciones de una novela de investigación como esta frente a una novela de ficción tradicional son claras: en los registros de sentencias, patentes, paso por cárceles, etc. el carácter o los pensamientos del personaje no quedan dibujados, y así Martínez de Pisón no puede hablar de sus sentimientos, pero sí especular sobre ellos, y este truco narrativa sirve para generar interés en el lector. Si Filek hubiera sido una novela de ficción, el autor no hubiera desaprovechado la ocasión de describir algún encuentro entre el estafador y Franco, que será objeto de un nuevo intento de estafa, pero en la novela de no ficción que tenemos entre manos este encuentro quedará lejano, apenas insinuado.

 

Me gustan, sobre todo, las páginas en las que el autor reflexiona sobre los motivos por los que un personaje como Filek consigue acercarse y engañar al dictador del país. Filek había siempre mostrado sus simpatías por los franquistas y había permanecido toda la guerra en las cárceles republicanas como supuesto espía, lo que le convierte en un «mártir» a ojos del nuevo Caudillo, quien se siente señalado por Dios para llevar a cabo una campaña de regeneración del país. Así que si Dios había elegido a Franco ¿por no se iba éste a beneficiar de un invento maravilloso que solventarse en gran parte los problemas de la autarquía?

Que esta historia tiene una vertiente cómica nos los dice el autor alguna vez, y que Filek «fuera capaz de dejar en ridículo nada menos que al dictador Francisco Franco resultaba incluso admirable», además considera que es posible que sus víctimas iniciales también hubieran pretendido aprovecharse de él, y esto les quita en parte su condición de víctimas. Pero hacia el final del libro, Martínez de Pisón se va a encontrar con una nueva estafa, cuya naturaleza no quiero revelar, y que va a sentenciar su mirada final sobre el personaje que ha decidido perseguir en hemerotecas y archivos.

 

Me ha gustado Filek, me ha parecido que todas las limitaciones que ha mostrado Martínez de Pisón en su investigación conseguían crear un misterio sobre la persona real que fue este sinvergüenza austrohúngaro. El lector, igual que el autor, deseaba que le fuese mostrada la conquista de un nuevo dato, por trivial que este fuese. Y gracias a este hilo conductor, en apariencia nimio, Martínez de Pisón consigue reflejar muy bien los entresijos de una época histórica muy interesante.