Gente independiente, de Halldor Laxness
Editorial Trotalibros. 712 páginas. 1ª edición de 1935; esta es de 2026.
Traducción y prólogo de Enrique Bernández Sanchís
En la Feria del Libro de Madrid
de 2026, me pasé varios días por la caseta de la editorial Trotalibros para saludar a su editor, Jan Arimany. En una de estas ocasiones,
le pedí que me recomendara el libro, de los que había publicado últimamente,
del que estaba más orgulloso y él, sin dudarlo, señaló Gente independiente
(1935) de Halldor Laxness
(Reikiavik, Islandia, 1902 – Mosfellsbaer, 1998). Era un libro que no me sonaba
de nada, pero me fié de Jan y lo compré. Su lectura ha sido un tanto
atropellada. A finales de junio de 2026 tenía planificado irme con mi mujer de
vacaciones a Japón, pero dos semanas antes mi padre tuvo un problema de salud y
fue ingresado en el hospital de Móstoles. Estuve allí acompañándole y así pude
leer, durante unos días, más horas de las habituales, pero no pude, sin
embargo, escribir las reseñas de esos libros. Debería haber planificado mejor
el viaje a Japón y llevarme allí libros de autores japoneses, pero me acabé
llevando el de Laxness precisamente por su número de páginas, que supera las
700, para tardar más en leerlo y poder tener así más plazo para escribir las
reseñas pendientes. De este modo, empecé a leer el libro en un tren bala entre
Tokio y Kioto y seguí leyéndolo, sin mucha continuidad, en las noches de Kioto,
agotado por las duras jornadas turísticas. En algún momento, pensé en abandonar
su lectura y empezar, según llegara a Madrid, con alguna lectura de un autor
japonés. Esto me ocurrió sobre todo tras visitar el templo del Pabellón de Oro,
donde Yukio Mishima sitúa la acción
de su novela El pabellón de oro. Sin embargo, al regresar de Kioto a Tokio
para tomar el avión de vuelta a casa, releí algunos capítulos del comienzo, y
seguí leyendo en los aviones y en la escala de Doha, y al llegar a Madrid me
apeteció seguir con Gente independiente,
antes de ponerme con libros japoneses, porque me estaba pareciendo un gran
libro.
Gente independiente se publicó en la
Islandia de 1935, pero he tenido la sensación de que su primer capítulo nos
remitía al siglo XIX, ya que en él, en vez de presentarnos a los personajes principales
de la novela, se nos traslada a una época remota, donde en la granja –en el
espacio físico donde van a vivir los personajes– hace siglos una mujer se
dedicaba a asesinar a aquellos que pasaban por sus tierras. Esta especie de
bruja o espíritu maligno será juzgado, condenado a muerte, y enterrado en lo
alto de una colina de estas tierras. Ya desde la primera página se invoca a
Kólumkilli, que fue uno de los primeros colonizadores de Islandia, un gran
hechicero irlandés. A Kólumkilli se van a dirigir muchos de los personajes de
la novela para achacarle la culpa de las desgracias que asolan Islandia. En
este primer capítulo, las fronteras entre lo real y lo mítico se diluyen, para
mostrarnos el estado espiritual y mitológico en el que habitan los personajes
de la obra.
El traductor Enrique Bernández
Sanchís, experto en cultura islandesa, explica en su prólogo (que, a
diferencia de los de Cátedra, esta vez sí recomiendo leerlo antes que la
novela) que Laxness, en esta novela, juega con el lenguaje y los mitos de las
sagas tradicionales islandesas. De esta forma, es habitual que los personajes,
aunque conocen el cristianismo, apelen también a dioses paganos de la mitología
de Islandia. Un rasgo de estilo, del que nos habla también Bernández Sanchís,
en su prólogo es que Laxness pasa con bastante fluidez en su prosa del estilo
directo al indirecto. Es decir, el narrador puede estar informándonos sobre qué
piensan sus personajes (a veces también duda sobre estos pensamientos) o, casi
sin transición, cederá la palabra a los propios personajes y podremos acceder a
su conciencia. También va a ocurrir que Laxness, en el mismo párrafo, puede
estar narrando en pasado y pasar a presente.
En el segundo capítulo se nos presentará a un hombre que, junto a su perra,
se encamina a las tierras donde en el primer capítulo estuvo ubicada la granja
maldita. En la página 27 leemos: «¿Cuántas veces fue destruida Albogastadir del
Páramo por los espectros? ¿Cuántas fue reconstruida de nuevo, pese a los
espectros? Siglo tras siglo llega a la región el campesino solitario dispuesto
a probar fortuna en esta loma herbosa entre el lago y la grieta de la montaña,
decidido a enfrentarse a las violentas potencias que oprimen la tierra con sus
embrujos y exigen su sangre y su médula. Una vez y otra, el campesino solitario
alza su ira, despreciando a las potencias que reclaman sus miembros y su
destino hasta el último suspiro. La historia de los siglos en el valle es la
historia del hombre independiente que lucha con las manos vacías contra
espectros cuyos nombres cambian con el tiempo». Básicamente, en este párrafo
del segundo capítulo, Laxness hace un resumen de su novela. Poco después, el
hombre, que podía ser un arquetipo, adquirirá un nombre, al tomar posesión de
sus tierras. Él será Bjartur (que significa «luminoso») de Sumarhús (que
significa «Casa de verano»).
Bjartur ha trabajado durante dieciocho años para el alcalde del pueblo, y
cuando comienza su aventura vital en la novela, se encuentra justo en el
momento en el que, con el dinero ahorrado, ha podido comprarse unas tierras. El
lector entiende que a un precio barato por estar «malditas» en el imaginario
colectivo, aquejadas por unos fantasmas que bien pueden ser espectrales, pero
que, intuimos, lo más seguro es que tengan que ver con las condiciones
insalubres de la zona. Bjartur va a ser el personaje principal de la novela,
arquetipo de esa «gente independiente» de Islandia a la que se interpela desde
el título. Bjartur es un hombre caracterizado por su obstinación, por su deseo,
siempre verbalizado y siempre manifiesto, de ser y no dejar de serlo nunca, un
«hombre independiente», que en su imaginario personal equivale a la idea de ser
un «hombre libre». Y a este ideal, Bjartur está dispuesto a sacrificarlo casi
todo, su bienestar y el de su familia. Para Bjartur no hay bien más preciado
que esta libertad que piensa que ha conquistado, la de ser un hombre
independiente, que no tiene deudas con terceros; sin embargo, Laxness se va a
encargar de mostrarnos en la novela el verdadero precio de esta libertad, cómo
ese sueño puede llegar a ser verdaderamente esclavizante para Bjartur y la
familia que va a formar. Bjartur es un pastor de ovejas, y el lector podrá
observar cómo se preocupa más por el bienestar de sus ovejas que por el de sus
hijos. He leído que la obsesión cegadora de Bjartur a menudo se compara con la
del capitán Ahab de Moby
Dick, la novela de Herman
Melville. También pensé (y comprobé en internet que no era el único) que
Bjartur es un personaje cervantino, puesto que conoce las grandes sagas de la
poesía islandesa y, de continuo, compara sus acciones con las de los héroes de
las sagas. Y él siente que sus pasos se guían por los personajes de esos poemas
épicos, como Don Quijote con los libros de caballerías. El mismo Bjartur
compone versos en los que deja constancia de los pasajes de su vida.
El narrador, más de una vez, mira con cierta distancia a sus personajes. A
veces, su mirada es triste y el lector entiende que el narrador (al que podemos
identificar con el propio Laxness), sabe más del mundo que sus personajes. A
veces, su mirada también es divertida y un poco irónica, pero nunca llega a
burlarse o a mirar con condescendencia a sus personajes; de hecho, en alguna
ocasión el narrador usa la tercera persona del plural para hablar del sentir
nacional de los islandeses. Más bien, la mirada del narrador será compasiva
hacia la realidad que muestra, porque Gente
independiente es una novela, en gran medida, sobre la pobreza de los
campesinos islandeses a principios del siglo XX; una novela sobre cómo las
simples condiciones naturales hacen que se desbaraten los planes de las
personas, a pesar de su esfuerzo. Sin embargo, no todas las escenas me han
parecido del todo realistas. Especialmente, una en la que Bjartur entra en un
río a lomos de un reno, que simboliza su lucha contra la naturaleza y que
imagino que remite a alguna escena de las sagas que tantas veces evoca.
En la página 34, el narrador se interroga: «¿Qué es la vida?», para a
continuación hablarnos de Rosa, que será un personaje relevante en la historia,
de sus miserias vitales, y concluir el párrafo con estas palabras: «Esto es la
vida».
Los campesinos ni siquiera en los días que se rompe la rutina del campo,
como en una boda, podrán dejar de hablar de los temas que los atormentan y
rigen sus días: principalmente las enfermedades que aquejan al ganado y las
inclemencias climáticas.
Aunque Bjartur siempre va a tratar de hacer ver, ante los demás y ante sí
mismo, que él es un hombre moderno que no cree en leyendas ni en supersticiones
y que las desprecia cuando las ve en otros, en algún momento de desesperación
invocará también a esos fantasmas en los que dice no creer y los increpará en
el páramo y contra ellos levantará su brazo.
Entre la primera parte y la segunda del libro se produce un importante
salto temporal de casi catorce años, y el protagonismo de la novela no recaerá
de un modo tan directo sobre Bjartur, sino que ahora conoceremos a sus hijos y
a otros personajes, entre los que destacará Ásta Sóllilja, la hija mayor, una
adolescente sensible y que sueña con dejar la granja, ir al pueblo y recibir
una educación, pero Bjartur no está dispuesto a ceder a las peticiones del
alcalde (para quien trabajó) y permitir que Ásta viva en su casa y pueda
educarse. Tras doce años, Bjartur terminó de pagar sus deudas con el alcalde y
no quiere deberle nada. Aunque para Bjartur el alcalde parece representar a la
figura del opresor burgués frente al trabajador que había sido él, en ningún
momento se nos va a mostrar alguna situación de explotación que hubiera sufrido
Bjartur en el pasado y que justifique su inquina, que perdura en el tiempo, ya
que en realidad el alcalde para el lector parece una figura positiva, que trata
de ayudar a la familia de Bjartur (y de salvarla) de su propio orgullo y
terquedad. De hecho, Bjartur prefiere que su familia pase hambre a tener que
comer pájaros que puede cazar o peces que puede pescar en el lago, porque eso
lo considera de pobres, una idea que en el libro no acaba de parecer realista o
lógica.
Según avanza la novela, Bjartur se verá afectado cada vez por fuerzas que
no controla y que no entiende. Por ejemplo, algunos vendedores de lana o
compradores de materias primas se está asociando en sindicatos y Bjartur no
sabe si le conviene unirse a ellos o seguir por libre. El enclave temporal más
claro que aparece en la novela serán los cuatro años de la Primera Guerra
Mundial, que a Islandia le trajo prosperidad, puesto que hizo que subieran
mucho los precios de todos los bienes que exportaba. Sin embargo, parece
decirnos Laxness, la buena suerte también engendra la mala suerte.
He leído en internet que Laxness era de ideas socialistas. Gente independiente se puede leer
también como una crítica al individualismo liberal que propone al individuo
salir adelante solo con su propio esfuerzo, despreciando la ayuda de los demás
o la idea de la asociación humana. De forma constante, Bjartur se va a ver
zarandeado, además de por las fuerzas de la naturaleza, por las fuerzas
económicas del mercado y los vaivenes de otras personas, que él no puede
comprender ni controlar.
Halldor Laxness recibió el Premio
Nobel de Literatura en 1955, siendo Gente
independiente su obra más importante, un libro que es una de las novelas
más importantes de Islandia. En más de una lista, Gente independiente ha aparecido como una de las cien novelas más
importantes del siglo XX. Juan Rulfo
sentía una gran admiración por ella. Llegó a influirle a la hora de escribir Pedro
Páramo, sobre todo a la hora de mostrar la pobreza de la gente del
campo y la importancia del paisaje y las condiciones climáticas. En España, en
los años 50, la editorial Aguilar
publicó Gente independiente, pero no
en traducción directa del islandés. Esto mismo ocurrió con la edición de Turner de 2004. Así que cuando
Trotalibros publicó Gente independiente
en 2025 era la primera vez que la novela se traducía al español directamente
desde el islandés. El trabajo de Enrique Bernández Sanchís me ha parecido muy
bueno. La novela fluía muy bien en español, y no ha debido de ser un trabajo
fácil, puesto que había mucho vocabulario sobre el sector primario y la
naturaleza, además de neologismos que se inventaba el propio autor.
Gente independiente es una novela muy
emocionante que, sin ser cursi, el lector la enfrenta sobrecogido por la
suerte, casi siempre precaria, de sus personajes. Según la acabé, le escribí a
Jan Arimany un whatsApp para darle la enhorabuena por haberla publicado y para
decirle que hacía mucho que el final de una novela no conseguía hacerme llorar.
Creo que la última vez me pasó con Stoner de John Williams, y la leí hace ya quince años. Gente independiente me ha parecido una obra maestra de la
literatura del siglo XX. Es el mejor libro que he leído de la editorial
Trotalibros y se va de cabeza a la lista de mis diez mejores lecturas de 2026.

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