Las hogueras, de Concha Alós
Editorial Seix Barral. 277 páginas. Primera edición de 1964, esta es de
2024
Hace unos años leí Los enanos (1962) y Rey
de gatos (1972) de Concha Alós
(Valencia,
1926 – Barcelona, 2011), dos libros de la época del franquismo de una escritora
que, aunque tuvo éxito comercial en vida, no había entrado en el canon del
prestigio literario y había quedado olvidada. La editorial madrileña La Navaja Suiza fue la encargada de
llevar a cabo el rescate de estos dos libros. Estuve en la presentación de Los enanos, que tuvo lugar en la
Residencia de Estudiantes, y allí, conversando con los editores, estos me
dijeron que también pensaban publicar Las
hogueras (1964). Al final, parece que, tras la buena acogida que
tuvieron los libros de Concha Alós, publicados en La Navaja Suiza, Seix Barral
se adelantó y acabó publicando ella Las
hogueras. Me llegó al correo electrónico la publicidad de esta novedad
literaria y me agradó ver que el dossier de prensa había incluido una frase que
yo escribí en mis reseñas de Alós: «La mirada de Concha Alós es muy moderna e
incisiva, y retrata muy bien un periodo del pasado de España con una prosa
punzante y poética». Cuando estuve cerca de una librería miré si la habían
incluido entre las recomendaciones de solapa y me alegró comprobar que así era.
Entonces decidí, pese a mi montaña de libros por leer, solicitar Las
hogueras a Seix Barral para poder leer y reseñar el libro. Era un libro que
me hacía especial ilusión tener en casa.
Hay una
historia curiosa con Los enanos y Las hogueras: Los enanos ganó el Premio
Planeta de 1962, pero Alós tuvo que renunciar al premio, ya que tenía
firmado un contrato previo con la editorial
Plaza & Janes, que en principio
no lo había querido sacar después de aceptarlo. Sin embargo, se volvió a
presentar dos años después, en 1964, con Las hogueras y esta vez ya sí
lo ganó y se publicó con esta publicidad. Y todo esto, claro, en un contexto
histórico en el que el Planeta, lejos del premio comercial que es ahora, sí que
buscaba el valor literario en las obras que publicaba.
Si bien Los enanos nos llevaba al ambiente
sórdido de una pensión de la Barcelona de los años cincuenta, Las hogueras nos lleva hasta el norte de
la isla de Mallorca en la década del sesenta. Al empezar a leer el libro me
estaba preguntando si el tiempo narrativo del que se hablaba era el
inmediatamente anterior a su escritura –es decir, el de principios de los años
sesenta– o la historia nos retrotraía a un periodo mucho más cercano a la
guerra civil. En algunos momentos, los protagonistas recuerdan el «tiempo de la
guerra» o el «tiempo de antes de la guerra», como si esos recuerdos no fueran
muy lejanos, y se nos dice, por ejemplo, que al pueblo en el que viven los
protagonistas aún no ha llegado la luz eléctrica, pero algunas pistas nos hacen
ver que estamos más en los años sesenta que en los cuarenta o cincuenta, como
la gran afluencia de turistas a la isla en verano, de la que se habla en Las hogueras, que fue un fenómeno en
España asociado a la década del sesenta. Sin embargo, cualquier ambigüedad
sobre el tiempo narrativo quedará resuelta en la página 95, cuando se nos habla
de «el juicio de Ruby, el asesino del presunto criminal que mató a Kennedy».
Este juicio –como leo en internet– tuvo lugar entre febrero y marzo de 1964.
La
protagonista principal de la novela es Sibila, que ya en la primera página se
nos dice que ha soñado con los días en los que fue modelo en París, y llegó a
salir en revistas como Vogue. Ha
pasado el tiempo y está casada con Archibald, al que conoció en París. Los dos
viven en una casa a las afueras de Son Bauló, un pueblo del norte de Mallorca.
Esta localidad no la conocía, pero sí otras que aparecen en la novela, como
Alcudia, Muro o Santa Margalida, porque allí tenían una casa mis suegros y he
pasado en esa zona de Mallorca más de un verano. Tengo unos bellos recuerdos
del lugar; sin embargo, como ya hizo en la Barcelona de Los enanos, Alós
conseguirá transformar este espacio físico en un lugar opresor y feo. Esto lo
consigue, en gran medida, cargando de fuerza a algunos símbolos; así, por ejemplo,
las moscas son una presencia constante en la novela.
Archibald y
Sibila duermen en habitaciones separadas. «Vivían en la misma casa y sin
embargo habitaban dos mundos ignorados el uno del otro, a una distancia
inconmensurable», leemos en la página 30. Aunque, al principio, la casa de
campo le había gustado a Sibila, lleva un tiempo sintiéndose atrapada en ella y
le gustaría trasladarse a una ciudad, idea no compartida por Archibald.
La novela
está escrita en tercera persona (con algunos capítulos narrados en pasado y
otros en presente), pero Alós, frecuentemente, nos mostrará los pensamientos de
sus personajes, usando la técnica del estilo indirecto libre. La novela se
ocupa de más personajes, aparte de Sibila y Archibald. Otro de los personajes principales
será Asunción, la maestra de Son Bauló, que lleva en el pueblo diez años dando
clase y ya ha perdido el idealismo con el que empezó en su profesión. De hecho,
cuando acabó su carrera, quería seguir estudiando y formándose, pero para ello
tendría que vivir en una habitación de la parte de arriba del colegio, pasando
frío y penalidades. Decidió trasladarse a una habitación del hotel del pueblo y
tener así un techo caliente y la comida hecha. Aunque en invierno, y durante el
resto del año, consigue un precio especial en el hotel, alcanzar este nivel de
vida le supone aceptar trabajar más horas al día y, así, por las tardes,
después de acabar la jornada laboral con los niños, dará clases para enseñar a
leer y escribir a adultos. De entre estos alumnos, que son emigrantes del sur
de la península ibérica, la narración nos destacará a Daniel el Monegro. Las hogueras no llega a ser una novela tan coral como Los enanos, pero son bastantes los
personajes que entran en la historia y de los que conoceremos sus inquietudes.
Con breves
pinceladas, Alós nos irá desvelando el pasado de estos personajes. La mayoría
de ellos se sienten atrapados e insatisfechos. Además de las metáforas que
parten de la naturaleza y que se van cargando de símbolos, como esas moscas de
las que ya he hablado, también habrá más de una nube negra sobrevolando los
cielos de la narración. También en las comparaciones y referencias, se notará
una presencia agobiante de la imaginería religiosa, con sus santos y vírgenes.
La imagen de las hogueras que parecen incendiar algunos cerros de Mallorca
también se irá cargando de fuerza simbólica, hasta llegar al bello y triste
párrafo final: «Las hogueras. Archibald pensó que a menudo los breves y
desesperados vuelos hacia la felicidad son como una hoguera que arrasa y nos
hunde en la desesperanza, en la soledad. En la imposibilidad de esperar nada
aparte de la diaria y baja rutina…» (pág. 277)
El lenguaje
de la novela es muy ágil. Alós escribe aquí con frases muy cortas y en muchos
casos entrecortadas, donde las frases se quedan en simples sintagmas nominales,
y tendrá que ser el lector quien las complete. Así, por ejemplo, leemos en la
página 86: «Su marido. Parecía que todo había ocurrido ayer» o «Y él se marchó.
Era la guerra. Quemaban las iglesias y las personas chillaban corriendo bajo
los aviones que volaban» o en la página siguiente: «Su marido estaba en la
cárcel. Escaseaba el pan. Y ella tuvo que ponerse a trabajar. El campo. El sol.
La siega». También suele usar Alós construcciones en las que aparecen tres
adjetivos seguidos: «Todo era triste, miserable y feo», «La voz es indecisa,
lenta, abrupta» (pág. 34), «La cabeza de Asunción Molino es allí una sombra
movible, poderosa, grande» (pág. 35).
La mirada de
Concha Alós sobre la realidad que analiza es muy moderna, porque hay en sus
páginas una sensibilidad muy grande hacia la posición de la mujer en la
sociedad de la época. De este modo, Sibila quedará retratada como un objeto de
deseo en la mirada de los hombres con los que se relaciona, como una posesión
de lujo. Así nos habla Alós de la relación en París entre Archibald y Sibila:
«Estaba fatigada. La había comprado Archibald con su dinero, con su paz, como
años atrás pudo comprarla otro cualquiera por un panecillo caliente» (pág. 47).
Alós dibuja a Sibila como una mujer frívola, a la que le cuesta ver más allá de
la imagen de deseo que proyecta en los hombres, una mujer ignorante y, en gran
medida, superficial, que creció en un hogar machista, en el que la madre
trabajaba en casa y el padre le decía que ella no iba a tener que trabajar,
gracias a su belleza. Y esta mirada de Alós sobre su personaje es valiosa,
porque no lo idealiza, a pesar de ser una mujer, en gran medida, oprimida.
La mirada de
Asunción, la maestra, sobre el mundo que la rodea será más crítica y meditada.
Así en la página 182 leemos: «Las chicas, según ella, no tenían más ambición
que llegar a ser el parásito del primer hombre que les pusiera a tiro. (…) No
soportaba su juego: un juego de acoso y obsesión hacia el sexo contrario.
Comprendió más tarde, cuando pasaron los años, que las mujeres solían apostarlo
todo a una carta: su porvenir y la solución de un problema social y sexual.
Entonces, en aquellos tiempos, Asunción era una muchacha apasionada,
inteligente y arisca, ambiciosa».
La novela
también es moderna porque habla del deseo sexual de las mujeres. Y, como
ocurría, en Los enanos, frente a la uniformidad social que parece emanar
del franquismo, en esta novela aparecen personajes de otras razas. Así se nos
hablará de Rosso, que era el novio de Sibila en París, un negro cubano que
traficaba con joyas. Y Sibila se adentrará en Palma en la calle de los judíos
para comprar un reloj. Esto le servirá a Alós para hablar del odio que ha
existido en Mallorca hacia los judíos. También, y aquí la novela tiene un
componente social importante, Alós nos va a hablar del rechazo racista de los
isleños mallorquines hacia los inmigrantes peninsulares. También se hablará
aquí, como ya ocurría en Los enanos, de la homosexualidad, pues se nos
dirá que el modisto para el que trabajaba Sibila en París era homosexual. Los
temas raciales y sexuales no eran muy frecuentes en la época del franquismo, y
a veces sorprende que estos libros consiguieran pasar la censura de la época.
En la contraportada de Los enanos, en la editorial La Navaja Suiza, leemos: «Obra cumbre en la narrativa de Concha Alós» y en la contraportada de Las hogueras, en la editorial Seix Barral, leemos: «Las hogueras es la mejor novela de Concha Alós». Así que, según cada editorial, su novela es la mejor de la autora. Creo que Los enanos me gustó más, pero esto no quiere decir que desprecie Las hogueras, porque me ha parecido de nuevo una grandísima novela, y el rescate de esta autora me sigue pareciendo muy pertinente.

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