domingo, 19 de agosto de 2012

La carretera, por Cormac McCarthy


Editorial Mondadori. 210 páginas. 1ª edición de 2006, ésta de 2007.

Hace unos años leí de Cormac McCarthy (Providence, EE. UU., 1933) la novela No es país para viejos (2005). Fue una lectura interesante: me gustó mucho su ritmo y cómo jugaba con el recurso de las elipsis narrativas, aunque quizás esta obra adolecía para mí de falta de reflexión. Hay algo que suelo buscar en una novela: el reflejo del flujo de conciencia o de pensamientos de los personajes, para poder acercarme a ellos, para que leer sea una experiencia diferente a la de ver una película.
Es decir, si yo leo una novela de Philip Roth acabo sabiendo quiénes son los personajes que la novela nos presenta, porque sé qué piensan sobre el mundo planteado por el escritor, y en No es país para viejos los personajes sólo se definían por sus acciones y sus diálogos. Algo nada novedoso por otra parte: Dashiell Hammett ya había escrito varias novelas policiacas usando técnicas cinematográficas antes que McCarthy naciera.
 No es país para viejos me pareció una historia potente, que ocultaba un guión cinematográfico en su descripción escueta de las escenas narradas. Vi la película y me gustó, pero no tanto como el libro: yo sabía al verla cuáles eran las escenas de la novela que habían sido suprimidas.

En 2010 vi en el cine la adaptación cinematográfica que hizo el director John Hillcoat de La carretera: fue una película que me impresionó. Me pareció que estaba muy conseguida la imagen apocalíptica del mundo imaginado, con esos grises abrumadores, los árboles muertos… Y las actuaciones de Viggo Mortensen y del niño Kodi Smith-McPhee me resultaron muy convincentes.

Un amigo que vio la película y leyó la novela me comentó que la adaptación cinematográfica era bastante fiel al libro. Aún así, después de ver la película me quedé con la idea de leer el libro, que por otra parte está en la biblioteca de Móstoles (aunque casi siempre prestado). Y hace unas semanas me apeteció hacer un alto en el volumen de El Aleph con las 3 novelas de Juan José Saer, y cuando estaba acabando la segunda saqué La carretera de la biblioteca.

El resumen argumental del libro creo que es de sobra conocido: en un futuro cercano, el mundo parece haber sufrido una crisis nuclear. La flora y la fauna han muerto. El suelo está cubierto de cenizas, el sol casi no puede atravesar una capa de sedimentos en suspensión, y la temperatura del planeta ha bajado. Entre árboles muertos, sobre cenizas, un padre y un hijo se desplazan con un carrito de la compra hacia el sur (en la zona donde se encuentran el padre sabe que no podrán resistir otro invierno). Gracias a las indicaciones de un mapa, siguen la línea marcada por las carreteras interestatales. En el mundo quedan algunos humanos, pero cada vez menos comida. Sólo hay dos formas de alimentarse: encontrar latas de conserva que aún no se hayan comido otros o recurrir al canibalismo. Padre e hijo viajan hacia el sur esquivando a grupos armados de caníbales.
“Se quedó allí sentado con los gemelos en la mano, viendo cómo la cenicienta luz del día cuajaba sobre el terreno. Solo sabía que el niño era su garantía” (pág. 10); como se nos informa en la segunda página del libro, la única motivación del hombre para seguir vivo es proteger a su hijo; continúa el párrafo citado: “Y dijo: si él no es la palabra de Dios Dios no ha hablado nunca” (¿Entre los dos Dios no debería haber una coma?, me pregunto)

La voz narrativa, en tercera persona, acompaña casi siempre el punto de vista del hombre; y digo casi siempre porque en la página 14 (la 5ª del libro) hay una única vez que se cede al niño: “Estuvo mucho rato tratando de dormir. Al cabo se dio la vuelta y miró al hombre. Su rostro a la luz de la pequeña lámpara rayado de negro por la lluvia como un actor dramático de la antigüedad.” Al leer este párrafo en la 5ª página del libro, pensé que el narrador iba a ir distribuyendo el punto de vista entre el padre y el hijo, pero no es así: esta es la única vez (si descontamos las páginas finales, en las que el niño se ha quedado solo, aunque aquí todo está descrito con mucho distanciamiento), y más que otra cosa me ha parecido un titubeo narrativo inicial que el autor se olvidó de corregir en la versión definitiva de la novela (además el niño, debido al momento en que ha nacido, no sabe lo que es un actor dramático de la antigüedad).

Quizás al comenzar a leer La carretera tenía muy presentes las imágenes de la película y el mundo planteado por McCarthy no conseguía sorprenderme. De hecho, temí algo: este libro ha sido un bestseller, no será verdad que tenga concesiones de bestseller, porque lo sospeché en algunos momentos iniciales: el protagonista se interroga en la pág. 15: “¿Estás ahí?, susurró. ¿Te veré por fin? ¿Tienes cuello por el que estrangularte? ¿Tienes corazón?”, pág. 26: “La luz diurna cruda y fría colándose por el tejado. Gris como su corazón”, pág. 47: “El corazón me lo arrancaron la noche en que el nació” y sólo un poco más abajo en la misma página: “Porque yo ya estoy harta de mi prostituido corazón”.
La verdad: demasiados corazones para mí (he estado pensado hacer un chiste con el famoso programa de Anne Igartiburu; pero luego me he dicho: esto es más propio de La medicina de Tongoy; sé fiel a tu estilo sobrio, no le copies los recursos narrativos al amigo Carlos). La frase “Gris como su corazón” estuvo a punto de conseguir que cerrara el libro. No me podía creer que una historia tan dura y tan seca tuviera estas concesiones a la cursilería.

La narración de La carretera es en gran medida descriptiva: aquí abundan las frases cortas, que usan verbos en pasado perfecto simple y que implican movimiento.
Para conseguir que la narración sea más rápida y dinámica se usa otro recurso: en muchas frases se omiten los verbos, por ejemplo: “Ese es el primer ser humano aparte del chico con quien había hablado en más de un año. Mi hermano a fin de cuentas. Las especulaciones de reptil en sus ojos fríos y movedizos. Los dientes grises y podridos. Mazacote de carne humana. Que ha hecho con cada palabra del mundo una mentira.” Los verbos omitidos normalmente son éstos: ser, estar, tener, ver…, y al omitirlos se evita una repetición torpe.
En realidad, los recursos narrativos son bastante sencillos.

En algunos momentos, la lectura de lo narrado, además de ser visual, sí invita a la reflexión; en este sentido, me han gustado párrafos como éste: “Intentó pensar en algo que decir pero no pudo. No era la primera vez que tenía esta sensación, más allá del entumecimiento y la sorda desesperación. Como si el mundo se encogiera en torno a un núcleo no procesado de entidades desglobales. Las cosas cayendo en el olvido y con ellas sus nombres. Los colores. Los nombres de los pájaros. Alimentos. Por último los nombres de cosas que uno creía verdaderas. Más frágiles de lo que él habría pensado. ¿Cuánto de ese mundo había desaparecido ya? El sagrado idioma desprovisto de sus referentes y por tanto de su realidad. Rebajado como algo que intenta preservar el calor. A tiempo para desaparecer para siempre en un abrir y cerrar de ojos” (pág. 69-70).
El párrafo anterior sí entra en el territorio en que la literatura puede luchar contra el cine, en el de la reflexión y las ideas.

Si he de comparar esta novela con Plop de Rafael Pinedo (comentado en el blog AQUÍ), diría que esta segunda –publicada en 2003 y por tanto 3 años antes que La carretera- me pareció más original que la que comento hoy aquí; porque Plop conseguía crear un lenguaje nuevo adecuado al mundo que describía. El narrador de Plop no le explicaba el mundo a un contemporáneo como hace La carretera, sino a un habitante del propio mundo propuesto.
Sin embargo, La carretera tiene una capacitad más grande para resultar empática con el posible lector, ya que de difícil forma podíamos identificarnos con el código de normas deshumanizadas que regían el mundo de Plop, y en La carretera nos encontramos con el sentimiento universal de un padre que desea proteger a su hijo.

Sé que el haber visto antes la adaptación cinematográfica ha hecho que disfrute menos de La carretera: el mundo propuesto por McCarthy ya era territorio conocido para mí, y en esta novela predomina fuertemente la narración del puro movimiento respecto a la reflexión; así que básicamente era como si estuviese leyendo el guión de la película (he podido descubrir qué escenas no se llevaron a la pantalla: en realidad, la adaptación es muy fiel, y sólo tiene alguna supresión).
Quizás también debería apuntar que uno suele esperar mucho de un libro del que se ha hablado tanto y que ha llegado a ganar un premio importante como el Pulitzer de 2007, y que las altas expectativas a menudo llevan a la decepción. Y al revés: si La carretera estuviese escrita por un autor desconocido hace 30 años, un autor que murió en la pobreza -por ejemplo en 1986- y ahora alguien ha rescatado aquel libro que casi no tuvo difusión y lo ha traducido al español y aquí lo comercializa una pequeña editorial –y no ha habido ninguna película- seguramente yo diría en el blog que es un libro que merece mucho la pena.

En todo caso, después de algunos titubeos iniciales, debidos a lo simple que me parecía el lenguaje, y a esos puntos de fuga hacia la cursilada (recordemos el exceso de corazones), he acabado, al acercarme a la mitad del libro, por entrar en la historia y poder disfrutarla más. Pero la he disfrutado como lo que realmente es: una novela de género (una novela visual de acción).
Así que por ahora Cormac McCarthy me está pareciendo un excelente guionista cinematográfico, del que en algún momento me gustaría leer La trilogía de la frontera, de ella –recuerdo haberlo leído en Entre paréntesis- que Roberto Bolaño hablaba muy bien.

25 comentarios:

  1. Hola, yo lei el libro en francés y luego vi la pelicula que, aparte de un sensacional Mortensen, me pareció un bodrio en comparación con el texto literario, buscando simplemente el impacto visual. Me pareció una adaptación muy pobre de un libro que a mi me sobrecogió en cada página. Me imagino que hice una lectura muy visceral porque tengo un hijo pequeño y Mc Carthy consiguió ponerme de su lado desde el principio desde un punto de vista muy atávico como es la paternidad sin caer en ninguna cursilería. Quizas la traducción francesa me ahorró algunos "corazones". el libro creo que contiene símbolos muy interesantes, el carrito de la compra por ejemplo... que hace que sea algo más que una historia entretenida. Saludos

    ResponderEliminar
  2. Vaya... Haciendo chistes a mi costa! Sabes que te puedo demandar por esto, verdad? Te salva que ya estaba sobre aviso.

    Bueno, yo estoy con malatesta. Quiero decir que estoy de acuerdo con él, no que estemos juntos. Yo el libro lo leí al poco de nacer mi hija y las pasé putísimas. Tuve que dejarlo por la mitad. Tiene gracia, esta anécdota la cuento en mi reseña de Plop (que precisamente “rescataré” hoy). Da igual. El caso es que a mí la carretera me sedujo desde el minuto cero pero siempre la he entendido como una debilidad personal ya que nunca, de toda la gente a la que se la he prestado o con la que he hablado, me encontré con nadie a quien le afectara tanto como a mí. Será que yo soy todo corazón (chiste fácil) y los demás no.

    Respecto a la reflexión... hombre, no sé, yo creo que sí se puede hacer y muy interesante, además. ¿Que no lo hace el autor? Cojonudo, uno menos a opinar. Al final lo mejor de esto es la propuesta de debate y este libro me propone una cuestión a la que nunca he podido dar respuesta: ¿cómo prepararía yo a mi hija en ese mundo apocalíptico? Preguntón.


    ResponderEliminar
  3. Venga pues yo voy a llevar la contraria a Malatesta y a Carlos. Me leí el libro y, quizás porque yo no tengo hijos, me pareció muy flojo narrativamente hablando. Te lo daba todo mascadito, no dejaba interpretar nada al lector tipo (no es una cita, pero en el recuerdo que tengo de su lectura frases de este tipo me sacaban de quicio): "apuntó al niño con la pistola. Dudo entre matarlo o no. Puede que si lo matara, el niño dejaría de sufrir." Ya sé que duda entre matarle o no, de hecho, lo piensa y lo apunta con la pistola unas cuantas veces a lo largo del libro, no hace falta que me lo expliques, ya lo estoy viendo y deduciendo yo solo.

    Por otra parte, cuando vi la película sí que me produjo congoja. Pasé realmente un mal rato; estuve incómodo, con un ligero malestar durante todo el film.

    Con esto no digo que el libro me pareciera malo, ni mucho menos, pero desde luego no tan bueno como me lo esperaba (un poco como creo que te ha pasado a ti, David).

    ResponderEliminar
  4. José Martínez Ros20 de agosto de 2012, 9:12

    Hola. Creo que com Mccarthy has empezado –literariamente- por el final, ya que tanto La carretera como No es país para viejos son obras de la última década de un autor que nació en 1933. Si lees sus libros en orden cronológico –más o menos- te darás cuenta que ha evolucionado de una prosa muy compleja y “faulkneriana” a un lenguaje más ligero y elíptico. Prueba con la que se considera justamente su obra maestra (también por Bolaño) “Meridiano de sangre”, que Harold Bloom citó como una de las diez novelas norteamericanas más importantes de la historia, y te encontrarás con un autor muy distinto y que, creo, te interesará aún más. Saludo y buen verano.

    ResponderEliminar
  5. Buenos días,

    uy, cómo me gustan las conversaciones sobre McCarthy. Creo recordar que, en un principio, intenté leer "Meridiano de sangre". Me apetecía mucho disfrutar del western en un libro. McCarthy me dio la violencia y la crueldad que necesito para sentirme a gusto entre páginas, pero, joder, tuve que dejar la novela porque (venga, voy a decirlo), me pareció que este señor no sabía narrar, me pareció excesivamente torpe. De faulkneriano, como alguien ha comentado por ahí, no encontré nada, por cierto. Tiempo después, cayó en mis manos "La carretera". Mi sensación fue la de que este señor por fin había aprendido a narrar, al llegar a la vejez. Lo pasé bien con la novela, con su ritmo hipnótico, con su economía de recursos, pero el final truncó toda la historia. Nadie ha comentado nada del final y no lo comprendo, porque a mí me parece que acabar una obra así deshace todo lo conseguido hasta el momento. Me pareció una auténtica decepción que me negó una catarsis final.
    En cuanto a Pinedo, yo también apuesto por él. Me parece mejor y más original que McCarthy. Escribe mejor y da más miedo. "Plop" es una joya. ¡Viva el apocalipsis!

    Saludos.

    ResponderEliminar
  6. Pues sí, el final es una cagada, pero de esas cosas no se debe hablar; no sería justo con los demás.

    Yo también interrumpí la lectura de Meridianos de Sangre aunque a mí sí me estaba gustando como narraba el amigo McCarthy. La dejé porque yo soy así. Cuando me gusta mucho un libro, lo dejo. Manías. Bromeo. Lo dejé porque aunque me parecía muy bueno no me apetecía nada leer en aquel momento algo así. No me digan que no disfrutaron ustedes con el primer ataque de los indios. Es uno de mis pasajes favoritos, así, de la literatura en general.

    ResponderEliminar
  7. Sí, "Meridiano de sangre" tenía sus momentos, pero esos momentos estaban hilvanados entre sí de un modo que me pareció poco convincente. En cuanto al final de "La carretera", joder, les estoy haciendo un bien a sus hipotéticos lectores. Es más, considero que la portada debería llevar una pegatina que nos avisara de que el final es una mierda, una pegatina como esas que dicen "best-seller", pero que en este caso pusiera "shit-ending".

    ResponderEliminar
  8. Hola, el final es un poco edulcorado pero como padre, les aseguro que me sentó bien saber que al menos cabía la posibilidad de algo de esperanza para el crío. Esto de ser padre hace que te vuelvas ñoño.

    ResponderEliminar
  9. Señor Malatesta, espere usted unos años a que me asiente y tenga hijos y quizá vea las cosas de otra forma, jeje. Aunque yo juraría que no me hacen falta hijos para ser un ñoño.

    ResponderEliminar
  10. Sí claro, como padre sienta bien. Yo también sentí cierto alivio y de hecho siempre creí que esa había sido la intención del autor. Lo coherente hubiera sido acabarlo como todos sabemos que se tenía que acabar, pero, diablos, después de tanto sufrimiento casi casi casi lo agradeces.

    Y a ver si nos dejamos de ñoñadas. Propongo que le montemos un dios aquí al amigo David. Este verano es una mierda. No hay ninguna bronca en ningún blog.

    Miedo, ¿que pasa con ese post de Batman? ¿Sale o no sale? No será por falta de tiempo, no me joda.

    ResponderEliminar
  11. Bueno, pues yo digo que disfruté con La Carretera y que el final me pareció suficiente, no una cagada. En general paso bastante de los finales, a no ser que sean muy buenos.

    Por cierto, entiendo perfectamente a los que eran durante la lectura del libro padres recientes. Qué sufrimiento: la novela le pone a uno en una tesitura que llega a bloquear mentalmente, sobre todo en la última parte del libro, hasta que llega el final. Y volviendo al final... otro hubiera sido tan despiadado que merecería el calificativo de gratuito: hubiera sido como no contar nada.

    Una última cosa, David: yo no pondría comas entre los dioses del párrafo que indicas. Procuro utilizar la coma sólo cuando es imprescindible, cuando su no utilización hace ambigua la lectura de la frase en cuestión.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola a todos!, llego un poco tarde a los comentarios, pero descubrí este espacio hace relativamente poco tiempo y estoy "devorando" las entradas...
      Respecto a la famosa "coma fantasma" de esa hermosa frase, yo leí la novela a principios de este año en su inglés original (Edición de Alfred Knopf, New York, 2012) y tampoco aparece! Al principio pensé que también faltaba una coma entre ambos "God", pero luego de releerla varias veces me gustó como sonada, cómo le daba cierta continuidad a la frase.
      ¡Excelente espacio para compartir y descubrir lecturas!
      Saludos cordiales desde Argentina.
      Carlos

      Eliminar
    2. Hola Carlos:

      Bienvenido a este espacio.
      Como puedes ver mi interés por la literatura de Argentina es muy grande.
      Y mejores libros que "La carretera" me parecen "Plop" de Pinedo y "El año del desierto" de Mairal; espero que los hayas leído.

      Pues encantado de que comentes.
      Saludos

      Eliminar
    3. Hola David, ¡gracias por la bienvenida!
      Aquí en Argentina, por alguna razón que se me escapa, los libros de Pedro Mairal están todos agotados. De "El año del desierto" alcancé a leer el primer capítulo que el mismo autor ha publicado en formato pdf en su blog personal. Por supuesto, quedé absolutamente enganchado; así que ahora estoy presionando a un pariente que vive en México y me consiguió una edición de Stockcero que espero me llegue pronto. Apenas lo lea seguro que lo comento aquí.
      Respecto a "Plop", lo acabo de comprar a raíz de tu reseña en el blog. También te diré algo apenas lo lea.
      Volviendo a Pedro Mairal, me acaba de llegar una novela escrita con sonetos que publicó en Editorial Orsai (editoralorsai.com, te recomiendo ese sitio) que apareció por entregas bimestrales en la revista Orsai durante todo el 2012.
      Te mando un abrazo y seguimos "leyéndonos".

      Carlos

      Eliminar
    4. Hola Carlos:

      Plop es un libro que impresiona, bastante menos "amable" que La carretera, si La carretera era un libro amable.
      Si La carretera te gustó yo creo que Plop y El año del desierto te van a gustar más.

      Leí otra novela de anticipación apocalíptica de una escritora española, colgaré la entrada la semana que viene. Estaba bien pero no a la altura de las comentadas.
      Y ayer acabé un libro de un argentino que no se encuentra aquí (salvo un libro), la única novela de Elvio Gandolfo, Boomerang; que me ha gustado bastante. Creo que se ha reeditado hace poco en Argetina.

      Pues que disfrutes de tus lecturas.
      Un abrazo
      David

      Eliminar
    5. Hola David,

      Gracias por las recomendaciones. A Elvio Gandolfo lo tengo en "lista de espera"; nunca leí nada de él. Últimamente vengo comprando libros y tomando nota de autores y títulos con mas velocidad de la que consigo leer luego.
      Ya que estamos recomendando, y aprovechando que te interesa la literatura argentina, me permito recomendarte a un autor de mi provincia (Córdoba) que a mí me gusta mucho: Juan Filloy. Se trata de todo un personaje (se jactaba de ser el único escritor en haber vivido en 3 siglos diferentes, todas sus obras llevan títulos de 7 letras, escritor compulsivo de palíndromos, entre otras rarezas...) con una vasta obra, apenas conocida y mucho menos reconocida en mi país (a pesar de eso, la editorial El Cuenco de Plata hizo una re edición hace algunos años de parte de sus trabajos). No sé que posibilidades tendrás de conseguir algún libro de él en España, pero te recomiendo dos novelas: "Caterva" (publicada en 1937, a la que el mismo J. Cortázar menciona en su legendaria "Rayuela") y "Op Oloop" de 1937.
      Si se te complica conseguirlos allá me dices y algo inventamos para enviártelas desde aquí.

      Otro abrazo,

      Carlos

      Eliminar
    6. Hola Carlos:

      A mí me ocurre igual: se me acumulan los libros que compro de forma obsesiva.

      Estoy seguro de haber hojeado libros de Juan Filloy en alguna de las dos librerías de libros hispanoamericanos de Madrid. No sé si está en la editorial Adriana Hidalgo, que distribuye en España. Había leído las contras y las solapas. Apunto los títulos que me das para más adelante.

      Abrazo
      David

      Eliminar
  12. Hola, David.

    Bueno, saludos a todos, claro. Comentaba ayer -algún problema hubo y no se publicó- que a mi el libro sí me gustó y que estoy en desacuerdo con la opinión predominante aquí: que el final es malo. A mi me parece bueno, sobre todo teniendo en cuenta el resto del relato. El librero también lo leyó siendo padre primerizo y su lectura llegó por momentos a ser insoportable, hasta el punto -como le ocurriera al amigo Carlos- de tener que cerrar el libro durante el último tercio. Su final sí fue catártico.

    Otra cosa, David. Yo no pondría comas entre los dioses a los que haces referencia. Pero creo que es cuestión de uso, mientras que no sean imprescindibles cuestión de estilo.

    ResponderEliminar
  13. Perdón, me refería a las comas: mientras que no sean imprescindibles su uso es cuestión de estilo.

    ResponderEliminar
  14. Jejejeje, señor Tongoy, con lo de Batman me he venido abajo. Lo dejé pasar y, la verdad, se me había olvidado. Debería retomarlo ahora que tengo tiempo, pero cuando tengo tiempo suelo hacer pocas cosas, me vuelvo un vegetal. Ahora mismo vivo en un agujero, aquí no hay murciélagos, pero, al menos, tengo una conexión a Internet y un bono de Filmin para ver películas.

    ResponderEliminar
  15. Bueno, no pasa nada, ya encontraremos el modo de rajar. Será cuestión de leer algún libro que tenga algo que ver con el murciélago, aunque sólo sea remotamente.

    Ahora me voy a su blog, a tocarle un poco los cojones mientras me tomo el café.

    Perdona, David, ya nos vamos. Y tú tranquilo, no hace falta que vengas, ya nos servimos nosotros.

    ResponderEliminar
  16. Hola a todo:

    Vaya, cuando se monta una pequena polemica en mi blog casi me la pierdo. Deje la resena preparada, ahora estoy en San Francisco en una biblioteca publica, usando un ordenador que solo se puede usar 15 minutos (ya me mira mal el siguiente que espera), y como podeis ver tiene un teclado ingles.

    Estoy dispuesto a leer algo mas de McCarthy. De hecho casi me compro una postal con una foto suya en la libreria de los beatnik, Ciy Light, al final me compre la de Primo Levi.
    Y creo que si no hubiese vito la pelicula antes la lectura del libro hubiera sido diferente, pero tambien creo que esta narracion tiene algunas concesiones al bestseller.
    Y al final vais a montar una polemica sobre la paternidad!!! Nos estamos haciendo mayores.

    En casa, si acaso, comento, mas. Me voy a cruzar de nuevo el Golden Gate para llegar a Sausalito.
    Saludos

    ResponderEliminar
  17. Me toca:
    Comentaba Carlos F Romero que tal vez una lectura cronológica de la obra de McCarthy ayude a comprender mejor su escritura última. Puede ser pero si eso vale con este, debería valer con todos los autores y sería un coñazo.
    Mi opinión es que sólo con Meridiano de sangre este autor debería ser tenido en cuenta en la literatura del s.XX. Si se le añaden las tres novelas (sobre todo las dos últimas) que componen la Trilogía de la Frontera para qué seguir.
    En cuanto a La carretera, tengo pendiente una relectura porque aunque tampoco me gusta el final y en efecto hay errores en la voz narradora, me quedé con las ganas de poder decir que es otra obra maestra junto con Meridiano de sangre. Tal vez influyera la paternidad reciente, tal vez.
    No conozco la escritura de Pinedo. Admito que pueda preferirse Plop a La carretera. Pero compararlo con McCarthy supone comparar TODA la obra de ambos. Sin mirar apuesto por el de las ces.

    ResponderEliminar
  18. Yo solo he visto la película, que la verdad no me gustó demasiado, por eso creo que éste libro lo dejaré pasar.
    Besos

    ResponderEliminar
  19. Hola

    he vuelto a la biblioteca publica de la calle Chestnut, en San Francisco. Manana ya vuelvo a Espana, no quiero pensar en el viajecito de vuelta...

    Pues me apunto Meridiano de sangre. Hace no muchas semanas vi los libros de bolsillo de McCarthy en la cuesta de Moyano y casi compro todos, estaban a un buen precio.

    Por cierto, el otro dia se me olvido decir que en Sausalito se situa la primera escena de la ultima novela de Philip k. Dick, La transmigracion de Timothy Archer, y ya solo por eso yo iba alli emocionado.

    Y no se lo pierdan encontre en una libreria de segunda mano, ubicado en un antiguo fuerte militar, la primera edicion de Los detectives salvajes de Bolano por 8 dolares. Me senti como si estuviera robando al comprarla. Creo que he hecho el negocio de mi vida.

    saludos

    ResponderEliminar