Madres e hijos, de Theodor Kallifatides
Editorial Galaxia
Gutenberg. 169 páginas. 1ª edición de 2020; esta es de 2025.
Traducción de Selma
Ancira
En noviembre de 2025, el
Festival Eñe, celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid,
reunió a Theodor Kallifatides
(Molaoi, Grecia, 1938) con la portuguesa Lídia
Jorge para charlar sobre sus obras y el pasado de sus países y de Europa.
El encuentro tuvo lugar un viernes de lluvia y me apeteció pasarme. No me había
acercado a ningún libro de Kallifatides, pero había leído buenas críticas sobre
su obra. Compré tres de sus novelas, publicadas por la editorial Galaxia Gutenberg, Madres e hijos (2020), Otra
vida por vivir (2018) y Una mujer a quien amar (2003). De forma, quizás un
tanto ingenua, supuse que al final de la charla, Kallifatides y Jorge iban a
firmar libros, pero esto no fue así y mi alma fetichista se quedó sin los
libros de Kallifatides firmados. Este autor es conocido, entre otras cosas, por
haber emigrado de su Grecia natal a Suecia y haberse convertido en un autor que
ha desarrollado casi toda su carrera en idioma sueco. En una de las salas de
Círculo de Bellas Artes, un Kallifatides de ochenta y siete años, con un
aspecto estupendo, entendía el español y podía contestar a algunas preguntas en
este idioma (que intercalaba con el inglés). Desde hacía poco tiempo había
empezado a aprender español.
Cuando empezó 2026 decidí acercarme a los libros de Kallifatides. Mi idea
era leer en orden cronológico de escritura los tres libros que había comprado,
pero –no sé cómo lo miré– lo cierto es que los he acabado leyendo justo en el
orden inverso de escritura. De este modo, esta primera reseña va a ser de mi
lectura de Madres e hijos (2020).
Aunque sí que me percato, consultando mis notas, de un tema interesante: Madres e hijos está ambientado en 2006 y
Otra vida por vivir, publicado antes
(2018), nos habla de 2015. Por tanto, en Madres
e hijos se narra un encuentro de Kallifatides con su madre, y en Otra vida por vivir la madre ya ha
muerto.
Madres e hijos está escrito
originalmente en griego (traducido al español por Selma Ancira) y más tarde sabré que la decisión de cambiar del
sueco al griego como vehículo literario la tomó Kallifatides en Otra vida por vivir, publicado dos años
antes.
Cuando empieza la narración, hace cuarenta y tres años que Kallifatides
(sesenta y ocho años) vive en Estocolmo y su madre (noventa y dos años) en
Atenas. Kallifatides le comunica al lector que quiere hablar sobre su madre,
que estaba esperando a que muriera, pero que al final va a hacerlo ahora. Y
aquí empieza a mostrar algunas dudas sobre su propio material de escritura,
algo común a los escritores que, como él, practican la autoficción. «He
preparado algunas preguntas que tendré que hacerle. Esto me inquieta y no me
gusta. No quiero utilizar a mi madre como material. El hijo que hay en mí
quiere estar con ella como antes, sin ningún propósito.» (pág. 9) y un poco más
abajo: «¿Seré capaz de controlar al demonio del escritor que quiere arrebatarme
el trabajo de las manos? ¿Qué quiere pasarse de listo, bromear, embellecer, o
por el contrario, afear?» El uso de frases interrogativas es un recurso común
en la novela, unas frases interrogativas que añaden un misterio al material
narrado, a su sentido, a sus límites o a su capacidad para realmente describir
la realidad.
Madres e hijos narra la visita, de
unos pocos días, que Kallifatides hace a su madre. Además de querer conversar
con su madre viva, el autor establecerá otro diálogo con su padre muerto, ya
que este, antes de morir, le entregó a su hijo un cuaderno en el que había
narrado los acontecimientos de su existencia que consideraba más importantes.
Kallifatides sabe así que su padre quería que hablara sobre él. Desde que toma
el avión en Estocolmo, Kallifatides irá leyendo página de este cuaderno, que le
serán mostradas al lector en letra cursiva. La técnica narrativa será la de mostrar
algunas páginas que serán comentadas por el autor. La novela nos da la
sensación de que Kallifatides lee este cuaderno por primera vez en este viaje y
muestra una sorpresa genuina por las revelaciones sobre el pasado que encuentra
en esas páginas. Entiendo que todo esto debe ser una reconstrucción posterior.
El padre, veinticuatro años mayor que la madre, murió con noventa y cinco. Así
que murió veintiún años antes que el tiempo narrativo del libro. El cuaderno es
de 1972. Kallifatides ha tenido que leer ese cuaderno muchas veces antes que
cuando lo hace en este viaje. Imagino también que las páginas que se muestran
al lector están editadas, porque el estilo del padre es sencillo, pero siempre
correcto y agradable.
La novela está publicada en 2020, pero narra hechos de 2006. En ningún
momento, se muestran dudas en el texto sobre el orden o la veracidad de los
recuerdos evocados. Realmente se narra como si el autor estuviera tomando notas
inmediatas sobre lo contado y en su elaboración no entraran las dudas de los
recuerdos. Quizás es así; Kallifatides anotó todo lo que ocurrió en los días de
su visita a Atenas y luego, años después, elaboró el libro que el lector tiene
en las manos.
Uno de los temas principales de la obra de Kallifatides es el de la emigración,
y el de cómo el hecho de dejar una sociedad e integrarse en otra distinta
cambia a las personas. Nos dirá que él tiene familiares repartidos por todo el
mundo y al analizar la vida del padre, a través de su cuaderno, le dará este
enfoque del cambio de residencia, de la lucha por la pertenencia. Así en la
página 22 leemos: «El segundo detalle era el lugar de su nacimiento. El barrio
Exótija, es decir, fuera del recinto amurallado. ¿Qué significaba eso? Que la
familia era pobre, por supuesto. Pero al mismo tiempo era una especie de
estigma. Habiendo nacido fuera del recinto amurallado, toda su vida luchó por
entrar. Lo mismo me ha ocurrido a mí. Me he dejado la vida luchando por entrar
al recinto amurallado de una sociedad distinta.»
En el aeropuerto, esperando el avión para Atenas, se produce una escena
curiosa. Kallifatides está a punto de embarcar, juntos a otros emigrados
griegos en Suecia, a los que conoce ya de vista de otros vuelos, y una señora
le echa en cara que en sus libros difama a su patria. «Eres tú, señor, quien
hace que nos peleemos. Divides a los griegos y engañas a los suecos que tienen
el cerebro de chorlito. No paran de preguntarme si es cierto que los griegos
hacen el acto con sus cabras y golpean a sus mujeres y a sus hijos de la mañana
a la noche.» Esta escena me ha recordado a algunas de las que narraba Philip Roth en Zuckerman encadenado
sobre cómo sus libros podían enfadar a su comunidad, los judíos estadounidenses
en este caso. No sé si dentro de la autoficción que practica Kallifatides se supone
que todo lo que narra sea estrictamente real o añade escenas como esta, que me
ha dado la impresión de que era una invención para crear algo de tensión
narrativa.
Cuando comencé a leer la novela, tenía la impresión de que el texto estaba
bellamente escrito, pero que le faltaba tensión narrativa. Esta tensión se irá
fraguando en el libro al contar sobre todo los acontecimientos históricos por
los que tiene que pasar la familia Kallifatides: primera guerra mundial, segunda
guerra mundial, expulsión de los griegos de Turquía, etc. Incluso, el padre
–acabaremos sabiendo– sufrió encarcelamiento y torturas, por parte de los
fascistas, durante la segunda guerra mundial; y el propio Kallifatides no podía
volver a Grecia después del golpe de estado de los coroneles en 1967, porque le
acusaban de difamar al país en los periódicos de Suecia.
En la página 31, cuando llega al edificio de su madre, se encuentra con una
vecina, llamada María y escribe: «¿Tengo derecho a escribir sobre María? ¿No
tendría que pedirle autorización?» En realidad, estas reflexiones me han
resultado un tanto exageradas, puesto que no cuenta nada personal sobre María.
Diría que Kallifatides tiene bastante cuidado, en su autoficción, de no
molestar a nadie. Podría calificar su escritura de «autoficción amable». Quizás
en algún momento, al describir la dulzura y atenciones de la madre («Mi madre
es mi patria», escribirá) he pensado que la novela podía rozar la cursilería,
pero el texto ganaba cuando, desde la narración de la intimidad del encuentro
de un hijo mayor con su madre anciana, se habría a un espectro más amplio de
personajes y, desde este punto periférico y personal, se hablaba de algunos de
los grandes conflictos del siglo XX y principios del XXI. En algún punto
también, me ha parecido que Kallifatides caía en algún lugar común; por
ejemplo, en la página 51 leemos: «El ser humano siempre se ha preguntado por el
mañana.», pero, en la mayoría de los casos, sus comentarios sobre la realidad
me han parecido personales, interesantes y acertados, como cuando en la página
72 dice: «Comencé a escribir versos antes incluso de haberme masturbado.»
Aunque, como he apuntado al principio, temía la sensación de que Madres e hijos era una narración en
esencia amable y sin tensión narrativa, el libro me ha ido ganando según
avanzaba por sus páginas, y la vida –los recuerdos, los pesares, las pérdidas…–
se ha ido abriendo paso. La capacidad de Kallifatides para enlazar anécdotas en
el tiempo narrativo principal de la obra es alta y el texto se acaba llenando
de poesía y encanto. Al escribir esta reseña ya he acabado de leer Otra vida por vivir y tengo a medias Una mujer a quien amar. Ya hablaré de
ellas.

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