Mostrando entradas con la etiqueta Z.3 Editorial Vitruvio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Z.3 Editorial Vitruvio. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de junio de 2013

La luz y el frío, por Joan Payeras

Editorial Vitrubio. 83 páginas. 1ª edición de 2013.

Conocí a Joan Payeras (Palma de Mallorca, 1973) hace un par de años. Me lo presentó mi amigo el poeta Javier Cánaves una noche que quedé con él en el paseo de Palma de Mallorca, donde viven los dos. Yo estaba allí de viaje de fin de curso con los alumnos del colegio donde trabajo. Pasamos una noche agradable hablando de libros.
El año pasado me presenté con mi último poemario al premio convocado por el Café Comercial, que editaba la madrileña Vitrubio. Era la primera convocatoria de este premio sin dotación económica y resultó (como le escuché contar a sus organizadores meses después) un éxito en cuanto al número de participantes. No gané ese premio, pero me alegró ver que el ganador era aquel Joan Payeras que me había presentado Cánaves, que tan bien me cayó, con el que había intercambiado después algunas palabras por facebook, y cuya presencia como ganador acreditaba que el primer premio del Café Comercial no había estado amañado (sospecha habitual que recae sobre la mayoría de premios de poesía de este país).

El pasado 15 de marzo, cuando el libro se presentó en el Café Comercial, me apeteció pasarme a saludar a Joan. Me gusta el Café Comercial; con los precios por las nubes del Café Gijón, el Comercial es el café literario más emblemático de la capital. Sin embargo, nunca había subido a su segunda planta, al llamado Rincón de don Antonio, con su gran vista sobre la glorieta de Bilbao.

Hace unas semanas me acerqué a los poemas de La luz y el frío, unos poemas normalmente cortos, tanto que algunos caben en un tuit (que frase más posmoderna acabo de escribir).

Es éste un libro que bascula entre dos conceptos o dos imágenes fuertemente connotadas: la luz y el frío. El frío simboliza a la muerte, una muerte contemplada con la angustia del ateo, del hundimiento en la inexistencia y en la desaparición de la propia consciencia. La luz simboliza la vida, en muchos casos fragmentada en frágiles instantes inaprensibles, bellos momentos retenidos por la memoria, una memoria que inevitablemente se va diluyendo en la nada.

Ahora voy a mostrar algunos poemas del libro en los que se pueden apreciar los temas señalados en el párrafo anterior.

Sobre los instantes que se nos escapan (la luz) y la insuficiencia de la memoria para retenerlos, destaco este poema alegórico de la página 19:

El paseo

Recuerda: todo lo que queda entre un
momento y otro, cogidos ambos al azar y
sea cual sea la distancia que haya entre los
dos, sólo es polvo y quizás, memoria.
Mientras el viento apenas acaricia las
hojas de los árboles, y tú me das la mano
después de colocarte bien el abrigo, y en
algún lugar alguien tararea la canción que
suena en mi cabeza. Los coches se
detienen y arrancan, se detienen
y arrancan: se detienen. Prende una luz
enferma, amarilla y breve, en las farolas.
Hace frío.
Recuerda: al final del paseo ya habrá
caído la noche, y todo lo que quedará será
polvo y tu modo de colocarte el abrigo y,
quizás, el eco de una canción lejana
perdiéndose entre los ecos del tiempo.


Algunos de los poemas poseen un carácter bastante conceptual. Destaco este de la página 53:

Música de fondo

Durante el día, la canción
sonando una y otra vez
como si todo se escondiera en ella:
dando fe de la luz y del terror,
siendo el centro donde todo converge,
de donde todo parte y adonde todo llega.

Y durante la noche, la canción
sonando una y otra vez
como si alrededor de ella
no hubiera nada, y su eco
fuera el eco del centro de la nada
al desaparecer sobre sí misma.


En algunos casos el poema se vuelve un tanto críptico, por lo que algunas composiciones de este libro me gustan menos que otras, como este poema que aparece en la página 22:

Habitación del solitario

La línea azul del horizonte
cruza el espejo.
Nunca hay rastro de huellas
en las baldosas de la cripta.
Nadie es capaz de descifrarte.

La línea azul del horizonte
cruza el espejo.
Sobre la mesa están tus credenciales.
Sólo una ley: tu apuesta.
Sólo un amor: tu vuelo.

Sin embargo, existe un gran número de poemas muy claros en su exposición y de gran belleza formal; destaco éste (tan a lo Juan Ramón Jiménez) de la página 70, que además sirve de paradigma de los temas principales del libro:

Tarde de enero

Pasará nuestro tiempo.

Otro invierno vendrá a cubrir de blanco
los mismos montes,
y en un día de sol que se parecerá a éste
unas manos tan frías como las que sostienes
estrecharán el hueco de otras manos.
En las paredes blancas que ahora nos rodean
golpearán las voces de otros hombres,
y dejarán pasar la corta tarde
entre estos almendros.
Entonces muchos pisarán
la sombra última
de aquel arco de medio punto,
y un perro ladrará
antes de que la noche clara anuncie
otro día de sol para el día siguiente,
pero nosotros no,
nosotros ya no estaremos entonces,

ya no estaremos nunca.

En uno de los últimos poemas se muestra de forma explícita el por qué del título, el contraste entre la luz y el frío (o lo que lo es lo mismo: la vida y la nada). Página 77:

La respuesta

Pensaste primero que la clave estaba en la
arena, y en tu modo de huir siempre, en la
aparente imposibilidad de apresarla.
Después pensaste en la nieve y en el
blanco absoluto indefinible, la ausencia de
mácula, la claridad doliente hasta el
silencio, hasta la ceguera.
Pero era la luz: el modo definitivo que
tiene la nada de llegar y desaparecer, de
haber sido y dejar de ser, sin existir
siquiera.




Me ha gustado La luz y el frío, me ha parecido un poemario elegante y maduro, sabio y bello en su exposición del camino hacia la inexistencia, de la fragilidad de la memoria para retener lo que fuimos. Así que la primera convocatoria del premio de poesía Café Comercial no sólo resultó ser un éxito en cuanto al número de participantes, también lo ha sido al comenzar su andadura con un destacado poemario como es éste.

miércoles, 14 de abril de 2010

Sobre andamios de humo, por Alejandro Céspedes


Ediciones Vitruvio. 177 páginas. Edición de 2008.

De Alejandro Céspedes había leído hasta ahora dos libros de poesía, Las palomas mensajeras sólo saben volver (Premio Hiperión de 1994) y Hay un ciego bailando en el andén (publicado por la editorial Hiperión en 1998).

En 2008 Vitrubio editó el volumen Sobre andamios de humo, que recoge su poesía desde 1979 hasta 2007. Entre este libro recopilatorio y el último suyo en Hiperión ha transcurrido toda una década sin publicar, periodo roto en 2008 con la aparición del nuevo poemario Los círculos concéntricos (premio Blas de Otero en 2007) y Flores en la cuneta (premio Jaén en 2009 y publicado por Hiperión de nuevo).

En Sobre andamios de humo, Céspedes ha corregido y reescrito varios de sus libros más antiguos y ha fundido los titulados Muchacho que surgiste, Tú, mi secreta isla y La noche y sus consejos en un texto llamado Y con esto termino de hablar sobre el amor.

Sobre andamios de humo
comienza con el poemario titulado James Dean, amor que me prohíbes. En él la voz poética indaga en la esencia frustrante del amor idealizado y lejano de la adolescencia, simbolizado por la figura del actor James Dean. “Desde mi infancia oscura / creo soñar que siempre has existido” (página 13), “Mi dolor es insecto / conservado en el ámbar del pasado” (página 21).
James Dean ha muerto, la voz poética reza por su retorno en el primer poema del libro, mantiene un diálogo con su póster personalizado, y se pregunta qué hubiese ocurrido con su vida si Dean no hubiese llegado a existir y no hubiera podido encarnar en él la idealización del amor. La figura de Dean da paso también a la de Alejandro Magno o Ánibal de Cartago. “Nunca entendí la magia de los libros” (página 30), se reflexiona ante estas evocaciones eróticas. En el último poema, Epílogo, se abre la temática del siguiente, pues la voz poética es consciente de que debe abandonar las ensoñaciones dolorosas y estériles de la adolescencia. Se deben matar a los mitos para pasar a ser naufrago de la vida.

En Y con esto termino de hablar sobre el amor, la ensoñación del amor y el deseo no se asienta ya sobre un póster sino sobre personas con una presencia más real. Así varios poemas hablarán de la fijación por el compañero de la infancia y primera adolescencia para quien los juegos de corte homosexual se quedaron en eso y la consiguiente frustración provocada en la voz poética. La vida del instituto, cruel para un homosexual, también sirve de inspiración a otros versos.
En esta parte existen textos en los que la voz habitual desaparece y en el poema se recrea una pequeña historia con personajes, esto ocurre por ejemplo en Viaje de fin de curso. En estos poemas la voz de Céspedes se asemeja a la de algunos de Kavafis.
Años después la voz poética tendrá su experiencia del amor, a veces sólo del sexo. La satisfacción no parece mejorar respecto a la situación anterior; así se habla, por ejemplo, de “la miseria que nos mantiene juntos” (página 67).
En Y con esto termino de hablar sobre el amor se filtra también el contexto de la década de los 80, con el afán de libertad de una generación buscada en los excesos de la noche y las drogas, cuya presencia de vida desgarrada se hace constante hacia el final del poemario. Sirva de ejemplo el poema titulado Madrugada en Cool, que se desarrolla en la pista de baile de una discoteca, bajo el sonido estridente de los woofers y el aturdimiento del éxtasis.

Las palomas mensajeras sólo saben volver quizás contenga los versos más sentidos de todo el volumen. Aquí asistimos a la muerte del compañero sentimental en versos como: “La muerte está creciendo / en ti como un silbido” (página 87), “¡Qué avalancha de muerte traen tus venas / y qué frágil velero te transporta” (página 97), “Ni un milímetro más / podía resistirse en ti la vida” (página 101). Aquí acabaría la primera parte del poemario y la segunda tratará sobre la evocación del ausente, mientras la juventud y la vida se va evaporando de la voz poética (“Aborrezco el poder de la memoria” (página 115)) que cada vez más se irá refugiando en la evocación de un infancia que comienza a idealizar.

Hay un ciego bailando en el andén ahonda en el último tema abierto en Las palomas mensajeras sólo saben volver. El poeta dialoga desde el primer verso con su propia infancia: “En qué lugar de mí / se agazapaba el hombre / que me iba a mirar como a un extraño” (página137), “Quédate aquí conmigo” (página 142). La existencia del poeta se ha convertido con el paso de los años en “un catálogo de conductas vacías” (página 155) porque, se afirma, “No hay más vida en el hombre / que su propio pasado” (página 156). La presencia de la muerte propia, como un deseo incluso, se va haciendo cada vez más latente, “En todo cuanto hago no hay sentido. / Lo sé” (página 158). En el poema XXI se describe la visita al cementerio donde yacen sus antepasados.


La poesía de Alejandro Céspedes suele presentarse en poemas largos, donde se puede desarrollar una pequeña vivencia; además de poseer, como he expuesto, continuidad argumental dentro de un poemario. Esto, unido a lo comentado, sobre la presencia de escenarios urbanos o las drogas, podrían hacernos pensar en la que fue llamada Poesía de la experiencia, pero tengo la impresión de que Céspedes trasciende a esta etiqueta, puesto que su poesía es más honda y sentida que mundana e irónica (características más ligadas a la poesía de la experiencia) y se uniría a la de los poetas de la generación del 27. Una poesía la suya llena de hallazgos metafóricos, que a veces recuerda a Luis Cernuda, poeta que por cierto aparece citado en sus poemas.

Céspedes fue uno de los organizadores del premio en el que mi libro Móstoles era una fiesta resultó finalista en 1998, también fue lector en aquel Primer premio de poesía Ciudad de Móstoles. Pude conversar por aquellos años alguna vez con él, trabajaba en Móstoles como gestor cultural. Hace no demasiado nos hemos vuelto a encontrar alguna vez, y amablemente aceptó mi atrevida petición de realizar un prólogo para la edición por Barlteby de Móstoles era una fiesta.
Desde este espacio quería darle mi agradecimiento por su amabilidad.

Esta es su página web: http://alejandrocespedes.blogspot.com/

Allí se puede descargar en pdf Sobre andamios de humo y Los círculos concéntricos.
Sin embargo, es Flores en la cuneta el libro nuevo que más me apetece leer: soy un mitómano de los libros en papel.
Esperemos que entre estos últimos poemarios y los siguientes no vuelva a transcurrir tanto tiempo como una década.