domingo, 29 de julio de 2018

Mi enemigo mortal, por Willa Carter


Editorial Alba. 124 páginas. 1ª edición de 1926; ésta es de 1999.
Traducción de Gema Moral Bartolomé.

Calculé mal. Una mañana, en el autobús que me acerca al colegio donde trabajo, terminé un libro y no había tomado de mis estanterías otro para después. Además, a media mañana tuve que afrontar un cambio de planes, y por la tarde tendría que regresar a mi casa en un largo trayecto en metro sin libro. Este tipo de situaciones me general una angustia que imagino similar a la del fumador compulsivo, de repente, privado del tabaco. Para solucionarlo, durante el recreo me pasé por la biblioteca del colegio y revisé sus estanterías. Desde hacía tiempo, tenía en mente leer Mi enemigo mortal de Willa Cather (Winchester, Virginia, 1876 – Nueva York, 1947) en la bonita edición de la editorial Alba. Allí estaba esperándome.

De Cather había leído el cuento largo El caso de Paul, en la fabulosa Antología del cuento norteamericano, elaborada por Richard Ford. Como casi todos los de este libro, El caso de Paul era un gran cuento.

La narradora de Mi enemigo mortal es Nellie, pero la verdadera protagonista  de la obra es Myra Henshawe. Cather construye esta novela usando la técnica del «narrador testigo». Las dos mujeres, Nellie y Myra, proceden del mismo pueblo, Parthia, en el sur de Illinois. Nellie le da a entender al lector que Parthia es un lugar tradicional y aburrido y que sólo la explosiva Myra consiguió romper con su atonía. La primera frase del libro es ésta: «Conocí a Myra Henshawe cuando tenía quince años, pero recordaba haber oído hablar de ella desde que tenía uso de razón.», y un poco más abajo, en la misma página: «En su juventud, Myra había sido la figura más brillante y atractiva dentro de su círculo de amigos, y había tenido una vida tan emocionante y variopinta como monótona era la nuestra.»
La novela está dividida en dos partes. La primera comienza cuando la narradora tiene quince años y va a conocer, por primera vez, a Myra, una amiga de su tía Lydia, de la que ha oído hablar mucho, y que regresa a su pueblo después de una ausencia de muchos años. Myra era huérfana y había crecido en Parthia con su tío abuelo John Driscoll. La casa en la que viven la mejor propiedad del pueblo. La joven Myra se enamora de Oswald Henshawe, hijo de un hombre al que el tío abuelo detesta y se opondrá a la relación. Oswald emigra a Nueva York para tratar de hacerse con una posición y pedir matrimonio a Myra. El tío abuelo John pondrá ante Myra esta disyuntiva: si no se casa con Oswald heredará las tres cuartas partes de su fortuna, pero si lo hace la borrará de su testamento.
Myra elige casarte con Oswald y huir a Nueva York para vivir una nueva vida. Esta es una historia que la joven Myra, nuestra narradora, ha escuchado contar en muchas ocasiones.

«—Pero han sido felices, ¿no? —le preguntaba yo algunas veces.
—¿Felices? ¡Oh, sí! Como la mayoría.
Aquella respuesta resultaba descorazonadora; lo que realmente importaba de su historia era que tenían que ser mucho más felices que otras personas.»

Quizás este párrafo de la página 27 condense el núcleo narrativo de la novela. Para la joven Nellie, Myra es una mujer legendaria, alguien que, bajo su inocente mirada juvenil, encarna los ideales románticos. Como ya he comentado, la novela comienza cuando Myra vuelve al pueblo y Nellie puede conocerla, poco después ella y su tía Lydia irán a visitar a Myra y a Oswald a Nueva York. Una Myra de cuarenta y cinco años –lejos ya de aquellos veinte legendarios en los que renunció a una fortuna por el amor– resulta en persona desconcertante para Nellie. Por un lado, le parece alguien de gran personalidad y carisma y por otro la Myra adulta le da también la impresión de ser una persona caprichosa e infantil.

La segunda parte del libro empieza diez años después. Nellie tiene ya veinticinco años. «Las cosas nos habían ido mal a mi familia y a mí», leemos en la página 71. Si la primera parte transcurría entre el sur de Illinois (el Medio Oeste) y, sobre todo, Nueva York, en esta segunda parte nos trasladamos a una ciudad de la costa Oeste. Nellie ha empezado a dar clases en una universidad de dudosa reputación y, por casualidad, volverá a encontrarse con Myra y Oswald, quienes se alojan en su mismo hotel. Los negocios no fueron bien para Oswald y el matrimonio ha perdido la buena posición de la que llegó a gozar en Nueva York. La novela se publicó en 1926, pero en algún momento tenía la impresión de estar leyendo una historia de los «felices 20», durante la primera parte, y de la «Gran Depresión» en la segunda.

Oswald tiene un mal trabajo y Myra está enferma y debe desplazarse en una silla de ruedas. Nellie comenzará a frecuentar la casa de los Henshawe, y Myra le hará más de una confesión comprometida.

Willa Cather, llegados a este punto de la novela, podía haber hecho que Nellie, su narradora, emitierá para el lector algún juicio de valor sobre sus impresiones acerca de Myra. Pero si hubiera hecho esto, su novela corta hubiera sido mucho menos sutil de lo que es. Cather dejará para el lector la tarea de tratar de desentrañar los pensamientos de la escurridiza Nellie sobre Myra, la verdadera protagonista del libro, ya que cuando acabe la novela le habrá dado muy escasos datos sobre su vida (¿tiene una pareja?, ¿ha vivido alguna experiencia traumática que ha hecho que no la tenga?). Unos pensamientos que, sin desentrañar más el argumento, apuntaremos que posiblemente tengan que ver con una mirada más clara y desencantada sobre el mundo de los adultos a los veinticinco años, que la que Nellie tenía a los quince. Esta novela parecía que no hablaba de Nellie, pero en el fondo sí que lo estaba haciendo, marcando el paso hacia la vida adulta de la narradora.

Mi enemigo mortal es una novela corta, pero esto no impide que se concentren en ella los dibujos de muchas escenas significativas, precisas y sutiles. «Mirada jamesiana», leemos en la contraportada del libro y sí, estoy de acuerdo. Los velos de la novela contribuyen a que se expandan sus ecos.

El gran Gatsby de Scott Fitzgerald se publicó en 1925, un año antes que Mi enemigo mortal, y tengo la impresión de que Cather la había leído y de que fue una influencia para ella al escribir esta obra.

Recuerdo que cuando leí la Antología del cuento norteamericano de Richard Ford me deslumbraron muchos de los cuentos que encontré en ella, y sobre todo recuerdo la buena impresión que me causaron los que estaban escritos entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX. Esta antología siempre me pareció una guía muy válida para indagar con mayor profundidad en la narrativa norteamericana. Gracias a ella, conocí a Willa Cather y me he acercado ahora a esta novela corta. Entro en la web de la editorial Alba y veo que han publicado de ella cuatro novelas más y un volumen con sus libros de cuentos. Seguro que volveré a Willa Cather. Mi enemigo mortal es una gran novela corta.

4 comentarios:

  1. A mí este libro me sorprendió también, me acerqué a él con pocas o ninguna expectativa y, zasca, menudo estallido. Una sutileza delicada y a la vez firme, la de Willa Carter.

    Un abrazo

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    1. Hola Ana:

      Sí, éste es un libro que está muy bien. A ver si leo más de esta autora.
      Lo cierto que es que si es Alba la que rescata un libro me parece ya un síntoma de garantía.

      Un abrazo

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  2. Lo que yo tenía entendido es que una de las fuentes de inspiración de El gran Gatsby (1925) fue Una dama extraviada (1923), de Willa Cather, donde ya aparecía un narrador que asiste a la decadencia de una celebridad local. De hecho, me suena haber leído en algún lado que Fitzgerald le mandó una carta a Cather preocupado por una posible acusación de plagio y Cather le quitó importancia al asunto.

    En cualquier caso, los dos son grandes escritores.

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    1. Hola:

      Muy interesante la matización sobre las obras de Carther y Fitzgerald. No conocía los detalles, pero notaba que ambos autores estaban emparentados.
      Gracias por el comentario.

      Saludos

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