domingo, 2 de marzo de 2014

El fiord, por Osvaldo Lamborghini

Editorial Ediciones del Serbal. 26 páginas. 1ª edición de 1969-1998; esta de 1988.

En 2011 el crítico literario Ignacio Echevarría publicó un libro en el que hablaba de los que eran para él los cien libros más importantes de la narrativa en español desde 1950. No lo he leído, pero he consultado el índice con las obras seleccionadas. Se puede ver AQUÍ.
La lista me parece más que interesante. De los cien títulos había leído treinta y cinco; con éste son treinta y seis. El año pasado comenté la lista de Echevarría con mi amigo Federico Guzmán, y los dos coincidíamos en que determinados títulos eran claros e ineludibles, pero también nos parecía detectar alguna ausencia significativa y alguna inclusión extraña. En concreto hablamos de El fiord (1969) de Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, 1940-Barcelona, 1985), que para Echevarría es uno de los quince mejores libros de la década de los sesenta. Federico había leído El fiord; yo sólo había oído hablar de él. Me propuso dejármelo para que me formara una opinión propia. Me pasó un volumen de Lamborghini titulado Novelas y cuentos, cuya primera historia, tras la introducción de César Aira, es El fiord.
He tardado en acercarme al libro más o menos un año. Tenía miedo de que, una vez que empezara con él, me impusiera acabármelo, y que no fuese a disfrutar de la lectura, porque la prosa de Lamborghini se me antojaba árida. Al final sólo he leído la introducción de César Aira (10 páginas) y El fiord (16 páginas).

La introducción de César Aira hablando de su amigo Lamborghini parece un cuento de Roberto Bolaño sobre la vida de un escritor descalabrado. Desde luego Aira no es parco en elogios: “Se trataba, y sigue tratándose, de algo inusitadamente nuevo. Anticipaba toda la literatura política de la década del setenta” (pág. 7); “La pregunta primera y última que surge ante sus páginas, ante cualquiera de ellas, es: ‘¿cómo se puede escribir tan bien?’. Creo que hay un más allá de la calidad estilística, más allá del simulacro de perfección que puede lucir una buena prosa. En Osvaldo hay una alusión a lo perfecto de verdad, que escapa al trabajo” (pág. 8).

Aira cuenta alguna anécdota sobre su relación con Lamborghini: “Recuerdo que una noche caminábamos por el centro, y cruzamos a una prostituta de las que por entonces, hace veinte años, todavía podían verse en Buenos Aires: pintada como un mascarón, cargada de joyas baratas, con ropa chillona, gorda, vieja. Osvaldo dijo, pensativo: ‘¿Por qué será que los yiros parecen seres del pasado?’. Yo oí mal y le respondí: ‘No creas. Mirá a Mao Tsé Tung’. Se detuvo estupefacto y me dirigió una mirada extraña. Por un instante, el malentendido abarcó a toda la literatura, y más. Han tenido que pasar tantos años y tantas cosas para que yo pudiera leer en esa mirada, o el pasado mismo, lo que me quiso decir: ‘Por fin entendiste algo’”.
Imagino que esta anécdota debe de significar algo.

El fiord tiene dieciséis páginas, así que se trata más de un relato que de una novela.

Está naciendo un niño en El fiord; la madre tiene problemas para que el bebé, que asoma la cabeza, llegue al mundo. El Loco Rodríguez, con un látigo en la cintura, hace fuerza sobre el vientre de la parturienta (Carla Greta Terón) para que el niño acabe de irrumpir en la realidad. “El Loco Rodríguez aprovechaba la oportunidad para machacarle la boca con un puño de hierro. Así, reventábale los labios, quebrábale los dientes; éstos, perlados de sangre, yacían en gran número alrededor de la cabecera del lecho” (pág. 19).

Un poco después: “Vino otro pujo. El Loco le bordó el cuerpo a trallazos (y dale que dale). Le pegó también latigazos en los ojos como se estila en los caballos mañeros” (pág. 20).

El Loco Rodríguez es el patrón del narrador y del resto de personajes reunidos en torno a la parturienta. Después de describir la escena de violencia en la que el Loco intenta que el niño salga del cuerpo de Carla a golpes, se inicia una escena de sexo en grupo: “(...) Sebastián intentaba acariciar las bien plantadas nalgas que sobre las mías galopaban, el culo de nuestro abusivo Dueño y Señor” (pág. 22).

El niño llega al mundo en medio de la orgía, entre vómitos, semen y mierda. El Loco, para festejarlo, le hace una broma: le mete en el inodoro y tira varias veces de la cadena. Además, el recién nacido ya tiene erecciones. Al verlo, la madre exclama: “¡Es pa mí nomás!” (pág. 26); “que ya se revolcaba garchando con su hijo” (he buscado el verbo “garchar” en internet y, como imaginaba, es sinónimo de “follar”).
Aparece la mujer del narrador: “Ella me mostró sus tobillos: dos muñones sangrantes. Ella transportaba en la mano derecha sus pies aserrados”. También ha estallado una pared y por el agujero se ve la costa y un fiord (¿será un fiordo?).
Luego se habla de Perón (poco después de que aparezca una “svástica de alquitrán”).
Luego hay una escena de canibalismo. El látigo del Loco sigue restallando. Se habla de Vietnam.
La última frase del relato es: “Así, salimos en manifestación” (pág. 34).

El fiord empezó a circular en Buenos Aires como libro clandestino. Era un delgado librito que había que solicitar de tapadillo al dueño de una única librería. Dice sobre esto Aira en el prólogo: “Aunque nunca fue reeditado, recorrió un largo camino y cumplió el cometido de los grandes libros: fundar un mito”.

Como he tratado de exponer en el resumen anterior, El fiord trata de romper con todos los convencionalismos de lo políticamente correcto. La orgía exagerada me ha recordado a las propuestas por el Marqués de Sade dos siglos antes. El aire del relato es sin duda onírico, surrealista. No he disfrutado al leerlo; ni me ha escandalizado, porque no sentía simpatía por ningún personaje propuesto; simplemente veía al escritor intentando epatar al lector mediante el recurso a la exageración: el sexo, la violencia, la suciedad...
Aira afirma que El fiord es una genialidad y que anticipa toda la literatura argentina posterior. Ignacio Echevarría parece estar de acuerdo con él. Yo no estoy de acuerdo con ninguno de los dos. En realidad este tipo de textos, en los que sólo se intenta escandalizar al lector con escenas violentas o grotescas, llegando casi a la escritura automática, me parece fácil. Es decir, yo mismo puedo improvisar una escena como la que sigue: “Le arrancó a su madre un ojo con un tenedor y se lo comió, tras untarlo en semen como si fuese kétchup. Mientras, su hermano intentaba violar a su madre por el hueco dejado, y veía en la televisión el debate sobre los presupuestos del Estado, en el que el presidente, colgado de un gancho carnicero, explicaba..., etc.”. Puedo comenzar así e incluir más violaciones, más violencia, más mierda que flota...

Considero positivo que existan escritores marginales, surrealistas, que no aspiran a un público masivo (y es posible que ni siquiera a publicar) y que se leen como rarezas, en muchos casos desde el ámbito académico; o bien se leen por su fuerte atrevimiento político, ya que apareció en el contexto de la recién dictadura argentina de Onganía. Pero me cuesta creer a aquellos que afirman que disfrutan al leerlos.
Yo he leído El fiord, de Osvaldo Lamborghini, mítico libro argentino, y me ha costado acabar sus 16 páginas. No lo he disfrutado.

A continuación me propuse seguir con la siguiente novela corta (según Aira, otra genialidad), titulada Sebregondi retrocede. Empecé con el primer párrafo...:
“Las partes son algo más que partes. Dejan de ser partes cuando la última ilusión de cosagrande redonda está pinchada. Desde adentro del repollo se ve la misma luz en todas partes, pero. No hay partes. No hay muchos uno ni muchos ni uno uno. Ni muchos ni tampoco uno solo. No. Ninguna soledad mayor ni menor. Ni más ni menos que la soledad de una oreja arrepollada o de la maquinita de afeitar de mutilar. Entonces. La convención se sostiene, la convención se sostiene, la convención se sostiene. La convención”.
... Y se me quitaron las ganas de seguir.


Por si alguien tiene curiosidad, en la entrada de la wikipedia dedicada a Osvaldo Lamborghini está colgado El fiord. Dejo AQUÍ el enlace.

8 comentarios:

  1. Deberías añadir una sección de críticas de cine( que las haces muy bien)! Para los que no somos muy asiduos a la lectura pero sí al cine también podamos disfrutar del blog.

    Un saludo

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    1. Estimado anónimo:

      El año pasado hice una entrada sobre la película "Searching for Sugar Man", pero estaba de vacaciones. La verdad es que soy bastante aficionado al cine, voy casi cada semana a ver un estreno. Pero como me metiera en el blog a reseñar las películas que veo, lo cierto es que ya no haría otra cosa en mi vida. Me limito a dar una pequeña opinión sobre las pelis que veo a través de twitter; pero no puedo con más cosas. De todos modos, muchas gracias por tus palabras.

      Saludos

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  2. Hola David,

    Es la primera vez que escribo en tu blog, me agrada mucho y celebro que existan espacios como este en la web. me permito comentarte un par de cosas respecto a tu análisis de Lamborghini, no para hacerte la contra sino para que no te quedés con esa impresión tan mala de Lamborghini, que si bien es un autor árido, muy áspero para seguirle, es (con tres libritos publicados y ya) una de las grandes voces de la literatura contemporánea argentina.
    Si bien entiendo que cuando uno se mete a analizar literatura tan marginal (esa "mierda que flota" que dices) es muy factible -y ocurre frecuentemente- hallar tipos que te venden cualquier verdura, definitivamente excluiría de esa manga de rufianes a Lamborghini.
    Respecto a su obra en general, es necesario entender que, si bien no es tan simple, la literatura argentina se ha circunscripto a una lectura en clave binaria, en parte siguiendo a su historia política. Así como existe un imaginario que coloca una línea de gobiernos supuestamente despóticos, populistas, etc. todos en la misma bolsa (Rosas, Perón, etc. Recordemos que el peronismo fue llamado la "segunda tiranía"), nuestra literatura se ha dividido de esa forma en distintas épocas. Como esa división Boedo-Florida que se dio entre las "escuelas de Arlt y Borges, nuestra literatura nace a partir del Facundo de Sarmiento, con su tono fuertemente anti-gauchesco, y más específicamente en "El Matadero", de Echeverría, un cuento tremendamente anti-rosista que es esencial para entender la literatura argentina. Desde la gauchesca nacieron voces opositoras a estas voces.
    Tipos como Lamborghini, Perlongher, etc. se subieron a este barco y construyeron, de algún modo, sus propios "mataderos", posicionándose, siempre en torno del peronismo en el cual, en los sesenta puntualmente, comenzaban a convergir movimientos guerrilleros de extrema izquierda. De alguna manera, están resignificando el lugar de la civilización y la barbarie que inicialmente definiera Sarmiento. En "El Fiord", específicamente, Lamborghini da un mensaje muy directamente alegórico. No hay que dejar de orientarse por las iniciales de los personajes (CGT: "Central General de los Trabajadores", ATV: "Augusto Timoteo Vandor") y sus reiteradas menciones a movimientos políticos y sindicales de la época. Hay buenos motivos para pensar también que el Loco Rodríguez es una alusión al general Perón, mas el resto de los personajes son más enigmáticos. En fin, yo creo que a la luz de estas cuestiones políticas (ignoro si estás al tanto de estas cuestiones de historia argentina, perdón si te he aburrido sobremanera...) el cuento cobra un sentido renovado, y es algo más que violencia por violencia nomás.

    Finalmente, te recomendaría, si es que no los conoces, algunos otros textos de Lamborghini. Yo también creo que Aira es bastante exagerado respecto a su obra: Sebregondi Retrocede puede llegar a ser bastante pesado, pero tiene algunas cosas memorables. Particularmente, el tremendo cuento "El niño proletario" (ese es violento en serio) muestra y dice bastante contundentemente como su estilo se justifica en una cierta situación social y cómo es un posicionamiento respecto a la historia literaria argentina, y después, el cuento largo / novela corta (unas 40 páginas) "La Causa Justa" es mucho más fácilmente legible (sacando capaz la primera parte) y sin embargo es una gran historia, altamente satírica de la sociedad Argentina en tiempos de Malvinas, y con muchas vetas bastante cómicas dentro de tanto exceso.
    Perdón por la extensión, y eso que intenté ser breve...

    Saludos.

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    1. Hola Santiago:

      Gracias por animarte a participar en el blog y por tu comentario. La verdad es que era consciente cuando escribí este comentario desprejuiciado de la importancia de este libro en la literatura argentina, pero lo cierto es que, pese a conocer su historia y sus claves de lectura, no conecté con él y me apeteció comentarlo tal cual.

      Lo que me cuentas sobre la historia de la literatura argentina lo conocía, aunque aún tengo pendientes algunas lecturas básicas, como la de Sarmiento y El matadero. Son libros que, pese a no haberlos leído aún, los tengo en casa. Son de mi pareja, ella los leyó hace tiempo y yo debería.

      No sé, la verdad, si volveré con Lamborghini. En cualquier caso aquí queda anotado los que me recomienda. Hoy he colgado aquí la reseña de un libro argentino de 1978 que fue injustamente olvidado: Las Varonesas de Carlos Catania, por si quieres leer la reseña, y la semana que viene dejaré otra reseña de César Aira, así que seguimos con lo argentino.

      Saludos

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    2. Así, como uno no comienza leyendo un libro de atrás para adelante, excepto que se trate de "Rayuela"; no creo conveniente hacer una reseña de Lamborghini sin antes haber leído a Echeverría y a Sarmiento. "[...] pese a conocer su historia y sus claves de lectura [...]"; es contradictoria la frase. Considero, como doctora en Letras y Magíster en Literatura Latinoaméricana y Argentina, (no me interesa que se sepa esto; simplemente considero importante que sepa que no soy una blogger que habla desde la ignorancia), que si no ha leído a quién marcó/instauró un sistema educativo, y nada más (ni nada menos) también fue Presidente de la Nación Argentina, usted desconoce bastante. Le recomiendo seguir con posts relacionados a la literatura europea, o que lea (de una buena vez) lo que le va a permitir hacer publicaciones más productivos, y sobre todo profundas. Porque, de este modo, queda en evidencia su total desconocimiento del tema.
      Habla de Lamborghini, diciendo que tiene en cuenta aspectos importantísimos pero sus escritos demuestran lo contrario.
      La lingüística textual dice "que no hay texto sin contexto", y este autor lleva dicho axioma de forma indiscutible.
      Muy vacío todo, una lectura muy por arriba y con mucho desconocimiento de temáticas económicas, sociales y políticas argentinas como para lograr formar un juicio de valor sobre el autor de una forma acertada.

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    3. Hola:

      Me encanta esta frase: "como doctora en Letras y Magíster en Literatura Latinoaméricana y Argentina, (no me interesa que se sepa esto."

      Es una frase maravillosa; sobre todo puesta detrás de: "es contradictoria la frase."

      Gracias por dejarme aquí estas joyas, gracias por alegrarme la mañana. Me ha hecho empezar el día con una sonrisa.

      Saludos

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  3. pesima reseña, siga con sus lecturas de niño europeo mejor..

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    1. Estimando lector:

      Imagino que es usted argentino y que se ha sentido herido en su orgullo patrio. Quizás estemos equivocando algunos términos: desde luego, no es la que yo hago de este libro una lectura desde una mirada europea sobre América, que implique nada parecido a la condescendencia o a cualquier tipo de superioridad (algo que nunca siento, entre otras cosas porque me gusta más la literatura argentina del siglo XX que la española). Yo soy de lo que opinan que mi patria es mi lengua y siento a Argentina mucho más cerca, por ejemplo, que a Francia.
      Desde que comencé con el blog en 2009 he leído y comentando 86 libros de autores argentinos. La mayoría me han gustado mucho y se encuentran entre los mejores libros que he leído en la última década. Si sumo los libros hispanoamericanos que he leído desde 2009 ganan a los españoles por goleada. De hecho, me estimula más leer libros hispanoamericanos que europeos.
      Lo digo así, por ejemplo: “El traductor” de Salvador Benestra me fascina y me parece una obra maestra injustamente desconocida, y “El fiord” de Osvaldo Lamborghini me parece un libro sobrevalorado y aburrido.
      Sinceramente, a estas alturas del partido me puedo permitir con tranquilidad decir que un libro argentino no me ha gustado. Puedo hablar con toda la calma que me apetece de mi literatura; es decir, de la que está escrita en español y de que la que yo, como autor y lector, formo parte.


      Saludos

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