domingo, 11 de octubre de 2015

La noche en que caemos, por Alejandro Morellón

Editorial Eolas. 137 páginas. 1ª edición de 2013.

Ya conté en el blog que quedé un día –hace unos meses- en Lavapiés con el escritor Alejandro Morellón (Madrid, 1985) para intercambiar libros; entre los que me trajo Alejandro estaba este de La noche en que caemos, su debut narrativo, un conjunto de nueve relatos, que le hizo merecedor en 2013 del 51º Premio Libro de Cuentos de la Fundación Monteleón. En el jurado se encontraba, entre otros, el reconocido escritor de cuentos José María Merino.
Los otros libros que me dejó Alejandro eran Pájaros en la boca de Samantha Schweblin y La mujer desnuda de Armonía Somers, con los que él sentía muy emparentados su propio libro. Me comentaba que sentía su libro hermanado al de estas dos escritoras. Después de leer los tres, lo cierto es que tengo la impresión de que el parecido más real sobre La noche en que caemos es la de Pájaros en la boca.

El primer cuento del libro de Morellón es TA I. Si el lector toma el libro sin avisos de lectura de ningún tipo, las primeras páginas que leerá serán las de un cuento muy realista: una pareja tiene que tomar un taxi en la noche para llegar a un hospital, en el que la mujer –que ha roto aguas- debe dar a luz. El estilo es sencillo, rítmico, cercano… ¿Tal vez estamos ante un relato costumbrista sobre la pareja? A las pocas páginas se romperá el realismo del relato. El taxi seguirá circulando, sin pasar nunca. El taxista nunca duerme, se nos informará. El hijo nacerá en el coche, y no solo eso, también nacerán allí los nietos de la pareja. El lector terminará el cuento con una sonrisa, después de haberse acercado a una ruptura de la verosimilitud narrativa tan cortazariana, y tan, además, a lo Samantha Schweblin. Si bien es cierto que los cuentos de Schweblin, aunque fantásticos en el fondo, se acercan al género desde la leve ruptura con la realidad y esta ruptura es más profunda en las propuestas narrativas de Morellón. Un género fantástico, en su caso, bastante cercano también al surrealismo.

En Cuando el niño era niño un director de colegio conoce a un niño que en realidad, pese a su cuerpo de niño, ha nacido en 1189. O al menos eso afirma él y el director del colegio, el narrador, tras conversar con él, acabará por creerlo.
Tras acabar el segundo relato, ya nos damos cuenta que una de las propuestas narrativas de Alejandro Morellón como cuentista es la de jugar con el tiempo: estirándolo, reteniéndolo, con personajes muy jóvenes y que no pueden crecer, o por el contrario, personajes ancianos a los que su percepción consigue trasladar a un mundo en el que el deterioro de las cosas se acelera…

En Subterráneo Morellón sigue experimentando sobre el tiempo narrado: un niño decide meterse en la cama y hacerse allí mayor. Soñará su vida, otro (un desdoblamiento de él mismo) la vivirá por él. Personaje encamado y personaje desdoblado acabarán coincidiendo en la misma habitación.

Diana sigue sin venir es un cuento más corto que los anteriores, y diría que es de los que menos me han gustado del conjunto. La idea sobre unos jóvenes suicidas y los métodos para conseguirlo es inquietante, pero quizás a este cuento le falte algo de desarrollo.

En el relato que da título al libro, La noche en que caemos, nos encontramos con un relato fantástico, que puede serlo, o ser también –según lo desee el lector- un relato de locura. Otro juego con el tiempo: al narrador (un hombre solitario, de cierta edad, viudo) le parece estar recibiendo voces del espacio, voces que discuten en su cabeza.
Con este cuento creo que me ha pasado algo similar a lo experimentado al leer Subterráneo, que las ideas de ambos me parecen potentes; pero para que el lector (o al menos el lector que soy yo) los hubiera disfrutado más tengo la impresión de que habría que haber trabajado con más la tensión narrativa.
Estos cuentos están publicados cuando el autor tiene veintisiete o quizás veintiocho años, e imagino que estará escritos antes, sobre los veintiséis, vamos a suponer. Alejandro Morellón cuando los escribe es un autor muy joven, que ha leído narrativa clásica, pero que también conoce las tendencias modernas del relato (de ahí su coincidencia en ideas con los cuentos de Samantha Schweblin). Morellón en estos cuentos no comete errores de principiante: los cuentos fluyen sin frases confusas, sin una adjetivación excesiva, con sencillez, pero sin carecer tampoco de aliento poético. La creación de un particular mundo propio, con extrañamientos sobre el tiempo o la edad de los personajes, me parece logrado. Además muchas de las ideas son potentes, y ¿qué podría faltarle entonces al joven Morellón para llegar a escribir cuentos tan buenos como los de Samantha Schweblin? Creo que la respuesta sería ésta: un poco más de tensión narrativa. A un cuento realista, a lo Raymond Carver, se le presupone la tensión narrativa, o el cuento la tiene o se quedaría en un mero cuadro de costumbres carente de interés. Los cuentos fantásticos también necesitan esta tensión narrativa, no basta con la idea brillante, con el mundo sugerente, algo ha de suceder en ellos que sea tan potente como el planteamiento. Lógicamente, conseguir esto no es nada fácil, y la construcción de un cuento fantástico muy bueno no me parece una tarea sencilla. El joven Morellón está en el camino correcto, más de uno de sus cuentos es bueno, y le faltaría tal vez un poco de tensión narrativa, como he apuntado.

Plato de sopa sin retorno es otro cuento corto, de idea surrealista y simpática.

La herida es mi cuento favorito del conjunto: el más logrado, aquel en el que una idea potente, se une a una mirada muy poética sobre lo narrado, y la tensión narrativa se mantiene perfectamente. Un matrimonio espera la posible visita de su hijo y sus nietos. Desde las ventanas de la casa, mira al exterior, hacia la calle, y allí parece que no ocurre nada anormal, pero cada vez que el hombre deja la tranquilidad de la casa y sale fuera percibirá cómo los sonidos callan, como todo se deteriora de forma acelerada… un cuento muy sugerente.

El cuento que cierra el conjunto, Una máquina excelente, me parece que está escrito sobre una idea un tanto macabra y no me acaba de convencer.

En resumen, La noche en que caímos es un debut narrativo notable. Alejandro Morellón no comete en él errores de principiante y ha trabajado en serio para, asimilando el trabajo de otros autores (Julio Cortázar, principalmente), alumbran una voz propia. Como ya he señalada, a algún cuento le falta un poco más de desarrollo, y a otros, siendo correctos, siendo buenos cuentos, les pediría un poco más de tensión narrativa. El cuento La herida me parece excelente, una narración muy lograda.


Sé que Alejandro Morellón está ahora escribiendo novelas. Sé, por las destrezas mostradas en este volumen de cuentos,  que va a conseguir escribir buenas novelas. Las esperamos.

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