Tango satánico, de László Krasznohorkai
Editorial Acantilado. 302 páginas. 1ª edición de 1985, esta es de 2025
Traducción de Adan Kovascsics
A principios del verano de 2025, me escribió un mail una representante de
prensa de la editorial Acantilado para ofrecerme el envío de una novedad
de la editorial, a petición del propio autor. Desde hace ya tiempo es frecuente
que autores y editores me escriban para que lea sus libros y escriba reseñas
sobre ellos o grabe vídeo reseñas. Es una tarea que me resulta inviable; yo
tengo un trabajo que poco tiene que ver con el periodismo cultural y, en mi
escaso tiempo libre, necesito elegir mis lecturas para poder disfrutar de mi
afición. Así que rechace ese libro y le comenté a la encargada de prensa de
Acantilado que, sin embargo, sí me gustaría solicitarle alguna novela de László
Krasznohorkai (Gyula, Hungría, 1954), un autor del que había empezado a oír
a hablar hacía unos años, vinculado al hecho de que había estado sonando su
nombre en las quinielas de los Premios Nobel durante los últimos años y que,
como ya sabemos, lo ha acabado ganador este octubre de 2025. Al final quedamos en que me enviaban
dos novelas: Tango satánico (1985) y El barón Wenckheim
vuelve a casa (2016).
Empecé por Tango satánico, que es su primera novela y me parecía la
más indicada. La novela se compone de doce capítulos, divididos en dos partes.
En la primera, la numeración de los capítulos avanza del uno al seis y en la
segunda, al revés, desde el seis hasta el uno. De este modo, Krasznohorkai crea
una estructura circular en su novela, que parece imitar, en cierto modo, los
movimientos repetidos de un baile. Un baile que, de modo real, y no metafórico,
se producirá en el último capítulo de la primera parte y que dará comienzo al primer
capítulo de la segunda.
En el primer capítulo conoceremos a Futaki que se despierta en la noche al
oír unas campanas. No existe cerca ningún campanario en uso que justifique el
sonido de esas campanas. De este modo, el lector tendrá la sensación de que
existe un trasfondo fantástico en Tango satánico. Llama la atención,
según se empieza a leer el libro, la longitud de la primera frase, que se
arrastra por el papel durante más de media página. Este va a ser un rasgo de
estilo muy característico del autor: las frases muy largas, con muchas
subordinadas que se enroscan sobre sí mismas, matizando la información. Esto
conlleva que el lector deba prestar a lo leído más atención que a un libro
escrito en un estilo más sencillo. Ningún esfuerzo, en cualquier caso, que tenga
que asustar a ningún lector y que quedará recompensado por lo rico y vivo de la
escritura.
Futaki, junto con el resto de personajes de la novela, vive en un lugar
denominado «la explotación», un lugar semiabandonado que, en el pasado, se insinuaba
que era el espacio de una fábrica o explotación minera o ganadera próspera,
pero que, en los últimos tiempos, ha entrado en decadencia y de la que han
huido la mayoría de sus antiguos habitantes. Sin embargo, algunos de sus
antiguos trabajadores aún viven en esta «explotación», a la espera, quizás, de
que vuelva a ella la prosperidad y el trabajo. De este modo, Futaki, un hombre
mayor con una cojera, vive en un cuarto de máquinas oxidadas, y en este primer
capítulo de la novela le conoceremos compartiendo cama con la señora Schmidt,
mientras su marido se encuentra fuera de casa. Aunque la antigua producción de
la «explotación» (nunca llegaremos a saber cuál fue) ha desaparecido, gracias a
algunas actividades con el ganado, los habitantes de este lugar consiguen sacar
algún dinero.
Desde el principio, el mal tiempo va a estar presente en la novela: frío,
lluvias perennes, caminos embarrados… se imponen en la creación de escenas de
la novela con fuerza. Tango satánico es más una novela de atmósfera que de
trama. En cierto modo, los personajes derrotados y carcomidos por la molicie de
Krasznohorkai me han recordado a los de Juan
Carlos Onetti; incluso el espacio físico de «la explotación» me ha
recordado al de El astillero.
También se
hablará del castillo de los Weinckheim, como de un lugar abandonado, en los
confines de la explotación. He sospechado que tal vez este castillo tiene algo
que ver con el barón Wenckhiem de la novela El
barón Wenckhiem vuelve a casa. Aunque existe una letra de diferencia,
quizás Krasznahorkai une, de algún modo, sus dos obras.
Desde el primer capítulo, en el que se nos presenta a Futaki, se nos
insinúa que algo está a punto de cambiar. Irimiás y Petrina, dos antiguos
trabajadores de la explotación, han sido vistos cerca y parece que se están
dirigiendo hacia allí. La peculiaridad de Irimiás y Petrina es que, según los
habitantes que quedan en la explotación, están muertos. Creen que murieron en
un accidente de coche. Por tanto, estos habitantes de la explotación vivirán
convencidos de que se trata de una resurrección, lo que por un lado, les
generará miedo, pero también esperanza. Ya que Irimiás era un antiguo líder, y
su presencia de nuevo en la explotación podría significar que esta podría
volver a funcionar como en los viejos tiempos.
Como ya se puede intuir, existe en Tango satánico un trasfondo
religioso. Ya he dicho que Futaki se despierta en la noche oyendo unas
campanas, y piensa en una cercana iglesia abandonada. Cree que el sonido no
puede proceder de ahí, precisamente porque la iglesia ya no está en uso e
intuye que sus campanas habrán desaparecido. Quizás estas campanas que vuelven
a la vida desde el pasado, estén anunciando la vuelva a la vida de Irimiás y
Petrina.
En este primer capítulo, Krasznahorkai nos irá dando más pistas sobre una
posible interpretación religiosa de su libro: las campanas que han despertado a
Futaki le harán pensar en presagios funestos de muerte. En la página 10
(segunda de la novela) leemos: «Se vio a sí mismo en una cruz de madera formada
por la cuna y el ataúd».
Al principio, pensaba que la novela iba a seguir los pasos de Futaki, al
que consideraba (sin fundamento) que iba a ser el personaje principal, pero no
ocurre así. Durante la primera parte, en cada uno de sus seis capítulos se nos
van a ir presentando a personajes nuevos, que suelen interactuar con los
anteriores, hasta que todos, o casi todos, acaban en la fonda de la antigua
explotación borrachos, bailando el «tango satánico» que promete el título.
Me ha gustado especialmente el capítulo tres, donde se habla del doctor; un
personaje que pasa en la explotación por culto, y que se dedica a emborracharse
y leer libros, principalmente sobre la historia de Hungría (al final sabremos
que, como ya sospechábamos, pero nadie nos había confirmado, la historia está
ambientada en el país natal del autor), frente a una de las ventanas de la
casa. En este lugar también escribirá un diario. El lector tendrá la sensación
de que lo que el doctor escribe en el diario no es exactamente una constatación
de lo que observa, desde la ventana, sobre sus vecinos, sino que él mismo crea
los movimientos de estos otros personajes que no puede estar viendo. Es decir,
la novela juega con la idea de que este personaje, que conocemos en el capítulo
tres, es el creador de las acciones de los otros personajes, una idea que se
acentuará al final del libro.
Tango satánico es una novela que
funciona con varios niveles de significación; una significación, en cualquier
caso, que debe ser interpretada por el lector y que juega premeditadamente a la
ambigüedad. De este modo, el lector no llegará a estar seguro de si Irimiás y Petrina
en realidad murieron en un accidente de coche o simplemente se fueron de la
explotación, y la gente creyó que habían tenido un accidente de coche, y ahora
regresan.
Ya he comentado que las campanas iniciales, que no parecen provenir de
ningún sitio, y que no solo Futaki escucha, ya que lo harán también otros
personajes, le hacen pensar al lector, que nos encontramos con una novela de
tintes fantásticos; pero esto no acabará de terminar de quedar claro. Quizás
son los personajes del libro, bajo cuya mirada fantástica nos encontramos, los
que creen ver esta irrealidad en el mundo que los rodea y esta no exista. El
fondista, por ejemplo, cree que en su fonda, cada vez que se da la vuelta
aparecen telarañas, que por más que se esfuerza no puede acabar de eliminarlas
y nunca puede ver a las arañas. Todos estos elementos, fantásticos o no, dan a
la novela un aire onírico, de corte kafkiano. Franz Kafka es una de las
grandes influencias de esta novela.
La señora Halics, otro de los personajes de la novela, que se acabará
refugiando en la fonda, lee la Biblia, sobre todo las páginas del Apocalipsis,
mientras todos esperan la llegada (o el Advenimiento) de Irimiás y Petrina,
quizás resucitados de entre los muertos.
Me han resultado especialmente espeluznantes las páginas del capítulo
cuatro, en las que conocemos a una niña, quizás con algún problema mental, que
acaba pagando sus frustraciones vitales con un gato. La descripción de la
violencia sobre el animal es terrible.
En la segunda parte, quizás los personajes puedan redimirse de sus males y
tener esperanzas cuando puedan realmente contactar con Irimiás.
Tango satánico, publicada en 1985, y por tanto en los estertores del comunismo, nos
plantea una alegoría sobre la vida bajo el yugo de este tipo de regímenes. Una
alegoría sobre la falta de esperanzas y la tristeza, en la que, quizás, la
única esperanza para el individuo sea comulgar con el estado y convertirse en
un confidente de sus conciudadanos.
Esta segunda parte contiene más de un capítulo desconcertante y que juega a
romper con la lógica narrativa de la obra. Por ejemplo, nos encontraremos aquí
con unos personajes, que aparecen por primera vez, que leen informes. ¿Están
leyendo las páginas que ha escrito el doctor sobre los otros personajes y los
están juzgando por ellas? No acaba de quedar claro. Como ya he apuntado, el
nivel de ambigüedad sobre lo contado es fuerte.
Tango satánico
es la primera novela de Lászlo Krasznahorkai. Se publicó el año en el que el
autor cumplía treinta y un años, y es una obra muy lograda, una obra que, en
ningún caso, parece la obra de un escritor primerizo. Tango satánico es
una obra densa, tanto por su forma narrativa, escrita con frases muy extensas,
con gran profusión de subordinadas y matizaciones de la frase principal, como
en su flujo de ideas y de niveles narrativos de interpretación. Me ha parecido
un gran libro Tango satánico. Según
escribo estas palabras estoy leyendo Guerra y guerra (1999), la cuarta
novela de Krasznahorkai, que saqué de una biblioteca pública. Ya hablaré de
ella.

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