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viernes, 13 de mayo de 2011

Saul y Patsy, por Charles Baxter

Editorial RBA. 335 páginas. 1ª edición de 2003, ésta edición de 2004.

Ya he hablado en el blog (agosto de 2009) de Charles Baxter (Minnesota, EE.UU., 1947); en aquel momento comenté su excelente novela El festín del amor (2000). Ahora me ocupo de su siguiente obra, Saul y Patsy (2003).

Si El festín del amor lo encontré en la feria del libro antiguo y de ocasión de Recoletos en Madrid (ahora mismo está otra vez), de saldo, por 4 euros, Saul y Patsy ha llegado a mí de una forma parecida, aunque quizás más azarosa: durante el último verano estuve dos semanas en Tenerife, y por la calle de detrás del hotel pasé ante una papelería que vendía objetos de playa. En la entrada tenía un cajón con libros. Imaginé que nada interesante podía encontrar allí, pero aún así la curiosidad del lector, del buscador o del coleccionista pudo conmigo: diversos saldos a 3 y 5 euros; y entre libros extraños y faltos de atractivo, me topé con este Saul y Patsy, nuevo, por 5 euros.

La historia de Saul y Pasty parte, al menos (que yo conozca), de dos relatos previos de Baxter, el primero sería Saul y Patsy empiezan a sentirse a gusto en Michigan, perteneciente al libro Viaje de invierno (1985) y el otro se llama Saul y Patsy are in labor, perteneciente al libro Believers (1997), incompresiblemente no traducido al español y que yo compré hace años en un viaje a Londres.
Saul y Pasty toma la historia y los personajes de esos dos relatos y desarrolla sus ideas, dando más vida al conjunto, hasta conseguir levantar una novela. Algunos de los acontecimientos narrados en Saul y Patsy sabía que habían pasado ya por mi mente. Ahora, hojeando estos dos relatos, creo que Saul y Patsy empiezan a sentirse a gusto en Michigan es casi el comienzo calcado de la novela Saul y Pasty, y en Saul y Patsy are in labor se nos muestra el conflicto que va a dar lugar al nudo argumentativo de la novela (tenía las imágenes en la cabeza y no recordaba para nada haber leído esas páginas en inglés. Recordatorio personal: tengo que volver a leer algo en inglés).

La verdad es que Charles Baxter no me parece muy bueno poniendo títulos a sus novelas, El festín del amor suena cursi y Saul y Patsy anodido. Creo que el título de esta última novela es debido a que Saul es un nombre judío y Patsy un nombre protestante, un típico nombre de WASP. Imagino que Baxter dentro de sus coordenadas mentales norteamericanas quería resaltar esa característica de la pareja.

Saul y Pasty son un joven matrimonio norteamericano urbanita, que por idealismo se han instalado en el Medio Oeste, en la pequeña ciudad de Five Oaks (Michigan). Aquí Saul ha conseguido un trabajo de profesor en un instituto y Pasty se empleará en una sucursal bancaria local. La novela nos va describiendo la vida cotidiana de esta pareja en un entorno rural aislado, que en algún momento parece tornarse amenazante.
El comienzo de la novela es lírico, moroso en su descripción de la vida en Five Oaks, con pequeños detalles que nos hacen percatarnos, por ejemplo, del sentimiento paranoico de Saul ante un posible rechazo de los demás por ser judío.
Saul tiene que dar en el instituto el curso de Lengua Inglesa para rezagados. En esta clase entrará en contacto con Gordy, un chico poco inteligente que apenas sabe escribir, y que parece odiarle. Gordy (como ya leí en el cuento Saul y Patsy are in labor) empieza a merodear por el patio de Saul y Patsy. La primera aparición de Gordy en la casa está cargada de presagios funestos, de tintes góticos, ya que coincide con una tormenta que se está acercando: “Saul entró en la casa y fue de un lado a otro a toda prisa, cerrando ventanas y apagando luces, y cuando regresó a la puerta principal para cerrarla, vio la alta y demacrada aparición de su alumno Gordy Himmelman en el jardín, de pie e inmóvil como una emanación de la tierra y las piedras de los campos” (pág. 108).
Hasta este momento la novela también tenía en algunos puntos un aire onírico, sobre todo por la aparición cerca de la casa de una cierva albina, que Saúl siente como una señal (pág. 70).

Gordy se aficionará a aparecer por el jardín de Saul y Patsy aparentemente sin ningún propósito definido. “Toda pareja tiene algo raro en su vida que debe aceptar (…) Gordy es nuestra rareza”, opina Patsy en la página 134.
Una característica de Gordy, que marca el punto de vista de Saul sobre él, es el hecho de que un día le estaba esperando en su clase con unas palabras escritas en la frente: “Mad in USA”, y Saul no sabe si ha querido escribir “loco o hecho en América”. Este hecho aparentemente trivial marca gran parte del contenido del libro.
En esta novela Baxter reflexiona sobre la naturaleza del amor en una pareja y sobre la institución de la familia, como los grandes narradores norteamericanos, pero también lo hace, transcendiendo este ámbito, de la sociedad en la que vive. Una sociedad donde un chico puede ser “hecho” o “loco” en América indistintamente.
No hay en toda la novela (publicada en 2003) una sola referencia a los atentados del 11-S, pero su peso se deja sentir en sus páginas: en el pánico ante el terrorismo de la clase media, agresiva en sus coches parecidos a tanques (en la página 206 se habla del “barrio residencial en guerra”), en un mundo global donde las fábricas dejan las pequeñas ciudades como Five Oaks para instalarse en “algún puñetero lugar húmedo donde la gente trabajaba por diez centavos la hora” (pág 240). Y la educación, el motor romántico que llevó a Saul y Patsy al campo para que él pudiera ser profesor de un instituto pequeño, parece peligrar, tornándose inútil.
Gordy se suicidará en el jardín de Saul y Pasty, y los chicos de la zona empezarán a rendirle un extraño culto, relacionado con el estilo gótico, que pasará por un hostigamiento a la pareja, a la que culpan de su muerte. Unos chicos hechos o locos en América, para los que por encima de la educación reglada funciona con más fuerza el razonamiento medieval, la faceta mágica (pág. 303).

Si sobre El festín del amor escribí que se notaba (sin que esto constituyera un demérito) que Baxter provenía del relato breve y armaba su novela a base de capítulos que parecían relatos cortos, en Saul y Patsy domina a la perfección la técnica novelística. Los personajes principales son los dos del título, sobre los que el narrador posa casi siempre su mirada, pero este universo se expande hacia otros personajes: la madre de Saul, Delia, el hermano de Saul, Howie, o algunos adolescentes del pueblo.

La tensión narrativa está muy bien dosificada (ayer leí las 90 últimas páginas con adicción creciente: necesitaba saber cómo acababa) y Saul y Patsy es una gran novela de la nueva narrativa norteamericana. Creo que RBA ha vuelto a reeditar El festín del amor. Es una pena que libros de la calidad de Saul y Patsy acaben en los mercadillos como saldos sin encontrar a sus posibles lectores. Como es una pena que un libro como Believers, con unos relatos y una novela corta estupendos, no esté traducido a nuestro idioma.

miércoles, 12 de agosto de 2009

El festín del amor, por Charles Baxter



A Baxter lo conocí hace unos años gracias a la reseña de un periódico de su libro de relatos Viaje de invierno. Lo compré porque me gusta bastante la tradición norteamericana del relato breve, y el libro no me defraudó. Unos cuentos muy clásicos, muy a lo Sherwood Anderson, o Cheever… y, entroncando con la generación a la que Baxter pertenece, muy en el estilo de los de Richard Ford, al que conocía previamente.
Después compré en Londres el libro Believers (que creo que no está traducido al español), con más relatos y una novela breve, una gran lectura de nuevo.

Esta novela, El festín del amor, la compré en la feria del libro antiguo y de ocasión de Recoletos hace unos años, y desde entonces aguardaba el momento de leerlo. En la portada pone “Edición limitada 10 euros”, pero a mí me costó 4 de saldo. Una pena que un libro de tanta calidad acabé vendiéndose de saldo, aunque sea una suerte para mí.

El festín del amor, me ha parecido el mejor de los libros de Baxter leídos hasta ahora; de hecho, me parece uno de los mejores libros anglosajones que he leído en bastante tiempo (y yo leo muchos libros anglosajones).

Un narrador llamado Charles Baxter se despierta desorientado en la noche y decide salir a caminar. En la calle se encuentra con su vecino Bradley, quien también tiene problemas de insomnio y le pregunta a Charles si está pensando en su siguiente libro. Bradley le dice que debería hablar de la gente normal, que él mismo debería salir en su libro. <<¿Por qué no me dejas hablar? Deja hablar a todo el mundo. Te mandaré gente, gente de carne y hueso, para variar, como por ejemplo seres humanos que existen realmente, y tú les escuchas un rato. Todo el mundo tiene una historia que contar>>, le propone Bradley, que además opina que Charles debería hablar en su libro de la naturaleza del amor, de su búsqueda, de su esencia.
Charles no parece muy convencido al principio, pero después accede. Y así primero entrevistará a Bradley, que le hablará de sus amores desgraciados, y del momento que creyó alcanzar la felicidad con ellos; y a través de él, Charles cederá la palabra a las ex amantes de su vecino, a su empleada en la cafetería de la que Bradley es gerente, o a sus vecinos de puerta, Harry y Esther.

Como me ocurría al leer la novela En el ejercito del faraón, de Tobias Wolff, tenía la sensación de que Wolff, escritor curtido en las técnicas del relato, construía los capítulos de su novela como relatos breves que ensamblados constituían una novela; una sensación parecida es la que se tiene al leer El festín del amor. Según avanza el libro la voz de Charles como conductor se va diluyendo, y los personajes en torno a Bradley van contando pequeños momentos de su vida en torno al amor, relatos cortos de su vida, para constituir una novela en cierto modo coral.
Como en casi toda la narrativa corta norteamericana, asistimos a momentos de verdadera epifanía, instantes que se desgranan de la cotidianidad para cubrirse de trascendencia. Revelaciones a veces entendidas por los protagonistas, y a veces simplemente intuidas y escapadas de su percepción.
Lo inesperado nos acecha siempre, cita Harry, profesor de filosofía, sin recordar de quién era la frase, como conclusión de este libro poético y evocador en el que se indaga sobre la naturaleza y las facetas del amor, consiguiendo sortear siempre el bache de lo cursi o lo obvio.
Escenas que ocurren en la calle, en una cafetería, en una galería comercial, en el comedor de una casa… lugares del Medio Oeste americano, desde lo que puede saltar lo extraordinario en cada momento.
Rodrigo Fresán no para de recomendar este libro en Internet, y a mí no me queda más remedio que unirme a él.