Mostrando entradas con la etiqueta Diego Sánchez Aguilar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diego Sánchez Aguilar. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de diciembre de 2023

Los que escuchan, por Diego Sánchez Aguilar


Los que escuchan
, de Diego Sánchez Aguilar

Editorial Candaya. 539 páginas. Primera edición de 2023

 

De Diego Sánchez Aguilar (Cartagena, 1974) había leído Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino (Balduque, 2016), un libro de cuentos que ganó el Premio Setenil en 2016, y Factbook (Candaya, 2018), que fue su primera novela.

 

Con Los que escuchan (Candaya, 2023), Sánchez Aguilar le presenta al lector una novela bastante más extensa que la anterior, con la que guarda más de algún paralelismo.

En Los que escuchan las protagonistas principales son las hermanas Asunción, de 46 años, durante el tiempo narrativo de la novela, y Esperanza de 41, y Sánchez Aguilar ha elegido para hablar de ellas la tercera persona, frente a la primera que escogió en Factbook para acercarnos a Gustavo y Rosa, una pareja que, en el tiempo narrativo de la historia contada, ya se había separado. En Factbook existía un tercer grupo de capítulos en los que unos policías indeterminados interrogaban a supuestos terroristas que descubrían en la red, y en Los que escuchan hay un grupo de capítulos, que cubrirían una función similar, en los que la tercera persona se acerca hasta la figura de Francia, que es la asesora del presidente de Francia, en una Cumbre del Futuro del G7, que se está celebrando en la ciudad innominada en la que viven las protagonistas. Además de conocer a Asunción, Esperanza y Francia, también nos acercaremos a la figura de Ulises, un amigo de Esperanza de la facultad de Bellas Artes, donde los dos estaban estudiando, y que en la actualidad habla en un programa de radio, desde el que lanza mensajes, con tendencia apocalíptica, sobre el futuro del planeta. Y, en algunos de los capítulos que se dedican a Asunción, también se nos acabará hablando de su hijo Andrés, un niño apocado que acaba de empezar primero de la ESO en un nuevo centro, en el que está teniendo problemas de integración.

 

En el presente narrativo del libro, Esperanza, que a los dieciocho años abandonó el hogar familiar, se encarga ahora de cuidar a su madre anciana, tarea que había sido llevada a cabo por Asunción durante los años anteriores, en los que la hermana pequeña estuvo desaparecida. Esperanza tiene vagos recuerdos de sus últimos años, que parece que ha pasado con un grupo similar a una secta. El padre de ambas, que llegó a ser un escritor con un reducido prestigio, ya ha muerto cuando empieza la narración.

En Factbook, Sánchez Aguilar nos presentaba un mundo ligeramente distópico en el que, por ejemplo, el Mar Menor de Murcia se ha convertido en un barrizal y la educación y la sanidad pública ahora están gestionadas por completo por empresas privadas. Y en Los que escuchan también muestra una ligera variante sobre la realidad que, más que una posible realidad proyectada hacia el futuro, se basa en un hecho fantástico: algunos de los personajes pueden oír (o han oído en algún momento de sus vidas) un ruido de origen desconocido y que es como una crepitación, como el sonido que emitían las antiguas televisiones cuando no emitían ningún canal.

El trasfondo de Factbook era una crítica al neoliberalismo de la crisis económica de 2008-2014, que hizo que tanta gente se empobreciera. En Los que escuchan también existe una crítica a este mismo neoliberalismo, pero ahora centrada en las consecuencias climáticas. Esperanza, desde muy joven, ha sufrido ecoansiedad, y en el tiempo narrativo de la novela está volviendo a tener contacto con su antiguo grupo de activistas climáticos, que parecen planear alguna acción contra la Cumbre del Planeta, que va a juntar a los líderes del G7, en la ciudad en la que vive, una ciudad indefinida, pero que tiene metro y que se encuentra al borde de un desierto. Cuando los capítulos se acercan a Francia, el tiempo narrativo –descubrirá el lector– se modifica un tanto, porque esos capítulos parecen que se sitúan en un tiempo ligeramente posterior al de Esperanza y Asunción, y lo que ha ocurrido en esa Cumbre (donde los líderes mundiales muestran síntomas de haberse quedado catatónicos), también parece tener relación con lo que se nos va a contar en las otras partes del libro.

 

Como ocurría en Factbook (sobre todo en su primera parte), en el tiempo narrativo de la novela les van a acontecer muy pocos sucesos a los protagonistas. Un capítulo prototípico nos presentará a Esperanza o Asunción realizando alguna tarea cotidiana (por ejemplo, ir al trabajo en coche y luego en metro, en el caso de Asunción, o cuidar a la madre, en el caso de Esperanza) y mientras se exponen estos hechos minúsculos el narrador nos alumbrará sobre algún episodio del pasado de los protagonistas. En el caso de Esperanza su pasado es más turbulento que el de Asunción, porque desde joven mostró una personalidad antisistema, y Asunción vivió una vida más convencional. Sin embargo, la supuesta normalidad de Asunción tampoco parece haberle traído la felicidad, ya que su trabajo en una empresa de marketing se muestra como una continua fuente de ansiedad y frustraciones. Esperanza empezó a oír «el Ruido» desde que era pequeña, y Asunción lo está empezando a oír ahora, cuando los nubarrones se ciernes sobre su futuro laboral.

«El Ruido» se nos presenta como un fenómeno que no es exclusivo de los personajes de la novela, ya que existen páginas de internet donde otras personas, que también lo perciben, hablan de este fenómeno; sin embargo, los médicos no van a saber identificar la dolencia y se la achacarán al estrés. «El Ruido», en definitiva, parece simbolizar la angustia de la vida actual, sometida al neoliberalismo y al estrés climático; en este sentido, es significativo que afecta mucho menos a las personas de África que a las occidentales.

 

Me han gustado bastante más los capítulos dedicados a Esperanza y Asunción (que suelen ocupar unas veinte páginas) que aquellos dedicados a Francia, que suelen ser más cortos. Sin embargo, es posible que uno de estos últimos capítulos sea de los más bellos del libro, aquel en el que se narra como Sonja Horensen, una niña ciega que se ha convertido en emblema de la lucha por el cambio climático (apenas un trasunto poco disimulado de Greta Thunberg) pasa a vivir unos meses con los samis, símbolo de un pueblo en armonía con la naturaleza que va a desaparecer.

Algunos capítulos de esta novela son soberbios en su construcción: me ha parecido de una gran poesía uno en el que, por ejemplo, Esperanza y Ulises tratan de escuchar «el Ruido» en el desierto del Gran Cañón de Estados Unidos, o aquel en el que Ulises busca la realidad histórica de «el Ruido» en los aparatos que durante la Primera Guerra Mundial, antes de que se inventase el radar, se usaban, con personas que escuchaban mediante, para tratar de detectar el vuelo de los aviones enemigos. En la ligera irrealidad de este capítulo me ha parecido detectar la influencia benefactora del Gustavo Faverón de Vivir abajo, una novela que estoy seguro de que Sánchez Aguilar ha leído.

 

Es cierto que las débiles líneas argumentales del presente narrativo de Los que escuchan no quedarán del todo cerradas al finalizar el libro, pero el despliegue de literatura de calidad del que disfruta el lector de esta novela es apabullante. La prosa de Diego Sánchez Aguilar ha dado un salto muy importante desde Factbook, que ya era una buena novela, hasta este Los que escuchan, donde sus párrafos inteligentes, misteriosos, evocadores y poéticos, en los que escasean los adjetivos, convierten a este libro en una grandísima narración, en uno de las mejores novedades literarias escritas en español que he leído en los últimos años.

domingo, 24 de marzo de 2019

Factbook, El libro de los hechos, por Diego Sánchez Aguilar.


Editorial Candaya. 349 páginas. 1ª edición de 2018.

En 2017 leí Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino, el libro de cuentos con el que Diego Sánchez Aguilar (Cartagena, 1974) ganó el premio Setenil de 2016 al mejor libro de cuentos publicado ese año y escrito por un autor español. Me pareció un libro que analizaba la realidad de mi generación de un modo muy incisivo, y se convirtió en una de mis mejores lecturas de 2017. De este modo, cuando en el verano de 2018 vi anunciado que el narrador y poeta Sánchez Aguilar iba a publicar su primera novela en mi apreciada editorial Candaya, supe que aquélla era una de las novedades literarias que más me apetecía leer. En cuando salió de la imprenta se lo solicité a Olga y Paco, los editores de Candaya, y lo empecé a principios de 2019.

Factbook está dividido en treinta capítulos, que se alternan en grupos de tres.
En primer lugar, el lector se acerca a la voz narrativa de Rosa, una profesora de instituto muy comprometida políticamente. Rosa es una mujer de mediana edad que en su juventud militó en movimientos antisistema y que en el presente narrativo del libro, con más de cuarenta años, opina (cuando se atreve) sobre la situación social de España a través de las redes sociales.
La segunda voz narrativa es la de Gustavo, que ha sido pareja de Rosa y en el presente de la novela se encuentra en un hotel abandonado de La Manga del Mar Menor, porque ha contratado los servicios de una empresa de crionización con la intención de desaparecer, de suicidarse de una forma cara e indolora.
En el tercer grupo de capítulos, un posible escritor, o periodista, pregunta a miembros de cuerpos de seguridad cibernética por la red social Factbook, relacionada posiblemente con el asesinato de altos cargos políticos y económicos de la Unión Europea y de España.
Esta estructura de tres partes que se van alternando me ha hecho pensar en otro libro de Candaya y en otro autor murciano: La edad media de Leonardo Cano.

En los capítulos de Rosa y Gustavo, el lector no encontrará diálogos. La voz narrativa de Rosa es poética y abrumada, la de una persona que siente con gran dolor la pérdida de derechos y libertades en España. Lo único que parece darle algo de esperanza en los últimos tiempos, es que los telediarios han empezado a dar noticias sobre altos cargos políticos y económicos que están apareciendo colgados de los populares anuncios de carretera con la silueta del toro de Osborne. Y una palabra al lado, «Factbook». El discurso de Rosa es muy comprometido: estuvo acampada en Sol cuando el 15M y ha participado en las manifestaciones de las Mareas Blancas o Verdes. Rosa ha sido siempre una persona idealista que cada vez se siente más frustrada ante la realidad que le toca vivir.
La voz narrativa de Gustavo es más solipsista. A diferencia de lo que ocurre con Rosa, el lector sabe que Gustavo escribe de forma consciente. Ha ingresado en el hotel de La Manga para, durante una semana, reflexionar sobre si de verdad quiere ser crionizado o no. Una de las pruebas que ha de realizar es la de escribir un diario en el que reflexione sobre su vida. Gustavo es de Ávila y recuerda, de forma irónica, que siempre ha sentido, o los demás han sentido a su alrededor, que era un genio. Siempre trató de diferenciarse de los demás mediante su gusto musical o cinematográfico, y siempre se ha sentido culpable de que sus padres pagaran sus estudios audiovisuales en Madrid mientras él se perpetuaba como estudiante hasta después de los treinta y despreciaba a su padre, que mantiene el esforzado negocio de una papelería. Gustavo acabará ganando bastante dinero como guionista de series de éxito. Sin embargo, los guiones de sus dos series le harán pensar que es un traidor a sus ideales artísticos y políticos. Es alguien que acabará separándose de su pareja, Rosa, porque sabe que ésta no va a tolerar su éxito económico, la venta de su alma al sistema.

Para el tercer grupo de capítulos, Sánchez Aguilar ha reservado el recurso de la oralidad. En estos capítulos el lector sólo encontrará diálogos, aunque se han borrado las palabras de la persona que interroga y sólo aparecen las respuestas de los miembros de seguridad que rastrean a terroristas en la red. Sobre todo la voz que pregunta (y que el lector conoce por las respuestas que recibe) está interesada en saber de Factbook, una red social en la que los miembros no usan su nombre y en la que tampoco hay fotografías; sólo hay datos objetivos, por ejemplo, datos sobre el precio de los productos, las ganancias de las empresas que los venden y los sueldos que reciben los trabajadores; datos sobre el dinero que han recibido los bancos rescatados, etc.
En algún momento se podría pensar que el policía antiterrorista que contesta es siempre el mismo, pero –sutilmente– de un capítulo a otro se introducen pequeñas variaciones, que hacen pensar que nuestro periodista o escritor está interrogando a personas diferentes.

En la contraportada de Factbook se habla de un «mundo distópico». Es posible que la acción del libro se sitúe unos cuantos años en el futuro, en un futuro en el que, por ejemplo, el Mar Menor se ha convertido en un barrizal y en el que Esperanza Aguirre ha llegado a ser presidenta del gobierno. En algún momento del pasado, el mundo sobre el que escribe Sánchez Aguilar se separó un tanto del nuestro. En el mundo de Sánchez Aguilar, los recortes económicos han sido más drásticos que en el nuestro; es un mundo en el que, por ejemplo, la educación pública acabará privatizándose y siendo gestionada por una empresa privada, igual que la sanidad. Quizá lo más terrible de la distopía de Sánchez Aguilar es que el mundo que nos presenta se parece demasiado al nuestro. Me ha parecido muy conseguido este juego entre realidad verificable e inventada, a través del recurso de informar al lector de las peticiones de Charge.com que firma Rosa. En ocasiones firma porque no le parece bien que se detenga a personas por hacer chistes en las redes sociales; o porque no está de acuerdo con el rescate a los bancos; o bien porque no está de acuerdo con la ley que anula la prestación social por desempleo o que permite el trabajo sin sueldo. Las leyes reales o inventadas contra las que protesta Rosa quedan todas al mismo nivel de irrealidad, de desmesura y deriva política sin control.

Sin embargo, casi no aparecen siglas de partidos políticos reales en Factbook, sino que Sánchez Aguilar, más allá de luchas políticas directas prefiere ir –como ocurre en la red social de la que habla aquí– a la esencia económica de los hechos. En la realidad que Sánchez Aguilar dibuja para España no existen las tensiones nacionalistas, y esto me lleva a pensar que empezó a escribir su novela en plena crisis económica, en la época más dura de los recortes y las mareas, poco después del 15M (que tuvo lugar en 2011) y que ha visto ahora la luz.

Los capítulos que se desarrollan en el hotel abandonado de La Manga, donde Gustavo trata de convencerse a sí mismo de que no quiere dar un paso atrás, que la crionización es la mejor forma de desaparecer, me han recordado, en parte, al nihilismo de Michel Houellebecq. En su novela El mapa y el territorio hablaba de una casa de suicidios, que tenía muchos más clientes que el burdel de al lado. Bajo este espíritu de depresión y falta de esperanza está escrito Factbook, como una muestra más de la decadencia europea.

La prosa de Factbook está cuidada, siendo más reflexiva que metafórica. En este sentido, también me ha recordado al estilo de Houellebecq.
Durante un gran número de páginas, el presente narrativo de los narradores del libro casi no avanza. Rosa está instalada en el salón de su casa solitaria, viendo el telediario; Gustavo deambula por el hotel abandonado y describe a sus compañeros de desventura; y el escritor y los policías se encuentran –supone el lector– en alguna oficina. Desde estos lugares (salón de una casa, hotel abandonado y oficina) reconstruyen su pasado, el colectivo del país, el de sus vidas y el de los movimientos en redes sociales que pueden constituir delito. Será en el último tercio del libro, sobre todo en la voz narrativa de Rosa, donde el presente de los narradores evolucione más y se llene de sucesos.
La terna de capítulos (Rosa-Gustavo-Escritor) se rompe en la décima, que pasa a ser: Rosa-Gustavo-Rosa. Me parece acertada esta ruptura, y consigue que el libro acabe de forma más contundente.

No me gustaría dejar de hablar del análisis de las redes sociales y, en especial, de Facebook, distinguiendo dos etapas en la vida del hombre: antes y después de Facebook. Sobre todo será la voz narrativa de Gustavo la que analice este fenómeno.

Factbook es una primera novela, pero, desde luego, Diego Sánchez Aguilar no es ningún principiante. Ha escrito una valiosa y sólida novela crítica sobre nuestra realidad cotidiana, nuestra realidad social, y por tanto política, y sobre nuestra realidad íntima, que se muestra a través de las redes sociales. Factbook es un libro triste y lírico, que conmueve por su precisión y por su fino diagnóstico del mundo que nos rodea. Una novela destacada y muy recomendable.

domingo, 8 de octubre de 2017

Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino, por Diego Sánchez Aguilar.

Editorial Balduque. 153 páginas. 1ª edición de 2016.

A finales de febrero de 2017, me escribió Diego Sánchez Aguilar (Cartagena, 1974) a través del chat de Facebook para proponerme el envío de su libro de relatos Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino, sin compromiso alguno. Me decía Diego que encontraba afinidades entre sus lecturas y las mías. Ya he comentado más de una vez que suelo rechazar este tipo de ofrecimientos, porque necesito tiempo para elegir yo mis propias lecturas, pero en este caso acepté porque Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino ganó en 2016 el Premio Setenil de cuentos (otorgado por el ayuntamiento de Molina de Segura al mejor libro de cuentos publicado durante el último año) y tenía curiosidad por él, de que ya había oído hablar. Al final quedamos en que él me enviaría su libro de cuentos y yo el mío, Koundara. Diego leyó mi libro antes que yo el suyo, y escribió una reseña muy generosa para la web El coloquio de los perros. De nuevo a través de Facebook, Diego me contaba que había encontrado más de una afinidad entre sus relatos y los míos. Ahora que he leído su libro entiendo por qué. Ambos hemos nacido en el mismo año, 1974, y hablamos de la clase media española de la misma generación.

Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino está formado por siete relatos con una extensión media de veinte páginas. Ya he comentado también, más de una vez, que me gustan los libros de relatos, pero no cuando los relatos son muy cortos. Esta extensión de 15-30 páginas suele ser la que más me satisface como lector (sin ser ésta, tampoco, ninguna regla fija, claro).
El primer cuento se titula Cena de empresa y en él ya están recogidas todas las obsesiones temáticas del volumen: el protagonista tiene treinta y nueve años y, junto a los compañeros de la sucursal bancaria en la que trabaja, celebra, en las fechas previas a la Navidad ‒como el título ya anuncia‒ una cena de empresa. Los compañeros de trabajo no mantienen verdaderas relaciones de amistad (mientras que a los que fueron los amigos de verdad ya apenas los ven), pero en este ambiente de alegría un tanto forzada puede surgir el deseo hacia la joven chica nueva que lleva dos semanas de prácticas. El relato avanza desde lo social (relaciones interpersonales en el trabajo) hasta lo más íntimo (las relaciones sexuales). De fondo nos encontramos con la crisis económica que ha atravesado (o sigue atravesando) el país, donde los personajes han de sufrir sus bajadas de sueldos.

Casi todos los personajes de estos relatos tienen una edad similar, que suele rondar los cuarenta años (aunque los de los dos últimos se alejan algo de ella y tienen treinta), y pertenecen a la empobrecida clase media española. El hilo conductor de los mismos es su relación con el sexo. Si bien el personaje del primer cuento, como ya he apuntado, tiene treinta y nueve años y está casado, pero durante la noche del relato fantasea con su joven compañera de trabajo, también mantiene una intensa relación con la pornografía de internet, sobre todo con la web Youporn, que aparece de modo recurrente en varios relatos.
La distancia entre el deseo sexual y las fantasías eróticas y el sexo real es el nexo temático que une a los cuentos aquí mostrados.

En el segundo cuento, el titulado Gemidos, nos acercamos a un cuarentón solitario, que trabaja de cartero. Anselmo no practica sexo real con nadie, pero cree que al fin se ha enamorado de una artista sexual de internet a la que no puede ver, ya que tan sólo puede escuchar el sonido de sus orgasmos. Creo que éste ha sido uno de los dos cuentos que más me han gustado del libro. El otro es Vecinos, en el que una pareja de cuarentones, con un hijo, vive una sexualidad que no es todo lo satisfactoria que al hombre le gustaría. En la página 83 podemos leer un párrafo que podría resumir el espíritu del cuento Gemidos y de todo el libro: «Francisco estaba resignado a esa rutina sexual consistente en hacer el amor dos o tres veces al mes, generalmente los domingos por la mañana antes de que se despertara el niño, siempre en la posición del misionero, que era la que le proporcionaba a Marta el orgasmo de manera más rápida y efectiva; se había acostumbrado a suplir con la masturbación y la pornografía el excedente sexual que él aportaba al matrimonio. Ese componente de sexo por compasión llegó a molestar mucho a Francisco, sobre todo tras el nacimiento de su hijo. Ahora echa de menos a esa Marta que hacía el amor para complacerle a él. En cierto modo, Francisco estuvo convencido (sin pensarlo nunca explícitamente, pero ahora se empezaba a dar cuenta de que ese pensamiento estaba ahí) de que Marta sería absolutamente feliz viviendo sin sexo, eliminando totalmente esa faceta de su vida». Los conflictos surgirán cuando el piso de arriba (que había estado deshabitado por la dificultad de venderlo durante la crisis económica) sea ocupado por una pareja joven y los sonidos de sus intensas batallas sexuales se filtren hasta su dormitorio. Las fantasías de Francisco se dispararán.

En Cuba, el tercer cuento, tres amigas viajan a un resort de Varadero. El cuento recoge principalmente lo acontecido durante una excursión de un día que hacen a La Habana. La protagonista se ha divorciado hace poco y las amigas quieren que se alegre practicando el sexo con algún cubano. Cuba refleja bien la falsa alegría de los viajes. Así empieza este cuento: «Aurora siempre siente lo mismo cuando baja de un avión y pone un pie por primera vez en un país extranjero: una profunda e inexplicable decepción» (pág. 43).

En Injusticia, el quinto relato, Sánchez Aguilar emplea el recurso de usar dos tiempos narrativos: cuando la protagonista Paula tiene diecisiete años en 1990 y cuando tiene cuarenta en 2013. Predomina la visión más actual de sí misma, pero la evocación juvenil le sirve al lector para comprender sus frustraciones vitales (que, como en todos los cuentos de este libro, son sexuales). Me llama la atención que el motivo narrativo de este cuento sea un encuentro con los antiguos compañeros del colegio que se organiza a través de Facebook. Algo que empieza a ser un rasgo generacional de la nueva narrativa española: esto mismo aparece en la novela Autopsia de Miguel Serrano Larraz y en Edad Media de Leonardo Cano.

Si Injusticia trata sobre una posible infidelidad que la mujer de una pareja va (o no) a cometer, el siguiente cuento, Anunciación de María, nos habla del miedo de un marido a que su mujer le esté siendo infiel durante el tiempo del relato, que es una noche en la que ella ha salido para celebrar el comienzo de las vacaciones de Semana Santa.

El último, titulado El perfume, trata sobre un fotógrafo publicitario y su particular técnica para mejorar la sensación de ensueño que desea aportar a las fotos de su trabajo: cambiar la cara de las modelos que fotografía por esa misma cara en el momento de tener un orgasmo. Quizá sea este cuento el que más se aleje de la unidad temática planteada, al hablarnos en él de una persona a la que le va mejor económicamente que al resto de protagonistas de los otros cuentos, y cuya relación con el sexo no es de frustración, sino de plenitud. Aunque, a tenor de lo precedente, el lector intuye que sus privilegios no van a durar mucho.

Los siete cuentos de este libro están escritos en tercera persona y aunque, en muchos casos, se usa la técnica del estilo indirecto libre para acercarse y reflejar los pensamientos de los protagonistas, existe en ellos la voz común de un narrador que, a veces, parece conocer mejor a los personajes que lo que ellos se conocen a sí mismos.

Sánchez Aguilar, sin descuidar el lenguaje, no apuesta fervorosamente por el juego metafórico. Su prosa es cuidada (no he detectado ni una sola errata en todo el libro), pero prefiere la disección psicológica de sus personajes frente al vuelo poético. En este sentido, Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino contiene reflexiones muy finas sobre la generación de españoles que en 2013-2014 rondaba los cuarenta años. Existe también en estos cuentos una sutil crítica social, pues la idea de «la crisis» ‒el miedo a perder los trabajos, la dificultad para pagar las altas hipotecas, las bajadas de sueldos...‒ están aquí presentes como telón de fondo.
En la composición de los cuentos llama la atención el uso de la lista con enumeraciones separadas por a), b) c), etc. y el uso de notas a pie de página. En las conversaciones que he tenido con Sánchez Aguilar a través de Facebook, me señalaba que uno de sus escritores de cuentos favorito es David Foster Wallace. Así que lo lógico es considerar que estos dos recursos, y sobre todo el último, son una influencia del autor norteamericano. Las notas inciden en muchos casos en explicar la psicología de los personajes, e, incluso, en una de ellas se adelanta el fin de la historia (la pareja acabará divorciándose), que en la propia narración tan sólo queda sugerido.

«La idea del libro es que el sexo, con su componente de insatisfacción perpetua, reflejara la eterna insatisfacción de la clase media», declaró Sánchez Aguilar en una entrevista para el Diario.es.

Los siete cuentos de Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino mantienen una unidad temática y compositiva tales que el lector puede tener la sensación de estar leyendo una novela. Cuando he leído a algunos de mis escritores de cuentos favoritos (Antón Chéjov, Raymond Carver o Tobias Wolff), siempre he considerado que un mérito de estos escritores era la variedad de temas y de personajes diferentes: en un cuento hablaban de una persona de mediana edad, en otro de un niño, de un anciano, etc. y en la diferencia de temas (los celos, el miedo a perder el estatus, las relaciones familiares, etc.) y enfoques. Me gusta cuando el escritor es capaz de crear la voz narrativa de una problemática adolescente y más tarde la de un estirado ejecutivo de sesenta años, por ejemplo. En este sentido, los cuentos de Sánchez Aguilar me parecen poco variados (aunque sabe acercarse con igual pericia a personajes masculinos o femeninos), lo que provoca, al acercarse a los dos últimos, una ligera sensación de repetición. Y no es que los dos últimos sean malos cuentos, que no lo son (leídos en una antología de varios autores serían cuentos destacables), pero el lector tiene la impresión de que lo que se narra en ellos ya ha sido transmitido en otros cuentos anteriores. A cambio, los mejores cuentos de este libro son magníficos, por ejemplo Gemidos y Vecinos, y los podría incluir en mi lista de mejores cuentos leídos en los últimos años. Además –y para mí esto es un mérito–, hablan de mi entorno urbanita más cercano y reconocible, son cuentos que me apelan de forma absolutamente directa, cuentos cuyo desarrollo y final me han dejado seco.


Diego Sánchez Aguilar me parece un gran escritor de cuentos, al que me gustaría exigirle mucho (al fin y al cabo soy profesor de bachillerato y la deformación profesional está en mí), me gustaría pedirle que, después del magnífico libro de relatos que es Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino, se pida a sí mismo elevar el reto y aceptar la dificultad de variar los puntos de vista e incrementar la variedad de personajes. Soy profesor y me gusta incitar a los mejores a superarse.