Conozco a Víctor Peña Dacosta (Plasencia, 1985) de las redes sociales,
principalmente de Facebook. Aunque también de twitter y sé que tiene un blog
literario llamado Arrebatos alíricos (pinchar AQUÍ).
Víctor me escribió a través de Facebook para ofrecerme su primer poemario
publicado con La isla de Siltolá.
Había leído algún poema de este libro gracias a internet y me pareció que era
una poesía con la que conectaba. Al final quedamos en que él me hacía llegar La
huida hacia delante y yo le envié (reciclando su propio sobre) mi
poemario El bar de Lee.
Ya desde las citas iniciales
sabemos que nos encontramos ante un poemario irónico y descreído, puesto que
está colocando las palabras de Thomas
Mann: «Me pregunto sí, a pesar de mis precauciones, no estaré hablando de
mí» junto a las de Homer J. Simpson: «Intentar
algo es el primer paso hacia el fracaso».
El posmodernismo era esto.
Este juego de las citas se repite
a lo largo del libro: desde mensajes de Windows
(«Error interno 2343», pasando por Michel
Houellebecg, Leonard Cohen, Vicente Gallego, Manuel Vilas, Andrés
Calamaro, Fidel Castro o incluso
Mariano Rajoy («La vida es resistir
y que alguien te ayude. Tampoco hacen falta muchos»). Creo, que la cita que más
graciosa me ha parecido ha sido una de Mike
Tyson: «Todo el mundo tiene un plan hasta que le das la primera hostia.»
El poemario se abre con un poema
corto, compuesto en endecasílabos blancos:
Lo mejor del pretérito imperfecto
es su capacidad de convertir
hechos triviales en unas memorias
interesantes o en un poemario
confesional, a medio camino entre
las cosas que mi madre nunca supo
y las que mis nietos deberían saber.
El
poemario, como avisa este poema, será confesional, y en la mayoría de los
versos se rompe la unidad métrica del endecasílabo. La voz poética evoca, desde
la perspectiva de estar acercándose a los treinta años, su juventud o su pasado
más inmediato: amigos, juergas, alcohol, ligues, novias, pérdidas de tiempo,
lectura, esccritura… El estilo, como ya apuntaban las citas, es irónico, a
veces bromista y a veces más serio, desinhibido respecto al sexo, impúdico. Las
referencias son muy cercanas: en numerosas ocasiones se compara la propia vida
con la del equipo de fútbol, o se habla, por ejemplo, de estados de Facebook.
El
lenguaje es en muchas ocasiones bastante coloquial, lo que potencia la
sensación de cercanía: “Paso de cuidarme” (pág. 15), “Ese día, ¿recuerdas?, te
corriste más que nunca” (pág. 23), “No me las folle” (pág. 27).
Sin
embargo, estas composiciones no dejan de tener sentido del ritmo, y consiguen
trascender lo meramente anecdótico hacia el campo de la reflexión, con un
cierto poso de tristezas simpática.
Reproduzco
aquí un poema de la primera mitad del libro, con un tono bromista:
Yo siempre he sido el niño que se
aguanta la risa
en el segundo banco de la iglesia
antes de engullir la hostia
consagrada.
Un subdelegado votado medio en
broma
que reclama imparcialidad ante
los exámenes.
Siempre he sido la mancha en la
pared
con complejo de rueda de
repuesto.
El bufón llorando en el entierro
de un amigo.
Yo soy aquel que por las noches
te describe.
Ya sobreviví a mi propio holocausto.
Confieso que escribo en verso por
pura pereza.
Y aquí otro poema, con una
intencionalidad similar, pero con un tono más melancólico:
No soy
nada: apenas lo que aparento
y, a veces,
ni tan siquiera eso:
pura
fachada sin sustancia
de esporádico
escritor sin talento
que levanta
sus días con gomina,
se calza
la cara de ir al trabajo,
bebe un
poco y toma alguna pastilla
para
paliar pequeños dolores cotidianos.
Soy lo
que soy: apenas algo,
una
mancha que se oculta a las sombras,
un
borracho que lee de vez en cuando.
Un tonto más
entre tantos que siguen
con emoción
la Liga y frialdad el telediario.
Otro hombre
de mediana edad temprana
que hace
tiempo emprendió la cuesta abajo.
No soy
casi: insisto, existo si acaso.
Ya ni
Facebook se altera
con mis
golpes de estado.
En algunos poemas el propio Víctor
nos indica a quién está realizando el homenaje literario con mensajes como: (FEATURING ÁLVARO VALVERDE); hay otros poemas al estilo de Almudena Guzmán, María López Ponz o Luis
Alberto de Cuenca.
Probablemente Luis Alberto de Cuenca sea una de las
grandes referencias literarias de este libro, por su tono cercano e irónico
frente a las relaciones amorosas. Otra sería la cercanía reflexiva y coloquial
de Karmelo C. Iribarren. Y, por
supuesto, otra de las influencias más claras sería la de Jaime Gil de Biedma. Sobre todo en el tono confesión y de
autorreproche de sus versos. En este sentido destaca este poema, claro homenaje
a Contra Jaime Gil de Biedma:
Tú antes molabas.
Bart Simpson
No quiero ser duro contigo,
que bastante tienes con lo que
tienes.
Mírate, esto no era lo pactado:
eres la publicidad engañosa
de lo que yo prometía. El reverso
caducado de una tapa dorada.
Eres Kennedy y Zapatero.
El casi pero al final no.
Eres la alergia de la primavera,
una oferta que sale cara.
El delirio sin aires de grandeza.
Eres la realidad tras la
esperanza,
la resaca de las celebraciones
y las agujetas del sexo
mediocremente salvaje.
Eres Rod Stewart.
Guti.
Obama.
Tao Lin.
Eres peor que los Strokes.
Pero no quiero ser duro contigo.
Solo quería despedirme:
no te veré pagar una hipoteca
ni ponerte (aún) más gordo.
No veré cómo te casas y te largas
de luna de miel a un infierno
carísimo.
No veré cómo te compras un coche
y malvendes tus discos de vinilo.
No te veré caer en el voto útil
ni en las rebajas de Ikea.
No pasaré la vergüenza
de oírte blasfemar pidiendo
una cerveza sin alcohol.
No te veré morir.
En La huida hacia delante podemos encontrarnos con poemas en prosa más
extensos y con poemas cortos que parecen pensamiento o aforismos. Reproduzco
algunos de estos últimos:
Algunas de las principales
obras de la literatura
han sido fruto del aburrimiento:
qué lástima de internet, fútbol
y de que no haya Premio Nobel
de Cibersexo.
Te quise desde el principio;
no me di cuenta hasta el final.
El poemario finaliza (además de con alguna reflexión política) proyectando la voz poética hacia el
futuro. Después de enfrentarse a su pasado, imagina el poeta lo que le viene
por delante en su treintena:
Acostumbrarse a las molestias
diarias,
a que se mueran los abuelos.
Hacerse a la idea de que envejecen
los padres y maduran los amigos.
Andar un rato por las tardes.
Verse de pronto envuelto en un
debate
sobre hasta cuándo es mejor dar el
pecho.
Tener una teoría al respecto.
Apuntarse a cursos de idiomas
o al gimnasio, y actualizar los
blogs
al menos una vez a la semana.
Hacer la cama siempre al
levantarse
y fregar antes de que se acumule:
hacerse fuerte en la rutina.
Ser un hombre a la hora de hacer
colas:
no dejar que se cuelen las marujas
ni nos venza el desaliento.
Medir la vida en estados de
Facebook
y la aceptación social en “me
gustas”.
Abrir un plazo fijo a un interés
razonable y defender que conviene
una reforma fiscal moderada.
Seguir los partidos sin pegar
voces.
Hacerse chequeos de vez en cuando,
que total no cuesta nada.
Enterarse
de cuáles son los mejores
productos
para mantener limpia la piscina.
Irse de vacaciones con los
suegros.
Atender cuando oyes “señor”
por la calle. Aprender a hacerse
el nudo
de la corbata y a arreglar los
enchufes.
Entender por qué sube la hipoteca.
Asumir que es cada vez más difícil
cumplir el sueño de hacer un trío.
Gastar mucho menos dinero en
libros,
reducir el tiempo de siesta.
Hablar en las reuniones de
vecinos.
Aprovechar los descuentos del
súper,
preferir los conciertos en
teatros,
elegir cortinas de seda blancas
que combinen con la mesa camilla,
buscar porno duro gratis, cervezas
negras y ginebras de marca, vinos
con un ligero regusto a manzana
de nombre extranjero. Decir que es
suave
pero con mucho cuerpo. Fijarse
en cómo va resbalando la lágrima.
Usar reloj.
Adaptarse, como todos, al miedo.
Amortiguarlo con pastillas.
Apagar el despertador antes de que
suene.
Ponerse camisa para ir a trabajar.
Me ha gustado La huida hacia delante de Víctor Peña Dacosta. Me ha parecido un
primer poemario sólido, en el que el autor tenía muy claro cuáles eran sus
referentes (Luis Alberto de Cuenca, Jaime Gil de Biedma, Karmelo C. Iribarren y
el Vicente Gallego de los primeros libros) y sus intenciones: escribir un
poemario confesional, irónico, cercano, simpático, desinhibido, impúdico y
antirretórico. Un poemario que consigue hacer sonreír con complicidad al lector.
Me falta algo y al mismo tiempo hay algo que me atrae, tal vez que me siento bastante identificada con varias cosas. Sobre todo con esa "Adaptación al miedo" que cada vez se me acerca más. Saludos.
ResponderEliminarHola caminante:
EliminarLa poesía de Víctor no parece buscar la belleza formal. Esto te puede gustar más o menos, depende de lo que busques en la poesía. Me alegra esa identificación, eso es que penan estos versos.
David