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domingo, 12 de marzo de 2023

Basada en hechos reales, por Delphine de Vigan


 Basada en hechos reales de Delphine de Vigan

Editorial Anagrama. 342 páginas. 1ª edición de 2015, ésta es de 2016

Traducción de Javier Albiñana

 

Saqué de la biblioteca de Móstoles dos libros de Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966), Nada se opone a la noche (2011), que era el que realmente quería leer, y también su siguiente novela, Basada en hechos reales (2015), que ‒según leí en la contraportada‒ hablaba de la recepción de su anterior libro, y pensé que este tema me iba a interesar.

Me gustó mucho Nada se opone a la noche, donde la autora habla de la muerte de su madre y reconstruye su vida. Este fue, sin duda, un libro muy personal para la autora, y parece difícil conseguir escribir otra buena novela después de la implicación emocional de la anterior. Basada en hechos reales, que se publicó cuatro después de la anterior novela, empieza así: «Pocos meses después de que apareciera mi última novela, dejé de escribir. Durante casi tres años, no escribí una sola línea.» (pág. 7). Como me estaba acercando a este libro según acababa el otro, tuve la sensación, como lector, de que la voz narrativa que me hablaba era la misma. Es decir, Delphine de Vigan seguía contándole al lector su vida, desde una primera persona en la que no existía distancia entre autor y narrador. En este caso, parecía que iba a contarle el bloqueo que siguió a la aparición de su libro de más éxito, Nada se opone a la noche. Y este tema está presente en la novela, pero, además, quiere hablarnos de otro asunto, de L., una mujer a la que conoce en una fiesta y que, en principio, se va a convertir en su amiga, y va a ayudarle a salir del bache, de la parálisis que siente como escritora.

 

La narradora está hablando desde el futuro, desde ese periodo posterior a los tres años en los que no pudo escribir, y, al contarnos su experiencia con L., en más de un caso, no tiene los recuerdos claros. Desde el comienzo, el lector va a saber que conocer a L. no fue, en realidad, una buena experiencia para Delphine. Aunque la narradora enseguida se enttrega a ella, la perspectiva novelística es la de tratar de analizar cómo fue posible que llegara a confiar tan ciegamente en una persona que acabó siendo dañina para ella. Una sensación de amenaza constante se cierne sobre la novela.

 

Además del bloqueo como escritora, un elemento desasosegante para De Vigan es que ha empezado a recibir cartas anónimas amenazantes de alguien que parece ser un familiar, enfadado con la publicación de Nada se opone a la noche y la revelación pública de los secretos de familia que se mostraban ahí. En más de una ocasión, De Vigan nos va a transmitir la idea de que quiere dejar atrás la narración autobiográfica y que quiere volver a la ficción, idea que le quiere quitar de la cabeza L., quien opina que, frente a la nueva narrativa de las series de televisión, por ejemplo, la ficción en la novela está muerta, y que el público ya solo se identifica con lo “auténtico” que representan los testimonios de la novela autobiográfica.

Hay más de una opinión sobre la recepción de Nada se opone a la noche que me interesa. «Por primera vez en mucho tiempo, me dio la impresión de que las cosas recobraban su forma y sus proporciones habituales, como si todo aquello ‒la novela aparecida meses antes, su resonancia ondulante, aquella sucesión de círculos concéntricos que se había propagado en un radio imposible de medir y había alterado profundamente mi relación con algunas personas de mi familia‒ no hubiera existido nunca.» (pág. 88)

«Yo quería volver a la ficción, quería protegerme, quería recobrar el placer de inventar, no quería pasarme dos años sopesando cada palabra, cada coma, despertándome en plena noche, con el corazón saltándome en el pecho, presa de pesadillas indescifrables.» (pág. 151)

 

Delphine acaba siendo cada vez más dependiente de L., quien llegará incluso a trasladarse a su casa, e iniciará un proceso para aislarla de sus familia o de sus amigas, tratando, de ayudarla a que vuelva a escribir, pero siguiendo la línea de indagación interior que ella considera que es la correcta. Además, L. acabará contando a Delphine que son compañeras del instituto, aunque la segunda no recuerde para nada a la primera. L. parece conocer muchos detalles de la vida de Delphine. Es alguien que se ha leído en profundidad todos sus libros, sus entrevistas, declaraciones, etc.

 

Aunque desde el propio título se insinúe que la novela está «basada en hechos reales» y la narradora, al igual que ocurría en Nada se opone a la noche, se llame Delphine, y aparezcan nombre de familiares que ya aparecían en el otro libro, como familiares reales, el lector acaba teniendo la impresión de que en realidad se enfrenta a una ficción, y de que L. es un personaje inventado por la autora, alguien que no existió y que no entró en su vida. Creo que existe alguna entrevista en la que la propia autora afirma esto, que Basada en hechos reales, aunque use una voz narrativa muy cercana a la real de Nada se opone a la noche, es en realidad una obra de ficción, una especulación sobre la importancia que tienen los elementos «reales» o «ficticios» en la composición de una novela.

 

Voy a decir desde ya que Basada en hechos reales me ha parecido una novela bastante inferior a Nada se opone a la noche. Y he acabado opinando esto porque, en gran medida, Basada en hechos reales se acaba convirtiendo en una novela de tesis. Es decir, L. es un personaje con pocos matices que, por alguna causa patológica, está obsesionada con que Delphine tiene que escribir solo novelas autobiográficas y no ficcionales. Conversaciones entre las dos, en este sentido, se repiten varias veces, y acaban siendo redundantes. En realidad, diría que la propia autora vivió este debate dentro de sí misma y consideró que era una buena idea escenificarlo en forma de novela: ¿novela autobiográfica o novela de ficción?, usando la forma del thriller para hacerlo más ameno.

El problema es que lo que era estimulante, misterioso y poético en Nada se opone a la noche, con unos personajes llenos de secretos y aristas, pasa a ser una narración mucho más plana en Basada en hecho reales, con unos personajes principales que acaban resultando poco creíbles. No me ha acabado de resultar verosímil la evolución del personaje de Delphine de Vigan, desde una mujer sensible, reflexiva e inteligente en Nada se opone a la noche, a la mujer que se supone que se acaba convirtiendo en una pelele sin voluntad en manos de L. Es cierto, que, como la novela está contado desde el futuro y rememora los momentos pasados, la autora ya ha recuperado su inteligencia, pero no me resultaba creíble que hubiera podido llegar al grado de abandono y aislamiento en el que se supone que cayó en manos de L., que, como ya he dicho, acaba siendo un personaje con pocos matices. Basada en hechos reales acaba siendo un homenaje explícito a Misery de Stephen King y también, aunque de un modo más subterráneo, a El club de la lucha de Chuck Palahniuk.

 

En resumen, entiendo que es difícil sobreponerse a la escritura de una novela tan íntima, intensa y desgarrada como es Nada se opone a la noche, pero Delphine de Vigan trata en Basada en hechos reales de convencerle al lector de que la ficción puede ser tan misteriosa y emocionante como la narración de la realidad (algo con lo que estoy de acuerdo), pero, jugando con sus propias cartas, no lo acaba de conseguir.

domingo, 5 de marzo de 2023

Nada se opone a la noche, por Delphine de Vigan

 


Nada se opone a la noche de Delphine de Vigan

Editorial Anagrama. 371 páginas. 1ª edición de 2011, ésta es de 2012

Traducción de Juan Carlos Durán

 

Leí cinco libros seguidos de Annie Ernaux, la premio Nobel de 2022, y me apeteció seguir con literatura francesa, escrita por mujeres y que practicaran la autoficción. Me había fijado, desde hacía tiempo, en Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966), como representante de una nueva literatura francesa que me apetecía leer y, sobre todo, en su novela Nada se opone a la noche (2011), en la que sabía que analizaba la vida de su madre. Un día, paseando entre los anaqueles de la biblioteca pública de Móstoles, vi la edición de Panorama de narrativas de esta novela y de la siguiente que sacó, Basada en hechos reales. Me llevé las dos en préstamo.

 

Nada se opone a la noche comienza con la narradora encontrando a su madre muerta en su casa. No mucho después va a tener que asumir que la muerte de Lucile, su madre, ha sido debida a un suicidio. Desde el comienzo el lector va a identificar a la narradora de la novela con la propia autora, sintiendo que no hay distancia entre las dos figuras. La autora, Delphine de Vigan, vive esta escena terrible y toma la decisión de escribir una novela reconstruyendo la vida de su madre, desde que era una niña, pasando por su relación con ella, hasta el momento de su muerte. «Entonces pedí a sus hermanos que me hablasen de ella, que me contaran. Los grabé, a ellos y a otros que habían conocido a Lucile y a la familia feliz y devastada que era la nuestra. Almacené horas de palabras digitalizadas en mi ordenador, horas cargadas de recuerdos, de silencios, de lágrimas y suspiros, de risas y confidencias.» (pág. 18)

 

De Vigan trata de ser objetiva y dar forma al material recuperado sobre la familia numerosa que representaba su madre y sus tíos, pero en más de una ocasión también rellena los huecos especulando sobre lo que podía sentir su madre sobre determinados sucesos. «Lucile sintió cómo su corazón se aceleraba por efecto de la cólera.» (pág. 35). Esto hará que la autora también deje en el texto reflexiones metaliterarias sobre este tipo de decisiones artísticas. «Pero ¿qué me había imaginado? ¿Qué podría contar la infancia de Lucile mediante una narración objetiva, omnisciente y todopoderosa? ¿Qué me bastaría con hacer una criba del material que me habían entregado y elegir, como si fuese a la compra? ¿Con qué derecho?» (pág. 41)

 

Los abuelos, Georges y Liane, engendrarán ocho hijos, y adoptarán a otro, tras la muerte accidental de uno de ellos. Lucile es la tercera de los ocho hermanos.

Roberto Bolaño afirmaba que uno debe escribir siempre su novela como si tratase de una novela de detectives, aunque no lo sea en absoluto, y éste es uno de los grandes aciertos de la novela de De Vigan. La autora se ha propuesto indagar en la historia de su familia para tratar de descubrir el origen del dolor de su madre. Así, por ejemplo, la autora se plantea si debe hablar de la época en la que su abuelo pudo ser, aunque fuera de lejos, colaboracionista durante la época de la ocupación nazi, y se pregunta: «¿La posición de Georges durante la guerra podía haber afectado al sufrimiento de Lucile?» (pág. 96)

Hay momentos sorprendentes en el análisis del pasado familiar, y el lector llegará a pensar en ese tópico que afirma que la realidad supera siempre a la ficción. La familia que compusieron los abuelos George y Liane se va a descubrir pronto como una familia excesiva: muertes accidentales, suicidios, posibles abusos sexuales… y todo esto dentro del contexto de una clase media que, en algún momento ‒cuando a Georges le va mejor en la empresa de publicidad que ha creado‒ consigue cumplir algunas de sus aspiraciones burguesas.

 

De Vigan informará al lector de las dificultades técnicas con las que se va encontrando al escribir. Pensaba que le iba a ser fácil introducir ficción en la historia de su madre de niña, pero al final tiene la sensación de que no puede tocar nada, aterrorizada ante la idea de traicionar la historia.

«¿Tengo derecho a escribir que mi madre y sus hermanos fueron todos, en un momento u otro de sus vidas (o durante toda su vida), heridos, dañados, desequilibrados, que todos conocieron, en un momento u otro de sus vidas (o durante toda su vida), una gran pesadumbre, y que llevaron su infancia, su historia, sus padres, su familia, como marcada a fuego?» (pág. 154)

 

En la página 155 termina la primera parte de la novela, una parte en la que la autora ha reconstruido el tiempo de vida de su madre en el que ella no ha estado presente. Desde el principio nos indicará que no va a querer hablar o especular sobre la vida o la intimidad de su madre con su padre, o con sus otras parejas. En esta segunda parte la narración se volverá mucho más intensa, puesto que la autora usará como material narrativo la subjetividad de sus recuerdos personales sobre su madre. Delphine y su hermana pequeña, tras el divorcio de los padres, cuando la madre tiene veintiséis años (tuvo a Delphine con tan solo diecinueve), van a pasar a vivir a solas con ésta, en una situación de precariedad económica, con diversas parejas de la madre que, en el contexto de la década de los 70, pasan por hippies o contraculturales. Pero todo se complicará cuando aparezca la bipolaridad en la madre, enfermedad que hará que tenga diversos ingresos psiquiátricos. A estos estados mentales no va a ayudar su adicción a la marihuana. Las historias de muertes y suicidios se seguirán sucediendo en el entorno de la familia.

 

La autora consulta, para dar vida a sus recuerdos, los diarios que empezó a escribir a los doce años. Y vemos ya aquí un núcleo inicial de su futuro de escritora. La madre también era aficionada a escribir y la autora conserva un texto en el que la madre describe algunos de sus ataques de locura. Un texto que pensó insertar en su propia novela, pero que luego se dio cuenta de que no encajaba en el proyecto. En Nada se opone a la noche, la autora también nos hablará del periodo depresivo que le hizo caer en la anorexia, y la relación que tuvo esto con su madre, y cómo esta situación le condujo hacia la escritura de su primera novela.

 

Frente a las novelas de Annie Ernaux, que tenía muy recientes, me parece que Ernaux practica una escritura más reflexiva, y era muy interesante ver cómo ponía los acontecimientos de su vida en relación a los procesos históricos y sociales que le tocó vivir. En este sentido, De Vigan es una narradora más pura que Ernaux, pero de su análisis de la vida de su familia y la suya propia también se pueden extraer enseñanzas o principios universales. Nada se opone a la noche me ha parecido un libro muy intenso, de una gran fuerza poética desgarrada, una narración muy auténtica, donde la autora se ha adentrado en el dolor de su madre, y en el suyo propio, sin temor y sin descanso. Un valiente y valioso libro de la nueva narrativa europea.