Editorial Renacimiento. 313
páginas. 1ª edición de los poemarios de 1985-2012, ésta de 2012.
Tenía escrita desde hace unas
semanas la entrada de John Barleycorn. Las memorias alcohólicas
de Jack London, que fue la lectura
que siguió a Martin Eden, y que me tocaba publicar en el blog este domingo.
De las entradas del blog, que acumulo en una carpeta del ordenador, no realizo
copia de seguridad –como hago con casi todo lo demás- y mi portátil dejó de
funcionar el jueves. Mi informático de confianza (le acabo de llamar esta
mañana de sábado) me dice que mi ordenador estará listo para el martes; tiene
que reformatearlo, aunque es posible que salve los documentos (Y destaco este detalle: mi informático de confianza tiene una tienda de venta y reparación de ordenadores y resulta que es aficionado a la poesía, y sobre ella hablamos a veces, mientras me cuenta que le ha tenido que hacer a mi portátil). Si mis documentos se pueden salvar, espero
poder rescatar las entradas correspondientes a John Barleycorn y la de El
año del desierto de Pedro Mairal,
las dos que tenía adelantadas. Si no, espero al menos poder escribir una
versión resumen de lo que sé que dejé dicho allí.
Escribo ahora, en el ordenador de
mi novia, sobre Seguro que esta historia te suena, la poesía completa de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián,
1959). Creo que supe de Iribarren navegando por Internet en 2007 o 2008, un
poeta realista, con una obra que guardaba características similares a la de David González o la de Roger Wolfe, dos poetas a los que he
leído y cuya obra me interesa. Recuerdo que en el verano de 2008, una calurosa
tarde de julio, me acerqué a la librería
Visor, de Moncloa, especializada en poesía, donde compré la antología La
ciudad, editada por Renacimiento.
Empecé a leer el libro esa misma tarde, caminando solo por la ciudad, iba
entrando a bares para tomar una café o algo más fresco. Me recuerdo andando
deprisa por Madrid, sudando, agradeciendo el aire acondicionado de los bares y
leyendo los poemas cortos, pero en la mayoría de los casos contundentes, de
Karmelo Iribarren.
Hace unas semanas, en una tarde
que llovía y que había quedado por el centro, compré Seguro que esta historia te suena en la Casa del Libro de la Gran
Vía. Me gusta que la poesía haya vuelto al pasillo de la planta principal al
que se accede gracias a unas escaleras y desde el que uno se asomada a la
primera planta de la librería como si estuviese en un puesto avanzado de
vigilancia. Allí estaba también mi poemario Siempre nos quedará Casablanca.
Creo que es la misma única unidad que llegó en el verano de 2011, y que me
parece que voy a acabar comprando yo para guardar el libro con la etiqueta, y
poder recordar en el futuro, cuando las librerías desaparezcan, que en aquella
época del papel, en aquella época preapple,
yo tuve a la venta un libro (aunque no lo compró nadie) en la librería más
grande de Madrid.
Seguro que esta historia te suena está formado por siete poemarios
y un conjunto final de poemas inéditos. No sé si será un error, pero en
principio algo llama mi atención: la portada afirma que este libro es la poesía
completa de Iribarren (1985-2012), pero la contraportada nos informa de que su
primer libro fue Bares y noches (Ateneo Obrero de Gijón, 1993), título no
incluido en Seguro que esta historia te
suena, que comienza con el poemario La condición urbana (Renacimiento,
1995). Imagino que Iribarren no se sentía cómodo con su primer poemario, Bares y noches, y ha decidido excluirlo
de sus obras completas; pero lo que me tiene intrigado de verdad es el por qué de
la acotación temporal de la portada: 1985-2012, si Bares y noches (libro no incluido aquí) es de 1993 y el primero del
volumen es de 1995.
Me parece muy significativa, para
entender con qué nos vamos a encontrar al pasar estas páginas, la cita de Raymond Chandler que Iribarren sitúa al
comienzo del libro: “La frase con alambre de púas, la palabra laboriosamente
rara, la afectación intelectual del estilo, son todos trucos divertidos, pero
inútiles”.
La condición urbana
(1995) es un poemario de tono bronco y vocación metaliteraria, cuya intención
inaugural parece ser la de desacralizar la poesía. Veamos un poema de la página
19:
«POETAS»
Hay poetas que escriben
sus poemas
como si fuesen a pasar
directamente
a las páginas amarillas
de la eternidad.
En cada verso echan el resto
y, claro, lo poco que les queda
no lo pueden echar en ningún
sitio
porque les da una pájara.
La verdad es que apestan a
Literatura.
Y que de allí a donde ellos
entran
todo dios sale por piernas.
Normalmente los poemas de
Iribarren están escritos en primera persona y reflejan anécdotas o estados de
ánimo del poeta; pero también nos podemos encontrar, de forma ocasional, con
poemas en tercera persona donde aparecen personajes, cuya visión del mundo
-angustiada, derrotada y con breves momentos de felicidad- no se aleja mucho de
la del propio autor.
El humor, un humor cortante y
desangelado, cargado de ironía, también está presente en los poemas de
Iribarren. Transcribo uno de la página 15:
OJO AVIZOR
Ojo avizor,
poeta.
No vayas a caer
en la vulgaridad
de escribir
un poema divertido;
esto es muy serio,
a este club sólo acceden
las eminencias
en martirología.
No vegas ahora tú
a jodernos el invento
con la vida.
Y como la vida (la suya propia)
es lo que reflejan los poemas de Iribarren, en más de una composición nos
encontraremos con las palabras de un hombre que observa el mundo desde detrás
de una barra de bar, pues la profesión del poeta es la de camarero. Poema de la
página 30:
ALGO, LO QUE SEA, PERO YA
Si al menos
sucediese algo
distinto.
Si, por ejemplo,
alguien tuviera la feliz idea
de subirse a la barra
y recitar a Homero.
O me pidiese fuego
una mujer,
mirándome a los ojos,
fijamente.
Algo, no sé.
Que el camarero
me confesase al fin
entre sollozos
que es maricón perdido.
En Serie B (1998) el tema del
amor y de las relaciones comienza a hacerse más presente que en el poemario
anterior. Poema de la página 52:
LA MUJER DE MIS SUEÑOS
En todas las ciudades
que he pisado,
me ha parecido verte:
un autobús que arranca
y que no cojo,
o un ascensor cerrándose,
o doblando una esquina hacia
la noche,
o al fondo,
entre humo y voces,
de un bar de madrugada…
En cualquier sitio, siempre,
tu imagen que aparece
y que desaparece.
Y la metaliteratura y el deseo de
desacralizar la poesía, siguen presentes, en un tono que en muchos casos me recuerda a la poesía de Charles Bukowski. Poema de la página 96:
FAX A LOS POETAS
No se preocupen.
Ustedes sigan
adornando
sus jodidos arbolitos
de Navidad.
Yo haré
el trabajo
sucio.
En Desde el fondo de la barra
(1999) el tema del paso del tiempo y la pérdida de la juventud empieza a
hacerse más presente. Poema de la página 107:
SE ACABÓ EL CUENTO
Se acabó el cuento,
amigo: esto es la vida.
Todos los grandes sueños
con los que hasta ahora
te has entretenido,
puedes dejarlos a la entrada.
Aquí no sirven de nada.
En Seguro que esta historia te suena lo individual siempre se sitúa
por encima de lo colectivo, y la política parece quedar abolida de sus páginas.
La política es el terreno de las visiones cerradas y férreas de la vida, parece
decirnos Iribarren, y su visión del mundo es más irónica, más rabiosa, más
lúcida. De este modo, si pensamos en la complejidad política del País Vasco, en
el que Iribarren vive, cobran una mayor relevancia versos como los que
encontramos en la página 117:
LO DEMÁS SON HISTORIAS
Mi mujer y mi hija,
estas paredes y estos libros,
un puñado de amigos
que me quieren
-y a los que quiero de verdad-,
las olas del cantábrico
en septiembre,
tres bares, cuatro
con el garito de la playa.
Aunque sé que me dejo
algunas cosas, puedo decir
que, de ser algo, ésa es mi
patria.
Lo demás son historias.
En La frontera y otros poemas
(2000-2005) la constatación del paso del tiempo se empieza a asimilar desde una
perspectiva irónica. Poema de la página 155:
TRAGAME TIERRA
El semáforo cambia a ámbar
no me va a dar tiempo
a pasarlo,
acelero,
pero es inútil,
rojo.
Freno,
y me entretengo mirando
a una deliciosa pelirroja
que empieza a cruzar
la calle,
y que me mira
a su vez,
que no me quita ojo,
y que resulta ser
-trágame tierra-
una amiga de mi hija.
Destaco de este poemario esta
composición (página 165):
COSAS DE LA VIDA, COSAS DE LA
LITERATURA
Es de Madrid (bueno,
se ríe, para ser más exactos,
de Alcorcón), da clases
de literatura en la universidad
y ha venido a San Sebastián
a pasar el puente. Dice
que le gusta mucho mi poesía.
Dice que me conoció por Internet.
Dice que también le gusta Roger
Wolfe.
Luego se calla. Luego sólo me
mira.
Yo sigo con los cafés del
personal.
Ella sigue callada. Veo cómo
se apaga su sonrisa. En su rostro
una mezcla de tristeza y
decepción.
En los poemas del libro Ola
de frío (2007) la mirada de Iribarren se ha vuelto más contemplativa,
más resignada. Me llamaba la atención leer poemas de esta parte del libro y de
vez en cuando volver atrás y releer algunos de La condición urbana; en los de Ola
de frío los versos se empiezan a acercar casi a la tradición oriental, ya
que se fija mucho en elementos climáticos como la lluvia, el viento, la luz… y el lenguaje
bronco y callejero del principio también se ha suavizado. Página 228:
PEQUEÑA RÁFAGA
Llega el viento
a la plaza
levanta
un pequeño remolino de hojas
secas
tuerce el humo del fumador del
banco
arranca algún gemido mínimo
al columpio…
y se va –herido
en su orgullo
ante tanta indiferencia-
añorando
a su hermano mayor
el huracán.
En sus últimas composiciones,
Iribarren se ha alejado definitivamente de los excesos de su juventud. Página
277:
COSAS DE POETAS
Un joven poeta que quiere
conocerme. Quedamos
en un bar. Hablo yo,
él me mira y escucha:
no bebo, no fumo, no creo
en la salvación del mundo…
Y luego un poco de literatura.
Pasan las horas. La euforia
inicial languidece. Le acompaño
hasta su hotel. Me ha encantado
conocerte –dice-, aunque… no sé…
te imaginaba de otra forma.
No pasa nada –le digo-,
hace unos años yo también.
Una especial melancolía me ha
causado el poema de la página 276:
AQUÍ
Aquí,
Junto a la barra,
como todas las tardes.
Viendo
a través
de los barrotes
de la lluvia
el mundo.
Puede
que incluso
esperando aún algo,
o a alguien.
Pero no estoy seguro.
Destaco de Ola de frío este poema, uno de mis favoritos del libro, de la página 252:
LA CALLE
He recorrido esta ciudad
de punta a punta
casi todos los días
durante más de treinta años.
Abriéndome paso a codazos
en las vísperas de fiesta,
o a través de las madrugadas
fantasmagóricas
de los días laborables de
invierno,
o solo y borracho y mojado
hasta los cuernos,
o en compañías que mejor ni
recordar.
Estas calles no guardan secretos
para mí.
Conozco sus plazas, sus antros,
sus mujeres, el brillo
de una navaja al doblar una
esquina,
el calor de una mirada
desde el fondo de un bar.
Hubo un tiempo en que el cielo
se miraba en ellas.
Yo formé parte de aquello.
Eso ya nadie me lo puede
arrebatar.
Obsérvese en ese “hasta los cuernos” el homenaje a la poesía
de Jaime Gil de Biedma.
Quizás los últimos poemas
inéditos acaben de una forma triste, con el poeta solo, recordando a una mujer
amada. Pero voy a señalar un poema de este último conjunto que me hizo reír una
mañana cuando lo leía en el autobús que me acerca al colegio donde trabajo:
ASÍ ES LA PUTA VIDA
Yo también, como Baroja,
hubiese preferido
ser un hombre de acción:
no sé…
pilotar un mercante,
por ejemplo,
o atracar bancos,
o montar una guerrilla en algún
sitio,
o, en fin, cualquier cosa,
salir en la tele
con el Wanted debajo.
Pero no:
ni guerrillas ni bancos
ni mercantes ni guantes ni
hostias.
Padre de familia, camarero y
poeta.
Así es la puta vida.
Así que Seguro que esta historia te suena nos muestra una poesía
antirretórica, sin grandes exploraciones lingüísticas o metafóricas, pero
vitalista y combativa, con celebraciones sencillas del amor o de lo cotidiano,
con tristezas irónicas y reflexiones sobre lo real y el paso del tiempo… muy
apegada al día a día y que genera una gran empatía con el lector.
Una poesía que le encantaría a mi informático de confianza.
Una poesía que le encantaría a mi informático de confianza.
