miércoles, 9 de julio de 2014

Rocío Silva-Satisteban, un poema

Hace unas semanas comenté aquí que Javier Gil había publicado uno de mis poemas en la revista Adiós. Junto con los ejemplares de la revista que envió a mi casa, venían en el mismo paquete unos libritos de poemas de la Fundación Inquietudes, 2009. Uno de ellos se titula Soda Cáustica, cinco poetas latinoamericanos. Edición coordinada por Enrique Falcón.

Hojeo esto librito y descubro con placer los versos de la poeta Rocío Silva-Satisteban (Lima, Perú, 1963). Dejo aquí el primer poema que aparece de ella en Soda Cáustica:




PIOJOS

Me saco los piojos a las dos de la mañana
mi bata blanca se mancha de estrellas negras

sobre la silla del comedor veo un mandil
recuerdo:
una niña llena de llagas, asmática, en la puerta del colegio
esperando para siempre a su papá

me dicen que ta ta ta tan: eres una mujer de éxito
—¿sí?, ¿de verdad?, no lo creo—
quiero que salgas en el who is who
vanidosa comento que quizás eleve mi autoestima

(es un chiste estúpido
por la noche tengo que bañarme
para dejar de llorar)

me equivoco
esos son los grandes pecados
una piojosa sale en The Perú Report
¡te envidio!— me dicen las chiquillas
las miro con compasión

hablo y engullo comida, los críticos literarios
escriben sobre la voz operística que lamenta su gordura
y no saben qué hay detrás de cada gramo de grasa

trabajo como todas, como todas me levanto
y lloro como todas alguna vez lo han hecho
como todas alguna vez lo dejaron de hacer

me saco los piojos
me rasco los sobacos
y me miro en el espejo con el vaho del baño
adherido como carca

—¡cochina!—
—deja de ser dramática—

los rituales repetidos, quizás otras
lloren por el hambre o por el cuerpo en descomposición
es absurda la frivolidad de este sufrimiento, lo sé,
estudio el sistema sexo-género
la ciudadanía y la individuación
pero más allá de mi razón
algo supura

es el moho, la carne podrida, corroída
está adentro
la cociné con paciencia
con cada error
(hay tantos nombres propios)
torpezas que escondo como los piojos
y por más que rastrillo mi cuerpo centímetro a centímetro
no encuentro aparentemente nada
nada de nada

pero están ahí, ahí están aunque no los vea
todos se esconden en esas zonas oscuras

me arden me pican me vuelven loca.


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