Historias del extrarradio, de Xu Zechen
Editorial Automática. 227 páginas. Primera edición de 2010-17, esta es de
2026
Traducción de Belén Cuadra Mora
Me llegó al correo electrónico la publicidad de Historias de extrarradio
de Xu Zechen (Donghai, China, 1978),
publicado por la editorial Automática,
que normalmente propone obras traducidas de idiomas que, hasta ahora, han
tenido menos difusión en España que otros; sobre todo, apuesta por los países
del Este europeo o de Asia. Hace unos pocos años, me percaté de que de Asia
había leído solo literatura de Japón y nada de China. Empecé a sentir
curiosidad por este último país y leí a dos autores de allá: Duro
como el agua de Yan Lianke,
traducido también por Belén Cuadra Mora,
como este libro de Xu Zechen, y tres libros de Can Xue: Hojas rojas (con traducción de Belén
Cuadra Mora), Al otro lado y Bajos fondos. Duro como el agua está ambientado en la China rural de los años
sesenta y las obras de Can Xue son bastante oníricas. Así que, al leer
información sobre Historias del
extrarradio me atrajo la idea de poder acercarme a la China urbana actual
desde un punto de vista realista, que era lo que prometían estos nueve cuentos
de Xu Zechen. Le pedí el libro a Emilio
Ruiz, que lleva la prensa de Automática, y me lo envió para que pudiera
leerlo y reseñarlo. No conocía a Xu Zechen y, según el dossier de prensa, es
uno de los más imporantes escritores chinos actuales. Ha sido el escritor más
joven hasta la fecha en ganar el premio
Mao Dun, el más prestigio de las letras chinas.
Los nueve relatos de Historias del
extrarradio están interconectados y cuentan con el mismo narrador. En el
último relato sabremos que este narrador se llama Muyu. Lo que sí sabremos
desde el primero es que tiene diecisiete años y ha emigrado desde un pueblo de
la China rural a las afueras de Pekín para tratar de ganarse la vida en la
capital. Muyu ha dejado el instituto porque estudiar le provocaba jaqueca, que
el médico llamaba «neurastenia». Parece que Muyu siente ansiedad ante la
presión de los estudios y se ve obligado a dejarlo. Sin embargo, su traslado al
extrarradio de Pekín no acabará con estos dolores de cabeza y la única forma
que siente de aliviarlos es salir a correr. Esta idea de enfrentarse al mundo
corriendo simboliza su incapacidad de adaptarse a las exigencias de una
realidad que se muestra hostil con él y sus deseos de prosperar. Muyu pasa a
vivir en el extrarradio de Pekín con tres jóvenes, unos pocos años más mayores
que él. Estos jóvenes, así como casi todos los inmigrantes que va a aparecer
estas páginas, provienen del mismo pueblo, y más que del mismo pueblo –cuyo
nombre no se cita en el libro– de una calle de este pueblo, llamada la calle
Hua, que como leemos en una nota a pie de página –elaborada por la traductora
Belén Cuadra– es una especie de patria literaria de muchas de las historias de
Zechen.
Los relatos están escritos entre 2010 y 2017 y no parecen pensados, de
entrada, para ser publicados como un libro unitario. Imagino que se publicaron,
en primera instancia, en revistas literarias o que pertenecen a diversos libros
y se han seleccionado aquí, para esta traducción, precisamente por la unidad
que presentan. Pero comento que no parecen pensados para que el lector los lea
en el mismo libro porque más de uno da una información que el lector ya ha
recibido, casi con las mismas palabras, de un relato anterior. Sin embargo,
pese a este pequeño inconveniente, Historias
del extrarradio, aunque estrictamente es un libro de relatos, se puede leer
como una novela en la que su narrador, en cada capítulo, se ocupa de contarnos
una pequeña historia, normalmente de trasfondo trágico, que acontece a alguna
persona sobre la que el narrador fija su interés.
El primer cuento se titula La azotea y aquí ya, desde el
título, se nos presenta este espacio, común en todos los cuentos, de la azotea,
que va a suponer un reducto de calma para los personajes. En la azotea, los
cuatro jóvenes que aparecen en casi todas las narraciones se reúnen, cuando no
están trabajando, para relajarse, jugar a las cartas y beber. Quien pierde,
paga la bebida; algo que siempre suele recaer –de un modo que la estadística no
puede defender– sobre la misma persona, Baolai, que parece alguien, para el
narrador, más bondadoso que los otros jóvenes, que son más altaneros. Desde la
azotea, en la lejanía podrán observar los edificios más altos de Pekín, a los
que nunca se acercan en el libro, en un sentido real, pero también simbólico.
Esos edificios modernos y lujosos representan el mundo al que estos jóvenes
personajes aspirar a llegar, pero al que no pueden llegar por más que se
esfuercen o trabajen. «Concluida la partida, Milou solía desplegar el brazo
hacia el sudeste como si fuera un gran líder. Daba la impresión de que aquel
brazo derecho pudiera extenderse, bucólico, cada vez más lejos hasta
convertirse en un pájaro y sobrevolar Pekín. Los cuatro, incluido yo mismo, un
estudiante de secundaria sin graduar, albergábamos infinitas esperanzas hacia
aquella ciudad, enorme y próspera. La gente de todo el país sabía que allí
había dinero, que no había más que agacharse y recogerlo del suelo. Todo el
mundo sabía que allí las oportunidades proliferaban como las mierdas de los
pájaros y que, si uno no se andaba con cuidado, le podían caer del cielo en
toda la coronilla y hacerse rico. Sin embargo, según mi propia observación, los
pájaros de Pekín eran cada vez más escasos», leemos en la página 59. Existe un
fuerte componente social en estas historias, al mostrar el desvelo de los
inmigrantes del interior por prosperar y las dificultades materiales a las que
se enfrentan.
Estos cuatro jóvenes se dedican a una actividad ilegal: salen por la noche,
en grupos de dos, para poner en paredes publicidad de dos personas (su tío en
el caso de Muyu), cuyo oficio es crear documentos falsificados. Así que tendrán
que ocultarse constantemente de la policía.
La acción de estas historias debe situarse sobre la segunda mitad de la
década de los noventa, porque, aunque no se dan fechas concretas, los
personajes tienen «buscas» (algo que, leo en internet, fue popular en China en esa
época) y así reciben el aviso, por ejemplo, de que los llaman desde casa y esto
hace que se acerque a un teléfono público para contestar la llamada. La espera
ante uno de estos teléfono va a ser el origen del conflicto que conducirá al
estallido de la violencia y la tragedia en una de las narraciones más brutales
del libro, la titulada La ciudad invisible, donde un
hombre, un trabajador que espera para llamar por teléfono, mata de un
ladrillazo a otro que se demora en su llamada a casa. Así comienza esta
historia en la página 111: «Tianxiu murió la noche del Medio Otoño. Lo
encontraron tirado en mitad de la calle, encogido sobre sí mismo, con los dedos
extendidos y los ojos abiertos, impregnados de sangre», y un poco más adelante:
«Pero sabíamos que estaba muerto. Le dieron un ladrillazo en toda la frente y,
una vez en el suelo, uno de los de Guizhou le pateó el estómago con sus
zapatones de piel».
Como ya he apuntado, casi todas las historias muestran un trasfondo
trágico. Aunque no todas acaben en la muerte de alguno de sus protagonistas, se
suele incidir en la idea de destino torcido, de sueños que parecen a punto de
cumplirse, pero que al final no lo hacen.
El primer cuento, La azotea,
quizás nos habla de un doble fracaso. Cuando la tragedia se cierne sobre uno de
los compañeros de piso, Muyu llama por teléfono a sus padres y le comenta que
va a volver a estudiar. En los siguientes relatos estará de nuevo en la misma
casa del extrarradio de Pekín. En alguno de los relatos, podemos pensar que el
autor nos habla de un tiempo anterior al de La
azotea, pero en otros los acontecimientos narrados en La azotea claramente pertenecen al pasado. ¿El narrador volvió al
pueblo y de nuevo fracasó en los estudios y volvió a Pekín o simplemente al
final no volvió? No será aclarado. En cualquier caso, las narraciones se evocan
desde algún punto de un futuro indeterminado. «En todos los años que vinieron
después…», leemos en la página 40 o «En aquellos años era habitual…» en la 45
(segundo relato); se pueden encontrar más expresiones similares en el libro.
La azotea es el cuento en el que
–aunque también se narra, como en los demás, la tragedia de uno de sus
personajes– el narrador más nos habla de sí mismo; en casi todos los demás su
función principal es la de actuar como narrador testigo de las historias otros
personajes. Cada relato nos contará la historia de uno de ellos, que
principalmente son emigrantes de su mismo pueblo.
Considero que, al igual que en las otras traducciones suyas que he leído,
Belén Cuadra Mora hace un gran trabajo en este libro. Me ha llamado la atención
que aquí, frente a sus trabajos con Yan Lianke o Can Xue, a veces tiene que
hacer uso de un registro más vulgar del idioma para adecuarse a la forma de
expresarse de un adolescente chino de los años noventa. En cualquier caso, el
estilo de Xu Zechen contiene mucho aliento poético, mientras da voz a sus
personajes desesperados y llenos de vida. Es cierto, que algunas narraciones,
como El
perro que se pasó el día ladrando, acaban adoleciendo de un exceso de
tremendismo fatídico, pero en general Historias
del extrarradio me ha parecido un gran libro, que me ha sorprendido para
bien, con algunos cuentos verdaderamente logrados y redondos. La literatura de
Xu Zechen, como leo en internet, mezcla sus raíces en la tradición china, pero
también toma modelos occidentales. Historias
del extrarradio es un libro que puede gustar a todos los lectores
aficionados al realismo sucio norteamericano, pero también a aquellos que
quieren saber qué está ocurriendo actualmente en las letras de la pujante
China.

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