Sopa de miso, de Ryu Murakami
Editorial Malas Tierras. 220 páginas. 1ª edición de 1997; esta es de 2024.
Traducción de Jaime Montes
En julio de 2026 estuve con Almudena, mi mujer, de vacaciones en Japón. La
primera semana nos alojamos en Tokio, en un hotel del distrito de Shinjuku, en
el barrio de Kabukicho, que es una zona de ocio nocturno de Tokio. A mi mujer y
a mí nos gustó un bar de esta zona para cenar o tomar algo por las noches y
así, muchos días, atravesábamos unas calles de Kabukicho que intuía, por lo que
había leído en internet, que eran las mismas en las que discurría la novela Sopa
de miso (1997) de Ryu Murakami
(Sasebo, Nagasaki, 1952). Este libro lo había hojeado alguna vez en la biblioteca de Pueblo Nuevo, en Madrid,
que queda cerca de mi casa. De Ryu Murakami había leído, hará unos veinticinco
años, Azul casi transparente (1976), su primera novela, en la edición
de Anagrama, y guardaba un buen
recuerdo de la modernidad y dureza de ese libro. Azul casi transparente es una
traducción de la versión inglesa, y Sopa
de miso, que en España la ha sacado la editorial
Malas Tierras, sí es una traducción directa del japonés, a cargo de Jaime Montes.
El narrador de Sopa de miso se
llama Kenji. «Acabo de cumplir veinte años y, aunque mi inglés está lejos de
ser perfecto, trabajo como guía nocturno para turistas extranjeros. Me encargo
sobre todo de la industria del sexo, así que en realidad no necesito un inglés
muy fluido», leemos en la página 9 y primera del libro. Kenji, huérfano de
padre, decidió no acudir a la universidad y para independizarse lleva dos años
acompañando a extranjeros por los bares y prostíbulos de Kabukicho. No trabaja
para una agencia, ni tiene oficina, simplemente pone un anuncio en una única
revista sobre ocio nocturno en Tokio para extranjeros.
Kenji nos va a narra algo que le ocurrió durante los últimos tres días del
año anterior. No parece que la narración de los hechos , que empiezan el 29 de
diciembre(posiblemente de 1996), esté muy separada de ellos. Ese día 29, Kenji
va a conocer a Frank, un turista estadounidense, que le dirá que tiene treinta
y cinco años. Junto cuando suela el teléfono y Kenji entra en contacto, por
primera vez con Frank, Kenji estaba leyendo en el periódico una noticia sobre
una adolescente asesinada, de un modo salvaje, en Kabukicho. Desde el primer
momento, Kenji empezará a sospechar que Frank ha podido ser el asesino. La
adolescente parecía ejercer la prostitución, bajo la protección de un grupo de
delincuentes. El periódico que lee Kenji advierte a las chicas sobre el peligro
de las «citas retribuidas». Hace poco vi en Filmin la película Love
& Pop (1998) del director Hideaki
Anno, que está basada en la novela Topaz II (1996) de Ryu Murakami, que
no se ha traducido aún al español. Esta película se centra en este fenómeno de
las «citas retribuidas», en las que adolescentes salen con hombres mayores a
cambio de dinero o regalos, y que era un hecho que alarmaba a la sociedad
japonesa de la época.
Desde el principio, Kenji va a tener la sensación de que Frank le miente,
que cuando le dice que se dedica a importar radiadores Toyota al Sudeste
Asiático no es cierto. Y también Kenji va a describir a Frank, para el lector,
con características que crean extrañeza sobre su persona: su rostro, por
ejemplo, tiene algo raro, que no permite averiguar su edad, y sobre todo este
se debe a su piel, «Parecía casi artificial, como si hubiera sufrido algún tipo
de quemadura horrible y un cirujano hubiese tenido que reconstruirle la cara
con un material sintético pero increíblemente realista» (pág. 13)
Montes, el traductor, tiene que trabajar el lenguaje juvenil de Kenji, y
así podremos leer expresiones en su discurso como «dar la turra», «gente
chunga», «chulos de putas»; sin embargo, Kenji también es un joven que suele
hacer agudas reflexiones sociológicas sobre los japoneses y, a veces, por
contraste, sobre los estadounidenses, o aparecen en el texto cuestiones sobre
el modo de vida japonés. Algunas de estas apreciaciones podrían ser las
siguientes: «A los extranjeros hay muchas cosas de este país que les parecen
anormales, y yo soy incapaz de explicarles la gran mayoría de ellas. Me
preguntan cosas como “Si Japón es uno de los países más ricos del mundo, ¿por
qué tenéis el problema del karoshi, la gente que trabaja hasta la muerte?”, o
“Puedo entender que les pase a chicas de los países asiáticos más pobres, pero
¿por qué en un país tan rico como Japón las estudiantes se prostituyen?”» (pág.
52)
O en la página 87: «Creo que la gente como Jun y como yo nos estamos
convirtiendo en mayoría en este país. Muy pocos de nuestra generación o de la
que nos sigue alcanzará la madurez sin conocer un tipo de infelicidad tal que
uno no pueda afrontarla por sí mismo. Aún somos una minoría, así que los medios
de comunicación nos llaman “jóvenes hipersensibles” o el último concepto de
moda».
Kenji acompaña a Frank por los locales de Kabukicho este 29 de diciembre y
nos irá hablando de las personas con las que se encuentran, «No diré que solo
hay gente deprimente trabajando en Kabukicho, pero aquí todo el mundo tiene un
pasado» (pág. 32). La tensión narrativa irá creciendo según avance la noche y Kenji
vaya conociendo más a Frank.
En más de una ocasión he pensado que las influencias literarias de Ryu
Murakami eran muy propias de la narrativa estadounidense. Así, por ejemplo, en
los discursos de los personajes se van filtrando pequeñas historias, que
parecen propias de la ficción breve estadounidense. Ryu Murakami creció en
Sasebo, donde había una base militar estadounidense, y siempre ha declarado que
la cultura popular estadounidense ha sido importante para él. No he encontrado
una declaración que afirme que, cuando escribió Sopa de miso, se sintiera influido por obras como Menos
que cero (1985) o American Psycho de Bret Easton Ellis, pero sí sé que estas
obras se tradujeron pronto al japonés y es probable también que Murakami
pudiera leer en inglés. Sí que siento una conexión entre estos autores. O
quizás haya algo más profundo con las propia ficción de los noventa, con la
pulsión universal del cambio del milenio, y la sensación de aislamiento de las
personas en medio de los avances tecnológicos que se percibían aquellos días,
donde la figura del asesino en serie o el psicópata se hizo tan presente en las
ficción literaria o cinematográfica.
Kenji tiene una relación con Jun, una joven de dieciséis años, que suele
visitarle en su casa y que también empezará a sentirse preocupada por lo que le
cuenta este sobre Frank. Sobre todo, cuando el día 30 de diciembre las
autoridades den la noticia de la muerte violenta de un mendigo en la zona.
Kenji volverá a sospechar de Frank, pero no tiene ninguna prueba que haga que
le pueda denunciar a la policía.
Hacia la mita de la novela se produce un giro en la trama, que no quiero
desvelar, un giro que adentra la novela en las tinieblas de la violencia más
extrema, y que le hará al lector plantearse qué clase de narrador es Kenji. ¿Es
un narrador no fiable y el lector debe poner en entredicho lo que nos cuenta?
¿Kenji está preocupado por alguien que puede ser un psicópata o un sociópata,
pero en el fondo él también lo es? ¿Es Kenji un personaje marginal que desprecia
a las personas, igual que parece hacerlo Frank, quien afirmará que le
extirparon una parte del cerebro y sus reacciones no son las normales?
Sopa de miso se publicó primeramente
inicialmente en 1997 por entregas en un periódicos, durante unos meses, y
luego, ese mismo año, apareció en forma de libro. Es una de las novelas más
populares del autor. Sopa de miso
describe muy bien el desconcierto de fin de milenio que se vivió en los 90. Es
una novela ágil y cargada de tensión. Quizás su segunda mitad resulte algo
desconcertante y le haga cuestionarse al lector su verosimilitud narrativa,
pero contiene también agudas reflexiones sobre el Japón moderno y describe el
barrio de Kabukicho con mucha viveza. Sopa
de miso ha supuesto un salto para mí desde autores japoneses más clásicos
–como Soseki o Mishima– hasta esta modernidad, más de corte norteamericano, y a veces muy cinematográfica. Una novela
perturbadora.
