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domingo, 6 de septiembre de 2026

Guerra total, por Manuel Chaves Nogales

 


Guerra total, de Manuel Chaves Nogales

Editorial Renacimiento. 321 páginas. Primera edición de 1937-38


Estuve leyendo Los secretos de la defensa de Madrid (1938) de Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897 – Londres, 1944), publicado por la editorial Renacimiento, y me cambié algunos correos con Abelardo Linares, el fundador de la editorial. Esto hizo que Linares me enviara, para que pudiera leerlo y reseñarlo, el libro de relatos Guerra total, que acababa de publicar. En 2018 me impresionaron los cuentos de A sangre y fuego y me apetecía leer esta suerte de continuación que parece ser Guerra total. Cuando acepté el envío, aún no sabía que había comenzado una polémica sobre la autoría de los cuentos originales, pues la mayoría no están firmados con el nombre de Manuel Chaves Nogales. El libro cuenta con un prólogo de Ignacio Martínez de Pisón, que le recuerda al lector cómo fue el rescate que Chaves Nogales escribió durante los años de la guerra civil, a partir de los años noventa del siglo XX, y celebra la aparición de estos nuevos relatos. De las 320 páginas del libros, los diez relatos ocupan unas 160 páginas. Después de ellos podremos leer un epílogo de unas 90 páginas, en las que el editor Abelardo Linares nos explica la procedencia de los textos y por qué piensa él que son de Chaves Nogales aunque en la revista, editada en París por Chaves Nogales, entre 1937 y 1938, no aparezca su nombre en la mayoría de ellos. El libro finaliza con algunas notas sobre la procedencia de los textos y unas fotos de la revista Madrid, donde originalmente aparecieron.


Al saber de la polémica, he tratado de leer cada relato con minuciosidad, entrando en el juego y tratando de ver si el estilo me recordaba al de los cuentos de A sangre y fuego o no. De hecho, me he acabado metiendo tanto en esta polémica que, tras acabar Guerra total, he vuelto a releer los cuentos de A sangre y fuego, que tenía en la edición de Libros del Asteroide.

Creo que el exceso de alerta ha jugado incluso en mi contra, ya que al leer el primer cuento de Guerra total, que se titula El refugio, me ha parecido que no se trataba de un cuento de Chaves Nogales, ya que el estilo me parecía más melodramático de como lo recordaba y con más incidencia en el patetismo, con más profusión de epítetos, que en mostrar la brutalidad y la ambigüedad de los personajes, como recordaba que eran los cuentos de A sangre y fuego. El refugio se sitúa en Bilbao y nos habla de las víctimas civiles de un bombardeo franquista. No recordaba bien mi lectura de A sangre y fuego, ocho años antes, ya que El refugio y Hospital de sangre, primer y segundo cuento de Guerra total, los había leído ya en la edición de Libros del Asteroide; dos relatos que no estaban en la edición que popularizó Espasa en 2001, y que tampoco recogían las ediciones posteriores de Renacimiento. 

La edición que se popularizó en España, a principios del siglo XXI, de A sangre y fuego era el libro que se publicó en 1937 en la editorial Ercilla de Santiago de Chile, libro que fue encontrado y rescatado por Abelardo Linares, el editor de Renacimiento. Ediciones posteriores, han incluidos dos relatos más –El refugio y Hospital de sangre– que se publicaron en la revista cubana Bohemia. Estos relatos se publicaron ahí con el nombre de Chaves Nogales y, por tanto, son los dos relatos de Guerra total sobre los que no hay dudas sobre la autoría. Debo decir, desde ya, que son los dos peores cuentos del libro. El primero, como ya dije, es un relato en exceso sentimental sobre un padre que pierde a sus hijos en un bombardeo y el segundo, algo mejor, trata sobre una monja que ha de hacer de enfermera y atender a heridos del bando republicano. Este también transcurre, como el anterior, en Bilbao. Son dos cuentos notablemente más cortos que los de A sangre y fuego y de menor hondura y ambición. 


Me gusta más el tercer cuento, titulado El traidor, que he leído dos veces. Una primera al acercarme por primera vez al libro, y una segunda tras releer A sangre y fuego. El traidor también sitúa la acción en el País Vasco, y trata sobre un joven, Antón Zubillaga, cuyo sueño siempre fue ser piloto y, cuando empezó la guerra, se vio, sin mucho convencimiento, convertido en piloto de guerra del bando nacional. En este cuento, a diferencia de los de A sangre y fuego, que eran sobre los comienzos de la guerra civil, aparecen por primera vez los nazis (y de refilón los fascistas italianos), que son los compañeros aviadores de Antón, y este empieza a sentir que le miran con superioridad. Antón cada vez se sentirá más disconforme con los bombardeos sobre civiles hasta que, como anuncia el título, acabe traicionando a «los suyos», que en este caso serían los nacionales, o los pilotos alemanes que, en realidad, él no siente como los suyos.

El quinto cuento se titula Timidez, y tiene una estructura muy similar al tercero, El traidor. En Timidez, el joven contable Luis Hernández, tímido como anuncia el título, es arrastrado en Barcelona, por un amigo, hasta la Falange. La participación en una escaramuza violenta en Barcelona, hará que Luis tenga que trasladarse a Valladolid, donde le acogerán los falangistas locales. «La sensación, intuitiva y borrosa, de que había en la sociedad algo falso y cruel, comenzaba a cobrar para Hernández unos perfiles fijos», leemos en la página 91. Estalla la guerra y a Luis, como miembro de Falange, le va a tocar dar «paseíllos» a gente de la ciudad vinculada con la izquierda. Luis, horrorizado por los desastres de la guerra y la crueldad de los suyos, igual que ocurría en el cuento El traidor, acabará boicoteándolos, y pagándolo caro.

Existe, en el libro, un tercer cuento con la misma estructura de estos dos anteriores, sería el sexto, titulado Un excelente verdugo, cuya acción se sitúa ahora en Triana. El protagonista es Florencio, que trabaja en una fábrica de cerámica, y que nunca se ha metido en política. Sin embargo, un amigo de Falange le va a buscar para pedirle que le ayude con un problema que ha surgido en su grupo: no tienen buenos tiradores y las personas que fusilan cada noche tardan mucho en morir, lo más cristiano sería que un buen tirador como es Florencio les ayude a morir rápido. «Pues yo te digo que no puedes negarte si eres un hombre de corazón. ¿Es que prefieres que la gente siga agonizando días enteros? Hazte a la idea de que vas a hacer es una buena obra: ahorrar sufrimientos y dolores inútiles» (pág. 103). Florencio también tendrá que enfrentarse a los horrores de la guerra y, finalmente, decidirá cambiar de bando.

Estos cuentos se publicaron por primera vez en la revista Madrid, dirigida por Manuel Chaves Nogales, y editada para los españoles franceses, y que apenas duró tres meses. Estaban firmados por los siguientes escritores: El traídor por Eduardo Borrás, Timidez por Lumo Reva y Un excelente verdugo por Fernando de la Milla. Estos tres escritores, o alguno de sus seudónimos, existieron en el contexto real de los exiliados de la guerra en Francia. Linares, en su estudio posterior, trata de probar que Chaves Nogales, para que pareciera que había más colaboradores en la revista usó sus nombres y también para evitar represalias sobre sus familiares en España. De hecho, alguno de los cuentos que Chaves Nogales publicó en la revista cubana Bohemia con su nombre, aparecieron en Madrid con seudónimo, y este es uno de los argumentos que usa Linares para tratar de probar que Chaves Nogales publicada aquí ocultando su nombre. También muestra Linares, ejemplos de la escritora de Borrás, para indicar que es un autor muy inferior a Chaves Nogales. Hago aquí mi aportación: creo que El traidor, Timidez y Un excelente verdugo están escritos por la misma persona, y no por tres diferentes. Esta persona puede ser Chaves Nogales o puede ser otra, pero los tres relatos coindicen en forma, intencionalidad, estilo narrativo y tono. ¿Hay tres autores en París que se ponen de acuerdo para escribir relatos similares? Es otra hipótesis. 

En realidad, el tono y el estilo de los ocho cuentos presentados al público por primera vez es muy homogéneo y me parecería extraño que estuviesen escritor por seis personas diferentes. En la página 273 del libro están los nombres bajo los que los cuentos aparecieron en la revista por primera vez.

También es cierto que los cuentos de A sangre y fuego mostraban la brutalidad de la guerra civil en ambos bandos y que en Guerra total existe una intencionalidad política a favor del bando republicano. Cuando aparece en París la revista Madrid, ya había ocurrido (a mediados de 1937) que los periódicos del bando nacional habían usado el primer cuento de A sangre y fuego, ¡Massacre, massacre!, donde se muestra la violencia y el caos de Madrid, en contra de los republicanos y que a Chaves Nogales, pese a su compromiso con la verdad, no le debió hacer mucha gracia.


El cuarto cuento es La última lección y trata de un joven huérfano, que se ha criado en un asilo correccional y al que sus ideales le llevan a ser maestro rural en Galicia a los veintinueve años. Enfrentarse al cacique local, a cuenta de la falta de religión de sus clases, será letal para él cuando empiece la guerra.


Tragedia en la sierra de Pancorvo, el séptimo cuento, también trata de una maestra rural, y sus intenciones narrativas son muy parecidas a las de La última lección; además, en este caso, se une el tema del rechazo a los requerimientos sexuales del cacique local a los motivos que van a hacer que la vida de la maestra Pilar peligre.


Carabinero me ha parecido un buen cuento, que trata sobre las personas pertenecientes a este cuerpo que se mantuvieron leales a la República. Su final es menos trágico y más esperanzador que otros.


La Tanguera nos lleva otra vez a Sevilla y esas relaciones familiares cruzadas en un bando y otro de la guerra civil. Es este un rocambolesco relato sobre la fuga de unos presos republicanos.


Lo de Badajoz seguramente sea el cuento más tremendo del conjunto y el menos sutil. Es un cuento coral sobre las atrocidades cometidas por el bando nacional –al mando de Queipo de Llano– en la ciudad de Badajoz, con la escena escalofriante de la matanza en la plaza de toros, uno de los episodios más deleznables de la guerra civil. Quizás este cuento, en su deseo crudo de mostrar la barbarie, sea de una factura inferior a los otros.


Después de los cuentos, nos podremos acercar a las noventa páginas en las que Abelardo Linares nos habla de su actividad detectivesca para hallar estos relatos y sus pesquisas borgianas para tratar de demostrar que son cuentos de Manuel Chaves Nogales, aunque no los firmara con su nombre. A mí me parece poco verosímil pensar que son cuentos escritos por seis personas diferentes, porque su estilo narrativo, su tono, su intencionalidad y su calidad literaria es bastante pareja. Los cuentos de A sangre y fuego, escritos con más nervio, más ambigüedad y más tensión narrativa, me parecen mejores que los de Guerra total,  pero estos últimos no me parecen nada desdeñables. Me resulta totalmente creíble que los ha escrito una sola persona, y en este caso tampoco me parece nada disparatada la hipótesis de Abelardo Linares de que los ha escrito Manuel Chaves Nogales. En cualquier caso, seguir la polémica sobre el caso me está resultado bastante interesante; es como si aún quedaran personas a las que les interesa la literatura.


domingo, 2 de agosto de 2026

Los secretos de la defensa de Madrid, por Manuel Chaves Nogales


Los secretos de la defensa de Madrid,
de Manuel Chaves Nogales

Editorial Renacimiento. 233 páginas. Primera edición de 1938, esta es de 2017

Dibujos de Jesús Helguera y prólogo de Antonio Muñoz Molina

 

De Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897 – Londres, 1944) había leído, hasta ahora, el volumen de cuentos A sangre y fuego (1937, Santiago de Chile), donde hablaba de la violencia de la guerra civil, perpetrada por ambos bandos. Fue un libro que me gustó mucho y, desde entonces, he tenido ganas de volver a él. Hace unos años, encontré en una librería de segunda mano del barrio de Pueblo Nuevo una edición prácticamente nueva de Los secretos de la defensa de Madrid, publicada por la editorial Renacimiento de Sevilla, en 2017. Con mi desbarajuste de lecturas habitual, en el que priorizo los libros que pido a editoriales sobre los que compro yo, se me había ido quedando sin leer, hasta este mayo de 2026, en el que me apeteció hacer un alto en el libro Novelas cortas de Iván Turguénev, y me puse con este libro de Chaves Nogales.

 

El libro cuenta con un prólogo de Antonio Muñoz Molina. En él, se nos dice que Los secretos de la defensa de Madrid se escribió en 1938, con cierta distancia de los hechos narrados (el primer intento de los militares rebeldes de tomar Madrid en noviembre de 1936), pero que parece una crónica escrita a toda velocidad, de forma inmediatamente posterior a los sucesos que narra. Esta primera apreciación de Muñoz Molina me ha parecido totalmente cierta. La sensación que he tenido como lector era la de estar leyendo una crónica periodística de la época, escrita de forma fulgurante y muy apegada a los acontecimientos. Originalmente este libro se publicó por entregas en la revista mexicana Sucesos para todos en 1938, con los dibujos del mexicano Jesús Helguera, que aparecen en esta edición.

Después del prólogo de Antonio Muñoz Molina hay una «nota del editor» en la que se le informa al lector de que esta edición de 2017 es algo diferente de la que ya existía de 2011, principalmente porque en 2011 no pudieron conseguir de la revista mexicana Sucesos para todos el capítulo X y se tuvo que retraducir al español de una traducción al inglés. Además, en 2017 pudieron utilizar una edición en rústica completa y disponer así de todo el material gráfico. Además aquí se han añadido dos trabajos finales de Chaves Nogales, publicados en la revista mexicana Hoy el 18 en 1939.

 

Los acontecimientos que narra Chaves Nogales en este libro son los mismos de los que se ocupa el libro de cuentos Largo noviembre de Madrid (1980) de Juan Eduardo Zúñiga, cuando se organizó la defensa de Madrid, por parte de la república, contra las fuerzas franquistas que deseaban conquistarla. Zúñiga centraba su atención sobre todo en la gente de las calles de Madrid, atemorizada por los bombardeos franquistas sobre la capital. También leí sobre estos hechos en el libro de historia La guerra civil española de Paul Preston. Aunque en el libro de Preston, esta defensa de Madrid no ocupaba tantas páginas, ni era contada con tanto detalle como lo hace Chaves Nogales en Los secretos de la defensa de Madrid.

 

En gran medida, la crónica de Chaves Nogales es una reivindicación de la figura de José Miaja, que fue el general que, fiel a la República, se quedó en Madrid organizando su defensa, mientras el gobierno huía hacia Valencia. En noviembre de 1936, Miaja es un militar, con una carrera poco destacada, que ya tiene cincuenta y ocho años, pero con unas convenciones firmes sobre sus funciones en la guerra, en un contexto que, como vamos a ver, le era bastante desfavorable. En cambio, dentro del bando republicano, Chaves Nogales va a tener una mirada negativa sobre Francisco Largo Caballero, el presidente del gobierno en ese momento. «Largo Caballero ha recorrido los frentes de la Sierra disfrazado de caudillo tropical, cubierto con un inverosímil sombrero de alas anchas y armado con un rifle». (pág. 18) De hecho, Chaves Nogales va a documentar la tensión entre Miaja y Largo Caballero, ya que este último pensaba, desde Valencia, que quizás Miaja tuviera el deseo de convertirse en la cabeza de la República, quitándole el puesto, y esto hará que Largo Caballero, por ejemplo, no le envíe armas en momentos complicados de la contienda, y Miaja vaya a la retaguardia a apropiarse de ellas por la fuerza, lo que dificultará aún más las relaciones entre ambos líderes.

Aunque la figura de Francisco Franco, aparece de un modo difuminado y lejano en este libro, Chaves Nogales también le lanza alguno de sus dardos: «Si Franco hubiese sido efectivamente un gran capitán sus tropas hubieran entrado aquella mañana en Madrid. Le faltó la intuición genial, la resolución fulminante, la videncia típica del caudillo». (pág. 32)

 

Otro problema con el que se va a enfrentar Miaja es que el pueblo de Madrid desconfía de los militares fieles a la República, porque piensa que pueden ser traidores, y se fían mucho más de los líderes populares, salidos de los sindicatos, muchos de los cuales tienen buena voluntad, pero no formación militar. De este modo, es difícil para Miaja organizar una defensa sólida de la ciudad, ya que los sindicatos y asociaciones obreras funcionan, en gran medida, de un modo independiente, y pronto, además empezarían las tensiones entre los comunistas y los anarquistas. «Otros, son hombres de acción de los partidos revolucionarios, bárbaros caudillos del pueblo, guerrilleros típicamente españoles, dignos descendientes del Empecinado, hombres jóvenes, fuertes, temerarios; pero incapaces de sostener la lucha contra un ejército moderno y bien equipado con tanques y aviación”. (pág. 33).

La mano derecha de Miaja va a ser el teniente coronel Vicente Rojo, al que Miaja nombra jefe del Estado Mayor del ejército que defiende Madrid. En menos de seis horas desde que se marchó el gobierno, Miaja ha rehecho un aparato defensivo para Madrid.

En las páginas del libro se homenajea a algunas personas anónimas del pueblo de Madrid que actuaron de una forma heroica, como a la costurera Teresa, que sale a la puerta de su casa a arengar a los milicianos y morirá de un balazo, o Antonio Coll, un marinero que se atreve a ponerse delante de un tanque franquista, con un cinturón de bombas, que le arroja, y logrará reventar uno, aunque perecerá al tratar de repetir su hazaña.

También hay ciudadanos que no participan en la defensa de Madrid, y algunos de ellos, al salir del metro, son obligados a ir a cavar zanjas para hacer trincheras. «Treinta y seis mil hombres ha costado a Madrid su resistencia este primer mes», leeremos en la página 133. Entre otras cosas, los primeros días Madrid pudo salvarse de su caída, porque llegaron a la ciudad unos 3.500 soldados de las Brigadas Internacionales, sobre todo comunistas alemanes e italianos, que habían combatido en la Primera Guerra Mundial y tenían experiencia en la guerra de trincheras.

Cuando escribí mi novela de no ficción sobre la guerra civil, en la que investigaba sobre un caso de asesinato en el que se vio envuelto un familiar mío, contacté con historiadores aficionados de la guerra civil y uno de ellos me contó una historia que recoge también aquí Chaves Nogales: las fuerzas españolas capturan un tanque, en el que un militar muerto tiene un documento con la estrategia para tomar Madrid, y al poder diseñar una contraestrategia, en función de esta información, se pudo contener el ataque.

 

Uno de los escenarios de la guerra en Madrid va a ser la Ciudad Universitaria, muchos de cuyos edificios se habían levantado hacía poco, y allí tenían que aguantar los soldados republicanos casi sin medios, envueltos en periódicos para soportar el frío de las noches.

En las páginas 132-33 leemos: «Con más sosiego ya, Miaja, asistido por la Junta de Defensa, se dedica a organizar la vida de esta ciudad de un millón de habitantes que están bajo el fuego continuo de las baterías enemigas. Crea un consejo ordenador de los servicios de vigilancia, centraliza los abastecimientos en los que había antes una rapiña indecorosa, persigue implacablemente a los asesinos que actuaban a favor de la impunidad revolucionaria y poco a poco va creando una normalidad y un orden en medio del caos de la guerra y la revolución». Chaves Nogales está en contra de los asesinatos de civiles que se cometieron en el lado republicano y honra a Miaja al hablar de su preocupación por este tema. «¡Hay que acabar con los asesinos! Esa fue la obsesión de Miaja desde el primer día», leemos en la página 141. Muchos de estos asesinatos provenían de agentes descontrolados que se movían por la venganza personal y el deseo de robar joyas y dinero de las víctimas. Miaja tendrá también que mediar con líderes anarquistas como Cipriano Mera que, ante un revés en el frente, cree que sus hombres han sido traicionados por los militares republicanos, y también tendrá que lidiar en las tensiones entre comunistas y anarquistas, cada vez más tensas por el control de los escasos víveres que llegan a Madrid por la carretera de Valencia.

 

Algo llamativo es que, dentro del dramatismo y la tensión de todo lo contado, Chaves Nogales encuentra ocasión para narrar algunos sucesos con humor, un humor que se desprende del pueblo de Madrid, capaz de enfrentarse a la tragedia desde la broma. Me he reído con una historia sobre unos soldados franquistas apresados, que al encarcelarlos piensan (debido a la propaganda fascista) que se encuentran entre bestias, que no van a dudar en matarlos de inmediato. Además de que piensan que los soldados de Madrid son todos rusos, entre otras cosas porque los madrileños han jugado a confundirlos con esto, cantando en las trincheras coplillas con un lenguaje inventado, que imitaba al idioma ruso, y prisioneros y carceleros acaban todos riendo al descubrirse el engaño. La escena y el capítulo, sin embargo, acaban con un soldado franquista que empieza a suplicar que le dejen libre para visitar su casa familiar, donde vive su madre, porque ha estado durante semanas bombardeando Madrid y teme haber sido el causante de su muerte. Absurdo, humor y drama se hilan en un revoltijo muy ibérico.

 

Antes de llegar al apéndice, el libro termina con un alegato final en contra de la guerra, usando la metáfora de los combates precisamente en la Ciudad Universitaria, un centro que debería haber sido de saber: «Esa mala levadura que hay en el comunismo y en el fascismo, así como en la barbarie anarquista o autárquica y en el internacionalismo revolucionario o el nacionalismo reaccionario, fue la que hizo morir y matar a aquellos millares de bárbaros que se acometieron como fieras rabiosas precisamente en el terreno que España había destinado a los más soberbios templos de la cultura que se habían erigido en Europa. No por demasiado fácil es desdeñable el simbolismo de que fuese allí precisamente, en la Ciudad Universitaria, donde el destino quiso que se afrontasen las dos modernas concreciones de la humana bestialidad». En cualquier caso, no se puede hablar de equidistancia en Chaves Nogales, porque se muestra de forma clara en contra del golpe de estado franquista.

 

Me ha gustado mucho Los secretos de la defensa de Madrid. Chaves Nogales escribe con un grandísimo sentido del ritmo, y lo narrado siempre tiene interés. Los detalles de los que nutre su crónica son muy vivos. He pensado en algún momento que estaba novelando y que se inventaba algunas partes, o las suponía, como los sentimientos de Miaja, pero, por lo que leo en internet, se entrevistó con testigos y se documentó bastante para escribir este libro.

Me han gustado menos los textos del apéndice, titulados Los días de agonía del gobierno del Dr. Negrín y Cómo cayó Madrid: horas de angustia, que no formaban parte de la crónica de Madrid y me han parecido algo innecesarios. En cualquier caso, ha regresado a mí el mismo sentimiento con el que acabé de leer A sangre y fuego: debo leer más libros de Manuel Chaves Nogales, porque es un grandísimo escritor.

 

 

domingo, 8 de diciembre de 2013

Sociedad limitada, por Miguel d´Ors

Editorial Renacimiento. 69 páginas. Primera edición de 2010.

Ya he hablando aquí de Miguel d´Ors (Santiago de Compostela, 1946). En uno de los pequeños homenajes poético que últimamente hago en el blog a media semana ya comenté que había leído tres libros suyos: La imagen de su cara (1994), Hacia otra luz más pura (1999) y Sol de noviembre (2005); y colgué unos cuantos poemas suyos (ver AQUÍ esa entrada).

Este libro, Sociedad limitada (2010), lo compré hace unos meses en la Casa del Libro de Goya, en Madrid, pero no ha sido hasta ese otoño que me he puesto con él. En realidad quería leer una detrás de otra las dos grandes novelas argentinas de los años 90: El traductor de Salvador Benesdra y El desierto y su semilla de Jorge Barón Biza. Pero después me pareció excesivo leer seguidas las novelas de dos suicidas y tomé de la estantería este poemario de d´Ors para oxigenar tanta tensión dramática.

Sociedad limitada, al igual que los otros poemarios que he leído de este autor, conjuga las formas clásicas (versos de métrica reconocible, en ocasiones haciendo uso de la rima) con una visión irónica, y en muchos casos desmitificadora del hecho de escribir poesía; efecto que se consigue con el empleo en más de una ocasión de un lenguaje coloquial; por ejemplo, podemos leer en la página 50 el siguiente verso: “Bien miradas las cosas, es un churro de calle”, o en la página 21: “una camisa comprada en las rebajas.”

Los poemas que más me suelen gustar de d´Ors son aquellos en los echa la vista atrás y recrea algún recuerdo de infancia o juventud, como éste:


DE MI NIÑEZ SILVESTRE
                        A mi hermana Paz

Aquel olor de heno recién segado, en julio,
en los prados de «A Costa». La hierba se dejaba
extendida por cuatro o cinco días,
que el sol de por Santiago la secara,
para luego apilarse en el palleiro

y aquel perfume iba creciendo, iba
invadiendo callado nuestras horas,
se adueñaba de los pasillos de la casa,
del lavabo y la ducha, de los juegos reunidos,
del rezo anochecido del Rosario
al borde de la hoguera donde se consumían
los abecés del último verano,
y hasta a veces de noche se infiltraba
en mis sueños, y en ellos
me desataba en un mundo de raras peripecias
por otros prados y otros veranos irreales.

Y hoy sé que iba metiéndome también
de alguna forma inexplicable en mi
futuro: esta mañana estaba aquí,
victorioso del tiempo y la distancia,
y he vuelto a respirarlo, y ha traído a esta página
la luz feliz y pura de mi niñez silvestre
en los prados de «A Costa»
allá por el mil novecientos cincuentayfranco.


Una de los recursos que suele emplear Miguel d´Ors en sus poemas es el de la referencia metaliteraria al momento en el que se escriben los versos (como podemos observar en el final del poema reproducido arriba). El poeta escribe el poema para retener un instante vivido (un paseo por el campo, por ejemplo) y para hacer suya la belleza que observa, normalmente en el entorno natural. Miguel d´Ors en la página 26 escribe un poema para celebrar la belleza efímera de una amapola, y con este verso cierra la composición: “que va a quedarse en mí y en estos versos.” O bien la metaliteratura le sirve a d´Ors para reflexionar sobre su propia condición de artista y el paso del tiempo: “Con la edad uno aprende / a fracasar y a hacer / de la resignación una poética.” (pág. 47)

Creo que en este poemario más en que los anteriores (y si era así lo he olvidado) se puede observar en mayor grado el interés del autor por la presencia de Dios: “en nuestro corazón –arcas de Fe” (pág. 14), “del rostro del Eterno” (pág. 14), “la llama de la Fe” (pág. 44), “la mirada eterna de Dios” (pág. 51).

En un esclarecedor prólogo, el propio d´Ors apunta que una consecuencia de llevar muchos años escribiendo poesía es “la despreocupación por encajar el libro en el corsé de una homogeneidad temática, tonal y formal.” Así en este libro nos podemos encontrar “páginas graves con otras poco menos que disparatadas”. El poema Belinha (págs. 14-15), una elegía por la hermana muerta, es quizás el poema más solemne del conjunto; que puede convivir en la página 24 con una composición humorística, jugando con la forma del haiku japonés:

A LA MANERA DE BASHO

Tantos jazmines,
tantos jazmines, tantos…
¡qué pestilencia!

Nótese, que pese a la intención paródica, el haiku mantiene su estructura silábica clásica 5-7-5.

En el poema A dos sombras de 1874 (pág. 34) d´Ors, a través de la figura de uno de sus antepasados gallegos, realiza un curioso homenaje a la poesía de Jorge Luis Borges y su mitificación de un pasado de familia militar.

Como en las otras ocasiones que me ha acercado a sus libros ha sido agradable volver a leer un poemario de Miguel d´Ors, volver a poder disfrutar de esa mezcla de reflexión, recuerdo, deslumbramiento ante la naturaleza y el uso del humor. He visto en las listas de los libros más vendidos de poesía del ABC cultural que su nuevo libro, Átomos  y galaxias, se encuentra desde hace semanas ahí. Me alegro, y espero que este poeta llegue a un público cada vez más amplio (si en algún sentido se puede considerar amplio al público de la poesía). Dejo aquí algún poema más del libro:


DÍAS FELICES

Aquel apartamento de alquiler,
embaldosado y frío como los mataderos.
Hacia las cuatro y media el sol se me ponía
detrás de aquellos patios desconchados
de cuadro hiperrealista.
Y los 1.800 marroquíes
del tercero. Que Alá no les perdone
aquellas noches de jamalajá
que me volvían musulmán pasivo.
(En la cocina el grifo, desvelado,
goteaba y goteaba, contando los segundos,
las horas, las semanas que me faltaban para
volver al Norte y a mi vida).
                                                Pero
qué extraña beatitud
cuando, ya anocheciendo, regresaba
del trabajo, encendía, sin quitarme el abrigo,
a máxima potencia aquella estufa
prestada y, apretando contra ella,
volaba con la orquesta de Glenn Miller.


REGRESO AL «SAVOY»

No necesito los superbi colli
que meditaron otros, ni los mármoles
ilustres arrasados por la edad,
ni el recuerdo de Itálica famosa:

me basta lo que queda del «Savoy»,
aquel café de espejos infinitos
-Plaza de la Herrería- donde tantos
helados de turrón tomó mi infancia,

para saber que todo está llamado
a la ceniza, que estos ojos míos
que hoy miran estos muros claudicantes

pronto se reunirán con ellos, que
lo que aquí se hunde no es sólo el «Savoy»:

es mi infancia, mi vida, lo que soy.

domingo, 17 de marzo de 2013

Seguro que esta historia te suena, por Karmelo C. Iribarren



Editorial Renacimiento. 313 páginas. 1ª edición de los poemarios de 1985-2012, ésta de 2012.

Tenía escrita desde hace unas semanas la entrada de John Barleycorn. Las memorias alcohólicas de Jack London, que fue la lectura que siguió a Martin Eden, y que me tocaba publicar en el blog este domingo. De las entradas del blog, que acumulo en una carpeta del ordenador, no realizo copia de seguridad –como hago con casi todo lo demás- y mi portátil dejó de funcionar el jueves. Mi informático de confianza (le acabo de llamar esta mañana de sábado) me dice que mi ordenador estará listo para el martes; tiene que reformatearlo, aunque es posible que salve los documentos (Y destaco este detalle: mi informático de confianza tiene una tienda de venta y reparación de ordenadores y resulta que es aficionado a la poesía, y sobre ella hablamos a veces, mientras me cuenta que le ha tenido que hacer a mi portátil). Si mis documentos se pueden salvar, espero poder rescatar las entradas correspondientes a John Barleycorn y la de El año del desierto de Pedro Mairal, las dos que tenía adelantadas. Si no, espero al menos poder escribir una versión resumen de lo que sé que dejé dicho allí.

Escribo ahora, en el ordenador de mi novia, sobre Seguro que esta historia te suena, la poesía completa de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959). Creo que supe de Iribarren navegando por Internet en 2007 o 2008, un poeta realista, con una obra que guardaba características similares a la de David González o la de Roger Wolfe, dos poetas a los que he leído y cuya obra me interesa. Recuerdo que en el verano de 2008, una calurosa tarde de julio, me acerqué a la librería Visor, de Moncloa, especializada en poesía, donde compré la antología La ciudad, editada por Renacimiento. Empecé a leer el libro esa misma tarde, caminando solo por la ciudad, iba entrando a bares para tomar una café o algo más fresco. Me recuerdo andando deprisa por Madrid, sudando, agradeciendo el aire acondicionado de los bares y leyendo los poemas cortos, pero en la mayoría de los casos contundentes, de Karmelo Iribarren.

Hace unas semanas, en una tarde que llovía y que había quedado por el centro, compré Seguro que esta historia te suena en la Casa del Libro de la Gran Vía. Me gusta que la poesía haya vuelto al pasillo de la planta principal al que se accede gracias a unas escaleras y desde el que uno se asomada a la primera planta de la librería como si estuviese en un puesto avanzado de vigilancia. Allí estaba también mi poemario Siempre nos quedará Casablanca. Creo que es la misma única unidad que llegó en el verano de 2011, y que me parece que voy a acabar comprando yo para guardar el libro con la etiqueta, y poder recordar en el futuro, cuando las librerías desaparezcan, que en aquella época del papel, en aquella época preapple, yo tuve a la venta un libro (aunque no lo compró nadie) en la librería más grande de Madrid.

Seguro que esta historia te suena está formado por siete poemarios y un conjunto final de poemas inéditos. No sé si será un error, pero en principio algo llama mi atención: la portada afirma que este libro es la poesía completa de Iribarren (1985-2012), pero la contraportada nos informa de que su primer libro fue Bares y noches (Ateneo Obrero de Gijón, 1993), título no incluido en Seguro que esta historia te suena, que comienza con el poemario La condición urbana (Renacimiento, 1995). Imagino que Iribarren no se sentía cómodo con su primer poemario, Bares y noches, y ha decidido excluirlo de sus obras completas; pero lo que me tiene intrigado de verdad es el por qué de la acotación temporal de la portada: 1985-2012, si Bares y noches (libro no incluido aquí) es de 1993 y el primero del volumen es de 1995.

Me parece muy significativa, para entender con qué nos vamos a encontrar al pasar estas páginas, la cita de Raymond Chandler que Iribarren sitúa al comienzo del libro: “La frase con alambre de púas, la palabra laboriosamente rara, la afectación intelectual del estilo, son todos trucos divertidos, pero inútiles”.

La condición urbana (1995) es un poemario de tono bronco y vocación metaliteraria, cuya intención inaugural parece ser la de desacralizar la poesía. Veamos un poema de la página 19:

«POETAS»

Hay poetas que escriben
sus poemas
como si fuesen a pasar directamente
a las páginas amarillas
de la eternidad.
En cada verso echan el resto
y, claro, lo poco que les queda
no lo pueden echar en ningún sitio
porque les da una pájara.
La verdad es que apestan a Literatura.
Y que de allí a donde ellos entran
todo dios sale por piernas.


Normalmente los poemas de Iribarren están escritos en primera persona y reflejan anécdotas o estados de ánimo del poeta; pero también nos podemos encontrar, de forma ocasional, con poemas en tercera persona donde aparecen personajes, cuya visión del mundo -angustiada, derrotada y con breves momentos de felicidad- no se aleja mucho de la del propio autor.
El humor, un humor cortante y desangelado, cargado de ironía, también está presente en los poemas de Iribarren. Transcribo uno de la página 15:

OJO AVIZOR

Ojo avizor,
poeta.
          No vayas a caer
en la vulgaridad
de escribir
un poema divertido;
esto es muy serio,
a este club sólo acceden
las eminencias
en martirología.

No vegas ahora tú
a jodernos el invento
con la vida.


Y como la vida (la suya propia) es lo que reflejan los poemas de Iribarren, en más de una composición nos encontraremos con las palabras de un hombre que observa el mundo desde detrás de una barra de bar, pues la profesión del poeta es la de camarero. Poema de la página 30:

ALGO, LO QUE SEA, PERO YA

Si al menos
sucediese algo
distinto.
Si, por ejemplo,
alguien tuviera la feliz idea
de subirse a la barra
y recitar a Homero.
O me pidiese fuego
una mujer,
mirándome a los ojos,
fijamente.
Algo, no sé.
Que el camarero
me confesase al fin
entre sollozos
que es maricón perdido.


En Serie B (1998) el tema del amor y de las relaciones comienza a hacerse más presente que en el poemario anterior. Poema de la página 52:


LA MUJER DE MIS SUEÑOS

En todas las ciudades
que he pisado,
me ha parecido verte:

un autobús que arranca
y que no cojo,
o un ascensor cerrándose,
o doblando una esquina hacia
la noche,
o al fondo,
entre humo y voces,
de un bar de madrugada…

En cualquier sitio, siempre,
tu imagen que aparece
y que desaparece.


Y la metaliteratura y el deseo de desacralizar la poesía, siguen presentes, en un tono que en muchos casos me recuerda a la poesía de Charles Bukowski. Poema de la página 96:

FAX A LOS POETAS

No se preocupen.
Ustedes sigan
adornando
sus jodidos arbolitos
de Navidad.

Yo haré
el trabajo
sucio.


En Desde el fondo de la barra (1999) el tema del paso del tiempo y la pérdida de la juventud empieza a hacerse más presente. Poema de la página 107:

SE ACABÓ EL CUENTO

Se acabó el cuento,
amigo: esto es la vida.
Todos los grandes sueños
con los que hasta ahora
te has entretenido,
puedes dejarlos a la entrada.
Aquí no sirven de nada.


En Seguro que esta historia te suena lo individual siempre se sitúa por encima de lo colectivo, y la política parece quedar abolida de sus páginas. La política es el terreno de las visiones cerradas y férreas de la vida, parece decirnos Iribarren, y su visión del mundo es más irónica, más rabiosa, más lúcida. De este modo, si pensamos en la complejidad política del País Vasco, en el que Iribarren vive, cobran una mayor relevancia versos como los que encontramos en la página 117:

LO DEMÁS SON HISTORIAS

Mi mujer y mi hija,
estas paredes y estos libros,
un puñado de amigos
que me quieren
-y a los que quiero de verdad-,
las olas del cantábrico
en septiembre,
tres bares, cuatro
con el garito de la playa.
Aunque sé que me dejo
algunas cosas, puedo decir
que, de ser algo, ésa es mi patria.
Lo demás son historias.


En La frontera y otros poemas (2000-2005) la constatación del paso del tiempo se empieza a asimilar desde una perspectiva irónica. Poema de la página 155:

TRAGAME TIERRA

El semáforo cambia a ámbar
no me va a dar tiempo
a pasarlo,
acelero,
pero es inútil,
rojo.

        Freno,
y me entretengo mirando
a una deliciosa pelirroja
que empieza a cruzar
la calle,
y que me mira
a su vez,
que no me quita ojo,

y que resulta ser
-trágame tierra-
una amiga de mi hija.


Destaco de este poemario esta composición (página 165):

COSAS DE LA VIDA, COSAS DE LA LITERATURA

Es de Madrid (bueno,
se ríe, para ser más exactos,
de Alcorcón), da clases
de literatura en la universidad
y ha venido a San Sebastián
a pasar el puente. Dice
que le gusta mucho mi poesía.
Dice que me conoció por Internet.
Dice que también le gusta Roger Wolfe.
Luego se calla. Luego sólo me mira.
Yo sigo con los cafés del personal.
Ella sigue callada. Veo cómo
se apaga su sonrisa. En su rostro
una mezcla de tristeza y decepción.


En los poemas del libro Ola de frío (2007) la mirada de Iribarren se ha vuelto más contemplativa, más resignada. Me llamaba la atención leer poemas de esta parte del libro y de vez en cuando volver atrás y releer algunos de La condición urbana; en los de Ola de frío los versos se empiezan a acercar casi a la tradición oriental, ya que se fija mucho en elementos climáticos como la lluvia, el viento, la luz… y el lenguaje bronco y callejero del principio también se ha suavizado. Página 228:

PEQUEÑA RÁFAGA

Llega el viento
a la plaza
               levanta
un pequeño remolino de hojas secas
tuerce el humo del fumador del banco
arranca algún gemido mínimo
al columpio…
                       y se va –herido
en su orgullo
ante tanta indiferencia-
                                      añorando
a su hermano mayor
el huracán.


En sus últimas composiciones, Iribarren se ha alejado definitivamente de los excesos de su juventud. Página 277:

COSAS DE POETAS

Un joven poeta que quiere
conocerme. Quedamos
en un bar. Hablo yo,
él me mira y escucha:
no bebo, no fumo, no creo
en la salvación del mundo…
Y luego un poco de literatura.
Pasan las horas. La euforia
inicial languidece. Le acompaño
hasta su hotel. Me ha encantado
conocerte –dice-, aunque… no sé…
te imaginaba de otra forma.
No pasa nada –le digo-,
hace unos años yo también.



Una especial melancolía me ha causado el poema de la página 276:

AQUÍ

Aquí,
Junto a la barra,
como todas las tardes.

Viendo
a través
de los barrotes
de la lluvia
el mundo.

Puede
que incluso
esperando aún algo,
o a alguien.

Pero no estoy seguro.


Destaco de Ola de frío este poema, uno de mis favoritos del libro, de la página 252:

LA CALLE

He recorrido esta ciudad
de punta a punta
casi todos los días
durante más de treinta años.
Abriéndome paso a codazos
en las vísperas de fiesta,
o a través de las madrugadas
fantasmagóricas
de los días laborables de invierno,
o solo y borracho y mojado
hasta los cuernos,
o en compañías que mejor ni recordar.
Estas calles no guardan secretos para mí.
Conozco sus plazas, sus antros,
sus mujeres, el brillo
de una navaja al doblar una esquina,
el calor de una mirada
desde el fondo de un bar.
Hubo un tiempo en que el cielo
se miraba en ellas.
Yo formé parte de aquello.
Eso ya nadie me lo puede arrebatar.

Obsérvese en ese “hasta los cuernos” el homenaje a la poesía de Jaime Gil de Biedma.

Quizás los últimos poemas inéditos acaben de una forma triste, con el poeta solo, recordando a una mujer amada. Pero voy a señalar un poema de este último conjunto que me hizo reír una mañana cuando lo leía en el autobús que me acerca al colegio donde trabajo:

ASÍ ES LA PUTA VIDA

Yo también, como Baroja,
hubiese preferido
ser un hombre de acción:

no sé…
pilotar un mercante,
por ejemplo,
o atracar bancos,
o montar una guerrilla en algún sitio,
o, en fin, cualquier cosa,
salir en la tele
con el Wanted debajo.

Pero no:
ni guerrillas ni bancos
ni mercantes ni guantes ni hostias.

Padre de familia, camarero y poeta.

Así es la puta vida.


Así que Seguro que esta historia te suena nos muestra una poesía antirretórica, sin grandes exploraciones lingüísticas o metafóricas, pero vitalista y combativa, con celebraciones sencillas del amor o de lo cotidiano, con tristezas irónicas y reflexiones sobre lo real y el paso del tiempo… muy apegada al día a día y que genera una gran empatía con el lector.
Una poesía que le encantaría a mi informático de confianza.