jueves, 10 de junio de 2010

Bajo el influjo del cometa, por Jon Bilbao


Editorial Salto de Página. 249 páginas. Primera edición de 2010.

De Jon Bilbao leí en 2009 su anterior libro de cuentos, Como una historia de terror. En mi búsqueda de nuevas editoriales, me había fijado en las cuidadas ediciones de Salto de Página, y tras leer las buenas críticas que había recibido este libro, avalado además por el premio Ojo Crítico de 2008, lo compré con altas expectativas. Estas no se vieron defraudadas, incluso me llamó la atención que un libro que me pareció de una calidad tan alta no estuviese editado por Anagrama o Tusquets; lo que acabó por abrirme a nuevos horizontes: existe vida más allá de Anagrama y Tusquets; editoriales pequeñas, aguerridas y con ánimo de permanencia en el difícil mercado editorial (esperemos que la crisis no se las lleve por delante, ya he visto que Salto de Página ha disminuido los títulos que saca por mes).

Como ya he contado aquí, el día del libro (23 de abril) estuve en el centro asturiano de Madrid, y pude comprar este nuevo libro de cuentos de Jon Bilbao e intercambiar dos frases con el autor mientras me lo dedicaba.

Aunque el listón era alto, Bajo el influjo del cometa no me ha defraudado. Los cuentos siguen siendo muy buenos y las técnicas narrativas empleadas son acordes al anterior libro, sin mostrar una clara evolución (no necesaria, por otra parte); o quizás, pensándolo otra vez, sí represente el último cuento un posible nuevo camino.

Bajo el influjo del cometa está formado por 8 cuentos, de los que uno (como ocurría en Como una historia de terror) podría ser casi una novela corta con sus 50 páginas, el titulado Soy dueño de este perro.

Bilbao es un gran escritor español de cuentos norteamericanos. El territorio de su escritura (ciudades con playa del norte, islas… que uno puede identificar como españolas, aunque no se diga ningún nombre) nos remite a las páginas de Raymond Carver, John Cheever, Alice Munro, Tobias Wolff, James Salter
Considero que el recurso técnico clave en estos cuentos es el de la connotación, de objetos o la mayoría de las veces de animales. Podríamos hacer un recorrido por los cuentos buscando la figura connotada: una biblia, un zorro, una ballena, un perro, una polilla, de nuevo un perro, un niño desaparecido y una obra artística… de ellos el lector debe deducir un mensaje oculto, ominoso… que va recubriendo el relato con distintas capas de intensidad y significados. En la página 55, Bilbao le hace afirmar a un personaje: “Soy una persona que concede importancia a las señales”.

También se hace patente el gran trabajo del autor con los detalles que dan vitalidad y credibilidad a lo narrado; así como su estudio de vocabulario técnico vinculado a determinadas profesiones o regiones cercanas a los personajes (el lector se encontrará con expresiones y palabras como “masilla epoxídica”, “tolva”, “rorcual”…).

La mayoría de los cuentos son de corte realista, y si, en la entrada en la que yo hablaba de James Salter, afirmé que los narradores norteamericanos no necesitaban valerse de grandes temas biempensantes para dar hondura a sus personajes, con Bilbao parece ocurrir lo mismo, y así, por ejemplo, titula un cuento de este despojado modo: Un padre, un hijo; quizás el más destacado del conjunto desde mi punto de vista, un cuento digno de cualquier antología de relato español, hispanoamericano (o norteamericano, lo que pretende ser un elogio).
Pero también a Bilbao le gusta coquetear con el género de terror o fantástico, e, igual que hacía en Como una historia de terror, las explicaciones de las narraciones se pueden deber a alteraciones psíquicas de los personajes -y ser entonces los cuentos enteramente realistas-, o la irrupción de lo fantástico en la narración. Estoy pensando en el titulado Soy el dueño de este perro, que tiene reminiscencias góticas, incluso.

En el último -otro de los que más destacados-, el que da título al conjunto, Bilbao opta directamente por lo neofantástico y nos habla de un suceso acaecido en un ficticio 1997, cuando amplias zonas del planeta se quedaron sin corriente eléctrica o agua al paso del cometa Hale-Bop, franjas nocturnas de oscuridad que parecían trazadas con una regla. Este cuento nos hablará de los comportamientos alterados de los personajes ante estas condiciones en una narración que me ha recordado, aunque con menor intensidad dramática, a la planteada por Comac McCarthy en La carretra (y estoy hablando de oídas y voy a usar una frase rara en mí: sólo vi la película y aún no he leído el libro).

Bajo el influjo del cometa es un gran libro. Es una pena que, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, aquí el género del relato breve no sea lo suficientemente apreciado y los lectores potenciales que podría tener esta obra se queden detenidos bajo el influjo de la novela.

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