domingo, 27 de febrero de 2022

Un amor, de Sara Mesa

 


Un amor, de Sara Mesa

Editorial Anagrama, 185 páginas. 1ª edición de 2020.

 

Creo que fue con la publicación de Cicatriz (Anagrama, 2015) cuando empezó a sonar con mucha fuerza ‒a nivel de suplementos culturales‒ el nombre de Sara Mesa (Madrid, 1976); aunque ya había leído alguna reseña de su novela anterior, Cuatro por cuatro, que también se publicó en Anagrama en 2012. Y a partir de entonces, a partir de Cicatriz, aparecen libros suyos en Anagrama con una gran repercusión crítica: Mala letra (2016), Cara de pan (2018) y Un amor (2020). Un amor fue elegido como mejor novela publicada en España en 2020 por medios como El Cultural o La Vanguardia. Sara Mesa es una autora que yo había anotado que debía leer; pero, a veces, son tantos los escritores nuevos por los que siento interés, que no puedo abarcarlos a todos, y también es cierto que, en muchos casos, me suelo interesar más por escritores (o escritoras, en este caso) latinoamericanos que españoles. Tendríamos que llamar a Freud, quizás, para explicar esto, pero normalmente presiento que un autor latinoamericano me va a sorprender más que uno español, y Latinoamérica es el campo de lecturas hacia donde he «especializado» mi pasión. Sin embargo, estaba hablando de libros, en el colegio donde trabajo con una profesora de Lengua y Literatura, y acordamos que yo le iba a dejar Los recuerdos del porvenir de Elena Garro y ella me dejaba a mí, Un amor de Sara Mesa. Así que con todo este circunloquio, quería simplemente contar que he llegado tarde a Sara Mesa, de una forma tal vez injustificada. Porque lo cierto es que, lo digo desde ya, me ha encantado Un amor y me gustaría repetir con ella.

 

La protagonista de Un amor es Nat, una joven treintañera que ha alquilado una casa ‒con bastantes desperfectos‒ en el pequeño pueblo La Escapa. Aquí parece buscar un espacio de tranquilidad para ejercer un trabajo de traducción que tiene pendiente. Sin embargo, el lector empezará a vislumbrar desde el principio que Nat, más que buscando el silencio del campo, viene huyendo de algo indeterminado. Desde un primer momento, Mesa dibuja escenas tensas en torno a la llegada de Nat al pueblo. Las primeras tienen que ver con su casero, un tipo de aspecto desagradable, marrullero con el dinero y de ademanes machistas.

Nat, además de traducir el libro, con escenas francesas de teatro, que ha traído consigo, también quiere cultivar un huerto en su jardín. Aquí se ha producido una coincidencia temática con la novela Los llanos del argentino Federico Falco, también publicada por Anagrama en 2020. En Los llanos también hay un personaje treintañero que alquila una casa en el campo y viene huyendo de su pasado en la ciudad. Pero las coincidencias acaban aquí, ya que mientras Los llanos es una novela lírica sobra la pérdida, Un amor es una novela muy tensa sobre las relaciones de dependencia y poder que se establecen entre los seres humanos.

 

Serán pocos los datos que Sara Mesa dé al lector sobre el pasado de Nat, pero estos ‒en las contadas ocasiones que aparecen‒ serán muy significativos y simbólicos. Como promete el título, Nat vivirá una historia de amor en La Escapa, pero no será, en cualquier caso, una historia cómoda o exenta de tensiones. «Ella no pertenece a este sitio, jamás ha pertenecido.», leemos en la página 157 y, esta es de la desubicación, es una sensación que permanecerá en Nat en todo momento y que marcará su paso por el pueblo, como un arrastrar de extrañamientos y desencuentros. Los habitantes de La Escapa se rigen por unas reglas que ella no acaba de comprender, y sentirá de forma continuada los malentendidos como una losa que pesará sobre la inalcanzable tranquilidad de sus días.

 

La novela está escrita en tercera persona, y Mesa hace un inteligente uso del estilo indirecto libre para acercarnos al desasosiego vital de Nat. Además se sirve de los elementos descriptivos del clima para cargar de tensión las escenas desde fuera (el calor, las tormentas, los ladridos de los perros en la noche…). En apariencia, el lenguaje es sobrio y no llama mucho la atención sobre sí mismo. Mesa trabaja con ahínco, sin embargo, la contención narrativa, muy por encima del lirismo.

Al acabar de leer el libro, he tenido la sensación de que todos los elementos que la autora ha ido dispersando por sus páginas tenían una función específica y que el incremento de tensión narrativa ha funcionado perfectamente, tocando todas las teclas que se había propuesto tocar. Por ejemplo, en sus paseos, Nata pasa por una casa en ruinas con unas pintadas amenazantes. Allí le acabarán contando que vivían unos hermanos que practicaban relaciones incestuosas hasta que los vecinos del pueblo les acabaron expulsando. Y estas páginas en las que se habla de esta casa, cobrarán un significado simbólico unas cuantas decenas de páginas después. Es decir, Un amor es un prodigio de ingeniería narrativa, la obra madura de una autora en pleno dominio de su arte. En una crítica que leí, comparaban la tensión narrativa de Un amor con la que consigue J. M. Coetzee en sus novelas. Y la verdad es que me pareció un comentario bastante acertado, sobre todo pensando en libros de Coetzee como Desgracia. En Un amor leemos esta frase cargada de significado: «Él ostenta el poder de la víctima», sobre el poder de las «víctimas» sobre las personas que se sienten «culpables» trataba en gran medida la novela Desgracia, y así mismo lo hace Un amor. Nat ha estado huyendo del «poder de las víctimas», que pueden perdonarla o ejercer sobre ella sus privilegios en cualquier momento, pero en La Escapa se va, de nuevo, a encontrar con él. El final de Un amor es impactante, y remata de forma estupenda una gran novela. Una novela tensa y sombría sobre las pérdidas y sobre las enfermizas relaciones de poder que se establecen entre las personas. Como dije, Un amor me ha dejado con ganas de seguir con la obra de Sara Mesa. Creo que los siguientes libros suyos que voy a leer serán Cicatriz y Cara de Pan.

domingo, 20 de febrero de 2022

Nancy, por Bruno Lloret

 


Nancy, de Bruno Lloret

Editorial Candaya. 156 páginas. 1ª edición de 2021.

 

La última Feria del Libro de Madrid no tuvo lugar en el parque del Retito en junio, como viene siendo habitual, sino en septiembre. Un sábado tuve que ir yo a firmar ejemplares de mi última novela, Esto no es Bambi, y cuando acabé paseé un rato por la Feria. En la caseta de Candaya saludé a sus editores, Olga y Paco, y les compré dos libros: Sanguínea de la ecuatoriana Gabriela Ponce y Nancy del chileno Bruno Lloret (Santiago de Chile, 1990). Lo cierto es que era la primera vez que veía esta segunda novela, que creo que acababa de aparecer en el mercado por esos días. Sin embargo, sé que los libros latinoamericanos que selecciona Candaya para su colección de narrativa son siempre confiables y me guie por ello.

 

De entrada, uno siente extrañeza al abrir la novela, ya que Lloret ha plagado las páginas de su libro de cruces en negrita, que a veces sustituyen a los puntos o a las comas, y que en otras ocasiones invaden el texto y se expandan por una página entera. Hacia el final de la reseña trataré de dar un significado a esta elección gráfica.

 

La novela está contada en primera persona por Nancy, que en las primeras páginas es una joven, casi una adolescente, y que huye de su casa, en el norte de Chile, en una caravana de camionetas de gitanos que viajan hasta Bolivia. Nancy empieza su narración «in media res», ya que las escenas se suceden de un modo rápido, y el lector tiene la sensación de que se le están escapando algunas de las claves que explican las relaciones que hay establecidas entre los personajes. Así, por ejemplo, Jesulé es el gitano, en cuya camioneta monta Nancy, y el lector sabrá más tarde que ha tenido lugar una relación sentimental entre ellos. Será en Santa Cruz ­­‒Bolivia‒ donde Nancy va a conocer a un norteamericano de treinta y cinco años, llamado Tim. Nancy se va a casar con Tim y juntos regresaran a vivir a un pueblo de la costa de Chile. De repente, se producirá en la narración un salto de veinte años, y sabremos que Tim es un borracho, al que le cuesta regresar a casa por las noches, después de trabajo en los barcos pesqueros japoneses (los únicos que quieren contratarle) y que ella está enferma de cáncer, le han extirpado los pechos y el útero y se encuentra cercana a morir, a pesar de no haber cumplido aún los cuarenta años.

 

Es posible que algún lector de esta reseña piense, con lo leído hasta ahora, que ya he destripado una gran parte del argumento de la novela, pero en realidad todo lo que yo he resumido se narra en un número bastante reducido de páginas.

Una vez que sabemos de este salto hacia el futuro de veinte años que comentaba, la narradora volverá su mirada sobre su pasado y nos hablará de su infancia hasta llegar al punto que ya conocemos en el que abandona la casa familiar para huir a Bolivia. Entre medias, en algunos momentos se nos recordará que Nancy es una mujer de treinta y siete años, próxima a la muerte. «En la calle la gente sencillamente ya no me saludaba, y eso me sumía en la más total desesperación.», leemos en la página 29, cuando Nancy ha entrado ya en plena decadencia física y siente el rechazo a su alrededor.

 

Nancy se ha criado en un hogar difícil, en el que la madre era una fanática religiosa, que trataba al Pato (el hermano mayor) y a Nancy con desprecio, mientras que su padre era una presencia ausente. El Pato se va a ir de casa para trabajar en el «puerto grande», una ciudad más al norte de donde viven, y Nancy, que hasta ahora había encontrado en su hermano un aliando, va a tener que lidiar sola con sus padres. Al pueblo en el que viven se le llama simplemente «Ch».

 

En Ch, durante la adolescencia de Nancy, van a aparecer mujeres muertas en la playa, un detalle que me ha recordado a La parte de los crímenes de 2666 del escritor chileno Roberto Bolaño. Las páginas de la novela están abiertas siempre a la amenaza de este norte de Chile, entre las playas y el desierto, un territorio que también han explorado algunos otros narradores jóvenes chilenos como Diego Zúñiga en la novela Racimo. En algunos momentos la sordidez de la vida en estos pueblos pobres de Chile, me recordaba a los pueblos del interior de Argentina que describía el argentino Carlos Busqued en Bajo este solo tremendo.

 

«Este mundo es un desierto de cruces», dirá el padre de Nancy en la página 86. Y quizás en esta apreciación queda justificada la decisión de Lloret de dejar su texto plagado de esas simbólicas cruces en negrita de la que ya he hablado. Además, también va dejando fotografías de radiografías que muestran el avance de la enfermedad de Nancy.

 

En la contraportada de la edición de Candaya, unas palabras del reputado escritor chileno Alejandro Zambra avalan a Bruno Lloret: «Inventario de abandonos y abusos, inevitable diario de muerte y de rodaje, diatriba contra la domesticada pasión religiosa, esta extraordinaria novela trasciende ampliamente la denuncia y el ejercicio de estilo, y avanza hacia un realismo nuevo, inesperado, disidente.»

A veces sorprende la cantidad de temas que toca Bruno Lloret en las apenas 150 páginas de su intensa novela corta. Nancy es una novela plagada de muertes, amenazas, enfermedad, sordidez, incomprensión, locura religiosa, etc, pero también de una gran poesía y sutileza. Nancy es una buena novela dura y breve.

 

 

domingo, 13 de febrero de 2022

El despertar y otros relatos, por Kate Chopin

 


El despertar y otros relatos, de Kate Chopin

Editorial Alba. 474 páginas. 1ª edición de 1899.

Traducción y notas de Olivia de Miguel

 

De Kate Chopin (St. Louis, Missouri, 1851 ‒ 1904) había leído hace más de una década Historia de una hora, un relato muy corto, incluido en la Antología del cuento norteamericano a cargo de Richard Ford, un libro magnífico que, ojalá, Galaxia Gutenberg vuelva a reeditar, y lo puedan conocer más lectores, porque era una verdadera delicia.

Sin embargo, diría que cuando a finales de 2019 elegí este libro para regalárselo a mi madre por su setenta cumpleaños, no recordaba el nombre de la autora, pero me fie ‒como siempre hago‒ del criterio de la editorial Alba para seleccionar clásicos, tras leer su sinopsis. Unos meses después mi madre murió de un ataque al corazón fulminante, y El despertar y otros relatos de Kate Chopin fue el último libro que leyó en su vida. De hecho, no lo llegó a terminar, el marcapáginas se quedó anclado en la página 324 de 474. Como este libro está formado por una novela y diecisiete relatos, he sabido ahora, dos años después, que llegó a acabar la novela El despertar, y se quedó a medias de un relato extenso titulado Athénaïse. Ha sido ésta, por tanto, una lectura extraña, una lectura connotada para mí por un aire aciago y de duelo. No me he atrevido a mover el marcapáginas de mi madre del sitio en el que ella lo dejó, y recuerdo perfectamente el momento en el que di la vuelta a la última página de un libro que mi madre leyó en su vida y continué por la que ya no leería nunca. Valga contar todo esto, porque sé que la impresión que le causan a uno los libros depende del momento personal en que los lee y de las connotaciones personales de las que se van recubriendo.

 

El tiempo narrativo de la novela El despertar se sitúa a finales del siglo XIX y su acción comienza en Grand Isle, una isla del río Mississippi, cercana a Nueva Orleans. Una isla en la que unos veraneantes, de posición social acomodada, pasan los días de vacaciones. La protagonista de la historia es Edna Pontellier, una mujer casada de veintiocho años, con dos hijos de cuatro y cinco años. Durante la semana, el señor Pontellier tiene que atender sus negocios en Nueva Orleans y deja a la familia en la isla. Allí Edna se relaciona principalmente con Madame Ratignolle, una bella mujer casada, criolla y de un poco más edad que Edna; y con Robert, un joven de veintiséis años, que ha sido desde mucho tiempo atrás un amigo de la familia. «Robert había vivido a la sombra de Edna todo el mes anterior. A nadie le extrañó. Cuando llegó, muchos habían previsto que se consagraría al servicio de la señora Pontellier. Desde que tenía quince años, había ahora once, cada verano en Grand Isle, Robert se había convertido en el fiel sirviente de alguna hermosa dama o damisela. Unas veces, una jovencita; otras una viuda; pero más frecuentemente alguna casada interesante.» (pág. 45-46)

Poco después leemos en la página 51: «La señora Pontellier estaba empezando a ser consciente de su posición como ser humano en el universo y, como individuo, a reconocer sus relaciones con el mundo que la rodeaba y con su propio mundo interior.» En esta toma de conciencia Edna va a tener que confesarse, ante sí misma, que su matrimonio con Léonce Pontellier fue simplemente un accidente. Lo conoció mientras vivía una gran pasión secreta, un amor platónico por las fotografías de un actor de cine. Ahora está empezando a sentir que se ha enamorado de Robert y esto empieza a dar un sentido diferente a su vida.

La acción se desplazará desde Grand Isle hasta la ciudad de Nueva Orleans. Edna querrá emanciparse de su marido, y ser una persona libre, que trata de vivir de su pasión por la pintura, a la que trata de convertir en una profesión, mientras Robert se ha marchado a México, siguiendo sus planes de futuro.

 

Cuando El despertar se publicó en 1899 la crítica la rechazó con unanimidad, pero más que juzgar la calidad literaria (en el prólogo se dan varios ejemplos), lo que hacía era juzgar moralmente al personaje. No parecía aceptable no ya que Edna quisiera separarse de su marido y que se hubiera enamorado de otro, sino que no quisiera sacrificarlo todo por sus hijos. «Daría mi dinero, daría mi vida por mis hijos; pero no me daría a mí misma. No puedo explicarlo con más claridad; es solo algo de lo que empiezo a ser consciente, que se me está revelando.» (pág. 114). El rechazo a su novela, hizo que Chopin apenas volviera a escribir.

 

El despertar guarda relación con Madame Bovary de Gustave Flaubert. Chopin se ganó también la vida traduciendo libros del francés al inglés, y estaba claro que conocía esta obra y que fue una influencia para la suya. La diferencia entre estas dos novelas es que posiblemente Madame Bovary deseaba más un romance que conocerse a sí misma y ser libre como la señora Pontellier.

El despertar empieza a ser rescatada en Estados Unidos en la década de 1950, a raíz de que Cyrille Arnavon, un crítico francés, le dedica una páginas en un estudio la influencia francesa en las novelas norteamericanas. En 1962 el prestigio crítico norteamericano Edmund Wilson le dio el espaldarazo definitivo para su recuperación como obra valiosa dentro del canon norteamericano.

 

Me ha gustado la descripción que hace Kate Chopin de Nueva Orleans, y su mezcla de razas y culturas, las relaciones que muestra entre los norteamericanos anglosajones, los criollos de origen francés y los negros. Las descripciones de los ambientes y personajes son muy vívidas. El despertar es una novela que en sus planteamientos feministas se adelanta a su época y que leída en la actualidad tiene mucho encanto. Es una gran novela corta dentro del realismo norteamericano.

 

A La tempestad le siguen cuatro cuentos seleccionados del libro De gente de los pantanos (1894). En El hijo de Désirée se habla de conflictos raciales y quizás su resolución, con una «sorpresa final», se ha quedado un tanto anticuada. Me gusta más Una visita a Avoyelles, sobre las decisiones del pasado y la nostalgia, un bello y triste cuento. La bella Zoraïde es un cuento correcto sobre racismo y locura. El divorcio de Madame Célestin tiene unas intenciones narrativas parecidas a Una visita a Avoyelles, y me ha gustado también. En realidad estos cuentos tratan, en gran medida, de personas enfrentadas a los límites de los convencionalismos sociales de su época.

 

Del libro Una noche en Acadia (1897) se han seleccionado cuatro cuentos. El primero, Higos maduros, de apenas una hoja, parece más un poema que un cuento. Arrepentimiento trata de una mujer de cincuenta y dos años independiente, una mujer que no se ha casado ni ha tenido hijos. Me gusta este personaje femenino a contracorriente de su época, que va a vivir una experiencia vital que, tal vez, le haga arrepentirse de sus decisiones. Una mujer respetable trata un tema similar al de la novela El despertar, del deseo femenino de la mujer casada hacia alguien de fuera del matrimonio. El mejor de este grupo de cuentos es el cuarto, Athénaïse, que con sus cincuenta páginas es casi una novela corta, y trata de una joven que vuelve a la casa familiar, unas semanas después de haberse casado con un hombre más mayor que ella. De nuevo, Chopin enfrenta a sus personajes con los convencionalismos sociales.

 

Siguen nueve cuentos, bajo el epígrafe Cuentos no recogidos en forma de libro.

En Un asunto indecoroso una joven de buena familia tal vez se esté empezando a sentir atraída por un hombre que trabaja en una granja y que es un casi un vagabundo.

Historia de una hora, el cuento que ya leí en la antología de Richard Ford, es una pequeña y perfecta pieza de humor negro, algo en lo que Chopin no se había prodigado hasta ahora.

El beso habla de las aspiraciones matrimoniales de una joven, que va a anteponer tal vez la posición económica de un candidato al atractivo físico que siente por otro.

Sus cartas es un buen cuento sobre los secretos de un matrimonio.

Lo inesperado, sobre la pérdida de pasión de una mujer ante la enfermedad de su prometido, es un cuento cruel.

La señorita McEnders es un buen cuento sobre lo efímero de las posiciones sociales y las «buenas costumbres».

Un par de medias de seda es un cuento correcto sobre las aspiraciones y los caprichos de una mujer casada y con hijos.

La tormenta es, de nuevo, un cuento sobre las pasiones, y las tentaciones, que surgen del pasado para una mujer madura.

Charlie tiene cincuenta y cinco páginas y, como Athénaïse, vuelve a ser casi una novela corta. Es el relato que más me ha gustado de esta nuestra de diecisiete. Un viudo rico tiene siete hijas, y la protagonista de la historia es Charlie, la menos femenina de todas, la que se comporta como un chicazo, como el hijo varón que el padre deseaba y no pudo tener. Este juego con los roles de género me ha parecido muy atrevido para la época y Charlie es una gran novela corta.

 

Me ha gustado El despertar y otros relatos, este volumen de Alba que contiene una destacada novela norteamericana del siglo XIX, que se adelantó a su tiempo, y un conjunto de cuentos con algunas piezas, donde se cuestionan los convencionalismos sociales de la época, bastante logradas.

 

 

 

domingo, 6 de febrero de 2022

6 ESCRITORES FRANCESES DEL SIGLO XIX QUE DEBERÍAS LEER

En mi canal de YouTube (David Pérez Vega - Bienvenido, Bob) hablo de 6 escritores del siglo XIX francés, que pueden gustarte.


Si quieres ver el vídeo PINCHA AQUÍ.