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domingo, 10 de marzo de 2024

Paranoica fierita, por Miguel Ángel Maya

 


Paranoica Fierita, de Miguel Ángel Maya

Editorial Carpenoctem. 106 páginas. Primera edición de 2022

 

Me había fijado por primera vez en el nombre de Miguel Ángel Maya (Madrid, 1978) en 2008, cuando ganó el Premio Caja Madrid de Narrativa con su novela Últimas 2 horas y 58 minutos, editado por Lengua de Trapo. No llegué a leer este libro, pero lo hojeé varias veces. Más tarde, he intercambiado algunos mensajes por las redes sociales con Miguel Ángel, sobre todo tras mi interés por el escritor argentino Salvador Benesdra, del que él estuvo investigando con la idea de escribir una novela. En 2022 me escribió para preguntarme si me interesaría leer su nueva novela, titulada Paranoica fierita. La acepté por esa amistad en la distancia que nos unía y porque la publicaba la editorial Carpe Noctem, donde yo he publicado mi novela Caminaré entre las ratas.

 

La edición de Carpe Noctem presenta algunas peculiaridades: de entrada, en las primeras páginas del libro está dibujada –con fondo negro– la cerradura de una puerta y dentro de ella está el texto inicial de la novela. En estas páginas, un narrador, aún desconocido, observa los movimientos privados de una mujer en un cuarto de baño y la mira, efectivamente, a través de la cerradura de una puerta, una puerta antigua habría que puntualizar. El texto, prescindiendo del uso de puntos, y donde las frases van de corrido, unidas con la conjunción «y» es desasosegante. En él se insinúa la violencia y la locura que va a guiar el relato de esta intensa y corta novela.

 

Después de estas seis páginas iniciales, contadas a través de la cerradura de la puerta, pasamos a un paginado más convencional. Además, se cambia de narrador: ahora pasará ser una mujer que se despierta magullada en una habitación, con un cadáver ensangrentado a su lado, y con claros signos de haber sido asesinado de forma violenta, pero ella no sabe qué ha ocurrido. La narradora, de la que nunca sabremos el nombre, empezará a contarle a la policía su historia. «Me lanzan preguntas. Son cuchillos, las preguntas, que buscan clavarse en mi carne y en mi cuerpo, pero no me encuentran porque de mi boca ni una sola respuesta sale, ni un solo recuerdo se escapa.» (pág. 17)

 

En el siguiente capítulo, la narradora se traslada hasta sus cinco o seis años, cuando vivía con sus padres y su hermana en una casa «al norte de Saint Simons, cerca de donde empieza el desierto». Más tarde se citará el nombre de otros pueblos del desierto: San Elizario, Ruidosa, Candelaria, Las Cruces… Busco estos pueblos en Google y encuentro que San Elizario es una ciudad de Texas, ubicada en el condado de El Paso. No se explicita el país en el que se sitúa la acción, pero el imaginario mostrado sí que hace pensar en la frontera entre Estados Unidos y México. De hecho, estas primeras páginas en las que se rememora la infancia de la protagonista, me hacen pensar en la violencia de los escenarios fronterizos que desarrolló Roberto Bolaño en 2666. La construcción lingüística también parece tener a Bolaño como modelo: de forma continua, Maya traza en la página un misterio y una sensación de amenaza constante, en muchos casos concreta, pero también indeterminada. «Una noche, la gente del circo se va. Lo dejan intacto, como si hubieran sido avisados de una inminente epidemia o sido testigos de algo terrible.» (pág. 19), esta última construcción («testigos de algo terrible») me parece completamente bolañesca.

 

En el resumen de la contraportada, la escritora Sara Mesa apunta que esta obra ahonda en algunas de las obsesiones de Miguel Ángel Maya: «el mundo del circo, los rituales que sostienen la vida, la locura, la magia, la perversidad y el mal, el piano como animal mitológico, el cuerpo como topografía del dolor.» No he leído las anteriores obras de Maya, para poder corroborar las palabras de Sara Mesa; pero sí que me parece que apunta en la dirección correcta cuando dice que la atmósfera puede recordar a las de las películas de David Lynch y la trama salvaje a lo Quentin Tarantino. Toda la extrañeza de Lynch y toda la violencia de Tarantino se pueden encontrar en estas breves, pero intensas páginas de Maya, escritas –como ya he apuntado– siguiendo la estela de Bolaño.

 

Todo lo más terrible que se puede imaginar el ser humano lo ha dibujado Maya sobre sus páginas: pederastia, agresiones, violaciones, asesinatos, abusos y violencias de todo tipo, incluso no faltará la antropofagia… El padre de la narradora la llevará a ella y a su hermana hasta los terribles manglares, donde las entregará a las fiestas de siniestros personajes con las cabezas cubiertas por cabezas de animales. Toda la historia está recorrida por un aire de distanciamiento onírico.

La madre iniciará con la narradora una búsqueda, a través de los pueblos de la región, de algunos de los personajes del libro (no quiero destripar la trama), que, de nuevo, me ha recordado a las búsquedas de detectives salvajes de los libros de Bolaño.

La narradora se encontrará sola a los trece años, viviendo en una caravana a las puertas de un circo abandonado. La presencia del mundo del circo, como misterio y como amenaza, es muy intensa en esta historia, que, sin contar nada extraordinario o mágico, elude el realismo. A la adolescente de trece años le saldrá un protector inesperado, con el que iniciará nuevas búsquedas de detectives salvajes, con una atmósfera opresiva en todo momento.

Además del juego de la cerradura, ya comentado, habrá otras páginas en las que aparezcan partituras de música, que yo no sé leer y, por tanto, no sé si tienen significación real en la historia o son, más bien, decorativas. O incluso una mancha roja, imitando la sangre sobre la página.

En el tramo final, viviremos un nuevo cambio de narrador, que acercará al lector a las primeras páginas leídas, y esta historia misteriosa, en la que yo tenía, en más de una ocasión, la sensación de estar adentrándose en los resortes internos de una pesadilla, en la que la lógica narrativa había quedado abolida, cobrará, en gran medida, unidad y significado. Sin quedar, por ello, unidos todos los cabos expuestos.

 

 

Quizás el punto débil que le podría sacar a Paranoica fierita es que todo lo terrible que se muestra en esta obra es tan exagerado que a veces parece bordear la parodia o la búsqueda de lo epatante por encima de la limpieza narrativa. Las apenas cien páginas de Paranoica fierita son realmente intensas. Es esta una narración que da más importancia a la creación de atmósferas que a la de una trama clara (aunque ya he apuntando que sí que acabará existiendo una trama que se mostrará al final de la novela). El lenguaje es poético, misterio y oscuro. Lo contado es terrible, violento y opresivo. Paranoica fierita es una novela extraña y pesadillesca para amantes de los cócteles fuertes.

jueves, 5 de septiembre de 2019

El pecado, por Alberto Gómez Vaquero


El pecado, de Alberto Gómez Vaquero

Editorial Carpe Noctem. 333 páginas. 1ª edición de 2019.

En diciembre de 2018 presenté en Madrid la novela Cerrar los ojos de Santiago Casero, publicada por la editorial Carpe Noctem. Meses después su editor que ha hecho llegar la novela El pecado de Alberto Gómez Vaquero (Valladolid, 1984). Alberto Gómez es licenciado en Periodismo, pero también estudia a distancia la carrera de Historia. Estuve en la presentación del libro y el autor comentó que uno de los siglos que más le apasionan es el IV d.C., algo que deja ver en esta novela, ambientada precisamente en esa época. El pecado habla de un personaje histórico que yo no conocía, Prisciliano (nacido en 340, aproximadamente, y fallecido en 385), que fue condenado a muerte por el emperador Magno Clemente Máximo, tras ser acusado de propagar ideas heréticas sobre el cristianismo. Como el propio Gómez apunta en una nota final, aunque Prisciliano es el personaje histórico que le inspira para escribir este libro, prefiere no nombrarlo por este nombre en ningún momento, y siempre se refiere a él con el apelativo de «el Doctor»; de este modo puede sentirse más cómodo creando una ficción en torno a esta figura.

En la década del 370 llega a un valle –situado en la actual provincia de Asturias– el Doctor, seguido por un conjunto de fieles. Son personas austeras, que promulgan la palabra de Jesucristo y que reniegan de los bienes materiales como camino de perfección. Esta nueva comunidad pasará a vivir en unas cuevas deshabitadas desde hace bastante tiempo y ayudarán a los habitantes de la región mientras construyen un templo. Una de las personas que se va a sentir fascinada por el magnetismo del Doctor será la joven Anü, hija de Aufidio, el hombre más rico de la región, que no verá con buenos ojos la relación de maestro-discípula que su hija iniciará con este hombre religioso del que no se acaba de fiar. El discurso del Doctor, además de estar a favor de los derechos de los pobres, también parece estar a favor de la posición de la mujer en la sociedad (en el contexto del siglo IV, claro): «—La mujer —había dicho un atardecer, frente a decenas de fieles— ha de guardar silencio cuando el hombre habla y no ha de creerse capaz de mandar, pero ha de ser en lo demás igual que el hombre. También la mujer puede ser pura, también puede figurar ella entre los elegidos y los santos.» (pág. 23). Anü se va a convertir en una de las protagonistas principales de la novela, una mujer a las que las reglas sobre los casamientos y el papel de madre para la mujer van a vapulear constantemente, impidiéndole desarrollar su vida y la van a llevar a una posición de víctima, frente a las posiciones de poder de los hombres.
Pero no sólo las mujeres van a sufrir en esta novela, también lo hará los campesinos pobres, como la pareja formada por Antonio y Elvira. Cuando pierden sus bienes, la mayor obsesión de Antonio será no volver a la condición de siervo y seguir siendo un hombre libre.
Si bien, sobre todo durante la primera parte de la novela, la narración nos habla de los habitantes del valle asturiano que ya he nombrado, según avanzamos en las páginas de El pecado aparecerá otro personaje principal: el militar Máximo, al que acompañaremos en sus campañas por Britania. Los capítulos que hablan del Doctor y la gente del valle se irán intercalando con otros en los que el personaje será Máximo. Estas dos tramas confluirán en los capítulos finales.

El pecado es una novela en la que no existe la idea de una trama principal; en sus distintos capítulos, Gómez nos acerca a las vivencias de su grupo de personajes, que reúnen a los más bajos de la sociedad de la época junto con los más altos. Así que, más que crear una trama, lo que hace Gómez es recrear un fresco de la época. Este tipo de construcción tiene el problema de que si la época elegida no genera suficiente interés en el lector su atención pueda bajar en algunos momentos. La época elegida, el último cuarto del siglo IV d. C., un momento en el que se está desmoronando el Imperio Romano y la población vive con miedo a los saqueos y ataques de bandas de ladrones y bárbaros, es un tiempo de cambios convulsos, en el que la religión católica se está expandiendo, sin embargo, hasta los rincones más lejanos de Roma. Las luchas por el poder serán militares, pero también religiosas, ya que la Iglesia se está consolidando, pero a la vez surgen grupos, como el del Doctor, que pueden hacerle perder parte de su poder. En el comentario final, Alberto Gómez relaciona este periodo de crisis e incertidumbre que ha elegido para su novela con la crisis de 2008.

En la propia presentación del libro, Gómez comentó que el lenguaje que da a los personajes de la novela es una recreación absolutamente libre, usando un castellano neutro actual, algo que considera habitual en las novelas de época. Al final de la novela existe un glosario de tres páginas con el significado de algunas palabras latinas.
El pecado está escrito en tercera persona y el narrador se dedica a describir las escenas por encina de los pensamientos de sus personajes. Cuando aparecía uno nuevo se le describía físicamente y siempre (no recuerdo excepciones) se comenzaba esa descripción con el binomio «alto/bajo». Creo que el texto se hubiera enriquecido si el autor se hubiera centrado de manera más clara en describir los pensamientos y las percepciones de la realidad de los personajes.
El uso metafórico se adecua a la época, con profusión de comparaciones que tienen que ver principalmente con la naturaleza. Así, por ejemplo, leemos en la página 167: «la casa le pareció a Anü uno de esos hormigueros que podían verse en verano, cuando los pequeños insectos corrían de un lado a otro, abriendo senderos y transportando bajo tierra cuanto pudiera servirles de alimento para el futuro.»

Yo prefiero que un escritor me hable de su propia época y su entorno, y lo cierto es que nunca he sido un aficionado a la novela histórica. Sin embargo, entiendo que los seguidores de este género literario (y sé que a una gran parte de ellos les gustan las llamadas «novelas de romanos») podrán disfrutar perfectamente de los tiempos convulsos, tan similares en algunos aspectos a los actuales, que Alberto Gómez dibuja en El pecado.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Cerrar los ojos, de Santiago Casero González. Texto de presentación


El martes 11 de diciembre presenté la novela Cerrar los ojos de Santiago Casero Gómez en el bar Maricastaña de Malasaña. Dejo aquí el texto que preparé para el evento:




Hola, buenas tardes:

Muchas gracias a todos por acompañarnos en esta tarde de martes.
Hace unas semanas, me escribió un mail Alberto Gómez, editor de Carpe Noctem, para proponerme presentar en Madrid la novela Cerrar los ojos de Santiago Casero González. En ese momento no conocía en persona a Santiago, pero sí que me había cruzado con él en la gran urbe de las redes sociales, donde habíamos cambiado alguna opinión sobre libros. Además me había fijado en que Santiago Casero había quedado, con su libro Secretos de familia (Ediciones Tantín), entre los diez finalistas de la convocatoria de 2018 del prestigioso premio Setenil al mejor libro de relatos.
También, unas semanas antes de recibir el mail de Alberto, había hojeado Cerrar los ojos en la librería de uno de los Corte Inglés de Madrid. Nunca había visto libros de Carpe Noctem y siento siempre mucha curiosidad por conocer a fondo el panorama literario español.
Así que cuando recibí el correo de Alberto Gómez sentí el deseo de apoyar a la nueva editorial Carpe Noctem y a Santiago Casero con su nuevo libro.

Cuando me llegó la novela a casa la comencé a leer si acercarme antes al texto de la contraportada.
El protagonista de Cerrar los ojos es Santiago Leal, quien en el pasado –a pesar de que en el momento de comenzar el libro se halla en plena crisis creativa– ha conseguido alcanzar un sólido prestigio como poeta. Esto, unido a que su padre fue un exiliado en Francia, una persona significada en la lucha política contra el franquismo, ha hecho que, una vez que ha llegado a España la democracia, el presidente (antiguo compañero de su padre) le haya elegido a él como ministro de Cultural. Un cargo que Santiago Leal desempeña sin mucho entusiasmo, encuentros con deportistas, cineastas, fotos en festivales de cine o de pintura… Santiago ha aceptado un puesto secundario en el poder, a pesar de que el presidente Alfonso G. (o G. uno), considera –en teoría– a la cultura como algo esencial para un gobierno progresista.

Foto de Beatriz Alonso Aranzábal


Durante las primeras páginas, estaba leyendo la novela como si Santiago la hubiese ambientado en la época actual para, poco a poco, gracias a detalles como que al protagonista le llama la atención tener un teléfono en su coche oficial, darme cuenta de que estaba situada en la década de 1980, y que, por tanto, «G. uno» o «Alfonso G.» sólo podía ser un trasunto fabulado de Felipe González; aunque es cierto que nunca se citan siglas de partidos políticos, y que se habla de líderes de la organización procedentes de Valencia y no de Andalucía, la elección de esa «G.» mayúscula no parece inocente.

Santiago Leal es un hombre solo (abandonó a su esposa, que ahora mantiene una relación con un rival poético) y se siente mayor (un detalle que se le muestra al lector gracias a sus recurrentes problemas de vejiga e incontinencia urinaria), pero, lo que resulta aún peor: se siente un fraude. Ha sido un poeta de prestigio, pero las historias vitales que han inspirado sus versos eran falsas; además, ahora mismo, ya ni tan siquiera puede escribir un poema con un mínimo de calidad.
También se insinúa que, por ejemplo, su padre, Andrés Leal, exiliado en Francia, sobreviviente de un campo de concentración nazi y héroe antifranquista, también puede ser un impostor, una persona que ha alardeado de una historia personal falseada.
De hecho, Cerrar los ojos es una novela, en gran medida, sobre la impostura y el fraude, sobre la realidad que no queremos conocer y ante la que «cerramos los ojos».
La novela comienza cuando un hombre de ojos oscuros –desconocido hasta entonces para el protagonista– se acerca al coche oficial de Santiago para decirle, de sopetón, que es su hermano. Santiago no está seguro de si se encuentra ante otro impostor.

Foto de Beatriz Alonso Aranzábal


Cerrar los ojos es también, y habría que decirlo ya, un thriller político, una novela negra que se adentra en la sordidez del terrorismo nacionalista y también en el terrorismo de Estado. De nuevo, el lector, al leer sobre estos temas pensará en los GAL, aunque en el libro nunca se citen estas siglas.
En nuestro thriller político será Santiago Leal quien se convierta en un detective ocasional, un detective que quiere expiar parte de sus culpas e imposturas sacando a la luz pública las miserias de la débil democracia del país. Y como los héroes clásicos de las novelas de detectives norteamericanas, en su afán por aclarar un enigma, Santiago se irá encontrando con una realidad cada vez más turbia, donde los resortes del poder y la corrupción afectan a todos los estratos sociales. En este sentido, resulta demoledor el retrato que se hace del periodista Juan Carlos Cebrero, redactor jefe del principal periódico del país, y cuyo nombre no parece, de nuevo, inocente. «Ya había tenido tiempo de viajar del Falangismo residual a las huestes incondicionales del nuevo régimen.», leemos sobre él en la página 95.

«Desde que aquel hombre se asomó a su coche oficial –«Soy tu hermano, y tú lo sabes»–, los acontecimientos se habían precipitado y condensado como si en el torrente que es la vida de pronto se formaran coágulos cuajados de acontecimientos y de personas.», leemos en la página 106.

Cerrar los ojos consta de 19 capítulos y un epílogo y basa gran parte de su fuerza en su potente ritmo, plagado de acontecimientos y de elipsis narrativas.
En gran medida, las escenas descritas en esta novela son muy cinematográficas, sin descuidar la parte literaria: el lenguaje es directo, pero cuidado, y con gusto por la apreciación matizada sobre la realidad. Además son continuas las analepsis (o flashbacks en inglés) que enriquecen y explican al personaje.

Cerrar los ojos dibuja una tremenda y conseguida escena final, un momento de gran belleza visual y de contenida tensión. Pero no es mi función hoy la de acabar revelando un final al que cada lector –y esperemos que todas las personas aquí presentes hoy lo acaben siendo– debería enfrentarse en solitario y sin avisos.

Así que ahora me gustaría saludar a Santiago y hacerle algunas preguntas sobre su novela.

1) Santiago, me gustaría preguntarte ¿por qué, habiendo tanta corrupción en nuestro presente, has querido remontarte hasta la década de 1980 para ambientar tu novela?

2) Si bien parece fácil averiguar en qué personas de la vida real están inspirados algunos personajes de tu novela, como el presidente «Alfonso G.» o el periodista Juan Carlos Cebrero, ¿podríamos pensar que tu protagonista, el ministro de cultura Santiago Leal podría estar inspirado en alguien real?

3) He definido antes a tu novela Cerrar los ojos como un «thriller político», ¿estás de acuerdo con esta definición?

4) ¿En qué autores o novelas estabas pensando a la hora de inspirarte para crear Cerrar los ojos? (Si Santiago habla de autores extranjeros de novela negra le pregunto por los nacionales y al revés).

5) Principalmente has publicado novelas y libros de relatos, ¿te sientes más cómodo en uno de los dos géneros? ¿Los alternas? ¿Cómo sabes que una historia que aparece en tu cabeza necesita la extensión de un relato o de una novela?

6) Considero que uno de los temas principales de Cerrar los ojos es el de la impostura. Háblanos de esto, ¿hasta qué punto el análisis de la impostura es una obsesión para ti?

7) Me gustaría preguntarte por el proceso de escritura de tu novela. ¿Te has documentado mucho para escribirla o has considerado que con tus recuerdos de la década de 1980 era suficiente para acercarte a ella?

8) En la nota final del libro indicas que la composición de Cerrar los ojos se ha extendido desde el año 2013 hasta el 2017. ¿Te has enfrentado a la escritura de este libro de forma constante o has intercalado tu acercamiento a él con otros proyectos?

9) ¿Habías escrito ya antes novelas o cuentos policiales o ha sido ésta tu primea incursión en el género?

10) Tienes algún nuevo proyecto creativo entre manos, ¿puedes adelantarnos de qué se trata?

domingo, 9 de diciembre de 2018

Prensentación del Cerrar los ojos, de Santiago Casero González

Este martes, 11 de diciembre, a las 19:30 h. estaré en el restaurante Mariacastaña (C/ Corredera Baja de San Pablo, 12, Madrid) presentando la novela "Cerrar los ojos" de Santiago Casero González.

Dejo aquí el cartel, por si a alguien le apetece pasarse: