domingo, 22 de marzo de 2020

Unas reflexiones sobre la existencia (y no existencia) de mi última novela


Empecé a escribir mi novela “Caminaré entre las ratas” en julio de 2014 y la di por finalizada en enero de 2017. Me dediqué a buscar editorial para ella a partir de enero de 2017 y conseguí que un editor me diera su visto bueno en diciembre de 2018. Su fecha de edición iba a ser a finales de 2019. En el mundo editorial es habitual que los plazos se alarguen, así que su fecha definitiva de aparición ha sido marzo de 2020.
Dos años y medio para escribirla, dos años para encontrar editor y un año y cuatro meses esperando para que se publique.
De un modo inesperado e inoportuno, más o menos la llegada de la novela desde la imprenta al almacén de la editorial ha coincidido con el cierre de comercios en España, entre ellos las librerías. Así que a día de hoy, “Caminaré entre las ratas” es una novela nebulosa, una novela que se debate entre la existencia (ya hay ejemplares físicos del libro) y la no existencia (no se puede comprar en una librería).

Empecé a escribir “Caminaré entre las ratas” poco después de cumplir cuarenta años. Me dije entonces que ya era el momento de escribir una novela ambiciosa. Quería escribir una novela donde cupiera todo lo que yo sabía de la vida: quería hablar de lo público y de lo íntimo; del mundo laboral, de la familia, de la religión, del sexo, de la amistad, de la política, del amor, del sueño artístico… Mis modelos eran esas potentes voces narrativas del mundo norteamericano, los personajes de las novelas de Saul Bellow o Philip Roth. Como Roth, quería hablar de todas las facetas de la vida de un hombre. También quería hablar de sexo y decadencia como Michel Houellebecq, mi modelo europeo para este libro. Pensé que para ser ambicioso necesitaba serlo al menos en el número de páginas que iba a escribir. Ser un escritor de aluvión, a lo Thomas Wolfe. La versión final de la novela que mandé, durante dos años, a las editoriales era de 152.000 palabras; en un formato de libro convencional, con la letra no demasiado pequeña, podemos estar hablando de una novela de unas 500 páginas. En el formato de Carpe Noctem (la editorial que publica el libro) ocupa 343 páginas. Trabajando con los editores, acabé suprimiendo unas 20 páginas de la versión final. Además, el formato de Carpe Noctem es de página amplia y permite que no se necesite un número excesivo de ellas para publicarla, lo que ha jugado a mi favor aquí.

Les propongo, queridos lectores del blog, un sencillo y prosaico cálculo: en una editorial convencional un libro de 150 páginas cuesta unos 15 €. Si el libro tuviera 450-500 páginas debería tener un precio (descontando los costes fijos de las tapas) cercano a los 45 €. Todos sabemos que los libros de 450 páginas no los venden, normalmente, a 45 €, sino a unos 24. ¿Se entiende que para un editor publicar un libro con un gran número de páginas es un problema comercial? En los viejos tiempos del blog de El lector Malherido, Alberto Olmos especulaba sobre una idea curiosa: ¿por qué los nuevos autores de lengua española no escribían novelas largas?, ¿por qué no tenían esa ambición que pudo tener en su momento Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa? Una posible respuesta a la pregunta es que las novelas largas son discriminadas por los editores. Alguna de las editoriales medianas a las que envié el manuscrito me lo confesaron directamente: al abrir el archivo y ver su extensión pasaron a analizar otra propuesta. Yo esto ya lo sabía (al fin y al cabo estudié Empresariales) antes de empezar a escribir este libro y no me importó. Las leyes del mercado no iban a frenar mi ambición. En cierto modo, el mercado editorial penaliza la ambición literaria (o al menos la ambición literaria de los escritores no consagrados).

“Caminaré entre las ratas” está ambientada a finales de 2013 en Madrid, y trata sobre la última crisis económica del país (2008-2014). Esta idea amplia y social está entremezclada con la crisis personal que atraviesa un hombre a punto de cumplir cuarenta años. Las ratas del título representan, como símbolo expresionista, los sinsabores que tuvieron que soportar muchos ciudadanos por aquella época, además de la angustia creciente que sufre el protagonista. Hablo del tejido empresarial madrileño y de los riesgos del sexo a través de internet, por ejemplo; o de la presión de la familia sobre el individuo o de los estereotipos.

Hablaba antes de la extensión del libro, algo que no tiene por qué implicar calidad artística, por supuesto. ¿He conseguido escribir un libro similar a los de Saul Below, Philip Roth o Michel Houellebecq? La respuesta es que no. Lo he intentado y he fracasado. Como ocurre siempre en un empeño artístico. Lo decía Roberto Bolaño: «El artista pone sobre la mesa su vida, sabiendo de antemano, además, que va a salir derrotado. Esto último es importante: saber que vas a perder.» Considero que no merece la pena sentarse a escribir una novela sin tener verdadera ambición, un esfuerzo pequeño solo ha de conducir a resultados pequeños. Uno debe empezar a escribir un libro como si fuera capaz de llegar a los logros de Pastoral americana o Herzog. Y uno debe saber que siempre va a fracasar. Pero un esfuerzo grande puede conducirnos a un fracaso menor. Esta vez creo haber caído desde más alto. Esta vez he fracasado más, he fracasado mejor.



Empecé con el blog en 2009. Comento desde hace casi once años un libro a la semana. Las reseñas me sirven para reflexionar sobre lo leído, y que así mejore mi propia escritura. También, por supuesto, para hablar de libros con otros lectores. Además de lo expuesto, otro motivo para abrir el blog fue tratar de promocionar mi propia obra. En 2009 pensé que si alguien me seguía en el blog, alguien que pensase que hablaba con propiedad de libros, cuando aparecieran los míos podría sentirse interesado por ellos. Las estadísticas del blog son buenas, con una media actual de unas 400 visitas diarias y más de 1,3 millones en total. Pero la trasferencias de visitantes al blog a personas que comprar mis libros es ínfima, irrelevante. Alguna vez he reflexionado sobre esto, ¿por qué no funciona conmigo el escaparate del blog como funcionan para otras personas sus cuentas de Instagram o sus redes sociales? He pensado que se debe a que el lector de Desde la ciudad sin cines es un lector que cree en las categorías literarias y que da una importancia fundamental a la editorial en la que aparezca el libro. He pensado que si consiguiera que alguna de mis novelas apareciera, por ejemplo, en Anagrama, sí la comprarían los lectores del blog. Sí pensarían entonces que lo que yo he podido escribir merecería la pena. Entonces sí que se podrían transferir de un modo significativo las visitas al blog a la venta de mis libros.

No voy a ser yo quien diga que los libros de Anagrama son malos, porque no lo son. De hecho, pienso que su nivel es muy alto, y eso siempre me hace tratar de esforzarme más para escribir mejor. Pero también me apetece hoy contaros algo, estimados lectores del blog, que normalmente callo. A mí me ha ocurrido que he escrito a editoriales para pedirles libros que reseñar y me los han mandado gratis y encantados. Luego les he comentado a estas mismas editoriales que había acabado una novela y que si se la podía enviar y me han dicho que sí. Lo he hecho y nunca me han vuelto a contestar nada sobre ella. No me la han rechazada, simplemente nunca más se supo. A los seis meses les he pedido otro libro de los que han publicado para reseñar y me lo han enviado gratis y encantados. Les he preguntado entonces por mi manuscrito y no me han contestado. Yo soy el chico del blog que reseña sus libros, el envío de mis manuscritos tiene lugar, entonces, en otra dimensión paralela e irrelevante. La persona que "sabe leer" los libros no puede ser la misma que "puede escribirlos", parecen indicarme.
He tratado de conseguir también para este libro una agente literaria. Ninguna me hizo el menor caso. Una de ellas me pidió que le resumiera la trama y las intenciones narrativas de “Caminaré entre las ratas” en tres folios. Lo hice. En esos tres folios expliqué que esta novela era una novela total, una novela que hablaba sobre lo social y lo íntimo, sobre todo lo humano y todo lo divino. La respuesta fue clara y escueta: «No lo vemos para nosotros». Es una respuesta literal, sin leer el libro. Por supuesto, mis sueños y mi ambición pueden chocar con la realidad, pero ¿cómo tras leer un resumen de tres páginas sobre una novela que te dicen que habla sobre todo lo divino y todo lo humano se puede decir que eso no encaja con el perfil de libros que buscan? Creo que era más bien yo, y no mi novela, quien no encajaba con el perfil de escritores (y no de libros) que buscaban.

Os sigo contado, queridos lectores del blog, que tras una semana de confinamiento en mi casa, de dar clases a mis alumnos de forma online, me siento desatado. Durante estos once años de blog, he estado en alguna fiesta de escritores. No en muchas, pero sí en algunas. He observado en ellas que los escritores más punteros suelen ser personas muy sociables, personas que parecen dedicar más tiempo a las relaciones sociales que a leer y escribir; personas que de forma frecuente quedan con otros escritores, con editores… en el tiempo que yo estoy en casa leyendo y puliendo mis manuscritos invisibles. Yo en esas fiestas he sido el chico introvertido de siempre, aquel al que en el instituto le costaba relacionarse y se quedaba en casa leyendo y escribiendo. Es sorprendente ver en las fiestas de escritores cómo, en gran medida, los más exitosos son aquéllos que siguen siendo los reyes que fueron en el instituto. A los dieciocho salían mucho, a los treinta y ocho escriben libros, que es una actividad de repente prestigiosa. En gran medida, las técnicas para convencer de lo bueno que es lo que has escrito a los treinta y ocho son las mismas que usaban para ligar a los dieciocho en la discoteca. «El mundo es para los que nacen para conquistarlo y no para los que sueñan con conquistarlo», decía Pessoa. Los que no alcanzamos el prestigio literario, en más de una ocasión se debe a que no tenemos el suficiente talento, pero también y –paradójicamente– a que perdemos demasiado tiempo leyendo y escribiendo. Luego (sigo con Pessoa) nos dedicamos a llamar a la puerta de una pared sin puerta.

Llevo once años escribiendo reseñas en este blog. Nunca he puesto anuncios, no sé si se gana mucho con ellos o migajas, pero me parecía que los anuncios lo iban a afear. Empecé soñando con que los lectores del blog se iban a sentir interesados por mis libros cuando los publicase, independientemente de la editorial en la que saliesen, porque considerarían que mi esfuerzo por interesarlos era honesto.
Mis editores de Carpe Noctem (a los que nunca vi en las fiestas de escritores y editores) han puesto su dinero para publicar un libro extenso en el que han creído. Todos los ejemplares de “Caminaré entre las ratas” descansan en un almacén. No sabemos cuándo podrán llegar a las librerías, ni si cuando lleguen se venderá alguno. Le he dedicado a “Caminaré entre las ratas” dos años y medio de escritura y reflexión. He sido honesto en esta novela, me he dejado la piel en esta novela.
El libro no está en librerías, pero se puede comprar por internet. Es posible que aún no haya llegado a las plataformas grandes como Amazon o La Casa del Libro, pero se puede comprar en otras más pequeñas como Agapea Libros, que lo ofrecen con un 5% de descuento y sin gastos de envío. El otro día yo compré mi propio libro en Agapea, para ver si era real, para comprobar si existía, y me llegó en menos de 24 horas. Me fue entregado por un señor que cumplía con todos los requisitos de seguridad antivírica.
Quizás, querido lector de Desde la ciudad sin cines, si te han gustado los contenidos de este blog durante tantos años, y has pensado que eran de calidad, que quien los escribía sabía de qué estaba hablando, éste sea el momento de creer en las personas y no en las categorías literarias y corresponder a lo que yo te he podido aportar con el gesto de comprar y leer mi último libro, el más ambicioso de todos los que he escrito. Aquí dejo el enlace a Agapea:


Si lo tienes en consideración, muchas gracias por ello, amigo.

16 comentarios:

  1. Nunca te había leído, pero si no fuese tan pobre como las rayas de tu título, compraría tu libro solo por esta entrada del blog. Mucho ánimo y suerte. La mayoría de la gente no tiene ni puta idea de nada y además es injusta.

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  2. Hay varios aspectos que me gustaría comentar, David, como lector tu blog. Para comenzar, diría que la suposición de que una gran editorial relacionaría tu labor como reseñador de sus libros con tu faceta de novelista para publicarte (o leer tu novela, al menos) era harto aventurada. Sencillamente, eso no tiene por qué ocurrir, salvo, claro, que fueras un youtuber o tuitero con cientos de miles de seguidores. Entonces, lo más probable es que lo que menos le interesara a la editorial sería la calidad de tu literatura. Por otro lado, tampoco veo una relación inmediata entre que haya gente que siga tus reseñas y que esa misma gente compre tu novela. A veces, leyéndote a ti, a Olmos o a cualquier otro/a, me siento impelido a comprar tal o cual novela, pero no las novelas del reseñador/a. Terry Eagleton es un excelente crítico literario (entre otras virtudes y facetas), muy famoso y prestigioso, y sé que tiene una novela publicada, pero no siento mayor interés en leerla. En todo caso, ya la tienes publicada. Ahora te queda que la gente (y otros reseñadores/as) la lea y la critique y, si le gusta, la recomiende. No sería la primera vez que una novela publicada por una editorial pequeña obtiene reconocimiento y público. También es cierto que la publicación ha llegado en mal momento, eso es verdad. Un saludo, y ánimo.

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  3. Hola Ubaldo:

    Nada tiene relación con nada.
    Gracias por tu lectura comprensiva de estas palabras y saber animarme tan bien en estos momentos raros de confinamiento.

    Saludos

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  4. "No me la han rechazado, simplemente nunca más se supo". Esto es precisamente, David, lo que no acaba de entender mucha gente. Hubo tiempos (no los viví yo, desde luego) en que las editoriales TE RECHAZABAN (!). Los escritores noveles podían quejarse entonces, con razón, de haber sido desestimados. A día de hoy (y desde hace ya años) el rechazo es casi una pequeña victoria, porque implica que por lo menos TE HAN LEÍDO (!)
    En fin: cariñosamente te asisto en el cabreo.
    Mucha suerte con la novela.

    Saludos,

    Ángel.

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    1. Hola Ángel:

      Yo anoto cuando mando un manuscrito a una editorial y cuando me lo rechazan. Pero hacer esto es cada vez más difícil, porque ahora mismo la mayoría de las editoriales ya no se molestan en contestar. A mí me sienta mucho mejor que me rechacen a que me ignoren. Si te rechazan te han tomando mínimamente en serio.
      En los 90, cuando yo mandé a las editoriales mis primeros manuscritos me sorprendió que lo rechazaran y que mandaran de vuelta el original. Eso se perdió pronto.
      Creo que ayer estuve demasiado vehemente. Era un domingo triste.
      Muchas gracias por tus palabras, Ángel.
      Saludos

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  5. Ya está pedida. Tardaré dos o tres semanas en empezar a leerla porque tengo mucho acumulado, pero cuando la acabe me gustaría hacer una reseña. Lo cierto es que cuando leí "Los insignes" disfruté mucho de tu escritura y, aunque no la reseñé, se la recomiendo a mucha gente cada vez que el tema de la poesía o las editoriales sale a la luz en cualquier conversación. Mucho ánimo estos días y trata de no enloquecer con la cuarentena. Y, por favor, sigue escribiendo. Siempre.

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    1. Hola Lucas:

      Muchas gracias por tus palabas. Me alegra mucho que te pudiera gustar "Los insignes" y que fuera una novela que recomendaras. Muchas gracias por ello.

      Espero de verdad que si lees "Caminaré entre las ratas" te haga disfrutar.

      Un abrazo

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  6. Hola, David.

    Te leo desde hace varios años porque me pareces un gran reseñista: escribes bien, transmites honestidad y dejas una idea clara del libro que comentas (me parece que alguna vez intercambiamos algunas palabras por este medio).

    Me impresionó y me conmovió mucho tu entrada. Me impresionó porque tus entradas suelen ser mucho menos vehementes que estas, mucho más medidas, moderadas. Y me conmovió porque a través de una serie de anécdotas transmites el triste y angustiante en que se encuentren los españoles por ese maldito bicho.

    Comprendo y comparto todo lo que cuentas sobre el mundo editorial (no todo el mundo, evidentemente) y sobre las relaciones públicas, que detesto tanto.

    En fin. Mucha suerte con tu novela, pero sobre todo con tu salud y con la de toda tu gente cercana y la de todos tus compatriotas. Abrazos desde México, donde el bicho comienza a multiplicarse, aunque algunos insensatos siguen diciendo que no hay tal coronavirus, que todo es una conspiración, que qué incrédulos somos.

    Saludos.

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    1. Hola Danie:

      Además del confinamiento en casa, se me ha unido el hecho de que hace unas semanas falleció mi madre de un modo inesperado. Una parada cardiaca a sus 70 años y estaba en apariencia sana. Tomé unos días libres en el trabajo para estar con mi padre y el lunes, que volví al colegio y quería algo de rutina, recibimos la noticia de que los alumnos se iban a casa, y la semana siguiente nosotros también.

      Como dices creo que fui aquí el domingo demasiado vehemente. Realmente no todos los escritores con éxito son "solo" relaciones públicas. Creo que me dejé llevar también por la voz narrativa de la novela, que es la de un escritor que escribe y que no tiene éxito y que está mucho más rabioso que yo (normalmente).

      Suerte en México con lo del coronavirus. No os lo toméis a poca cosa, porque es un problemón. He visto cosas que no creía que iba a ver. El Palacio de Hielo, que es un centro comercial con una pista de patinaje, que está al lado de la casa de mis suegros, ha pasado a ser una morgue gigante. Donde se patina normalmente ahora se acumulan los ataúdes. Es de ciencia ficción.

      Saludos

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  7. Hola David,
    Como un lector más de tus obras intenté conseguir tu nueva novela, pero la página de "Agapea" dice "título sin existencias". En Casa del Libro parece que sí la tienen, pero un problema del trámite (que no viene al caso detallar) no me deja comprarla. Estaré mirando otras formas...
    Por otro lado, tus obras me han sido una referencia personal para saber mejor qué piensan los escritores españoles de nuestro tiempo. No sé por qué me da la sensación de que así yo los comprendo mejor.
    Suerte para ti y para tus seres queridos.

    Un abrazo

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    1. Hola Maní:

      Me alegra volver a saber de ti. Me acuerdo mucho de la ilusión que me hizo que leyeras "Acantilados de Howth" hace ya tantos años. En cierto modo creo que he tratado de repetir lo que hice allí con la crisis de los 30, pero ahora de los 40. Espero haber aprendido a escribir mejor y que ahora el libro sea realmente más ambicioso.

      Creo que por ahora algunas páginas de distribución de libros tienen algún problema logístico. En Madrid está todo patas arriba.
      Muchas gracias por ese interés. De verdad que lo aprecio mucho.

      Un abrazo

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  8. Emocionante entrada, David.
    Enhorabuena por ella, y por el libro, que tiene muy buena pinta.
    Todos los que escribimos nos vemos reflejados, en mayor o menor medida, en esa tradición que describes, en esa vocación que nos lleva a quedarnos en casa leyendo y escribiendo, robando tiempo al trabajo, la familia, el descanso, la vida. Viviendo por lo escrito.
    Quizá has puesto demasiada esperanza en considerar que los editores se movían por una vocación parecida. Pero se mueven buscando no se sabe muy bien qué y no se sabe muy bien cómo (ellos son los primeros que no lo saben, no nos engañemos).
    Disfruta del libro y sal a presentarlo cuando esta situación escampe. Yo lo pediré cuando todo esto se normalice.
    Un abrazo cuentista.
    Pablo E

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    1. Hola Pablo:

      Como decía más arriba, creo que me he dejado llevar un poco por la voz narrativa de la novela que es la de un escritor más frustrado que yo (creo).

      Muchas gracias por tu interés.
      Un abrazo

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  9. Te deseo mucha suerte con tu libro porque se ve que es algo muy importante para ti, pero en este momento me parece que no se debería pedir por correo más que lo imprescindible, para no poner en peligro a carteros y repartidores. Saludos.
    José.

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    1. Hola José:

      Gracias por desearme suerte.
      Sobre lo de pedir libros por correo me parece que abres un debate interesante: ayer me dijo un amigo que le había llegado el libro y el repartidor no subió a casa. Se lo dejó en el portal. Me parece una medida correcta. Esta persona puede seguir trabajando y no parece que haya mucho riesgo de contagio.

      Desde la industria del libro han hecho un llamamiento a la compra de libros por internet. Un mes de librerías cerradas puede ser letal para muchos pequeños negocios, librerías, editoriales pequeñas, correctores, traductores...
      También puede ser letal que los transportistas tengan la empresa abierta y que no puedan facturar.

      Es posible que sea una buena idea que alguien compre libros por internet para tratar de ayudar al sector, y es posible que se pueda retrasar todo sin que este debilitado mercado por la última crisis económica aguante. O es posible que no. Me parece que hay debate, en cualquier caso.

      Saludos

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