domingo, 7 de junio de 2015

El límite inferior, por Nere Basabe

Editorial Salto de página. 244 páginas. Primera edición de 2015.

He hablado con Nere Basabe (Bilbao, 1978) en algunos encuentros literarios, que han tenido lugar en Madrid a partir de 2015. Ya sabía desde enero –más o menos- que iba a publicar una novela en Salto de Página, y meses más tarde me comentó que me había incluido en la “lista de prensa” (o cuál sea su nombre cuando se trata de blogs) de las personas a las que quería que llegase su libro desde la editorial. Así que unas semanas más tarde le escribí a su editor, Pablo Mazo, para recordárselo, y él –igual que en alguna otra ocasión- me envió el libro a casa.

También estuve en la presentación de la novela, que se llevó a cabo hace unas semanas en La Central de Callao, de la mano de Elvira Navarro.

El escritor Miguel Ángel Navarro presentó la novela en Murcia, unas semanas después escribió un artículo sobre El límite inferior (segunda novela de Nere Basabe, la primera se titulaba Clara Venus y la publicó en 2008 la editorial Tropo) para el periódico La opinión de Murcia (ver AQUÍ), y vinculaba la novela con la literatura de la crisis, pero concretaba de este modo: “Basabe sitúa su narración unos años atrás —quizá menos de una década—, en un periodo y un contexto en el que comienza a producirse el inicio del desencanto. No son los años de la bonanza económica o el pelotazo absoluto, ni los del derrumbe total, sino los del quiasmo, el instante intermedio entre el sueño y el despertar.”

Si hablamos de contexto temporal, podemos encontrar en las primeras páginas del libro apuntes como el siguiente: “¿Sabe la última del gobierno? Estos socialistas nos van a llevar a la ruina…” (pág. 21), le dice un taxista a una de las protagonistas.

La acción de la novela se sitúa en un lugar muy concreto: el pueblo levantino de La Solana, de nombre inventado pero que puede erigirse en símbolo de cualquiera de los pueblos del litoral español que durante tanto años de burbuja económica sufrieron la sobreconstrucción territorial, un pueblo levantado sobre una península y que se comunica con tierra firme a través de un istmo.
El tiempo de la novela también es muy concreto: cuatro días, que van desde un viernes hasta un lunes. Un fin de semana en el que La Solana, pueblo turístico de sol y playa fuera de temporada, va a sufrir un fuerte temporal que llegará a dejar a esta comunidad sin agua o luz, e incluso incomunicada por carretera del resto de los pueblos de la costa.

Los personajes principales de El límite inferior son cuatro:
Víctor, geólogo, casado con la bella italiana Valeria, a los que conocemos cuando están llegando –en su coche de alta gama- un viernes a La Solana con la intención de realizar (Víctor) un trabajo para un promotor de viviendas apodado “el Guapo”.
Breogán vive en La Solana y se dedica a vender figuras de barro, que él mismo elabora, en una tienda de recuerdos del Pueblo Viejo. Vive acompañado de su perra Odisea.
El cuarto personaje es Brigitte, una francesa solitaria, que trabaja en La Solana como guía turística de jubilados de su país.

El límite inferior está contado en tercera persona. Sobre este particular le preguntó Elvira Navarro a Nere en su presentación. Elvira comentó que la teoría literaria actual parecía desconfiar de los narradores omniscientes y se decantaba más por el discurso interior. A esto Nere simplemente contestó que ella se sentía cómoda escribiendo en tercera persona, y a mí esta respuesta me pareció más que adecuada.
El narrador de El límite interior normalmente se encuentra muy cerca –siguiendo la técnica del estilo indirecto libre- de la voz narrativa o del flujo de conciencia de los personajes. Por ejemplo, del siguiente modo nos acercamos a Víctor: “Valeria no está, y no sabe dónde se ha metido. Qué más da, no habrá ido muy lejos: en cualquier momento comenzará a llover otra vez y el pueblo parece muerto.” (pág. 47). O leemos esto sobre el pasado de Breogán: “Vaya por dios: al final se ha tropezado y se ha dado de morros con la fuente del jardín; tenía que pasar” (pág. 42).
Pero, en más de una ocasión, el narrador de esta novela busca nuestra complicidad como lectores, con frases que nos involucran. He apuntado los siguientes ejemplos: “Persigue el placer, como todos nosotros, disfruta rodeándose de calidad y belleza” (pág. 113); “Ya lo hemos dicho, La Solana es apenas un cabo, una minúscula península” (pág. 150); “Como cualquiera de nosotros, se siente sola y echa en falta el afecto” (pág. 154).

Víctor y Valeria son un matrimonio a punto de desmoronarse; de hecho, para el lector, teniendo en cuenta las opiniones que tienen el uno del otro, le resulta casi inverosímil creer que pueden seguir juntos.
Breogán y Brigitte podrían llegar a ser una pareja, más de una vez se han encontrado chateando en internet, ligando, pero en la realidad, aunque se cruzan por las calles del pueblo, no se conocen el uno al otro.
Nere Basabe nos presenta en esta novela a cuatro personajes solitarios, cruzándose –encontrándose y desencontrándose- por las calles de La Solana durante un fin de semana de gota fría, unos días bastante oscuros y desolados en los que el lugar (o el paisaje o la climatología) se acaba convirtiendo en el quinto personaje de la historia, un personaje que crea una atmósfera un tanto tenebrosa. Un escenario que me ha recordado a algunas narraciones de Roberto Bolaño, más por la ambientación que por el estilo literario, porque para mí los lugares de vacaciones de sol y playa fuera de temporada me parecen ya unos de los espacios identificativos de las narraciones de Bolaño.

Los personajes se desplazan por las calles de La Solana, pero al final acabaremos conociendo los compartimentos más oscuros de sus mentes, porque lo que nos propone Nere Basabe en esta novela, pese a que se está hablando de una corrupción urbanística embrionaria (sobres de dinero que se aceptan por falsificar mediciones técnicas sobre cimentación y urbanismo), es una historia de personajes. Acabaremos conociendo los traumas más profundos de cada uno: los miedos y los temores de los que han huido (un padre brutal, un hijo abandonado, un pueblo perdido…), y tal vez se vayan a enfrentar  a algún momento epifánico durante los escasos días que delimitan temporalmente la historia.

La primera mitad de la novela acaba con un niño que desaparece en el pueblo y esto hará que la narración cambie de ritmo al dar pie a un misterio e iniciarse una investigación policial que involucrará a nuestros cuatro personajes.

El lenguaje que emplea Nere Basebe en esta novela, además de ceder la voz narrativa a los personajes y ser, por tanto, cercano al habla oral en alguna ocasión, en muchas otras se eleva hasta la cuidada metáfora, con algunos hallazgos muy poéticos. Así se nos presente por primera vez a Valeria: “Una mujer que se parece a un vestido de fiesta arrugado sobre una silla” (pág. 12)

En algunos casos me ha parecido que el análisis de personajes que hace Nere Basabe tiende a un psicologismo demasiado conductista (porque a Breogán le ocurrió esto de niño ahora se comporta de esta manera…), que deja poco espacio para la composición de personajes que podría hacerse el lector si éstos se moviesen ante nosotros un poco más libres de sus mochilas emocionales.

Cuando Miguel Ángel Hernández comentaba este libro citaba a Rafael Chirbes, considerando que El límite inferior podría emparentarse con obras como Crematorio y En la orilla. Yo he anotado que en más de una ocasión Nere utiliza la expresión “en la orilla”; algo que podría ser buscado, pero que en una novela situada en la costa no deja de ser una expresión totalmente adecuada.

El límite inferior es una entretenida novela de personajes perdidos (además de lastrados por su pasado) y en busca de sí mismos, que se encuentran y desencuentran, durante unos días muy concretos, en un lugar de veraneo fuera de temporada, metáfora perfecta de la deriva de sus vidas descolocas.

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