jueves, 20 de junio de 2013

Carnet, un poema de El bar de Lee



Mis editores de Baile del Sol, Ángeles Alonso y Tito Expósito, comenzaron el año 2013 con una interesante iniciativa en su blog: cada día del año colgarían una poesía de un poeta de su editorial. Y no sé si hay más días que poetas o se han confundido, pero míos ya han colgado dos. El primero era del libro Siempre nos quedará Casablanca, hace unos meses, y en segundo ha sido hace pocos días, de mi nuevo libro El bar de Lee. Ya he contado que este último libro está formado por dos poemarios; y Carnet –el poema seleccionado- forma parte del segundo, El calvo del Sonora, escrito en 2008. (Ver AQUÍ enlace al blog de Baile del Sol) Carnet pertenece a la primera sección de este libro, titulada En mi territorio, un conjunto de ocho poemas en el que indago sobre la vocación literaria. Que gusta Carnet, quizás sea uno de mis poemas favoritos de este libro.
El Bronxtoles es uno de los apelativos con lo que siempre se ha conocido a mi ciudad, Móstoles. Digamos que tengo el privilegio de que a mí no me hace falta ser Robert de Niro para contar una historia del Bronx. Dejo aquí el poema:



CARNET

¿Le gustan los videojuegos?, finalizaba la clase,
y acuchillando al tiempo les hablé del Spectrum,
de sus cintas para cargar la esperanza
-tras media hora de ruido y rayas el callejón
sin salida del error-, de las figuras pixeladas,
de las pantallas inmóviles… y mis alumnos
sonrieron ante el burdo atraso de la época
no vivida.
                   Pero no les hablé, sin embargo,
de los meses de ahorro en el colegio -propinas
de los abuelos, regalos de cumpleaños…- meses
para llegar a la deseada posesión de los 64 kas.

Ni les hablé, aunque golpeó las puertas
de la memoria, del Salva, inventor del top manta
en Móstoles, flautista de Hamelín que arrastraba
tras la mesa de camping de su tenderete –móvil
según el viento de la policía- a un enjambre
de ávidos consumidores de sus cintas piratas.
(¿Para cuántos de esos chicos supuso el Salva
el primer camello de sus vidas, el precursor
de otros vendedores de sueños más duros?)
Al anochecer vacías las llenas cajas de cartón.
      
Pero sobre todo no les hablé de los juegos
que imaginaba antes de dormirme, complejas
aventuras durante los meses del ahorro, fascinado
con esa palabra: ORDENADOR, pensaba
que sus juegos habrían de superar con creces
a los de las máquinas de los salones recreativos
y los bares de entonces. Posiblemente soñaba
las aventuras gráficas con las que ellos
se evaden ahora de una realidad más gratuita,
y lo más probable es que aquellos meses
de anhelante espera configurasen lo mejor
que me ofreció el artefacto negro del Spectrum.
Después la búsqueda del Salva por los rincones
de Móstoles, la adicción temporal que decayó
hasta una decepcionante insuficiencia. 
                                                               Yo fui uno
de esos chicos que necesitaban drogas más duras
para darle esquinazo a la realidad, otro mundo
de estímulos más fuertes, más allá de esquemas
repetitivos. La necesidad compulsiva estaba allí,
al acecho, presta a devorarme, y pronto me olvidé
del Spectrum y del Salva. A cambio de una foto
los camellos apostados en las puertas de la biblioteca
    me dieron un carnet.

4 comentarios:

  1. Que recuerdos de mercadillo en la Alameda en Sevilla los domingos

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    1. Hola Fesaro:

      Gracias por pasarte por aquí.

      saludos

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  2. Hay adicciones que ayudan a vivir.

    Enhorabuena por tu libro, no me pude pasar el día que estabas en la Feria, si alguna vez vuelves a firmar, cuéntanos.

    Un saludo,
    Sonia

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    1. Hola Sonia:

      Gracias por la enhorabuena. A ver si el año que viene vuelvo a estar en la feria. Si las cosas van bien tengo para 2014 una nueva novela con Baile del Sol.

      saludos

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