jueves, 20 de noviembre de 2014

Puertas de atrás, por Eugenio Navarro Torres

Editorial Sorel & Bascombe. 52 páginas. 1ª edición de 2014.

Eugenio Navarro Torres (Granada, 1978) me escribió un mensaje en facebook, proponiéndome el envío de su nuevo poemario. En ese momento yo aún no conocía su nombre, porque siempre había interactuado con Eugenio bajo su pseudónimo de “El Céfiro”. Somos amigos en facebook (de esa clase de “amigos” de red social que nunca se han visto en persona) y en alguna ocasión habíamos intercambiado algún pequeño comentario en facebook, donde me enteré de que Eugenio había leído mi poemario El bar de Lee.

Puertas de atrás me llegó al buzón de mi casa hace algunas semanas. Me gustó la edición, muy sobria y elegante, y ese nombre que no conocía: Sorel & Bascombe Ediciones, con el apellido de dos ilustres personajes literarios ya despertó mis simpatías.

Como el mismo Eugenio nos cuenta en una nota autobiográfica final, publicó su primer poemario Sombras y olvido en 2009; en 2010 publicó junto a Juan E. Martín un nuevo poemario titulado Azeótropo. Después se ha embargado en más proyectos relacionados con la poesía y otras disciplinas artísticas (cine, imagen…). Así que Puertas de atrás es su tercer poemario, o segundo en solitario.

Al abrir el libro nos encontramos con tres poemas de composición y contenidos clásicos. Destaco de ellos el segundo:


LA NOBLEZA DEL VENCIDO

Hay una exigua luz que va animosa
en la ajada nobleza del vencido
como crepúsculo que elude el sueño
empeñado en blanquear cada rincón

de noche negra y de memoria frágil
para que nunca sepas con certeza,
para que siempre albergues el recelo
y que su duelo te lleve por vida

a no saber jamás si fue tu gloria,
ganada en realidad por derecho
o tal vez solo me dejé perder.


En estos poemas –sirva de ejemplo el que reproduzco- ya se marcan algunas de las obsesiones del poeta: el paso del tiempo, la derrota, la reflexión desde la inmovilidad…
Lo cierto es que me gustan más los poemas que completan la primera parte (titulada La luz que pretendemos), porque se encuentran más cercanos a mi propia poética: el autor sale de sí mismo y observa la realidad que le rodea; siendo aquí destacable la pincelada certera y urbana, muy del gusto de un poeta como Karmelo Irribarren, del que Eugenio se declara admirador en la nota final. De este grupo de poemas, destaco el siguiente:

SEPTIEMBRE

El aire de la tarde
huele a tierra mojada.
Las hojas se arremolinan,
juegan a estar vivas de nuevo
aunque en su baile se adivine
la tristeza hueca de los días.
Un viejo recorre con su mirada
las piernas de las jóvenes madres
tras los carritos que encaran
el camino de vuelta a casa;
y hay un pato impermeable
y solitario
que emite sonidos guturales
desde el lago.

Septiembre, el tiempo, la vida,
como si nada.


En la segunda sección del libro, titulada Esopo contra Descartes, nos encontramos con nueve poemas en prosa. En uno de estos poemas podemos leer: “un verso de Brines mariposeando en la cabeza y mucho frío” (pág. 31). Hace años leí algunos poemas de Francisco Brines; ahora gracias a la pista que me deja este verso he leído alguno más. Me percato de que mi intuición era correcta: la poesía sosegada y reflexiva de Brines se puede considerar una referencia clara de esta sección del libro, o de todo él. Destaco este poema, en el que podemos apreciar otro de los temas tratados, el del amor ido:


VENTA DE LA CEBADA

Los inútiles ventanales anunciaban un miedo antiguo por entre sus huecos. Todo el vidrio roto en pedacitos desparramado por el suelo soñaba en componerse para nuestros ojos. Y mientras la luz y el silencio. Aquel desvencijado butacón de sky vuelto contra la ventana. Huérfano rojo tapizado de polvo y perplejo. Como si alguien hubiese estado contemplando la fiesta desde su asiento y hasta la noche más larga. Se veía la playa. La sierra. Una torre. Casi pisamos aquel gato raquítico y huidizo que movió los cartones antes de salir disparado. Después nosotros.


En la tercera sección, titulada Contra el sexto mandamiento, nos volvemos a encontrar con una voz más coloquial, más directa, que rememora recuerdos sexuales de carácter más celebrativo que en composiciones anteriores; y que pueden hacernos pensar de nuevo en los versos de Irribarren. De ellos reproduzco aquí el primero:


ANA

Lo típico, nos presentó una amiga en común
una anodina mañana cualquiera de Otoño.
Luego nos vimos en la cabalgata de reyes,
en la facultad y en bares repletos de gente.

Los acontecimientos que te cambian la vida
a menudo pasan por cosas intrascendentes.


La quinta sección se titula La muerte era algo distinto, y el tono es similar al de la sección anterior, con poemas más coloquiales, que reflejan observaciones y reflexiones sobre el día a día, pero a diferencia de la sección anterior, sobre recuerdos sexuales celebrativos, aquí la visión del mundo del poeta es más sombría, entrando en juego los pensamientos sobre la muerte. Destaco el último de la sección, y por tanto del libro:


LA MUERTE ERA ALGO DISTINTO

Ella hacía correr la arena
entre sus dedos
una y otra vez
y mi mente se estremecía
con las bandadas de caballos
y pájaros salvajes.

Supe entonces que la muerte
era algo distinto, que la arena
y los animales seguirían deslizándose
en el tiempo invariablemente.

Entonces me zambullí
una última vez en el agua
antes de volver a tierra
y a lo que allí me estuviera esperando.


Como el lector habrá podido observar en este breve recorrido por Puertas de atrás -del que he tomado como muestra un poema de cada sección-, Eugenio Navarro Torres ha jugado en su libro a ser más de un autor y a dejarse llevar por más de una influencia y una corriente estética. Lo cierto es que a mí me gustan más los poemas del libro que son más cercanos, urbanos y narrativos (descripciones de encuentros amorosos, reflexiones sobre recuerdos, constatación de instantes observados…) frente a los más contemplativos y abstractos (texturas de la luz, del aire de la derrota…); pero, por supuesto, este comentario es puramente personal: a mí me gusta más la primera poesía descrita y con ella me siento más cómodo. Tal vez en el futuro, Navarro Torres se incline más por una corriente estética y sus próximos libros sean más compactos; éste, como muestra de inquietudes y búsquedas, resulta atractivo.


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