jueves, 30 de julio de 2015

Mi novela El hombre ajeno en digital por 5,49 €

Me llega este mensaje desde mi editorial Baile del Sol:

«La editorial Baile del Sol, con la colaboración del Cabildo de Tenerife, está procediendo a la digitalización de una parte de sus publicaciones.
Se trata de algunas novedades editoriales y también de títulos ya pertenecientes al catálogo de la editorial. A partir de ahora, los libros se podrán descargar en versión digital a través de las diferentes plataformas, entre ellas, Amazon, Lektu, itunes, Barnes&Noble, books, waltzbooks, jpc, kobo, tagus, etc.
Se ha digitalizado dentro de este proyecto la novela de David Pérez Vega, El hombre ajeno. Se trata de una historia intensa y sorprendente en la que el protagonista, Juan Linares, dedica su vida a investigar la verdadera naturaleza del salvadoreño Héctor Meier Peláez, y determinar si fue uno de los grandes poetas ocultos centroamericanos o un guerrillero sanguinario, mientras compagina sus investigaciones literarias con un trabajo de carga y descarga de camiones en una nave industrial.»

Dejo aquí el enlace a la versión digital de El hombre ajeno (5,49 €), y el texto correspondiente a la primera página del libro:




CAPÍTULO 1
Se acercaba hacia él, compacto y rápido, como un meteorito a punto de estrellarse. Cuando le vio, Juan se detuvo. No terminó de levantar la caja que tenía entre las manos y, dispuesto a esperarle, se recostó contra el tobogán que contenía la cinta transportadora. De niño —era consciente— una sonrisa irónica y desafiante solía aparecer en sus labios cuando se enfrentaba a situaciones similares. Sin embargo, hacía tiempo que había decidido prescindir de ese gesto.
El otro aceleraba sus pasos —su nombre era Javi, recordó Juan— y, cuando aún faltaban unos metros para el choque, le gritó:
 —Y tú, gilipollas, ¿dónde coño te metes?
—Tenían aquí trabajo, ¿no lo ves? —contestó, con el mismo tono cortante aunque más sereno.
—¡Te vas y dejas el otro camión sin nadie, hostias, con las cajas petando el tobogán! —Javi ya se encontraba encima.
Le temblaban las mandíbulas, sus labios escupían palabras arrastradas y saliva. Con ambas manos empujó el pecho de Juan, que no retrocedió porque su cintura se apoyaba contra el tobogán. Con un movimiento brusco, inesperado, le devolvió el empellón y se desplazó hacia la izquierda.

Aunque Juan nunca había trabajado su cuerpo en un gimnasio para imponerse a los demás mediante la insinuación arrolladora de la fuerza bruta —como intuía que había hecho su compañero de trabajo—, sobrepasaba en altura a Javi, la amplitud de sus hombros era mayor y se encontraba en forma. Se había abierto un espacio entre los dos, y la nueva embestida de Javi se disolvió en el ramo de brazos que se apresuró a interponerse.

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