domingo, 6 de septiembre de 2009

El farmer, por Andrés Rivera


No tenía conciencia de haber oído hablar nunca de Andrés Rivera, pese a que sus libros están editados por Seix Barral o Alfaguara, y suelo estar al tanto de lo que publican este tipo de editoriales. No recuerdo haber visto ninguna de sus obras en las mesas de novedades de la Casa del Libro o el Fnac de Callao. Sin embargo, en Buenos Aires sus libros estaban en todas las librerías, las novedades junto a otros publicados hace más de una década, a precios de novedad y a precios de saldo…

Sentí curiosidad y, cuando pude usar Internet, comprobé que tiene bastante prestigio entre la crítica especializada argentina.
Su biografía también me parecía interesante. Me llaman la atención los escritores que antes de tener éxito han tenido “trabajo poco gratos” como diría Bolaño. Rivera fue obrero textil.

Como conclusión de mis pesquisas en Internet, me pareció que la novela El farmer debía ser una de las más representativas suyas, y a pesar de que era de las más caras la compré, junto a otras dos más baratas.

El protagonista de El farmer es Juan Manuel de Rosas, político argentino del siglo XIX, que gobernó el país con mano de hierro, como se desprende de su discurso atropellado.
Rosas, a la hora de narrar su historia, tiene setenta y ocho años, y está solo, exiliado de su patria en Inglaterra, cerca de Southampton, y sobrevive como granjero y gracias al dinero que le envían desde Argentina algunos de sus devotos, o devotas, pues suelen ser viejas conservadoras, a las que él en el fondo desprecia, quienes le recuerdan.
Rosas lleva ya veinte años en el exilio inglés, después de ser expulsado de Bueno Aires por el cacique enterriano Urquiza.

Rosas se define como un caballero español, “No hay en el mundo enemigo más esforzado de las asociaciones clandestinas, de la anarquía y del comunismo, que el general Rosas”, nos dice en la página 54. Tiene un amigo, Lord Palmerston, que le ha visitado siete veces en doce años.

Rosas está solo con una perra, con la nieve tras los cristales de su exilio, y con sus fantasmas, con los que conversa continuamente en un discurso circular. Después de veinte años no perdona, o no comprende, la traición de los suyos, de los que estaban dispuestos a morir por Rosas, y no puede cargar con el olvido. Tampoco parece poder soportar los cambios que observa en el mundo que le rodea, como el experimento de la Comuna de París -estamos en la década de 1870-, y Rosas echa de menos un antiguo régimen del que él fue custodio, un régimen de orden, en el que el orden tenía que ver con la apariencia y con el terror, con la doble vida y el rodar de cabezas, con los privilegios para unos pocos y la aniquilación para otros muchos. Rosas representa un mundo caduco y brutal en oposición a la apertura mental que deberá suponer cualquier tipo de declaración de derechos humanos.
Y afuera la soledad y la nieve avanzan hacia a él, en una Inglaterra que siente hostil, pervertida y ajena a sus viejos valores.

La voz narrativa de Rosas es poderosa, desgarrada, poética, despreciable…
También evoca en sus páginas a su enemigo Domingo Faustino Sarmiento, y conversa con él, “la mejor mente de la Argentina” le llama Rosas, aunque escribió de él: “Rosas hace el Mal sin pasión”, y puede que sea achacarle esa falta de pasión lo que duele a Rosas y no el Mal engendrado por él.
Sarmiento escribió la novela “Facundo”, sobre un cacique, y Rosas también escribe, pero no publica. Rosas y Sarmiento, como dos caras de la creación artística, dos polos que se acaban tocando, aislados de la modernidad.

Una novela corta, pero densa en ideas, luces y claros, que se une a la tradición Hispanoamérica de las novelas sobre dictadores: El señor presidente de Miguel Ángel Asturias, Yo, el supremo de Roa Bastos, o La fiesta del Chivo de Vargas Llosa.
Un descubrimiento este Andrés Rivera.

4 comentarios:

  1. Hola, David! Me gustó mucho tu visión sobre "El farmer" al igual que la de otros libros. Molesto (sin mala intención, te lo puedo asegurar) para hacer una corrección: el Facundo de Sarmiento es sobre un caudillo, no un cacique que es un símbolo del mismo Rosas. Personalmente, tiendo a creer que Rivera busca hacer un trabajo similar al de Sarmiento buscando en Rosas simbolizar al presidente de la época en Argentina (Carlos Menem) quien se presentaba a sí como un caudillo en pos de reconstrucción nacional.
    Espero seguir en contacto y leyendote.
    Abrazos!

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  2. Hola Francisco,

    Gracias por tu comentario y tu corrección. La verdad es que yo de Rosas o Sarmiento he sabido este verano, que estuve de vacaciones 15 en Argentina (me encantó el viaje), y me gusta conocer y conectar con los lugares gracias al puente de la literatura.
    La que más sabía de esto es mi novia que es licenciada en Filogía Hispánica, y sí que había leído Facundo, además ella hizo un dotorado en, nada menos, que Borges.
    Así que al final tendré que ponerme con Facundo también, y me falta el Martín Fierro.
    Ya te digo que me gusta lo de la corrección. Siempre es agradable intercambiar sensaciones y conocimientos sobre libros.
    Ahora estoy con Borges (de nuevo) y habla de Rosas, tras El farmer, me resulta más familiar. Incluso dice Borges que está emparentado con él en uno de los poemas, el llamado Rosas, de Fervor de Buenos Aires.

    La visión de que el Rosas de Rivera es Menen me parece bastante interesante.

    Pasate cuando quieras.
    Saludos

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  3. Me enganche leyendo tu comentario sobre El Farmer, novela que hace rato que quiero empezar y siempre la termino posponiendo y tomando otras lecturas.

    Este articulo tuyo ya tiene unos años pero si todavía no lo hiciste te recomiendo que leas primero el Facundo, escrito por un unitario, Sarmiento, durante la "tiranía" de Rosas. Y luego el Martin Fierro escrito 30 años después por un federal, Hernández, durante las presidencias de Sarmiento y Avellaneda (dos unitarios liberales que hacen la gran "limpieza" de gauchos, indios y negros).

    Ahi tenes la historia Argentina resumida en dos obras maestras del siglo XIX. La civilización (un país "a la europea", católico, militar y agroexportador) enfrentada a la barbarie (una confederación de raíz hispánica, nacionalista con identidad criolla, y un desarrollo que permita que no se enriquezcan solamente los dueños de los campos). Este enfrentamiento es el origen de todos nuestros problemas hasta el día de la fecha. O como diría Jauretche: "de las zonceras, es 'la madre que las parió a todas'".

    Borges odiaba a Rosas y al "populismo", era un conservador que se sentía un “europeo en el exilio”, así nos definió (aunque más que nada esa frase define a los porteños, jaja, asi se sienten), llego a decir que “el destino del país hubiera sido otro si en vez de canonizar al Martin Fierro [Leopoldo Lugones se encargó de ello; otro gran escritor que te recomiendo] se hubiera elegido al Facundo como libro Nacional”.

    Rosas está en la línea histórica reivindicada por el nacionalismo. El que lamentablemente hasta el día de hoy se sigue confundiendo o asociando con el fascismo. Vieja chicana usada por los liberales entreguistas que remataron el país en cuanta oportunidad tuvieron.

    Uy me cope escribiendo, sorry, ojala los leas o ya los hayas leído. Saludos desde Argentina.

    Sebastián.

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  4. Hola Seba:

    Gracias por su aportación.

    Mi novia, que estudió Filología Hispánica, especializándose en Hispanoamericana, me recomienda lo mismo que usted: que lea el Martín Fierro y Facundo.
    Los dos libros los tengo en casa (en su biblioteca), en las ediciones comentadas de Cátedra, y tengo intención de leerlos. A ver si no lo pospongo mucho.

    Lancese con El Farmer, se lee en un rato y está muy bien.

    Saludos

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