Los nuevos, de Pedro Mairal
Editorial Destino. 435 páginas. 1ª edición de 2025
Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970) es
uno de mis escritores latinoamericanos actuales favoritos. He leído de él todo
lo que se ha publicado en España, desde que me acerqué a su primera novela, Una
noche con Sabrina Love (1998), que leí sobre 2002 en la edición de Contraseñas de Anagrama. Seguí, más tarde, su pista por Salto de Página y El Aleph,
las editoriales que le publicaron, después de Anagrama, en España, donde su
obra estuvo algo dispersa hasta que Libros
del Asteroide publicó La uruguaya (2016) y empezó a ser un
autor más conocido. Esto hizo que esta editorial rescatase toda su obra
anterior. Después de este éxito, en 2019 apareció otro libro en España, en este
caso de relatos y en la editorial
Destino: Breves amores eternos (2019), formado por dos colecciones de
relatos, Breves amores eternos (2019) y Hoy temprano (2001), que
unía su nuevo libro de relatos, con uno de 2001, inédito en España. Este
contacto con la editorial Destino, ha hecho que su nueva novela, Los
nuevos (2025) aparezca en ella.
Los nuevos está formada por cuatro
partes. La primera se titula Bandera de los veranos, y en ella
nos acercamos a la primera persona de Thiago, un joven de diecinueve años que,
en las primeras páginas de su relato, sabremos que se encuentra recluido en una
institución psiquiátrica, de la que está planeando escapar. Mientras conversa
con una psicóloga, recordará su historia. La psicóloga le insiste para que
escriba sus recuerdos del verano, cuyos sucesos le han conducido a la institución
psiquiátrica, para lo que le regala un cuaderno. «Otra razón por la que no
escribiría nada es porque tendría que hablar mierda de todo el mundo.», leemos
en la página 26. Es un recurso interesante este: Thiago no está escribiendo en
su cuaderno, pero piensa –y el lector acabará leyendo este texto sobre sus
pensamientos– en lo que escribiría en el cuaderno si escribiera. La madre de
Thiago se ha muerte de cáncer no hace mucho tiempo y el vive con su padre, la
nueva pareja de su padre (el padre y la madre estaban separados desde hacía
años) y Vini, el hijo de los dos, de cinco años. Durante el verano la familia
se traslada a La Lobería, un conjunto de cabañas cerca del mar, en el que gente
de clase media alta de Buenos Aires pasa por hippies, Thiago llama a La Lobería
«toldería chill out». Allí se va a encontrar con Pilar, una amiga de su edad,
con la que mantiene una relación intermitente o no del todo definida como
pareja, ya que Thiago tiene pluma y se siente atraído por los hombres. De su
discurso no acaba de quedar claro si es bisexual, o un homosexual aún no
reconocido ante sí mismo. Me gusta la descripción que hace Thiago del negocio
de Aguirre, un hombre que alquila caballos para pasear, y al que Thiago ha
ayudado durante los últimos veranos. Son muy bellas las descripciones que hace
de lo que le gustan los caballos. Esa idea de Thiago en una institución
psiquiátrica, despotricando de la falsedad del mundo de los adultos, me ha
recordado al tono reflexivo y desesperado de El guardián entre el centeno
de J. D. Salinger.
Al principio, había supuesto que Mairal iba a hablar desde su experiencia
personal y que sus personajes de diecinueve años, estos «nuevos» a los que
alude el título, lo iban a ser en 1989, cuando el propio Mairal tenía esa edad,
pero no es esto lo que ocurre en la novela. El tiempo narrativo de Los nuevos está apegado al de la
escritura de la novela; así, por ejemplo, la final del mundial de futbol de
Qatar, en la que Argentina ganó a Francia, y que tuvo lugar en diciembre de
2022, va a ser un hecho importante en la novela y que marca de forma clara el
espacio temporal. Al evocarse aquí la primera persona de jóvenes de diecinueve
años, Mairal usa para ellos un vocabulario cercano a la oralidad bonaerense de
ahora, pero esto ocurre, claro, de forma muy controlada, y, en general, el
lenguaje es evocador y poética sin ser recargado. Un rasgo de estilo es que las
palabras en inglés, así como los títulos de libros o canciones están en el
texto sin cursivas.
En la segunda parte, titulada My name is Bruno, conoceremos a
Bruno, que es el mejor amigo de Thiago, y ha sido su compañero de clase en el
colegio. Mientras Thiago pasaba el verano en La Lobería, Bruno está en
Wisconsin, donde le han mandado sus padres para que estudie Economía, aunque él
no siente mucha simpatía por estos estudios y lo que, en realidad, le gusta es
la música. Thiago, Bruno y Pilar han tocado juntos en el colegio y la música es
una de sus pasiones. Desde el verano del hemisferio sur nos trasladamos al frío
del hemisferio norte. En la primera parte ya habíamos oído hablar de Bruno,
porque se cambia mensajes con Thiago y este nos ha hablado de él. El frío será
uno de lo símbolos de la soledad de Bruno en Estados Unidos. Además le
conoceremos durante las vacaciones de invierno, cuando casi todos los
estudiantes se van a sus casas y él ha decidido no volver a Buenos Aires y
permanecer en un campus cada vez más vacío. Esta segunda parte está narrada en
tercera persona, pero al igual que ocurría en la primera, el lector irá recibiendo
información adelantada de los sucesos que se van a narrar. Esta segunda parte
va a acabar siendo mi favorita del libro, aunque, en apariencia, nos cuente una
historia de sobra conocida: chico conoce chica más desamor posterior. My name is Bruno es, en sí misma, una
magnífica novela corta, que se podía haber publicado de manera independiente al
volumen. La soledad juvenil, sus sueños y sus anhelos están narradas de un modo
magistral, con una escritura repleta de escenas bellísimas. Me ha llamado la atención
la precisión en los detalles, a la hora, por ejemplo, de describir cómo
funciona el campus universitario, como si Mairal (así puede ser) lo conociera
de primera mano. Me ha encantado la descripción sobre cómo surge el amor o la
amistad de Bruno con otros latinos. Esta segunda parte se insertaba muy bien en
la poética de la narrativa breve estadounidense, y me ha recordado Mairal aquí
a la forma de contar de escritores como Tobias
Wolff o Richard Ford.
La protagonista de Las mudanzas –la tercera parte– va a
ser Pil, pero la forma de hablarnos sobre ella es bastante ingeniosa: el
narrador (en principio) es Thiago que nos hablará sobre Pil, y decidirá usar la
primera persona de ella. Quizás más adelante tengamos alguna sorpresa sobre este
tema ¿Thiago habla como si fuera Pil o es la propia Pil la que finge ser Thiago
para hablar de sí misma?
Si bien, Thiago podía estar aquejado de algún desequilibrio mental y Bruno
tiene conflictos con su madre, por su futuro profesional y su peso, Pilar,
huérfana de padre desde muy niña, es posiblemente la que más conflictos tenga
con su madre, que se fue a Barcelona con una nueva pareja y la dejó a cargo de
su abuela. Quizás la historia de Pilar sea la más desesperada de las tres,
porque su madre acabará arrinconándola con la intención de obligarla a que se
mude a Barcelona con ella. La abuela, ludópata y vividora, es un gran
personaje. Los nuevos es una gran
novela de personajes principales –Thiago, Bruno y Pilar–, pero me gustaría
destacar también el gran elenco de personajes secundarios bien perfilados que
atraviesan el texto. Mairal, como ya ha demostrado en sus otras obras, tiene un
gran instinto narrativo para describir escenas significativas plagadas de
detalles atractivos que siempre resultan verosímiles.
Diría que, en gran medida, Mairal ha vuelto a sus orígenes narrativos, a aquellos
en los que describía también el paso de la adolescencia a la edad adulta en Una noche con Sabrina Love (1998), con
todos sus sueños, esperanzas y sin sabores.
Los nuevos me ha parecido una
grandísima novela sobre el paso de la adolescencia a la edad adulta, que
confirma a Mairal como uno de los autores latinoamericanos más en forma del
panorama actual. Es posible que nos encontremos ante su mejor novela hasta el
momento.




